Resumen. Introducción




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CLASIFICACIÓN BASADA EN LA LOCALIZACIÓN
Una cuestión previa: plejía hace referencia a la ausencia de movimiento; en cambio, paresia hace referencia a parálisis y no implica ausencia total.


  • Hemiplejía o hemiparesia: la afectación se refiere a un lado del cuerpo.

  • Diplejía o diparesia: afecta a las cuatro extremidades, aunque las más afectadas son las inferiores. Se puede leer en la literatura sobre el tema a esta variedad con el nombre de Enfermedad de Little. Se debe el nombre a un médico inglés que en el siglo XIX describió por primera vez un tipo de parálisis cuyos síntomas son los de la llamada diplejía espástica.

  • Monoplejía o monoparesia: hay afectado un solo miembro.

  • Cuadriplejía o cuadriparesia: también se suele utilizar el término tetra. Están afectados cuatro miembros.

  • Paraplejía o paraparesia: afecta a los miembros inferiores.


CLASIFICACIÓN SEGÚN EL GRADO DE DEPENDENCIA O GRAVEDAD


  • Leve: se llama así a la parálisis cerebral que sólo tiene consecuencias en la precisión de los movimientos y pequeños problemas en el habla y que permite una vida independiente.

  • Moderada: necesita ayudas para determinadas actividades de una tercera persona. Puede necesitar ayudas ortopédicas (andador, muletas, bastón, o, incluso, silla de ruedas). Hay fallos en la manipulación y en la destreza manual. El habla puede tener graves fallos en la pronunciación, aunque es entendible.

  • Severa: la persona es casi o, totalmente, dependiente para realizar las actividades de la vida diaria (alimentación, vestido, aseo y funciones de eliminación). El control del cuerpo y de sus miembros es escaso, es necesario acudir a la silla de ruedas automotriz. El habla puede llegar a ser ininteligible o estar ausente, por lo que en muchos casos, hay necesidad de utilizar sistemas alternativos y/o aumentativos de comunicación.


CLASIFICACIÓN SEGÚN EL TONO MUSCULAR
La parálisis cerebral conlleva alteraciones en el tono muscular, el control postural y el movimiento. Según el tono considerado en reposo se dan las siguientes variedades:


  • Isotónica: el tono muscular es normal.

  • Hipertónica: el tono muscular está anormalmente aumentado.

  • Hipotónica: se da una disminución en el tono.

  • Variable: el tono varía según las situaciones. Puede alterarse con situaciones de tensión o estrés.


Parálisis cerebral. Trastornos o problemas asociados


Parálisis cerebral. Trastornos o problemas asociados

Javier Martín Betanzos
La parálisis cerebral puede llevar asociados ciertos trastornos que enumeramos a continuación. Los porcentajes de prevalencia de estos trastornos, también, son muy variados. Hay que observar que, a veces, no se han seguido los mismos criterios para determinar las categorías y los estudios sobre esta cuestión han sido realizados con diferente metodología; por lo que es difícil e inoportuno presentar tasas o porcentajes de los trastornos que pueden acompañar a la persona con parálisis cerebral. Por ejemplo, a lo que se refiere al déficit intelectual, los porcentajes van desde el 40% hasta el 70%.


  • Déficit auditivo: se pueden presentar alteraciones tanto a nivel perceptivo como a nivel de transmisión del sonido. El déficit afecta más a las frecuencias altas y raramente se da sordera total. La causalidad de estos trastornos en niños con parálisis cerebral puede ser debida a ictericia, viriasis en el sistema nervioso, meningitis o rubéola. Los problemas pueden oscilar entre una hipoacusia leve y una sordera neurosensorial bilateral. La incidencia de estos trastornos es de un 10% más que en la población general.

  • Visión: uno de los problemas más comunes es el estrabismo, que origina problemas de percepción: visión doble, o que el niño ignore la información que recibe por un ojo para acomodar la visión. Otro trastorno visual es el nistagmus que se caracteriza por tener movimientos oculares incontrolables. También, aparecen, en algunas ocasiones, problemas para poder cerrar los párpados a voluntad. Otros trastornos están relacionados con la agudeza visual o el procesamiento de la información visual.

  • Agnosia o problemas perceptivos: agnosia es la incapacidad para reconocer estímulos, se da sobre todo en los relacionados con el tacto. Los trastornos perceptivos se dan con frecuencia, contingencia que afecta al perfil cognitivo de la persona. La estructuración correcta de la del espacio afecta al individuo que padece parálisis cerebral en algunas ocasiones, presentándose problemas en el esquema corporal. La lateralidad, la direccionalidad y la organización espacial de forma global son deficitarias en algunos niños con parálisis cerebral. También se dan fallos en el sistema propioceptivo.

  • Apraxias: los movimientos coordinados con propósito definido presentan déficit en las personas con parálisis cerebral en bastantes casos. Esto incide de forma muy negativa en las actividades de la vida diaria y de la vida escolar. La inadecuación de los movimientos o la imposibilidad de llevarlos a cabo influye en los aprendizajes, no sólo en los de carácter manipulativo, sino en todos (recuérdese los conceptos de aprender por la acción o por descubrimiento en la interacción con el mundo de Piaget, Bruner, Vigotski..).

