Estudio preliminar




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Vaguedades


Quisiera yo algunas veces poder aplicar a las artes de la palabra los procedimientos mecánicos de que dispone la pintura, por ejemplo, para ser absolutamente gráfico lo que cuento; pero ya que tal empeño no sea posible habré de resignarme, mero cronista, a narrar, sin más glosa que la indispensable a [257] dar articulaciones de vida a la pobre y fría palabra escrita, lo que he oído acerca del actual viaje regio a Barcelona, jurando de antemano que en esta labor de evocación mi modestia es tan sentida, que no quisiera ser considerado, momentáneamente, sino como un buen fonógrafo en ejercicio. Ya se mostrará mi alma, cuando llegue la sazón del comentario, erguida como una llama.

El rey debe ir a Barcelona. Barcelona fue llamada, por el unigénito espíritu de Cervantes, «archivo de cortesía»; Barcelona es riente; Barcelona es amable y complaciente, buena muchacha, en fin, como llena de salud que está.

Luego Barcelona ama a España, digan lo que quieran los momentáneos fantasmas vocingleros del cataclismo; en 1812 peleó con la patria por su independencia; en 1859 riñó contra el moro por la dignidad nacional; ese Cambó, tan resonante en sus oquedades parlamentarias, no es más que un rabioso mercader de la calle de Fernando, que por ironía de los tiempos viste el traje de legislador entre nosotros...

Además la nación es monárquica, y bajo las blusas, como bajo las levitas, los pechos llevan el tatuaje de su devoción al trono; ante la flor de lis, rosas y claveles palidecen y se agostan. La monarquía, no ya por su derecho divino ni por su consuetudinarismo histórico, sino por sus méritos de vitalidad, ha llegado a formar parte del alma española y a confundirse con ella. La realeza es tan necesaria al pulmón patrio como el mismo aire que respiramos. Así, reparad que en los períodos equinocciales de nuestra historia en las contiendas medioevales por la personalidad de los Municipios y en las luchas más recientes de las comunidades de Aragón y de Castilla, el pueblo ha clamado siempre por su rey y por su trono. Todos los garbos que forman nuestro lote histórico están vinculados en la monarquía; 1868 y 1873 son dos fechas que tiritarían de vergüenza, si estuviesen vivas, al ser comparadas con esos formidables cambios de frente de otras naciones, que se llaman 1648 en Inglaterra y 1789 en Francia. Nuestros hombres de la «Gloriosa» anduvieron de ceca en meca, jadeantes y con la lengua fuera, en busca de un príncipe latino o teutón, de un príncipe cualquiera, que no dejara enfriarse el solio, tibio aún por la reina «de los tristes destinos». Y en el amanecer glorioso del 3 de enero de 1874 bastó que un soldado malhumorado y resuelto se calzase las espuelas para que bajo las suelas de sus botas de montar todo un régimen quedara deshecho.

El rey debe ir a Barcelona para ser aclamado, como le acaba de ocurrir en Sevilla y en Córdoba y en Cádiz, como lo fue en Galicia, y en Asturias, y en Vizcaya, y en Navarra, que parecía irreductible antro del fratricida carlismo, como lo ha sido siempre en todos sus viajes triunfales por España. ¿Con qué [258] derecho hablan ciertos hombres de república y de revoluciones? ¿Acaso la voluntad del país no es manifiestamente monárquica? Además, la seguridad personal del rey no corre ningún peligro, porque en Barcelona las bombas sólo se colocan y estallan contra el azar. El Sr. Ossorio y Gallardo, representante del poder político, vive tan bien hallado entre ellas como la salamandra en la llama.

Así hablan los monárquicos.

No debe ir el rey a Barcelona. Barcelona es hosca, Barcelona es arisca, Barcelona es el enfermo hígado español: es una bella muchacha torva e histérica a cuyas dulces manos le han brotado garras. Y si fuera, lugar tendría de arrepentirse. La monarquía está juzgada y condenada en última instancia. Atenta a los derechos más congénitos del hombre, fosiliza la evolución del progreso, lleva a la muerte. Con signos algebraicos, por ser los aritméticos insuficientes, habría de expresarse las víctimas que lleva inmoladas en su secular dominación. Ha decapitado a las comunidades de Castilla, ha descuartizado a las germanías de Valencia, ha expulsado a judíos y moriscos, ha ensangrentado el suelo de nuestro hogar con luchas intestinas, ha fundado la Inquisición. Bajo Pedro I de Castilla, llamaba en su auxilio al «Príncipe negro»; bajo Fernando VII, al duque de Angulema. Como marcadas de maldición, el mundo que debíamos al vidente nauta genovés se ha miserablemente fundido en las manos de Austrias y Borbones. No puede prevalecer tal régimen. Fecundo en bienes para algunas naciones septentrionales, es árido y malo para los pueblos mediterráneos. ¿Con qué derecho pugnan ciertos hombres por establecer la insenescencia de lo caduco? ¿Acaso la voluntad del país no es manifiestamente republicana?

