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VIDA Y DESTINO HUMANO







VIDA Y DESTINO HUMANO

Thorwald Dethlefsen

Este libro lo dedico a todos los seres humanos

que están buscando la luz.

INDICE

Prólogo……………………………………………………………….6
1. ESOTERISMO. La manera no científica de considerar la

realidad ..............................................................................8

La cosmovisión esotérica.....................................................11

El esoterismo como camino .................................................15

La filosofía hermética ..........................................................17

La ley de la analogía: Así como es arriba, así es abajo 19

Cuerpo, alma y espíritu.......................................................22
2. LA HIPNOSIS. Una caricatura de la realidad.....................28

El descubrimiento de la hipnosis y del psicoanálisis. 31

La hipnosis como fenómeno ................................................32

Un modelo de la hipnosis ...................................................35

La terapia de hipnosis ........................................................37

Consecuencias .......................................................................38

3. LA POLARIDAD DE LA REALIDAD...............................42

La vida es ritmo ....................................................................44

La reconciliación...................................................................48

La proyección de la culpa ....................................................50

La ley de resonancia ...........................................................51

El medio ambiente como un espejo ...................................53
4. LA ASTROLOGIA.

Un sistema de representación de la realidad ........................58

Los principios primordiales de la realidad .....................60

Los astros como representantes.........................................66

La calidad del tiempo .........................................................69

El horóscopo como instrumento de medición ..................72

El horóscopo como plan de estudios de la vida ..............76

La polaridad del aprendizaje ............................................78

La astrología en base a la reencarnación .......................83

El cumplimiento del destino ..............................................86

5. ENFERMEDAD Y CURACION. ............................................... 94

La enfermedad como información ............................................ 90

El camino hacia la libertad ........................................................ 92

Enfermedad y muerte como signos del destino .............. 97

La homeopatía ................................................................. 101

La información como medio de curación ............................. 105

El principio de la semejanza .................................................. 108
6. LA CREACION Y EL PECADO ORIGINAL. .................... 113

La unidad .......................................................................... 119

El triple paso de la creación.................................................... 121

La historia bíblica de la creación ............................................. 123

La expulsión del paraíso .......................................................... 125

La enfermedad y el pecado original ........................................ 129

A la salvación a través de la enfermedad ........................... 130
7. LA REENCARNACION.

Ritmo de lo viviente ...................................................... 134

La muerte — Otra forma del Ser ...................................... 137

La ley del Karma ............................................................ 139

La maduración a través de la reencarnación..................... 141

8. LA TERAPIA DE REENCARNACION.

Un camino a la integración ............................................... 148

La vivencia del nacimiento propio y de la concepción… 151

El encuentro con el pasado ..................................................... 153

Culpa y responsabilidad................................................................ 157

El problema primordial: el poder ......................................... 158

Experiencias del más allá ............................................................ 160

La almas atadas a la tierra .................................................... 163

Etapas de la evolución del alma ............................................ 165

Religión y reencarnación .............................................................. 167
9. LA VIDA DIARIA COMO RITUAL. ........................................... 171

Del sentido de las técnicas ocultas .......................................... 178

Esoterismo y huida del mundo ................................................. 178

El retorno al hogar ..................................................................... 181

PROLOGO

Desde hace algunos años, el interés del público en general por los temas espirituales ha crecido más y más. Como Fuego se difunde el conocimiento de que no se agote necesariamente el sentido de la vida en comer, beber, dormir, sexo y posesiones. Pero, ¿dónde está ese sentido? ¿Es posible que el hombre lo encuentre alguna vez? ¿Debemos volver a la iglesia que hemos abandonado con el primer entusiasmo de la expansión intelectual? ¿O se encuentra la respuesta solamente en las enseñanzas y religiones de Oriente? La gran cantidad de preguntas, aún sin respuesta, transforman al hombre en un buscador. Puede ser que buscar sea más importante que encontrar. Porque buscar quiere decir "cuestionar", abandonar todas las posturas, volverse flexible. La búsqueda abre al hombre.

Desde hace algunos años, el autor, en forma paralela a su actividad terapéutica, dicta regularmente cursos y seminarios bajo el nombre de: "psicología esotérica". El gran éxito de estos cursos demuestra que los temas tratados se han podido transformar para muchos buscadores en líneas de orientación. Tanto del círculo de participantes, como de todos aquellos que por razones de distancia o de tiempo no han podido frecuentar los cursos, surgió la sugerencia de publicar los temas de esos cursos en forma de libro. Como resultado de esta idea, tiene Vd. ante sí los temas del primer semestre de esos cursos. Los libros tienen la gran ventaja de la multiplicación y por eso pueden llegar a muchísimas personas.

Pero los libros tienen también una desventaja: lo mucho que se pierde de la atmósfera personal de la palabra hablada. Es por eso que en los tiempos antiguos la verdadera iniciación se reservaba solamente a la transmisión oral.

Al igual que el primer semestre del curso, este libro también quiere ofrecer una introducción a la cosmovisión del esoterismo. Una introducción de esta naturaleza no requiere del lector ningún conocimiento específico, sino que solamente espera de él una apertura interna para acceder a rumbos de pensamientos nuevos y desacostumbrados. Es más difícil cumplir con esta exigencia que lo que generalmente se supone. Tenemos la tendencia a quedarnos fijados en lo conocido y aferrados a lo acostumbrado; todo lo nuevo provoca en primera instancia un miedo inconsciente y moviliza reacciones defensivas. Así, también muchos pensamientos y tesis de este libro provocarán la resistencia del lector. A nadie le resulta fácil abandonar clichés y puntos de vista queridos y reemplazarlos por nuevos conocimientos, pero esto es justamente lo que tenemos que hacer constantemente si queremos evitar el estancamiento de la evolución. Y,

evolución y apertura de conciencia son el objeto de este libro.

