Karl popper El cuerpo y la mente




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Por tanto, la conciencia humana es una cuestión muy compleja. La famosa idea de la corriente del pensamiento es demasiado simple. Existen todo tipo de niveles de conciencia, superiores e inferiores, y estos últimos se funden imperceptiblemente con los estados subcons cientes o inconscientes. Por otra parte, la idea de una corriente está influenciada por la teoría del tiempo, la teoría, esto es, de que el tiem po fluye.

Pero no hay duda de que alcanzamos la plena conciencia —o el

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estado más elevado de conciencia— cuando pensamos, especialmen te cuando intentamos formular nuestros pensamientos en forma de enunciados y argumentos. Tanto si lo hacemos en silencio al hablar con nosotros mismos —como todos hacemos algunas veces, a pesar del hecho de que esto ha sido negado— como si discutimos sobre al gún problema interesante con nuestros amigos, o como si fijamos nuestras teorías sobre el papel, no cabe ninguna duda de que el pen sar y el argumentar tienen lugar en el nivel más elevado de concien cia. Al pensar articuladamente sabemos realmente que somos cons cientes.

Me ocuparé ahora de la formulación de mi teoría de la plena conciencia y del ego o del yo. Postulo cinco tesis principales.

1. La plena conciencia está anclada en el mundo 3, esto es, está estrechamente vinculada al mundo del lenguaje humano y de las teo rías. Consta principalmente de procesos de pensamiento, pero no puede haber procesos de pensamiento sin contenidos de pensamien to, y estos últimos pertenecen al mundo .

2. El yo, o el ego, no es posible sin la comprensión intuitiva de ciertas teorías del mundo 3 y, de hecho, sin dar por sentado de forma intuitiva estas teorías. Las teorías en cuestión son teorías so bre el espacio y el tiempo, sobre los cuerpos físicos en general, sobre las personas y sus cuerpos, sobre nuestros propios cuerpos concretos que se extienden en el espacio y en el tiempo y sobre otras ciertas regularidades de la vigilia y el sueño, Para expresarlo de otro modo, el yo o el ego, es el resultado de haber logrado ver nos a nosotros mismos desde el exterior y, por tanto, de habernos situado a nosotros mismos dentro de una estructura objetiva. Dicha visión únicamente resulta posible con ayuda de un lenguaje des criptivo.

3. El problema de la localización de la plena conciencia o del yo pensante al que se enfrentaba Descartes dista mucho de ser absurdo. Mi conjetura es que la interacción del yo con el cerebro está localizada en el centro del habla. En mi próxima y última con ferencia mencionaré algunas pruebas experimentales de esta con jetura.

4. El yo, o plena conciencia, ejerce un control plástico sobre al gunos de nuestros movimientos que, si son así controlados, son ac

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ciones humanas. Muchos movimientos expresivos no están controla dos conscientemente, como tampoco lo están muchos movimientos que han sido tan bien aprendidos que se han sumido en el nivel del control inconsciente.

5. En la jerarquía de los controles, el yo no es el centro de con trol más elevado, dado que a su vez está controlado plásticamente por las teorías del mundo 3. Pero este control es, como todos los contro les plásticos, del tipo toma y daca o del tipo de retroalimentación. Esto es, podemos cambiar—y, de hecho, lo hacemos— las teorías de control del mundo 3.

Ahora volveré a dirigir brevemente mi atención sobre el antiguo problema cuerpo-mente, esto es, sobre la cuestión de si entre el cuer po y la mente tiene lugar una interacción o un paralelismo. La evolu ción emergente proporciona la respuesta. Las estructuras originales emergentes siempre interactúan con la estructura básica de los esta dos físicos a partir de los cuales han emergido. El sistema de control intera con el sistema controlado. Los estados mentales interac túan con los estados fisiológicos. El mundo 3 interactúa con el mun do 2, y a través de éste, con el mundo 1.

En la conferencia final de la próxima semana hablaré sobre el yo, la racionalidad y la libertad.

Discusi6t

Interlocutor 1: Usted ha postulado cinco hipótesis, pero temo no haber entendido ni la cuarta ni la primera.

