Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1




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La figura del héroe en el Cantar de Mio Cid

Como se dijo, el héroe épico reúne en su figura las virtudes más apreciadas por la comunidad en la que surge el cantar de gesta. Encarna los deseos de la humanidad de superar su fragilidad y ampliar los límites de su experiencia vital. Sus hazañas son la prueba de lo que el hombre es capaz y esto es así porque el héroe épico no posee poderes sobrenaturales: sus facultades son las mismas que las de cualquier persona, sólo que las tiene en grado superlativo. Según la cualidad que predomine en él, el héroe resultará el más valiente, el más fuerte o el más astuto de los mortales.

En el mundo épico, no hay lugar para las ambigüedades: los buenos son claramente buenos y los malos son despreciablemente malos. También son extremadas las pasiones que mueven a los personajes: el villano de la historia sufre algún tipo de ofensa que lo mueve a cumplir una terrible venganza sobre el héroe o su clan que, a su vez, el héroe castigará de manera sangrienta. Esto es lo habitual en la épica germánica y, también, en la francesa y aun en la misma épica española (como en el Cantar de los siete infantes de Lara, por ejemplo). Pero en el Cantar de Mio Cid, esta particularidad aparece atenuada. No en vano se dice que el Cid es el último de los héroes épicos: su carácter tardío (el poema se compuso a principios del siglo XIII) ha influido en la condición heroica del personaje.
Un personaje virtuoso

El Cid aparece como un personaje virtuoso, caracterizado por la mesura (es decir, la prudencia y el buen sentido). No es un héroe épico definido por la ferocidad guerrera o la rebeldía, sino un personaje que enfrenta las desgracias y se lanza al combate con prudencia y sensatez: en eso reside su grandeza. El Cid asume con resignación las injusticias que sufre y evita responder de manera violenta y airada. Tanto es así, que la reparación de su honor mancillado por la terrible afrenta que recibe de los infantes de Carrión no se logra mediante una venganza sangrienta, sino mediante un proceso judicial expresamente solicitado por el Cid. También se manifiesta esa mesura del héroe en el hecho de que, pese al injusto destierro que sufre, no desea nunca enfrentarse con su rey y sigue respetando el vínculo de vasallaje (aunque la costumbre de la época le permitía romper el vasallaje y aun atacar las tierras del rey sin ser considerado un traidor).

Otros detalles que muestran esa sensatez primordial del héroe son su preocupación por el bienestar de los integrantes de su hueste y su generosidad con los vencidos.

Dos aspectos más ayudan a configurar ese perfil: su piedad religiosa y su amor por la familia. En el episodio de la entrada en Burgos camino del destierro, pese a la situación de desamparo y a la comprobación del desamor del rey, momento de mayor desgracia del héroe, mantiene su fe religiosa y acude a la iglesia de Santa María para rezar antes de la partida. Si se añaden a esto los numerosos lugares en que el héroe invoca a Dios, a la Virgen y a los santos, en demanda de ayuda o como agradecimiento, se hace evidente su religiosidad.
Entre la familia y el deber.
En cuanto al amor familiar del Cid, queda de relieve en tres aspectos que basta con mencionar: lo dramático de la despedida entre el héroe y su familia cuando parte al destierro, la alegría del reencuentro en Valencia, en la escena en que muestra orgulloso sus ricas conquistas a su mujer y a sus hijas, que miran asombradas la grandeza de lso dominios del Cid, y por último, el hecho de que la peor desonra recibida, sea la que le causan a través de la afrenta a sus hijas.

Esto no anula la faceta de guerrero valeroso e inteligente, que, como héroe épico, el cid debe mostrar. Esa faceta brilla especialmente cuando vence a los reyes moros Fariz y Galbe, y cuando personalmente mata al rey Bucar con un golpe extraordinario.