Es mi deseo que este libro pueda prestar una pequeña ayuda a la mayor cantidad posible de quienes están en la búsqueda.
THORWALD DETHLEFSEN

Munich, octubre de 1978
Parte 1
1. ESOTERISMO

La manera no científica de considerar la realidad

La casualidad es el suave almohadón

sobre el que reposan quienes desean eliminar del cosmos lo divino, lo significativo, lo que indica una meta a las criaturas, prefiriendo la triste fábula de que el universo se originó de paso, completa y absolutamente por sí mismo, más allá de cualquier realización de un sentido.
HERBERT FRITSCHE

El pensamiento de nuestro siglo está marcado por una visión del mundo que se denomina "científica" en el sentido de las ciencias naturales. Este adjetivo "científico" se transformó en un criterio para tratar de medir la exactitud de una afirmación, una teoría o un pensamiento. Todos pensamos dentro de categorías científicas hasta en dominios que nada tienen que ver con la ciencia en su verdadero sentido. Así es como llegamos a ser "creyentes en la ciencia" sin darnos cuenta, realmente, del contrasentido que encierran estos términos.

La ciencia en su labor persigue la finalidad de penetrar la realidad con el pensamiento y, mediante el descubrimiento de leyes, introducir un orden en la diversidad de las formas aparentes. Para esto se establecen teorías que se supone comprenden de la mejor manera posible la realidad.

Cada teoría cuando aparece constituye un fiel reflejo del estado de conciencia de sus creadores. Como se sigue investigando permanentemente, también se sigue desarrollando el estado de conciencia y pronto las teorías anteriores aparecen como demasiado estrechas. Se torna necesaria una nueva teoría más amplia y así sucesivamente. De este modo, resulta como ley obligatoria que a causa del permanente avance y ampliación de la conciencia de la humanidad, tarde o temprano toda teoría perderá vigencia y tendrá que dejar lugar a nuevos conocimientos, porque la verdad de hoy es el error de mañana. Una mirada a la historia de la ciencia ratifica de manera categórica esta aseveración.

La historia de la ciencia es la historia de los errores humanos. No hay que avergonzarse por ello, porque todo el mundo sabe que de donde más se aprende es de los errores. Lo grotesco es que cada generación parece estar absolutamente segura que los errores han sido cometidos únicamente en el pasado y nada hace perder la profunda convicción de haber encontrado ahora sí la verdad absoluta y terminante. En este punto la fuerza de la fe en la ciencia sobrepasa con facilidad a la de cualquier secta religiosa.

También el comportamiento frente a todos aquellos que tengan convicciones nuevas y en función de las mismas pongan en duda la verdad "absoluta, válida para todos, tiene una similitud sorprendente con el fanatismo religioso. Por cierto, una de las debilidades humanas cardinales es la de fijarse mentalmente y defender este punto de vista propio con todas sus fuerzas hasta el final de su vida. Aquí la ciencia, al poner el acento en forma (sospechosamente) intensa en la objetividad, se encuentra en una discrepancia especialmente atractiva.
La ciencia empezó su trabajo investigando el mundo visible circundante. Este se nos presenta como materia, por ende la ciencia ha adaptado su métod6 de trabajo a las condiciones de la materia. Esto seguramente es correcto, mientras se investiga solamente materia. En el mejor de los casos, los resultados hallados son válidos dentro del mundo de la materia. Aquí es donde ya encontramos las dos fallas fundamentales que nos autorizan a dudar del derecho de la ciencia a creerse representante exclusiva de la verdad:
1. El método de trabajo de la ciencia se ha adaptado conscientemente a las exigencias de investigación de la materia. Pero ese método, de manera no consciente, se sigue usando hoy en día, ampliándolo a dominios que no necesariamente tienen que ver con la materia.

2. Se deduce del hecho resultante del punto 1 que la ciencia solamente puede tratar y medir la materia y que fuera de ella no puede haber otra cosa.
Este círculo diabólico sólo se puede romper cuando se reconocen las pesar de sus éxitos innegables en el campo técnico, ha conseguido la ciencia hacer más feliz a la humanidad? ¿Puede la ciencia ayudar al hombre a solucionar sus problemas? ¿Puede contestarles sus preguntas más íntimas referidas a su "condición de ser humano"? ¿El desarrollo de la conciencia humana ha ido a la par con el desarrollo técnico externo?

Las respuestas a estas preguntas son inequívocas y conmovedoras: no hay éxitos a la vista. Cuantos más medios desarrolla el hombre para ahorrar tiempo, menos tiempo tiene.

La enfermedad en sí no ha podido ser reducida por la, así llamada, medicina moderna, ni en un mínimo porcentaje. No hay que dejarse engañar por estadísticas que comprueben la declinación de las enfermedades infecciosas o de la mortalidad infantil sin que al mismo tiempo se informe sobre las enfermedades que han aumentado durante el mismo período o, incluso, sobre nuevas enfermedades que se han manifestado desde hace poco.

Las estadísticas de medicina tienen sentido solamente si se toma en cuenta a la "enfermedad" como tal y no cuando se consideran por separado sus formas de manifestación específicas. Así, tenemos un aumento enorme de enfermedades psíquicas, que aun no se han conseguido suprimir en la misma medida en que se suprimen algunos síntomas somáticos.

