Literaturas orientales




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títuloLiteraturas orientales
fecha de publicación04.11.2015
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tipoLiteratura
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PEQUEÑA GUÍA DE LITERATURA CONTEMPORÁNEA (SIGLOS XVIII, XIX Y XX)

(Proc.: Javlangar, mod.: JAGF)



(Más información en el documento: “Obras fundamentales de la literatura universal”, http://www.avempace.com/file_download/2855/OBRAS+FUNDAMENTALES+DE+LA+LITERATURA+UNIVERSAL.pdf)
(Ver también el documento:Relación de películas de interés para la asignatura de Literatura Universal”, http://www.avempace.com/file_download/2242/RELACI%C3%93N+DE+PEL%C3%8DCULAS+DE+INTER%C3%89S+PARA+LA+ASIGNATURA+DE+LITERATURA+UNIVERSAL.pdf)

SIGLOS ANTERIORES



Podríamos hacer una enorme lista con autores y obras fundamentales en la formación literaria de una persona, pero probablemente eso no serviría de nada. Por lo tanto, proponemos unos pocos nombres de algunos países y del siglo XX (con alguna entrada en el XIX).
Habría que leer a los clásicos (los latinos Plauto, Terencio,Virgilio, Horacio y Ovidio al menos, más los griegos Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Esopo). Y algo de las literaturas orientales (La Biblia, Libro del Tao, Confucio, Ramayana, Mahabaratha, haikus japoneses, etc.).
También a algún autor medieval, como Dante Alighieri (el “Infierno” de la Divina comedia es realmente duro), Petrarca (Cancionero), Boccaccio (el Decamerón es para mayores de 18 años, pero muy divertido) o Chaucer (Los cuentos de Canterbury), las novelas de caballerías de Chrétien de Troyes, la épica (Chanson de Roland, Beowulf, Los Nibelungos), las narraciones árabes como Las mil y una noches
En el Renacimiento y el Barroco, Shakespeare y los franceses Molière, Corneille y Racine.

SIGLOS XVIII, XIX Y XX



En el siglo XVIII, los enciclopedistas Diderot, D’Alambert, Rousseau, Voltaire.
Por supuesto, cualquiera de los grandes escritores del siglo XIX merece la pena: Balzac, Stendhal (Rojo y negro), Hugo (Los miserables), Flaubert (Madame Bovary), Maupassant (cualquiera de sus cuentos es una obra maestra), Dickens (Pickwick), Dostoievsky, Tolstoi, Gogol, Chejov, Federico de Roberto (Los virreyes), Eça de Queiroz, Hermann Melville (Moby Dick, Bartleby), Poe, Twain y uno de los mejores autores del XIX: Alexandre Dumas, por su trilogía Los tres mosqueteros – Veinte años después – El vizconde de Bragelonne y, especialmente, por la maravillosa novela El conde de Montecristo.


SIGLO XX




Gran Bretaña
Pasemos al siglo XX en Gran Bretaña, destaquemos a Robert Louis Stevenson (aunque del XIX): todos hemos soñado con La isla del tesoro, pero añadimos El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, un relato sobre el tema del doble, sin despreciar sus cuentos (especialmente “El diablo en la botella”, que hay que leer por obligación). Otro autor fundamental es un polaco nacionalizado británico, Joseph Conrad, con El corazón de las tinieblas (descripción del horror del colonialismo en la que se basó la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola) o Lord Jim (acerca de la cobardía y el valor); casi cualquier obra de Conrad merece la pena, sobre todo si os gustan el mar, el exotismo y la aventura (aunque sea interior). De los modernos sólo citaremos a Julian Barnes, cuya Historia del mundo en diez capítulos y medio tiene momentos hilarantes. Además, escribió El loro de Flaubert, muy útil para estudiar al clásico francés.


