Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel?




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LOS ESPIRITUS DE LA NATURALEZA O DEVAS
Aunque el significado real de la palabra deva es “Ser de Luz”, con lo cual todos los ángeles serían devas, este término hindú suele ser usado casi exclusivamente para designar a los espíritus de la naturaleza. Estos seres espirituales cumplen con los animales, las plantas y la naturaleza en general, las mismas funciones que los ángeles desarrollan con los seres humanos.

Se ocupan de mantener y perfeccionar los patrones arquetípicos de todas y cada una de las especies que pueblan la geología, la fauna y la flora de nuestro planeta. Ellos supervisan y velan porque tanto sus funciones como su evolución transcurran de acuerdo al plan divino. Son los elfos, las hadas, los gnomos, los espíritus de los bosques, los genios, las ninfas y los faunos. Muchos niños y también adultos dotados de una especial sensibilidad han “visto” a estos seres. Otros más afortunados han llegado a comunicarse con ellos. Los testimonios son abundantes, y entre todos ellos destacan los recogidos en Findhorn, comunidad espiritual situada en el norte de Escocia, donde se ha llevado a cabo la más extraordinaria asociación ocurrida en tiempos modernos entre seres humanos y entidades dévicas. Los resultados siguen estando a la vista y han sido debida y ampliamente documentados. Quien se dedique a la jardinería y tenga algún interés en el aspecto espiritual de las plantas y de la naturaleza en general, deberá aprovecharse de la maravillosa experiencia de Findhorn. Existen varios libros que relatan con detalle esta interrelación entre seres humanos y espíritus de la naturaleza que se dio y se sigue dando en Findhorn, incluso con conversaciones directas entre unos y otros.
ESPIRITUS GUIAS Y ESPIRITUS PROTECTORES



Los espíritus guías no son ángeles y los ángeles son diferentes a los espíritus guías. Generalmente los espíritus guías han tenido forma física con anterioridad, mientras que los ángeles nunca han estado encarnados en este planeta. Sin embargo son percibidos por algunas personas de un modo muy similar. Aunque ambos tipos de seres espirituales están dedicados a guiarnos y protegernos, los espíritus guías se ocupan más de los asuntos cotidianos, mientras que la actividad de los ángeles suele estar enfocada hacia nuestra elevación espiritual, a ayudarnos a alcanzar reinos más elevados, reinos cuyos valores son totalmente diferentes a los que rigen en este mundo físico.

Esto no quiere decir que los ángeles se desentiendan de los numerosos problemas que debemos afrontar en la vida diaria, pues su protección abarca también al nivel mundano, pero su ayuda para resolver estos problemas siempre tendrá un componente de superación espiritual, siempre hará que dicho problema sea una oportunidad para mejorarnos, para crecer a un nivel esencial, pues ésta es su principal tarea: acercarnos más a Dios.