Todas estas observaciones no proponen tanto criticar ampliamente a la ciencia, sino que pretenden más bien aclarar la necesidad y el derecho de encaminarnos de ahora en adelante a una manera de pensar de polaridad diametralmente opuesta a la científica, a la que designaremos con el concepto de esoterismo, concepto en gran medida idéntico a lo que se conoce con otros nombres: ciencia secreta, sabiduría, ocultismo, etc. Pero ocurre que la mayoría de las asociaciones que desde siempre se relacionan con estos conceptos están equivocadas, y será tarea de este libro introducir, paso a paso, al sistema de pensamiento del esoterismo.
La cosmovisión esotérica
La ciencia piensa pura y exclusivamente de manera funcional. Esto para nosotros es tan natural, que al principio uno se pregunta sorprendido de qué otra manera sería posible pensar, sin abrirle la puerta de par en par a la fantasía sin límites. El esoterismo piensa de manera esencial, o sea, no pregunta solamente por el "cómo" de la realidad sino, ante todo, por el "por qué". Este "por qué" es la pregunta por el sentido de las cosas, que es el verdadero lazo de unión entre el mundo de las formas fenoménicas y el hombre.

Empero, este sentido sólo puede manifestarse como verdad al hombre individual, por eso evita toda presentación pública. El esoterismo es por lo tanto no social. La ciencia se exige a sí misma ser accesible para todos. Dotados del talento suficiente, todos deberían tener la posibilidad de adueñarse de la ciencia mediante el ejercicio de cierto empeño. La ciencia es transmisible, pero el saber no. Desgraciadamente, a menudo confundimos el saber con conocimientos parciales que carecen totalmente de importancia y de orientación. Estos sí son transmisibles. Pero el saber nunca es el resultado del empeño, sino de una toma de conciencia totalmente personal e individual. Esta toma de conciencia es de naturaleza metafísica e ignora ampliamente todas las exigencias de la masa por un "saber para todos". El saber solamente puede ser el resultado de la experiencia propia, no se puede recibir ni transmitir.

Todo lo que me llega de otros sólo lo puedo creer, pero nunca saber y ni siquiera es importante tener buenas razones para creer algo o no. Creer quiere decir: no saber. Nada cambian ahí los cálculos de probabilidad. Bajo este punto de vista las ciencias naturales se muestran como una gran parroquia de crédulos que no hacen otra cosa que rumiar las migajas que dejan caer unos cuantos que realmente saben y este proceso sigue hasta que ya no se reconoce nada.
De ninguna manera se quiere menospreciar aquí la fe, porque la fe es la condición más importante para poder llegar al saber. Creer significa por principio, tener en cuenta la posibilidad de un hecho. Sin que se tenga como posible una experiencia nunca se la podrá alcanzar. Creer y saber son pasos distintos que se condicionan mutuamente, los dos tienen su justificación, sólo que no habría que confundirlos.

Así como el saber es siempre asunto de un individuo, lo esotérico siempre ha sido asunto de unos pocos. Estos pocos que emprendieron la marcha por el sendero angosto del conocimiento, para llegar a ser sabios, son los que forman el así llamado círculo esotérico o interno (en griego "esoteros" es lo interno). Este pequeño círculo interno está rodeado por otro considerablemente más grande, el círculo exotérico o exterior (en griego "exoteros" es lo externo). Más adelante, al estudiar la ley de la polaridad, se nos aclarará que estos dos círculos se condicionan mutuamente y que cada uno de ellos le debe su existencia al otro polo.

De ahí resulta que la meta del círculo esotérico nunca es obrar como misionero del mundo. El verdadero esoterismo trabaja en secreto y realiza esfuerzos más grandes por disimular su existencia hacia afuera que por tratar de cazar nuevos adeptos. Por eso es un signo infalible de cualquier agrupación o sociedad que se esfuerza por crecer y tener más socios, que allí no se trata de una agrupación verdaderamente esotérica, por más que su nombre y la propaganda así lo digan.

El hecho de que lo esotérico sea oculto nada tiene que ver con secretos, sino que se da por sí solo. Las enseñanzas esotéricas se mantienen secretas sin que nadie haga nada. El hombre sólo puede reconocer y usar el saber, sea cual fuere, cuando su propio estado de conocimiento o conciencia esté más o menos adecuado al nivel del saber. Una persona no educada en física no puede reconocer el significado de una fórmula física, a ella no le dice nada, ni siquiera en el caso de que esa fórmula tenga un significado trascendental para la física. La fórmula se mantiene en secreto para el no iniciado en la física. Por eso no hace falta esconderla. Pero cuando el observador ha adquirido un alto grado de conocimiento de la física, esa fórmula puede significarle un gran avance en su conocimiento. Exactamente lo mismo ocurre con el saber esotérico o las así llamadas ciencias ocultas.
El saber del esoterismo es accesible en forma codificada para cualquiera, pero no puede ser reconocido por el ignorante. La gran masa no reconoce el valor de los símbolos y por eso los considera tonterías sin sentido. Hay que aprender a ver para poder ver. ("La luz llegó a la oscuridad, pero la oscuridad no la reconoció." Juan 1.)

Si yo no soy capaz de leer las notas musicales, no tengo el derecho de exigirle a la música que haga el favor de usar para su escritura letras o números que yo sea capaz de leer; lo que tengo que hacer es decidirme y tomarme el trabajo de aprender a leer las notas, o si no tengo que renunciar para siempre a la comprensión más profunda de la música. Lo misma pasa con lo esotérico. No es deber de los que saben adaptarse a la comprensión del ignorante, sino que deben tan sólo estar listos para ayudar a quienes piden tal ayuda. "Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá". Las comparaciones citadas deben mostrar que el esoterismo no es un campo de saber como muchos otros, que uno puede apropiarse mediante el esfuerzo. Lo esotérico no es un común denominador para datos, hechos y fórmulas cualesquiera, que basta con aprender para saberlos.