Francia

En Francia es difícil nombrar a alguien después de Proust (que hay que leer cuando uno se jubila); Boris Vian es un autor extraño, con sus historias policiacas y existencialistas, llenas de espíritu moderno y jazz (Escupiré sobre vuestra tumba, El lobo-hombre en París, que utilizó el grupo español La Unión para una preciosa canción, cuya letra, el vídeo y una explicación sobre la misma puede leerse en el enlace: http://lenguavempace.blogspot.com.es/2013/03/el-hombre-lobo-en-paris.html); también Romain Gary, sobre todo La vida ante sí, una historia de la banlieu (extrarradio) con judíos, negros, musulmanes y prostitutas (es mucho más que eso aún). Ahora se lleva mucho la belga Amélie Nothomb, que no está mal, y también es famoso el profesor, crítico y escritor Daniel Pennac. En teatro algunas obras de Ionesco (La lección, La cantante calva, Rinoceronte) son absurdas y divertidas, aunque con cargas de profundidad.


Italia

De Italia se debe leer a Cesare Pavese, Vasco Pratolini (Crónicas de pobres amantes), Alberto Moravia... Y especialmente a tres autores:
1) Primo Levi, químico judío que acabó en Auschwitz y contó su experiencia en varias obras, como Si esto es un hombre y La tregua (sobrevivió al campo de concentración para suicidarse en su vejez).
2) Italo Calvino es uno de los referentes de la literatura posmoderna y de fantasía; El barón rampante (un noble que se sube a un árbol para no volver a bajar), El vizconde demediado y El caballero inexistente son sus novelas fundamentales.
3) Leonardo Sciascia fue un terrible crítico de la Italia del siglo XX, y en sus novelas denunció la mezcla de política y crimen (mafia), a veces desde una estructura de novela policiaca; Todo modo, Negro sobre negro, El contexto o El archivo de Egipto son historias apasionantes.
De los modernos, el viaje más maravilloso que podéis hacer por la literatura se encuentra en El Danubio, de Claudio Magris; Seda, de Alessandro Baricco es una novela corta deliciosa, y es un autor a seguir. Y Antonio Tabucchi, entre otras cosas, es el autor de Sostiene Pereira, obra de crítica social terriblemente tierna.

Portugal
De Portugal, la poesía de Fernando Pessoa, uno de los poetas que han marcado el siglo XX, pero también sus obras en prosa, como El libro del desasosiego, si os gustan las obras “filosóficas”, es decir, de reflexión sobre la vida. Y las primeras novelas de José Saramago, como El año de la muerte de Ricardo Reis (nombre de un heterónimo de Pessoa) o la Historia del cerco de Lisboa. También destaca Antonio Lobo Antunes.

Checoslovaquia
En la antigua Checoslovaquia nos encontraremos con algunos autores muy divertidos, como Jaroslav Hásek, con la desternillante Las aventuras del valeroso soldado Schweik, alegato antimilitarista y antiimperialista; Karel Capek, creador de la palabra robot en su obra teatral RUR; Bohumil Hrabal, de raíz surrealista, con obras tan divertidas como Yo que he servido al rey de Inglaterra o Los palabristas; también hay que nombrar a Vaclav Havel, que fue presidente de la república checa, tras la escisión de la antigua Checoslovaquia, y a Milan Kundera, autor muy influyente en el final del siglo XX, cuya obra más destacada es La insoportable levedad del ser.

Alemania
En Alemania, antes de la Segunda Guerra Mundial sobresale Thomas Mann, con relatos de profundidad filosófica como La muerte en Venecia o La montaña mágica (también es interesante su hijo Klaus Mann, especialmente con ese análisis de los “trepas” que se apuntaron al nazismo que es Mefisto). Tras la guerra, Hermann Hesse, premio Nobel de literatura; Ernst Jünger; Heinrich Böll marcará un nuevo inicio con sus Opiniones de un payaso, que hay que leer. Böll fue también Nobel de literatura, como Elias Canetti y Günter Grass. Y entre los últimos, aunque ya fallecido, W. G. Sebald, que deconstruye la novela a base de fragmentos, fotografías y recortes de prensa, por ejemplo en Austerlitz.

Austria
La novela en Austria llegó a un alto nivel en el periodo de entreguerras, con autores que fueron traducidos a todos los idiomas, como Stefan Zweig y Arthur Schnitzler. Del primero, además de alguna novela de éxito, como Carta a una desconocida, destacaremos El mundo de ayer, memoria de esos años anteriores al desastre del nazismo. Del segundo, una novelita corta, El teniente Gustl, y una obra de teatro, La ronda. Pero el autor que mejor retrata la decadencia de Austria y la aparición de un nuevo mundo tras la Gran Guerra es Joseph Roth, con novelas como Job, Confesión de un asesino, La cripta de los capuchinos o La marcha Radetzky.