Así monologuean los partidarios de la república.

Y unos y otros llevarán razón en sus juicios contradictorios, porque la lógica es cosa deleznable en nuestra triste vida.

La revolución, el aliento tórrido de la revuelta tiene sus solfataras abiertas como bocas insaciables en toda la extensión de nuestras crónicas: la reacción también. Barcelona no es insurrecta ni sumisa. Es una ciudad irresignada a las vergüenzas contemporáneas y que clama. Y eso quizás sea todo.

Paginación de la edición en papel (Nota del digitalizador)

1 Cito por la edición de Bruselas, 1838, pp. 264-265.

2 Es interesante, aunque esquemático, el libro de Pierre I a-bracherie De la bohème littéraire au XIX siécle, París, Hachette, 1967. Resumo aquí algunos ejemplos que él da. Cf. también Gérard de Nerval: La bohème galante, 1852; Théophile Gautier: Portraits et souvenirs littéraires, 1875, así como Scénes de la vie bohème, 1848, de Henri Murger. El libro tuvo gran difusión; co­nozco una traducción al español, de José Palma y Rico, de 1871.


3 Publicado finalmente en París, Fauvre, 1865. Empleo la edi­ción de Les Éditeurs Françáis Réunis, 1955. El mejor cuadro, a mi juicio, es «Les réfractaires», que inicia el libro.

4 Vid. Labracherie, ob. cit., p. 97.

5 Cf. las interesantes observaciones de Arnold Hauser, His­toria social de la literatura y el arte, Madrid, Guadarrama, 1969", III, p. 271.

6 Labracherie, p. 39.

7 Citado por La España Moderna, 64 (abril, 1894), p. 161. De­generación la tradujo en 1902 Nicolás Salmerón y García, hijo del tercer presidente de la I República. Pero ya en 1887 se había vertido al español su otro libro, Las mentiras convencionales de nuestra civilización; en 1892 Salmerón tradujo su novela El mal del siglo, que se comentó en Madrid Cómico, 4 de febrero de 1892, y Germinal, 5 de noviembre de 1897. Agradezco estos datos a la profesora Lisa E. Davis; vid. también su interesante «Oscar Wilde in Spain», Comparative Literature, XX-2, 1973, pp. 136-152, y el trabajo de publicación inminente «The Reception of Max Nordau's Degeneration in Spain». Además de Nordau, Paul Bourget influyó también en la difusión del término «decadencia», sobre todo sus Essais de psychologie contemporaine, París, 1883. La profesora Lily Litvak tiene un trabajo inédito sobre «La idea de la decaden­cia en la crítica antimodernista en España: 1888-1910», donde es­tablece importantes precisiones.

8 Todas las citas de Verlaine provienen de Oeuvres complètes, París, Gallimard, 1972, 2 vols., II, pp. 985-986.

9 Labracherie, p. 171. Son también importantes: Ernest Raymaud, La mélée symboliste, París, 1918-1922, 3 vols; Lucien Aressy, La dernière bohème. Verlaine et son milieu, París, 1956; Paul Delsemme, Un théoricien du symbolisme: Charles Morice, París, Nizet, 1959; Paul Fort, Mes Mémoires. Toute la vie d'un poète (1872-1944), París, Flammarion, 1944; André Fontainas, Mes souvenirs du symbolisme, París, N.R.C., 1928.

10 También Víctor Hugo le dedicará un sentido poema a Louise Michel elogiando su valentía.

11 Anatole Baju fue el fundador de la revista Le décadent, 1885. El lector interesado podrá encontrar más detalles sobre la vida parisiense en Raymond Rudorff, The Belle Époque. París in the Nineties, Nueva York, 1973.


12 Reelaboro ahora algunas de las observaciones ya publicadas en Final de siglo; modernismo, 98 y bohemia, Suplemento 54, Cuadernos para el Diálogo, octubre de 1974.


