Karl popper El cuerpo y la mente




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Ocurre algo similar con una sinfonía. La partitura de la Sinfonía en Sol menor de Mozart no es la sinfonía de Mozart, aunque repre

senta la sinfonía de Mozart en forma codificada, Las diversas inter pretaciones de la Sinfonía en Sol menor de Mozart tampoco son la sin fonía de Mozart: guardan con la sinfonía una relación de reproduc ciones, Estas interpretaciones pertenecen simultáneamente tanto al mundo 1 como al mundo 3. Pero la sinfonía en sí pertenece única mente al mundo 3: ese mundo 3 que comprende la arquitectura, el arte, la literatura, la música y —‘-‘-tal vez lo mcís importante— la ciencia y la erudición.

La idea del mundo 3 es, soy consciente de ello, una idea inusual y muy difícil. Así, pues, no piensen, por favor, que se supone que de ben ustedes comprenderla totalmente la vez que se mencio ne. Con todo, pienso que lo mejor es poner todas mis cartas sobre la mesa de inmediato, a fin de que ustedes puedan examinarlas y para que puedan saber qué camino sigo.

A propósito, esto me hace recordar una anécdota. Hace muchos años, cuando vivía en Nueva Zelanda, tenía un amigo, el viejo doc tor Farr, un profesor emérito de física y famoso estudioso del geo magnetismo, conocido por su agudo ingenio. Cuando casi contaba ochenta años de edad todavía se interesaba por los estudiantes de su antiguo departamento de Física y con frecuencia hablaba con ellos en la calle. Un día, un estudiante se sentía claramente incómo do y cuando le preguntó: «dQué le sucede?», el estudiante tartamu deó: «Discúlpeme, doctor Farr, ¡pero se ha puesto e sombrero al revés!». A lo que éste respondió inmediatamente: «eCómo sabe en qué dirección voy?».

Ahora quiero que sepan qué camino estoy siguiendo, a fin de que puedan descubrir más fácilmente en qué me equivoco. Por tanto les ofreceré a continuación lo que, en cierto modo, se puede describir como la tesis principal de mi curso. Es la siguiente:

No podemos comprender el mundo 2, esto es, el mundo habitado por nuestros propios estados mentales, sin comprender que su fun ción principal consiste en producir objetos del mundo 3, y en que so bre él actúen los productos del mundo 3, ya que el mundo 2 no sólo in teractúa con el mundo 1 —como pensaba Descartes—, sino también con el mundo 3, Los objetos del mundo 3 únicamente pueden actuar sobre el mundo 1 a través del mundo 2, que funciona como interme diario.

El mundo 3 se compone, entre otras muchas cosas, de registros y puede constar de registros de temperatura. En el caso de los registros de temperatura puede parecer como si el mundo 1, por medio de un gráfico y de un instrumento de registro automático, actuase directa mente sobre algo que está en el mundo 3, pero no es así. Somos no sotros quienes disponemos, quienes somos los intermediarios y quie nes llevamos a cabo este registro de temperatura y regulamos todo el asunto, de modo que pueda pasar a convertirse realmente en un re gistro de temperatura, en un gráfico que pertenece tanto al mundo 1 como al mundo 3. El mundo 1 sólo puede actuar sobre el mundo 3 a través de nuestra acción como mediadores.

Un ejemplo similar a la inversa sería el sistema de control auto mático de una planta química. Nuevamente, el mundo 3 —es decir, ciertos planes y metas objetivas existentes en el mundo 3— regula de algún modo lo que sucede en la planta química del mundo 1 a través de máquinas automáticas. Pero somos nosotros quienes debemos ins talar estas máquinas automáticas y solamente a través de nosotros ten drán los objetivos reales efecto en el mundo 1.

Si mi tesis es correcta, no podemos pensar en aproximarnos a una solución del problema cuerpo-mente a menos que tengamos en cuenta el mundo 3, ya que el problema cuerpo-mente gira en torno a la rela ción que vincula el mundo 1 al mundo 2. Si el hecho de que el mundo 2 funcione como intermediario entre los mundos 1 y 3 constituye un

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elemento importante en dicha relación, entonces el problema cuerpo- mente deberá permanecer inconcluso, como si dijéramos, hasta que lo ampliemos para que cobra las interrelaciones entre los tres mundos.

