Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1




descargar 9.15 Mb.
títuloAula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1
página24/47
fecha de publicación03.12.2015
tamaño9.15 Mb.
tipoAula
med.se-todo.com > Literatura > Aula
1   ...   20   21   22   23   24   25   26   27   ...   47
Parte

~I~

Que trata de cómo un hidalgo pobre llegó a ser don Quijote de la Mancha

En algún lugar de la Mancha.' de cuyo nombre no quiero acordarme," vivía, hace ya algún tiempo, un hidalgo! pobre, huesudo y flaco, que compartía su casa con su sobrina y una criada. Este hidalgo se llamaba Quijada; o, a lo mejor, Quesada; o, más bien, Quejana, y se pasaba la mayor parte del tiempo leyendo libros de caballerías, en los que se contaban las aventuras de los caballeros andantes. Tenía dos amigos: el cura y el barbero del pueblo, con los que discutía sobre cuál de todos aquellos caballeros que aparecían en los libros" era el más valiente. Pero, desde lejos, el que más leía estas historias era nuestro hidalgo. Tanto leyó que pronto se le llenó la cabeza de encantamientos, de batallas, de amores y de disparates y así, llegó a creer que todas aquellas invenciones que estaban en los libros eran verdad, hasta el punto de volverse loco.

Y cuando estuvo totalmente loco, pensó que él mismo debía ser armado caballero para salir por el mundo a buscar aventuras peligrosas que lo hicieran muy famoso."

Entonces sacó de un baúl las armas que habían sido de su bisabuelo, las reparó y las limpió; fue a buscar a su caballo, que estaba casi tan flaco y tan huesudo como él, y pensó en un nombre que resultara apropiado para el compañero de un caballero. Finalmente, tras mucho pensar, lo llamó Rocinante. Luego buscó cómo llamarse a sí mismo; al cabo de ocho días, decidió llamarse don Quijote; nombre al que le agregó el de su lugar de origen -como solían hacer los caballeros-, con lo que dio en llamarse don Quijote de la Mancha.

Ahora, solo le faltaba buscar una dama de quien enamorarse, porque le parecía que un caballero andante sin amores era como un árbol sin hojas y sin frutos. Finalmente, se decidió por una campesina que vivía en un lugar cercano, de quien había estado enamorado hacía algún tiempo y que nunca había llegado a enterarse de su amor. La campesina se llamaba Aldonza Lorenzo, pero él la llamó Dulcinea del Toboso, porque le sonaba como un nombre más parecido al de una princesa.
~II~

Donde se cuenta la manera en que don Quijote fue armado caballero

Una madrugada, don Quijote salió de su casa con todas sus armas y, sin que nadie lo viera, se montó en Rocinante y salió al campo. Anduvo todo el día hasta que, al anochecer, descubrió una posada y creyó que era un castillo. Cuando llegó, el posadero lo hizo pasar y le sirvió la cena ayudado por dos chicas. Le trajeron un bacalao mal cocido y un pan mugriento, pero a don Quijote le pareció que la comida era un manjar y que el posadero era el señor del castillo. Una vez terminada la cena, le pidió al dueño del lugar que al día siguiente lo armara caballero. El posadero se dio cuenta de que don Quijote estaba loco y, para divertirse, decidió seguirle el juego. Entonces le dijo:

-Yo mismo, cuando era joven, fui caballero y sé muy bien lo que es andar por el mundo buscando aventuras. Desde hace algún tiempo, me instalé en este castillo y doy hospedaje a todos los caballeros que andan por los caminos. Otra cosa, ¿usted trae dinero?

-De ninguna manera -dijo don Quijote-. Nunca leí que un caballero andante llevara dinero.

-claro que los caballeros andantes llevan dinero. Lo que pasa es que los escritores no escriben esas cosas en los libros, pero de todas maneras, además de dinero, los caballeros llevan camisas y ungüento para curarse las heridas después de una batalla. También llevan un escudero que los acompaña a todos lados y que se encarga de transportar las cosas.