Finalmente, la superioridad de su figura y la dimensión mítica que alcanza se hacen muy evidentes en el episodio del león. Mientras que los infantes de Carrión huyen aterrorizados (uno se arroja en un lagar, y el otro se esconde bajo el escaño donde duerme el Cid) y los hombres del Cid rodean el escaño enrollando sus mantos en el brazo izquierdo a modo de escudo para defenderse y defender a su señor del león suelto, el Cid se levanta con toda calma, y, sin tomar ninguna precaución,. Enfrenta a la fiera. El león se humilla ante el Cid y se deja conducir mansamente de regreso a la red- no existían entonces jaulas con barrotes de hierro-: este hecho extraordinario marca el agudo contraste entre la bajeza de los villanos y la estatura superior del héroe, ante quien hasta la naturaleza se rinde.

El héroe y sus compañeros.
La figura del Cid, queda nítidamente delineada como un compendio de valor y habilidad guerrera junto con mesura, prudencia y sensatez. Definiendo así el héroe épico, la trama del Cantar del Mio Cid, se traza como un doble proceso de pérdida y recuperación de la honra por parte del héroe, que vence ambas pruebas y alcanza la cumbre de toda buena fortuna.

Al lado del protagonista, se encuentran otros personajes secundarios que también poseen rasgos de heroicidad. Está en primer lugar, Minaya Alvar Fañez, sobrino del Cid y su principal lugarteniente, que se destaca por su fidelidad, su valentía y su buen consejo. Otro de sus sobrinos, que se encuentra en un escalón inferior, es Pedro Bermúdez, guerrero temerario e inquieto, por su misma impaciencia y ansiedad, llega a lanzarse a la batalla sin esperar la orden del Cid, arrastrando tras de sí, toda la hueste castellana; pero también, en otros momentos de la historia, demuestra su corazón noble y una lealtad incondicional a su tío y señor.

Por último, en el poema, se observan dos recursos fundamentales de la composición oral: la fórmula y los epítetos. Estas especies de clichés expresivos sirven de comodines para ir armando los versos mientras se está recitando. El epíteto épico se aplica sistemáticamente para caracterizar a un personaje, por lo que viene a ser el equivalente de la fórmula aplicada a personas. Lo más frecuentes son las referidas al Cid: el campeador, el que en buena hora ciñó espada, el que en buena hora nació. Pero también otros personajes aparecen señalados con etiquetas: Alvar Fañez, mi diestro brazo; Jimena, mujer honrada; y aún puede serlo una ciudad, como Valencia, la mayor.



Actividades:


  1. ¿Por qué nadie se atreve a recibir al Cid cuando entra en Burgos? ¿Creen que la gente de la ciudad lo aprecia, o no? Justifiquen.

  2. ¿Qué cualidades demuestra tener el personaje en la batalla? Ejemplifiquen con citas textuales.

  3. Subrayen en el texto los epítetos referidos al Cid.

  4. ¿Qué cualidades del Cid se ponen de manifiesto en el episodio del León? Comparen la actitud del héroe con la de los infantes de Carrión. ¿Por qué se dice que los infantes “quedaron muy ofendidos”?

  5. Determina el motivo del ultraje que los infantes llevan a cabo con las hijas del Cid ¿Qué aspectos de su forma de ser quedan al descubierto en el robledo de Corpes?

  6. Identifica en los fragmentos anteriores lo siguiente:

  1. Su deseo de no enfrentarse con su rey y seguir respetando el vínculo de vasallaje;

  2. Su preocupación por el bienestar de los integrantes de su hueste.

  1. Citen ejemplos que demuestren que el Cid es un guerrero valeroso e inteligente.

  2. Menciona a los personajes secundarios que acompañan al Cid y que manifiestan rasgos de heroicidad.


Con la ayuda de los doce pares de Francia, el rey Carlomagno conquista, en el siglo VIII la mayor parte de España para la fe católica. Solo ha logrado resistir sus embates el rey Marsil, en Zaragoza, quien decide ganarse la confianza de Carlomagno para luego traicionarlo.

Como el valor de los doce pares -sobre todo el de Roldán, sobrino de Carlomagno- infunde un heroísmo en los francos que los hace invencibles, Marsil urde un plan para matarlos y amedrentar a las tropas.

