A pesar de su ubicuidad en el mundo actual, todo el proceso que ha llevado a que estas líneas puedan ser leídas supone el encadenamiento de diversos actos




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¿Qué es Tecnología?

1. Introducción

A pesar de su ubicuidad en el mundo actual, todo el proceso que ha llevado a que estas líneas puedan ser leídas supone el encadenamiento de diversos actos técnicos, desde la escritura del borrador en una computadora hasta la edición y montaje del texto, hay un conjunto de procedimientos sucesivos que pueden ser considerados con propiedad como técnicos.

Pero también el entorno que ahora rodea al lector en este momento está seguramente repleto de productos técnicos. Posiblemente este texto (un artefacto no natural) está siendo leído sobre una mesa (artificial), ubicada en un edificio (construido técnicamente), situado en un pueblo o ciudad (un entorno urbanizado). Aún en el improbable caso de que el lector estuviera en un parque natural, sin el menor atisbo de producto técnico a su alrededor, seguiría siendo cierto que tal lugar conservaría intactas sus características naturales precisamente porque los seres humanos han decidido declararlo como una zona de excepción a la habitual transformación técnica del medio. En nuestros tiempos, la conservación de la naturaleza, su preservación frente a los efectos del desarrollo técnico, requiere de una planificación especializada y, con frecuencia, del concurso de los propios medios técnicos (por ejemplo al sofocar un incendio). Tal es la omnipresencia de la técnica en la realidad. Puede afirmarse, incluso, que la propia realidad es ya, en cierto sentido, una construcción técnica.

Tener un cierto nivel de comprensión sobre el fenómeno técnico parece haberse convertido en un imperativo de la vida moderna. En lo que sigue, se busca explorar la influencia de las fuerzas sociales, políticas y culturales en la tecnología, así como examinar el impacto de las tecnologías en la vida de las personas, para lo que se presenta una conceptualización sucinta sobre la tecnología, desde sus componentes epistemológicos y sociales, y su articulación con la naturaleza humana, la técnica y la ciencia

Tener un cierto nivel de comprensión sobre el fenómeno técnico parece haberse convertido en un imperativo de la vida moderna, más aún, el propio trabajo docente implica una especial relación con la técnica, que va desde la especificidad de los propios discursos hasta la formación integral que se aspira a construir en los niños, jóvenes y, en general, en la sociedad.

A la comprensión de este fenómeno se le ha denominado con frecuencia, con más o menos matices en el tema de la responsabilidad o en el manejo operativo del saber, como alfabetización científica y tecnológica. En todo caso se busca explorar la influencia de las fuerzas sociales, políticas y culturales en la ciencia y la tecnología, y examinar el impacto de las tecnologías y de las ideas científicas en la vida de las personas.

La alfabetización implica una reflexión explícita sobre los valores tecnológicos, la forma como se generan y circulan en los diferentes contextos de la sociedad, así como en las distintas prácticas y saberes. Para ello se requiere del análisis interdisciplinario, pero especialmente del debate organizado, entendido este último como el desarrollo de procesos de discusión que impliquen la puesta en escena de los diferentes actores y presupuestos argumentativos que buscan legitimar una u otra posición valorativa.

En lo que sigue se presenta una conceptualización sucinta de la tecnología, desde sus componentes epistemológicos y sociales, y por consiguiente su articulación con la naturaleza humana, la técnica y la ciencia. Adicionalmente, la distinción entre tecnología, conocimiento tecnológico, cambio tecnológico, y evaluación de tecnologías, permitirán complementar una idea general del tema.

2. Objetivos

1. Familiarizar a los interesados con el carácter social de la tecnología, a partir de una presentación general de los enfoques y teorías de las disciplinas humanas y sociales que han construido una conceptualización sobre la tecnología.

2. Apoyar el enfoque experimental que se propone en la segunda parte de este programa, con relación al trabajo didáctico de simulación de debates en Ciencia, Tecnología y Sociedad, a partir la presentación de las bases teóricas y metodológicas relativas a la evaluación constructiva de tecnologías.

3. Promover los procesos de alfabetización científica y tecnológica en los docentes y discentes de la educación secundaria, sobre la base de una comprensión de los aspectos filosóficos y sociales y en general de las ideas de la tecnología, en la perspectiva de que puedan contribuir a liderar esta clase de procesos en sus respectivas comunidades educativas.

