La hipnosis terapéutica es una técnica




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Aurelio Mejía Mesa

Hipnosis Terapéutica

Regresión, una terapia sorprendente



La hipnosis terapéutica es una técnica para el tratamiento de trastornos psicológicos, como fobias, miedos, traumas, depresión, angustia, estrés, anorexia, bulimia, baja autoestima, inseguridad, complejos, timidez, migraña, insomnio, obesidad, obsesiones, adicción al juego, dejar de fumar y alergias.

En general, son tratables las enfermedades psicosomáticas, las que tienen origen en un conflicto emocional o psíquico. A diferencia de otros procedimientos psicológicos, los resultados se empiezan a notar desde la primera sesión de hipnoterapia, y en ocasiones es suficiente sólo una.

¿QUÉ ES LA HIPNOSIS Y QUIÉN ES HIPNOTIZABLE?

Desde el punto de vista de la psicología, las actividades mentales se pueden agrupar en conscientes y no conscientes. Las conscientes son aquellas que el sujeto puede modificar con sus reflexiones. Por ejemplo, cuando analiza, compara y decide qué hacer, está actuando de manera consciente. Las actividades mentales no conscientes (llamadas subconscientes o inconscientes), corresponden a miedos, fobias, complejos, manías, hábitos y las funciones propias del organismo, como respirar, palpitar, caminar, sudar, etc.

En realidad, la división mencionada es sólo para facilitar un poco el estudio del comportamiento humano, porque en el cerebro no existe una barrera que marque el fin del consciente y el comienzo del no consciente. Existen infinidad de estados intermedios. Podemos decir que el cerebro genera estados de conciencia diferentes para cada actividad que estamos realizando. Por ejemplo, el estado de conciencia cuando estamos absortos en la lectura de un libro es muy distinto de aquél cuando estamos durmiendo, escuchando música clásica o en una actividad deportiva.

La hipnosis es un estado modificado o alterado de la conciencia, parecido al del sueño fisiológico, en el que podemos estar conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor, escuchar todos los ruidos y aumentar la atención hacia nuestros pensamientos, para conseguir un estado de concentración dirigida a aquellos contenidos que nos interesen. Este estado ha sido nombrado de muchas formas: trance, estado hipnótico, estado alterado de conciencia, estado sofrónico, PNL... Fue denominado hipnosis por el médico escocés James Braid en 1843, quien consideró que los sujetos se comportaban como dormidos. Acuñó la palabra tomando la raíz griega hypnos, que significa sueño.

Nadie puede ser hipnotizado en contra de su voluntad, y durante la hipnosis el sujeto es dueño de sí mismo; sólo hace aquello que acepta hacer. Por lo general, a medida que el hipnotizador le va solicitando al sujeto que recuerde la causa de un determinado síntoma, éste percibe una sensación, imagen o pensamiento relacionado de alguna manera con el tema. De esta manera, poco a poco, se le va llevando cada vez más profundo en el trance, de modo que no analice conscientemente lo que está diciendo. Niños y adultos pueden alcanzar un estado hipnótico, pero cada persona vivencia diferente. De 10 personas, por ejemplo, es posible que una no logre el más mínimo efecto en la primera sesión, mientras que unas 5 pueden llegar a un trance profundo en pocos minutos.

El psiquiatra norteamericano Milton Erickson empleaba metáforas (similitudes, comparaciones con otras cosas de fácil comprensión) para inducir a sus pacientes reacciones psico-emocionales que les curasen de trastornos mentales sin necesidad de una hipnosis clásica o que supusiera la pérdida de conciencia. El médico español Ángel Escudero opera a sus pacientes completamente despiertos y sin anestesia, llegando incluso a conversar con ellos durante la intervención quirúrgica; a su técnica la llamó Noesiología. Algo similar ha logrado el médico neuro-psiquiatra colombiano Alfonso Caycedo Lozano con su técnica denominada Sofrología, creada en España en 1960.