Debemos tener en cuenta que el mundo invisible está poblado por seres muy numerosos y diferentes, que también presentan grados muy diversos de evolución espiritual. Algunos chamanes se sirven de espíritus protectores, los cuales tampoco tienen absolutamente nada que ver con los ángeles. En muchos casos estos espíritus protectores más parecen feroces animales incorpóreos, cuya única misión es proteger al ser humano a quienes sirven. El Dr. J. Grinberg Zilberbaum cita el caso de Don Panchito y Doña Sara, chamanes del Yucatán cuyos espíritus protectores llegaron a dañar seriamente e incluso a causar la muerte a quienes habían perjudicado a sus “dueños”. Eran espíritus protectores muy eficientes, pero por supuesto, no tenían nada de ángeles.
LOS ANGELES ESTAN DE MODA
Aunque parezca una afirmación excesivamente frívola, se trata de un hecho indiscutible. Tanto en Nueva York como en las grandes ciudades europeas, son inauguradas casi cada semana exposiciones artísticas en las que ellos son el tema central. Los libros editados sobre ángeles en los últimos años han llegado a ser numerosísimos y los artículos en revistas algo cotidiano. Entre los más extraordinarios encuentros ocurridos entre ángeles y seres humanos durante este siglo, está sin duda el experimentado por cuatro jóvenes artistas húngaros, quienes durante dieciocho meses, en plena Segunda Guerra Mundial, mantuvieron semanalmente una conversación con varios ángeles. Estas charlas fueron recogidas y publicadas por la única superviviente del grupo: Gitta Mallasz, en su emotivo y extraordinario libro La Respuesta del Angel. Entre las revistas destaca The Angel Watch, dedicada exclusivamente a publicar relatos de experiencias con ángeles. Tanto el presidente Clinton como su esposa Hilary suelen llevar sendos ángeles de oro en las solapas, lo cual ha ocasionado que millones de norteamericanos los imiten automáticamente. Sólo en California existen 18 empresas dedicadas exclusivamente a comercializar productos sobre ángeles. Esta moda ha ido creciendo hasta tal punto que el ángel fue la figura de la portada de la revista Time en Diciembre del año pasado. Time suele sacar en su cubierta de fin de año al personaje que más proyección futura va a tener. Generalmente se trata de personas, pero no siempre es así. El artículo sobre ángeles en Time ocupaba ocho páginas. En la misma semana Newsweek publicó uno de siete páginas titulado “Los ángeles están entre nosotros”. Los anuncios de cursos para aprender a visualizar el ángel de la guarda y para comunicarse con él llenan las revistas de la New Age. El prestigiado director de cine alemán Win Wenders ha producido recientemente dos buenas películas sobre ángeles: Las Alas del Deseo y Tan lejos pero tan cerca. Las series de televisión sobre el tema están a la orden del día, destacando sin duda entre ellas Autopista hacia el Cielo producida y protagonizada por el malogrado e inolvidable Michael Landon, quien en más de una ocasión confesó que la idea de esta serie le llegó como consecuencia de una experiencia personal.

Para muchos se trata de una moda más, provocada y fomentada por quienes comercialmente se benefician de ella. Para otros es un indicativo de la ansiedad espiritual que acosa al hombre de hoy. ¿Debemos considerar a los ángeles como totalmente ajenos a todo este revuelo? Sin duda que no. Parece que la relación de los ángeles – o al menos de ciertos ángeles – con nuestro mundo está siendo reorganizada en estos últimos tiempos. Ciertos cambios que se están ya produciendo en la conciencia colectiva permiten que ahora nosotros y ellos estemos un poco más cerca, al menos desde el punto de vista de nuestra apreciación, de nuestra intuición y de nuestra conciencia.

Para mí está claro que son ellos quienes han decidido saltar a las páginas de las revistas y a las pantallas del cine y la televisión, quizás como una manera de hacernos más conscientes de los planos superiores de la existencia y de su presencia en nuestras vidas.
LA IGLESIA Y LOS ANGELES
Pese a que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento están literalmente llenos de presencias y actuaciones angélicas, la existencia de los ángeles no constituye dogma de fe en la religión cristiana, ni siquiera en la confesión católica, aunque sí ocupan un papel importante en su liturgia. El Credo no los menciona y no faltan jerarcas de la Iglesia que han mostrado sobre ellos posturas displicentes rayanas en el escepticismo. Sin embargo el Papa Juan XXIII – denominado precisamente pastor angélico en la famosa profecía de San Malaquías sobre los papas – manifestó en más de una ocasión que los ángeles le ayudaron en sus difíciles labores diplomáticas, exhortando siempre a los oyentes de sus charlas radiofónicas a que no abandonaran la devoción del ángel de la guarda. Juan XXIII hablaba con frecuencia sobre su ángel guardián, llegando a afirmar que fue él quien le sugirió la idea de convocar el Concilio Vaticano II. Tal vez como consecuencia de este impuso dado a la devoción angélica por Juan XXIII, su sucesor Pablo VI promulgó la encíclica Opus Sanctorum Angelorum, documento que trata de potenciar la creencia en los ángeles y de posibilitar así la colaboración entre ángeles y hombres para la mayor gloria de Dios.