3. Técnica y naturaleza humana

Los antropólogos han discutido mucho sobre los determinantes del proceso de hominización, es decir, sobre el tipo de factores que condujeron a que un grupo de primates abandonaran la vida en los árboles, hace varios millones de años. Aunque los antropólogos no han llegado a acuerdos definitivos sobre la importancia y el orden de esos factores determinantes, sí parece estar claro que la sociabilidad, la capacidad lingüística y las habilidades técnicas fueron fundamentales en el proceso de hominización. La intensa interacción social de los homínidos fue, seguramente, una condición que favoreció el cambio de hábitat y de su lugar ecológico, pasando de la vida arborícola propia de sus antepasados primates a la práctica de la caza cooperativa. Pero es la posición vertical el primer criterio de humanidad que liga a los hombres con sus antepasados. Otros dos serán corolarios del primero: la posesión de cara corta, sin caninos ofensivos, y el tener las manos libres para la locomoción y por consiguiente la posesión de útiles, lo que va a favorecer su desarrollo técnico. El cerebro jugará un papel integrador en todo este proceso.

Ahora bien, la compleja organización social derivada de la nueva situación de cazadores-recolectores tuvo que estar acompañada necesariamente por el desarrollo de una capacidad comunicativa incomparablemente superior a la de cualquier otro mamífero. Pero ni la complejidad de la organización social, ni el consiguiente desarrollo lingüístico se habrían dado en una especie cuya adaptación a su entorno estuviera limitada por las condiciones físicas de su anatomía. El hecho de que un mono arborícola se trasladara a los terrenos abiertos y se convirtiera en un temible depredador no hubiera sido posible si sus manos no hubieran empuñado hábilmente piedras que lanzar a sus presas o palos y huesos para matarlas. Así, estos instrumentos rudimentarios, convertidos luego en hachas, lanzas y cuchillos, fueron las primeras herramientas técnicas que sustituyeron a las garras de otros depredadores mejor dotados anatómicamente.

Este fue sólo el principio. Los homínidos y sus descendientes fueron desarrollando formas de vida en las que la selección natural, sobre las variaciones anatómicas características de la evolución de todos los seres vivos, dejó de afectarles porque las prótesis técnicas correspondientes a cada nueva situación ecológica terminaron por sustituir la evolución natural. Y esa nueva evolución, en este caso de naturaleza cultural, consistiría precisamente en la multiplicación y diversificación de los instrumentos y actos técnicos para la adaptación a cualesquiera entornos.

El dominio del fuego, la predigestión externa de los alimentos al cocinarlos, la domesticación de animales, la agricultura, el hilado, la cerámica, la construcción de viviendas, la fundición de metales... son sólo algunos elementos significativos de la larga cadena de actos técnicos que han caracterizado la evolución cultural de los humanos. Por todo esto, es ampliamente aceptado que el ser humano es principalmente un homo faber, además de (y quizá antes que) un homo sapiens. Incluso cabe plantear que la propia racionalidad humana sea, ella misma, una consecuencia del desarrollo técnico.

El fenómeno técnico puede ser analizado, en sus orígenes, como producto de la evolución biológica. Y la evolución humana se puede interpretar desde la tecnicidad orgánica como fenómeno evolutivo, entendida como la organización funcional que implica la coordinación entre los órganos de relación que informan al ser viviente, los órganos de prensión que aseguran su adquisición alimenticia y el dispositivo locomotor que le permite la exploración del medio exterior. En este contexto, será la evolución del campo anterior en los animales, el rasgo más importante desde el punto de vista de las consecuencias para el desarrollo de la tecnicidad. El campo anterior comprende dos polos: uno facial y uno manual, los cuales actúan en estrecha cooperación en las operaciones técnicas más elaboradas en los diferentes grupos de organismos; por ejemplo, en los carnívoros, los insectívoros o los roedores, utilizan la actividad manual para andar en medios terrestres o arborícolas, como también para actividades de prensión. En el hombre, el campo anterior tendrá importantes consecuencias para el posterior desarrollo tecno-económico de la organización social, pues la tecnicidad manual responde a la liberación técnica de los órganos faciales, los cuales quedan disponibles para la palabra tan pronto como la evolución permite que los órganos de la boca y el olfato no se utilicen más para la detección y captura de los alimentos. A una mayor liberación de la mano, hay mayor cerebro, pues liberación manual y reducción de los constreñimientos de la bóveda craneana son los dos términos de una misma ecuación. Para cada especie queda determinado un ciclo entre sus medios técnicos, es decir su cuerpo, y sus medios de organización, es decir su cerebro. En esta interacción dinámica surgió la herramienta, incorporada a las estructuras biológicas del hombre.

