Leyendo día a día en Jueces y Rut




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Seis jueces


Una interpretación sencilla del libro de Jueces

Paul Young, Coventry, Inglaterra

Precious Seed, Tomo 28, 1977

Contenido


I Ciclos y personajes V Barac

II Fracaso por cuatro causas VI Gedeón

III Otoniel VII Jefté

IV Aod VIII Sansón

I Ciclos y personajes

1. De Josué a los jueces


Jueces es un libro lleno de lecciones espirituales, advertencias y estímulos para el creyente. Contiene a la vez muchos pensamientos preciosos sobre la persona y la obra del Salvador, Jesucristo. Jueces sigue al libro de Josué, y continúa con el recuento de aquel período en la historia de Israel entre la salida de Egipto y la formación de la monarquía.

Jueces es, sin embargo, muy diferente al libro de Josué. Este último es fundamentalmente un relato de victoria, unidad y espiritualidad en la historia de Israel. Bajo el liderazgo dinámico de Josué, Israel pone fin a sus marchas en el desierto y entra triunfantemente en la tierra prometida.

El tema subyacente en Jueces es, en cambio, uno de derrota, opresión, idolatría y fracaso de parte del pueblo de Dios. Excepciones hay, y hubo grandes victorias durante el período de los jueces, pero en general el cuadro es uno de fracaso.

2. Una historia que se repite


Un ciclo se repite varias veces a lo largo de este libro. Generalmente el ciclo es:

i. El pueblo rechaza a Dios y se entrega a los ídolos.

ii. Dios permite que una nación extranjera se levante y conquiste la tierra
o una parte de la misma; los israelitas se encuentran severamente afligidos.

iii. En su aflicción el pueblo se arrepiente y clama a Dios por salvación.

iv. En misericordia y amor Él levanta un libertador quien rescata
al pueblo de Dios bajo la dirección divina.

v. El pueblo, en la mayoría de los casos, sirve a Dios mientras vive
el libertador — "el juez" — de turno.

vi. Muerto éste, y la lección olvidada, el ciclo comienza de nuevo.

3. Figuras útiles pero imperfectas


Hay seis jueces que nos llaman la atención. Son :

  1. Otoniel, 1.12 al 15, 3.8 al 11

  2. Aod, 3.12 al 30

  3. Barac, capítulos 4 y 5

  4. Gedeón, capítulos 6 al 8

  5. Jefté‚ 10.6 al 18, 11 y 12

  6. Sansón, capítulos 13 al 16

Todos son figuras de Jesucristo, nuestro Libertador. Fueron usados por Dios y sirven para ilustrar una u otra faceta de la persona y obra de nuestro Señor. Sin embargo, cada uno de estos señores adolecía de serios defectos.

Si queremos evitar el ciclo que se resume arriba, si queremos ganar la victoria sobre el pecado y la derrota en la carrera cristiana, no debemos mirar adentro ni a hombre alguno. Nuestro juez, nuestro gobernador y ejemplo, es aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo. La libertad del yo y de la opresión del enemigo de nuestras almas viene tan sólo cuando uno se despoja de todo peso y del pecado que asedia.

Que tengamos cada uno los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios; Hebreos 12.

Los otros jueces son:

  1. Samgar, 3.31;

  2. Abimelec, capítulo 9;

  3. Tola, 10.1,2;

  4. Jair, 10.3 al 5;

  5. Ibzán, 12.8 al 10;

  6. Elón, 12.11,12;

  7. Abdón, 12.13 al 15.

En el libro de 1 Samuel, Elí y Samuel son llamados jueces.

II Fracaso por cuatro causas


¿A qué se debe el contraste entre los tiempos del libro de Josué y los del libro de Jueces, y por qué fracasó el pueblo de Israel en esta etapa de su historia nacional? Vamos a presentar cuatro explicaciones y dar a cada una de ellas una aplicación espiritual al creyente en Cristo en el tiempo presente. Usted y yo tenemos que mantener una vigilancia constante, acaso el pecado y Satanás logren que nosotros fracasemos también.

1. La pérdida de liderazgo


"Murió Josué, hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años", Josué 2.8.

Josué había sido un líder fuerte y espiritual. Bajo su dirección los hijos de Israel se quedaron cerca de Jehová. Hubo un cambio generacional cuando murieron éste y sus contemporáneos: "Toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel", 2.10.

Israel comenzó a alejarse de Dios, buscando los ídolos paganos, y el bienestar nacional sufrió graves consecuencias. El pueblo había confiado excesivamente, y por demasiado tiempo, en sus líderes tradicionales; sin éstos, perdieron el rumbo. La generación nueva carecía de experiencia en el trato de Dios con los suyos y no sabía pararse sin el apoyo de otros.