Ante el furor despertado en la actualidad por los ángeles, dentro de la llamada Nueva Era, mi impresión es que la jerarquía eclesiástica se está manteniendo a la expectativa. ¿Se trata en realidad de una moda pasajera? ¿o de un signo más de que los tiempos se están acelerando y de que debemos tomar de una vez conciencia del mundo espiritual, de la trascendencia de nuestras vidas y de la importancia de vivirlas plena y conscientemente a fin de lograr extraer de nuestro paso por este mundo la enseñanza esencial que Dios nos tiene destinada? Sin duda los ángeles nos pueden ayudar en esto, ¡Pidámosle su ayuda!.
PIDIENDO AYUDA A LOS ANGELES
Pedís y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá,

porque todo el que pide recibe, el que busca haya y al que llama se le abre.

¿Quién de vosotros, cuando su hijo le pide pan, le daría una piedra?
Mateo 7,7-9
Los ángeles pueden cambiar tu vida. Y todo lo que tienes que hacer es pedirles que te ayuden. Tan sólo eso.

Vamos a contemplar alquímicamente esta decisión, analizando sus cuatro condiciones necesarias: querer, poder, saber y atreverse.
Querer

Doy por supuesto que quieres entablar esta comunicación y que deseas realmente pedir ayuda a los planos superiores de la existencia. El querer es el motor de todo, si el motor falla o ni siquiera existe, no habrá posibilidad de llegar a la meta, ni de obtener el mínimo resultado, por mucho que esa meta y esos resultados tan deseados estén esperándonos tras el primer recodo del camino.
Poder

Todos podemos y todos pueden. Ni siquiera el hecho de no creer en la existencia de los ángeles es un impedimento para recurrir a ellos y para beneficiarnos de su ayuda. Es cierto que el poder de la fe es enorme y que “mueve montañas”, pero en este caso su papel – aunque por supuesto ayuda a establecer la comunicación – no es primordial. No estamos tratando aquí de ningún tipo de “autoprogramación”, “autohipnotismo”, ni siquiera “autoayuda”, sino de pedir – y obtener – el auxilio de unos seres tan reales como nosotros, aunque nuestros sentidos no sean capaces de percibirlos.
Saber

En realidad no existe protocolo ni normas establecidas. Cualquier llamada, cualquier intento de dirigirnos a ellos que sea sincero y proceda del corazón, les llegará, será escuchado, y atendido. Sin embargo, para evitar interferencias, es bueno tener presentes las siguientes recomendaciones, que no son más que leyes universales, aplicadas a este caso particular:


  1. Evitar las prisas y la precipitación. Aunque me consta que las llamadas urgentes y desesperadas son puntual y atentamente atendidas, el contacto con nuestro ángel de la guarda – o con cualquier otro – se realiza mejor en una atmósfera de calma y tranquilidad, tanto interior como exterior.

  2. Tener siempre muy presente el inmenso poder creativo de la palabra. La charla inconsistente y ociosa encierra siempre un peligro, y ese peligro se multiplica por mil cuando los términos que usamos tienen una carga trascendente o divina. La prohibición judía de pronunciar el nombre de Dios no carecía de motivo. Incluso en nuestros días, en los países de habla francesa la expresión “¡Nom de Dieu!”, que a nosotros nos puede parecer de lo más inocente, está considerada como una de las peores blasfemias que puedan pronunciarse. Y precisamente uno de los más frecuentes abusos de la palabra son las blasfemias y maldiciones. Es conveniente evitar la compañía de quienes acostumbran a polucionar el espacio con sus palabras, alejando la energía positiva que normalmente lo habita. Es importante abstenerse del empleo inconsciente de aquellos términos que se refieren a lo más sagrado: Dios, Jesús, la Virgen, y todas las combinaciones de letras que nos conectan de un modo u otro con los planos superiores. El uso de estas palabras siempre causa un efecto y su utilización en momentos de cólera o de rencor es como lanzar una piedra hacia arriba, que muy probablemente, caerá más tarde sobre nuestra propia cabeza. Todo irá mejor si dejamos las palabras importantes para los momentos importantes.