La técnica ha permitido la transformación del medio, a la vez que ha transformado las formas de vida humana, permitiendo una mejora de la misma, aunque también hay técnicas capaces de empeorarla

La técnica ha permitido la transformación del medio en que los humanos han desarrollado su vida, a la vez que ha ocasionado la propia transformación de las formas de vida humana. Porque la vida humana, a diferencia de la vida de los demás animales, no está determinada y limitada por los condicionantes ambientales a los que cada especie se halla adaptada. Lo propio de la especie humana es la continua readaptación a cualquier condición ambiental mediante la construcción técnica de artefactos y productos que permiten que su vida sea posible en todos los lugares del planeta, e incluso fuera de él.

La técnica crea obras que tienen la pretensión de perdurar, incluso la técnica permite prolongar la vida humana más allá de los designios del azar natural o del destino divino. La técnica ha permitido mejorar la vida humana, aunque también hay técnicas capaces de empeorarla, porque, para bien o para mal, ha recreado las condiciones de esa existencia. Por último el conocimiento y la investigación no son posibles sin el dominio previo de ciertas técnicas.

En cierto sentido, la existencia humana es un producto técnico tanto como los propios artefactos que la hacen posible. Es imposible, por tanto, separar la técnica de la esencia del ser humano. Seguramente la técnica es una de las producciones más características de los seres humanos, pero también es cierto que los seres humanos son, sin duda, el producto más singular de la técnica.

Lecturas complementarias

Leroi-Gourhan, A. (1965), El gesto y la palabra, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1971.

Eiroa, J. (1994), "La prehistoria. Paleolítico y Neolítico", en Historia de la ciencia y de la técnica, Madrid, Ediciones Akal, 1994.

Séris, J. (1994), La tecnique, París, P.U.F., 1994.

4. El significado de la tecnología

El diccionario define la tecnología como el "conjunto de los conocimientos propios de un oficio mecánico o arte industrial", o como "el conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto"

Se puede definir la tecnología como el conjunto de procedimientos que permiten la aplicación, a la producción industrial, de los conocimientos propios de las ciencias naturales

La definición de la tecnología resulta especialmente difícil al ser indisociable de la propia definición del ser humano. Sin embargo, conviene tener en cuenta cuál es la idea más usual y tópica de la misma. El diccionario define la tecnología como el "conjunto de los conocimientos propios de un oficio mecánico o arte industrial", o también como "el conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto" (Diccionario de la Real Academia Española, 21 ed). Aunque las dos definiciones difieran en el carácter de conocimiento o de práctica que deba caracterizar a la tecnología, ambas parecen coincidir en que el ámbito definitorio de la tecnología se halla en la producción, especialmente en la producción industrial.

Esta imagen convencional según la cual la tecnología tendría siempre como resultado productos industriales de naturaleza material, se manifiesta en los artefactos tecnológicos considerados como máquinas, en cuya elaboración se han seguido reglas fijas ligadas a las leyes de las ciencias físico-químicas. Automóviles, teléfonos y computadores serían ejemplos, entre otros muchos, de artefactos tecnológicos en los que se cumplirían las condiciones de la definición de tecnología antes comentada. En todos esos artefactos tecnológicos se darían cita los tópicos de la imagen convencional de la tecnología. Lo tecnológico sería lo relativo a la moderna producción de bienes materiales que la sociedad demanda.

La tecnología podría ser considerada como el conjunto de procedimientos que permiten la aplicación, a la producción industrial, de los conocimientos propios de las ciencias naturales, quedando la técnica limitada a los tiempos anteriores al uso de los conocimientos científicos como base del desarrollo tecnológico industrial. Dos ideas básicas aparecen así en esta consideración habitual de la tecnología. En primer lugar, su dependencia de otros conocimientos como es el caso de la ciencia. En segundo lugar, la utilidad de la tecnología expresada en el carácter material de sus productos. Sin embargo, esta definición basada en la ciencia y en la utilidad podría ser ampliada y problematizada a la luz de las reflexiones que han tratado de pensar el tema de la tecnología.

Centrándonos ahora en la relación ciencia-tecnología, muchos autores han señalado que éste es el criterio que diferencia a la técnica de la tecnología (e. g. Bunge, 1967 y Sanmartín, 1990). El término "técnica" haría referencia a procedimientos, habilidades, artefactos, desarrollados sin ayuda del conocimiento científico. El término "tecnología" se utilizaría, entonces, para referirse a aquellos sistemas desarrollados teniendo en cuenta el conocimiento científico.