Para cumplir su propósito, Marsil soborna a Canelón, uno de los hombres de confianza del rey, que envidia la gloria de Roldán al punto de desear su muerte.

En consecuencia, aquel brinda a Marsil la estrategia para asesinado: emboscar a los doce pares en Roncesvalles, la posición más vulnerable al cruzar los Pirineos, y atacarlos con tropas numerosas reiteradamente hasta vencerlos.

A su regreso, Canelón persuade a Carlomagno para que confíe en Marsil. Como Roldán descree de sus buenas intenciones, lo desafía a que sea él quien proteja la retaguardia. El sobrino del rey acepta y Carlomagno no tiene más remedio que consentir tan temerario deseo. Así los doce pares con veinte mil soldados ocupan, camino a Francia, la posición más riesgosa del ejército.



LXXXI

Oliveros ha trepado a una alta cumbre. Desde allí se ve claramente el reino de España y la gran turba de los sarracenos, que se apiñan. [ ... ] Son tantos, que nadie podría hallar su número. A despecho suyo, le sobrecoge gran espanto. Lo más de prisa que le es dado, desciende de la altura y se acerca a los franceses para darles la noticia.
LXXXIII

-Los infieles son innumerables, y nuestros franceses muy escasos. Roldán, mi compañero, haced sonar vuestro cuerno. Carlos lo oirá y retornará con las tropas -aconseja Oliveros.

-Sería obrar como un loco -responde Roldán-. Perdería mi renombre en la dulce Francia. (…)
LXXXVIII

Al ver Roldán que el combate es inminente, se torna más bravo que el leopardo o el león. E interpela a sus francos y a Oliveros:

- [ ... ] El emperador que nos dejó sus francos ha escogido estos veinte mil, bien cierto de que no ha entre ellos cobarde alguno. Por su señor deben soportar grandes aflicciones, sufrir intensos fríos y calores sofocantes, perder la sangre y la piel. Golpead con vuestras lanzas y yo con Durandarte, mi buena espada que el rey me ha donado. Si yo perezco, podrá decir el que la tenga:

-Esta fue la espada de un noble vasallo.
XCI

Llega Roldán a los puertos de España, montado en Vigilante, su ligero corcel. Se endosó la armadura, que le sienta muy bien, y avanza, gallardo, blandiendo su lanza.

[ ... ] Bravo es su porte, su rostro, claro y risueño. Junto a él va su compañero, y los francos lo aclaman por su escudo. [ ... ]
CX

La batalla es asombrosa y abrumadora. [ ... ] Mueren por centenas y por miles los infieles. El que no huye, no escapa de la muerte. Los franceses pierden allí sus mejores sostenes. Nunca verán a sus padres y a sus parientes, ni a Carlomagno, el poderoso emperador, que les aguarda en los puertos. [ ... ]
CXI

Los francos han luchado con vigor y gran ánimo. Caen los infieles por miles y en tumulto. De los cien mil, apenas dos nan logrado salvarse. El arzobispo, uno 'de los pares, dice:

-¡Bien se portan los nuestros! ¡Ningún rey tuvo mejor ejército bajo el sol!
[ ... ] Mientras, avanza contra ellos, con sus huestes numerosas, el rey Marsil.
CXXXIV

El conde Roldán, con gran esfuerzo y congoja, muy dolorido, tañe por fin su olifante. Brota la clara sangre por su boca. Tiene rota una sien. El sonido del cuerno se derrama a lo lejos. Carlos lo escucha al desfilar por los puertos [ ... ]
CXXXVIII

Altos son los montes, sombrías las cañadas profundas, y raudos los torrentes. Por doquiera suenan los clarines, y todos a un tiempo responden al tañido del olifante. [ ... ] y ruegan a Dios que preserve a Roldán hasta que lleguen al campo de batalla todos juntos. Entones, cerca de él, lucharán con denuedo.

