Karl popper El cuerpo y la mente




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El seguidor de Kant ya no cree que la física newtoniana sea la Ciencia, así, con mayúscula. La ciencia sólo es la hipótesis mejor co rroborada hasta el momento. Y el científico es el que está —o debe ría estar— empeñado en un debate interminable. ¿Contra quién? Contra lo ya pensado, contra la tradición, de la que no se puede pres cindir, pero en la que no se puede confiar. «Soy un racionalista de un tipo especial. Me interesa mucho el método científico. Después de es tudiar durante algún tiempo los métodos de las ciencias naturales,

pensé que sería interesante estudiar también ios métodos de las cien cias sociales. Fue entonces cuando me enfrenté por primera vez con el problema de la tradición. Los antirracionalistas del campo de la política, la teoría social, etc., sugieren habitualmente que este proble ma no puede ser abordado por ningún género de teoría racional». El racionalista quiere tratar las cosas directamente, sin el apoyo de la tradición. «Pero la cuestión no es tan simple como supone esta acti tud; esto se desprende del hecho de que el racionalista que hace tales afirmaciones se encuentra él mismo muy ligado a una tradición racio nalista». «Yo no creo que podamos liberarnos totalmente de los la zos de la tradición a otra, pero podemos liberarnos de los tabúes de una tradición, y podemos hacerlo no solamente rechazándola, sino también aceptándola críticamente». La ciencia apareció acompai da de una nueva tradición: «la discusión crítica del mjto». De eso se trata: de cambiar una vieja tradición por otra tradición más viva, ta jante, poderosa.

El problema cuerpo-mente

Antes de que la vida emergiera en un universo de soles ciegos y vertiginosas galaxias, no existían ni problemas ni valores. La vida, lo valioso y los problemas aparecieron al mismo tiempo. Vivir es resol ver problemas para mantener o alcanzar un valor, Este inquieto afán por sobrevivir, es decir, por mantener la vida y también por superar la, produjo, en un momento grande de la evolución, el nacimiento de la ciencia. La obra de Popper tiene un aire bríoso, optimísta, porque no se siente nunca agobiado por los problemas, sino estimulado y di vertido por ellos. «No comprendo qué atractivo podría tener una fi losofía sin problemas», escribe. Considera que la ciencia, las huma nidades, la filosofía no se distinguen por sus temas sino por los obstáculos que tienen que superar. «No estudiamos temas sino pro blemas; y los problemas pueden atravesar los límites de cualquier ob

22. Conjituras y refutaciones, Barcelona, Paidós, 1994, pág. 156.

23. Id., op. cit., pág. 157.

24, Id., op. cit., pág. 159.

25. Id., op. cit., pág. 164.

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jeto de estudio o disciplina». Por eso, explica, porque los problemas pueden pasar de una ciencia a la otra, habría que abandonar esa moda, que ha degenerado ya en pesadez y aburrimiento, de separar esencialmente la ciencia y las humanidades. «Ambas practican el mé todo de resolución de problemas, el método de conjeturas y refuta ciones, que es utilizado tanto para reconstruir un texto deteriorado, como para construir una teoría acerca de la radioactividad». Esto me parece también muy ultramoderno.

La especialización galopante que sufrimos acaba perdiendo el significado de lo que hace. Galileo quería leer el libro de la naturale za. Lo mismo quiere el ultramoderno, dejar de leer palabras sueltas, acabar con la fragmentación que despedaza el sentido, recuperar la gran sintaxis del discurso de la inteligencia y el gran argumento de la realidad.

Según Popper, la ciencia no hace más que repetir en un plano más alto, el método de la naturaleza. La percepción sensible es tam bién un sistema de hipótesis que se confirman o falsean. La psicolo gía le ha dado la razón. Según A. J. Marcel, los análisis sensoriales dan como resultado un conjunto de hipótesis perceptivas inconscientes y es la conciencia la que debe elegir entre ellas, Los procesos conscien tes se asemejan a un «proceso de verificación». A cualquier lector de Popper le resultarán familiares estas expresiones.

