Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel?




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LA INTUICION
Para que nuestra comunicación con el reino angélico sea más fluida y efectiva, debemos conceder a esta facultad el lugar y la importancia que le corresponden. Son muchos todavía los que contraponen razón a intuición, considerando a la primera como el origen de las ciencias y de la verdad absoluta y a la segunda como algo inexistente, inventado por los místicos, magos, y charlatanes, con el fin de justificar sus mentiras en unos casos y de abusar de los demás en otros. El conocimiento racional es objetivo, lento y conceptual. Es universal y se forma mediante juicios y razonamientos. El conocimiento intuitivo es subjetivo, privado, aconceptual e instantáneo. Ambos tipos de conocimiento no son opuestos ni excluyentes, sino que al contrario, se complementan entre sí. Desde el momento en que efectuemos nuestra primera petición o iniciemos el primer contacto consciente con los seres angélicos, nuestra intuición se aguzará, y a través de ella recibiremos respuestas y avisos. Es importante que estemos alerta a fin de no dejar escapar tales comunicados. En el momento de iniciar un proyecto, una relación o un viaje, sentimos algún tipo de desasosiego interno o nos ocurre algún suceso o alguna coincidencia extraña que creamos pueda tener una carga premonitoria negativa, será muy prudente no precipitarnos, analizar bien el asunto que vamos a emprender y si fuera posible, esperar a tener más datos antes de embarcarnos en dicha nueva empresa. A medida que nuestra intuición se vaya afinando y seamos capaces de recibir a través de ella con suficiente claridad los mensajes que desde planos superiores nos son enviados, podremos solicitar expresamente a los ángeles que nos guíen en determinados asuntos, permaneciendo muy atentos a sus indicaciones. Como toda facultad humana, la intuición es susceptible de ser ejercitada y potenciada. Lo más adecuado es estar atentos a ella de una manera tranquila, sin obsesionarnos ni forzar las cosas, sin intentar tampoco ver indicios y presagios donde sólo hay sucesos normales y corrientes.
¿QUÉ SE PUEDE PEDIR A LOS ANGELES?
En realidad no existe limitación alguna a lo que podemos pedirles ni hay nada malo en pedir cualquier cosa que necesitemos, ya se trate de bienes de carácter material, mental o espiritual, con la confianza que nos serán concedidos. “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21-22), siempre que no existan impedimentos de un orden superior y siempre que su consecución sea positiva para nosotros y no perjudique a nadie. Podría pensarse que ellos ya deberían conocer nuestras necesidades y dedicarse a atenderlas sin que tuviésemos que decírselo expresamente, pero el hecho es que así como funciona el universo y al efectuar la petición estamos dando el primer paso que pone en marcha todo el mecanismo. Las peticiones de naturaleza económica suelen ser las más abundantes – ello muestra claramente nuestras inclinaciones – y no creo que necesiten mayor explicación. Podemos también pedirles que se afinen nuestras facultades mentales, nuestra inteligencia, nuestra memoria y nuestra comprensión. Podemos solicitar su guía y su opinión sobre alguna decisión que debamos tomar y sobre la que tengamos ciertas dudas – en estos casos es absolutamente necesario estar atentos a nuestra facultad intuitiva, ya que su respuesta nos llegará posiblemente a través de ella, o quizás en sueños, pero siempre de forma inesperada. Especial atención hay que dedicar a las coincidencias, pues muchas veces es así como ellos nos indican su parecer o la dirección más apropiada para nuestros pasos. Podemos igualmente solicitar su ayuda para que intercedan por nosotros ante otra persona cuyo comportamiento o actitud consideramos injusta o inapropiada. Podemos en fin, pedir cualquier tipo de bienes para terceros, familiares, amigos o conocidos. Las peticiones de orden espiritual son atendidas con un cuidado especial por los ángeles y tal vez sea éste el campo que más dificultad entraña y en el que su ayuda sea más efectiva. En realidad sólo el individuo puede superarse a sí mismo, no es posible la ayuda exterior. Nuestras potencias perfectibles radican en el yo místico, en lo incomunicable. Nadie de fuera nos puede ayudar en esto. Ahora bien, ¿están los ángeles fuera o dentro de nosotros? Al parecer están tanto fuera como dentro de nosotros, no ocupan ningún lugar, son como pensamientos, participando de algún modo de nuestra naturaleza, y al mismo tiempo de la naturaleza de Dios – quien no guste de la palabra Dios puede sustituirla por Ser, Esencia, Divinidad, Ser Supremo, Madre Naturaleza, etc. En realidad los seres humanos somos simples manifestaciones del Creador, como lo son los árboles, las flores y los ríos. Somos parte de El, pero desgraciadamente no tenemos conciencia de ello y parece que nuestro largo peregrinar por los mundos físico y espiritual tiene una finalidad única: hacernos recobrar esa perdida conciencia de que somos hijos de Dios, de que somos Dios. Los ángeles también son Dios, pero evidentemente están menos desconectados que nosotros. ¿Quién mejor que ellos para indicarnos el camino correcto y el método adecuado para lograr de nuevo esa conexión? Y si toda la relación angélica tiene que ver con la intuición, la importancia de esta facultad es primordial cuando se trata de nuestro progreso interno, de la evolución espiritual del individuo. Digo individuo porque esta evolución no suele tener nada que ver con el grupo y menos con la multitud. Es en la interioridad del hombre donde se dan los anhelos de perfección, no en las tertulias ni en las reuniones sociales.