El esoterismo es un camino o sendero. Un camino conduce a una meta. Tomemos como ejemplo específico el camino que va de Munich a Viena. Podemos estudiar esta ruta detalladamente en el mapa, calcular los kilómetros, nos podemos informar en los libros correspondientes sobre los distintos lugares que se hallan en el camino, podemos mirar fotos y podemos conversar sobre todos los detalles con otros que hayan recorrido este camino, etc. Toda esta ocupación con el camino "Munich- Viena" puede ser muy atractiva e interesante, solamente una cosa no logramos con esto: llegar a la meta, es decir, a Viena. Si queremos llegar alguna vez a Viena, tenemos que emprender el camino, recorrerlo, ponernos en movimiento. Todas las consideraciones e informaciones previas nos pueden ser útiles entonces, pero no hay teoría que pueda reemplazar a recorrer el camino. Este ejemplo debía aclarar la diferencia entre lo esotérico como camino y una mera colección de referencias. El esoterismo conduce a una meta a la que solamente se puede llegar si uno emprende el camino.

Aquí está la falla más frecuente de todos aquellos que defienden ruidosamente la cosmovisión esotérica, pero nunca ponen ni un pie en el sendero. Andar el camino quiere decir convertir de inmediato en realidad todos los descubrimientos, por insignificantes que sean; significa cambiar constantemente su propia vida y su experiencia, cambiar su comportamiento, ser siempre distinto y nuevo, en síntesis: esoterismo significa evolución.

Yo llamo a esta conversión necesaria el compromiso de la enseñanza esotérica. Todas las ciencias funcionales no representan compromiso alguno para el observador. Un químico puede hacer hoy un descubrimiento sensacional y al mismo tiempo seguir pegándole a su mujer, pleitear con su hermano, protestar contra la sociedad, etc. Su vida y su comportamiento no se ven afectados en lo más mínimo por su descubrimiento químico.

La cosa es completamente distinta con el más pequeño "descubrimiento" esotérico. Este tiene efectos directos sobre todas las áreas del ser, obliga a tomar una nueva posición frente al mundo, hace que ciertas costumbres sean a partir de ese momento imposibles. Si alguien, por ejemplo, ha comprendido la astrología, nunca más podrá buscar culpables en el mundo exterior, nunca más podrá hacerle juicio a nadie, etc. (Debe recalcarse que practicar astrología y comprender astrología son dos cosas muy diferentes. Desgraciadamente coinciden pocas veces.)

Este compromiso es desde siempre la razón por la cual el mundo exterior, exotérico, lucha tan apasionadamente contra la penetración de las verdades esotéricas, porque se siente de modo inconsciente pero muy claramente el aplastante compromiso involucrado. Se acepta con mucho gusto todo nuevo descubrimiento, mientras sea funcional y no tenga efectos que entrañen un compromiso.

Desde hace algún tiempo se está tratando de esquivar este conflicto con una treta: esta artimaña se llama parapsicología. Aquí se trata de quitarle el filo al desafío que representa la cosmovisión esotérica, con el método estéril de la ciencia. Los cálculos de significancia llenan archivos enteros pero no cambian, a Dios gracias, al hombre. La parapsicología es mentirosa y cobarde, porque no tiene ni el valor de la ciencia puramente materialista de negar con sencillez todos los fenómenos que no sean materiales, ni tampoco tiene la disposición de asumir su propia comprensión y cargar con las consecuencias. La parapsicología husmea y discute constantemente sobre lo "husmeado" sin animarse jamás a dar el mordisco. La ironía del destino hace que cada uno se dicte su propia sentencia: el concepto auto- elegido de parapsicología (en griego: "para" es "al lado") significa que se pasa al lado de la psique.
El esoterismo como camino
Después de habernos diferenciado con suficiente claridad tanto de la ciencia como de la parapsicología, ahora podemos dirigirnos hacia el camino esotérico. La meta de este camino es la plenitud del hombre, es la sabiduría, la superación de la polaridad, la unión con Dios, la "Unio mystica", la "boda química", la conciencia cósmica. Todos estos conceptos son intentos de circunscribir esa meta final del camino humano. A esta altura los conceptos de este tipo pueden sonar aún como frases vacías, pero confío que nuestras consideraciones ulteriores puedan llenar estos conceptos cada vez con un mayor contenido. Para poder alcanzar la meta es necesario reconocer las leyes esotéricas de este universo y también aprender a comprenderlas. A medida que el hombre alcance más y más conocimientos, deberá cambiar, deberá tornarse más consciente para comprender con mayor nitidez su verdadera misión y su meta. En tal camino las ayudas orientadoras son de suma utilidad, son indicadores del camino, señales que informan donde en un cruce determinado sigue el buen camino. Las múltiples técnicas y disciplinas esotéricas son ayudas en este sentido, como por ejemplo, mencionando las más importantes: Astrología, Cábala, Tarot, Alquimia, Magia, Yoga, Meditación, el I Ching.* Todas estas disciplinas no son fines en sí, sino medios para orientarse, señales en el camino.

Un peligro frecuente es que el hombre confunda el indicador con el camino mismo. Así tenemos a los sólo- astrólogos, a los sólo radiestesistas, y toda una gama de otros especialistas que creen haber encontrado la Clave para la comprensión del mundo en su área de competencia especial. Estas personas, lamentablemente, se quedan detenidas, enamoradas de un indicador del camino y son ellas mismas su propio obstáculo para avanzar. Las disciplinas esotéricas deben liberar al hombre de sus viejas fijaciones, pero muy a menudo se usan justamente para queda? nuevamente fijado. Así, uno piensa haber avanzado, sin darse cuenta que solamente se ha cambiado el objeto de la fijación. Aquí quiero decir algunas palabras sobre las técnicas de Oriente y Occidente.

La finalidad de toda evolución esotérica es conocer la verdad. Hay una sola verdad. Es independiente del tiempo, de la cultura y de la religión. Los métodos para llegar a esta verdad tomaron formas individuales en los distintos tiempos y culturas y todos ellos, como medios para avanzar, son igualmente buenos y útiles. Pero a menudo una persona está más familiarizada con los sistemas y símbolos de su propia cultura y le resulta mucho más difícil y generalmente tarda más tiempo en recorrer el camino, como hombre de Occidente, con los medios auxiliares de Oriente.

