Compilación de Temas Sobre Propiedad Intelectual Waldo Rivera Portillo




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Compilación de Temas Sobre Propiedad Intelectual - Waldo Rivera Portillo


Capítulo 1.

Bienes Inmateriales como objeto de un derecho de propiedad1

LOS BIENES INMATERIALES

LA PROPIEDAD INTELECTUAL

La creación intelectual da lugar a un bien inmaterial, por eso las leyes de todo el mundo le reconocen, a su titular, un derecho absoluto de utilización de esa creación. En la práctica se habla de derecho de explotación exclusiva o, en el caso de los inventos, de patentes2 y, más generalmente -dada la construcción jurídica dominante- de propiedad industrial (o intelectual, para marcas, inventos y modelos) y de propiedad literaria (para obras de ingenio) encaminándose a impedir la reproducción, la imitación y el aprovechamiento de una creación intelectual individualizada en su resultado inventivo; fuera de este campo, el ordenamiento jurídico no alude a un derecho sobre la creación intelectual, por lo que no es ilícito servirse de los resultados matemáticos, físicos, químicos y, en general, científicos, conseguidos o develados por la creación intelectual (sin perjuicio del deber de respetar la paternidad moral del inventor).

HECHO CONSTITUTIVO DEL BIEN INMATERIAL TUTELABLE

El ámbito en el que se reconoce la propiedad (o derecho absoluto de utilización) de las creaciones intelectuales es muy distinto de aquél en que se tutela la paternidad del creador:




El primero sólo se reconoce para determinados tipos de creaciones, mientras que la segunda puede ser invocada frente a cualquier creación intelectual; 




El primero concierne a la creación intelectual objetivamente considerada; la segunda, más precisamente, al acto de creación.

El derecho de propiedad se constituye como consecuencia de un supuesto constitutivo que se relaciona con el de la constitución en bien material de la creación intelectual correspondiente al tipo legalmente considerado, constitución de un bien inmaterial normativamente disciplinado. 

El presupuesto de la tutela es, en todo caso, la existencia de una creación intelectual. La creación intelectual debe ser exteriorizada para poder constituir un bien inmaterial, pero no es suficiente la mera exteriorización para ostentar un derecho absoluto de utilización. Es necesario poner en práctica la creación: su uso -genéricamente hablando- objetiva plenamente la creación, en algunos casos; en otros, una declaración constitutiva de la autoridad competente: el certificado de registro. 

Cuando el bien inmaterial no se constituya directamente con la exteriorización de la creación intelectual (sino que requiera el uso o la registración) puede hablarse de supuesto de hecho constitutivo a tracto sucesivo (o si se prefiere, de supuesto de hecho progresivo). No obstante, esta declaración no concierne a la constitución del derecho sino a la integración del supuesto de hecho constitutivo del bien, justamente porque este no viene dado directamente por la realidad pre-jurídica, sino que resulta normativamente disciplinado en su misma constitución.

Lo dicho no impide hacer valer la inexistencia del bien o del derecho correspondiente y presupone un examen limitado, pero es necesaria para que el bien exista y pueda ser objeto de un derecho absoluto y de una tutela más intensa del mismo3; se relaciona, además, con aquella genérica posibilidad de conocimiento que de ella misma se deriva, así como también con la posibilidad genérica de utilización de la creación, una vez transcurrido el término de su tutela (marcado a partir de su inscripción), evitando así que la creación pueda ser sustraída del común patrimonio técnico.

La inscripción registral -además de completar el hecho constitutivo del bien inmaterial- legitimará a aquel a quien haya sido concedida, para el ejercicio del derecho, situándolo en una posición que se ha llamado “posesoria”4 y beneficiándolo con la reversión del onus probandi ( “carga de la prueba”, que corresponderá a quien discuta la existencia de la creación intelectual o la pertenencia del derecho o su caducidad).

ALCANCES DEL DERECHO

El derecho a la utilización exclusiva del bien inmaterial se atribuye originariamente ex lege: directamente al autor de la creación cuando ésta es reconocida como bien inmaterial; o bien, al que ostente poder o el derecho5 de completar el iter constitutivo del bien inmaterial. El hecho constitutivo del bien se liga, así, a la paternidad de la creación y a la titularidad del derecho absoluto de utilización por atribución legal.