13 Sobre los diversos grupos literarios, cf. Ricardo Baroja, «Valle-Inclán en el café». La Pluma, IV-32, 1923; Hans Jetschke, La generación del 98, Madrid, 19542, p. 71; G. Gómez de la Serna, Biografías completas, Madrid, 1959; Gordon Brotherson, Manuel Machado. A Revaluation, Cambridge, 1968.


14 Los Lunes de El Imparcial, 14 de octubre de 1901. Véase tam­bién la caricatura de la bohemia anarquista que hace Baroja en Los últimos románticos (1906).

15 Antonio Machado lo recuerda al prologar en 1938 La corte de los milagros; cf. Obras. Poesías y Prosa, Buenos Aires, Losada, 19642, pp. 751-757. Allí hace constar que se lo presentó Alejandro Sawa en el Café Colonial. El artículo de Clarín, «Palique», en Madrid Cómico, 25 de septiembre de 1897, p. 315.

16 Madrid Cómico, 8 de mayo de 1897. Reproducido por Antonio Ramos Gascón, Obras olvidadas de Clarín, Madrid, Ediciones Júcar, 1973, pp. 118-123.

17 Las revistas de fin de siglo se van conociendo cada vez me­jor; son fundamentales los trabajos de Germán Bleiberg, «Algu­nas revistas literarias hacia 1898», Arbor, 11, 1948, pp. 465-480; Do­mingo Paniagua, Revistas culturales contemporáneas, Madrid, Pun­ta Europa, 1964; Geoffrey Ribbans, «Riqueza inagotada de las re­vistas literarias modernas», Revista de Literatura, 13, 1958, pp. 30-47; Guillermo de Torre, «La generación española de 1898 en las revistas del tiempo», Nosotros, 15, 1941, pp. 3-58. Vid. también Rafael Pérez de la Dehesa, El grupo «Germinal»: una clave del 98, Madrid, Taurus, 1970. Sobre Juan Ramón y Helios se puede con­sultar José Luis Cano, «Juan Ramón Jiménez y la revista He­lios», Clavileño, 7, 956, pp. 28-34, y Patricia O'Riordan, «Helios, revista del modernismo (1903-1904)», Ábaco, 4, 1973, pp. 57-150, así como mi art. cit. «Fin de siglo». Las catalanas han sido muy bien estudiadas por Eduard Valentí, El primer modernismo li­terario catalán y sus fundamentos ideológicos, Barcelona, Ariel, 1973.

18 Iluminaciones, cito por nuestra edición, p. 214.

19 Cf. el artículo de Sergio Beser, «Un artículo de Maeztu con­tra Azorín», Bulletin of Hispanic Studies, LXV, 34, 1963, pp. 325-332.

20 Aludo a los artículos «La España de hoy vista por Rubén Darío», La Lectura, julio de 1901, y «De la correspondencia de Rubén», La Nación, 10 de mayo de 1906, ambos en Obras com­pletas, Madrid, Afrodisio Aguado, VIII, 1958, pp. 121-122 y 535-545.

21 Lo cita Ernesto Bark en El Internacionalismo, pp. 122-123.

22 Empleo la colección de artículos que publicó bajo el título de Crónicas, Madrid, Fontaner, 1901.

23 Vid. el trabajo de Pérez de la Dehesa, Germinal, ob. cit.

24 Bark, El Internacionalismo, cita un texto de Isidoro La La-puya, pp. 118-119; también alude a ello Dicenta en Crónicas, pp. 120-121.

25 Remito al exhaustivo trabajo de Patricia O'Riordan, citado.

26 El ensayo se titula «Los melenudos», OC, V, pp. 668-690.

27 Una buena síntesis de esta encuesta aparece en Domingo Paniagua, Revistas culturales, ob. cit.; cf. también Ivan A. Schulman, «Reflexiones en torno a la definición de modernismo», en Martí, Darío y el modernismo, Madrid, Gredos, 1970. La respues­ta de Unamuno se recogió en OC, V, pp. 715-717.

28 Salvador Rueda, Rubén Darío, Madrid, 1908, p. 295. Clara E. Lida ha establecido una importante distinción entre anarquis­mo literario y anarquismo político; cf. «Literatura anarquista y anarquismo literario», Nueva Revista de Filología Hispánica, XIX, 2, 1970, pp. 360-381. Rafael Pérez de la Dehesa ofrece precisiones interesantes en su introducción a La evolución de la filosofía en España, de Federico Urales, Madrid, 1968.