Esto lo digo porque en este momento se ha convertido en una moda ocuparse de los sistemas esotéricos y religiones orientales, lo que hace olvidar a muchos que también en Occidente hay una oferta abundante de sistemas esotéricos, que tienen la ventaja de ser mas afines a nuestra manera de pensar y a nuestras costumbres. Esta es la única razón por la cual en todos mis trabajos me refiero casi exclusivamente a las cuatro grandes columnas del esoterismo occidental: la Astrología, la Cábala, la Alquimia y la Magia. Estos sistemas se designan frecuentemente como ciencias de primer rango que dieron origen, con el correr del tiempo, a las ciencias de segundo rango (Astronomía, Química, etc.).

El esoterismo es tan antiguo como la humanidad. Siempre existió y siempre existirá. Guarda desde sus comienzos la suma del saber sobre este universo que es accesible al hombre. Sus enseñanzas son independientes del tiempo, nunca fueron corregidas, nunca modernizadas, jamás envejecen. Nuestra ciencia moderna no comprende que todo el saber está siempre presente. Más bien vive en la ilusión de que con cada nuevo descubrimiento se acerca más y más a la verdad y que en consecuencia es una cuestión del tiempo llegar a saberlo "todo".

Desde el punto de vista esotérico sucede todo lo contrario. El saber está siempre presente, el individuo tan sólo tiene que evolucionar y acercársele para poder reconocerlo. Para ejemplificar: las obras poéticas de Homero existen desde hace mucho tiempo, pero cada niño debe desarrollarse durante largo tiempo en el colegio para llegar a leer y comprender las obras de Homero. Para ese niño no tiene importancia que otros muchos lo hayan leído, puesto que a Homero, que se puede leer desde hace miles de años, él lo lee por primera vez.
La filosofía hermética
Si comparamos la realidad con un círculo, la ciencia lo divide desde la periferia en muchos segmentos, en disciplinas especiales (Medicina, Física, Química, Biología, etc.). Explorando todas estas áreas específicas, se espera coincidir algún día en el centro del círculo. Pero esta meta, lamentablemente, se retira cada vez más a lejanías inalcanzables, pues la alta especialización torna cada vez más difícil un entendimiento interdisciplinario.

El trabajo esotérico no comienza en la periferia sino en el centro del círculo. El esoterismo investiga las leyes universales; una vez comprendidas, lo único que nos falta es proyectarlas sobre los distintos segmentos del círculo, sobre las distintas áreas especializadas. Un saber así es superior al del especialista, porque está en relación con todas las otras áreas y es capaz de insertar adecuadamente cada área especial en la realidad.

El pensamiento esotérico sigue un principio básico, cuya formulación en palabras se remonta al padre troncal del esoterismo, por quien lleva justamente el nombre de: "Filosofía Hermética":

Hermes Trismegisto –(thot). Este Hermes, "Tres veces grande" fue sacerdote e iniciado en Egipto, su biografía exacta se pierde en la penumbra de la historia. Escribió la quintaesencia de toda sabiduría en quince tesis sobre una tabla de corindón verde oriental. La tabla, desaparecida hace mucho tiempo, entró en la historia como "Tabla esmeraldina". El texto de esta "Tabla de Esmeralda" es el siguiente:

LA TABLA ESMERALDA DE HERMES TRISMEGISTO*
1. Verdad es y sin mentiras, cierto y totalmente verdadero.

2. Aquello que está abajo es igual a aquello que está arriba: y aquello que está arriba es igual que aquello que está abajo, para realizar los milagros de una única cosa.

3. Es igual como por el único DIOS han sido creadas todas las cosas, en la meditación de una única cosa, así de ésta única cosa han nacido todas las cosas, por la adaptación.

4. El padre de esta cosa es el Sol, la madre de esta cosa es la Luna.
5. El Viento la ha llevado en su vientre.
6. La tierra es la nodriza de esta cosa.
7. Aquí, en esta cosa única, está el Padre de toda perfección de todo el mundo.
8. La virtud de dicha cosa es totalmente íntegra, cuando ha sido con-vertida en tierra.
9. Debes separar la tierra del fuego, lo sutil de lo denso, suavemente,

con una gran comprensión.
10. Esta cosa asciende de la Tierra hacia el Cielo, y a su vez desciende nuevamente a la Tierra, y recibe la fuerza de las cosas superiores y de las inferiores.

11. Así tendrás la Gloria de todo el Mundo. A raíz de ello se apartara de ti toda incomprensión. Esta única cosa es, de toda fuerza, la fuerza más fuerte, pues va a superar todo lo sutil y penetrar todo lo sólido.
12. De este modo ha sido creado el mundo.

13. Por ello existirán extrañas imitaciones, cuya modalidad está descrita aquí.

14. Y por tanto soy llamado Hermes Trismegisto, el que posee las tres partes de la filosofía de todo el mundo.

15. Lo que he dicho de la obra de los Soles, no le falta nada, está totalmente completo.*
Yo sé, que este texto inicialmente le ha de parecer trivial al hombre moderno, pero esto no es culpa del texto sino de nuestra falta de comprensión.

En estas quince tesis está resumido todo el saber que alguna vez haya sido accesible al hombre. El texto describe la creación de este universo y al mismo tiempo la piedra alquímica de los sabios. Para aquél que comprende este texto totalmente, están de más todas las bibliotecas, porque posee toda la sabiduría, "no le falta nada, está totalmente completo".

Dichas aseveraciones pueden parecer delirios fantásticos y para algunos pueden ser suficiente motivo para volver a abandonar en este punto todo interés esotérico de una vez para siempre. Pero quien se toma el trabajo de estudiar el idioma hermético y sus simbolismos, y así logra penetrar en él cada vez más, algún día llegará a vivenciar el significado de este texto en carne propia.


