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LA VIDA COTIDIANA EN MADRID DURANTE LA GUERRA CIVIL, 1936-1939



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Realizada por:

Marta García García.

María del Carmen Parras Moral.

 

Indice

El abastecimiento.

El atuendo.

La mujer.

La calle.

Situación sanitaria.

Religión.

Cultura y espectáculos.

La familia, el matrimonio y la vida sexual.

El fin de la guerra.

Bibliografía utilizada.

Bibliografía recomendada.

EL ABASTECIMIENTO

El abastecimiento fue uno de los mayores problemas del Madrid de la guerra civil. Madrid permaneció sitiada durante más de dos años y en ese transcurso de tiempo la población vió como empezaban a escasear los productos de primera necesidad hasta llegar casi a desaparecer o a conseguirlos mediante receta médica.

El racionamiento de los alimentos se fue haciendo cotidiano para los madrileños desde los primeros meses de la guerra por lo que desde el principio se tuvieron que acostumbrar a largas colas delante de los establecimientos para conseguir comida, al mercado negro que surgió por la escasez de alimentos y contra el que las autoridades no podían luchar,a las subidas desorbitantes de los precios y a las cartillas de racionamiento, etc.

Ante este grave problema, las autoridades republicanas insistían que para paliar el problema de los abastecimientos era necesario la evacuación de la población de Madrid que, además, facilitaría la defensa de la ciudad. Sin embargo, contra lo que se pudiera pensar ante este panorama, la población madrileña se resistió a dejar la capital.

Llegaron a ser tan acuciantes los problemas de abastecimiento que las masas de la izquierda mundial se movilizaron a favor de los republicanos españoles. En Checoslovaquia se organizó una cotización de un franco por trabajador y por mes a favor de los combatientes del Frente Popular español; en Holanda se enviaron alimentos; en Noruega, el períodico Arbeiderbladet, de Oslo, patrocinó una suscripción que alcanzó buenos resultados; la C.G.T. de Bélgica promovió también suscripciones y aportaciones de víveres; de Inglaterra se enviaron tonelada y media de leche en polvo y seis cajones de ropa; Nueva Zelanda envió 2.000 libras esterlinas; los mineros ingleses compraron para sus compañeros republicanos españoles 2.000 toneladas de carbón; en París, las "Jornadas de las Amas de Casa" obtuvieron siete camiones de víveres; desde Copenhague mandaron 126 cajas de leche en polvo, 48 cajas de carne en conserva y 750 kilos de jabón.

Pese a estos ejemplos de ayuda exterior, lo cierto es que el abastecimiento en Madrid fue muy duro durante toda la guerra, aunque en puntuales momentos se diera una alegría a la población madrileña con una bajada de precios o con la noticia de una ración extra, pero esto sucedió en meses contados durante la contienda.

La escasez de productos de primera necesidad (en un primer momento, y de todo tipo de productos como tabaco, leña, gasolina, etc., a finales de la guerra), su precaria y enmarañada distribución (falta de transportes y conflictos organizativos entre múltiples entidades que trataron de llevar la iniciativa) y con ello el racionamiento, la desorbitada subida de precios, el acaparamiento de víveres, la especulación y el mercado negro, fueron las variables, acentuadas en el tiempo, de tan trágico panorama. La crisis de subsistencia evolucionó de forma diversa durante la guerra en el contexto de las operaciones militares y tuvo diferentes grados de incidencia en el territorio republicano.

El sistema generalizado de suministro en los momentos iniciales fue la utilización de vales, repartidos por partidos y sindicatos y canjeados en tiendas y comercios por artículos de primera necesidad.

En Madrid, el Ayuntamiento emitió vales (0,50 ptas.) y los distribuyó entre la población a través de partidos y sindicatos. Durante julio y agosto de 1936 las existencias fueron suficientes; los particulares, comerciantes e industriales y organizaciones políticas y sindicales se apresuraron a acopiar productos; más tarde, con el comienzo de la escasez, la críticas se centrarían en el temor de despilfarro, el caos organizativo y el acaparamiento.