Así, no existe límite alguno para lo que podemos pedir, si bien únicamente se nos concederá en tanto no perjudique ni dañe a ninguno de los implicados. En ocasiones, es posible que nuestra ceguera nos haga pedir algo que en realidad va en contra de nuestros propios intereses y que no es ni mucho menos lo más conveniente para nosotros. En estos casos tal vez los ángeles nos proporcionen un sustituto elegido por ellos, algo que estando todo lo cerca posible del objeto de nuestra petición y siendo muy semejante a él, no resulte perjudicial para nosotros ni para nadie más. Cuando se dan estas circunstancias, recibiremos siempre alguna señal inequívoca, que nos permita identificar su respuesta y que nos haga ver lo incongruente de nuestra solicitud original.
¿CÓMO REALIZAR LA PETICION?
Aunque cualquier petición sincera es oída por ellos, en mi caso particular la forma de comunicación que más eficaz me ha resultado es lo que Terry Taylor y otros autores llaman el correo de los ángeles. Se trata ni más ni menos que de escribirles una carta relacionando de la manera más clara y concisa que podamos aquello que nos preocupa y para lo que deseamos hallar una solución, el aspecto de nuestra vida que quisiéramos mejorar o simplemente la circunstancia externa, el objeto o el hecho que deseamos obtener. Del mismo modo que la palabra hablada tiene un poder propio, la palabra escrita también tiene una fuerza especial. Es importante la claridad. Parece que los ángeles gustan tanto de ella como del buen humor, y al mismo tiempo les disgustan las cosas embrolladas, tanto como las serias y falsamente importantes. Podemos seleccionar al ángel destinatario según sea el tema de nuestra petición, o podemos dirigir la carta a nuestro propio ángel de la guarda, encomendándole que se ponga en contacto con el ángel o grupo de ángeles especialistas en el tema del que trata nuestra misiva. Podemos al mismo tiempo, informar mentalmente al arcángel que gobierne sobre dicho tema – por ejemplo Rafael, si se trata de curación – pidiéndole su ayuda para que destine a cuantos ángeles sean necesarios para solucionar la petición que hemos hecho.

Es conveniente buscar un lugar tranquilo y disponer de algún tiempo durante el cual, en principio, no vayas a ser molestado.

Al igual que con la meditación, puedes encender una vela – a los ángeles les gustan las velas – y tal vez incienso si sientes que ello puede ayudar a tu concentración.

Permanecerás durante unos instantes consciente de tu respiración, sin forzarla, dejando que fluya a tu ritmo natural.

Seguidamente centrarás toda tu atención en tu ángel de la guarda, al igual que harías si fueras a escribirle a un amigo. Sentirás cómo la energía de tu ángel te envuelve y te inunda.