La ley de la analogía:

Así como es arriba, así es abajo
A nosotros ahora mismo nos interesa solamente la tesis numero 2: "Aquello que está abajo es igual a aquello que está arriba: y aquello que está arriba es igual a aquello que está abajo, para realizar los milagros de una única cosa." Esta expresión, que generalmente se abrevia "así como es arriba, así es abajo", es la llave de la filosofía hermética. Detrás está la suposición de que las mismas leyes rigen en todas partes en este universo, arriba y abajo, "en el cielo y en la tierra", en el dominio micro cósmico así como en el micro cósmico, en todos los niveles de las formas aparentes.

Por ejemplo, nosotros podemos reconocer en todo momento tan sólo segmentos de un continuo dentro del área de nuestras de percepciones. Vemos solamente una pequeña parte del espectro luminoso, oímos solamente las frecuencias que se encuentran dentro de cierta área. Algunos animales pueden percibir sonidos y colores que no le son accesibles al hombre sin recursos especiales. Lo mismo pasa con la imaginación. Solamente nos podemos imaginar dimensiones de tamaño medio, pero si algo es muy grande o muy pequeño, aún lo podemos captar a menudo en fórmulas, pero ya no nos podemos imaginar nada al respecto.

Sabemos por ejemplo que un lingote de hierro consiste casi exclusivamente en espacios intersticiales a cuyo alrededor giran partículas atómicas. Existe una relación de correspondencia entre las distancias que separan las partículas y las de los planetas de nuestro sistema solar. Por más que sepamos muy bien todo esto, nos cuesta mucho imaginarlo al mirar un lingote de hierro de aspecto muy macizo.

Así como un virus como organismo independiente es demasiado pequeño para nuestra capacidad de imaginación, también la distancia de diez millones de años luz es demasiado grande para imaginarlas. Estamos limitados en nuestra capacidad de percepción a una escala de tamaños "medianos", a nuestra medida humana. Todo lo que se encuentra por encima o por debajo o no nos es accesible casi nunca, o lo es solamente con instrumentos especiales.

Aquí nos ayuda la clave genial "Así como es arriba, así es abajo" porque esta frase nos permite limitar nuestras consideraciones e investigaciones de las leyes a las áreas que nos son accesibles, para poder después trasladar en forma análoga las experiencias así realizadas a otros niveles inaccesibles para nosotros. Esta forma de pensar por analogía permite comprender el universo completo sin límites. La manera de pensar por analogía no es casual y por eso es desacostumbrada en nuestro tiempo. Más adelante trataremos otra vez en forma concreta la aplicación de este método con el ejemplo de la Astrología.

La analogía "Así como es arriba, así es abajo" solamente se justifica si estamos dispuestos a reconocer que este universo es en su totalidad un cosmos (en griego "cosmos" es "orden"). Pero un cosmos está regido por leyes y no tiene lugar para una casualidad.

Una cualidad como un acontecimiento imponderable, no sujeto a ley, transformaría a cualquier cosmos en un caos. Si construimos una computadora ésta representa en sí mismo un pequeño cosmos: está construida de acuerdo a leyes establecidas, su funcionamiento depende del cumplimiento de estas leyes. Si en su circuito se insertan arbitrariamente algunos transistores, condensadores y resistencias, que no pertenecen al circuito programado, estos representantes insertados de la casualidad transforman todo el cosmos en un caos y la computadora deja de operar coherentemente.

Esto mismo es también válido para nuestro mundo. Con el primer acontecimiento casual nuestro mundo ya dejaría de existir.

También la ciencia confía generalmente en las leyes de la naturaleza, pero no tiene escrúpulos de invitar al mismo tiempo el concepto de la casualidad. Si se deja caer una piedra desde una cierta altura, la misma no cae por casualidad, sino debido a una ley. Si esa piedra cae sobre la cabeza del señor X, entonces el señor X no será golpeado por una piedra por casualidad, sino también en razón de una ley. Ni el hecho de que al señor le caiga una piedra en la cabeza, ni el preciso momento en que esto sucede, son casuales. Uno no se enferma por casualidad, ni es atropellado por un automóvil por casualidad, ni nace por casualidad de padres ricos o pobres, etc.

Otra vez: no existe la casualidad. Detrás de cada acontecimiento hay una ley. No siempre podemos percibir esta ley en el acto, pero esto no nos da derecho a negar su existencia. Las piedras también caían según una ley cuando el hombre todavía no había descubierto la ley de la gravedad.

Probablemente ha de ser otra vez la ironía del destino, que esos defensores profesionales de la casualidad, los estadísticos, se empecinen a demostrar ellos mismos la imposibilidad de sostener el concepto de casualidad, y hasta lo hacen con un cuidado metódico. Un estadístico cree que al tirar un dado, éste da sólo por casualidad un 3, un 5, u otro número, pero si se sigue tirando ese dado un tiempo suficientemente largo, resulta que la suma de todos los números mostraría una curva sujeta a ley, que se llama la distribución normal. ¡Qué milagro se revela aquí! La suma de acontecimientos aislados, casuales, resulta en una ley. La trayectoria de vuelo según la ley de un cuerpo tampoco se compone de tramos parciales casuales. Si los estadísticos tuviesen razón, debería ser válida la sentencia: cuanto más a menudo se equivoca uno en los cálculos, tanto más acertado será el resultado. Con lógica similar piensan los darwinistas, ¡que quieren explicar la evolución como suma de los accidentes genéticos!