El modo de adquisición a título originario del derecho sobre el bien inmaterial responde a la peculiar naturaleza del mismo y no parece que pueda asimilarse a los modos tradicionales de adquisición, a título originario, de la propiedad de las cosas materiales, no pudiendo asociarse a la ocupación, del mismo modo que no podrá darse una usucapión del derecho de propiedad sobre un bien inmaterial, pues aquella presupone una cosa preexistente in rerum natura; mientras que la adquisición a título originario del derecho sobre un bien inmaterial alude a la creación de una cosa que antes no existía.

En la tradición romana, por el contrario, la hipótesis de un hoy llamado bien inmaterial se consideraba desde el punto de vista de la accesión de la creación intelectual a la cosa, postura jurídica que precisamente tiene como premisa la negación de la creación intelectual como tal, de forma que se tomaba en consideración la materia o cosa, y no la idea -inmaterial- volcada sobre ella.

La diversidad de las diferentes creaciones intelectuales determina el diverso contenido del derecho de utilización correspondiente y su diversa regulación frente a los diferentes tipos de bienes inmateriales.

En el ámbito de los inventos -donde la creación se individualiza en un hallazgo técnico que posee valor autónomo-, el derecho de utilización concierne, substancialmente, al empleo del bien inmaterial en una actividad con terceros6. La creación intelectual no puede, ciertamente, proporcionar utilidad alguna sino a través de las cosas materiales o de las energías en las que se exterioriza y por eso el derecho absoluto a su utilización se resuelve en una exclusiva respecto a la exteriorización de la creación intelectual en cosas (materiales) o energías, prescindiendo de la pertenencia de dichas cosas o energías. Claro que la satisfacción de las necesidades de consumo personal del sujeto, nunca el uso o empleo del bien inmaterial en el ejercicio de una actividad, no conciernen al contenido del derecho absoluto de utilización propio del campo de las patentes. El “uso personal” constituye una limitación al derecho que asiste al titular de la patente para perseguir las acciones que supongan una violación de la patente, aunque ello importe actuar sobre cosas pertenecientes a terceros.

En definitiva, la utilización reconocida con carácter exclusivo al titular del bien inmaterial es la que tiene lugar en el desarrollo de una actividad frente a terceros y este dato puede encontrar un paralelo general en el campo de la regulación de la concurrencia (que se caracteriza como disciplina de una actividad frente a terceros). Sin embargo, se rechaza el recurso al monopolio para el encuadramiento de la protección jurídica de las innovaciones.

El interés tutelado no es el que tiene por objeto el goce de las utilidades de la cosa material (sobre la que la creación se exterioriza), sino el de la probabilidad de ganancia representada por la posibilidad de utilizar la creación intelectual en una actividad con terceros, no la obtenible a través de un género determinado de actividad (impidiendo a los demás el ejercicio de dicha clase de actividad); por ello no constituye un monopolio7. La identificación del interés tutelado por el derecho absoluto de utilización de los bienes inmateriales en la probabilidad de ganancia obtenible con la utilización de la creación intelectual tutelada, explica por qué a veces el derecho exclusivo de utilización puede ser sustituido por un premio por parte del Estado (vgr., en el derecho cubano, con los inventos)

NEGOCIABILIDAD DEL DERECHO Y LA LICENCIA OBLIGATORIA

El derecho de utilización es negociable, inter vivos y mortis causa. Y en esta negociabilidad vuelve a ponerse de manifiesto su patrimonialidad y sus diferencias con los derechos de la personalidad (a los que alguna vez se intentó asimilarlo). El bien inmaterial puede ser objeto de un derecho real de garantía, de ejecución forzosa (en tanto es un bien registrable). No obstante, en el campo de los bienes inmateriales es frecuente, en lugar de la transmisión del derecho de utilización, la constitución en favor de un tercero de un derecho de utilización dependiente del derecho del titular del bien, a través del llamado contrato de licencia8.

