Bibliografía I. Introduccion




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INCAPACIDAD PSICOLOGICA EN LOS LITIGOS LABORALES *
Autor: Luis A. Raffaghelli*
Juez de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo

Sala VI Bs.As. Argentina. Docente de Derecho del Trabajo

Consejero de la Asociación Latinoamericana de Jueves del Trabajo-ALJT

“…En 1714 murió Bernardino Ramazzini. Él era un médico raro, que empezaba preguntando: ¿en qué trabaja usted? A nadie se le había ocurrido que eso podía tener alguna importancia. Su experiencia le permitió escribir el primer Tratado de Medicina del Trabajo donde describió, una por una, las enfermedades frecuentes en más de cincuenta oficios. Y comprobó que había pocas esperanzas para los obreros que comían hambre, sin sol y sin descanso, en talleres cerrados, irrespirables y mugrientos…”
Eduardo Galeano, CLACSO México DF (Página 12 – Bs.As. 18.11.2012)
SUMARIO

I. Introducción.

II. Salud Mental y Trabajo.

III. Daño Psíquico. Reconocimiento resarcitorio. Jurisprudencia. Evolución.

IV. Tablas de Evaluación de la incapacidad psicológica. Comparaciones. Provisoriedad y Definitividad.

V. La pericia judicial. Características. Valor probatorio. Particularidades de la pericia médico-psicológica.

VI. Conclusiones.

Bibliografía

I. INTRODUCCION
Las consecuencias que produce el trabajo enajenado, que en búsqueda de conseguir los objetivos de la productividad, no repara en los sufrimientos y consecuencias para la salud del trabajador que ejecuta las tareas, es uno de los grandes temas que aborda la medicina del trabajo.
Y ello resulta justificado si se piensa que lo más importante en esta materia es la búsqueda permanente y constante de la prevención laboral.
Tarea ciclópea que requiere respuestas multidisciplinarias y sobre todo una presencia permanente y activa del Estado en todas las etapas, como el compromiso de los actores sociales, en un profundo dialogo intersectorial.
Sin embargo estamos muy retrasados al menos en Argentina, y si bien se han registrado avances en la prevención de los accidentes en ocasión del trabajo, no ocurre lo propio con las enfermedades profesionales.
Producido el accidente o la enfermedad con los costos humanos y materiales que conlleva, es menester buscar primero la recuperación del trabajador que ha sufrido el infortunio para luego llegar a las diversas propuestas resarcitorias.
La Argentina ratificó los convenios 155 sobre "Seguridad y Salud de los Trabajadores", (de 1981), y el 187 de "Marco Promocional para la Seguridad y Salud en el Trabajo", (de 2006), de la OIT a través de las leyes 26693 y 26694, los que ha sido considerados convenios relevantes, superando un pasado reticente en la materia (San Juan Claudio, 2013).
El organismo internacional advirtió que cada 15 segundos muere un trabajador por accidentes o enfermedades laborales y que en ese mismo lapso 160 trabajadores sufren un accidente. En forma diaria fallecen 6.300 personas como consecuencia de accidentes o enfermedades relacionadas con el empleo –más de 2,3 millones por año- y que ocurren más de 337 millones de accidentes laborales que, por causas lógicas, provocan ausentismo.