  • Comunicación. Lenguaje: el hecho de que se produzca que una persona con parálisis cerebral tenga problemas relacionados, no sólo, con el desarrollo del habla sino con otros aspectos del lenguaje es elevada. De hecho, por sí sola, creemos que esta área debe ser uno de los campos a evaluar concienzudamente para determinar las necesidades educativas que comporta este trastorno y realizar la intervención más adecuada. Obviando, la carencia absoluta del habla, que requiere una valoración concienzuda que permita desplegar los recursos educativos adecuados para ajustar una buena respuesta educativa: uno de los problemas más frecuentes es la presencia de la disartria (defectos en la ejecución o materialización del habla y que pueden ir desde pequeñas imprecisiones hasta hablas casi ininteligibles y que se deben a la falta de control preciso de los órganos bucofonatorios). Otro problema es que la desorganización motriz y la incoordinación imposibiliten la ejecución (apraxia). La mayoría de las disartrias suelen presentarse en los casos de tetraplejía. Los trastornos del habla son variados; anartria total, dislalias múltiples, disfonías, disritmias, disfemias, etc. No podemos decir que haya un lenguaje específico del paralítico cerebral. Se pueden observar defectos en la articulación de fonemas aislados, de palabras, o en el ritmo, que pueden ser a sacudidas, entrecortado, arrastrado y lento. El lenguaje comprensivo también puede verse afectado por problemas auditivos y por falta de estímulos sociales y de relación con los iguales. Cuando no existe habla, el uso de sistemas alternativos puede producir problemas lingüísticos a nivel semántico y sintáctico. Es absolutamente necesario atender a esta posibilidad y evaluar al sujeto concienzudamente. Hay alteraciones en el desarrollo del lenguaje entre el 70% y el 80% de los casos, según algunos autores.

  • Deglución: las funciones de masticación y deglución (son funciones que están próximas a la fonación, pues intervienen los músculos de los que nos servimos para hablar) están, generalmente, afectadas y se relacionan, a menudo, con dificultades en el habla y en el lenguaje. Estos problemas pueden dar lugar, en ocasiones, a desnutrición. Los problemas de deglución no afectan sólo a los alimentos, sino que esta dificultad incide, también, en el control de la saliva, que al no ser deglutida, cae fuera de la boca produciendo el babeo. Existen fármacos anticolirgénicos para disminuir el flujo, pero en realidad, en la mayoría de los casos, no hay hipersecreción, sino dificultad en deglutirla. En esos casos, y siempre que sea posible, es mejor entrenar al niño en su deglución, pues además el exceso de saliva en la boca dificulta el habla. El hecho de que se produzca babeo es importante, pues puede producir rechazo social y causar efecto horn en algunas personas ajenas al mundo de la problemática de la parálisis cerebral.

  • Epilepsia: aproximadamente una de cada tres personas con parálisis cerebral padece crisis epilépticas. La epilepsia se produce cuando hay una actividad anormal eléctrica en el cerebro, causando un cambio involuntario de movimiento o de función del cuerpo, de sensación, en la capacidad de estar alerta o de comportamiento. Las crisis epilépticas pueden durar desde unos segundos hasta varios minutos. La causa, en el caso de las personas con parálisis cerebral, se debe a las secuelas de la lesión cerebral. La pérdida de conciencia puede ir acompañada de gritos, sacudidas de piernas y brazos, convulsiones y fallo en el control de los esfínteres. En los casos más benignos la persona puede realizar estereotipias, pérdidas momentáneas de la conciencia o tener una conciencia limitada o confusión. A menudo se pueden controlar con la medicación oportuna. La frecuencia e intensidad de los ataques interfieren los aprendizajes. La incidencia, en sus diferentes manifestaciones, es entre el 40% y el 60% de los niños con parálisis cerebral.

  • Problemas de crecimiento: hay una serie de trastornos que se pueden dar en el niño con parálisis cerebral en relación con el crecimiento y el desarrollo físico. En las personas con parálisis cerebral puede aparecer el llamado failure to thrive (FTT). Es el fracaso del crecimiento o la falta de progreso en el mismo; es un término descriptivo y no un diagnóstico específico; la parálisis cerebral aparece como una de las causas en este fracaso del crecimiento. En los casos de hemiplejía es normal que los miembros afectados sean más pequeños.

  • Control de esfínteres: el fallo en el control de esfínteres es una posibilidad en los niños con parálisis cerebral. Un problema corriente es la incontinencia, causada por una falta de control en los músculos que mantienen cerrados los esfínteres. La incontinencia puede aparecer bajo la forma de enuresis nocturna, falta de control de la orina durante actividades físicas (o incontinencia por estrés o tensión emocional), o pérdida lenta de orina a través de los esfínteres.