Los procedimientos tradicionales utilizados para hacer yogures, quesos, vino, cerveza, serían técnicas; mientras que la mejora de estos procedimientos a partir de la obra de Pasteur y el desarrollo de la microbiología industrial serían tecnologías. Lo mismo podría decirse de la selección artificial tradicional (desde la revolución neolítica) y la mejora genética que tiene en cuenta las leyes de la herencia formuladas por Mendel. La tecnología del ADN recombinante sería un paso posterior basado en la biología molecular.

El tema de la tecnología en su relación con la ciencia ha sido considerado desde diferentes puntos de vista, de los cuales Niiniluoto (1997) nos ofrece una clasificación:

* La ciencia sería reducible a la tecnología.

* La tecnología sería reducible a la ciencia.

* La ciencia y la tecnología son la misma cosa.

* La ciencia y la tecnología son independientes.

* Hay una interacción entre la ciencia y la tecnología.

El punto de vista más extendido sobre la relación ciencia-tecnología es el que reduce la tecnología a ciencia aplicada

El punto de vista más extendido sobre la relación ciencia-tecnología es el que conceptualiza la tecnología como ciencia aplicada, siendo por tanto la tecnología reducible a la ciencia. Este punto de vista es el subyacente al modelo lineal de desarrollo, que ha influido en la formulación de políticas públicas de ciencia y tecnología hasta tiempos recientes. Dicha conceptualización ha estado presente también, aunque a veces de modo implícito, en la filosofía de la ciencia. Afirmar que la tecnología es ciencia aplicada equivale a decir que:

* Una tecnología es principalmente un conjunto de reglas tecnológicas.

* Las reglas tecnológicas son consecuencias deducibles de las leyes científicas.

* El desarrollo tecnológico depende de la investigación científica.

Tradicionalmente, en el ámbito académico era habitual definir la tecnología como ciencia aplicada. Desde esta perspectiva, la tecnología se analizaba como conocimiento práctico que se derivaba directamente de la ciencia (conocimiento teórico). Una importante tradición académica respaldaba esta imagen de la tecnología: el Positivismo Lógico. Para los positivistas, las teorías científicas eran fundamentalmente conjuntos de enunciados que trataban de explicar el mundo natural de un modo objetivo, racional y libre de cualquier valor externo a la propia ciencia. El conocimiento científico era visto como un proceso progresivo y acumulativo, articulado a través de teorías cada vez más amplias y precisas que iban subsumiendo y sustituyendo a la ciencia del pasado. En algunos casos las teorías científicas podían aplicarse generando de este modo tecnologías. No obstante, la ciencia pura no tenía, en principio, nada que ver con la tecnología, puesto que las teorías científicas eran algo previo a cualquier tecnología. Por este motivo no podría darse el caso de que existiese una determinada tecnología sin una teoría científica que la respaldase; pero sí podían existir teorías científicas sin contar con tecnologías. En la literatura especializada se conoce esta forma de ver la tecnología como la imagen intelectualista de la tecnología.

De la imagen intelectualista de la tecnología se desprende que si las teorías científicas son valorativamente neutrales, entonces nadie puede exigir responsabilidad a los científicos de la aplicación que se haga de éstas cuando son puestas en práctica. En todo caso, si hubiese que exigir algún tipo de responsabilidad, ésta debería recaer sobre quienes hacen uso de la ciencia aplicada, esto de la tecnología. Las tecnologías, en tanto que formas de conocimiento científico, son valorativamente neutrales.

En su análisis de la historiografía de la tecnología, John M. Staudenmaier (1985) argumenta que la tesis de la tecnología como ciencia aplicada ha sido atacada desde diferentes frentes. Los argumentos principales son los siguientes:

* La tecnología modifica los conceptos científicos: Thomas Smith estudió el Whirlwind project, desarrollado tras la II Guerra Mundial en el MIT para crear una computadora digital. Concluye que la mayor parte de los conceptos utilizados eran endógenos a la propia ingeniería, y los que procedían de las ciencias (especialmente de la física, en relación con el almacenamiento magnético de información) fueron sustancialmente transformados para su utilización en el desarrollo del proyecto.