"El costo de esta adversidad diaria es enorme, y la carga económica de las malas prácticas de seguridad y salud se estima en un 4 por ciento del Producto Interior Bruto global anual", según el informe de la OIT sobre salud y seguridad en el trabajo, con el lema trabajo decente trabajo seguro (www.ilo.org).
La Argentina se comprometió, a partir de las normas sancionadas, a poner en práctica y reexaminar de forma periódica una política nacional coherente en materia de seguridad y salud de los trabajadores y medio ambiente laboral, y a promover la mejora continua de la seguridad y salud en el empleo.
La aprobación de ambos convenios representa "un avance significativo en la protección de la seguridad y salud de los trabajadores", concluyó la Oficina Buenos Aires de la OIT.
La OIT sostuvo que "las condiciones de seguridad y salud laboral difieren entre los países, sectores económicos y grupos sociales" y argumentó que "las naciones en desarrollo pagan un precio en especial elevado en muertes y lesiones, ya que un gran número de personas están empleadas en actividades peligrosas", como lo son la agricultura, la pesca y la minería y, los pobres y menos protegidos -mujeres, niños y migrantes -son los más afectados, sostuvo el organismo laboral en un informe.
El Programa de Seguridad y Salud en el Trabajo y Medio Ambiente de la OIT (SafeWork) está destinado a crear conciencia mundial sobre la magnitud y consecuencias de los accidentes, lesiones y enfermedades relacionadas con el trabajo y, su meta, apunta a colocar la salud y seguridad en la agenda internacional y a estimular y apoyar la acción práctica en todos los niveles.
"El trabajo decente es seguro. Las normas de la OIT sobre seguridad y salud en el empleo proporcionan instrumentos esenciales para que gobiernos, empleadores y trabajadores instauren una sólida prevención del uso de la información y de las prácticas de inspección, y prevean máxima seguridad", subrayó.
La OIT adoptó más de 40 normas sobre seguridad y salud laboral y, casi la mitad de esos instrumentos, se refiere directa o indirectamente a temas vinculados con esa problemática.
Los repertorios de recomendaciones prácticas del organismo determinan directrices prácticas para las autoridades públicas, empleadores, trabajadores, empresas y organismos especializados de protección de la seguridad y la salud en el trabajo.
La Enciclopedia de Salud y Seguridad en el Trabajo puede ser considerada como el mejor ejemplo de instrumento divulgativo por la amplitud de los temas que recoge, la rigurosidad con que los analiza y encara, su tradición consolidada y su enorme difusión, lo que la convierten en la obra de consulta por excelencia en materia de seguridad y salud laboral en todo el orbe.
II. SALUD MENTAL Y TRABAJO
El sufrimiento humano encuentra en el estudio de la relación entre salud mental y trabajo una de sus constantes ocultas (Bermann Sylvia, 1993).
Las nuevas formas de organización del trabajo que busca resultados bajo lo que se ha denominado las “ciencias de la gestión” – management- ponen en riesgo cierto la salud de los trabajadores en el trabajo.
Y qué decir entonces de los trabajadores informales, con alto porcentaje aún en nuestro país y bajo formas laborales precarias, que laboran en empresas que no alcanzan el estándar mínimo legal de cumplimiento normativo respecto a la salud y seguridad en el trabajo.
La sobrecarga de trabajo más tarde o más temprano genera patologías con accidentes o enfermedades.
En éste aspecto Dejours (Bs.As. 2012) menciona cuatro grandes patologías:
1. Trastornos músculo-esqueléticos, que no solo afectan a los trabajadores manuales sino también a los administrativos y ejecutivos.

2. El síndrome de “burn out”…”estar quemado”.

3. La conocida en Japón como “muerte súbita” ocasionada por una hemorragia cerebral o un espasmo vascular, en ausencia de todo factor de riesgo cardiovascular (sin obesidad, hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, antecedentes familiares), sólo la sobrecarga laboral.

4. Consumo de drogas: cocaína, alcohol y medicamentos para poder soportar las exigencias del resultado, de la performance, en el que incurren trabajadores jerarquizados, ejecutivos y obreros de la cadena de montaje.
El trabajo de las personas cuando éstas se sienten fuera de lugar o que desarrollan una actividad reñida con su propia ética trae aparejado sufrimiento, y por ende un reflejo en la psicología humana, cuestión que fuera eje temático del Segundo Congreso Universitario de Psicología aplicada al trabajo (Bs.As. mayo 2013).
No se puede pedir al trabajador que se traicione a sí mismo, que realice algo que considera que esta mal, no relacionado con la ética del trabajo sino con la de la productividad.
Ante ésta realidad denunciada por los estudiosos del máximo nivel de investigación en la materia, solo cabe insistir en la lucha por materializar el trabajo digno, decente, y la protección del mismo, aplicando las normas internacionales en materia de salud y seguridad laboral, ya que como desde 2004 ha dicho la Corte Federal Argentina, la persona humana es el centro de protección y el trabajador sujeto de preferente tutela, y no un objeto del mercado, o en otras palabras, es la clave esencial de la cuestión social, que no admite postergaciones ante la lógica de la productividad.
El trabajo como lo establece el art.4 de la LRT es la actividad productiva, pero también creadora del hombre en sí, es decir que el hombre entrega con su prestación aspectos cuantitativos pero también cualitativos con su creatividad. Es por ello, como señala Rodolfo Capón Filas (Derecho del Trabajo, 1998) que además de la remuneración como elemento cuantitativo debe recibir estabilidad y participación en las decisiones como elemento cualitativo.
El Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) aprobó una nueva lista de enfermedades profesionales en su reunión del 25 de marzo de 2010. Esta nueva lista sustituye a la que figura en el anexo de la Recomendación sobre la lista de enfermedades profesionales y el registro y notificación de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales n°194 que fue adoptado en 2002.
Uno de los responsables del documento sostuvo que...”El número de factores físicos, químicos, biológicos y psicosociales que afecta la salud de los trabajadores crece constantemente, así como el número de enfermedades profesionales incluidas en los programas nacionales sobre seguridad y salud en el trabajo y en los esquemas de indemnización. Por lo tanto, es necesario revisar con regularidad las listas de enfermedades profesionales y agregar aquéllas recién identificadas, con el objetivo de maximizar la eficacia de las estrategias de prevención y de los esquemas de indemnización apropiados. Esta reunión dio un paso en la dirección correcta” (Sameera Al-Tuwaijri, jefa del Programa de Seguridad y Salud en el Trabajo y Medio Ambiente de la OIT).
La lista revisada incluye una serie de enfermedades profesionales reconocidas a nivel internacional, desde enfermedades causadas por agentes químicos, físicos y biológicos hasta afecciones de la piel, trastornos del sistema osteomuscular y cáncer profesional.

