Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación




descargar 1.17 Mb.
títuloTesis para optar a Master en Ciencias de la Educación
página5/20
fecha de publicación14.02.2016
tamaño1.17 Mb.
tipoTesis
med.se-todo.com > Ley > Tesis
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20

EL APRENDIZAJE DE LA VALORACIÓN REFLEXIVA




      1. El sistema de valores de esta propuesta



La educación nicaragüense se encuentra inmersa en mundo postmoderno y tecnológico que entiende lo social como algo que no es complejo y, por tanto, sin importancia. De aquí, que el papel de la escuela será el de ser promotora de los valores aceptados como universalmente válidos y facilitar a los(as) estudiantes la construcción de un sistema de valores que sustente una concepción de persona cuyo objetivo sea que ellos y ellas alcancen su plenitud como ciudadanos y ciudadanas nicaragüenses.
Se puede entender el sistema de valores como un conjunto permanente de actitudes, creencias e ideas que se poseen individual y colectivamente, las cuales se proponen y se aceptan como modelos preferibles de comportamiento, y que se manifiestan a través de diversas expresiones tangibles o intangibles. Para que el sistema funcione necesita una organización y jerarquización de los valores socialmente aceptados, los cuales condicionan el comportamiento, las normas, los principios y reglas de conducta; con ello se espera conseguir seguridad en cuanto el sistema permita la resolución de conflictos y la toma de decisiones.
Para que el sistema de valores responda a las necesidades del sistema social no puede basarse en una propuesta dogmática e inflexible, por el contrario debe ser anti-adoctrinadora y no-autoritaria; favoreciendo el desarrollo de la autonomía moral e intelectual como capacidad para poder gobernarse a sí mismo, responsabilizarse de las propias acciones, elegir principios adecuados a cada caso, y procurar realizar una interpretación más justa, según lo señala Victoria Camps (1994:59,76). Así, se espera poder conseguir la superación de los mecanismos de control externos de la conducta, y lograr que los(as) estudiantes puedan activar “resortes de control internos; y que hagan lo que tienen que hacer... sin necesidad de que nadie venga a recordárselos”, como lo evoca Fernández Enguita (1990).
Dado que al hablar de este sistema y del tema de la valoración se está hablando de valores, será preciso hacer brevemente una identificación de éstos antes de profundizar en el tema. El concepto de Valor, en singular, de acuerdo con Lipman y colaboradores (1992:316), significa la “importancia de algo que vale”, sea material o no material; pero que debe ayudársele al estudiante a descubrir esa importancia y lograr el respeto de la jerarquía que se le otorga, pues el valor no es valioso porque lo deseemos, sino que es deseado porque es valioso. En plural: Valores, indica las opiniones de alguien respecto a lo que es importante, esto implica de hecho una valoración elemental que hace cada persona. Los valores, según Lipman, no deben ser confundidos con los “deseos” o los “sentimientos”, sino que deben ser considerados como “lo que luego de un proceso de reflexión e investigación, resulta importante” (Lipman y otros, 1992:275), esto entraña un proceso de construcción socializada y no una mera opinión sin reflexión crítica. Desde otro punto de vista, los valores pueden ser un marco preferencial o proyectos ideales de vida o principios morales que
Suelen ser el fundamento de actitudes y normas, dado que orientan la conducta con actitudes acordes a dicho valor”. (Bolívar, 1992:283)
Al implicar un marco preferencial de lo que resulta importante, lo es para una colectividad social; entonces, según lo anterior será preciso saber el ideal de ciudadano esperado por la sociedad que los requiere, y pueden ser de dos tipos: ciudadanos pasivos, acríticos, manejables; o ciudadanos activos, críticos, reflexivos, participativos, capaces de emitir propuestas para el bien común. Es deseable el segundo tipo de ciudadanos, dado que los valores que este tipo elija, se dirigirán a la obtención de las finalidades que la sociedad necesita para su propia existencia.
Un elemento a considerar en la búsqueda de valores de la ciudadanía democrática y participativa, según Merino (s.f., online), es el de la conciencia social, que une las voluntades individuales para tomar parte en una tarea colectiva en el entorno donde se vive. Dado que es en sociedad como se desarrolla la conciencia de lo público, esto se hará por medio de la cooperación y el control del ejercicio del poder, y no por medio de la coerción, comprendiendo la democracia no sólo como sistema político, sino como un sistema de valores y una cultura. Por ello su desarrollo no puede abandonarse al proceso espontáneo de la vida social, sino que deben ser asumidas por la educación formal, según lo señala Tedesco (1999:129). Puesto que los valores deseables para la democracia participativa deben entrañar el sentido de la colectividad, estos pueden sintetizarse en los siguientes valores fundamentales:


  1. La responsabilidad, como respuesta que brota de la libertad y que alienta al compromiso voluntario. Implica influir y dejarse influir por quienes comparten la misma libertad de participar; así como el cumplimiento de las decisiones tomadas individual y colectivamente, que conlleve poco a poco a la corresponsabilidad de los miembros (en una democracia).