Tras fechar la carta y poner: “Querido ángel”: las palabras deberán fluir por sí mismas. Podrás expresar cuanto desees y podrás pedir su ayuda para todos los asuntos que lo necesiten.

Una vez hayas expuesto todas tus peticiones, dale las gracias por anticipado, y firma.

Seguidamente es conveniente meter la carta en un sobre y cerrarlo definitivamente.

Si tienes un altar para la meditación, un cofre donde guardes tus cosas más valiosas o algún sitio especial tuyo, puedes depositar allí tu carta. Algunas personas lo hacen dentro de una Biblia, o de un libro con un elevado contenido espiritual. Otros la guardan en la almohada, la entierran al pie de un árbol, o bien la queman, visualizando que el humo al elevarse lleva el mensaje a su destinatario. Puedes elegir el método que desees. En caso de duda, pregúntale a tu ángel.

Al igual que a nuestro ángel de la guarda, podemos escribir a cualquier otro ángel, invitándolo a que venga a nuestra vida o pidiéndole su ayuda para un caso determinado.

En los casos de problemas con otras personas, que parezcan de difícil solución, podemos igualmente escribir a sus ángeles de la guarda, explicándoles las cosas que no podemos decir personalmente a sus protegidos y solicitándoles su ayuda para la resolución del conflicto. Es imprescindible decir siempre la verdad, expresando abiertamente nuestros sentimientos, nuestros miedos y nuestras culpas. Desde el mismo momento en que escribamos esta carta, las dificultades empezarán a desmoronarse.

Es importante incluir en alguna parte del texto la frase “para el mayor bien de todos los implicados” y finalmente, debemos darles las gracias y reconocer debidamente su ayuda. Decía Juan XXIII en una alocución dada en el año 1961: “Nuestro deseo es que aumente la devoción al Angel Custodio. Cada uno tiene el suyo y cada uno puede conversar con los ángeles de sus semejantes”. Una vez hayamos iniciado el contacto angélico, se suele producir un fenómeno curioso: vemos ángeles por todos lados, en los escaparates de las tiendas, en las páginas de los periódicos, en las exposiciones, en las letras de las canciones, en las películas cinematográficas y en las formas de las nubes que el viento mueve sobre nuestras cabezas. Es como si los sentidos se hubieran hecho repentinamente mucho más sensibles a su presencia. También se multiplican las coincidencias, conoceremos a personas de nombre ángel, o que se interesan por los ángeles, o que viven en la calle o en el barrio del ángel, por poner un ejemplo. Nada impide que escribamos más de una carta, o que tratemos en una misma diferentes asuntos y efectuemos sendas peticiones, con tal que todo esté expuesto con la suficiente claridad. El número de ángeles es ilimitado, y del mismo modo, tampoco hay límite alguno a la cantidad de ángeles que pueden estar ocupados con nuestras peticiones. Otro fenómeno que suele darse una vez iniciado este contacto hombre-ángel es la sensación de estar siempre acompañado. Una amiga a quien recientemente aconsejé pidiera ayuda a los ángeles para sus abundantes problemas, me contó que a los pocos días, estando en un ascensor sintió claramente que había alguien detrás suyo, incluso se hizo ligeramente hacia delante para no pisar ni chocar con dicha persona. Al llegar a la planta de su destino y disponerse a salir comprobó anonadada que sólo ella ocupaba el ascensor y por ello aparentemente había estado todo el tiempo sola. Según ella, en ningún momento sintió el más mínimo miedo, sino sólo la sensación de estar con alguien. Cuando finalmente vio que no era así, se sintió contenta y divertida.

Cuando se nos presente repentinamente una situación de riesgo o especialmente peligrosa, no hay que dudar en pedir su auxilio mentalmente, con toda la intensidad que seamos capaces. Es en tales momentos cuando su ayuda suele ser más efectiva y espectacular, pues si hay algo que realmente gusta a los ángeles, es poder eliminar la angustia, la congoja y las preocupaciones que atenazan a los humanos.