Luego de escuchar los sabios consejos del hombre, don Quijote llevó las armas al patio y las puso dentro de una pileta que había allí, para cuidarlas hasta que le llegara la hora de ser armado caballero. Al rato llegó un arriero y, para poder darle de beber a su mula, sacó las armas de don Quijote del lugar en donde estaban. Este último se puso furioso, agarró su lanza y le dio un golpe tan fuerte al arriero en la cabeza que lo tiró al piso. Había vuelto a poner las armas en la pileta, cuando llegó otro arriero que también quería darle agua a su mula. Al acercarse este último y tomar las armas de don Quijote para sacarlas, nuestro hidalgo lo atacó con toda su furia gritando que todos eran unos traidores. Al ver lo que pasaba, la gente de la posada comenzó a arrojarle piedras. Tanto los insultó don Quijote que la gente se asustó y dejó de hacerla. Al ver esta situación, el posadero se acercó a él y, antes de que se produjera otro desastre, le dijo que ya era el momento de armarlo caballero, porque había velado sus armas por más de dos horas. Allí nomás, trajo un libro en el que hacía las cuentas de la posada, una vela, y llamó a las dos chicas. Le ordenó a don Quijote que se arrodillara, abrió el libro de cuentas y, leyendo como si rezara, alzó la mano y le dio un buen golpe con la espada en el cuello.

Terminada la ceremonia, le trajeron su caballo. Las chicas le ciñeron la espada, le pusieron las espuelas, y don Quijote se apuró por montar a Rocinante y para salir en busca de aventuras, no sin antes haberse despedido del posadero agradeciéndole muchísimo que lo hubiera armado caballero. Tanto deseaba el hombre que se fuera de una buena vez que ni siquiera le pidió que pagara la cuenta.
~III~

De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la posada

Don Quijote salió de la posada tan contento de haber sido armado caballero que la alegría le reventaba las cinchas del caballo. Había decidido seguir los consejos del posadero y volver a su casa para buscar dinero y camisas blancas, antes de largarse por los caminos en busca de aventuras. Y, además, debía conseguir un buen escudero.

Al rato de andar, se cruzó con un grupo de comerciantes y, en cuanto los tuvo cerca, se puso en el medio del camino y alzó la voz:

-¡Deténganse! No los dejaré pasar hasta que no confiesen que la emperatriz Dulcinea del Toboso es la más hermosa de todas las doncellas.

Al ver su locura, el comerciante más pícaro le contestó: -Señor, nosotros no conocemos a la tal doncella, pero si usted nos muestra su retrato, diremos que es la más hermosa, aunque esta señora sea tuerta o tenga un ojo supurante.

-¡Dulcinea no es ni tuerta ni le supura ningún ojo, canalla! -gritó don Quijote muy enojado y arremetió con la lanza contra el mercader que había dicho semejante cosa de su amada. Tuvo mala suerte, porque Rocinante tropezó, y los dos, amo y caballo, rodaron por el suelo. Los mercaderes aprovecharon que don Quijote estaba tirado y lo patearon en las costillas hasta cansarse y luego se fueron.

Así lo dejaron a don Quijote, muy lastimado. Pero nuestro caballero no se quejaba, sino por el contrario, estaba contento: le había sucedido una desgracia propia de los caballeros andantes y, además, el error no lo había cometido él, sino su caballo.

Al rato pasó un vecino que lo reconoció y, al verlo en ese estado calamitoso, lo acomodó en su mula, ató las armas sobre Rocinante y lo condujo al pueblo.

Mientras tanto, en la casa, la sobrina, la criada, el cura y el barbero conversaban muy preocupados, porque hacía tres días que no sabían nada del caballero.

En eso sintieron ruido en la puerta; era el hombre que traía sobre la mula a don Quijote maltrecho. Los de la casa salieron a recibirlo, lo ayudaron a bajar del animal y lo acostaron sobre la cama. Don Quijote les decía que venía de luchar contra diez gigantes, con tanta mala suerte que se había caído de su caballo. Al escuchar semejantes disparates, el cura se convenció de que debían quemar todos los libros que lo habían vuelto loco.

Al día siguiente, el cura y el barbero fueron a lo de don Quijote y, junto con la criada y con la sobrina, entraron en la habitación en donde estaban los libros. Desde allí, los arrojaron por la ventana que daba al patio para quemarlos.
~IV~

De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha

Mientras estaban en esa tarea, don Quijote se puso a gritar, y entonces todos fueron a ver qué le pasaba. Allí estaba nuestro hidalgo, dando cuchilladas por todas partes. Lo metieron de nuevo en la cama y le ordenaron que guardara reposo. Esa misma noche, la criada fue al patio y quemó todos los libros. También mandaron a tapiar la habitación en donde habían estado la biblioteca. Cuando don Quijote se levantó, quiso entrar allí pero no encontró la puerta. La criada y la sobrina le dijeron que un encantador había venido, envuelto en una nube, y se había llevado los libros, con habitación y todo.

