Karl popper El cuerpo y la mente




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DEsCRIPCIÓN, ARGUMENTO E IMAGINACIÓN

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agresor, mientras que los síntomas de valor le pueden desalentar. Y las expresiones que equivalen a una orden tal como « pueden ser o no ser del tipo de comunicación contagioso, según si se susurran o se gritan.

Hablando de forma general, según Bühler la comunicación tiene lugar siempre que un movimiento expresivo de un individuo opera sobre otro como una señal que desencadena una respuesta en ese otro individuo. Por supuesto, existen también señales que no son ex presiones. Pero es importante el hecho de que la mayoría de los filó sofos del lenguaje no hayan pasado de la expresión y de la comunica ción, y que pocos de ellos hayan distinguido siquiera entre ambas funciones. Todo se denomina o bien «comunicación» o «expresión»

—algunos subrayan la expresión, otros la comunicación—. Nadie hace realmente hincapié en las funciones restantes.

Dirijamos ahora nuestra atención hacia la tercera función, lafun ción descrz Mientras hablo con ustedes les estoy describiendo varias cosas. Estoy describiendo la teoría de Bühler e intento ofrecer les cierta información sobre ella. Estoy describiendo asimismo diver sas clases de expresiones de los hombres y los animales, y la respues ta a éstas que se producen en otros hombres y animales.

Pero no puedo hablarles a ustedes o siquiera preparar mi confe rencia sin expresar algún estado de mi organismo.

Mi voz y mi acento, por ejemplo, son sin duda sintomáticos de mi historia pasada y, por tanto, expresivos. Asimismo, no puedo hablar les sin comunicar, esto es, sin desencadenar alguna respuesta emo cional en ustedes.

Por tanto, la descripción implica normalmente la expresión y la comunicación, pero según Bühler, ello no convierte el acto de des cripción en un caso especial de comunicación, o la comunicación en un caso especial de expresión. Esto es muy importante. De hecho, la inevitable autoexpresión que la descripción implica puede parecer tener poca importancia comparada con la descripción. Y en una bue na conferencia, la respuesta del público será principalmente una res puesta a contenido de ésta —a ciertos objetos del mundo 3— y sólo en menor modo será una respuesta a la inevitable autoexpresión del conferenciante.

Aquí habría que concebir los términos «función descriptiva» y «función informativa» en un sentido muy amplio. Lo que se preten

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de es una clase de discurso que puede ser una descripción verdadera o falsa de alguna situación —y esta situación puede abarcar desde te mas tan concretos como el estado del tiempo en Atlanta o el estado de salud hasta hechos tan abstractos como la invalidez del teorema de Pitágoras en la geometría no euclídea o el que los filósofos y psicólo gos no reconozcan la teoría de Bühler.

Pero permítanme regresar a la tesis de Bühler según la cual es un error interpretar una descripción como un caso especial de comuni cación o la comunicación como un caso especial de expresión. Lo que Bühler quiere decir se puede expresar del siguiente modo: bioló gicamente, la función comunicativa del lenguaje difiere de la función expresiva —y podemos añadir que, entre ambas, la función comuni cativa es la más importante desde el punto de vista biológico—. Del mismo modo, 1 función descriptiva del lenguaje difiere de la función comunicativa —y podemos agregar que biológicamente es aún más importante.

Resulta interesante observar que, aunque la función descriptiva represente plenamente su papel únicamente en el lenguaje humano, parece que algunos lenguajes animales se aproximan a esta función. Tal vez el mejor ejemplo sea el lenguaje de las abejas. Una abeja que «baila» primero expresa su excitación por haber descubierto un nue vo lugar prometedor para recoger miel. En segundo lugar, comunica su excitación a otras abejas. Y en tercer lugar, podemos decir que des cribe la dirección relativa a la posición del sol —y acaso incluso la dis tancia del panal— en la que deben volar las abejas con objeto de en contrar el nuevo lugar. En otras palabras, describe la posición en función de las coordenadas sol-y-panal.

Tenemos todos los motivos para pensar, sin embargo, que una abeja es incapaz de decir una mentira o de contar una historia. Puede cometer un error —de hecho, podemos inducirla a cometerlo enga ñándola—, pero tales errores parecen demasiado poco comunes para plantear un problema biológico a las abejas o para que les merezca la pena desarrollar algo parecido a un método de contrainterrogación crítica de una abeja portadora de información o a discutir sobre la credibilidad de ésta.

Narrar historias, decir mentiras, parece algo que se ha dejado al animal humano. Pero no tengo la intención de decir que el hombre sea el único animal que puede mentir: tanto Ernest Thompson Seton

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como Konrad Lorenz han descrito un comportamiento de los perros que se puede describir correctamente como disimulo —por cierto, el perro descrito por Lorenz poseía una personalidad encantadora y di simulaba sólo para cubrir un error embarazoso.