Uno de esos problemas ubicuos, que resultan difíciles de situar porque afectan a varios campos científicos, es el de las relaciones en tre mente y cuerpo, a que está dedicado el presente libro que recoge las Conferencias dictadas en la Universidad de Emory, en 1969. Pop per volvió sobre el tema en repetidas ocasiones y él mismo ha conta do la evolución de sus ideas. «Pienso —escribe— que siempre fui un dualista cartesiano (aun cuando nunca pensé que debiéramos hablar de sustancias) y, si no un dualista, estuve ciertamente más inclinado al pluralismo que al monismo. Creo que es estúpido, o al menos arbi trario, negar la existencia de experiencias mentales, o estados menta les, o estados de conciencia». Pero, ¿cómo puede ser entendida racio

26. íd., op. cit., pág. 81.

27. Conocimiento objetivo, Madrid, Tecnos, 1982, pág. 175.

28. Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, Madrid, Tecnos, 1982, pág. 251.

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nalmente la relación entre nuestros cuerpos (o estados fisiológicos) y nuestras mentes (o estados mentales)? Sus primeros contactos con el problema le hicieron sentir, por muchos años, que era un problema sin esperanza. ¿Por qué no podría albergar el mundo algunos secre tos realmente difíciles, incluso, tal vez insolubles? Puede que existan enigmas; yo pienso que existen». En otra ocasión, añade: «Estoy en profundo desacuerdo con el espíritu de la frase de Wittgenstein: El enigma no existe

Reconoce que no supo cómo resolver este problema hasta que pude conectarlo con su teoría del «tercer mundo».* Cinco años des pués de pronunciar las conferencias de Emory, en 1974, retomó el tema en colaboración con el neurólogo John C. Eccies, en el libro El yo y su cerebro. El título es muy expresivo. Afirma la existencia del yo y se dice que este yo posee un cerebro. Para Popper, el problema mente-cuerpo tiene dos ramificaciones: 1) La relación entre estados fisiológicos y determinados estados de conciencia. 2) La aparición del Yo y de sus relaciones con el cuerpo. Defiende una interacción entre la mente y el cuerpo, sin que resulte muy claro lo que entiende por mente. En inglés usa la palabra «mmd» o «consciousness», pero, en alemán añade «Seele», «Geist». Así que mente, conciencia, alma y espíritu aparecen mezclados sin demasiada precisión. Popper tenía alergia a las definiciones terminológicas.

¿Cómo es producido el fenómeno de la conciencia por los proce sos neurobiológicos del cerebro? El asunto está en el candelero des de que la psicología ha vuelto a aceptar los fenómenos mentales. Ten go sobre la mesa el último número de la revista Science (14-3-97), dedicado a la «neurociencia cognitiva». Se celebran congresos sobre el tema, hay un boletín de correo electrónico, llamado Psyche, con base en Australia, se publica un Journal of Consciousness Studies. Pero, a mi juicio, a pesar de tan frenética actividad hemos progresado muy poco. Churchland, Crick, Penrose, Edelman, Searle, Dennet, Poggio, Damasio, Libet, Nagel, Fodor, y muchos otros han hablado re cientemente sobre el problema mente-cuerpo, sin que tengamos to davía una teoría ampliamente aceptada. Las opiniones son dispares,

29. íd., Of). Cit., pág. 252.

30. Conjeturas y refutaciones, Barcelona, Paidós, 1994, pág. 139.

En la presente edición se ha traducido como «teoría del mundo 3». {N. del t.]

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no sólo en los detalles sino en los marcos teóricos más amplios. En 1994 más de 300 investigadores se reunieron en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Arizona, en una Conferencia titula da Hacia una base científica de la conciencia. En ella se pudieron es cuchar teorías que describían la mente humana como «fluctuaciones cuánticas de la energía del vacío del universo», como la activación caótica de grandes grupos de neuronas, o como la acción de microtú bulos cuánticos. Los cognitivistas, por su parte, se sirven del lengua je informático. Para Dennet, «las mentes humanas conscientes son máquinas virtuales más o menos seriales implementadas —de forma ineficiente— sobre el hardware paralelo que la evolución nos ha lega do»... Según Searle admitir que los procesos cerebrales causan los es tados conscientes es un nuevo dualismo basado en una errónea con cepción de la causalidad. El efecto no tiene por qué seguir a la causa ni ser un suceso distinto en el tiempo. Mi estado actual de conciencia está causado por procesos cerebrales de nivel inferior, pero este esta do no constituye una entidad distinta de mi cerebro; constituye más bien un rasgo de mi cerebro en el friomento presente.