Presenta resistencia a la hipnosis quien es muy racional, tiene ansiedad por saber en qué momento lo hipnotizan, está de afán para asistir a un compromiso, quien tiene un vínculo familiar cercano con el terapeuta, una persona muy mayor con dispersión mental, o un niño muy pequeño. También hay dificultad con quienes sufren de retardo mental, los muy sumisos, o los que piensan que les pueden hacer decir algo que ocultan. Hay quienes logran un trance profundo en pocos minutos, mientras otros pueden tardar horas.

Nadie hace cosas en contra de sus principios morales. La persona hipnotizada tiene control sobre lo que tiene que ver con su código de ética y principios morales; si hace algo inmoral bajo hipnosis es porque también había la posibilidad de que lo hiciera en estado consciente. Lógicamente, el riesgo de algo indebido es menor cuando la persona está acompañada por algún amigo o familiar durante el proceso.

Al despertar se puede recordar todo, parcialmente o nada. Ello depende de varios factores, como las órdenes del hipnotizador y lo traumático de las vivencias.

Nadie se queda hipnotizado. Si el sujeto es dejado en ese estado, el sueño hipnótico se convierte en fisiológico y la persona despierta poco después normalmente. La hipnosis como tal no tiene ningún peligro. Lo que puede ocurrir es que al tratar de "despertar" rápidamente a un sujeto que está en un estado muy profundo, éste presente dificultad para hacerlo, tal y como le puede ocurrir a cualquiera en sueño fisiológico, cuando siente que quiere despertar y su cuerpo no le obedece. En algunos espectáculos se ha dado ese caso, y llaman a un médico, a los periodistas, al cura del pueblo, le aplican inyecciones, lo llevan a la clínica y después dicen que la hipnosis es peligrosa (y si el espectáculo fue en un colegio con niños, se puede presentar una histeria colectiva). En realidad, bastaba con esperar a que el estado de trance pasase por sí mismo a sueño fisiológico, o darle la orden de que en 10 minutos, por ejemplo, "despertarás plácidamente".

El psicólogo argentino Armando Scharovsky dice en su libro "Curso práctico de hipnosis y regresiones a vidas pasadas": Una de las cosas que a veces presenta mayor dificultad, es convencer al paciente que ha estado en hipnosis. Viene esperando dormirse y que al despertar le cuenten qué ha pasado. Está esperando tener una regresión al estilo Hollywood, con humito en el suelo, etc. Y como no se cumple la idea que tenía preconcebida, se siente decepcionado. A veces, un paciente que ha estado una hora o más completamente quieto, sin mover una pestaña, y con otros signos que ustedes aprenderán a reconocer como de hipnosis profunda, como es el aplanamiento del rostro por la pérdida de tono de los músculos faciales, abre los ojos y dice: “No sé si estuve en hipnosis, porque estuve despierto todo el tiempo”.

El psiquiatra norteamericano Brian Weiss dice: “La mayoría tiene un concepto equivocado de la hipnosis a causa de la manera en que la han representado la televisión, las películas y los espectáculos teatrales. Estar hipnotizado no es estar dormido. La conciencia sabe siempre lo que uno experimenta mientras está hipnotizado (...) Durante la hipnosis, su mente está siempre despierta, observando y haciendo comentarios. Siempre puede comparar detalles y hechos con los de su vida actual. Es el observador de su película, su crítico y habitualmente también su estrella”.

SECANDO EL CHARCO

Acostumbro llevar a mis conferencias una escoba de tiras de algodón o de tela, y durante el transcurso de la misma, interrumpo varias veces para coger la escoba y empiezo a secar un supuesto charco de agua que se forma en esa parte del escenario en la que me debo hacer. Y mientras paso la escoba de lado a lado, explico al auditorio que llevamos varios meses con ese problema, y que no hemos sabido si es por una gotera en el techo producto del invierno (y miro hacia arriba, para dar credibilidad), un nacimiento de agua subterránea en el piso, una tubería mal instalada, etc. Una vez que he recogido y secado el agua, coloco la escoba a la vista del público y continúo con mi charla.