El lenguaje humano es descriptivo en el sentido de que podemos contar una historia que es verdadera o falsa. Y esto conduce a las di versas operaciones lógicas de negación o rechazo —esto es, a la críti ca—. Podemos, por ejemplo, rechazar una afirmación, una sugeren cia o una información. Podemos decir: «Esta información no es cierta». Si recordamos cómo educan algunos animales superiores a sus crías, tal vez no sea demasiado exagerado pensar que nuestros an tepasados iniciaron esta evolución cuando les dijeron a sus hijos:

« hagáis eso!», Esto es, la negación o el rechazo puede haber co menzado con una orden tal como «jNo lo hagas!». Los perros, por ejemplo, pueden aprender a comprender esta orden con gran fa cilidad. A partir de esta situación se pudo haber pasado a «No lo creáis!» (o « le creáis!»). La negación española « todavía puede funcionar de estas y de otras maneras.

Por supuesto, las cosas pudieron evolucionar de forma muy dis tinta. Las preguntas pueden haber desempeñado un papel, así como la curiosidad ínfantil que los niños comparten con los gatitos y con otras crías de animales. En todo caso, se dio un paso trascendental cuando un fragmento de información descriptiva se volvió problemá tica y fue rechazada. Unicamente cuando se da este paso, que casi al canza la cuarta función, se pasa a diferenciar totalmente la función descriptiva de la función comunicativa.

Dado que las funciones expresiva y comunicativa están más pro fundamente enraizadas genéticamente que la función descriptiva, el escuchar una historia —y, lo que es más, verla representada en forma de una obra— aún tiene la fuerte tendencia de arrastrarnos emocio nalmente e inducir alguna clase de aceptación en nosotros, incluso aunque seamos plenamente conscientes del hecho de que la historia es tan sólo una historia. La publicidad se apoya casi por completo en este efecto comunicativo, junto con el contagio comunicativo del que nos ocupamos anteriormente.

Incluso aún ahora hay indicios de ue dar este paso debió de ser extremadamente difícil.

No hace tanto tiempo que estar en desacuerdo con un hombre

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acerca de una cuestión de información fáctica significaba «decirle una mentira» y era equivalente a desafiarle a luchar. Parece que el primer método de ocuparse de la información contradictoria consis tió en dejar que los informantes lo resolvieran mediante una pelea. Esto explica por qué transcurrió tanto tiempo antes de que la verdad fáctica u objetiva de un fragmento de información —esto es, su concordancia con los hechos— se distinguiera claramente de la vera cidad subjetiva del informante.

Se plantea el gran problema de por qué el uso descriptivo del len guaje fue, incluso en las primeras fases, tan importante y gozó de tal éxito biológicamente que se afianzó hereditariamente. Puesto que te nemos todos los motivos para creer que se convirtió en parte de nues tra herencia: el distinto desarrollo lingüístico de un niño y de, digamos, un chimpancé o un perro no se debe solamente al «condicionamien to». El perro puede incluso aprender a entender muy bien algún len guaje, incluido su propio nombre y los de algunas personas. Pero, aun que comprenda el significado de la frase «eSalimos a dar un paseo?», no tenemos motivos para pensar que este significado sea plenamente descriptivo —aunque, por supuesto, desencadene expectativas.

Las diferencias entre las diversas estructuras gramaticales des criptivas —las diferencias entre preguntas y respuestas, y muchas otras— deben de tener alguna clase de base genética innata. Por su puesto, no se pueden desarrollar sin los estímulos adecuados y sin la oportunidad de ser practicadas —esto es, del aprendizaje por ensayo y error—. Pero no existe la imitación sin un impulso instintivo y se lectivo de imitación —sin un objetivo comportamental disposicional, aunque inconsciente—. Todo esto resulta especialmente evidente en el desarrollo de Helen Keller. Por supuesto, ningún lenguaje humano concreto es hereditario: todo lenguaje y toda gramática es tradicional. Pero el impulso, la necesidad, el objetivo y la aptitud o habilidad ne cesarias para adquirir una gramática son hereditarias: heredamos úni camente la potencialidad, pero esto ya es mucho.

Constituye un problema interesante preguntar por qué se ha desarrollado esta base genética específica de adquisición de un len guaje descriptivo. El problema es tanto más interesante cuanto que el lenguaje parece la única de nuestras herramientas exosomáticas que posee una base genética específica.

Como solución provisional a este problema, presento la siguiente

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lista provisional de consecuencias biológicamente importantes que la evolución del lenguaje descriptivo ha traído consigo.

1. Una conciencia más plena del tiempo y, por tanto, una susti tución parcial de la previsión instintiva por medio de una previsión consciente mds flexible de acontecimientos futuros —una previsión que resulta de conectarse al conocimiento objetivo—. Un ejemplo es el conocimiento de las estaciones.

2. La formulación de preguntas, y junto con ella, el inicio de una objetivación de los problemas que previamente sólo se sentían, tales como el hambre y el frío, y cómo evitarlos.

3. El desarrollo de la imaginación ( también encontramos en los animales!) utilizada en la elaboración de los mitos y en la na rración de historias.