  3. Tratar de utilizar siempre en nuestra petición el tiempo presente. En el mundo de los ángeles no hay pasado ni futuro; hace ya mil trescientos años escribía el sabio sufí Nasafi: “Los ángeles están en el mundo invisible, ellos mismos son el mundo invisible. En ese mundo no hay “ayer” ni “mañana”, ni “año pasado”, ni “año presente”, ni “año próximo”. Cien mil años pasados y cien mil años por venir están presentes indiferentemente, ya que el mundo de lo invisible no es el mundo de los contrarios, el antagonismo es producto solamente del mundo visible. El tiempo y la dimensión temporal no existen más que para nosotros, hijos de las esferas y de las estrellas, habitantes del mundo visible. En el mundo invisible, no hay tiempo ni dimensión temporal. Todo lo que existió, existe y va a existir, está siempre presente”.

Por ello debemos esforzarnos en evitar el uso del pasado y del futuro, pues podría ser que de otro modo el ángel al que dirigimos nuestra petición, le fuera más difícil captarla. Recordemos que él sólo conoce el ahora.

  1. Es necesario expresarse siempre de una manera positiva. No debemos pedir: “Que no pierda mi puesto de trabajo”, o “que no se muera mi marido”, sino sencilla y llanamente lo que realmente deseamos: mantener nuestro trabajo o que el marido disfrute de salud y el amor reine en nuestro matrimonio. Al utilizar frases negativas, aún sin ser conscientes de ello estamos ya imaginando la pérdida, la derrota, y eso es lo que transmitimos a los planos más sutiles de la realidad y a los seres que allí recogerán nuestras súplicas; en consecuencia, es muy probable que eso sea lo que al final obtengamos.

  2. Tratar de considerar el asunto como ya resulto, e incluso incluir en nuestra petición el agradecimiento por haberlo recibido. Es la forma más efectiva de eliminar las dudas, que de otro modo serán también transmitidas, obstaculizando todo el proceso. Se trata de evitar por todos los medios que mientras nos afanamos en componer la petición de la mejor manera, nuestra mente esté en realidad transmitiendo: quiero esto, pero no tengo mucha confianza en que esta petición sirva para algo. ¿A cuál de ambas ideas deberán entonces ellos responder?.

  3. Ser muy cuidadosos, pues recibiremos exactamente aquello que estamos pidiendo, con toda una seria de implicaciones – inherentes al hecho o al objeto pedido – que tal vez ahora ni siquiera alcanzamos a imaginar. El símil de la moneda es válido en todas las circunstancias y situaciones de la vida: no es posible quedarse con sólo una cara. El que la quiera, tendrá por fuerza que llevarse ambos lados de la misma.

  4. Ser claros y concisos y tratar de evitar las incongruencias. A los ángeles les disgustan las tonterías. No debemos caer en el absurdo de la clásica oración jocosa: “Señor, dame paciencia, ¡pero la quiero ya!”, ni del que pedía que su esposa le fuera fiel, para poder él atender tranquilamente a sus diversas amantes, o del ladrón profesional que oía misa y comulgaba cada día antes de iniciar su jornada “laboral”.

  5. Finalmente es importante dar las gracias. Ello cierra y concluye el ciclo. La acción de gracias consolida lo obtenido y nos confiere título de propiedad sobre ello. Omitirla es como dejar abierto un circuito, por el que puede escaparse la energía con efectos indeseados.