La organización del abastecimiento. En Madrid con la actividad de gran pluralidad de organismos (comités, ayuntamientos,...) se solaparon funciones en un intento de controlar los abastos y entraron en frecuentes conflictos de competencia. El Comité Popular de Abastos (representando a la organización del Frente Popular) propugnó con el Ayuntamiento la centralización del abastecimiento entre julio y octubre; solventado coyunturalmente con la creación por orden gubernamental de la Comisión Provincial de Abastecimientos, el enfrentamiento surgió esta vez entre el nuevo organismo y la Consejería de Abastecimientos de la Junta de Defensa de Madrid, nacida en los momentos críticos del asedio a la ciudad; en mayo de 1937 nuevamente la corporación municipal se encargó del asunto.

La falta de víveres en la retaguardia republicana fue un fenómeno generalizado. Los primeros síntomas de escasez empezaron en septiembre y octubre de 1936 en productos como el trigo, la carne, y el carbón. Un alimento básico, como el pan, comenzó a faltar de forma alarmante en los primeros meses de 1937 y en marzo se llegó al racionamiento en Madrid.

Para el abastecimiento de Madrid se habían tomado medidas como la intervención del trigo de las provincias limítrofes y de Ciudad Real. El racionamiento de pan se fijó en exiguas cantidades que oscilaron entre 50 y 150 gramos, cuando se pudo disponer de este alimento. El resto de productos de primera necesidad empezó a escasear a fines de 1936, se agravó en 1937 y se extremó al año siguiente. La base de la alimentación consistió en arroz, algunas legumbres como lentejas, aceite, etc. También verduras, hortalizas y otros productos como alfalfa, bellotas, etc., y a medida que fueron escaseando la sociedad recurrió a sustancias insospechadas, sacando partido a todo tipo de hierbas, cardos borriqueros, mondas de naranja o elaboración de tortillas sin huevo.

El racionamiento se puso en marcha en Madrid en noviembre de 1936. Las autoridades marcaban cantidades por persona y día. Un ejemplo de este racionamiento lo tenemos el 9 de diciembre en que salió en los periódicos la orden de la Junta de Defensa sobre las cantidades que a partir de ese día correspondían a cada persona civil en la capital:

Cada día

Leche

Pan

Carne

Tocino

Frutas

Sopa

Patatas

Legumbres

1/4 litro.

500 gramos.

100 gramos.

25 gramos.

500 gramos.

50 gramos

250 gramos.

100 gramos.

Tres veces a la semana

Pescado

Arroz

Azúcar

Huevos

200 gramos

100 gramos

50 gramos

2 unidades

Una vez a la semana

Aceite

Café

Carbón

Jabón

Queso

Bacalao

Leche condensada

Fiambres

Conservas de carne o pescado

Conservas vegetales

medio litro.

50 gramos.

3 kg.

400 gramos.

100 kg.

100 gramos.

1 bote.

100 gramos.

250 gramos.

500 gramos.

Lógicamente, con el paso de la guerra, los alimentos y las cantidades fueron reduciéndose. Así en el año 38, el racionamiento consistió en pequeñas cantidades de lentejas, arroz y aceite. Se arbitraron diversos créditos y compras por el Gobierno para abastecer Madrid, además de las importaciones del Ministerio de Comercio. El Ayuntamiento de Madrid y las organizaciones políticas y sindicales junto a entidades de beneficencia, constituyeron otros canales de aprovisionamiento.

Se crearon comedores colectivos para paliar un poco el hambre de los madrileños. Pero pronto surgieron problemas porque había personas que se aprovechaban y consumían dos raciones al día en lugar de una, mientras otras muchas se estaban muriendo de hambre.

Por otro lado, el control de los precios y la represión del fraude se convirtió en una de las preocupaciones de los gobernantes. Sin embargo, el almacenamiento y ocultación de víveres con fines especulativos y el consiguiente fraude de precios desembocaron en un abusivo mercado negro donde los precios de artículos de consumo adquirieron cifras desorbitadas.

Por lo que respecta al fraude, los comerciantes eran los que más se aprovechaban de la situación: guardaban alimentos sin vender hasta que escaseaban para después venderlos a precios exagerados, o también algunas tiendas tenían otro método para enriquecerse, como era obligar a las clientas a llevarse otro producto además del que querían comprar. Mientras más empeoraban los abastecimientos más fraude había: por ejemplo, si los tomates se pagaban en agosto de 1937 en Valencia a 0,20 el kilo, en las tiendas madrileñas se vendían a 2,40.