29 La conferencia es de 1893; cf. Oeuvres, II, pp. 886-889.

30 La reproduzco en Fin de siglo, ob. cit.

31 Cito por la edición de Opera Omnia, Madrid, 1922. En este mismo texto recuerda a Verlaine y dice: «Elige tus palabras siem­pre equivocándote un poco, aconsejaba un día, en versos gentiles y burlones, aquel divino huésped de hospitales, de tabernas y de burdeles que se llamó Pablo Verlaine» (p. 66). Después alude al anarquista polaco Pedro Soulinake, y establece fecundas relacio­nes entre nihilismo y belleza: «Ningún pueblo despierta tantos ecos sentimentales. Francia, con las lágrimas y las efusiones de una mala literatura, ha echado a volar por el mundo la linda balada de Amor y libertad» (p. 66).

32 Lo reproduje en Fin de siglo.

33 Pío Baroja, Memorias, Obras completas, Madrid, 1949, VII, p. 837.

34 Karl Manheim, Ideology and Utopia, Nueva York, 1967. La polémica en torno a la existencia de la generación no debiera impedir que entendamos el fenómeno en su conjunto, incluyendo la manifestación americana —el modernismo—, que por las ra­zones ya expuestas coincidió en algunos momentos determinados con los intereses de bohemia y noventayochistas. El esteticismo era arma de lucha contra la burguesía en la Europa finisecular; imaginación y espíritu revolucionario salen de un mismo tronco: la lucha contra los valores recibidos y la politiquería huera.

35 Debo todos estos datos —acta de nacimiento, diploma uni­versitario, copias de cartas— a la generosidad ilimitada de la familia López-Sawa, particularmente a Fernando López-Sawa, des­cendiente del autor. A ellos, mi mayor agradecimiento, además, por los recortes de periódico, fotos y manuscritos que me per­mitieron examinar. Alonso Zamora Vicente ofrece algunos da­tos biográficos en «Tras las huellas de Alejandro Sawa (Notas a Luces de bohemia)», Filología, 13, 1968-1969, pp. 380-395, así como Alien W. Phillips, «Sobre Luces de bohemia y su realidad literaria», en Ramón del Valle-Inclán. An appraisal of his Life and Works, ed. Anthony N. Zahareas, Rodolfo Cardona, Summer Greenfield, Nueva York, Las Américas, 1968, pp. 601-615. Este tra­bajo fue ampliado en Temas del modernismo en España e Hispa­noamérica, Madrid, Gredos, 1974. Ya en pruebas esta edición ha aparecido un estudio de Phillips sobre Sawa y su época: Alejan­dro Sawa. Mito y tradición, Madrid, Turner, 1977.

36 No fue, claro está, lo único que publicó; entre sus títulos cuentan Don Carlos (Semblanza novelesca), Madrid, Antonio Mar­zo, 1899; Amor, Madrid, 1897, y Crónicas del Centenario del Don Quijote, Madrid, Antonio Marzo, 1905. El dato sobre su muerte lo obtuve del prólogo de Emilio Vallés a su postuma Historia. El 8 de julio de 1910 publicó en Los contemporáneos el cuento «La ruta de Judith».

37 No he logrado encontrar la novela Albores, en cambio en la segunda ed. de Noche (1889), la Biblioteca del Renacimiento Li­terario anuncia que está en prensa Alborada, segunda parte de Noche. El precio de todas estas obras variaba entre una y tres pesetas. De Enrique Sawa son también Aurelio el fratricida. Le­yenda histórica del siglo XVIII, Barcelona, 1862; Tropa ligera, Madrid, 1897.

38 De acuerdo con los datos que me han ofrecido los señores López-Sawa, los viajes de Alejandro a España fueron del 28-X al 16-XI-1892; 27-1 al 5-III-1895; 2-V al 19-III-1896 y 2-IX al ll-IX-1896. A Bélgica fue del 2 al 27-VI-1895. Conste que no pretendo agotar todos los artículos que publicó Sawa en periódicos españoles; sabemos que colaboró en El Imparcial, Los Lunes de El Imparcial, El Liberal, Renacimiento, Helios, Don Quijote, La Anarquía Literaria, El Mercurio, entre tantos otros. No he podido localizar las siguientes obras que se le adjudican: La sima de Ygúzquiza, Madrid, Imp. Popular, a cargo de Tomás Rey, 1887, y El ponti­ficado y Pío IX. Apuntes históricos, Málaga, 1878. No es impro­bable que colaborase hacia la década del ochenta en revistas y periódicos anarquistas, sobre todo los que dirigía Ernesto Álvarez.

