Si págs. 205-207 Libro bíblico número 45: Romanos




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Puntos sobresalientes de Romanos 1 a 4

Semana del 5 Agosto 2013.


Introducción
si págs. 205-207 Libro bíblico número 45: Romanos

Escritor: Pablo Dónde se escribió: Corinto Cuándo se completó: c. 56 E.C.

EN HECHOS vimos que Pablo, quien fue violento perseguidor de los judíos que abrazaban el cristianismo, se convirtió en celoso apóstol de Cristo a las naciones no judías. Con Romanos empezamos los 14 libros de la Biblia que por inspiración de espíritu santo escribió este ex fariseo, ahora un fiel siervo de Dios. Para cuando Pablo escribió Romanos, ya había completado dos largas giras de predicación y estaba bien adentrado en la tercera. Había escrito otras cinco cartas inspiradas: Primera y Segunda a los Tesalonicenses, Gálatas, y Primera y Segunda a los Corintios. Sin embargo, parece apropiado que en nuestras Biblias modernas Romanos anteceda a las demás, puesto que considera con todo detalle la nueva igualdad entre los judíos y los no judíos, las dos clases a las que predicó Pablo. Esta carta explica un punto de viraje en los tratos de Dios con su pueblo y muestra que las inspiradas Escrituras Hebreas habían predicho desde mucho tiempo antes que las buenas nuevas también se predicarían a los no judíos.

2 Pablo, mediante Tercio como secretario, enlaza rápidamente argumentos y un sorprendente número de citas de las Escrituras Hebreas en uno de los libros de exposición más contundente de las Escrituras Griegas Cristianas. Con notable belleza de expresión considera las dificultades que surgieron por el hecho de que en las congregaciones cristianas del primer siglo hubiera tanto judíos como griegos. ¿Tenían prioridad sobre los gentiles los judíos, por ser descendientes de Abrahán? Porque estaban libres de la Ley de Moisés, ¿tenían los cristianos maduros derecho a ejercer tal libertad de modo que causaran tropiezo a los hermanos judíos algo débiles que todavía se apegaban a las costumbres antiguas? En esta carta Pablo dejó firmemente establecido que los judíos y los no judíos son iguales ante Dios y que a los hombres no se les declara justos mediante la Ley de Moisés, sino mediante la fe en Jesucristo y por la bondad inmerecida de Dios. Al mismo tiempo, Dios requiere que los cristianos muestren la debida sujeción a las varias autoridades bajo las cuales se hallan.

3 ¿Cómo empezó la congregación romana? Había habido una comunidad judía de buen tamaño en Roma por lo menos desde que Pompeyo capturó Jerusalén en el año 63 a.E.C. En Hechos 2:10 se declara específicamente que algunos de aquellos judíos estaban en Jerusalén en el Pentecostés de 33 E.C., y allí oyeron predicadas las buenas nuevas. Aquellos viajeros que se convirtieron permanecieron por un tiempo en Jerusalén para aprender de los apóstoles, y sin duda después aquellos judíos que habían venido de Roma regresaron a aquel lugar, algunos probablemente cuando estalló la persecución en Jerusalén. (Hech. 2:41-47; 8:1, 4.) Además, la gente de aquel tiempo solía viajar mucho, y eso puede explicar el que Pablo conociera íntimamente a muchísimos miembros de la congregación romana, algunos de los cuales quizás habían oído las buenas nuevas en Grecia o Asia como resultado de la predicación de Pablo.

4 Los primeros datos confiables acerca de esta congregación se hallan en la carta de Pablo. Por esta queda patente que la congregación se componía de cristianos judíos y no judíos, y que el celo de ellos era digno de encomio. Pablo les dice: “Por todo el mundo se habla de la fe de ustedes”, y: “La obediencia de ustedes ha llegado a noticia de todos”. (Rom. 1:8; 16:19.) Suetonio, quien escribió en el siglo II, informa que durante el gobierno de Claudio (41-54 E.C.) los judíos fueron desterrados de Roma. Con todo, después regresaron, como lo indica la presencia de Áquila y Priscila en Roma. Estos eran judíos a quienes Pablo había conocido en Corinto y que habían salido de Roma al tiempo del decreto de Claudio, pero que ya habían regresado a ella cuando Pablo escribió a la congregación romana. (Hech. 18:2; Rom. 16:3.)