  1. La tolerancia, entraña el reconocimiento de las diferencias, de la diversidad de costumbres y formas de vida, “cuyo límite está definido por los derechos de la dignidad humana” (Camps, 1994:100). Significa un respeto de lo que otros opinen o hagan, aunque reconociendo que nadie tiene el monopolio de la verdad. Precisa la comprensión del punto de vista del otro y se construye a través del diálogo.




  1. La solidaridad, se fundamenta en la fraternidad, la cooperación y la sensibilidad social, y tiene que ver con la sobrevivencia de todos; intenta abarcar a la sociedad completa y pretende surgir de ella. Es una “dependencia mutua que hace que unos no puedan ser felices si no lo son los demás” (García-Pelayo, 1995:953). De tal modo que debe ser es una iniciativa para vivir mejor.


Estos tres valores: se entrelazan en un valor más amplio que los abarca: la justicia, que es hacia donde se orientan los demás valores cívicos.
En esta investigación uno de los ejes centrales para la enseñanza en valores es la valoración reflexiva, por ello, a continuación se presenta un desarrollo de su significado en vistas a ampliar la comprensión de la visión innovadora de esta propuesta educativa.

      1. Una clave de la enseñanza en valores: el proceso de valoración



En nuestro país, la enseñanza en valores se ha realizado, principalmente, imponiendo o inculcando valores; es decir, que una autoridad da por cierto que determinados valores son “buenos” y por eso hay que asumirlos sin cuestionar nada; Dado que esto se realiza en una actividad donde no interviene la reflexión crítica de los(as) estudiantes, ha ocasionado que ellos(as) no los vivan o practiquen sin necesidad de estárselos recordando.
Por valoración se entenderá el proceso en el cual los(as) estudiantes llegan a la comprensión de los valores y por lo cual manifiestan una actitud positiva y firme con respecto a ellos; es decir, es la capacidad de llegar a considerar que algo es valioso o no, a través de la reflexión personal y colectiva, y asumirlo. Algunos aspectos a tomar en cuenta sobre el ejercicio de valorar, o valoración, se sintetizan en lo siguiente:


  • Valorar implica “Reconocer, estimar o apreciar el valor o mérito de una persona o cosa” (Hernández Aliques, 1999:1785)

  • Es una capacidad actitudinal de mantener una preferencia por un valor y con el compromiso de realizarlo, a través de ejercicios que exijan su utilización según lo indica Bolívar (1992:113).

  • La valoración, desarrolla competencias para recopilar información sobre los logros obtenidos, para una posterior toma de decisiones con respecto al aprendizaje y la enseñanza. El ámbito educativo debe capacitar a los(as) estudiantes para que puedan “reconocer lo que es valioso y conseguir la mejora del juicio, (...) ser conscientes de alternativas de valor y competentes en el establecimiento de prioridades o en la selección entre las diversas alternativas”. (Lipman y otros, 1992:316)


Algo importante a tomar en cuenta es que todos podemos valorar, pero no necesariamente todos lo hacemos de una manera eficiente; es también algo que se aprende y, por esta razón, no deberían ahorrarse esfuerzos por desarrollar la capacidad valorativa a lo largo de la escolaridad, más aún cuando se reconocen las debilidades que se dan en la enseñanza en valores, debido a que la escuela ordinariamente
apunta al valor y no a aquello que lleva al chico a considerar que algo es valioso o no. Se trabaja sobre la adhesión o el rechazo a ciertos ‘valores’, pero no se asume la tarea de reflexionar acerca de qué puede permitir considerarlos como tales.” (Santiago, s.f. online)
La enseñanza en valores debe conducir a la problematización de lo que se presenta como “natural”, pues es fácil perder de vista la necesidad de analizar la propia realidad debido a que casi siempre se encubren los mecanismos de “naturalización”. Entonces, el camino a seguir por la enseñanza en valores en el ámbito de la formación de ciudadanía, será el de pasar de valoraciones intuitivas (débiles) hasta valoraciones reflexivas (sólidas).
Desde el punto de vista de la enseñanza para la comprensión, puede decirse que un primer paso será el de examinar las valoraciones previas de los(as) estudiantes en torno al contenido de la participación ciudadana; en el sentido de conocer las concepciones iniciales que de alguna manera van incidir en el proceso de desarrollo de contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales. Desde esta perspectiva, no basta que el estudiante valore simplemente que ya puede hacerlo como capacidad natural, es preciso que lo haga pero de manera más consciente, con un alto grado de reflexión y sustento teórico, para poder ir construyendo la comprensión de los contenidos y asignarles nuevas significaciones, desde una perspectiva personal y colectiva más objetiva.
La valoración implica un proceso complejo donde se desarrollan habilidades de comprensión, y a través de la cual se va formando la conciencia, generando los cambios actitudinales; con la necesaria exigencia de intercambiar puntos de vista y negociación de soluciones entre los estudiantes, dado que el andamiaje del aprendizaje no se realiza en solitario; conduciendo a ejercitarse en la toma de decisiones, tanto personal como colectiva, para la consecución de objetivos comunes.