Establecieron una serie de criterios para decidir qué enfermedades incluir en la lista actualizada, a saber:

• una relación de causalidad con un agente específico, exposición o proceso del trabajo;

• conexión con el ambiente de trabajo y/o profesiones específicas;

• debe suceder entre grupos de personas afectadas con una frecuencia mayor al promedio de incidencia del resto de la población;

• y debe existir evidencia científica de un patrón definido de enfermedad luego de la exposición y la posibilidad de contagio.
Un folleto titulado “Riesgos emergentes y nuevos modelos de prevención en un mundo de trabajo en transformación”, publicado con motivo del Día Mundial de la Salud y Seguridad en el Trabajo (28 de abril), resume los nuevos temas clave sobre salud y seguridad en el trabajo, incluyendo aquellos relacionados con innovaciones técnicas, como la nanotecnología y la biotecnología. Además, se sostiene que los expertos en la materia han observado un preocupante aumento de los trastornos causados por el estrés laboral debido a la incapacidad de “hacer frente a los nuevos modelos de la vida laboral”.
III. Daño Psíquico. Reconocimiento de su resarcimiento. Jurisprudencia. Evolución.
El daño psíquico se constituye en relación a una injuria, traumatismo o lesión con entidad suficiente para ello. Es toda forma de deterioro, o disfunción o disturbio o alteración o desarrollo psicógeno o psico-orgánico de las personas, que impactando sobre sus esferas afectiva y/o intelectiva y/o volitiva, limita su capacidad de goce individual, familiar, social y/o recreativa. Debe tenerse presente que cada ser humano tiene su peculiar campo de "tarea" y/o cualquier "quehacer vital" o -también - "capacidad de goce", diferenciándose éste de las demás personas, no solo en su extensión, sino también en cuanto a su comprensión, implica al "conjunto de cualidades que integran una idea o concepto" (Castex M. 1989).
El daño psíquico es innegable cuando se trata de infortunios severos, ya sea súbitos o de enfermedades laborales o concausadas por el trabajo, y puede adquirir diferentes dimensiones confluyendo distintos factores en ello, como la edad, la calificación de la víctima, el grado de incapacidad y el temor ante la posibilidad de no poder recuperar la aptitud laboral que se tenía, o como adaptarse ante las disminuciones sufridas, con sus secuelas personales, sociales y familiares.
Como bien se ha señalado cuando se sufre una lesión severa en cualquier parte del cuerpo y se enfrenta situaciones límite, la psiquis acusa el impacto e inmediatamente comienza con el proceso de elaboración, con la finalidad de lograr nuevamente el equilibrio momentáneamente perdido. Este proceso por lo general es lento y trabajoso, y requiere que el accidentado se someta a un tratamiento terapéutico - psicológico con la intención de ayudarlo y prevenirle futuras complicaciones, como así también la reinserción social. (Schik H. 2009).
Inicialmente la jurisprudencia englobaba el daño psicológico con el moral, que se manifiesta como secuela postraumática de un infortunio laboral, perturbando el equilibrio emocional y espiritual de la víctima, en paralelo con el daño físico, y no era reconocido como un ítem distinto que incrementa el porcentaje de la minusvalía que sufre aquella.
Más allá del debate académico acerca de si el daño psicológico posee o no autonomía resarcitoria, lo cierto es que ha tenido recepción normativa - tablas de evaluación de incapacidades- como jurisprudencial, registrando esa evolución.
Se reconocía la autonomía conceptual que poseen las lesiones a la psiquis (el llamado daño psíquico o psicológico) y a la integridad del aspecto o identidad corpórea del sujeto (el denominado daño físico), pero se desechaba por inconveniente, que a los fines indemnizatorios estos daños fueran un tertium genus que deban resarcirse en forma autónoma, particularizada e independiente del daño patrimonial y del daño moral. Porque tal práctica puede llevar a una injusta e inadmisible doble indemnización. (SCBA, 24/5/2006, Ac. 90.471, "K, J. H. c/ Pagano de Báez, Alicia y O. Daños y perjuicios” JUBA, B28408).