Popper: La primera dice que la plena conciencia está anclada en el mundo 3. Esto es, está estrechamente vinculada al mundo del len guaje humano y de las teorías. La plena conciencia consiste princi palmente en procesos de pensamiento, pero no puede haber proce sos de pensamiento sin contenidos de pensamiento, y estos últimos pertenecen al mundo 3. De modo que es una tesis con un argumento para la tesis. La tesis dice que la plena conciencia está anclada en el mundo 3. «Anclada» es, por supuesto, una metáfora. Para explicar esta metáfora ofreceré un argumento para demostrar a qué me refie ro con este término, aunque la otra tesis lo explica de forma más com

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pleta. ¿Cuál desea usted saber la quinta o la cuarta? ¿Cuál de ellas? La cuarta.

Mi cuarta tesis es que el yo, o la plena conciencia, ejerce un con trol plástico sobre algunos de nuestros movimientos que, así contro lados, son acciones humanas. Muchos movimientos expresivos no es tán controlados conscientemente ni tampoco lo están muchos movimientos que han sido tan bien aprendidos que se han sumido en el nivel del control inconsciente. Ahora bien, he mencionado el mon tar en bicicleta como uno de los movimientos que han sido tan bien aprendidos que se han sumido en el nivel del control inconsciente, pero acaso pueda añadir aquí algo de interés: a saber, si hemos apren dido ciertos movimientos de modo que se han sumido por debajo del nivel del control consciente, entonces si intentamos seguirlos cons cientemente, en ocasiones interferimos tanto con ellos que los dete nemos. Denomino a esto «efecto ciempiés», porque hay una historia muy bonita sobre una araña y un ciempiés. La araña le dice al ciem piés: «Mira, sólo tengo ocho patas. Puedo manejar ocho, pero tú tie nes cien. No me imagino cómo puedes saber en cada momento cuál de tus cien patas debes mover». Así que el ciempiés dijo: «Es muy simple» y desdé entonces ha estado paralizado. Ahora bien, el efecto ciempiés es un efecto muy real. El violinista Adolph Busch —tal vez algunos de ustedes le conozcan, murió hace doce años y era amigo mío— me contó que en una ocasión interpretó en Zurich el Concier to para violín de Beethoven. Más tarde se le acercó el violinista Hu herman y le preguntó cómo interpretaba un determinado pasaje. Busch dijo que era bastante sencifio y entonces se dio cuenta de que ya no era capaz de interpretarlo. El intento de interpretarlo cons cientemente afectó a su digitación, o a lo que fuera, y ya no fue capaz de interpretarlo. Es muy interesante y demuestra en realidad la fun ción del proceso por el cual una actividad deviene inconsciente. Se trata evidentemente de un proceso por el cual, como si dijéramos, bo rramos la pizarra de la conciencia por un momento, a fin de hacer que sea capaz de seguir otras cosas. Es decir, cuando se sabe tocar tan bien una pieza al violín que la digitación y todo lo que está asociado con la técnica de interpretación se ha sumido en el inconsciente —o en la ftsiología, como suelo decir—, entonces se puede uno concen trar en la presentación de toda la pieza. No hay que preocuparse de ella. Se puede tener toda la obra en mente y desarrollarla con todos

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sus elementos dramáticos, sin tener que preocuparse acerca de cómo interpretarla. Evidentemente ésa es la función, igual que sí se apren de a conducir bien y a ejecutar los diversos movimientos, etcétera, de forma inconsciente, se puede prestar plena atención a la situación del tráfico, que es, por supuesto, mucho más importante. Por tanto, en todos estos ejemplos podemos decir que el control consciente es el control más elevado, mientras que los demás controles se han sumido en el subconsciente y en el inconsciente. Podemos decir asimismo, que sólo el control más elevado sigue siendo una acción plenamente consciente, de tal modo que sabemos lo que estamos haciendo.