Estados Unidos

En Estados Unidos hay que leer a los autores de la llamada “generación perdida”, desde los cuentos y novelas de Francis Scott Fitzgerald (cualquier recopilación de cuentos es buena) a las duras novelas de Hemingway (la más interesante: París era una fiesta, recreación de los años pasados en la Ciudad de la Luz), pasando por la magistral crítica de la sociedad moderna de Manhattan Transfer, de John Dos Passos o por las narraciones de Faulkner, Steinbeck, Truman Capote, Norman Mailer... Entre los últimos autores hay que entrar en el “realismo sucio” de Carver (De qué hablamos cuando hablamos de amor, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?), o las novelas de éxito de Paul Auster, empezando preferentemente por la Trilogía de Nueva York. O las obras de Piliph Roth.


Rusia

En Rusia, a comienzos del siglo XX destacan los cuentos de Chéjov, pequeñas piezas de relojería, obras maestras de la narrativa; Caballería roja, de Isaak Bábel, narra la guerra civil entre comunistas y rusos blancos; los Cuentos de Odessa recrean la vida tradicional de los judíos en esa ciudad del mar Negro; otra obra destacable es El diablo y Margarita, de Mijail Bulgakov, en la que el diablo se pasea por la Moscú revolucionaria. Y si queremos reírnos muchísimo con las aventuras de un truhán de los primeros años de la revolución, podemos leer las de Bender (no es el de Futurama, pero casi) en Las doce sillas o en El becerro de oro de Ilf & Petrov. Otros autores relevantes: Máximo Gorki, Mijaíl Shólojov, Alexander Solzhenytsin, Vladimir Nabokov, Boris Pasternak

Japón
Japón está lleno de historias crueles y bellas a la vez; desde Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima, a cualquier obra de los Nobel Yasunari Kawabata y Kenzaburo Oe. Ahora, el más moderno es Haruki Murakami.

Países árabes
En el mundo árabe hay tantos narradores que sólo vamos a destacar al egipcio Naguib Mahfuz, premio Nobel, con historias que recrean el viejo Cairo entre tradición y modernidad, y el franco-libanés Amin Maalouf, sobre todo si os gusta la novela histórica. También Tahar Ben Jelloun. Y el Nobel turco Orhan Pamuk.

China, India
Por supuesto, dejamos muchos países, como China o India, pero éstos son continentes que aún estamos empezando a descubrir.

HISPANOAMÉRICA
Y hablando de continentes, nos queda hablar de Hispanoamérica. Podríamos llenar muchas páginas sobre los mejores escritores en español de los siglos XX y XXI, pero vamos a centrarnos en unos pocos de algunos países.

Argentina
En Argentina encontramos una amplia selección de grandes autores: el más importante es Jorge Luis Borges, ciego como Homero, y hábil contador de historias de carácter maravilloso con elementos matemáticos (“La Biblioteca de Babel”), policiacos (“El jardín de los senderos que se bifurcan”) o míticos (“El inmortal”), siempre llenos de paradojas (“Funes el memorioso”); sus libros de cuentos más famosos son Ficciones y El Aleph. Julio Cortázar, siempre entre Argentina y Europa, autor de una novela-mecano como Rayuela, también destacó en el arte del cuento (“Casa tomada” es un ejemplo de cuento fantástico, en sus dos sentidos; cualquier libro de cuentos de Cortázar promete entretenimiento y diversión, pero los más divertidos son Historias de Cronopios y de Famas y Un tal Lucas). Ernesto Sábato es el autor de una trilogía terrible, El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abbadón el Exterminador. Adolfo Bioy Casares, el “otro yo” de Borges, también cultivó la narrativa maravilloso-fantástica, especialmente en La invención de Morel. Osvaldo Soriano es uno de los autores más divertidos, con sus cuentos de fútbol (El penalty más largo del mundo, por ejemplo), pero también sus novelas analizan la situación política de Argentina, muchas veces desde un punto de vista humorístico; su primera novela, Triste, solitario y final, tiene por protagonistas a Oliver & Hardy, el Gordo y el Flaco. Y Mújica Lainez es el autor de una gran novela histórica, Bomarzo, ambientada en la Italia renacentista y con un protagonista eterno.