39 Sawa alternaba siempre entre colaboraciones de orden esté­tico y noticias políticas.

40 Cf. Oeuvres, I, p. 1252, nota 821.

41 Ricardo Senabre estudia las versiones literarias de su muer­te en «Baroja y Valle-Inclán, en dos versiones diferentes del poe­ta Alejandro Sawa», Despacho Literario, Zaragoza, 1960.

42 La guerra literaria 1898-1914 (Crítica y ensayos), Madrid, 1913, pp. 27-28. También Gómez Carrillo le dedicará elogiosas páginas en Esquisses, Madrid, 1892, «camafeo» fechado en París, agosto de 1891.

43 Citado por Hans Juretschke: «La generación del 98, su pro­yección crítica e influencia en el extranjero», Arbor, 36 (diciembre de 1948), p. 519.

44 Autobiografía, Obras completas, Madrid, 1950, I, p. 103.

45 Charivari, Obras completas, Madrid, 1959, I, p. 271.

46 «Siluetas literarias. Alejandro Sawa», La Publicidad de Gra­nada, 21 de julio de 1910.

47 Firmaba sus cartas como Alex; cf. la correspondencia con Darío en Dictino Álvarez, Cartas de Rubén Darío, Taurus, Ma­drid, 1963, y el prólogo de Darío a Iluminaciones.

48 La Correspondencia, 10 de julio de 1910.

49 Quizá de El Globo, 10 de julio de 1910; no está claro en los recortes que pude ver en casa de Fernando López-Sawa.

50 ¡Curioso anacronismo! Este esbozo apareció un mes antes de la muerte de Sawa. En el mismo número se daba cuenta de la muerte de Catulle Mendès. ¿Recordaría el autor Los últimos románticos, de Baroja?

51 Esta carta y las otras que cito pertenecen a la familia López-Sawa.

52 Darío regresó a España durante el «desastre»; de ese via­je saldrá España contemporánea (Madrid, 1901). En su Autobio­grafía, p. 103, recuerda que por entonces se juntaba con anti­guos camaradas, entre ellos Alejandro Sawa.

53 Las cartas compiladas por Dictino Álvarez hacen sospechar que Sawa escribió algunos artículos adjudicados a Rubén, y pu­blicados en La Nación: «Semana Santa en Madrid» (abril); «La cuna del manco» (21 de mayo); «Alfonso XIII» (3 de junio); «En la Academia Española. El inmoral Señor Ferrari» (13 de junio), y dos sobre «La anarquía española» (24 y 28 de julio). La agre­siva carta de Sawa a Rubén que reproduce Álvarez (pp. 68-69) es de julio de 1908. También ha escrito sobre este asunto H. R. de la Peña, «Un gran señor de la literatura, de la palabra y del gesto. Alejandro Sawa», La Esfera, 19 de abril de 1930, pp. 36-37.

54 Crónicas, pp. 131-138.

55 El artículo se encuentra en Nuevas campañas (1885-1886), Madrid, Librería Fernando Fe, 1887, pp. 45-58.

56 Lo reproduce Álvarez, Cartas, p. 66.

57 Tarjeta propiedad de la familia López-Sawa.

58 Alvarez, Cartas, p. 64.

59 Ibid., p. 68. El hecho de que Darío no respondiese a sus pedidos suscita la carta del 14 de julio de 1908, donde le exige pago por los artículos mencionados, cf. ut supra, nota 19, III parte de este estudio.

60 Tarjeta conservada entre los papeles de Sawa.

61 Citada por Álvarez, Cartas, pp. 70-71.

62 Valle recogerá mucho de este mensaje en su Lámpara mara­villosa, donde también alude al dolor de la belleza; cf. sobre todo p. 105.

 Esta bibliografía no pretende ser exhaustiva. Excluyo aquí muchas de las obras citadas en el estudio preliminar, sobre todo cuanto se refiere al simbolismo francés. Sólo aspiro a servir de guía al lector que se interese por el fin de siglo. Confío que otros amplíen el punto de vista que expongo, y que la enriquezcan.

1 Corrijo una errata, alude a Hermann Bahr, que le dedicó pá­ginas elogiosas, cf. p. 37 del «Estudio preliminar».

2 Estas primeras páginas aparecieron en Helios, I (número X, 1903), pp. 285-287. Este es el trozo en francés; el manuscrito en francés finaliza con el recuerdo de Nicomedes Nikoff, es decir, página 88 de esta edición. El orden, como se ve, es distinto en Helios.

3 existencia: «extensión» en Helios, p. 285.