Popper elude este problema. A veces habla sólo de la mente como experiencia consciente, pero en otras ocasiones la considera un órgano que produce objetos culturales. Acepta, aunque simplificán dola, la distinción hecha por Husserl entre noesis y noema, es decir, entre los acontecimientos subjetivos y los contenidos pensados. Al pensar en el concepto de triángulo, cada uno de los lectores estará re alizando un acto personal, una noesis, pero lo que estamos pensando todos —el triángulo, el noema— es lo mismo. El contenido nos su pera, goza de autonomía. Saber todo lo que encierra ese concepto nos obligaría a desarrollar la trigonometría entera. Los geómetras descubren las propiedades, del triángulo, y los matemáticos las pro piedades de los números. Este es el Faktum que Popper pone al co mienzo de toda su reflexión sobre la mente y el cuerpo.

«Propongo, para empezar, que consideremos con toda ingenuidad a la mente humana como si fuera un órgano corporal altamente desarro llado, y que nos preguntemos, como podemos hacerlo con respecto a un órgano sensorial, en qué contribuye al mantenimiento del organismo».

31. Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, Madrid. Tecnos, 1982, pág. 254.

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El enfoque evolutivo le permite alejarse del pantanoso territorio de las relaciones concretas entre cerebro y conciencia Defiende una «teoría de la evolución emergente a través de la resolución de proble mas». Admite tres niveles de adaptación: genético, conductual y cien tífico. En todos ellos se da un mismo mecanismo de adaptación: un problema desencadena una serie de tentativas de solución, entre las cuales se elige la mejor. Esa solución plantea nuevos problemas y la historia continúa indefinidamente. «Resumiré mi tesis. En los tres ni veles a los que me he referido —el genético, el conductual y el cientí fico—, operamos con estructuras heredadas que han sido transmiti das por la instrucción, ya sea a través del código genético, ya sea a través de la tradición. En los tres niveles, los cambios en los ensayos hacen surgir nuevas estructuras y nuevas instrucciones desde dentro de la estructura, a través de ensayos tentativos, sometidos a la selec ción natural o a la eliminación del error».

La teoría de los tres mundos es ya suficientemente popular y en este libro vuelve a explicarla de manera muy sencilla. El mundo 1 está compuesto por los cuerpos físicos. El mundo 2, por los estados irientales. El mundo 3 es el conjunto de productos de la mente hu inana. Sólo podemos comprender el mundo de las experiencias mentales a partir de los contenidos del mundo 3. ¿De dónde saca esta curiosa idea? Considera que hay muchos grados de conciencia, pero sólo va a ocuparse de lo que llama plena conciencia o senti miento del Yo. La tesis principal es que el ego, el Yo o la conciencia de la propia identidad emergen en la evolución de la especie junto con las funciones superiores del lenguaje, es decir, junto a la crea ción de los contenidos del mundo 3. En segundo lugar, los efectos

iue producen el mundo 3 y el mundo 2 —los contenidos culturales y los estados mentales— le permiten afirmar que tanto uno como otio son reales.

Popper tiene una idea de la realidad que a mí me parece confuri dente. La realidad, sin más, prima facie, son las cosas materiales. Sin embargo, todo aquello que produce cambios en estos objetos mate riales tiene que corisiderarse también real. Como las teorías, que per tenecen al mundo 3, producen cambios en la realidad, tiene que ad mitirlas como reales y, además, puesto que esa eficacia tienen que

INTRODUCCIÓN

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ejercerla a través de la inteligencia humana, los estados mentales son también reales. Por decirlo con sus palabras:

Los objetos del Mundo 3 son abstractos (aún más abstractos que las fuerzas físicas), pero aún así, son reales, pues constituyen he rramientas poderosas para cambiar el Mundo 1. (No pretendo dar a entender que sea ésta la única razón para considerarlos reales, ni que sean simplemente herramientas.)