Chile
En Chile, José Donoso crea una novela claustrofóbica y dura en El obsceno pájaro de la noche; Skármeta es el autor de una obra deliciosa como El cartero y Neruda (de la que se hizo una película igualmente deliciosa); el autor más leído actualmente de toda Hispanoamérica es Roberto Bolaño, especialmente sus cuentos y su novela Los detectives salvajes, un poquito difícil.


Uruguay

En Uruguay, la poesía y los cuentos cotidianos de Mario Benedetti le han dado una fama justificada, aunque algunos le reprochan su facilidad. Juan Carlos Onetti es el creador del mundo de ficción de Santa Marta en novelas como Juntacadáveres.

Perú
En Perú, destaca Mario Vargas Llosa, uno de los grandes de nuestra literatura, con obras como La tía Julia y el escribidor o Conversación en La Catedral, que analizan críticamente su país; quizás sea más divertida Pantaleón y las visitadoras (que son unas prostitutas que el ejército peruano lleva a los soldados de un puesto interior). Alfredo Bryce Echenique es un autor que a veces usa el absurdo, como en La vida exagerada de Martín Romaña (uno aprende qué es un fecaloma). Fernando Iwasaki, afincado en Sevilla.

Colombia
En Colombia encontraremos a alguno de los mejores escritores en español, por el uso de la lengua y de la fantasía. El primero en todos los sentidos es Gabriel García Márquez cuya Cien años de soledad marcará un antes y un después en vuestras lecturas; es una historia mítica y exagerada de una saga familiar, con crímenes, santas, gente que vuela... y un resumen de lo que es Colombia; sus cuentos abundan en eso que se llamó “realismo mágico” (“Historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”, “Un señor muy viejo con unas enormes alas”, “El ahogado más hermoso del mundo”); entre sus novelas cortas, El coronel no tiene quien le escriba, entre la narrativa periodística, Relato de un náufrago. Álvaro Mutis es el creador de un personaje muy especial, Maqroll el Gaviero, aventurero culto y misterioso a lo largo de varias novelas (como Abdul-Bashur, soñador de navíos o Ilona llega con la lluvia). De los más jóvenes Santiago Gamboa (Perder es cuestión de método, de ambiente policiaco; Vida de un joven llamado Esteban, sobre la historia reciente de Colombia; y su continuación, El síndrome de Ulises, ya de emigrante en París, calificada para mayores de 18).

Cuba
En Cuba, Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, es una novela basada en el juego lingüístico que exige mucho del lector, pero que puede llegar a ser muy divertida; Alejo Carpentier es el fundador de eso que hemos llamado “realismo mágico”, por la mezcla de los dos elementos del término, como en El reino de este mundo, Los pasos perdidos o El Siglo de las Luces. Entre los modernos, la Trilogía sucia de La Habana, de Pedro Juan Gutiérrez ya invita a leerlo sólo por el título: ron, sexo, decadencia y un enorme espíritu poético de captación de la realidad cubana.

México
En México, Carlos Fuentes es uno de los escritores fundamentales, de quien sólo destacaré La muerte de Artemio Cruz y Gringo Viejo. Juan Rulfo es el autor de Pedro Páramo, novela en que la realidad del páramo mejicano se mezcla con una ultratumba sobrecogedora. Y entre los últimos, me gustó mucho En busca de Klingsor, de Jorge Volpi, novela policiaco-científica ambientada en el final de la Segunda Guerra Mundial (hasta se aprende algo de Física con ella).

Guatemala
En Guatemala nació Augusto Monterroso, aunque, exiliado político, acabó nacionalizándose mejicano. Autor de cuentos estupendos, como “El dinosaurio” o “Mr. Taylor” (en su breve libro de título paradójico, Obras completas y otros cuentos), o de las fábulas transformadas e hilarantes de La oveja negra y demás fábulas, es un autor inexcusable en nuestra pequeña guía.

Poesía siglo XX
Entre los poetas del siglo XX, nombraremos sólo a unos pocos, como el griego Kavafis, el austríaco Rilke, el italiano Pavese, el portugués Pessoa, el peruano César Vallejo, el inglés Auden, el argentino Borges, la rusa Ajmátova, el disidente ruso Maiakovsy, el chileno Neruda. Y si bajamos al siglo XIX, el melancólico Verlaine.

