Karl popper El cuerpo y la mente




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Por supuesto, yo no he propuesto la distinción entre los proble mas que se pueden contrastar por medio de observaciones y los que no se pueden contrastar con objeto de eliminar los problemas —y sin duda no lo he hecho para sugerir que las teorías pseudocientíficas ca recen de sentido o que no son ni verdaderas ni falsas—. Unicamente deseaba abordar un importante problema práctico, a saber, el pro blema de si debe o no debe contrastarse una teoría por medio de la observación. Este puede ser un problema muy importante. Aunque no sea por otra cosa que porque puede ahorrarle a alguien una gran cantidad de tiempo, energía y, por supuesto, dinero si puede decir de antemano si su teoría puede o no ser contrastada por medio de las ob servaciones. Por supuesto, esto puede ser muy difícil de determinar, y no siempre puede hacerse. Pero puede ser muy importante.

Alguien puede, por ejemplo, dedicar muchos años a la búsqueda de observaciones con objeto de contrastar una teoría que sea compa tible con toda observación posible. Y alguien puede, por otra parte, intentar refutar una teoría sin pensar nunca en contrastar una teoría

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con las observaciones que pueden refutarla en realidad. Acaso el ejemplo más conocido sea el de Hegel. Muchos de ustedes sabrán que Hegel se ocupó del problema de las órbitas planetarias en su te sis. Pero Hegel creía aparentemente que se trataba de un problema que debía resolverse por medio de la pura razón, dado que intentó ofrecer una prueba a priori de las leyes de Kepler. Hegel estaba de acuerdo con Platón acerca del número de los planetas, y en su tesis elaboró una «demostración», que decía que sólo podían existir siete planetas y, en concreto, que no podía haber ningún planeta entre Marte y Júpiter. Se trataba de un problema muy real a finales del si glo dieciocho, dado que parecía haber una gran distancia —mucho más grande de lo esperado— entre Marte y Júpiter. El astrónomo Bode se había percatado de la existencia de esta distancia y muchos astrónomos conjeturaron que podía haber un planeta en algún lugar entre ambos planetas. En aquella época muchos astrónomos se ocu paron de este problema y constituyeron, de hecho, una organización especial que denominaron la «Policía Celestial» con objeto de buscar planetas entre Marte y Júpiter. De modo que no se trataba de un pseudoproblema. Pero Hegel era un admirador de Platón e intentó, por lo que parece, refutar esta conjetura sin pararse a pensar en con trastar su «demostración» con las observaciones. Hegel predijo que no podía existir tal planeta. Eso fue un hecho desafortunado, dado que en la época en que publicó su predicción ya se había observado un asteroide —que es, por supuesto, un pequeño planeta— entre Marte y Júpiter. Este asteroide, llamado Ceres, fue descubierto a principios del mismo año en que Hegel finalizó su tesis, pero Hegel no lo sabía. Más tarde se descubrieron aún más asteroides, y, por su puesto, planetas mayores como Neptuno y Plutón fueron descubier tos aún más tarde. Pero incluso aunque Hegel admitiese su error, en su Enciclopedia siguió intentando ofrecer una explicación a priori de los planetas.

De todos modos, ésta es la clase de cuestión sobre la que yo quie ro llamar la atención, Por supuesto, Hegel no afirmaba que su teoría fuese una teoría empírica y no intentó contrastarla con las observa ciones. Eso es lo que debiera haber hecho, pero no lo hizo, y ello nos muestra la otra cara de la moneda.

DESCRIPCIÓN, ARGUMENTO E IMAGINACIÓN

Damas y caballeros:

En la última ocasión hablé principalmente sobre la evolución y bosquejé brevemente una teoría de la evolución que se puede consi derar como una ligera revisión del neodarwinismo ob que hoy en día con frecuencia se denomina «la nueva síntesis».

Mi teoría de la evolución está basada en este esquema tetrádico excesivamente simplificado:

P — TT - EF -* P

Aquí, TT puede ser una teoría provisional, pero también se pue de tratar, de forma más general, de un ensayo provisional. Al igual que antes, EE es la eliminación de error —no necesariamente por me dio de la discusión crítica, sino también, por ejemplo, debido a la se lección natural o, en todo caso, debido al fracaso del intento de reso lución del problema Pi—. P es, por supuesto, el nuevo problema que puede surgir o bien a partir de la eliminación de error o a partir del ensayo provisional.

Mis tesis principales son los siguientes seis enunciados:

1. Todos los seres vivos se ocupan constantemente de resolver problemas, en el sentido de este esquema tetrádico excesivamente simplificado.

2. Los organivmos individuales resuelven sus problemas por me dio de ensayos provisionales. Estos ensayos consisten en pautas de comportamiento.

3. Las e3pecies resuelven sus problemas al componer de forma provisional patrones genéticos, incluidas las nuevas mutaciones, que

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Para formularlo de otro modo:

3 productos (tales como libros, historias, mitos: len guaje),

2 dírposiciones del organivmo,

1 estados físicos.