Atreverse

El paso más decisivo es atreverse a abordar un tipo de comunicación y de relación totalmente diferente. Decía Anthony de Mello: “¿Qué hace falta para despertar? No es necesario ni esfuerzo, ni juventud, ni mucho discurrir. Sólo se necesita una cosa: la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo desconocido. La capacidad de movernos fuera de los esquemas que tenemos, de saltar sobre ellos y de mirar con ojos nuevos a la realidad”. Así, lo primero es atrevernos a pensar que, pese al hecho de que nuestros sentidos no los capten, existe la posibilidad de que los ángeles sean una realidad y de que una comunicación entre nosotros y ellos sea perfectamente factible. Quienes ya poseen esta creencia, tendrán ahora que liberarse de creer que se trata de algo propio de su religión. No es así. Estamos hablando de una realidad que supera y trasciende a todas las religiones. Por ello es conveniente desprenderse de todo sentimiento de exclusividad religiosa. Debemos ya dejar de sentirnos privilegiados porque profesamos la “verdadera” religión. Todas las religiones son verdaderas para sus seguidores y todas son falsas para los demás. Las diversas religiones no son sino caminos diferentes que van ascendiendo una misma montaña, y que finalmente se encuentran todos en la cima. No son más que las muletas que una humanidad inmadura necesita para aprender a caminar por sí sola, como las dos líneas paralelas de que se sirven los niños cuando aprenden a escribir. Cuando ya sabemos escribir perfectamente, ¿quién sigue utilizando dichas líneas? Toda creencia de que nuestra religión es la verdadera y las demás son falsas, será sólo un obstáculo en el camino de nuestro progreso espiritual – de nuestra salvación -, un obstáculo que antes o después tendremos que eliminar. Quienes no crean que los ángeles existen y que están deseando ayudarnos, deberán adoptar esta posibilidad como una hipótesis de trabajo, y deberán pensar que si la existencia de los ángeles es real, dicha realidad tendrá que ser mucho más fuerte que cualquier bloqueo originado por su incredulidad, y por ello, capaz de vencer fácilmente tal bloqueo y de manifestarse, si no de una manera sensible – dadas las limitaciones de nuestros sentidos -, sí con hechos, que a fin de cuentas es lo que nos interesa. Pese a que la conversación con los ángeles suele darse en la intimidad, uno de los mayores obstáculos a vencer suele ser el miedo al ridículo. El miedo al ridículo no es sino una de las múltiples caras con que se presenta nuestro gran enemigo: la importancia personal. Según el sabio yaqui Don Juan, al creernos importantes nos volvemos pesados y torpes. Para llegar a ser “hijo de la Luz” es indispensable ser ligero y fluido. La importancia personal nos separa de los demás, de nuestros hermanos los hombres, y ahora, nos puede separar también de nuestros hermanos mayores: los ángeles. No dejemos mientras estamos a tiempo, que crezca y se desarrolle esa mala yerba, pues cuanto más fuerte e imponente llegue a hacerse, mayores tendrán que ser nuestros esfuerzos y más dolorosa será la lucha para aniquilarla. Y es lucha tendrá que darse forzosamente antes o después. La importancia personal es como un lastre, que nos mantiene apegados a los niveles más groseros de la existencia, impidiéndonos el vuelo hacia planos más sutiles y exquisitos. Bajo esta luz, la parábola del rico, el camello y el ojo de la aguja adquiere una nueva significación. No se trata ya sólo de riquezas, sino de algo mucho más nuestro y de lo que nos cuesta mucho más trabajo desprendernos. Y por supuesto, no es privilegio de los ricos, sino que todos la solemos acoger con los brazos abiertos. Atrevámonos a iniciar una comunicación con los ángeles y a pedirles su ayuda, pero manteniendo la mente totalmente abierta, sin querer por fuerza encajonarlos en nuestras ideas preconcebidas.
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