4. Asimismo, el desarrollo de la inventiva: el método de ensayo y de eliminación de error presupone un suministro de ensayos, esto es, de nuevas ideas. La imaginación incrementa infinitamente este su ministro, de modo que el método de ensayo y error puede conducir a muchas nuevas clases de respuestas comportamentales, incluida la in vención y utilización de herramientas e instituciones sociales. El len guaje en sí es una institución social y es la base de muchas otras insti tuciones sociales, tales como las instituciones religiosas, legales y científicas.

-- 3. El aj tradicional —más que el afianzamiento ge nético—— de estas formas recientemente inventadas de comporta miento, herramientas e instituciones sociales. Estas formas de recien te invención devinieron tradicionales y continuaron siéndolo, debido a una necesidad de flexibilidad. Lo mismo se puede decir de los dis tintos lenguajes humanos.

Esta lista provisional muestra algunas de las ventajas biológicas del lenguaje descriptivo. Cada una de ellas tiene precursores anima les, pero el punto central parece el 3: aunque en los animales supe riores encontramos cierta inventiva imaginativa, ésta aumentó obvia mente en gran medida con la invención de la narración de historias. No se debe exagerar el papel que esta última ha desempeñado en el nacimiento de las civilizaciones superiores.

Por lo que sabemos, se puede encontrar la narración de historias

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en todas las comunidades humanas, por muy bajo que sea su desa rrollo cultural. No hay palos en todas las comunidades humanas, pero sí narración de historias. De modo que yo diría que la invención de herramientas, junto con la riqueza de las diferentes herramientas que pueden inventar los hombres, están relacionadas con la narra ción de historias. Pienso que los antropólogos que creen que la mano humana, que puede sostener un palo o coger una piedra, es lo princi pal para ios hombres —aparte, tal vez, del cerebro— están equivoca dos. Creo que el cerebro es de fundamental importancia. El compor tamiento yla función conductual siempre van por delante, y esto ha posibilitado en realidad la flexibilidad y la increíble riqueza de los instrumentos humanos.

No necesito decir mucho más acerca de la cuarta función del len guaje, es decir, la función crítica y argumentadora. Es evidente que se desarrolla a partir de, y está estrechamente relacionada con, la fun ción descriptiva e informativa. No existe una gran diferencia entre las preguntas persistentes de un niño y el contrainterrogatorio persisten te de un portador de información sospechosa. Pero mientras se pue de decir que las primeras pertenecen a la función descriptiva, el últi mo pertenece a la función crítica. Casi toda conversación, e incluso la mayoría de las historias, son en su mayor parte argumentadoras y crí ticas. Los mitos se inventan como teorías explicativas y son, como to das las explicaciones, en parte argumentadores, aunque con frecuen cia de un modo primitivo. Es asimismo evidente que la función descriptiva no se puede desarrollar plenamente sin la función crítica:

sólo con la función argumentadora y crítica se pueden desarrollar la negación y cosas similares, y éstas, por supuesto, enriquecen enor memente la función descriptiva e informativa.

Desde un punto de vista biológico, la cuarta función todavía se está elaborando, y no está tan afianzada en nuestra herencia como las otras, aunque la aparición de niños prodigio en matemáticas indica que existen ensayos genéticos que van en esta dirección. Pero no pue de haber duda acerca de que la utilización crítica y argumentadora del lenguaje humano descansa sobre una considerable base genética. Sus ventajas biológicas son muy evidentes: es esta utilización la que nos permite que las teorías mueran en nuestro lugar.

Me ocuparé ahora del problema final de esta conferencia: el desarrollo de las ideas reguladoras de la verdad objetiva y de la validez.

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La virtud humana subjetiva de la veracidad es algo que quizá se pusiera en práctica incluso antes del desarrollo de la función crítica

-, del lenguaje. Supone, de forma algo ingenua, la identidad entre una disposición a la sinceridad y una disposición a decir sólo lo que real mente sucede. E incluso implica, aunque de modo confuso, la idea de la verdad objetiva: la idea de que una historia es verdadera si re lata los hechos como son o como han sucedido en realidad. Esta es la idea de la verdad objetiva, que de alguna forma está implicada en la idea de la veracidad subjetiva: la idea de que un narrador de his torias es veraz si relata los hechos como son o como sucedieron en realidád.

Ahora bien, la idea de la verdad objetiva emerge en el nivel argu mentador o crítico, pero sólo lo hace en presencia del nivel descripti vo o informativo. La verdad objetiva es la verdad de una historia, de una teoría, de un informe o de algo similar. Todo esto ocurre en el ni vel descriptivo. Pero la evaluación de la verdad tiene lugar en el nivel argumentador o crítico: hemos ido más allá de la función informativa y la descripción de los acontecimientos una vez que empezamos a evaluar o criticar esas descripciones. De este modo, se puede decir que la función argumentadora o crítica del lenguaje emerge a partir de la función descriptiva o informativa. La función argumentadora y la posibilidad de crítica emergen a partir del nivel descriptivo par tiendo del supuesto subyacente consciente o inconsciente de que la historia o la teoría que se está estudiando debe evaluarse desde el punto de vista de su veracidad.
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