5 La autenticidad de la carta tiene base firme. Como lo dice su introducción, la carta es de “Pablo, esclavo de Jesucristo y llamado a ser apóstol, [...] a todos los que están en Roma como amados de Dios, llamados a ser santos”. (Rom. 1:1, 7.) El testimonio exterior a favor de su autenticidad está entre los más antiguos que se hallan para las Escrituras Griegas Cristianas. Pedro usa tantas expresiones similares en su primera carta, que probablemente escribió de seis a ocho años después, que muchos eruditos creen que tenía que haber visto ya una copia de Romanos. Está claro que se consideraba a Romanos parte de los escritos de Pablo, y así citaron de ella Clemente de Roma, Policarpo de Esmirna e Ignacio de Antioquía, quienes vivieron a fines del siglo I y a principios del siglo II E.C.

6 Junto con otras ocho cartas de Pablo, el libro de Romanos se encuentra en un códice llamado Papiro Chester Beatty núm. 2 (P46). Sobre este códice primitivo, sir Frederic Kenyon escribió: “Aquí, pues, tenemos un manuscrito casi completo de las epístolas paulinas, aparentemente escrito para principios del tercer siglo”. Los papiros bíblicos griegos Chester Beatty son más antiguos que los muy conocidos manuscritos Sinaítico y Vaticano núm. 1209, ambos del siglo IV E.C. Estos también contienen el libro de Romanos.

7 ¿Cuándo y desde dónde se escribió Romanos? Los comentaristas de la Biblia concuerdan en que esta carta se escribió desde Grecia, muy probablemente desde Corinto, cuando Pablo estuvo de visita en aquella ciudad por unos meses hacia fines de su tercer viaje misional. La prueba interna señala a Corinto. Pablo escribió la carta desde la casa de Gayo, que era miembro de la congregación de aquella ciudad, y recomienda a Febe, de la congregación cercana de Cencreas, el puerto marítimo de Corinto. Parece que fue Febe quien llevó la carta de Pablo a Roma. (Rom. 16:1, 23; 1 Cor. 1:14.) En Romanos 15:23 Pablo escribió: “Ya no tengo territorio sin tocar en estas regiones”, y en el versículo siguiente indica que se propone extender su obra misional hacia el oeste, a España. Bien podía escribir así hacia fines de su tercer viaje, a principios del año 56 E.C
Capítulo 1
w98 15/2 págs. 26-27 El carisma, ¿alabanza al hombre, o gloria a Dios?

Dones espirituales que compartir

El amor que Pablo sentía por sus hermanos de Roma lo impulsó a escribir: “Anhelo verlos, para impartirles algún don espiritual [kjá·ri·sma] a fin de que se les haga firmes; o, más bien, para que haya un intercambio de estímulo entre ustedes, por cada uno mediante la fe del otro, tanto la de ustedes como la mía” (Romanos 1:11, 12). Pablo consideraba un don espiritual nuestra capacidad de fortalecer la fe de otras personas por medio de nuestra habla. El intercambio de dones espirituales como estos resultaría en el fortalecimiento de la fe y en estímulo mutuo.

Y ciertamente lo necesitamos. En este sistema inicuo en que vivimos, todos afrontamos tensión de una manera u otra. Sin embargo, el intercambio de estímulo regular nos ayudará a perseverar. El intercambio, es decir, dar y recibir, es importante para conservar la fortaleza espiritual. Es verdad que todos necesitamos aliento de vez en cuando, pero también es cierto que todos podemos edificar a los demás.