NOIR, GIALLO, HARDBOILED... EL GÉNERO NEGRO



El género policiaco o negro es un tipo de novela creado con el nuevo mundo que surge de las revoluciones burguesas, en el que el viejo orden se ha roto y el mundo está lleno de misterios; para muchos, el primer escritor policiaco es E. A. Poe, con sus cuentos “El misterio del cuarto cerrado” y “La carta robada”, en los que presenta al primer detective intelectual, Ch. Auguste Dupin. Si seguimos por ese camino, encontraremos en el siglo XIX todavía a dos grandísimos autores: 1) Arthur Conan Doyle, con su Sherlock Holmes, y 2) Gilbert Keith Chesterton, con sus historias del padre Brown (¡un cura católico de detective!). Entre los clásicos, las historias de Hércules Poirot o de Miss Marple, de Agatha Christie, tienen también muchos seguidores (aunque a veces aburre la descripción de la sociedad británica de los años 20).
Un giro al género lo dan los autores norteamericanos de los años 30 y 40 del siglo XX, como Dashiell Hammett o Raymond Chandler, con sus detectives privados que se saltan la ley cuando quieren, personajes, como Marlowe, que encarnó en el cine Humphrey Bogart en varias películas. Otros norteamericanos son Jim Thomson o Chester Himes. Por esa zona se moverá también la británica Patricia Highsmith, con sus seres normales, pero malvados de Extraños en un tren o El talento de Mr. Ripley. También Graham Greene (El tercer hombre, El poder y la gloria).
El belga Georges Simenon es el creador del comisario Maigret, antepasado de múltiples comisarios de la novela negra actual; sus novelas suelen ser sencillas, y muchas de ellas muy entretenidas.
Ahora ya van algunos preferidos entre los preferidos: el primero, el italiano Andrea Camilleri, cuyo comisario Montalbano, trabaja en una pequeña ciudad siciliana; hay que seguir la evolución del personaje, con su gusto por el buen comer y su relación con una serie de personajes fijos, algunos verdaderamente desternillantes (hay muchos autores italianos de “gialli”, novelas negras, pero son más difíciles de conseguir: Lucarelli, Vichi...).
En Venecia se ambientan las historias del comisario Brunetti, de la americana Donna Leon. Son quizás las novelas que más fácilmente se leen, y, aunque el personaje evoluciona poco, también los secundarios fijos son muy interesantes.
Dos británicos: la serie de Philip Kerr sobre el comisario Bernhard Gunther comienza en la Alemania pre-nazi, sigue durante el Reich y luego en la posguerra en Austria, Argentina y Cuba. Si os interesa una novela bien construida, policiaca y con nazis, las de Kerr son las mejores. Ian Rankin ambienta sus obras en Edimburgo, donde ya se hace una visita turística por los lugares típicos de su inspector John Rebus, divorciado, alcohólico, a veces violento; si leéis Black & Blue, la primera novela de la serie, ya no lo dejaréis.
Dos franceses: el anarquista-surrealista Léo Malet triunfó en los años cuarenta y cincuenta con otro duro, el detective Néstor Burma, que incluso ha pasado al cómic; sólo se han publicado de él Niebla en el puente de Tolbiac y Calle de la Estación, 120. Jean-Claude Izzo, ya fallecido, retrata en su trilogía Total Khéops, Chourmo y Soleá una Marsella canalla que se ha convertido en criminal, de los pequeños rateros a los narcos, pasando por el mundo de la emigración del extrarradio, por donde Fabio Montale intentará encontrar la verdad. Otro poli duro, amante de la buena cocina, de navegar, y de sus amigos.
Podéis encontrar muchos textos en la red; por ejemplo, en www.literatura.org, para la literatura argentina; www.ciudadseva.com, para los cuentos; www.amediavoz.com, para la poesía. Y comentarios sobre libros, en www.solodelibros.es, y en muchos blogs, entre ellos el de Alfonso Nasarre, www.elreinodeestemundo.blogspot.com.
Disfrutad de la vida, disfrutad de la lectura.





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