Leyendo día a día en Jueces y Rut




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III — LA VID

El árbol


La vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres ...?

Por naturaleza propia la vid corriente horizontalmente en el suelo, "... una vid de mucho ramaje, de poca altura", Ezequiel 17.6. Es territorial; o sea, desea ocupar espacio a expensas de otras matas. "No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña", Deuteronomio 22.9. Es de tallo tan débil que este mismo profeta preguntó retóricamente: "¿Tomarán de ella madera para hacer alguna obra? ¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella alguna cosa?" 15.3.

La preparación de un viñedo normalmente comenzaba por quitar las piedras del flanco de una colina y construir muros con ellas; un muro podría ser más de lo necesario, simplemente como manera de guardar aparte la mucha piedra. Si no, "Sus altares son como montones en los surcos del campo", Oseas 12.11. Pero hacía falta una torre, o una choza de piedra, para el guardián y también un vallado de zarzas para impedir la entrada de animales. Job protestó descuido en esto, afirmando que la vida del impío es como uno que "edificó su casa como la polilla, y como enramada que hizo el guarda", 27.18.

Se levantaban las ramas una vez desarrolladas, para ser podadas en primavera. Se quitaba todo pámpano (el pimpollo de la vid) que no lleva fruto, y se podaban los demás para que llevasen fruto de nuevo; Juan 15.2.

Las uvas maduras se recogían en cestas y se llevaban al lagar, una especie de molino cavado generalmente como pozo en piedra. Las uvas se exprimían con los pies del "pisador de las uvas", al decir de Amós 9.13. Leemos del canto de estos lagareros en Isaías y Jeremías. El mosto en fermentación se guardaba en sacos de piel de cabra, como bien sabemos por la parábola de Mateo 9.17, o en grandes tinajas de arcilla.

Una descripción de la industria la tenemos en Marcos 12: "Un hombre (a) plantó una viña, (b) la cercó de vallado, (c) cavó un lagar, (d) edificó una torre, y (e) la arrendó a unos labradores". Si la lista es deficiente, será porque (i) omite lo de Isaías 5 sobre la ladera fértil que hay que despedregar, y (ii) sólo los acomodados arrendaban a labradores.

Una lista de productos de la vid, todos ellos prohibidos a los nazareos, se encuentra en Números 6.3,4, "desde los granillos hasta el hollejo:" vino, vinagre de vino, licor de uvas, uvas frescas y uvas secas. (Estamos suponiendo aquí que la sidra se refiere al zumo de otras frutas).

Las Escrituras


La arqueología y la historia hacen saber que el cultivo de la uva comenzó en Egipto, pero la primera mención en las Escrituras antecede a ese país: "Comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña ... y se embriagó", Génesis 9.20,21. Melquisedec "sacó pan y vino", 14.18, para gozar de comunión con Abraham. El copero de Faraón soñaba que veía una vid, tres sarmientos y racimos maduros de uvas. La bendición que Jacob deseaba para su hijo Judá fue: "Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto".

Los cananeos practicaban la vinicultura, ya que los espías enviados por Moisés llegaron a esa tierra en el tiempo de las primeras uvas. Por cierto, por la abundancia de la cosecha el sitio se llamaba Valle de Escol, o de Racimo; Números 13.20, 24. Los espías cortaron un sarmiento, ¡el cual trajeron dos en un palo! Desde luego, Moisés había dicho en Deuteronomio 6.11 que en Canaán los israelitas encontrarían viñas y olivares que ellos no habían plantado.

El lamento sobre Moab, expresado siglos más tarde, nos da en síntesis el significado de la vid en tiempos bíblicos: "Lloraré por ti, oh vid de Sibma; tus sarmientos pasaron el mar; sobre tu cosecha y sobre tu vendimia vino el destruidor. Y será cortada la alegría y el regocijo de los campos fértiles ... y de los lagares haré que falta el vino; no pisarán con canción", Jeremías 48.32,33.

La industria estaba reglamentada. Nos hemos referido ya a la asociación de la vid con otras matas. Adicionalmente, la tierra se dejaba libre de siembra cada séptimo año en Israel, con libre acceso para los pobres del pueblo. Era reposo para Jehová. "Así harás con tu viña y con tu olivar", Éxodo 23.10,11, Levítico 25.3. Se abandonaba el viñedo de un todo improductivo: "Señores de naciones pisotearon sus generosos sarmientos", Isaías 16.8. La mata seca se quemaba para hacer carbón: "Es puesta en el fuego para ser consumida; sus dos extremos consumirá el fuego, y la parte en medio se quemó", Ezequiel 15.4. De una vez nuestro lector piensa en las palabras de su Señor: "Los recogen, y los echan en el fuego", Juan 15.6.