Si nos esforzamos por percibir el desaliento de nuestros hermanos en la fe, tal vez ‘podamos consolar a los que se hallan en cualquier clase de tribulación mediante el consuelo con que nosotros mismos estamos siendo consolados por Dios’ (2 Corintios 1:3-5). La palabra griega para consuelo (pa·rá·kle·sis) significa literalmente “llamar a alguien al lado de uno”. Si estamos al lado de nuestros hermanos cuando necesitan ayuda, probablemente recibamos el mismo apoyo amoroso cuando lo necesitemos (Eclesiastés 4:9, 10; compárese con Hechos 9:36-41).

También son de mucha ayuda las bondadosas visitas de pastoreo de los ancianos. Aunque a veces se hacen para dar consejo bíblico sobre algún asunto que requiere atención, la mayoría de ellas son para estimular, ‘para consolar los corazones’ (Colosenses 2:2). Cuando los superintendentes efectúan estas visitas fortalecedoras de la fe, en realidad están impartiendo un don divino. Como Pablo, hallarán que esta manera excepcional de dar es gratificante y les ayudará a sentir “anhelo” por sus hermanos (Romanos 1:11).
km 10/07 Un intercambio de estímulo

1. ¿Qué oportunidad especial brinda la visita del superintendente viajante?

2. ¿Por qué se anuncia con tiempo la visita del superintendente de circuito?

Un intercambio de estímulo

1 A la congregación de Roma, el apóstol Pablo le escribió: “Anhelo verlos, para impartirles algún don espiritual a fin de que se les haga firmes; o, más bien, para que haya un intercambio de estímulo entre ustedes, por cada uno mediante la fe del otro, tanto la de ustedes como la mía” (Rom. 1:11, 12). Hoy en día, la visita del superintendente viajante brinda también la oportunidad de que haya “un intercambio de estímulo” en la congregación.

2 La congregación. Casi siempre se anuncia la visita del superintendente de circuito unos tres meses antes para darnos tiempo de acomodar nuestro horario y así poder sacarle el jugo a esa semana (Efe. 5:15, 16). Si trabaja seglarmente, a lo mejor podría pedir que le concedieran tiempo libre para apoyar el servicio del campo. Quizás pueda ser precursor durante el mes de la visita. O si se da cuenta de que va a estar fuera, ¿puede cambiar la fecha de su viaje para no perdérsela?
w08 15/6 pág. 30 Puntos sobresalientes de la carta a los Romanos

Lecciones para nosotros:

1:14, 15. Tenemos muchas razones para declarar las buenas nuevas con vivo interés. Una de ellas es que estamos en deuda con todos aquellos que fueron comprados con la sangre de Jesús y tenemos la obligación de ayudarlos espiritualmente.

1:18-20. Las personas caracterizadas por la impiedad y la injusticia son “inexcusables”, pues en la creación se evidencian las cualidades invisibles de Dios.
km 12/95 pág. 4 párr. 18 Que nuestra luz resplandezca continuamente

18 Es probable que algunos tiendan a retraerse porque nuestro mensaje es impopular para muchos. Pablo dijo que el mensaje acerca de Cristo era “necedad para los que están pereciendo”. (1 Cor. 1:18.) Pero, dejando a un lado esas opiniones, dijo: “No me avergüenzo de las buenas nuevas”. (Rom. 1:16.) La persona que se avergüenza siente cortedad o desconfianza. ¿Cómo podríamos sentir vergüenza de hablar del Soberano Supremo del universo y de sus maravillosas provisiones para la felicidad eterna? Es inconcebible que podamos tener cortedad o desconfianza cuando hablamos de estas verdades con otras personas. En vez de eso, deberíamos sentirnos impulsados a hacer cuanto podamos para manifestar con convicción que ‘no tenemos de qué avergonzarnos’. (2 Tim. 2:15.)
*** w10 15/8 Cómo nos salva el rescate ***

4, 5. ¿Qué prueba hay de que este mundo malvado se encuentra bajo la ira de Dios?