La ayuda angélica en el campo laboral produce unos resultados sorprendentes y al mismo tiempo hace que nuestro trabajo deje de ser una carga, para convertirse en un placer. Simplemente hay que comenzar la jornada mandando un pensamiento a los ángeles especialistas en nuestra actividad, para que desde el plano invisible nos acompañen y nos ayuden. Además de este contacto inicial es conveniente pedirles mentalmente su apoyo cada vez que vayamos a abordar una labor delicada o difícil. Con el tiempo se llegan a establecer fuertes lazos de compañerismo, que no sólo alivian nuestra carga en este mundo, sino que – lo que es más importante – nos conecta con el otro. Podemos beneficiarnos de su ayuda cualquiera que sea nuestro trabajo, aunque ciertas profesiones parecen ser sus preferidas, como todas las que tienen que ver con la curación, los niños, la creación artística, la música, la difusión de la cultura, la asistencia social o la orientación psicológica.
RESUMEN
Vuelvo a insistir en la ausencia de normas. Los ángeles aman sobre todo la libertad, la espontaneidad y el humor y cualquier petición excesivamente acartonada donde la forma predomine sobre el contenido, carecerá de la fuerza necesaria para llegar hasta ellos. Eres tú, exclusivamente quien debe decidir la manera en que vas a realizar la comunicación y toda imposición en este sentido resultará además de absurda, inútil. Particularmente, el sistema de la carta me ha dado buenos resultados, pero tal vez sea sólo porque para mí es más fácil escribir que hablar, y quizás otros prefieran métodos diferentes. Son ya muchos los libros existentes sobre cómo comunicarse con el ángel guardián, con el espíritu guía, el protector interior o como le queramos llamar. Todos pueden ser útiles y todos nos aportarán ideas, pero en ningún caso se tratará de una pauta que obligatoriamente debamos seguir al pie de la letra. Lo importante es que nos dirijamos a nuestro ángel – o ángeles – con sinceridad, confianza y respeto, y que expongamos nuestros deseos de una manera clara. La fórmula mejor compuesta y el ritual más detallado tomados de un libro, nunca serán tan eficientes como cualquier oración original, quizás imperfecta, pero sin duda revestida con la fuerza de la autenticidad. Hay quienes opinan que la repetición es muy efectiva, y quizás no les falte razón. Entonces será conveniente repetir mentalmente nuestra petición cada mañana y cada noche. Generalmente se recomienda efectuar el primer contacto en estado alfa, después de una relajación profunda. Posteriormente una simple llamada mental dirigida a él – o ellos – será suficiente, especialmente en los casos urgentes y angustiosos. No debemos olvidar que en el mundo espiritual los pensamientos son una fuerza y una realidad tangible. Así, el simple hecho de imaginarnos al ángel de la guarda – o a toda una serie de ángeles – a nuestro lado, será suficiente para que automáticamente estén allí. Si reforzamos ese pensamiento con algún gesto físico – un simple movimiento o gesto – tal vez lleguemos a sentir de algún modo su presencia sutil. Este tipo de prácticas es mejor efectuarlas cuando nos hallemos solos y en un lugar armónico, preferentemente en el campo. Es muy importante que recordemos incluir en algún lugar de nuestra petición la frase: “para el mejor bien de todos los implicados”. Una vez realizada la petición, deberemos estar atentos a los sucesos y coincidencias extrañas con ella relacionadas, así como a nuestra intuición, pues no es raro que a través de dicha facultad nos llegue alguna comunicación del plano angélico. Finalmente, nunca debemos olvidar dar las gracias.

COMO AVERIGUAR EL NOMBRE DE TU ANGEL
Según la Biblia, existen miríadas y miríadas de ángeles, pero como ya hemos visto sólo tres son llamados en ella por su nombre: Gabriel, Miguel y Rafael. Los antiguos hebreos creían en una compleja jerarquía angélica, en la que todos y cada uno de sus componentes tenía un nombre propio, pues dentro del misticismo judío el nombre estaba revestido de una importancia capital.

Todas las órdenes místicas y esotéricas poseen un ritual de iniciación, en el que el novicio toma un nombre nuevo, que generalmente debe permanecer secreto. Es una representación de su nacimiento a la orden, y a través de ella, a una nueva vida. Ese nombre significa nuevos poderes, nuevos conocimientos y mayores logros espirituales.