En este punto hemos tenido anécdotas chistosas, pues han resultado voluntarios del público que suben al escenario a ayudarme a secar el charco. Y mientras descubren sorprendidos que éste no existe, los invito a bajar para que no alteren el mensaje que quiero dar. Cuando considero que ya el público está convencido que el problema del charco es real, digo que un niño que estaba entre el público acaba de subir al escenario y me ha regañado por ser tan ciego, y me dice que él estaba viendo desde hace rato que algo goteaba por la pared posterior. En ese momento simulo que soy ese niño, y tiro a un lado una silla que está junto a dicha pared. Al hacerlo, sostengo con mi mano en la pared algo que parezca un grifo y digo que está mal cerrado, que está goteando agua. Y que como el piso está en batea, con ligera pendiente, como en canoa, el agua cae aquí pero el charco se forma allá, en la parte que yo estaba secando.

En ese momento hago el ademán de cerrar el grifo. Luego lanzo lejos la escoba y digo en voz alta: ¡Ya no la necesitamos más, pues el charco no se volverá a formar! Y finalizo con el siguiente mensaje: Cuántos de vosotros tenéis goteras en vuestra mente, tal como rencores, deseo de venganza, depresión, tristezas, miedos, culpas, un duelo sin elaborar, que no forman el charco en vuestra cabeza a manera de una jaqueca, pero lo hacen en otra parte del cuerpo a modo de cáncer, dolores sin causa aparente, disfunción sexual, gastritis, alergia, etc. (a esto se le llama somatización).

Y cuántos de vosotros lleváis meses o años visitando cada cierto tiempo curanderos, médicos y clínicas, simplemente para que os sequen por un tiempo el charco con pastillas, jarabes, inyecciones, masajes o dietas. Con hipnosis terapéutica podéis encontrar el origen del charco y secarlo definitivamente.

¿CON QUIÉN ME TOCA?

Imagina una escuela cualquiera en la que la maestra tiene que dejar solos a sus alumnos por un corto tiempo. Y para mantenerlos ocupados, resolvió organizarlos por parejas, de modo que uno le enseñase al otro, o viceversa. Inicialmente resolvió poner juntos a los dos alumnos más inteligentes, los dos más ignorantes, los dos más necios, los dos repitentes. Evidentemente, eso no le va a funcionar, pues ninguno le podrá enseñar nada a quien le correspondió como compañero de la experiencia.

Afortunadamente la maestra se dio cuenta del error y los cambió de posición: colocó a un buen estudiante junto a uno con dificultades de aprendizaje; a uno paciente con intolerante, a uno soberbio con humilde, y así sucesivamente. De este modo, en cada pareja había un alumno que haría las veces de maestro y otro actuaría como discípulo aprendiz.

Ocasionalmente llegan grandes maestros a la Tierra u otros planetas habitados del cosmos, como Jesús (enseñó el perdón) y Gautama Siddharta (Buda, enseñó el desapego). También se reúnen personas en una misma familia, empresa o grupo de vecinos, de modo que uno le enseñe al otro la paciencia, tolerancia, justicia, comprensión, humildad, cariño, ternura, perdón, etc. ¿Y tú qué estás aprendiendo? ¿Quién es tu maestro? ¿Y qué enseñas tú?

EL COSTAL DE BASURA

Otro ejemplo que utilizo para motivar el cambio de actitud en la gente, es el de un hombre que duerme bajo el puente y en la mañana se levanta y coge un viejo costal para ir a recorrer las calles pidiendo limosna. Y todo cuanto objeto le causa daño o dolor, lo echa al costal y lo carga en su espalda. Y como esto lo hace cada día, ha ido juntando piedras, palos, espinas, cáscaras de plátano en las que resbaló, agua sucia que le lanzaron de un balcón, los restos de una comida que le causó indigestión, etc. Por la noche al acostarse, coloca el costal a modo de almohada, y como es lógico, le da dificultad dormir. Y hay noches en que esparce por el piso el contenido del costal y hace un inventario para ver que no le falte nada.