Mientras que ios lenguajes animales no trascienden el ámbito de las disposiciones —o bien la disposición a expresar ciertos estados emocionales o la disposición a reaccionar ante tales expresiones— los lenguajes humanos, que, por supuesto, son asimismo disposicionales, trascienden el ámbito de las disposiciones y devienen de este modo básicos para el mundo 3.

Mi segunda tesis principal es que el poder imaginativo del hombre puede, como resultado, evolucionar de modos completamente nue vos, ya que junto con la invención del lenguaje descriptivo, el hombre dispone de medios para decir cosas verdaderas y también otras que no lo son: puede inventar historias, cuentos de hadas, mitos. Goza, por tanto, de medios para inventar imaginativamente y puede desarrollar con ellos una clase totalmente nueva de mundo imaginativo. Los in formes verdaderos pueden explicar lo ocurrido: «El ciervo murió por. que le alcancé con una flecha». Pero para lo inexplicable se puede in ventar un cuento: «El rey falleció porque Zeus le alcanzó con su rayo». De este modo se pueden inventar teorías explicativas.

Este poder inventivo hunde sus raíces en la función descriptiva, hereditariamente afianzada, del lenguaje humano.

Las historias, ios mitos y las teorías explicativas son los prime ros habitantes característicos del mundo 3. Les siguen las historias ilustradas, tales como los informes sobre cacerías que se encuentran en las cuevas, Las pinturas fueron durante largo tiempo el único medio de contar una historia de otro modo que no fuese oral. A partir de ellas se desarrollaron el lenguaje pictórico y los lenguajes escritos.

Durante el tiempo restante de mi conferencia me ocuparé de la evolución de las funciones humanas específicas del lenguaje, y trata ré entonces el esquema completo.

Esto requiere una descripción de la diferencia entre el lenguaje humano y el lenguaje animal.

Los lenguajes animales, incluidos los lenguajes humanos, se pue

DEScRIPCIÓN, ARGUMENTO E IMAGINACIÓN

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den considerar como clases de conocimiento subjetivo —esto es, como disposiciones a comportarse de una cierta manera—. Se pueden con-

siderar asimismo como algo físico y objetivo —como herramientas exosomáticas, instrumentos desarrollados fuera del cuerpo, compa rables a los nidos.

Esta última interpretación es evidente para el lenguaje humano escrito, impreso o registrado, pero tiene precursores en ciertos len guajes animales —por ejemplo, en los tocones o árboles que diversas especies caninas y osunas utilizan como oficina de correos, en las que depositan su olor personal y que emplean para marcar las regiones que consideran su propiedad privada con señales que significan:

«Prohibido el paso. Propiedad privada».

Según los estudiosos del comportamiento animal, las canciones de los pájaros poseen un significado muy parecido.

En mi primera conferencia mencioné la idea general de los ins trumentos exosomáticos. Esta idea se debe a Samuel Butler, el autor de Erewhon, un gran admirador de Charles Darwin y su primer gran crítico. Butier se dio cuenta de que mientras los animales desarrollan nuevos órganos, los humanos desarrollan nuevas herramientas. Como dije anteriormente, en lugar de desarrollar mejores ojos y pier nas más veloces, desarrollamos gafas y automóviles.

Butler, por supuesto, estaba bastante en lo cierto al subrayar que el desarrollo de órganos exosomáticos —esto es, de herramientas— es muy característico de la especie humana. Pero, como casi la totali dad de las peculiaridades humanas, esta evolución tiene antecedentes animales. Un nido de pájaros, una tela de araña o los diques que cons truyen los castores son sólo tres ejemplos de instrumentos exosomá ticos desarrollados por los animales. Como acabamos de ver, incluso el lenguaje, incluso el lenguaje escrito, posee tales antecedentes ani males.

Estos productos del comportamiento animal —que por supuesto descansan sobre una base genética, incluso aunque algunos de ellos tengan un componente tradicional— se puede decir que constituyen el antecedente animal de lo que se ha convertido, a nivel humano, en el mundo 3.

Es importante observar que estos antecedentes animales —es tos terceros mundos animales— son autónomos, al igual que nues tro propio mundo 3. La fabricación de una tela de araña o de un

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nido de pájaro, aunque instintiva, se ajusta en cada caso a la situa ción problemática objetiva creada por el instinto del animal en combinación con las condiciones medioambicntalcs especiales que el animal no puede alterar. Aunque el animal puede seleccionar el nicho medioambiental o ecológico menos difícil, se enfrenta a las consecuencias no planeadas de sus acciones una vez que lo haya se leccionado.

Un ejemplo sencilloes el desarrollo de una senda animal a través de la jungla. Una senda puede ser descrita como una herramienta, pero también como una institución social. En donde un animal se ha abierto paso a través de la maleza, la senda resulta fácil y es, por tan to, y de acuerdo con algo parecido a la ley de la menor resistencia, uti lizado por cada vez más animales —tanto amigos como enemigos—, lo cual crea problemas nuevos no planeados.

Llego ahora a mi tercera tesis principal, que es la siguiente. Aun que los animales han producido su propio mundo 3, que consta de lenguajes animales, ningún animal ha producido nada parecido al co nocimiento objetivo. Todo conocimiento animal es disposicional. Aunque algunas de estas disposiciones se creen por medio de la imi tación —esto es, por tradición, que hay que reconocer que se aproxima al conocimiento objetivo—, un abisino las separa del conocimiento objetivo humano.