  • Problemas conductuales: a veces son tan graves que dificultan las posibilidades de tratamiento. Entre ellos tenemos la abulia que es la pasividad, falta de iniciativa, inhibición, miedo al mundo exterior; trastornos de la atención: por ausencia de selección de las informaciones sensoriales (núcleos grises centrales), falta de concentración; falta de persistencia en la tarea; lentitud, comportamiento autolesivo: mordeduras, golpes, pellizcos; heteroagresividad: patadas, golpes, mordeduras..y estereotipias: hábitos atípicos y repetitivos como balanceo, torcedura de dedos, chupado de manos, etc. La relación del niño con la familia y los adultos próximos condiciona o provoca dependencia y falta de equilibrio emocional en algunas ocasiones. Afirmaba Vigotski que lo peor de una deficiencia física no son los trastornos biológicos que puede acarrear, sino el déficit social que produce, los problemas de integración en la sociedad y la incorporación a la cultura. Aunque el déficit sea motor, afecta a la persona de manera global. Con alguna frecuencia podemos encontrar en las personas con parálisis cerebral algunos de los siguientes problemas: baja autoestima, falta de autonomía personal, falta de motivación e interés, retraimiento, ansiedad o sentimiento de culpa. Se referencian problemas conductuales como la hiperquinesia, la ansiedad, la neurosis, etc. Se dan, también, problemas emocionales relacionados, sobre todo, con factores familiares.

  • Déficit cognitivo: la persona con parálisis cerebral puede tener un perfil cognitivo bajo o diferente. El retraso puede estar presente en bastantes casos. En otros, la falta de movilidad, la escasa capacidad de manipulación, la excesiva dependencia y problemas perceptivos influyen en este déficit y, en ocasiones, provoca un perfil cognitivo diferente y una manera de aprender, también, diferente. Pero las personas que prestamos atención educativa a estos alumnos, más que fijarnos en el déficit debemos prestar atención a lo que son capaces de de conseguir con nuestra ayuda.




TEMAS PARA LA EDUCACIÓN.
Revista digital para los profesionales de la enseñanaza

LA DISCAPACIDAD MOTORA EN EDUCACIÓN

(Autora: Ana María González Castellano)
Introducción

El alumnado con discapacidad motórica representa un 10% del alumnado con necesidades educativas especiales por razón de discapacidad. De ellos un 50% se debe a parálisis cerebral, un 12% a la malformación denominada espina bífida y el

38% restante lo forman un conjunto cuyas dificultades motoras se deben a muy diversas causas, entre las que destacan las distrofias musculares y una gran diversidad de síndromes con una baja prevalencia.

En mayor o menor medida, presentan descoordinación en el desarrollo evolutivo, más acusada en la medida en que mayor es la afección motora, sensorial o cognitiva; una limitación para la comunicación vocal, necesitando en ocasiones el empleo de sistemas de comunicación no vocal; y un potencial cognitivo diferente, que va desde la inteligencia conservada al retraso mental en sus diversos grados. En algunos casos, hablamos de alumnos y alumnas con plurideficiencias, es decir, sus necesidades educativas tienen su origen en deficiencias de distinto tipo sensorial o psíquico.

La prioridad del proceso educativo de los alumnos y alumnas con discapacidad motora, es lograr un desarrollo que les permita moverse lo más autónomamente posible, actuar sobre el entorno y comunicarse con los demás.

Estos objetivos son los que deben determinar las características de la respuesta educativa que debe incluir la valoración del grado de desarrollo de sus capacidades y necesidades educativas especiales, la propuesta de escolarización lo más acorde posible con las mismas, el grado de adaptación del currículo, de las competencias curriculares así como de los elementos de acceso necesarios: eliminación de barreras, utilización de medios para el desplazamiento, adaptaciones para la manipulación de útiles escolares y materiales curriculares.

La respuesta educativa debe sustentarse en una estrecha colaboración entre la escuela y los representantes legales del alumnado, mediante el compromiso, la cooperación y el consenso. La calidad de la respuesta educativa al alumnado con discapacidad motora dependerá del trabajo en equipo de los distintos profesionales que comparten los mismos objetivos educativos, en sintonía con las necesidades del propio niño o niña y su familia.
¿Qué entendemos por discapacidad motora?

La deficiencia motora es aquella que provoca en la persona que la presenta alguna disfunción en el aparato locomotor. Implica ciertas limitaciones posturales, de desplazamiento y de coordinación de movimientos. El origen puede ser congénito o adquirido, y se puede presentar con grados muy variables.

Las deficiencias motoras más habituales en el período escolar son la parálisis cerebral, la espina bífida y las distrofias musculares, que limitan la capacidad de acción en el medio y con el medio, condicionando a los alumnos y alumnas en la realización de determinadas actividades escolares.

Los trastornos intelectuales, perceptivos o emocionales no son inherentes a la deficiencia motora, por lo tanto, para ajustar la respuesta educativa es necesario analizar y valorar cada situación de forma individual.
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