Durante quince días, el caballero se quedó tranquilo.

Aprovechó ese tiempo para convencer a un vecino de que lo acompañara en sus aventuras cumpliendo el rol de escudero; para convencerlo, le prometió que el día en que ganara una isla en alguna aventura, lo nombraría su gobernador. Sancho Panza -así se llamaba el vecino- se entusiasmó con la promesa; decidió dejar a su mujer y a sus hijos y seguir a don Quijote.

Don Quijote consiguió un poco de dinero, reparó sus armas maltrechas y avisó a Sancho el día y la hora en que se pondrían en camino. Una noche, sin despedirse de sus familias, salieron sin que nadie los viera. El caballero' montado en Rocinante, y Sancho, en su burro, anduvieron por el camino hasta asegurarse de que ya no los encontrarían.
~ V~

Que trata de la jamás imaginada aventura de los molinos de viento

En eso, por el camino descubrieron a lo lejos treinta o cuarenta molinos de viento.

-Aquí tenemos una aventura, Sancho -dijo don Quijote-. ¿Ves aquellos gigantes? Voy a luchar contra ellos y los voy a matar para que no ataquen a nadie.

-¿Qué gigantes? -preguntó Sancho.

-Aquellos que se ven allí, esos de los brazos largos.

-Señor, esos no son gigantes sino molinos de viento, y lo que usted llama brazos son las aspas.

-Ah, se ve que no sabes nada de aventuras. Si tienes miedo, quítate de mi paso.

Don Quijote espoleó a Rocinante para que lo llevara más rápido. Su escudero iba a los gritos para que frenara, pero era inútil. Cuando don Quijote llegó a donde estaban los molinos, se levantó un poco de viento y las aspas comenzaron a moverse. Don Quijote se encomendó a su Dulcinea y luego arremetió, con la lanza en alto, embistiendo al molino que tenía delante. Las aspas dieron la vuelta, movidas por el viento, e hicieron trizas la lanza de don Quijote. Caballo y caballero quedaron rodando por el campo. Sancho acudió a socorrerlo lo más rápido que lo pudo llevar su burro. Allí estaba de nuevo, don Quijote maltrecho, convencido de que el mismo encantador que se había llevado la habitación con los libros, ahora había convertido a los gigantes en molinos.

Sancho lo ayudó a levantarse y a subirse sobre Rocinante; tomaron el camino principal porque, según don Quijote, por allí pasaba mucha gente y podrían encontrar más aventuras.
~VI~

De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la posada que él imaginaba ser castillo

Después de andar un buen rato, descubrieron una posada que don Quijote creyó que era un castillo y, aunque Sancho le dijera que no lo era, él insistía, y la discusión no tuvo fin hasta que llegaron al lugar. El posadero le preguntó a Sancho qué le había pasado a su amo que venía medio maltrecho. Sancho le dijo que no había sucedido nada de importancia. La mujer y la hija del posadero ayudaron a don Quijote y le curaron las heridas.

En la posada también trabajaba una mujer asturiana, llamada Maritornes. La joven era ancha de cara, no tenía cogote, su nariz chata, era tuerta, petisa y medio encorvada, pero a don Quijote le pareció que era la hija del señor del castillo y que se había enamorado de él. Ella fue la encargada de hacer las camas para los nuevos huéspedes, en una habitación en donde también dormía un arriero. Mientras hacía su tarea, don Quijote le explicaba lo que era ser un caballero andante. Ya se había hecho tarde y todos se habían ido a dormir, cuando el caballero la tomó de una muñeca, la sentó a su lado y le dijo que no podía corresponder a su amor, porque estaba comprometido con Dulcinea del Toboso. Maritornes intentaba deshacerse de don Quijote; el arriero, que estaba durmiendo muy cerca, escuchó los forcejeos de la joven y, al ver que don Quijote no. la dejaba ir, se levantó y le encajó un puñetazo en la cara, tan fuerte que le bañó la boca en sangre. Después se subió encima de sus costillas y la cama se vino abajo. El ruido fue escuchado por el posadero que se acercó a los gritos. Al oír a su amo, Maritornes se apuró por meterse en la cama de Sancho que, al sentir aquel peso encima de él, pensó que era una pesadilla y se puso a dar puñetazos. Maritornes también comenzó a pegarle a Sancho. El arriero acudió a ayudar a la dama, y el posadero, cuando vio a su criada en el medio de la lucha, también se acercó para castigarla. Así que el arriero le daba a Sancho, Sancho a la chica, la chica a él y el posadero a la chica, hasta que se apagó la vela que había traído el posadero y todos se dieron contra todos.