      1. Búsqueda de un modelo para enseñar y aprender a valorar reflexivamente



Para lograr el desarrollo de la acción de valorar de forma reflexiva se precisa, ante todo, revisar algunos modelos que nos orienten sobre cómo conseguirla en el ámbito educativo dado que ella también debe aprenderse. Si emitir una valoración puede resultar una actividad sencilla, puede resultar difícil determinar cómo y con qué calidad se ha valorado, pues implica siempre la participación activa pero interior de los(as) estudiantes. Por ello revisemos algunos elementos que nos den pistas para la construcción de un modelo que ayude a desarrollar esta capacidad.
1) En primer lugar, en el siguiente cuadro, Santoyo Muñoz (s.f. online), nos señala una tipología de algunos modelos más utilizados para la enseñanza en valores:

Cuadro 2. Modelos para una enseñanza en valores.

Modelos

Teoría fundamental

1. Inculcación

El objetivo de este enfoque es infundir o internalizar determinados valores que son considerados como deseables, sea por persuasión o por imposición.

2. Desarrollo moral

Este enfoque se basa en las tesis e investigaciones de J. Piaget y L. Kohlberg, donde se estimula a los(as) estudiantes para que sean capaces de desarrollar modelos más complejos de razonamiento moral a través de pasos secuenciales.

Niveles Pasos

A. Pre-convencionales 1º Orientación al castigo y la vigilancia

2º Orientación relativista instrumental

B. Convencionales 3º Orientación a la conformidad interpersonal

4º Orientación "a la ley y el orden"

C. Post-convencionales 5º Orientación legalista hacia el control social

6º Orientación al principio ético universal

3. Análisis

Elaborado por educadores del campo de las ciencias sociales (Hunt, Metcalf, Oliver, Shaver y Fraenkel). El objetivo de esta técnica es ayudar a los(as) estudiantes a usar el planteamiento lógico y los procedimientos de investigación científica relativos a los valores. Ellos deben aportar hechos verificables acerca de la validez de los fenómenos.

Pasos

1. Identificar y clarificar la cuestión del valor.

2. Recoger los hechos significativos.

3. Evaluar la veracidad de los hechos recogidos.

4. Clarificar la relevancia de los hechos.

5. Llegar a una primera decisión valorativa provisional.

6. Medir el principio de valoración implicado en la decisión.

4. Aprendizaje para la acción

Su objetivo es proporcionar al/la estudiante oportunidades específicas para actuar según sus valores, dentro y fuera del aula. Esta técnica busca llevar al sujeto a comprometerse activamente con los valores estimados como tales por él mismo.

Pasos

1. Tomar conciencia del asunto o proceso.

2. Comprender el asunto o problema y tomar una postura.

3. Decidir una actuación.

4. Planificar estrategias y etapas para la acción.

5. Aplicar actividades y realizaciones de la acción.

6. Reflexionar sobre las acciones emprendidas y sus consecuencias.

5. Clarificación de valores


Desarrollada por el profesor Sydney Simon. El objetivo es ayudar al estudiante a tomar contacto con aquello que actualmente constituye un valor en su vida, y que descubra la realidad de su orientación e ideas.
a) Elección y selección de valores.

1. Escoger libremente los valores. Deben ser espontáneos y libres de elección.

2. Escoger los valores entre distintas alternativas.

3. Escoger los valores después de sopesar las consecuencias de cada alternativa.

b) Apreciar y estimar los valores elegidos.

4. Apreciar y estimar los valores. Cuando concedemos valor a una cosa la apreciamos, la disfrutamos, la estimamos, la respetamos y la queremos.

5. Compartir y afirmar públicamente los valores. Cuando elegimos algo libremente lo analizamos y sentimos alegría, no vacilamos en afirmar nuestra decisión.

c) Estar de acuerdo con los valores elegidos.

6. Actuar con firmeza de acuerdo con los propios valores.

7. Actuar de acuerdo con los propios valores de una manera repetida y constante. No sería "valor" algo que aparece una vez en la vida y que no vuelve a presentarse.


2) Por otra parte, desde la línea de esta investigación, se plantea que el aprendizaje implica el desarrollo de la comprensión a partir tópicos generativos, los que sirven de puntos de partida para el aprendizaje. Actualmente algunas de las propuestas innovadoras de enseñanza en valores se dirigen a la enseñanza a través de conceptos claves.