Librados de la ira de Dios

4 La Biblia explica —y la cruda realidad histórica lo confirma— que desde que Adán pecó, “la ira de Dios permanece” sobre la humanidad (Juan 3:36). Prueba de ello es que ninguna persona ha podido librarse de la muerte. La dominación del enemigo de Dios, Satanás, no ha conseguido proteger al hombre de una larga serie de calamidades, y ningún gobierno ha logrado satisfacer las necesidades básicas de todos sus ciudadanos (1 Juan 5:19). Hasta el día de hoy, el hombre vive plagado por la guerra, el delito y la pobreza.

5 Es evidente que este mundo malvado no cuenta con la bendición de Jehová. Pablo señaló que “la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad” (Rom. 1:18-20). Por consiguiente, quienes se nieguen a abandonar la impiedad —o sea, la conducta contraria a la voluntad divina— sufrirán las consecuencias. En la actualidad, la cólera de Jehová se está dando a conocer mediante mensajes de juicio, representados por las plagas de los tazones que se derraman sobre el mundo de Satanás. Dichos mensajes aparecen en muchas de nuestras publicaciones bíblicas (Rev. 16:1).
*** w96 1/5 Paguemos al César las cosas del César ***

3, 4. ¿Qué interesantes comentarios se han hecho sobre la ley natural, la ley revelada y la ley humana?

3 El apóstol Pablo aludió a esta ley natural cuando escribió respecto de la gente del mundo: “Lo que puede conocerse acerca de Dios está entre ellos manifiesto, porque Dios se lo ha puesto de manifiesto. Porque las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables”. Si los incrédulos observaran la ley natural, esta incluso movería sus conciencias. Por eso, Pablo añadió: “Siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para sí mismos. Son los mismísimos que demuestran que la sustancia de la ley está escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos”. (Romanos 1:19, 20; 2:14, 15.)

4 El célebre jurista inglés del siglo XVIII William Blackstone escribió: “Esta ley de la naturaleza [ley natural], por ser contemporánea del género humano y haber sido dictada por Dios mismo, desde luego se impone a toda otra ley. Es obligatoria en todo el globo terráqueo, para todos los países y en todo tiempo: ninguna ley humana que la contravenga tiene validez”. Luego, refiriéndose a la “ley revelada”, tal como aparece en la Biblia, afirmó: “Sobre estos dos fundamentos, a saber, la ley de la naturaleza y la ley de la revelación, descansan todas las leyes humanas; lo cual quiere decir que ninguna ley humana debe contradecirlas”. Esta aserción armoniza con lo que Jesús dijo de Dios y de César en Marcos 12:17. Evidentemente hay campos donde Dios impone límites a las exigencias del César al cristiano. El Sanedrín invadió uno de tales campos al ordenar a los apóstoles que dejaran de predicar a Jesús, por lo que ellos respondieron correctamente: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”. (Hechos 5:28, 29.)
w11 15/6 Las buenas noticias que tanto necesitamos

13, 14. a) ¿Cuál es una razón por la que son inexcusables quienes no creen en Dios ni en el pecado? b) ¿Qué han terminado haciendo muchas personas por no creer en el Dios verdadero?

13 En Romanos, Pablo presentó dos razones por las que haber recibido una formación como esa no es una excusa válida. La primera razón es que el universo da testimonio de la existencia del Creador (léase Romanos 1:19, 20). Este hecho está en armonía con la observación que hizo el apóstol al escribir desde Roma su carta a los Hebreos: “Toda casa es construida por alguien, pero el que ha construido todas las cosas es Dios” (Heb. 3:4). Este razonamiento muestra que tuvo que haber un Creador que construyera o produjera el universo entero.

14 Por consiguiente, al escribir a los romanos, Pablo tenía base sólida para calificar de “inexcusables” a todas las personas —gentiles o israelitas— que dieran culto a imágenes sin vida. Y lo mismo cabía decir de quienes se entregaran a prácticas sexuales inmorales contrarias al uso natural que deben recibir los cuerpos del hombre y la mujer (Rom. 1:22-27). Prosiguiendo con su línea de razonamiento, Pablo llegó a la conclusión de que “tanto los judíos como los griegos están todos bajo pecado” (Rom. 3:9).
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