La licencia de un derecho de utilización comprende, eventualmente, una u otra facultad o una utilización, cronológica, cuantitativa o territorialmente limitada; excluyendo a veces o a veces no, una utilización simultánea del titular o de otros licenciatarios dentro del mismo campo (está exclusividad deriva directamente de la amplitud del derecho absoluto derivado, constituido en la persona del licenciatario y no de un vínculo autónomo asumido por quien concede la licencia). En este supuesto, la licencia puede verse como una sucesión a título constitutivo, pues se constituye un nuevo derecho absoluto sobre el mismo bien, que tiene su origen en el derecho absoluto de utilización primario y que comprende una utilización cualitativa o cuantitativamente limitada. Esta posibilidad enlaza con lo anteriormente observado al señalar que el derecho absoluto de utilización tutela la posibilidad de ganancia del sujeto en el ejercicio de una actividad (la desarrollada en la utilización del bien inmaterial), probabilidad que es fraccionable cuantitativamente en relación con las diversas modalidades de la utilización (no quedando, forzosamente, excluido el titular que ha concedido la licencia). En el caso de la licencia no puede aludirse a un mero derecho personal del licenciatario, lo cual contrasta con el alcance que suele atribuírsele al instituto respecto de la legitimación del licenciatario para actuar contra el imitador o el usurpador, según el caso.

Por otra parte, el contrato de licencia de patente, en tanto “acuerdo entre empresas” que es, queda sujeto a las normas sobre acuerdos restrictivos; es decir, la imposibilidad legal de imponer -el licenciante al licenciatario- limitaciones a su libertad empresarial (también en este caso la prohibición de las consideradas prácticas restrictivas y las eventuales excepciones a tal prohibición responden a una tradición legislativa y a una línea de la política de competencia nacional9 o comunitaria10, según el caso.

Como regla podría decirse que las limitaciones al comercio, incluidas en un contrato de licencia de una creación intelectual son, en general, admisibles, no por su correspondencia con el contenido del derecho concedido sino con la finalidad tenida en miras al concederlo; dicho de otro modo: cuando son imprescindibles para la existencia de la propiedad industrial.

Junto al concepto desarrollado, y no incompatible con lo expuesto, se verifica en el ámbito de las patentes de invención el instituto de la licencia obligatoria.

Citando la obra de J.A. Gómez Segade La obligación de explotar las patentes en España y en Iberoamérica (Ed. Montecorvo, España, 1978), Correa, C. y Bergel, S.11 afirman que la licencia obligatoria supone la constitución heterónoma de una relación obligatoria: heterónoma en el sentido de que la voluntad del Estado se impone a la voluntad de una de las partes; por motivos superiores y en beneficio del interés general, se obliga al titular a abstenerse de impedir el uso por terceros de la patente.

El derecho absoluto de utilización está limitado no sólo temporalmente, el Estado quiere que el invento sea puesto en práctica12, muchas leyes disponen que la misma lo sea en territorio del Estado otorgante de la patente y en la medida que no sea gravemente desproporcionada con los intereses del país so pena de la caducidad (pérdida) del derecho absoluto de utilización. Esta carga que genéricamente se sigue observando mundialmente, ha ido evolucionado hacia formas (intermedias) más compatibles con la producción globalizada y el comercio internacional: bajo el Convenio de Paris (en adelante CUP)13 y el TRIPs (Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio – que en adelante también podrá identificarse por sus siglas en español: ADPIC)14 los bienes inmateriales que no sean explotados luego de cierto lapso o bajo ciertas condiciones, serán objeto de licenciamiento obligatorio15, supuesto de hecho constitutivo del derecho de cualquier interesado a obtener la licencia (por medio de sentencia o resolución administrativa, según la normativa vigente en cada país y caso), quede en claro que no se trata de un derecho subjetivo del interesado (cualquiera y, por ende, de todos) a que el inventor ponga en práctica el invento o a hacerlo por si, libremente como en el caso de producida y sentenciada la caducidad de la patente en cuestión.