2.— Los objetos del Mundo 3 poseen efectos sobre el Mundo 1 sólo a través de la intervención humana, la intervención de sus crea dores, más concretamente, poseen dichos efectos gracias a que son captados, lo que constituye un proceso del Mundo 2, un proceso mental o, más exactamente, un proceso en el que entran en interacción los Mundos 2 y 3.

3.— Por tanto, hemos de admitir la realidad tanto de los objetos del Mundo 3 como de ios procesos del Mundo 2, aun cuando pueda no gustarnos admitirlo por deferencia, digamos, hacia la gran tradi ción del materialismo».

Este realismo de la eficacia me parece confundente y prefiero se guir una terminología más tradicional, Entiendo por real aquello que no necesita estar siendo considerado por la inteligencia humana para existir. Ya sé que Popper dice que el Mundo 3 existe en libros, me morias magnéticas, programas, obras de arte, etc., pero esto me pare ce discutible. Lo que existen allí son significantes que sólo se con vierten en signos cuando los considera una inteligencia.

Lo más importante para su argumentación es enlazar la suerte de la conciencia plena, del Yo, con la suerte del lenguaje. Sobre este asunto es interesante completar las explicaciones de Popper con los estudios de Vigotsky, Luna y sus discípulos. La tesis de esta escuela de psicología, que cada vez tiene mayor prestigio, afirma que el len guaje reestructura todas las funciones de la inteligencia humana y permite ejercer funciones de control.

El instrumento fundamental de la actividad psicológica, que ac túa de la misma forma que lo hace una herramienta en el trabajo, es el signo, entendiendo por tal no un estímulo condicionado en un sistema de reflejos condicionados, ni un símbolo visual, sino antes bien un símbolo con un significado definido que ha evolucionado en la bis- loira de la cultura. El lenguaje resume la intervención de la sociedad en la constitución de la persona humana. Cuando el sujeto es capaz de hablar, unifica y manifiesta el trabajo escondido de su inteligencia

Se da aquí una ampliación de las funciones del lenguaje. Karl Popper habla en muchas ocasiones con gran admiración de su maes tro Bühler y su teoría del lenguaje. Admite las dos funciones princi pales señaladas por este autor —la expresiva y la comunicativa—, pero considera que son funciones elementales que compartimos con algunos animales, y que el gran salto lingüístico aparece con la fun ción descriptiva del lenguaje y sobre todo con su función argumenta tiva. En ambas adquieren nueva y magnífica relevancia los conteni dos objetivos del lenguaje. La descripción y el argumento son, para Popper, objetos del Mundo 3, autónomos y dotados de cierta inde pendencia. Siguiendo a Vigostky habría que añadir una quinta fun ción: el lenguaje sirve para que el sujeto controle su propia acción. Esta última función va a favor de las tesis de Popper, quien afirmaba que la función principal de la conciencia era ejercer el control del comportamiento.

Popper apuesta con fuerza al decir que la unión de la mente y el cerebro se da en el centro del habla. Se refiere a los experimentos de Sperry, quien mostró que en los casos de cerebros divididos —los ca sos en que los dos hemisferios fueron separados seccionando el cuer po calloso— la conciencia estaba ligada a la experiencia del hemisfe rio lingüístico. Creo que tiene razón pero, al mismo tiempo, me parece que para solucionar un enigma apela a un misterio. Hablar del centro del lenguaje es tarea de una espantosa complejidad. Lo único que me atrevería a decir es que, de acuerdo con lo que sabemos, po demos hablar de una inteligencia computacional, cuyas operaciones desconocemos. Maneja continuamente información, y lo hace de tal forma que parte de ella pasa a un estado especial que denominamos consciente. Así, pues, poseemos información en dos estados: cons ciente y no consciente. Lo asombroso es que nuestra inteligencia ha aprendido a guiar su acción por esa información en estado conscien te, liberándose así de un automatismo incapaz de acomodarse a lo nuevo. Ahora que hay autores, como Jackendoff, que creen que la conciencia es un lujo inútil, conviene repetir que gracias a ella pode-
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