Así, el hecho de nombrar a alguien o a algo parece tener un importante significado. La invocación de los ángeles de la antigüedad judía – luego adoptados por el mundo de la magia – debía hacerse pronunciando su nombre, en ciertos momentos y en determinadas condiciones.

Del mismo modo, el hecho de descubrir el nombre de nuestro ángel de la guarda puede también ser considerado como una especie de iniciación, como la recepción de una clave que nos dará acceso a nuevos niveles de conciencia. Este descubrimiento constituye tal vez el punto crucial de la relación con nuestro ángel guardián. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los humanos no somos capaces de percibir a los ángeles de un modo sensible, cualquier comunicación que de un modo inequívoco venga de ellos adquiere una importancia vital. Y entre esas comunicaciones, una de las primeras y principales es la recepción del nombre de nuestro ángel de la guarda. Desde ese momento, dicho nombre nos permitirá contactar permanentemente con nuestro ángel, haciendo que la comunicación sea mucho más fácil, ya que nuestra fe y nuestra seguridad habrán aumentado considerablemente.

Se han dado diferentes métodos para averiguar el nombre de nuestro ángel de la guarda, pero tanto basándome en mi propia experiencia como en la de numerosas personas que he consultado, una vez más parece que lo más simple es lo más efectivo.

Mi consejo es que cada noche, antes de dormir, establezcas contacto mental con tu ángel, pidiéndole su ayuda durante el sueño, para los asuntos que en ese momento te preocupen, cualquiera que sea su índole. También durante el día, deberías en alguna ocasión apartar tu mente del trabajo o de lo que en ese momento te ocupe, para mandarle aunque sólo sea un simple saludo y por supuesto, podrás pedirle su ayuda siempre, en cualquier momento y cualquier circunstancia.

Una noche, en esa especie de oración o comunicación mental, pídele que si lo cree conveniente te revele su nombre, para así poder dirigirte mejor a él y estrechar de este modo la unión ya existente entre vosotros.

Lo usual es que bien en sueños, o por la mañana al despertar, el nombre de tu ángel se manifieste clara y distintamente ante tu conciencia. No esperes un nombre bíblico, ni forzosamente terminado en “el”. Puede ser un nombre muy conocido o puede que jamás lo hayas oído en tu vida. Puede ser un nombre extranjero, o un diminutivo común. Puede ser algo que no parezca nombre en absoluto, pero automáticamente tú sabrás con toda seguridad que ése es su nombre y desde ese preciso momento tendrás ya una forma de invocarlo, de iniciar la comunicación con él. Dale las gracias y disponte a iniciar un nuevo, alegre y esperanzador día.
LOS ANGELES Y LA CURACION
Si los ángeles están para ayudarnos, es evidente que una de sus tareas más importantes deberá ser la curación en todos sus niveles: físico, mental, emocional y espiritual. Cualquier ángel, y por supuesto nuestro ángel de la guarda puede realizar tareas curativas, aunque existan ángeles especializados en estos menesteres.

Al frente de todos ellos y dirigiendo sus acciones está el arcángel Rafael. Su labor como sanador está claramente especificada en el apócrifo Libro de Enoch donde se dice que Rafael ha sido colocado por Dios “sobre todas las enfermedades y heridas de la humanidad”.

El libro de Tobías, confirma a Rafael como sanador de la especie humana. Este libro, que para la Iglesia Católica forma parte del Antiguo Testamento, relata la historia de un hombre muy piadoso llamado Tobit y su hijo Tobías.