4 El poema de Verlaine «Il pleure dans mon coeur», escrito en 1874, pertenece al libro Romances sans paroles (1874). Lleva un epígrafe de Rimbaud que dice: «Il pleut doucement sur la ville.» Lo transcribimos en su totalidad:

II pleure dans mon coeur

comme il pleut sur la ville,

Ouelle est cette langeur Qui

penetre mon coeur?

O bruit doux de la pluie

Par terre et sur les toits?

Pour un coeur qui s'ennuie

O le chant de la pluie!

// pleure sans raison

Dans ce coeur qui s'ecoeure.

Quoi¡ nulle trahison?

Ce deuil est sans raison.

C'est bien la pire peine

De ne savoir pourquoi,

Sans amour et sans haine,

Mon coeur a tant de peine.
Paul Verlaine (1844-1896) fue uno de los maestros del simbolis­mo francés y frecuentaba el Barrio Latino, donde lo conoció Sawa. Entre sus obras más conocidas figuran Les poètes saturniens (1867), Les Fêtes galantes (1869) y Romances sans paroles. En prosa, Les poètes maudits (1884), Mes hôpitau (1891), Mes prisons (1893), Confessions (1895). Su influencia fue considerable, sobre todo por el poema «L'Art Poétique», que apareció en la revista Paris-Moderne en noviembre de 1884.

5 jacies hominis: «facies hominem» en Helios (X, 1903), p. 285.

6 sano: «justo» en Helios> ibíd.

7 En Helios, ibíd, p. 287, continúa: «más conquistando que el de la Oda...».

8 separaremos: «separamos» en Helios, ibíd.

9 Esta iconografía de Charles Baudelaire (1821-1867) está en francés en el manuscrito. Baudelaire fue uno de los renovado­res de la poesía. Su libro más influyente fue Les fleurs du mal (1857) y Les paradis artificiels, opium et haschisch (1860). El ar­tista tiene, para Baudelaire, un destino opuesto al de los otros hombres; la función del arte, sin embargo, excluye lo gratuito. Sus Fleurs fueron censuradas y se condenó al autor a una multa de 300 francos, obligándole a suprimir seis poemas. Cuatro años des­pués (1861) salió una nueva edición, con las seis piezas y 35 nue­vos poemas. La poética de Baudelaire está fundada en el análisis del Mal. Baudelaire puso de moda a Edgar Allan Poe en Francia, así como a Thomas de Quincey.

10 Théophile Gautier (1811-1872) comenzó su carrera artística como pintor, hasta que conoció a Gérard de Nerval, que le intro­dujo en el círculo de poetas románticos. Vestía con excentrici­dad y defendió la teoría del «arte por el arte». Baudelaire le de­dicó Les fleurs du mal. Escribió novela y poesía; entre las prime­ras destacan Mademoiselle de Maupin (1835) y Le Capitaine Fracasse (1863). De sus poemas son particularmente importantes los que incluyó en Émaux et carnées (primera edición, 1852),: «L'art» y «Symphonie en Blanc Majeur»; este último tiene no pocas re­laciones con Correspondances, de Baudelaire. Heinrich Heine (1797-1856) es uno de los más notables románticos alemanes, de acen­to desengañado. Su obra se tradujo al español a mediados de siglo e influyó no poco en Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, además de otros poetas menores. Honoré de Balzac (1799-1850) es, claro está, el gran novelista autor de La Comedie humaine. Théodore de Banville (1823-1891) obtuvo grandes éxitos por su libro Les cariatides (1842); fue amigo de Baudelaire, que le confió sus manuscritos.

11 Hippolyte Taine (1828-1893), filósofo e historiador francés, de orientación determinista. Conocido, sobre todo, por su Histoire de la littérature anglais (1863-1869) y Les origines de la Fran­ce contemporaine (1875-1894). En ambos emplea la psicología como ciencia para desmontar los mecanismos de la historia natural.

12 Richard Wagner (1813-1883), compositor y dramaturgo ale­mán, que escribía él mismo sus poemas, tomados de las leyendas germánicas. Procuró unir íntimamente la música con la poesía; de ahí el interés que tuvieron por él los autores de fin de siglo. Nietzsche le dedicó varias páginas en Ecce homo y en The Birth of Tragedy. From the Spirit of Music; cf. The Philosophy of Nietzsche, Nueva York, The Modera Library, 1954. En España lo puso de moda Vida Nueva (1898-1900).

13 Parece ser que la grafía correcta es skoptzismo. Fue una secta pacifista rusa a la cual se adhirió Tolstoi. Max Nordau les dedica páginas zahirientes en Degeneración (1892).