Los conceptos claves son las cuestiones esenciales previas al diseño curricular; tienen la característica de ser desequilibradores, con poder de relacionar, de mover hacia la indagación, integran el proceso educativo comunicando las asignaturas, están en conexión con la vida cotidiana. De acuerdo con Gemma Tribó (s.f., online) estos conceptos claves iniciaron con la selección que hizo Hilda Taba en 1971, a la que siguieron otros como: Beyeru, Catlíng, Blyth (años 70); Gross, Fisher, Hicks, Banks y Clegg (años 80); Proyecto Bitácora, Cronos (años 90). Como ejemplo tenemos la selección de conceptos de Taba: poder, causalidad, diferencias, cambio cultural, conflicto, valores, cooperación, interdependencia, modificación, control social, tradición. La selección de conceptos claves surge de
La necesidad de generar una matriz de valores universales que genere alternativas reales de desarrollo social, que posibilite contrarrestar la crisis en que la humanidad se encuentra”. (Montenegro, 2005:9)
Así, se puede generar una matriz que cifre valores seleccionados y discutidos en consenso para el desarrollo de diversos contenidos para la vida democrática. Para el caso de esta investigación se puede presentar el siguiente modelo, cuyo concepto clave es un eje vertebral indispensable para el desarrollo de toda la asignatura, y que se relaciona con otras áreas, principalmente las de ciencias sociales:


Concepto clave

Asignatura(s)

Contenido(s)

Valores

Participación crítica

Formación Cívica y Social

(historia, geografía)

Nuestro compromiso con el respeto a las leyes.

- Responsabilidad / Participación

- Tolerancia / Respeto

- Solidaridad / Cooperación


3) Como tercera consideración, habrá que tomar en cuenta algunos factores para que la valoración sea reflexiva. Esto puede ser determinado luego de haber analizado el sistema de valores de la propuesta y los contenidos claves a ser abordados. Entre estos factores se consideran: a) la reflexión crítica personal, b) la reflexión socio-crítica, c) el aprendizaje cooperativo, y d) la investigación en valores, los cuales se definen a continuación:
a. La reflexión crítica personal: implica la puesta en acción del conflicto cognitivo, como insatisfacción con las propias ideas (previas); donde cada estudiante debe llegar a ejercitarse en la práctica de problematizar su situación, ubicándose dentro de su propio contexto personal y social, y no contentarse con soluciones acabadas. Debe conllevar a hacer frente a la neutralidad de la educación ante las cuestiones políticas, lo cual impera en las aulas de prácticas tradicionales. Es una actividad de tipo metacognitiva que lleva al estudiante a ser capaz de cuestionar y autoevaluar su pensamiento y sus acciones, en vistas a lograr la autorregulación de su propio aprendizaje de forma autónoma. El logro de la autorregulación, según Nunziati (citado por Jorba y Casellas, 2005:30), debe ir acompañado del dominio, por parte de quien aprende, de las operaciones de anticipación y planificación de la acción, y la apropiación de los criterios e instrumentos de evaluación de los enseñantes.
b. La reflexión socio-crítica: se trata del proceso de interreflexión, facilitado por la relación interpersonal de la socialización y del trabajo en la zona de desarrollo próximo (de los estudios de Vigotsky), donde la acción mediadora del lenguaje es esencial, con el fin de que se pueda “resolver una situación entre alumnos“ (Coll, 1996:82). Implica una confrontación con los demás, en un debate constructivo, dialéctico y sistemático en el aula, donde puedan ir logrando valoraciones objetivas gracias al refuerzo social recibido del grupo y que seguramente en solitario o sin esa interacción no construirían.
c. El aprendizaje cooperativo: parte de las teorías cognitivas de Piaget y Vigotsky y de la teoría de la interdependencia social de Koffka y Lewin, y se basa en el logro de metas comunes por los(as) estudiantes. Este aprendizaje implica un trabajo colaborativo que consiste en la conformación de pequeños grupos de trabajo no individualistas, donde el equipo trabaja junto hasta lograr que todos haya comprendido y completado las actividades con éxito. Esto supone el desarrollo de habilidades sociales como la ayuda mutua, tolerancia, disposición al diálogo, la empatía, el control de los impulsos, la relativización y el intercambio de puntos de vista.
Entre otras competencias para el desarrollo de un trabajo cooperativo efectivo, Ramón Ferreiro (2000:46-49) sintetiza las siguientes: Liderazgo distributivo, agrupamiento heterogéneo, interdependencia física (positiva), adquisición directa de habilidades sociales y autonomía grupal. De acuerdo con diversos autores, el trabajo cooperativo se caracteriza por enfatizar la responsabilidad por los demás, la tarea y su mantenimiento, el monitoreo e intervención del docente y el procesamiento en grupo.
d. La investigación en valores: es la sistematización de la reflexión sobre valores, como estrategia de aprendizaje activo donde deben construir por sus propios medios, bajo la guía del docente y en un clima de recíproca colaboración, el conocimiento; y a través de una dinámica de tipo seminario “concentren su atención en aguzar las habilidades de razonamiento y en las influencias recíprocas de las ideas en nuestra civilización.” (Lipman y otros, 1992:318). La comunidad de investigación, debe ayudar a lograr el paso de la heteronomía a la autonomía moral e intelectual, a través del desarrollo de la valoración, pues, según Hecker:
es muy pobre el resultado de aquellas situaciones de aprendizaje que pretenden “enseñar valores”. [pues] lo realmente importante consiste en enseñar a los niños a construir el proceso de valoración”. (Hecker, s.f., online).
El aula tradicional deberá convertirse en una comunidad de investigación en valores, donde se promueva la actividad reflexiva con rigor metódico; donde en vez de promover o inculcar determinados “valores”, se familiarice a los(as) estudiantes en el ejercicio de aprender a reflexionar sobre los valores, integrándose cada cual de forma participativa y cooperativa, en una actividad donde puedan
“ Respetar las reglas de la discusión académica. Se escucharán mutuamente, preparados para