A la mañana siguiente, después de esa noche tan agitada, don Quijote hizo una mezcla con aceite, vino, sal y romero: un supuesto bálsamo" que curaba los malestares y las heridas. Luego de haberlo tomado y de haber vomitado, el caballero y su escudero se prepararon para seguir camino. Don Quijote ensilló su caballo y se acercó al posadero para agradecerle las atenciones que habían recibido en el castillo. El posadero le dijo que aquello no era un castillo, sino una posada y que debía pagar la cuenta. Don Quijote quedó muy asombrado de lo que el hombre le decía; no le pareció justo que le cobraran a un caballero andante y se retiró del lugar. Entonces el posadero se dirigió a Sancho para que le pagara, pero el escudero también se negó.

En esta ocasión, Sancho tuvo mala suerte, porque en la posada se encontraban varios hombres a los que les gustaba hacer bromas y que, al ver la escena, se le acercaron y lo bajaron del burro; lo subieron sobre una manta y comenzaron a levantarlo en alto mientras gritaba a más no poder.

Los gritos llegaron a oídos de su amo, quien volvió a buscarlo. Y, de no haber estado tan enojado, se hubiera reído de verlo volar tan alto; pero como sí lo estaba, comenzó con los insultos. Los hombres siguieron haciéndolo volar hasta que se cansaron y, en cuanto lo dejaron, Maritornes le llevó una jarra con agua, pero Sancho le pidió vino. Luego de beber, salió de allí muy contento por no haber pagado. En realidad, habían pagado sus espaldas y sus alforjas.>" ya que el posadero se había quedado con ellas, aunque Sancho todavía no se había dado cuenta debido al el mareo que tenía.

~VII~

De lo que le sucedió al famoso don Quijote en Sierra Morena

Caballero y escudero siguieron andando por el camino, hasta que un día se encontraron con cuatro guardias que custodiaban a unos presos. -¡Alto! -dijo Don Quijote apenas los vio-o Esta gente no está aquí por su propia voluntad, sino que marchan obligados, por lo tanto, deben darles la libertad. Como los guardias se burlaron de don Quijote, el caballero sacó su lanza y comenzó a pelear; ocasión que aprovechó uno de los presos, el famoso ladrón llamado Ginés de Pasamonte para robar una escopeta y para apuntar a los guardias. Éstos salieron corriendo, y así los presos quedaron liberados. Entonces. Ginés, que era muy pícaro, guiñó un ojo al resto de los delincuentes y todos comenzaron a arrojarles piedras a don Quijote y a Sancho. No conformes con eso, antes de escapar, les robaron sus pertenencias. Y allí quedaron:

Sancho, medio desnudo, y don Quijote, muy triste.

Más tarde, el caballero montó a Rocinante, arrepentido de haber liberado a los presos, y Sancho lo hizo entrar en Sierra Morena, una montaña boscosa, para esconderse en el caso de que la justicia los buscara. Cuando estaban en el bosque, vieron pasar corriendo a un muchacho muy desgreñado y lo siguieron. Finalmente lo alcanzaron, y entonces el muchacho, algo sorprendido por la figura extraña de don Quijote, decidió conversar con ellos y les contó su historia:

-Mi nombre es Cardenio. Estaba muy enamorado de Luscinda y ella también me quería. Pero el duque Fernando, para quien yo trabajaba y con quien nos habíamos hecho muy amigos, me la robó. Antes de conocerla a Luscinda, Fernando había estado enamorado de una campesina llamada Dorotea, pero como era un Duque, sus padres no lo habían dejado casarse con ella. Entonces, cuando le presenté a Luscinda, aprovechando que yo había tenido que hacer un viaje, Fernando la pidió en matrimonio a sus padres, cosa que aceptaron enseguida porque él era muy rico. En ese momento, Luscinda me mandó un mensaje contándome todo. Llegué justo el día de la boda; entré medio escondido para ver la ceremonia y esperé que Luscinda hiciera algo, pero no lo hizo. Al final de la boda, se desmayó justo en el momento en que yo salía del lugar para internarme en esta sierra.