Pero han tardado mucho. Ya no pueden llegar a tiempo.
CXLII

Como se sabe que allí no habrá cuartel, se lucha muy rudamente en tal batalla. Por eso los francos crecen en arrojo, como leones. Y he aquí que viene contra ellos Marsil, con gran traza de barón. Monta en un caballo que él llama Gañún. Le espolea y acomete. [ ... ] El conde Roldán está muy cerca y dice al infiel: -¡Dios te maldiga! ¡Has matado villanamente a mis compañeros! Lo pagarás, antes de separernos, y te haré parender el nombre de mi espada.

Gentilmente le acomete y le parte la muñeca derecha. [ ... ]

Y cien mil infieles se escapan. Llámeles quien fuere, ellos ya no han de volver.
CXLIII

Mas esto, ¿de qué sirve? Si huyó Marsil, ha quedado su tío Marganice, que domina en Cartago y en Etiopía, una tierra maldita. Tiene bajo su mando africanos. Se juntan de ellos más de cincuenta mil. Cabalgan intrépidos y fieros, y gritan la contraseña infiel.

-Vamos a ser todos mártires -dice entonces Roldán-. Sé muy bien que ya es acabada nuestra vida. ¡Pero malhaya aquel que no se venda caro! [ ... ] Cuando venga a este campo Carlos, mi señor, podrá ver qué escarmiento hicimos en los moros. Por uno de los nuestros hallará quince de ellos muertos, y no dejará, en verdad, de bendecirnos.
El cantar de Roldán. (Versión de Benjamín Jarnes). Madrid, Alianza Editorial, 1983. Fragmento




Actividades:
El cantar de Roldán

  1. Respondé en tu carpeta.

  1. ¿Qué atributos comparten Roldán y Oliveros? ¿En qué radica su diferencia?

  2. ¿Con qué elementos materiales cuenta Roldán para vencer a sus enemigos? e) ¿Cuál es el bien que Roldán teme perder más que su vida?

  3. ¿Qué opina Oliveros al respecto?




  1. Colocá V (verdadero) o F (falso). según corresponda. Justificá las opciones elegidas basándote en los hechos del cantar.


Ante la inminente derrota. Roldán cambia de opinión y finalmente, toca el olifante porque quiere...


  • Salvar su vida y la de Oliveros

  • Torcer el rumbo de la batalla con los refuerzos de Carlomagno.

  • Que Carlomagno compruebe la traición de Ganelón y vengue sus muertes.

  • Que Carlomagno compruebe el heroísmo con que lucharon pese a la derrota.

  • Advertir a Carlomagno que los sarracenos iban tras él para asesinarlo.




  1. Ubica en un mapa las zonas de España en las que transcurren los hechos de cada cantar.

  2. En ambos cantares los caballeros tienen un enemigo en común: los moros o sarracenos. En pocas líneas, mencioná cómo se los caracteriza.

  3. Explica en qué se asemeja y en qué se diferencia la relación que le Cid establece con Minaya y la que Roldán mantiene con Olivero.

  4. Compará a estos héroes épicos y completá el siguiente cuadro.







El Cid Campeador

El caballero Roldán.

Edad aproximada






Temperamento






Rango social.






Habilidades por las que trasciende su nombre.







Trato hacia sus pares y subalternos







Peligros que enfrenta.









  1. Explicá por qué el Cid y Roldán, pese a sus diferencias de edad y temperamento, reúnen las características del vasallo ejemplar.

  2. Incluyendo a modo de ejemplo citas de los textos leídos, realiza en tu carpeta un listado de las obligaciones que el buen vasallo tenía con su rey.

  3. Transcribí un fragmento de “El cantar de Roldán” que muestre el carácter religioso del hombre medieval.


Los romances.

Los romances, series indefinidas de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, son poemas que los juglares y trovadores transmitían declamando, cantando o intercalando canto y declamación. A partir del siglo XV, comenzaron a recopilarse en colecciones nominadas romanceros.

Los llamados romances viejos se remontan a los siglos XIV y XV son anónimos y narran episodios destacados de la vida de personajes históricos, aunque también los hay de tema amoroso.
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