Y si ese hombre está loco, también lo estáis muchos de vosotros, pues cada día lo pasáis recogiendo tristezas, rencores, culpas, insultos, burlas, complejos, noviazgos rotos y relaciones que no fueron. Y para algunos, su costal se va tornando tan pesado, que empiezan a quejarse de dolor y cansancio en la espalda y las piernas. Incluso, hay quienes tienen dificultad para dormir, pues cada noche hacen inventario de lo que recogieron durante el día, y de los agravios, castigos y otras penas desde la niñez hasta ahora.

PODERES DE LA MENTE

En estado hipnótico es relativamente fácil producir fenómenos que se salen de lo que pudiéramos llamar normal, tal como telepatía, es decir, captar lo que está pensando una persona concreta, independientemente de que se encuentre cerca o a miles de kilómetros. También es fácil que el hipnotizado establezca el estado de salud o enfermedad de su propio organismo o el de otra persona, cual si tuviese el don de una visión interior (buscar "Edgar Cayce" en Google, http://es.wikipedia.org/wiki/Edgar_Cayce).

Y también son inexplicables, desde la psicología tradicional, los casos de memoria extra cerebral, en los que el hipnotizado puede recordar supuestas vidas pasadas, e incluso hablar en idiomas que se supone no conoce; a este fenómeno se le denomina xenoglosia. ¿Por qué sucede esto? Probablemente porque en estado de hipnosis nuestra mente actúa bajo unos parámetros diferentes de los que comúnmente entendemos como espacio / tiempo.

El cambio de rol con otra persona ausente (pensar, responder y actuar como el otro) es sorprendente en hipnosis. Hemos recibido testimonios de algunos casos en los que se hizo terapia de perdón por este medio, y como resultado del supuesto diálogo entre el paciente y la persona ausente, hubo modificación positiva de conductas en los sujetos relacionados.

EL ORGANISMO OPERA POR ESTÍMULO-RESPUESTA

En las leyes físicas es muy conocida aquella que afirma que todo efecto tiene una causa que lo produce. Nuestro organismo produce una respuesta específica para cada estímulo físico o psicológico que recibe. Por ejemplo, si un sujeto escucha por la radio que el número ganador de la lotería es el mismo del billete que ahora mismo tiene en su mano, desborda de alegría y salta como loco. Si ve que uno de los afectados en el accidente es su familiar cercano, lo acongoja la tristeza, llora y hasta puede desmayar. Y la respuesta se da aunque la causa del estímulo haya sucedido hace muchos años, porque el sujeto la puede visualizar y proyectar en su pantalla mental, a lo que el cerebro responde como si fuese real y actual, produciendo alegría o tristeza, según el caso.

Podemos comparar el funcionamiento de nuestro organismo con un sistema informático, en el que el cerebro, el hipotálamo y la hipófisis conforman un poderoso procesador neurobiológico (CPU). La memoria actúa cual si fuese una memoria RAM o un disco para datos. Los ojos son la cámara de video, los oídos hacen las veces de micrófono que capta los sonidos, el aparato bucal es el parlante que genera el audio, el corazón es la fuente de potencia, los brazos son la impresora que escribe o el plotter que dibuja.

Richard Bandler y John Grinder, norteamericanos que se basaron en las experiencias de hipnosis clínica de Milton Erickson, llamaron PNL (Programación Neuro Lingüística) a un modelo de comunicación interpersonal para generar cambios en la conducta mental y emocional, en el que se puede comparar el comportamiento humano con un computador. El software que programa lo que habremos de obtener, es la lingüística o manera de expresarnos. Habla y piensa positivamente. Si crees que puedes lograr algo, y lo proyectas en tu pantalla mental, lo lograrás tarde o temprano. Creemos que esa es la fe de que hablaba Jesús, al decir: "Tu fe te ha sanado, vete y no lo cuentes a nadie".
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