14 Friedrich Wilhem Nietzsche (1844-1900), filósofo y poeta ale­mán. Su libro más famoso fue Also sprach Zarathustra (1883-1892). Tuvo gran repercusión en España —y Europa— a finales de siglo. Vid. el documentado libro de Gonzalo Sobejano, Nietzsche en España, Madrid, Gredos, 1967.

15 también en su auxilio: «en su auxilio también» en Helios (X, 1903), p. 289.

16 dado: «trocado» en Helios, ibid., p. 289.

17 Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), filósofo y teórico polí­tico francés, considerado como uno de los padres del anarquis­mo. Famoso por la afirmación «la propriedad es un robo». Su Système des contradictions économiques, où Philosophie de la misère (1846) desató un violento ataque de Karl Marx: Misère de la philosophie (1846). En España lo tradujo Pi y Margall, que lo difundió entre los federalistas. El libro de mayor difusión fue Principio federativo, versión de Pi.

18 Raffaello de Urbino (1483-1520), pintor, arquitecto y arqueó­logo italiano a quien Valle-Inclán le dedicó páginas de elogio en La lámpara maravillosa. Era de la escuela romana: gran per­fección en el dibujo, exactitud de movimiento, armonía de líneas y delicado colorido. Se puso de moda a finales de siglo, sobre todo en el grupo «Romaniste» o parnasiano.

19 Gustave Flaubert (1821-1880), conocido, sobre todo, por su Madame Bovary (1857), donde blande armas contra la vida es­tancada de la pequeña burguesía provinciana. Influyó no poco en La Regenta. Baudelaire lo defendió con denuedo; cf. «Mada­me Bovary: Par Gustave Flaubert», Oeuvres complètes, París, Gallimard, 1961, pp. 647-57.

20 Ernest Renan (1823-1892), historiador y filósofo francés, cuya Vie de Jesús (1864) y Réforme intellectuelle et morale (1872) fue­ron muy leídas. La primera (uno de los libros favoritos de Unamuno) es una interpretación racionalista del Evangelio. Formu­la sus teorías dentro de las corrientes del evolucionismo y positivismo.

21 Hasta aquí llega el texto francés que se conserva de Rayons dans l'ombre. Toda esta parte parece haber sido escrita en 1901.

22 Las páginas 77-78 corresponden a Helios (X, 1903), pp. 284-287, pero se excluye la iconografía de Baudelaire; cf. nota 8. Las páginas 84-87 equivalen a las pp. 287-290 de Helios. Pero hay un salto: en Helios (XI, 1903), pp. 438448, se publican las que co­rresponden en Iluminaciones a las pp. 92-93, 197-200, 115, 156-158. En Helios (XII, 1904), las páginas 6-10 contienen la descripción de Nikoff. Falta un párrafo en Iluminaciones, que reproducimos: «Llevaba en su cara una sonrisa y en su costado una lan­za, como ciertos hombres de mi generación, y alguna vez le oí murmurar que de toda la antigüedad clásica, Harmodio y Aristogiton eran sus dos héroes predilectos. Y aunque estaba tallado en mármol, era un mármol que contenía sangre (Helios, ibíd., p. 8). El trozo va inserto antes del párrafo que comienza: «Yo lo miraba y admiraba...». Como se ve, Sawa mezcla, yuxta­pone y contrapone fechas y épocas, pues en Iluminaciones inter­caló unas líneas que llevan la fecha de 1908.

23 Alfred de Musset (1810-1857), romántico bohemio francés, cuyas Confessions d'un enfant du siècle (1836) describen el es­tado mental de los jóvenes de su generación. Le preocupa el «mal du siècle». Cultivó también la poesía, el teatro y los libros de viajes. Algunos de los temas de Les fleurs du mal aparecen ya en sus poemas: angustia y soledad, la obsesión de la muerte, el vértigo de la nada, la nostalgia de la infancia. Sobre todo en «Nuits», incluidos en Poèsies complètes (1840). A España le de­dicó un libro de cuentos: Cantes d'Espagne et d'Italie (1829).

24 George Sand (1804-1876), seudónimo de Aurore Dupin de Dudevant. Novelista de notable producción, de un romanticismo so­cializante: espíritu libre y antiburgués. Elle et lui (1834) narra sus aventuras en Venecia con Musset.

25 Charles-Augustin Sainte-Beuve (1804-1869), crítico de gran in­fluencia a mediados del siglo XIX. Favoreció el romanticismo y par­ticularmente a Víctor Hugo desde Le Globe, donde aparecieron sus Portraits littéraires.