No nos olvidemos de las uvas y pasas, 1 Samuel 25.18, 30.12, 2 Samuel 16.1. Abigail le regaló a David cien racimos de uvas pasas para su tropa. Siba le regaló otro tanto, junto con higos secos y un cuero de vino. "Sustentadme con pasas [una paca de higos]", fue el anhelo de la esposa en Cantares 2.5 en su deseo de sentarse bajo la sombra de su deseado.

Cristo tomó para sí el título de la vid verdadera, Juan 15.1. Tres parábolas de Jesucristo se basan en la vid (y otra en el vino, un tema que no nos interesa por el momento):

El reino de los cielos es semejante a un hombre que contrató obreros para su viña; Mateo 20.1 al 6

Un hombre le dijo a cada uno de sus dos hijos: Vé hoy a trabajar en mi viña; Mateo 21.28 al 32

Un hombre envió sus siervos a los labradores de su viña, para que recibiesen sus frutos. Ellos los mataron, y él por fin envió a su hijo, pero a éste también le mataron; Mateo 21.33 al 41

El símbolo


La vid simboliza la recepción de bendición y su concurrente transmisión a otros. Como mata, es inconsecuente, pero produce mosto que debe alegrar a Dios y a los hombres. Depende de la ladera fértil; está expuesta a sus enemigos naturales; crece horizontalmente y abraza lo que encuentre; requiere y responde a la disciplina de la poda; requiere y recompensa la vigilancia del viñador.

Aun cuando no estamos abundando en este escrito sobre el vino en sí, debemos señalar que el fruto de la vid (a diferencia de la aceituna y el higo) se caracteriza de ser sobremanera provechoso o dañino según uno lo emplee. Cierto autor ha señalado estos contrastes:

Puede alegrar el corazón, como puede trastornar la mente; Salmo 104.15, Isaías 28.7

Es apto para el banquete, pero puede resultar en embriaguez; Eclesiastés 10.19, Isaías 5.11

Es una expresión de la más elevada comunión, y también puede llevar el hombre a la ruina moral; Génesis 14.18, 9.21

Fue rechazado por Juan el Bautista pero provisto por obra de Jesús mismo; Lucas 1.15, Juan 2.9

Fue rechazado por Jesús como estupefaciente de la mente pero aceptado como calmante de los nervios; Marcos 15.23, Juan 19.29

Israel


La vid presenta la historia de Israel como nación. Destaca el hecho de que era el pueblo escogido y favorecido de Dios.

¿Cómo mejor comenzar esta sección de nuestro escrito que citar el Salmo 80? "Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones, y la plantaste. Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios. Extendió sus vástagos hasta el mar, y hasta el río sus renuevos".

O, si el lector prefiere, Isaías 5: "Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar ... La viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya".

La nación ocupó la Tierra Santa y gozó de toda suerte de bendición divina. Cumplió en esa etapa de su historia lo que había sido prefigurado en el enorme racimo que los espías sacaron de Escol. Pero Ezequiel 19.10 al 14 capta la esencia de lo que pasó a la nación: "Tu madre fue como una vid en medio de una viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas ... Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez". "La langosta devoró vuestros muchos huertos y vuestras viñas, y vuestros higuerales y vuestros olivares; pero nunca os volvisteis a mí, dice Jehová", Amós 4.9.

Enfatizamos que estamos hablando de Israel como una nación, un ente político, y no de los judíos como un pueblo, ni al "Israel de Dios".

El impío Caifás entendía la conveniencia política de que un hombre muriera por el pueblo, y no que toda la nación perezca, Juan 11.50, pero la nación rechazó a su Mesías. Os es necesario nacer de nuevo, había advertido Él a Nicodemo, pero sólo uno que otro Nicodemo creyó para vida eterna. La nación, como nación, pereció. Sin embargo, puede haber dos sentidos en lo que sigue en Juan 11: "Jesús había de morir ... para congregar en uno a los hijos de Dios". De que se refiere a judío y gentil, no hay duda, y así afirma Efesios 2: "... crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre". Pero puede haber también una referencia velada a la reconstruida nación de Israel en el futuro, ya no dividido en dos bandas y dispersado, sino "congregados en uno" cual hijos de Dios.