El art. 1068 del Código Civil al referirse a "perjuicio susceptible de apreciación pecuniaria", indirectamente por el mal hecho a las "facultades" de la persona, permite emplazar allí todo detrimento económico a la salud del ser humano, comprensivo de sus aptitudes físicas y psíquicas que le permiten desarrollarse como tal. Autorizada doctrina civil sostiene que los perjuicios indemnizables en cuanto al daño psíquico quedan comprendidos dentro del daño material, atento las diferencias del rubro en cuestión respecto del daño moral, las que van desde su origen (en un caso de tipo patológico y en el otro no) hasta la entidad del mal sufrido (material uno, inmaterial el otro), con la consecuente proyección de efectos dentro del ámbito jurídico procesal en materia probatoria, ya que el primero requiere de pruebas extrínsecas, en tanto el restante se prueba in re ipsa. (Medina G. y García Santas C., 2009).
En el fuero laboral el daño psíquico en la práctica se incluye dentro del daño patrimonial, ya que forma parte de la incapacidad considerada física.
Luego la doctrina civil se expresó en el sentido que la incapacidad psicológica debía ser incluida en el daño patrimonial o material, como parte de la incapacidad física o en el moral. Dijo que …”El Código Civil Argentino no recepciona categoría alguna diferente del daño patrimonial y del moral, consecuentemente en caso de proceder la incapacidad psicológica alegada en forma autónoma la misma deberá ser subsumida dentro del daño patrimonial o del moral según cuales fueren sus características. La lesión psicofísica no es, en sí misma, un daño resarcible; siendo, en cambio, fuente de un daño patrimonial o material indemnizable, en cuanto genera un menoscabo directo o indirecto (art. 1068, 1069, Código Civil) o de un daño moral (art. 1078, Código Civil).CCC. Quilmes, 19/05/2009, “Salinas de Oviedo, Aurelia c/El Nuevo Halcón S.A. s/ds. y ps.”(WebRubinzaldanosacc23.5.r105).
La jurisprudencia civil ha dispuesto que…"como toda disminución de la integridad física humana es materia de obligado resarcimiento, ha de reconocerse que cualquier merma de las aptitudes psíquicas de un individuo constituye también un daño resarcible, las neurosis postraumáticas - específicas o inespecíficas - médicamente encuadran en las secuelas posibles de un accidente, siendo variables según los casos y pudiéndoselas clasificar más allá del área neurológica, en neurosis de angustia, obsesivas y depresivas" (Conf. CNCiv. Sala B, 28.11.74, LL 1975 A-688).
También se reconoce el resarcimiento de los gastos que demanda los tratamientos en ésta materia resolviéndose que "el detrimento patrimonial que supone un tratamiento psiquiátrico, indispensable para reparar lesiones en la salud suficientemente comprobadas y además económicamente mensurable, configura un daño cierto, aunque las erogaciones respectivas puedan o deban tener lugar en todo o en parte, en tiempo ulterior" (CNFed. Civ. y Com. Sala II, 10.04.81, JA 1981-IV-470).
El fuero del trabajo no ha sido ajeno a ésta construcción jurídica y hoy ya no se discute el reconocimiento del daño síquico, aunque luego nos ocuparemos de las dificultades que presenta su determinación pericial.
El daño psíquico corresponde resarcirlo en la medida que significa una disminución en las aptitudes psíquicas, que representan una alteración y afectación del cuerpo en lo anímico y psíquico, con el consiguiente quebranto espiritual, toda vez que éste importa un menoscabo a la salud considerada en un concepto integral.
Con claridad se ha diferenciado ya hace tiempo el daño moral y el psicológico al establecer que: "El daño psicológico tiende a reparar la erogación que los accionantes deberán efectuar para recuperar la salud psíquica afectada, mediante tratamiento médico y psicoterapéutico adecuado, teniendo en cuenta que el trabajador fallecido era padre de cinco hijos menores y existe en la causa un informe psicológico que aconseja la necesidad de tal tratamiento para los derechohabientes, el cual no fue cuestionado por las demandadas. La suma por daño moral, por su parte, cubre el dolor o padecimiento que sufre el núcleo familiar ante la repentina, brusca y súbita desaparición de su jefe de familia, es decir, cubre la afección espiritual que padecen los miembros del grupo familiar." (CNAT, Sala I, "BARRAZA, María c/ Electrolaser SA s/ Indemnización por fallecimiento", 28-5-2004).
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sostenido que cuando la víctima resulta disminuida en sus aptitudes físicas o psíquicas de manera permanente, esta incapacidad debe ser objeto de reparación al margen de que desempeñe o no una actividad productiva pues la integridad física tiene en sí misma un valor indemnizable y su lesión afecta diversos aspectos de la personalidad que hacen al ámbito doméstico, social, cultural y deportivo con la consiguiente frustración del desarrollo pleno de la vida (Fallos: 308: 1109; 312: 2412, S.