Cuando terminó de hablar, Cardenio salió corriendo. Al seguirlo, Don Quijote y Sancho entraron cada vez más en la montaña. Sancho comenzó a protestar porque quería volver, y entonces don Quijote le encomendó una misión:

-Ve hasta el pueblo de Dulcinea a llevarle una carta que ahora escribiré. Yo me quedaré haciendo penitencia" aquí, como acostumbran hacer los caballeros, mientras espero su respuesta. En doce años que la conozco, solo la vi cuatro veces y ella nunca me miró, porque su padre Lorenzo Corchuelo la tiene encerrada.

-¿La hija de Lorenzo Corchuelo es Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo?

-Esa es -afirmó don Quijote.

-La conozco muy bien -dijo Sancho-, tiene más fuerza que un muchacho. ¡Y yo que pensé que Dulcinea era una princesa! Pero dé me usted la carta, que me voy. Don Quijote comenzó a escribirla y, al terminarla, se la leyó en voz alta a Sancho para que la aprendiera de memoria por si se le perdía. Sancho se montó en Rocinante para ir y volver más rápido.

~VIII~

Que trata del encuentro que tuvo Sancho y de la idea que tuvieron el cura y el barbero

Mientras don Quijote escribía el nombre de Dulcinea en la corteza de los árboles, Sancho buscaba el camino que lo llevara al Toboso. En eso pasó por la puerta de la posada en donde lo habían manteado y no quiso entrar; justo en ese momento, salían de allí el cura y el barbero. Apenas vieron a Sancho, se dijeron el uno al otro:

-Dígame, ¿aquél no es Sancho Panza, el que dijo la criada que se había ido con su señor como escudero? -Sí, es; y aquel es el caballo de don Quijote.

Entonces le preguntaron a Sancho por su amo, pero este les dijo que estaba ocupado en "cierta" parte y en "cierta" cosa de mucha importancia.

-Si no nos dices dónde está -dijo el barbero-, nos vamos a imaginar que lo has matado para robarle, porque vienes en su caballo.

-Yo no he matado a nadie. Mi amo quedó en la montaña porque quiso. Llevo una carta para su enamorada Dulcinea, .que no es otra que la hija de Lorenzo Corchuelo. El cura y el barbero quisieron ver la carta, pero Sancho se dio cuenta de que se la había olvidado. Entonces intentó decirla de memoria para que el cura la transcribiera, pero se equivocaba todo el tiempo.

De pronto, al cura se le ocurrió una idea para hacerla volver a don Quijote: uno de ellos se disfrazaría de dama y el otro de su escudero, e irían a donde estaba para pedirle que la liberara de un gigante. Para eso, don Quijote tendría que acompañar a la dama hasta donde ella lo llevase, que sería hasta su propia casa, y allí encontrarían algún remedio que lo curara de su locura. Al barbero le gustó la idea. La posadera los ayudó a buscar disfraces, y al rato salieron de la posada con la intención de ponérselos en el camino. Sancho los conducía mientras les contaba la historia de Cardenio, y los otros le daban indicaciones: Sancho debía decirle a don Quijote que había ido hasta la casa de Dulcinea, y que ella lo esperaba con los brazos abiertos.

Cuando llegaron al arroyo, el escudero les dijo que se disfrazaran y luego siguió camino; los otros dos quedaron a la espera de que Sancho trajera a don Quijote. En eso, escucharon a alguien que cantaba y que luego se ponía a llorar. Fueron a ver quién era y se encontraron con un muchacho que, por lo que había dicho Sancho, dedujeron que era Cardenio, Se pusieron a conversar; el cura iba a decirle unas palabras de consuelo, pero lo frenó otra voz que llegó a sus oídos. Alguien más se lamentaba.
~IX~

Sobre la nueva y agradable aventura que les sucedió al cura y al barbero en la sierra

Se levantaron y fueron a ver quién era el dueño de la voz y, detrás de una piedra, descubrieron a un muchacho que se estaba lavando los pies en el arroyo. Cuando el muchacho se quitó el sombrero, se soltaron unos cabellos muy largos y brillosos. Entonces se dieron cuenta de que el muchacho era, en realidad, una muchacha disfrazada, y salieron de su escondite para preguntarle quién era. Del susto, la muchacha salió corriendo, pero se tropezó.
-Deténgase, señora, que queremos ayudarla si lo necesita. Además, queremos saber por qué se viste de varón si es mujer.

Como vio que eran amables, la chica dejó de llorar y empezó a contar la historia de su vida:

-En Andalucía, mis padres trabajan y viven en el campo de un Duque que tiene dos hijos. Un día, me vio Fernando, el hijo menor del duque.