De una manera parecida, el cristiano tiene que responder por su propia fe y no pensar que puede apoyarse sólo en las convicciones de otros. En Corinto había este mismo problema. Algunos decían ser de Pablo y otros de Apolos, pero el apóstol acusa a todos ellos de ser carnales. "¿Qué, pues, es Pablo?" prosiguió él mismo, "¿y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento".

Pero no termina allí la instrucción en 1 Corintios 3. La responsabilidad nuestra es que somos labranza y edificio de Dios, y templo de Dios también. Al creyente le toca demostrar en su propia actuación la relación particular que tiene con su Señor, viviendo la realidad de su fe personal.

Termina el capítulo en Corintios con decir que "todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios".

2. El doble ánimo


La segunda razón detrás de la decadencia en ese tiempo fue la negativa del pueblo a dedicarse exclusivamente al Señor. El gran reto que Josué había lanzado en Josué 24.15 fue: "Escogeos hoy a quién sirváis". Las alternativas que propuso fueron: los dioses del "otro lado del río;" los dioses de la tierra a la cual habían llegado; o, Jehová.

En aquella ocasión el pueblo respondió y dijo: "Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos".

Muy bien. Pero a la larga no fue así. Dentro de poco, el pueblo se arrepintió de esta resolución positiva y se prostituyó en el servicio de los dioses paganos. "Dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot", Jueces 2.13.

El evangélico de hoy también ha hecho su elección y ha dicho que servirá al Señor. Sin embargo, él o ella debe velar siempre ante las tentaciones de Satanás y el pecado que nos asedia, acaso sea como Israel y se deje ser vencido por la idolatría.

Sin que esté consciente de lo que está sucediendo dentro de sí, uno puede dar el lugar prominente a las cosas terrenales, desplazando a Cristo. "Yo y mi casa serviremos a Jehová", decidió Josué. "Sirviendo al Señor con toda humildad", fue la experiencia real de Pablo. Que sean nuestro ejemplo.

3. La falta de separación


Los israelitas desobedecieron al no erradicar de la tierra prometida a los paganos que encontraron en ella. "Los hijos de Israel habitaban entre los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos", Jueces 3.5. Dice el versículo anterior que estos pueblos estaban en Canaán "para probar con ellos a Israel, para saber si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él había dado a sus padres por mano de Moisés".

No obedecieron. Al contrario, el 3.6 cuenta que los israelitas "tomaron de sus hijas por mujeres y sirvieron a sus dioses". Fue un error de funestas proporciones. Estas naciones llegaron a ser un gran tropiezo, hasta el extremo de conquistar a Israel y subyugar a su pueblo por fuerza.

Nosotros, los creyentes en Cristo, debemos hacer caso de la advertencia que el pecado se desarrollará y nos gobernará si no lo desarraigamos de nuestra vidas. Perderemos la comunión viva con Dios y seremos de todos los hombres los más miserables.

Esto de desarraigar el pecado es para el creyente una tarea continua, espiritual y exigente, pero trae consigo el galardón de una comunión más íntima con nuestro Señor Jesucristo. Leemos en Romanos 8.13: "Si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis". Y en Colosenses 3.5: "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría".

Lo que es cierto respecto al creyente en particular lo es también en cuanto a la asamblea donde uno se congrega. La herejía y el pecado jamás deben ser permitidos entrar en una iglesia de Dios. Si penetran, ellos destruyen la comunión verdadera, neutralizan el poder espiritual y debilitan el testimonio ante otros.

4. El egoísmo


La cuarta causa de la pobre condición de Israel en esa época era la falta de disciplina propia en el pueblo. La declaración triste al final del libro es que cada uno hacía lo que bien le parecía, Jueces 21.25. Llegaron a ser gente egoísta, buscando la satisfacción propia a espaldas de la ley de Dios.

La diferencia entre un cristiano y los demás es que el cristiano es Cristocéntrico y los no creyentes son egocéntricos. Uno tiene a Cristo en el centro de su vida y procura agradarle a él, mientras que aquellos que le desconocen buscan agradarse a sí mismos.

Como cristianos, no tenemos el derecho de hacer lo que bien nos parezca; nuestra obligación — por no decir nuestro privilegio — es ajustar nuestra conducta a la Palabra de Dios. Si se da lugar a la satisfacción propia, el resultado puede ser tan sólo el alejarse de Dios para vagar en las sendas del pecado.

Indudablemente ésta fue la experiencia de los hijos de Israel en el libro de Jueces.
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