ofrecer razones de sus propios puntos de vista y para pedir razones a sus compañeros.

    • Apreciar la diversidad de perspectivas entre sus compañeros de clase y la necesidad de ver las cosas en un contexto.

    • El seminario de investigación en valores llegará a servirles como un modelo de racionalidad social, llegarán a interiorizar sus reglas y sus prácticas y llegará a afianzarse en cada uno de ellos como: ponderación, consideración y buen juicio.”

(Adaptado de Lipman y colaboradores, 1992:321)
En esta actividad el docente no debe preocuparse tanto en transferir conocimientos conceptuales, sino que debe “crear las posibilidades para su propia producción o construcción” (Freire, 1997:47), permitiendo que los(as) estudiantes puedan superar diversos niveles de complejidad en la resolución de los problemas. Pueden señalarse cuatro niveles de complejidad basados en la formulación de preguntas, para conducir gradualmente el proceso de la investigación, y estos son:
“ Nivel de identificar: con preguntas básicas que conducen a la búsqueda de un primer sentido del problema. Delimitar y describir un problema no es tan sencillo como parece.

    • Nivel de definir: intentando hacer una descripción más compleja del problema.

    • Nivel de ejemplificar: se toman situaciones del entorno, para ilustrar y explicar el problema.

    • Nivel de ampliación: se formulan preguntas profundas estableciendo relaciones de causa-efecto; examinar las cosas en su bondad o valor, para compararlas con las normas externas, en diálogo interno para encontrar significados; y luego en un nivel social de cuestionamiento”

(Adaptado de English y Hill, 1999:59-61)
4) En cuarto lugar, un modelo para la enseñanza en valores puede fortalecerse y sistematizarse a través de estrategias de aprendizaje que sitúen a cada estudiante en una dinámica donde puedan utilizar, además de los recursos intelectuales requeridos, los espacios y tiempos necesarios para que los equipos de trabajo estimulen su reflexión, creatividad y sensibilidad. Un ejemplo concreto de estas estrategias son los proyectos escolares, pues ellos contribuyen a acrecentar y validar los conocimientos y canalizar las energías de forma positiva, motivando la construcción de aprendizajes significativos y estimulantes. Para este caso serían proyectos escolares de participación ciudadana, donde ellos(as) puedan criticar su situación, ser solidarios, responsables, tolerantes y encaminados a poner en práctica sus propuestas. De esta manera se dispone un entorno educativo donde se promueve el pensamiento independiente, con la posibilidad de ir documentando el propio progreso y construyendo los propios criterios. Un proyecto escolar de participación ciudadana basado en la enseñanza en valores, fortalecería la autonomía moral e intelectual de los(as) estudiantes al desarrollar la habilidad de valorar reflexivamente en torno a los contenidos de la participación ciudadana (desde el ámbito escolar), cuyo significado se comentará en la siguiente sección.
    1. LA COMPRENSIÓN DE LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA CRÍTICA