En cuanto escuchó el nombre de Fernando, Cardenio empezó a transpirar, pero se quedó quieto para seguir escuchando a la chica.

-Según lo que dijo, Fernando se enamoró de mí apenas me vio, pero mis padres me decían que como él era un Duque, y mucho más rico que nosotros, nunca me iba a pedir en matrimonio. Pero una noche, se apareció en mi casa y me preguntó si quería casarme con él, aunque no volvió nunca más. Pocos días después, me contaron que se había casado con Luscinda, una chica muy hermosa de una ciudad vecina.

Cuando Cardenio escuchó el nombre de Luscinda, se puso a llorar, pero la muchacha siguió con su historia:

-Como esa noticia me dio mucha rabia, me fui hasta esa ciudad para tratar de encontrar a Fernando y para que me diera una explicación. En cuanto llegué y pregunté por la casa de Luscinda, la gente me contó lo que había pasado el día de la boda: apenas se había casado, Luscinda se desmayó; cuando le aflojaron el vestido para que tomara aire, encontraron un papel escrito con su letra que decía que no se podía casar, porque ya se había casado con Cardenio. Fernando se puso furioso y se fue; Luscinda les contó a los padres sobre Cardenio. También supe que Cardenio se hallaba en la boda y que salió de la ciudad desesperado, no sin antes dejar una carta en la que decía que se iba a un lugar en donde nadie lo pudiera encontrar. En cuanto pasaron unos días, también Luscinda desapareció.

Yo me propuse buscar a Fernando, ya que no se había casado, pero cuando escuché que se daría un premio a quien me encontrara, me escondí el cabello para parecer un varón y me metí en este bosque con la esperanza de que nadie me hallara.
~x~

Que trata de la hermosa Dorotea, y de cómo sacaron a don Quijote de la penitencia

La muchacha se calló; Cardenio se acercó y le preguntó si era la hermosa Dorotea.

-¿Quién es usted? ¿Cómo es que sabe mi nombre?

-le preguntó Dorotea, asombrada.

-Yo soy el desdichado Cardenio, a quien Luscinda llamó su esposo, y no la vay a dejar hasta que encontremos a Fernando y repare lo que ha hecho.

Dorotea estaba admirada. El cura les aconsejó que fueran con ellos a su aldea, que allí verían cómo buscar a Fernando o cómo llevar a Dorotea con sus padres, y ellos aceptaron. En eso llegó Sancho y dijo que don Quijote se encontraba flaco, amarillo y muerto de hambre, suspirando por Dulcinea, y que lo mejor sería que fueran todos para allá para ver cómo lo sacaban. El cura, entonces, contó lo que había planeado para hacer volver a don Quijote a su aldea. Dorotea se ofreció a hacerse pasar por princesa -aclaró que ella había leído muchos libros de caballería, así que lo haría muy bien-«, y Sancho, embelesado por su belleza, preguntó al cura quién era ella.

-Esta hermosa señora -respondió el cura-, es la princesa Micomicona, heredera del trono del reino Micomicón,» y viene a pedirle a don Quijote, que se ha hecho muy famoso, que deshaga un agravio que le ha hecho un gigante.

Dorotea se acomodó en la mula; el barbero se puso una cola de buey como barba y le pidió a Sancho que los condujera hasta donde estaba don Quijote. El cura y Carde ni o se quedaron esperando. En cuanto encontraron al caballero, Dorotea se bajó de la mula, se puso de rodillas delante de don Quijote y le pidió ayuda:

-Deberá matar a un gigante -aclaró Sancho-o Se lo pide la princesa Micomicona, que es a quien tiene allí delante, y quien viene del reino Micomicón.

Cuando don Quijote le prometió que la ayudaría, ella le rogó que la acompañara hasta su reino y que no se distrajera en ninguna otra aventura hasta no terminar con el traidor que le había usurpado el trono. Don Quijote quiso poner manos a la obra de inmediato, así que se pusieron en camino. En el arroyo, se encontraron con el cura y con Cardenio, y todos siguieron la marcha, mientras don Quijote le pedía a Dorotea que le contara bien de qué se trataba la cosa.

-Cuando mis padres murieron -dijo Dorotea-, el gigante Pandafilando me amenazó con sacarme del trono si yo no me casaba con él. Como yo no pensaba hacer eso, vine a España a buscar a un caballero andante que, según las profecías de mi padre, se llama don Azote o don Jigote.

-Don Quijote -aclaró Sancho.