Capítulo 2

La propiedad intelectual
PROPIEDAD INTELECTUAL

La Propiedad Intelectual es el conjunto de derechos subjetivos que el Estado reconoce a favor de los autores de creaciones del intelecto para proteger intereses espirituales y patrimoniales con respecto al resultado de su esfuerzo creador.

La propiedad intelectual tiene que ver con las creaciones de la mente: las invenciones, las obras literarias y artísticas, los símbolos, los nombres, las imágenes y los dibujos y modelos utilizados en el comercio.

La propiedad intelectual se divide en dos categorías: la propiedad industrial, que incluye las invenciones, patentes, marcas, dibujos y modelos industriales e indicaciones geográficas de origen; y el derecho de autor, que abarca las obras literarias y artísticas, tales como las novelas, los poemas y las obras de teatro, las películas, las obras musicales, las obras de arte, tales como los dibujos, pinturas, fotografías y esculturas, y los diseños arquitectónicos. Los derechos relacionados con el derecho de autor son los derechos de los artistas intérpretes o ejecutantes sobre sus interpretaciones o ejecuciones, los derechos de los productores de fonogramas sobre sus grabaciones y los derechos de los organismos de radiodifusión sobre sus programas de radio y de televisión.

CARACTERISTICAS DE LOS DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL16:

Los derechos de propiedad intelectual son esencialmente una forma de propiedad. Al igual que la propiedad sobre bienes materiales, son susceptibles de una valoración pecuniaria (se pueden vender, donar, arrendar o transmitir por un acto de última voluntad); y atribuyen a su titular un poder jurídico que permite reclamar su devolución, cuando se encuentran indebidamente en poder de otro, y reclamar su protección frente a su trasgresión.

CARACTERISTICAS:

  1. Territorialidad: Los derechos de propiedad intelectual son territoriales porque no tienen un reconocimiento universal. Se requiere que en cada país o territorio se cumplan los requisitos que la ley establece para su existencia aunque los requisitos que se exijan en todos los países sean similares. Por ejemplo, la exclusividad para la explotación de un producto patentado solo se adquiere en los países en los que se obtuvo la patente, siendo libre la explotación del mismo producto en los países en los que no se haya obtenido la protección.

  2. Temporalidad. Los derechos de propiedad intelectual no se disfrutan de manera permanente sino que tienen una limitación en el tiempo. Vencido el plazo, las creaciones protegidas pasan al dominio público y pueden ser explotadas por cualquier persona interesada. Por el contrario, la propiedad sobre cosas materiales es perpetua. La razón de esta limitación obedece a que la prohibición de utilizar ideas creadoras que son propiedad de otra persona sólo se justifica por la necesidad de promover el desarrollo cultural, el avance tecnológico o la actividad de las empresas que concurren en el mercado.

  3. Tipicidad. Los derechos de propiedad intelectual no se adquieren sobre todas las creaciones del intelecto sino sólo sobre aquellas incluidas en alguna de las categorías reconocidas por la ley, en contraste con la posibilidad de apropiación de todas las cosas materiales, con excepción de los bienes de dominio público.

  4. Independencia de la creación respecto del objeto que lo incorpora. Los derechos de propiedad intelectual se adquieren con respecto a una creación con independencia del objeto que en el se incorpore la idea protegida. El autor, por el hecho de su creación, no es propietario de los ejemplares que contienen su obra, y tampoco el adquirente del ejemplar de una obra se convierte en propietario del derecho que corresponde al autor sobre su creación.

  5. La propiedad intelectual no puede adquirirse por prescripción. En virtud de ser un bien inmaterial y por lo tanto no susceptible de posesión in corpore o material, no puede adquirirse por el transcurso del tiempo.

  6. La propiedad intelectual tutela elementos distintos a los estrictamente patrimoniales. En varias categorías protegidas, además del derecho a la exclusividad de la utilización y explotación económica de la creación, se reconoce un derecho moral que protege la personalidad del creador en relación con la expresión de su idea. Por el contrario, el derecho de propiedad sobre bienes materiales solo hace referencia a intereses patrimoniales. Este derecho moral es más evidente y complejo en la esfera del derecho de autor.

Capítulo 3.

Las Invenciones y las Patentes

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