621.XXIII, originario, 12- 9- 95).
La integridad psicofísica tiene un valor indemnizable “per se” que no sólo comprende las efectivas y concretas ganancias dejadas de percibir, sino que además incluye la afectación vital de la persona en su “mismidad”, individual y social, por lo que a la víctima se le debe resarcir el daño a la salud que repercute en su significación vital”. (Cam. Civ y Com. Azul, Sala 2, 13/2/97, “VIÑAS Ana M.c/ Pedersen Pablo G.”, L.L.Bs.As.1997-99).
Corresponde tener en cuenta las circunstancias personales del damnificado y la gravedad de las secuelas que pueden extenderse no sólo al ámbito del trabajo, sino a su vida de relación, incidiendo en las relaciones sociales, deportivas, etc.” (CS, 12/12/1989, “ORTIZ, Eduardo A. y O. c/ Empresa Ferrocarriles Argentinos s/ daños y perjuicios”, Fallos 312:2413; CS, 15/9/1987, “VELASCO Angulo, Isaac c/ Buenos Aires, Provincia de s/ daños y perjuicios”, Fallos 310:1827; CS, 30/5/2006, “COHEN, Eliazar c/ Río Negro, Provincia de y otros s/ daños y perjuicios”).
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) - como se ha mencionado supra - ha revisado y ampliado en 2010 el listado de las denominadas enfermedades profesionales (Serie Seguridad y Salud en el Trabajo, núm. 74 Lista de enfermedades profesionales) estableciendo las pautas para su identificación y reconocimiento y los criterios para incluir enfermedades en dicha lista.
Incorpora el trastorno de estrés postraumático, que era una enfermedad reconocida y clara en el ámbito internacional, aunque no figuraba en la Lista Europea de Enfermedades Profesionales. Un trastorno de estrés postraumático era el resultado de una exposición a una serie de situaciones o sucesos extremadamente violentos o estresantes a los que muchos trabajadores podrían verse expuestos, entre ellos, los funcionarios policiales, los trabajadores de los servicios de urgencia y socorrismo, los bomberos y los conductores de trenes. Muchos trastornos de estrés postraumático se prolongaban durante un período de tiempo considerable. Se había reconocido que el estrés en sí mismo no era una enfermedad pero que podía conducir a desarrollarla. A este respecto, cabía señalar, que cada persona respondía de forma diferente a un mismo tipo de estrés, de acuerdo con su grado de vulnerabilidad.
El representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo hincapié en que no podía considerarse la salud sin tener en cuenta la salud mental y destacó además que una lista de enfermedades profesionales que no contemplara un punto sobre trastornos mentales y del comportamiento no podría considerarse una lista completa. A los expertos trabajadores les interesaba que se mejorara la notificación de los trastornos mentales y del comportamiento y señalaron que actualmente incluso la notificación de enfermedades muy conocidas era insuficiente. Una mejor notificación contribuiría a mejorar la prevención, lo que revestía una gran importancia.
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