      1. Fundamentos legales y educativos de la participación ciudadana



Al abordar el tema de la Participación Ciudadana en el ámbito escolar, se parte de la importancia que juega la educación en la construcción de la sociedad a través de la persona de cada estudiante. Paulo Freire (1997: 32,106) alertaba el peligro de la neutralidad en la escuela, recordándonos la función política de la educación, la cual debe proporcionar espacios y experiencias para tal fin. De tal manera que el tema de la participación ciudadana se sustenta en el papel que cada uno de los(as) estudiantes lleva intrínsecamente por el hecho de pertenecer a la sociedad, por lo que se concuerda con Aristóteles cuando afirma que “cada individuo es un miembro del cuerpo social y la educación de la parte debe ser adecuada a la del todo” (La Política. Libro V, Cap. IV), entonces, en la medida y forma en que se educa al individuo se realiza la construcción de un tipo concreto de sociedad.
Abordar el tema de la participación ciudadana en el ámbito escolar se realiza con la firme creencia en el papel que tiene cada ciudadano en la conformación de su sociedad. Lo que cada estudiante cree y valora sobre los contenidos políticos influye al iniciar el proceso de aprendizaje y ejercicio de la participación ciudadana; por tanto, esta persona debe estar preparada para comprender el significado de la participación activa en su propio contexto.
Es necesario aclarar que la finalidad de esta investigación no es hacer un estudio exhaustivo sobre la participación ciudadana, sino cómo ésta se percibe durante el proceso de formación de ciudadanía desde el ámbito escolar; para ello se pretende evidenciar las valoraciones que los(as) estudiantes realizan en torno a la participación del ciudadano. Por esta razón se hará primeramente una exploración teórica de algunos fundamentos legales sobre la participación ciudadana en Nicaragua, y las competencias necesarias a desarrollar para tal fin, para concluir con la relación que existe entre la valoración reflexiva y la comprensión de la participación ciudadana.
El principal fundamento de la participación ciudadana en Nicaragua se basa en los artículos 7 y 50 de la Constitución Política, donde se hace referencia al aspecto de la participación de los ciudadanos desde un sustento legal y legítimo:
Arto. 7 “Nicaragua es una República democrática, participativa y representativa...”

Arto. 50 “Los ciudadanos tienen derecho de participar en igualdad de condiciones en los asuntos públicos y en la gestión estatal. Por medio de la ley se garantizará, nacional y localmente, la participación efectiva del pueblo.”
Otros artículos de la Constitución Política en los que se confirma la promoción de la participación son los siguientes:
Arto. 48 (§ 2). “Es obligación del Estado eliminar los obstáculos que impidan de hecho la igualdad entre los nicaragüenses y su participación efectiva en la vida política, económica y social del país.”

Arto. 59 “... Corresponde al Estado dirigir y organizar los programas, servicios y acciones de salud y promover la participación popular en defensa de la misma.

Arto. 65 “... El Estado impulsará la práctica del deporte y la educación física mediante la participación organizada y masiva del pueblo...”

Arto. 118 “El Estado promueve la participación de la familia, de la comunidad y del pueblo en la educación y garantiza el apoyo de los medios de comunicación social a la misma.

Arto. 126 “Es deber del Estado promover el rescate, desarrollo y fortalecimiento de la cultura nacional, sustentada en la participación creativa del pueblo.”

Arto. 166 “La administración de justicia se organizará y funcionará con participación popular, que será determinada por las leyes...”
Pero es en la Ley 475, Ley de Participación Ciudadana, del 22 de octubre de 2003, donde se especifican las orientaciones para promover la participación de la ciudadanía en orden a su contribución activa para el fortalecimiento de la sociedad política. Esta Ley tiene por objeto:
Promover el ejercicio pleno de la ciudadanía en el ámbito político, social, económico y cultural, mediante la creación y operación de mecanismos institucionales que permitan una interacción fluida entre el Estado y la sociedad nicaragüense; contribuyendo con ello al fortalecimiento de la libertad y la democracia participativa y representativa establecido en la Constitución Política de la República”. (Ley 475, Arto. 1)
En su artículo 4, numeral 6, la Ley 475 presenta una definición de lo que se entiende por Participación ciudadana, la cual sirve de base para aproximarnos al sentido con que se comprende este concepto clave en esta investigación:
Es el proceso de involucramiento de actores sociales en forma individual o colectiva, con el objeto y finalidad de incidir y participar en la toma de decisiones, gestión y diseño de las políticas públicas, en los diferentes niveles y modalidades de la administración del territorio nacional y las instituciones públicas con el propósito de lograr un desarrollo humano sostenible, en corresponsabilidad con el Estado.”
Dado que a participar ciudadanamente también se aprende, el ciudadano debe desarrollar algunas competencias necesarias para tal fin, por lo que a continuación se identificarán algunas de esas capacidades que deben ser desarrolladas por los(as) estudiantes para crecer y vivir como ciudadanos activos y críticos.

      1. Competencias para el desarrollo de la participación ciudadana crítica



Para designar mejor la participación ciudadana como una construcción a realizar desde el ámbito escolar, es necesaria la identificación de algunos elementos que contribuyen a enriquecer su concepción. Así, dentro del ámbito educativo, se conviene con la visión de ciudadanía activa de Henry Giroux, que insiste en la necesidad de apartar el concepto tradicional de participación, el cual se limita a hacer creer que ésta consiste en la posibilidad de emitir el voto electoral, y comprenderla más bien como un
Proceso de diálogo y compromiso arraigados en la creencia fundamental de vida pública y en el desarrollo de formas de solidaridad (...) que faculte a los estudiantes a luchar contra las relaciones de poder y de privilegios que los transformaban, a ellos y a otros en objetos e instrumentos de opresión” (Giroux, 1993: 22, 29).