Por supuesto, la distribución normal del gran número indica por sí misma que está estructurada por acontecimientos individuales regulados por ley. En todo caso se puede decir que el acontecimiento individual de un dado que cae es demasiado pequeño como para poder percibir inmediatamente su determinación por una ley, y que los hombres estamos todavía necesitaos de una cierta escala mínima del acontecer para poder percibirlo.

Al observar este mundo, nos vemos obligados a hablar de un cosmos y a excluir toda casualidad. Por otra parte se reconoce ya en la palabra "casualidad" que originalmente es probable que tuviera otro significado. Pues designa lo que le ocurre al hombre por imperio de una ley. Pero si el cosmos es una unidad ordenada, en todas partes tiene que regir la misma ley, en lo grande y lo pequeño, como arriba, así abajo.

Esta analogía dio a Paracelso el derecho de poner al hombre como microcosmos al nivel del macrocosmos. El hombre es la fiel imagen del universo micro cósmico, nada podemos encontrar afuera que no se halle de manera análoga dentro de él y viceversa. Es por esto que está escrito sobre el templo de Delfos: "Conócete a ti mismo, para poder conocer a Dios."


Cuerpo, alma y espíritu
Si miramos más de cerca a ese microcosmos del ser humano, lo que vemos primero es su cuerpo. Este cuerpo se distingue en el hombre viviente en que no es la mera suma de los elementos químicos que lo componen, porque esos componentes están subordinados a una idea unificadora al servicio del concepto global "ser humano"

Esto no es "natural". Mucho más natural es lo que ocurre al descomponerse un cadáver: todas las partes químicas individuales siguen sus propias leyes ("según su propia voluntad") y no se subordinan a ningún concepto unificador. Pero si esto sucede con el hombre viviente, es porque debe haber en él una instancia activa con la autoridad de coordinar la diversidad material y esta instancia es típica del hombre viviente, porque ya no podemos hallar su actividad en el muerto.

Es sabido que nada se pierde en el nivel material cuando un hombre muere. Es por eso que esta instancia nuestra que buscamos, ni puede ser nunca de naturaleza material. Tampoco era de esperar que fuera así, porque siendo el criterio esencial de esta instancia su capacidad de coordinar la materia, no es concebible que ella misma sea también materia.

Todos sabemos también por experiencia que, al morir un hombre, desaparecen su conciencia y su vida. Resulta natural suponer que esa instancia que estamos buscando sea idéntica a alguno de estos dos conceptos. Pero, ¿qué es la conciencia? El hombre es consciente de sí mismo. Se experimenta como individuo que es y percibe, desde el nacimiento hasta la muerte. Esta conciencia da forma a una continuidad que no tiene el cuerpo, que construye y destruye células continuamente.

Otro concepto más antiguo es el del "Alma". Alma es conciencia, individualidad, es aquella instancia que reúne las diversas piedras materiales que conforman el cuerpo en una unidad y las coordina. El alma es una instancia independiente que se diferencia en forma cualitativa del cuerpo material.

Nuestra psicología moderna, lamentablemente, no conoce el alma. Lo que sí hace es jactarse, en alta voz, de su terminología especial, que hace creer que se conoce algo del alma y hasta de sus profundidades y niveles. Pero la verdad es que hasta el día de hoy la psicología no ha logrado ni siquiera un contacto remoto con el alma del hombre.

La psicología investiga lo "psíquico" en el hombre. Pero esto no es el alma, sino un producto de esta ciencia, un descarte. Al confundir los dos conceptos, la psicología llega a aseverar que la función que el alma del hombre es un producto del cerebro y de un sistema nervioso intacto. De ahí deduce que al perderse estas condiciones materiales, también el "alma" deja de existir. El desorden conceptual y de pensamiento de nuestra ciencia torna, a veces, casi imposible poner las cosas nuevamente más o menos en su lugar.

Cuando hablamos del alma o conciencia, lo que queremos significar es una instancia independiente, no material, que no es un producto de la materia (como cerebro, sistema nervioso central o cosas parecidas), ni depende de la materia en forma alguna. Las religiones, los. Iniciados y los ocultistas sabían desde siempre de esta alma y su supervivencia a la muerte corporal. Pero el público en general y nuestra ciencia parecen considerar, evidentemente como una sorpresa sensacional, que científicos como el norteamericano Dr. Moody y otros, publiquen informes de personas clínicamente muertas y vueltas a reanimar que relatan en forma unánime como "dejaron solamente el cuerpo, se quedaron en el recinto, invisibles para los demás y pudieron ver, oír y percibir todo."

La psique o el alma de la psicología (incluyendo la así llamada psicología profunda) no es idéntica al concepto antes descrito, sino solamente su producto de descarte. El alma de la psicología es el lugar de los impulsos, temores, conflictos y complejos, un concepto colectivo para las manifestaciones del alma, pero que nunca se acerca a lo que realmente actúa. Se supone que lo que actúa se encuentra en el cerebro y en el sistema nervioso central. Pero es aquí donde la pescadilla se muerde la cola. ¿Quién pone en funcionamiento el cerebro y el sistema nervioso central? Es sabido que la materia necesita siempre una información para poder entrar en acción, pero la información siempre es de tipo no material. En un capítulo posterior presentaremos más claramente la diferencia entre información y portador de información. Aquí se menciona solamente para evitar que alguien busque la información en los genes.

Finalmente se mencionará que en todas partes donde se realizan procesos de formación en la naturaleza, tiene que haber información, o sea, que tiene que haber conciencia o alma. Cada animal, cada planta, cada hombre tienen un alma. Dentro del reino terrestre también el alma necesita un portador material, que es sin embargo de naturaleza sutil. Por eso, en círculos esotéricos se habla del así llamado cuerpo astral. En conexión con esto hay resultados de investigaciones recientes, dignos de ser mencionados, provenientes de norteamericano Harold Saxon Burr, profesor en la Universidad de Yale. Burr investigó con gran despliegue técnico los campos eléctricos que rodean un organismo viviente. Ha encontrado, por ejemplo, alrededor de una semilla un campo con la forma de la planta madura y adulta, y alrededor del huevo de un sapo pudo comprobar la existencia de un campo en forma de sapo adulto.