-Eso es. Las profecías dicen que el caballero que matará al gigante será uno alto, flaco y con un lunar peludo debajo del hombro derecho.

Al escuchar lo del lunar, don Quijote quiso desnudarse para ver si lo tenía, pero Sancho le dijo que no era necesario; él sabía muy bien que tenía un lunar con esas características en la mitad del espinazo. A Dorotea le pareció suficiente prueba lo que dijo el escudero, más allá de dónde tuviera el lunar. Entonces don Quijote le contestó que se quedara tranquila, que él mataría al gigante.

Por el camino, nuestro caballero le preguntó a Sancho por su amada:

-¿Qué estaba haciendo Dulcinea cuando la fuiste a ver?

-Estaba limpiando trigo -respondió Sancho algo nervioso, ya que nunca había ido a verla. -¿Y qué te preguntó de mí?

-Ella no me preguntó nada -continuó mintiendo Sancha-. Pero yo le conté que usted se había quedado haciendo penitencia en las sierras, y ella me pidió que le dijera que se dejara de hacer disparates y que fuera lo más pronto posible al Toboso. Don Quijote le aseguró a Sancho que iría a verla apenas matara al gigante e instalara a la princesa Micomicona en su trono, y también le prometió que le daría la parte que le tocara como premio por su victoria.

Entonces el barbero gritó para que se detuvieran y comieran algo; Sancho se puso contento con la interrupción, porque ya estaba cansado de mentir tanto y tenía miedo de que su amo se diera cuenta.
~XI~

Donde se cuenta lo que sucedió en la posada

Al otro día, llegaron a la posada. Los recibieron muy bien y le prepararon una cama a don Quijote, que enseguida se fue a acostar, porque estaba deshecho. Los demás se quedaron hablando con el posadero sobre la locura de don Quijote y sobre los libros de caballería.

En eso, el posadero anunció que se acercaban cuatro hombres a caballo, con antifaces negros; una mujer vestida de blanco, también con la cara cubierta, y dos criados a pie. Al escucharlo, Dorotea se cubrió la cara y Cardenio corrió a esconderse en la habitación. En cuanto entraron, Dorotea se acercó a la joven para preguntarle si necesitaba algo, pero ella no contestó y suspiraba como si fuera a desmayarse.

-No se gaste en preguntarle nada -respondió el caballero, que parecía el más importante de los cuatro-, porque siempre responde con mentiras.

-¡Yo no digo mentiras! -protestó enojada la muchacha de blanco.

Cardenio escuchó la voz desde la habitación y gritó: -¡Válgame Dios! ¿De quién es esa voz?

La muchacha se sobresaltó y se levantó de la silla, dispuesta a ir a la habitación, pero el caballero la detuvo. Con este movimiento se le cayó el pañuelo que llevaba puesto en la cara, y también se cayó el antifaz que cubría al caballero. Al verlo, Dorotea dio un grito y se desmayó: había reconocido a Fernando. El cura le corrió el velo para ponerle agua, y allí Fernando vio su rostro y también la reconoció; casi se muere al verla. Cardenio salió de su escondite y se encontró con Fernando y con Luscinda. Todos permanecían mudos, sin entender lo que sucedía. Dorotea despertó de su desmayo y miraba a Fernando. Fernando lo miraba a Cardenio, Cardenio a con Luscinda y Luscinda a Cardenio. Al fin, Luscinda pudo hablar:

-Fernando, déjeme ir con mi verdadero esposo. El cielo lo ha puesto delante.

Dorotea dijo a Fernando:

-Aunque sea una humilde campesina, yo soy tu verdadera novia. Y seré tu verdadera esposa.

Fernando miraba a Dorotea, hasta que le dijo: -Querida Dorotea, lo que dices es cierto.

Cardenio abrazó a Luscinda y Fernando abrazó a Dorotea. -Que vivan felices Luscinda y Cardenio, que yo rogaré al cielo vivir muchos años junto a mi Dorotea -terminó por decir, mientras contenía las lágrimas.

Luego Dorotea le contó a Fernando cómo había llegado hasta allí, y él le contó que había ido a buscar a Luscinda al monasterio" en donde había estado encerrada y que la había sacado por la fuerza.