Interlocutor 2: Todos utilizamos palabras como «superior» e «in ferior» y cosas similares, pero me pregunto por qué una acción que deviene explícitamente consciente —una habilidad tal como tocar el violín, o cualquier otra cosa que usted desee mencionar—, cuando una habilidad, que durante algún momento ha constituido un esfuer zo consciente, se domina y se convierte en parte del subconsciente, por así decirlo, y deviene algo que denominamos una «habilidad»

—lo llamamos así porque se reconoce como algo que se hace bien—, ¿en qué sentido es entonces inferior a la conciencia tal como habla mos normalmente sobre ella en el lenguaje común y corriente? Por que me parece que cuando sacamos algo de ese ámbito hacia la es fera de lo explícito, o lo que usted designa como «conciencia», se convierte en un problema.

Popper: Es inferior en el sentido de la jerarquía de control. Sobre el sistema de control: consideremos, por ejemplo, un nifio que tiene que aprender a mantener el equilibrio. Yo no necesito prestar ningu na atención a la conservación del equilibrio y puedo concentrarme, por ejemplo, en hablar con usted. No tengo que preocuparme de mi equilibrio. Incluso puedo levantar la pierna -sin perder el equilibrio. Por supuesto, levantar la pierna es un movimiento consciente, pero mantener el equilibrio mientras realizo este movimiento es algo in consciente. Es bastante evidente que el carácter jerárquico general del control animal demuestra que éstos son realmente inferiores. Es decir, se sitúan por debajo de otro control. Por supuesto, siempre se produce una cierta interacción, especialmente si algo funcional mal y tropiezan, etcétera, entonces la interacción se vuelve bastante violen ta y se convierte de nuevo en una acción consciente. Pero es más pro-

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bable que se trate de uno entre una serie de controles que se encuen tran al mismo nivel, mientras que el control superior siempre es úni co —esto es, el control mds elevado—. Es el centro, por así decirlo. De eso se trata realmente. De estos controles inferiores aún pueden surgir siempre ciertos sentimientos vagos y afectar a los controles su periores, Por ejemplo, el violinista no se puede concentrar sólo en la digitación de una pieza musical, sino que iambién tiene que manejar el arco. Supongo que el problema de Busch sólo era un problema de digitación y no un problema de la mano derecha. Ahora bien, en el caso de un violinista la mano derecha y la izquierda tienen que ser controladas independientemente hasta cierto punto, ya que los movi mientos son en gran medida independientes. Se tratará de dos con troles que se encuentran más o menos al mismo nivel, aunque por debajo del control principal, del control central.

Interlocutor 2: Acaso lo que yo sugiero es que tal vez —no sé cómo lo representaría usted de forma esquemática—, creo que sugie ro que debería haber...

Popper: ¿Una especie de pirámide?

Interlocutor 2: Otro nivel que debería incluir las habilidades. Con otras palabras, yo no las situaría en el segundo nivel, ni incluso corno una interacción entre el segundo y el tercer nivel. Yo situaría las habilidades en un cuarto nivel.

Popper: ¿Se refiere usted a este esquema?

Mundo 3: teorías, problemas objetivos.

Mundo 2: divposiciones de comportamiento.

Mundo 1: estados fis icos.

Por supuesto, se puede subdividir. Pienso que las habilidades que han sido dominadas, en la medida en que han sido incorporadas a nuestra fisiología, pertenecen a este segundo nivel. Pero la habilidad en abstracto —es decir, las reglas de la habilidad— pertenecen, por su puesto, explícitamente al tercer nivel. Consideremos, por ejemplo, el lenguaje. Mi habilidad para hablar inglés es muy mala, pero si alguien realmente domina las reglas, entonces no necesita pensar. Vienen au tomáticamente. No sabe cómo habla; no busca conscientemente las pa-