De ahí extrajo la conclusión de que todos los seres vivientes poseen tales campos electromagnéticos. En estas imágenes espaciales invisibles, pero medibles, cada célula nueva recibe su lugar. Estos resultados experimentales confirman la tesis esotérica de que todos los seres vivientes se desarrollan hasta ocupar una forma preestablecida.

Pero hay que cuidarse de considerar estos campos electromagnéticos como el alma. Son más bien, el correlato material del cuerpo astral. Una confusión similar ha llevado a opinar que lo que se ve en la así llamada fotografía Kirlian es el cuerpo astral. Pero la fotografía Kirlian muestra solamente el intercambio entre energéticas del organismo y un campo de alta tensión.

Después de haber tratado de aclarar un poco los conceptos del cuerpo y del alma, queda todavía un concepto muy importante a saber "la vida". Esta no puede ser nunca idéntica a la conciencia. Porque hasta el idioma distingue entre estar inconsciente y estar muerto. La vida tampoco puede consistir de materia porque lo que se ve en la materia es solamente la manifestación de la vida. Podemos decir que la vida es el misterio más grande para el hombre. Si el alma es desconocida para la ciencia, tanto más lejos se halla todavía de poder comprender lo que es la vida. Siempre se ocupa solamente de sus manifestaciones materiales, pero nada sabe de la vida misma. El hombre no la puede ni producir ni destruir. La vida es una calidad que escapa totalmente a su aprehensión.

Todos conocen, aunque sólo sea de oídas, la clásica división en tres: cuerpo, alma y espíritu. La filosofía hermética enseña que el espíritu es la vida. Al contrario del alma, la vida (espíritu) es algo impersonal, anónimo. Hay solamente un espíritu, una vida. Se puede participar de él, dejarle actuar a través de uno, entonces se vive. Al terminar la "vida terrenal" se termina tan sólo esta conexión, pero de ninguna manera se destruye algo de la vida en sí. Hay solamente un espíritu, por eso la vida en nosotros representa la unidad, es la "chispa divina" que se encuentra en todo ser viviente.

Así el hombre, como todo producto de la naturaleza, es una trinidad de cuerpo, alma y espíritu. Se siente como unidad y esa unidad la llama "yo". Mirándolo más de cerca descubrimos que ya la unidad corporal "hombre" se deja subdividir en otras "unidades", tales como los órganos. También un órgano es una unidad individual, si no sería imposible distinguir un corazón de un hígado. Pero esta individualidad funcional requiere que cada órgano tenga una conciencia individual. Esta idea puede parecer extraña porque siempre nos atribuimos una conciencia solamente a nosotros mismos. La mayoría de la gente está aún dispuesta a concederles una conciencia a su perro, por más que la conciencia del perro es sin duda muy diferente a la de un hombre. Concederle conciencia a una mosca generalmente va encuentra más resistencias. Aun hay que preguntarse con qué derecho trazamos esta línea de separación. Todo lo que se desarrolla en forma viviente y muestra tener individualidad, tiene conciencia, también en los casos en que nos cuesta introducirnos con nuestra conciencia en la de formas de vida muy diferentes.

No tenemos más remedio que concederles a nuestros órganos esta conciencia. El hígado también se siente como una unidad completa e individual. Su único y exclusivo trabajo es cumplir con su función según la ley del hígado, pues si no deja de sentirse bien la individualidad que le es superior, el hombre, en el cual está integrado.

Si seguimos con el análisis de la individualidad "hígado" encontramos nuevas unidades que se llaman células. También cada célula es una individualidad; vive y se puede reproducir, así que tiene sin duda también una conciencia, se siente como 'yo soy", su deber es ser una "célula de hígado" completa.

Si no tiene ganas de hacerlo y descubre una tendencia personal hacia la libertad, se transforma en célula cancerosa, porque se pone fuera del orden superior. El hombre, como dueño de este tipo de células que abandonan el orden no piensa en felicitarías por su libertad recién descubierta, sino que hace lo posible por eliminarlas, para mantener su propia existencia.

Al igual que la célula como individuo es parte de un individuo superior llamado órgano, éste no es más que una parte del individuo llamado hombre, así también el hombre no es más que una parte de una unidad superior. El hombre es solamente una célula en un organismo que llamamos el planeta Tierra. Al igual que todos los planetas, también la Tierra es una inteligencia individual y posee no solamente un cuerpo, sino también una conciencia. Si esto no fuera así, no tendríamos un cuerpo intacto de un planeta, sino un cadáver de un planeta. Al igual que un cuerpo humano muerto se descompone, también se desintegra el cuerpo de un planeta muerto, como vemos, por ejemplo, en el Cinturón de Asteroides.

Tenemos que acostumbrarnos al fin a no contemplar solamente las formas de vida corporales. Todo cuerpo, ya sea piedra, planta o animal, también posee alma y espíritu, caso contrario tendríamos ante nosotros un cadáver que rápidamente perdería su forma. También un planeta es sólo un órgano de un ser superior, del sistema solar, etc. Si el hombre contempla un poco ese orden, pronto tomará conciencia de que también él, como célula, tiene solamente el deber de cumplir con el servicio a la totalidad que le ha sido asignado. Tiene que esforzarse para ser una célula de la más alta utilidad posible, al igual que él espera de las células de su cuerpo, para no convertirse en un tumor canceroso para este mundo. Si abandona temerariamente el orden para gozar de su libertad mal interpretada, no debería sorprenderse si es eliminado. Porque: "Así como es arriba, así es abajo
3. LA POLARIDAD DE LA REALIDAD

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