De este modo, el concepto de ciudadanía activa se convierte en un principio central de la teoría de la participación ciudadana que rebate la visión tradicional de membresía a una comunidad nacional (ciudadanía pasiva). En esta perspectiva, de acuerdo con Giroux, se identifica al ciudadano (estudiante) como un miembro del cuerpo social que participa críticamente en la conformación de la vida política, para lo cual necesita desarrollar las habilidades necesarias que le ayuden a construir una nueva visión de vida comunitaria.
Siguiendo esta línea de pensamiento, se prefiere una definición de ciudadanía que rebase la concepción teórica y del simple estatus legal, por una que haga referencia a la pertenencia de los ciudadanos a una comunidad política, donde se comparte una identidad común, como hombres y mujeres libres y aptos para decidir con autonomía, desarrollando diversas competencias como habilidades y capacidades que, desde la visión de Moratalla (2001:247), pueden ser las siguientes:


  • Sentimiento de identidad (colectiva)

  • Capacidad de tolerar y trabajar juntamente con individuos diferentes.

  • Deseo de participar en el proceso político con el compromiso de promover el bien público.

  • Habilidad para sostener autoridades controlables.

  • Disposición a autolimitarse y ejercer la responsabilidad personal en sus reclamaciones económicas.

  • Capacidad para saber tomar decisiones sobre lo que afecta su salud y la del medio ambiente.


Se cambia, así, la visión de un ciudadano casi súbdito, a quien se le reconocen unos derechos, por un ciudadano activo que sabe exigir sus derechos y que cumple sus responsabilidades; y su presencia es activa en la ejecución de obras y servicios, dejando de ser instrumentos de legitimación de las decisiones tomadas por aquellos que tienen el poder.
De acuerdo con Cuenca Morales (2001:12), se supone que la participación ciudadana activa debe ser:


  • Portadora de una capacidad de recreación de nuevos derechos y valores.

  • Generadora de protagonismo y de propuestas en la conducción de los procesos socio-políticos y económicos que tienen lugar en los diferentes contextos.


El aprendizaje de la participación ciudadana forma parte de un proceso muy lento, por lo que el ámbito educativo debe conducir a “formar una persona capaz de participar activamente durante toda la vida en un proyecto de sociedad” (Delors, 1996:59). La educación no puede contentarse con reunir a los individuos para hacer que se suscriban a valores comunes de forma acrítica, sino que deberá hacerlo de forma tal que los ciudadanos participen conscientemente en esa decisión, lo cual es siempre desafiante. Por ello es importante que a través de la educación se realice una alfabetización política, y que la escuela sea ese lugar donde:
se aprendan los conocimientos y las habilidades de ciudadanía (...), la realización de comunidades desarrolladas en torno a formas de solidaridad que fomenten las prácticas de ciudadanía crítica y de calidad de vida” (Giroux, 1993:60).
Esto implica cambiar las concepciones tradicionales que han dejado a la escuela como ajena a la participación crítica sobre temas de ámbito político, e incapacitada para cruzar esa línea. La formación de ciudadanía se comprenderá pues como un proceso complejo que consistirá en formar ciudadanos y ciudadanas, que según Carr (citado en Aguilar García, s.f., online) deben ser:


  • Capaces para pensar sobre sí mismos.

  • Capaces para deliberar, juzgar y escoger sobre la base de sus propias reflexiones racionales.


Desde esta perspectiva, las visiones actuales de ciudadana deberán cambiar, y considerar a los(as) estudiantes no como ciudadanos en potencia, sino como tales, con capacidad de contribuir al bienestar de su comunidad, y de obtener los beneficios de la participación mediante las oportunidades que les brinda la escuela. Esto exige la formación de profesores que también sean ciudadanos activos y críticos, profesionales transformativos, si de verdad se desea lograr un cambio real a través de la educación.
Atendiendo también a las ideas de Barth y Shermis, la ciudadanía debe ser comprendida como un proceso de toma de decisiones en un contexto político, en la que todos estamos llamados a modificar las leyes que nos gobiernan, esa toma de decisiones implicará un ejercicio que el estudiante (como ciudadano) estará llamado a realizar con habilidad reflexiva sobre temas de interés social. Así el resultado de ese proceso será un estudiante (ciudadano):
con práctica en la técnica de identificar problemas sociales, en la evaluación de datos sociales y en la toma de decisiones racionales”. (Barth y Shermis, 1970:33)
Para asegurar la consecución de este tipo de ciudadano, la educación debe tener como una de sus obligaciones fundamentales la generación y sostenimiento de una cultura de participación orientada hacia la vida pública y el bien común; para ello necesita ciudadanos reflexivos que comprendan el significado de la participación crítica.