Volvamos, entonces, al Salmo 80: "Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste. Quemada a fuego está, asolada; perezcan por la reprensión de tu rostro. Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste. Así no nos apartaremos de ti; vida nos darás, e invocaremos tu nombre".

Así será; el Varón que Israel había visto sólo como experimentado en quebranto, Isaías 53.3, será para ellos el Varón de arroyos de agua y sombra de gran peñasco, 32.2.

"En aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo ... Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto", Isaías 27.2,6. En ese reino milenario (llamado sorprendentemente "nuevos cielos y nueva tierra") los israelitas plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. Según los días de los árboles serán los días del pueblo de Dios; Isaías 65.21,22. "Los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di", ha dicho Jehová según el último versículo de la profecía de Amós. ¡El que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente, y todos los collados se derretirán!

Nosotros


En la vid vemos tipificado el gozo y la esperanza del creyente en Cristo. Es figura del fruto manifiesto en la vida cristiana.

Él es la vid verdadera, no sólo en contraste con la de Israel que no había cumplido su misión de ser una bendición a los demás pueblos, sino en ser quien sustenta a los suyos cual pámpanos. Todo pámpano [creyente] que en Él no lleva fruto, lo quita; y todo aquel que lleva fruto, lo limpia, para que lleve más fruto. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco nosotros, si no permanecemos en Él. Permaneciendo, llevamos mucho fruto; separados de él, nada podemos hacer. (Juan 15.1 al 5)

Nuestro Padre es el labrador, y la norma expuesta en 1 Corintios 9.7 es: "¿Quién planta viña y no come de su fruto?" Por esto Hebreos 12: ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Si nos deja sin disciplina, entonces somos bastardos, y no hijos. Esto nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

La esposa en el Cantar comenzó su confesión de alejamiento y descuido con reconocer que la habían puesto a guardar las viñas, pero no había guardado la suya propia. Cantares 1.6. "Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas", fue la exhortación del amado en el 2.15. El lenguaje correspondiente en el Nuevo Testamento sería tal vez: "Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios", 2 Corintios 7.1. El proverbista pasó junto a la viña del hombre falto de entendimiento, y por toda ella habían crecido los espinos. Así vendrá, dijo él, necesidad y pobreza; Proverbios 24.30 al 34.

Pero volvamos a lo positivo. Sin duda fue la vid que Jacob tenía en mente al hablar de su hijo José como rama fructífera. Nos indica (i) lo que hizo posible su prosperidad, (ii) lo que resultó de ella para otros:

 rama fructífera junto a una fuente,

 cuyos vástagos se extienden sobre el muro.

Este lenguaje al final del Génesis 49 expresa la idea que sugerimos ya: La vid simboliza la recepción de bendición y su concurrente transmisión a otros. Cuando Moisés volvió a bendecir a José (o, mejor dicho, a las tribus procedentes de éste) en Deuteronomio 33, él también aludió a la vid sin nombrarla. Moisés quería para el pueblo de Dios:

los más escogidos frutos del sol, con el rico producto de la luna,

el fruto más fino de los montes antiguos, con la abundancia de los collados eternos,

las mejores dádivas de la tierra y de su plenitud

Y cuán llamativo es que haya terminado aquella serie figurativa de bendiciones con la mención de:

la gracia del que habitó en la zarza, 33.16.

La zarza, o arbusto espinoso, de Deuteronomio 33.16 es la del Éxodo 3.1 al 5. El que habitó en aquel arbusto que no fue consumido, frente al monte de Horeb, es Dios entre su pueblo. De las zarzas al estilo de aquélla de la parábola de Jotam no se vendimian uvas, afirmó el Señor Jesucristo en Lucas 6.44, ya que es la de la maldición de Génesis 3.18.

Ahí está la alternativa para el hijo de Dios:

la zarza que es la carne, cual espinos y cardos del campo de este mundo y su afán de usurpar el señorío; o,

la zarza que es la vid, nada en sí como árbol pero productor del mosto que alegra a Dios y a los hombres.

Que seamos pámpanos que dependen de la Vid verdadera, manifestando la gracia de Aquel que habita en la zarza que jamás será consumida.

El fin de todo el discurso es este (Habacuc 3.17): Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos,  aunque falte el producto del olivo

con todo yo me alegraré en Jehová, y me gozaré del Dios de mi salvación.

O sea, aun si no hay en los demás la evidencia del fruto, y gozo y el privilegio que corresponden al pueblo del Señor, y aun reconociendo que uno mismo ha faltado, no nos entreguemos a "las zarzas" de este mundo, sino ocupémonos con nuestro Dios y Salvador.
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