26 Edgar Alian Poe (1809-1849), poeta y cuentista norteame­ricano de relatos de misterio y horror. Entre sus poemas, «The Craven» y «The Bells» aparecieron The Raven and Other Poems (1845). Tanto estos poemas como su cuento «The Black Cat» se tradujeron al francés gracias a Alphonse Borghers. Baudelaire puso de moda a Poe en los círculos parisinos. Cf. el artículo de Eléonore M. Zimmermann, «Mallarmé et Poe: Précisions et Aperçus», Comparative Literature, VI, 4, 1954, pp. 304-315.

27 Daniel Urrabieta Vierge, pintor español que residía en Fran­cia. En 1912 La Plume dedicó un artículo a su exposición postu­ma: cf. núm. 386, 1 de mayo de 1912, pp. 269-271. Murió en 1904. Cf. Leopoldo García-Ramón, Ensayo sobre Daniel Vierge, París, 1904.

28 Corrijo una errata: Walt Whitman (1819-1892), poeta nortea­mericano, cantor de la democracia y del «socialismo». El libro más famoso es Leaves of Grass (1855), donde canta al individua­lismo, a la libertad y a la democracia americana. Es uno de los poetas que más ha influido en Hispanoamérica.

29 Rufus Griswold (?-1857), escritor norteamericano. En 1847 publicó sus American Prose Writers, libro al que, sin duda, alu­de Sawa.

30 Este trozo apareció en Helios (XI, 1903), pp. 436-437. Ru­bén Darío (1867-1916), nicaragüense, inició el modernismo en el mundo hispánico. Sawa y él se conocieron en París al filo del siglo. Mariano de Cavia (1855-1920) fue un publicista de las falan­ges modernas en los albores del siglo XX. Fue director de El li­beral (donde colaboró Sawa) y escribió para muchos periódicos de la época.

31 Lagartijo fue un torero de la época de la Restauración que inventó la «media lagartijera». Julián Gayarre (1843-1890), tenor navarro de gran fama y considerado uno de los grandes cantan­tes de todos los tiempos.

32 Miguel Bakunin (1814-1876), aristócrata ruso, padre del anar­quismo. Uno de los fundadores de la I Internacional de Traba­jadores. Su influencia se dejó percibir en España después de la Revolución de 1868. Clara E. Lida ha estudiado a fondo su influen­cia en España en Anarquismo y revolución en la España del si­glo XIX, Madrid, Siglo XXI, 1971. Se puede también consultar La Revolución del 1868. Historia, pensamiento, literatura, Nueva York, Las Américas, 1970, ed. Clara E. Lida e Iris M. Zavala, para explicar ese «ruidoso motín» a que alude aquí Sawa.

33 Francisco Pi y Margall (1834-1901), catalán, uno de los di­rigentes del republicanismo-federalista español. Presidente de la I República y difusor de Proudhon en España. Hasta la fe­cha, el mejor estudio sobre Pi es el de C.A.M. Hennessy: The Federal Republic in Spain, Pi y Margall and the Federal Republican Movement (1868-1874), Oxford, 1962.

34 Teobaldo Nieva, anarquista andaluz, «comunista libre» des­pués de una breve estancia en París. Participó en un Certamen Socialista organizado por el Centro de Amigos del País, en Reus, 1885, con un trabajo sobre la misión de la mujer en la sociedad del porvenir. Colaboró en Acracia (Barcelona, 1886) y otras revis­tas de orientación comunista libertaria. Aparecen también esplén­didas páginas sobre él en Federico Urales, La evolución de la filosofía en España. Estudio preliminar de Rafael Pérez de la Dehesa, Barcelona, Ediciones de Cultura Popular, 1968, y en Pedro Vallina, Crónica de un revolucionario, con trazos de la vida de Fermín Salvochea, París, 1958.

35 En realidad, se refiere a Juan Serrano Oteiza, que inició en 1881 La Revista Social, cuando por esas fechas pudo manifestar­se el periodismo revolucionario, después de las persecuciones desde 1871. Urales alude a él, ob. cit.

36 Estos tres párrafos aparecieron en Helios (XII, 1903), p. 572.

37 Sadi Carnot, presidente de la República en Francia, ase­sinado en Lyon, el 24 de junio de 1894, por el anarquista italia­no Santo Jerónimo Caserío, que fue condenado a muerte y eje­cutado el 15 de agosto de 1894. Sobre esta época y los atentados anarquistas de fin de siglo, cf. Jean Grave, Quarante ans de propagande anarchiste, París, 1973.

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