      1. La valoración reflexiva y la comprensión de la participación ciudadana



El núcleo de la participación ciudadana, según Mauricio Merino (s.f. online), reside en la actitud de los individuos frente al poder, y que no todas las formas de participación conducen a la civilidad ni a la democracia. Por tanto, se comprende que no es suficiente participar sin más en cualquier cosa y de cualquier modo para decir que se trabaja en favor de la sociedad y considerar cualquier actividad como participación ciudadana, pues algunas formas de participación más bien limitan la construcción de nuevos espacios para la vida colectiva. Una verdadera participación ciudadana deberá surgir del convencimiento acerca de las razones que pueden llevar a alguien a participar, y del acuerdo con los demás para iniciar una empresa en vistas a alcanzar el bien común. Pero esta tarea exige lograr el aprendizaje de la reflexión crítica por parte de las personas.
En el ámbito escolar, puede adoptarse el marco de la Enseñanza para la Comprensión (EpC), como un modelo didáctico para orientar el proceso de desarrollo de la reflexión de los(as) estudiantes a través de la asignatura de formación cívica. Lograr cambios sustantivos no es una tarea fácil, pues las ideas y valoraciones previas de los sujetos las sostienen con fuerza, por lo que se necesita de actividades que conduzcan al desarrollo de la comprensión, ejercitando las habilidades de reflexión.
Por ello, es necesario el desarrollo de un proceso de valoración reflexiva que contribuya a un mejoramiento de la comprensión a fondo de los contenidos y de los significados de la participación ciudadana, lo cual implica una actuación consciente y reflexiva de los(as) estudiantes, y que puede lograrse luego de que hayan ejercitado la capacidad de valorar con habilidad y conseguir un pensamiento más sólido, es decir, más crítico, lógico, sensible y creativo.
Valorar reflexivamente sobre la participación ciudadana es una construcción que implica un camino de aprendizaje; por tanto, no debe entenderse como el producto final del proceso de aprendizaje, pues no puede haber valoración reflexiva sin construcción de esa valoración, la cual es gradual. Esta construcción tendrá mayor o menor reflexividad en la medida que se haya desarrollado con rigor metódico, dado que todos los estudiantes necesariamente tienen que llegar al final del proceso educativo, pero, puede ser que no todos hayan tenido la implicación, dedicación y compromiso suficiente como para haber construido la capacidad de reflexionar de forma más consistente, superando con eficacia los estados iniciales de valoración.
La valoración reflexiva es un paso hacia adelante en el proceso de formación de personas autónomas, críticas y dialogantes; de aquí la relevancia que ella tiene para el aprendizaje de la participación como actividad crítica, puesto que les ayuda a mejorar el uso de métodos para la resolución de problemas sociales y la generación de actitudes positivas. Esta forma de desarrollo reflexivo incide en la construcción de la comprensión de la participación ciudadana, en cuanto contribuye a entender los detalles más concretos de la participación activa, y fortalecer con profundidad el contenido de la democracia, junto con la adquisición de hábitos orientados a asumir y transmitir a otros ese conocimiento de forma significativa, con la finalidad de ayudar a la resolución de problemas sociales de acuerdo al nivel de capacidad de los(as) estudiantes.
Al retomar algunas de las consideraciones hechas a lo largo de este marco teórico, se puede afirmar que la valoración de la participación ciudadana consiste en un proceso de apreciar, señalar y reconocer los valores de la acción de participar de forma activa y crítica, la cual sienta sus bases en valores cívicos básicos como la responsabilidad, la solidaridad y la tolerancia; esto lleva a discutir y buscar aportes que contribuyan a elegir, aceptar o rechazar acuerdos, considerando las consecuencias de las propias acciones y decisiones, generando espacios que promuevan los valores democráticos en los que se dé lugar a la diversidad y la comprensión de la dinámica social.
Finalmente, se comprende que valorar reflexivamente sobre la participación ciudadana implica un proceso de desarrollo de una actitud individual de interiorización progresiva como capacidad de respuesta que motiva a establecer preferencias perceptibles sobre la asignación de importancia que se da a la participación ciudadana y a solicitarla siempre. Asimismo, es perfeccionada en un proceso de socialización, capaz de generar la formación de la conciencia que preparará a los(as) estudiantes para actuar en diversas situaciones, donde ellos serán capaces de activar los valores básicos de la participación, necesarios para el logro práctico de objetivos comunes o sociales. De esta manera puede decirse que la valoración reflexiva asegura la comprensión de la participación ciudadana crítica.

1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20

similar:

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis para optar el grado de

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis para optar el titulo de

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis que para obtener el grado de maestro en ciencias de la educacióN

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis que para obtener el grado de maestro en ciencias de la educacióN

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis para optar por el Título de

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis para optar el título de economista

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis presentada como requisito para optar al Grado de

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis para optar el título profesional de ingeniero informático

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis para optar el titulo profesional de Ingeniero Químico

Tesis para optar a Master en Ciencias de la Educación iconTesis de grado para optar al título de Doctor en Teología


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com