Las autoridades intentaban controlar la situación fijando unos precios oficiales que procuraban mantenerse en unos límites correctos, aunque rara vez se parecían a los precios auténticos, a lo que se pagaba en el mercado realmente. Como ejemplo de esto, dos listas de precios del mes de septiembre de 1937 y del mes de mayo de 1938, en los que se puede observar una ligera subida de precios en el año 38 con respecto al año anterior.

SEPTIEMBRE DE 1937

MAYO DE 1938

Aceite

Alubias

Arroz

Bacalao

Café

Carbón (2 Kgrs.)

Huevos (12)

Leche condensada (1 bote)

Leche fresca

Lentejas

Pan

Patatas

Tocino

Carne de vaca

Jabón

2,20 pts./litro

1,50 pts./kilo

1,05 pts./kilo

3,10 pts./kilo

12,50pts./kilo

0,65 céntimos

3,75 pts.

1,80 pts.

0,80 cént./litro

1,35 pts./kilo

0,70 pts./kilo

0,50 cént./kilo

4 pts./kilo

5,75 pts./kilo

1,70 pts /kilo

Aceite

Alubias

Arroz

Bacalao

Café

Carbón (2 Kgrs.)

Huevos (12)

Leche condensada (1 bote)

Leche fresca

Lentejas

Pan

Patatas

Tocino

Carne de vaca

Jabón

2,80 pts /litro

2,20 pts /kilo

1,50 pts /kilo

5 pts /kilo

18 pts /kilo

1 pts /kilo

8 pts. /kilo

2,30 pts

1,10 pts /litro

1,70 pts /kilo

1 pta.

0,70 pts /kilo

5 pts /kilo

9 pts /kilo

2,60 pts /kilo

Esta comparación de precios nos demuestra lo anteriormente dicho: que el año 38 fue uno de los peores años para el abastecimiento en Madrid. Los casos de falsificación de documentos para conseguir los alimentos en los que era necesario receta médica (azúcar, leche principalmente) destinados a niños, enfermos, ancianos o embarazadas, si bien fueron constantes durante la guerra, a partir del año 38 se multiplicaron.

Con la necesidad sale a relucir la picaresca: la gente se hacía pasar por enferma, se inventaban familias inexistentes o se utilizaba el nombre de familias que ya no vivían en la ciudad, o bien porque habían muerto o porque habían sido evacuadas de Madrid hacia otros destinos.

Llegó a ser tal el problema de los abastecimientos y el racionamiento en Madrid, que a los madrileños ya no les importaba el transcurso de la guerra cuando miraban un periódico, tanto como sí venia alguna noticia acerca de reparto de comida. Llegó a ser tal la desesperación que muchos madrileños desearon la entrada de Franco en la ciudad si eso significaba el fin del hambre que estaban pasando.

En este sentido, Franco tenía la guerra ganada desde el principio ya que en la zona nacional estaban situadas las principales zonas agrícolas, mientras que en la zona republicana quedó situada la industria. Por lo que la zona franquista no tuvo carencias alimentarias y los precios se mantuvieron estables, dentro de lo que una guerra puede permitir.

Anuncios como los siguientes eran normales en la prensa madrileña: " Hoy habrá carne en abundancia" publicado en la prensa madrileña el 17 de septiembre de 1936. Además, añadía: "Damos la agradable noticia de que ayer se han sacrificado 350 vacas y unos 1000 corderos, que es, aproximadamente, la cantidad normal de consumo". Otro anuncio es el que aparece en mayo de 1938: " ¡Reparto de jamón!" , 50 gramos por persona a 1 peseta la ración, es decir, bastante asequible. Además dos días más tarde se verificó el reparto de carne congelada, a 100 gramos por persona y a 9 pesetas el kilogramo. Pero pese a estas puntuales buenas noticias el panorama no era muy esperanzador en los últimos meses de la guerra en los que en Madrid faltaba ya casi todo: gasolina, leña, papel e incluso llegó a haber una cartilla del fumador, a fin de racionar el tabaco que se repartía en toda la zona.

A principios del año 39 el problema del abastecimiento llegó a rayar en tragedia. En cifras el resultado fue el siguiente: los madrileños estaban recibiendo una media diaria de 800 a 900 calorías. Los niños madrileños estaban criándose con una alimentación totalmente insuficiente y los enfermos no tenían muchas veces las medicinas que necesitaban.

EL ATUENDO
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