Agotado por el trabajo de enterrar a un cadáver, Tobit se quedó dormido una noche a la intemperie con tan mala fortuna, que el excremento de un pájaro le cayó en los ojos dejándolo ciego. Ocho años después, ya desesperado, lo hallamos rogando a Dios que le conceda la muerte. Al mismo tiempo, Sara, destinada a ser esposa de su hijo Tobías estaba pidiendo lo mismo, pues un ser demoníaco le había hecho la vida imposible, matando a todo joven que intentaba casarse con ella. Pensando su próxima muerte, Tobit mandó al joven Tobías a Media, para que recuperase un dinero que había dejado allí en depósito, encargándole que buscase a alguien para que lo acompañara en el viaje. Dios oyó las oraciones de Tobit y de Sara, y mandó al arcángel Rafael, quien adoptó el aspecto de un joven israelita y fue así contratado como acompañante y guía de Tobías por el sueldo de un dracma diario. Partieron los dos, con un perro que los acompañó y al llegar al río Tigris acamparon. Tobías bajó a lavarse los pies y en ello estaba cuando un enorme pez saltó del agua intentando comerse al muchacho, quien dio un grito asustado. Rafael le ordenó coger al pez, y Tobías así lo hizo, sacándolo finalmente a tierra. Siempre según las instrucciones de Rafael, Tobías abrió el pez y le extrajo el corazón, el hígado y la hiel, que fueron debidamente guardados. Parte del pez lo comieron asado y el resto, salvo las entrañas que tiraron, lo conservaron en sal. Ya cerca de su destino, se hospedaron en cada de Ragüel, pariente de Tobías, donde éste conoció a su prima Sara y decidió casarse con ella, ignorando que siete hombres habían muerto a manos de un demonio por intentar lo mismo. Advertido por Ragüel de lo ocurrido ya en siete ocasiones y siempre siguiendo las instrucciones de Rafael, Tobías puso sobre el brasero de los perfumes de la recámara nupcial el hígado y el corazón del pez. Al percibir aquel olor el demonio que se había encaprichado de Sara salió huyendo, lo que aprovechó Rafael para atraparlo y confinarlo ya para siempre en un lugar apropiado para él. Casado, con el dinero de su padre y una generosa dote entregada por Ragüel, Tobías regresó a casa de su padre. Al llegar, Rafael le indicó cómo debería usar la hiel del pez para curar la ceguera de Tobit. Tobías y Tobit deciden finalmente recompensar a Rafael por sus extraordinarios servicios, y entonces éste les revela su identidad, desapareciendo seguidamente de su vista.

Ya en nuestros días, son muy numerosos los sanadores conscientes de la presencia y de la ayuda angélica en sus labores curativas y muchos, entre ellos Iván Ramón de la ciudad de México, atribuyen todo el crédito de sus curaciones a sus “hermanos mayores”. En el siguiente capítulo cito el caso relatado por Joy Snell, en el que una misteriosa enfermera curaba milagrosamente a los enfermos más graves. Los sucesos parecidos a éste son muy abundantes.

Transcribo seguidamente lo que me relató Eugene Niklaus, de Acambay, Texas, tan sólo tres semanas después de que le ocurriera:

“Eran como las siete de la noche. Estaba recién operado del páncreas y mi situación era francamente muy delicada. En aquel preciso momento me hallaba solo, en la habitación del hospital, muy débil y con dolores casi insoportables. De pronto me invadió una tranquilidad muy grande y todas la s molestias desaparecieron; luego oí que me hablaban, aunque sin llegar a entender el sentido de aquellas palabras. Entonces, de pronto vi una figura humana a los pies de la cama, era un joven como de unos quince años. Aunque su cuerpo lo percibí con menos claridad que el rostro, noté que estaba vestido de blanco. Lo pude contemplar durante unos veinte segundos y luego desapareció. Me quedé con una imponente sensación de tranquilidad y bienestar inexplicable que permaneció hasta el día siguiente. El médico a quien relaté lo ocurrido lo consideró una alucinación causada por la fiebre y lo mismo opinaron mis familiares, pero yo sé que aquello fue algo muy real y creo que no lo olvidaré mientras viva. Mi salud mejoró rápidamente a partir de aquel día y en la actualidad estoy totalmente restablecido”.

En la revista Angel Watch se publicó el impresionante caso de un joven veterano de Vietnam que fue curado de su adicción a las drogas por un ángel que se le apareció en el funeral de su tía, en pleno cementerio.

Aunque la autenticidad del siguiente relato – perteneciente al libro del Obispo Leadbeater,
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