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labras ni las reglas gramaticales, sino que se concentra en el contenido de lo que dice. Pero las reglas a las que obedece pertenecen al mundo 3. Ahora están incorporadas al mundo 2, pero se pueden explicitar, y si se explicitan, entonces pertenecen al mundo 3. Pertenecen especial mente al mundo 3 si son formuladas. Pero incluso en la medida en que no puedan ser formuladas, si no son un objeto de aprendizaje, perte necen al mundo 3. Por supuesto, puede haber ulteriores mundos. Yo he distinguido, por ejemplo, entre la «estructura de objetivos» y la «es tructura de habilidades». De lo que se trata es de que todas estas cosas están en cierto modo duplicadas, es decir, pertenecen al mundo 3, se pueden comprender y captar en el mundo 2 y se pueden incorporar al mundo 2 en forma de disposiciones. Dichas duplicaciones no están en boga. Uno de los motivos de la filosofía moderna consiste en es tas duplicaciones. Como ustedes probablemente sabrán, el poseer sólo una palabra en lugar de varias palabras es uno de los motivos del posi tivismo y del fenomenalismo. ¡Una palabra que representa a otra es algo terrible! Sólo tienen una palabra. Pero en realidad, no hay duda de que estas cosas son muy complejas. Cuando un niño aprende un idioma no conoce —y nunca llega a conocer— la gramática en forma de reglas explícitas. Pero, no obstante, existe una gramática que el niño incorpora en primer lugar merced a una mezcla de imitación y comprensión innata, y que convierte después al final en una cuestión de disposiciones. Pero, por supuesto, es algo objetivo que incorpora de este modo y, por tanto, es algo que pertenece al mundo 3. ¿Es sufi ciente? Se puede distinguir, por supuesto. En ese sentido soy un plura lista y nunca lucharía en favor de la teoría que dice que únicamente existen tres mundos. Se pueden subdividir tantas veces como se desee, y tales subdivisiones pueden ser muy importantes para ciertos proble mas. Pero simplificando excesivamente, pienso que estos tres son bas tante útiles. No me lo tomo más en serio. En cierta ocasión un conoci do. lógico simbólico me preguntó... él me indicó que antes de que la teoría de los tres mundos pudiese ser tomada en serio yo debería ex plicar el concepto del mundo 3 por medio de un sistema axiomático. Pero yo no me lo tomo en modo alguno tan en serio. Se trata de una metáfora que nos ayuda a ver ciertas relaciones. Estas cosas no pueden ser axiomatizadas: son señales indicadoras y nada más. Hay muchas cosas que no se pueden expresar de forma axiomática.

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Interlocutor 3: ¿Aceptaría usted la formulación de quela función de la conciencia consiste en considerar alternativas, y que, cuando el comportamiento implica el seguimiento de un patrón —por muy de tallado que sea—, funciona mejor cuando no hay alternativas que considerar, si se encuentra por debajo del nivel de la conciencia?

Popper: Sí, lo haría. Por supuesto, habría que decir algo más, pero eso es lo principal. Hay posibilidades alternativas. Estas posibi lidades alternativas se ensayan y sus consecuencias se prevén. Esta previsión exige entonces que podamos imaginar estas consecuencias. Con gran frecuencia todo esto sucede de forma muy rápida, pero po demos anticipar las consecuencias de las alternativas. Las alternativas no nos sirven si no anticipamos los resultados. Con objeto de prever los resultados tenemos que disponer de alguna clase de imaginación. Supongo que la imaginación funciona en realidad más o menos a un nivel inferior en forma de representaciones. No creo que las repre sentaciones sean realmente necesarias para la conciencia, como po demos ver en el caso de los invidentes, quienes sin duda no poseen re presentaciones visuales tal como lo hacemos nosotros, pero que no obstante superan bien las dificultades, Pero lo que es común tanto a las personas invidentes como a las videntes, es que estas consecuen cias están al menos representadas por sentimientos de éxito o de fra caso, de dolor o placer, o al$o parecido, y que conducen entonces a la acción correspondiente. Este es a mi parecer el verdadero sentido de la emergencia de la casi plena conciencia, no aún de la plena conciencia, pero de algo que se le aproxima: a saber, que imaginamos las consecuencias de las alternativas. De una u otra manera se trata de un acto de imaginación, y ahí se da un paso decisivo hacia la plena conciencia. Eso es lo que yo sugiero. Aquí entendemos entonces que la plena conciencia —incluso la casi plena conciencia— puede ser biológicamente valiosa y puede, por tanto, sufrir un ulterior desarro llo. Esta teoría es, por supuesto, terriblemente vaga y algo difícil, ya que es evidente que no sabemos nada sobre las etapas inferiores de la conciencia, sobre las fases animales de la conciencia.
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