* La tecnología utiliza datos problemáticos diferentes a los de la ciencia: Walter Vincenti ha estudiado el diseño aeronáutico, mostrando que la ingeniería realiza aportaciones importantes a problemas de los que la ciencia no se ha ocupado. Realiza una categorización del conocimiento tecnológico: 1) conceptos fundamentales de diseño, 2) criterios y especificaciones, 3) herramientas teóricas, 4) datos cuantitativos, 5) consideraciones prácticas, y 6) instrumentalidades de diseño. El conocimiento científico es importante en los tipos 2, 3 y 4, pero parte de estos tipos de conocimiento proceden del propio desarrollo tecnológico.

* La especificidad del conocimiento tecnológico: aunque existen fuertes paralelismos entre las teorías científicas y las teorías tecnológicas, los presupuestos subyacentes son diferentes. Según Layton, la tecnología, por su propia naturaleza es menos abstracta e idealizada que la ciencia.

* La dependencia de la tecnología de las habilidades técnicas: la distinción entre la técnica y la tecnología se realiza en función de la conexión de esta última con la ciencia (tanto en relación con el conocimiento como con la metodología, el uso de herramientas teóricas, etcétera). Esta distinción no implica que en la tecnología actual no desempeñen ningún papel las habilidades técnicas.

Estas cuatro líneas de argumentación identificadas por Staudenmaier no niegan necesariamente que exista relación entre la ciencia y la tecnología, lo que niegan es que esta relación sea exclusivamente la que se expresa en la comprensión de la tecnología como ciencia aplicada.

Hoy en día es difícil de defender que la tecnología se reduce a ciencia aplicada. Shrum señala que se puede entender la ciencia y la tecnología como dos subculturas simétricamente interdependientes

Aunque la conceptualización de la tecnología como ciencia aplicada ha sido históricamente muy importante, hoy en día es difícil de defender. Shrum (1986) señala que parece existir un consenso en entender la ciencia y la tecnología como dos subculturas simétricamente interdependientes. Pero por debajo de este aparente consenso existen dos puntos de vista distintos. Uno defiende la distinción sobre la base de los métodos empleados, los productos obtenidos, los objetivos establecidos, etc. El otro defiende la identidad entre ciencia y tecnología.

Sin duda alguna, la imagen de la tecnología como ciencia aplicada ha contribuido a que tradicionalmente se dé escasa importancia al análisis de la tecnología. En efecto, cuando se defiende que la tecnología no es más que ciencia aplicada, es suficiente con el análisis de la ciencia, ya que esto nos dará las claves para entender la tecnología (Agazzi 1980). Si la ciencia es valorativamente neutral, entonces los artefactos producto de su aplicación han de serlo también; es decir, será más bien el uso que se haga de ellos lo que genere problemas éticos, políticos y sociales. Dada esta tesis sobre la neutralidad de la ciencia y la tecnología, no es extraño que se haya favorecido, desde posiciones tradicionales, una imagen de la evolución de la tecnología que defienda la distinción entre "eficacia interna" e "inferencia externa", pretendiendo convertir la eficacia en la guía única del desarrollo tecnológico (González García, M. I., J. A. López Cerezo y J. L. Luján, 1996, pp. 127-132).

La idea de una tecnología autónoma va a favorecer lo que se conoce como tecno-catastrofismo y tecno-optimismo, es decir posiciones en contra o a favor de la tecnología. El tecno-catastrofista busca señalar la amenaza de la autonomía de la tecnología, ya que ésta se halla fuera de control, y entonces lo que se debe hacer es destruirla para volver a una sociedad menos tecnológica y más humanizada. El tecno-optimista tiene una posición contraria. Es precisamente esa ausencia de control, su carácter autónomo, lo que asegura la eficacia de la tecnología y por consiguiente su acción benéfica frente a cualquier perturbación que ella pueda generar. Por el momento, puede señalarse que la idea de una investigación científica objetiva, neutral, previa e independiente de sus posibles aplicaciones prácticas por la tecnología, es una ficción ideológica que no se corresponde con la actividad real de los proyectos de investigación en los que los componentes científico-teóricos y tecnológico-prácticos resultan casi siempre indisociables del contexto social (González García, M.I., J.A. López Cerezo y J.L. Luján 1996, p. 133).

Lecturas complementarias

Ellul, J. (1954), El siglo XX y la técnica: Análisis de las conquistas y peligros de la técnica de nuestro tiempo, Barcelona, Labor, 1960.

González García, M.I., J.A. López Cerezo y J.L. Luján (1996), Ciencia, tecnología y sociedad: una introducción al estudio social de la ciencia y la tecnología, Madrid, Tecnos.

Heidegger, M. (1954), "La pregunta por la técnica", en Conferencias y artículos, Barcelona, Odos, 1994.
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