Así, la existencia del conocimiento objetivo parece uno de los po cos hechos biológicos importantes que distinguen tajantemente entre los animales y los hombres. Esto sugiere que un estudio evolucionis ta de la emergéncia del conocimiento objetivo puede ser de conside rable interés.

Mi cuarta tesis principal es la siguiente. Aunque el hombre ha evolucionado de forma más notoria a través del desarrollo de herra mientas exosomáticas, parece que ninguna de ellas —ni siquiera la utilización de palos— se apoya en una base hereditaria especializada, como lo hacen al parecer todas las herramientas exosomáticas desa rrolladas por los animales. Esto es en sí mismo interesante y sorpren dente, pero hay una importante excepción a esta regla: las funciones específicamente humanas del lenguaje que hacen posible el conoci miento objetivo sí poseen una base muy específica, especializada y hereditaria en el hombre, como les explicaré.

Mis cuatro tesis en conjunto arrojan la con jetura de que la evolu

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ción del hombre le ha otorgado a éste algo que es característica y es pecíficamente humano, es decir, un instinto basado genéticamente para adquirir, por imitación, un lenguaje específicamente humano que es apropiado para ser portador del conocimiento objetivo.

A continuación abordaré el problema del análisis de las funciones inferiores y superiores del lenguaje humano. Con las funciones infe riores me refiero a las funciones que, basadas por completo en las dis posiciones, son compartidas por ios lenguajes humanos y animales. Y con la expresión «funciones superiores» me refiero a las que son es pecíficamente humanas y que conforman la base del mundo 3.

Fue Karl Bühler quien primero propuso una teoría de estas fun

- ciones. No es una teoría que esté en boga. Me consta que tanto los fi lósofos como los psicólogos han hecho caso omiso de ella, a pesar de su gran importancia.

Bühler distinguió tres funciones, dos inferiores y una superior. Yo he agregado a éstas varias funciones superiores ulteriores y, espe cialmente, una que es esencial para el conocimiento objetivo y que consideraré como la cuarta función.

Funciones lingüísticas superiores (base del mundo 3):

Función argumentadora o crítica.

Función descriptiva o informativa.

Funciones lingüísticas inferiores:

Función comunicativa. Función expresiva.

Las funciones inferiores del lenguajes de Bühler son las funciones (auto-)expresiva y comunicativa. Su función superior es la descripti va o informatiya. La segunda función superior esencial para el cono cimiento objetivo, una función que he agregado al esquema de Büh lcr, es la función argumentadora o crítica.

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El carácter biológico o evolucionista de este esquema se hace no tar en el hecho de que si está presente cualquiera de estas funciones, entonces todas las que se encuentran por debajo también están pre sentes. Por tanto, un animal o un hombre no se pueden comunicar sin expresar su estado fisiológico interno. Un hombre no puede describir algo o informar a otros sobre algo sin comunicarse y sin expresarse. Del mismo modo, no puede argumentar sin activar al mismo tiempo las tres funciones que están por debajo del nivel argumentador.

A propósito, no deseo ocuparme aquí de otras funciones supe riores tales como la reprobatoria, la exhortatoria, la incentivante, la laudatoria o la despectiva. La función de mando es, en esencia, un as pecto de las funciones inferiores: «jProhibido el paso..!».

Considerada biológicamente, la función de una orden, al igual que la de ciertas drogas, consiste en desencadenar ciertas acciones o reacciones, o ciertas secuencias de acciones y reacciones. Observen que la utilización de señales dentro de un ordenador se puede inter pretar como una especie de lenguaje de mando. Lo mismo se puede decir del código genético. En ambos casos, nosotros podemos inter pretar la orden de modo que contenga asimismo una descripción de lo que ésta debe alcanzar. Pero tenemos todas las razones para creer que en el interior del ordenador o de la célula no se interpreta de esa manera.

Permítanme ilustrar mi esquema de las cuatro funciones principa les del lenguaje con ayuda de unos ejemplos. Cuando un hombre o un león bosteza, expresa un estado fisiológico de su organismo. Si un hombre bosteza en su dormitorio solitario, su bostezo no tiene, en cuanto lenguaje, otra función que la autoexpresión. Si bosteza en com pañía, puede contagiar a otros su estado de somnolencia: ustedes pue den ensayar por sí mismos cómo por medio de bostezos persistentes e insinuantes —suponiendo que resulte juiciosamente natural y en apa riencia inconsciente— se puede no sólo inducir a otras personas a bos tezar, sino también ayudarles a quedarse realmente dormidos. Por tanto, el bostezar puede no sólo ejercer una función expresiva, sino también una función comunicativa de tipo «contagioso». Del mismo modo, la expresión del miedo tiende a inducir miedo en otros indivi duos. Pero no toda comunicación es del tipo «contagioso». Los actos expresivos pueden, por supuesto, ser comunicativos de un modo muy distinto. Por ejemplo, los síntomas de miedo pueden estimular a un
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