Sancho entró en la habitación de don Quijote para decirle que la princesa Micomicona era, en realidad, una muchacha llamada Dorotea. El caballero le respondió que todo lo que sucedía allí era cosa de encantamiento; se vistió y salió de la habitación. Fernando ya estaba al tanto de las locuras de don Quijote y quiso que Dorotea siguiera representando su papel. Así que, cuando don Quijote se acercó para decide lo que le había contado Sancho, la joven le aclaró que ella seguía siendo la princesa Micomicona. Entonces le propuso emprender la marcha al día siguiente, porque ya habían perdido mucho tiempo. Don Quijote se enojó con Sancho y Fernando tuvo que intervenir para que se calmara.
~ XII~

Donde se sigue con la historia de la famosa princesa Micomicona

Esa noche, todos se disfrazaron para que el caballero no los reconociera y entraron en su habitación; se acercaron al hidalgo y le ataron las manos y los pies. Don Quijote se despertó sobresaltado, creyendo que esas figuras eran fantasmas. Luego trajeron una jaula que habían construido con palos y lo encerraron adentro de ella. Mientras lo llevaban en andas, el barbero, con voz temerosa, dijo:

-jOh, Caballero de la Triste Figura! Conviene que vayas en prisión para terminar más rápido la aventura contra el gigante. Ya ti, noble escudero, te digo que pronto se cumplirán las promesas que te ha hecho tu buen señor. También te aseguro que tu salario te será pagado. Sancho, que había reconocido a los disfrazados, prefirió no decir nada a la espera de que fuera verdad lo del cobro de su salario; solo se inclinó y besó la mano de don Quijote. Después los hombres acomodaron la jaula sobre un carro tirado por bueyes.

Los posaderos, Fernando, Dorotea, Cardenio y Luscinda se despidieron de la comitiva. Los muchachos partieron, y luego salió don Quijote enjaulado, seguido por Sancho, por el cura y por el barbero.

~XIII~

De lo que le sucedió a don Quijote por el camino

En un alto que hicieron en el camino, sacaron a don Quijote de la j aula para que comiera con ellos. A lo lejos, venía una procesión. La gente traía una imagen de la Virgen, y don Quijote creyó que esa imagen era una señora real que llevaban a la fuerza aquellos hombres, entonces salió al galope sobre Rocinante para detenerlos. Los de la procesión largaron una carcajada, y uno de ellos empezó a pegarle con un palo. El caballero cayó al suelo y Sancho, al verlo tirado allí indefenso, le gritaba que lo dejara tranquilo, que era un pobre caballero encantado que no había hecho mal a nadie.

Como don Quijote no se movía, los hombres se asustaron y salieron corriendo. Sancho se tiró sobre el cuerpo, pensando que su amo estaba muerto y se puso a llorar. Pero don Quijote revivió y le pidió a su escudero que lo devolviera al carro encantado, porque él no podría subirse otra vez sobre Rocinante. Sancho, entonces, le propuso volver a la aldea y allí programar otra salida. El escudero pudo convencer a su amo, y los otros, contentos, ayudaron a meter de nuevo a don Quijote en la jaula.

Llegaron al pueblo un domingo al mediodía en el que la plaza estaba llena de gente. Todos se acercaban al carro y saludaban a don Quijote. Cuando este entró en la casa, la sobrina y la criada se pusieron muy contentas de verlo y enseguida lo recostaron sobre su cama. También acudió la mujer de Sancho, con muchas ganas de ver los regalos que su marido le habría traído, pero el escudero le dijo que todavía tendría que esperar para recibir algo. Antes de irse, el cura les recomendó a la sobrina y a la criada que cuidaran muy bien a don Quijote para que no se escapara de nuevo.

Hasta aquí llega la primera parte sobre las aventuras de don Quijote. El caballero hizo otra salida por los caminos, que le dio mucha fama, pero eso se contará en la segunda parte.

2.a
1   ...   20   21   22   23   24   25   26   27   ...   47

similar:

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconLengua y literatura – 3º AÑo polimodal
«el otro, ¿es siempre un extraño? ¿Es siempre un posible enemigo? ¿Acaso no puedo aprender de las diferencias que otros proponen?...

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconQUÍmica 1 curso er año

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconAula añO: 2013 area: Ciencias Naturales

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconLiteratura. Curso: 2do. Año Profesores

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconInstrucción premilitar curso: quinto añO

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconCronograma del curso de química de 5to AÑo a y b

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconTaller de técnicas analíticas. Curso: 5º año turno

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconCronograma del curso de química de 4to AÑo b

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconCronograma del curso de química de 3er AÑo a y b

Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1 iconAÑo escolar 2015-2016 horario de aula: 5º grado "A" educación primaria


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com