Ahora pueden ustedes comprender por qué he dicho que no sólo soy un dualista, sino también un pluralista. Esta posición está decidi damente pasada de moda. La moda preponderante en filosofía es de cididamente monista, una situación que ha persistido durante largo tiempo. Ha habido clases muy diferentes de monismo. Hasta una fe cha reciente estaba en boga una escuela que intentaba interpretar los objetos físicos como conjuntos de fenómenos, como posibilidades de observación, como constructos de observaciones o como datos senso riales. Es decir, estaba de moda intentar reducir el primer mundo al segundo. Esta forma de monismo ha recibido diversas denominacio nes, por ejemplo «fenomenalismo». En el momento actual está más en boga otra forma de monismo que se designa como «fisicalismo» o, en ocasiones, como «conductismo» o «materialismo», y dice que aceptar lo que yo llamo «mundo 2» significa introducir complicacio nes innecesarias, dado que es más simple y más conveniente decir que únicamente existen objetos y estados físicos. Queda admitido que si les hablo a ustedes, estoy emitiendo sonidos fisicos y que mi fisiología se ha de encontrar en el estado adecuado para poder hacerlo. Se ad mite asimismo que su yo, o más bien su fisiología, puede verse incita da a realizar las respuestas apropiadas a mis ruidos. Pero se sostiene que es innecesario suponer que nosotros, ustedes y yo, estemos ha ciendo algo que se asemeje a prestar atención o a pensar.

Tres de los fisicalistas más destacados son mis amigos Rudolph Carnap, Herbert Feigl y Willard Van Orman Quine. Quine trata esta cuestión de forma muy concisa y reconoce su deuda para con Camap y Feigi. Al hablar sobre el comportamiento humano, Quine pone en

— duda si se puede ganar algo al postular estados mentales tras el com portamiento y resume la cuestión en pocas palabras ai decir (y le cito): «Los estados corporales existen de cualquier modo, ¿por qué añadir los demás?». Podemos encontrar esta cita en la página 264 de su libro Word and Object [ y objeto]. Es interesante que filó sofos como Berkeley y Mach formularan preguntas muy parecidas. Mach escribió: «Las sensaciones existen de todas formas; ¿por qué añadir los objetos materiales?».

Admito que la negación de los estados mentales simplifica la

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Podemos representarlo por medio de un simple diagrama:

mundo 3 registro de

temperatura (gráfico)

mundo 2 intermediario entre 4 +

4+

mundo 1 control automático de

una planta química

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cuestión. El difícil problema cuerpo-mente, por ejemplo, sencilla mente desaparece, lo cual resulta sin duda muy conveniente, ya que nos ahorra el problema de resolverlo. Pero no creo que Quine sea co herente cuando dice: « qué añadir los demás?». ¿A quién dirige esta pregunta? ¿A nuestros cuerpos? ¿A nuestros estados físicos? ¿O a nuestro comportamiento? Quine ar y yo sostengo que ios argumentos pertenecen al mundo 3. Los argumentos se pueden com prender o captar. La comprensión es cosa del mundo 2: nuestros cuerpos pueden coger una piedra o un palo, pero no pueden captar o comprender un argumento.

Estoy seguro asimismo de que la intención (nuevamente un tér mino del mundo 2) de Quine es convencernos por medio de sus argu mentos, o al menos darnos algo en lo que pensar (dos términos más pertenecientes al mundo 2).

Evidentemente, Quine no estaría satisfecho (también una palabra del mundo 2) si sólo provocase una cierta clase de comportamiento en nosotros —llamémoslo comportamiento aquiescente— tal como es la emisión de los sonidos «lExactamente!», « es!» o « bien!».

Con esto pongo fin a mi crítica de Quine.

El pluralismo ha quedado anticuado, en todo caso, al igual que el conocimiento objetivo. Me temo que la mayor parte de las cosas que voy a decir en estas conferencias ya no están de moda. (Espero que permanezcan pasadas de moda.)

Relacionado con nuestro primer problema, el problema del co nocimiento, he preguntado anteriormente la razón de que este pro blema sea tan importante. Respondí ofreciendo una lista de lo que he denominado las «cuestiones importantes» (tales como la racionali dad). Del mismo modo, tras el problema cuerpo-mente y su forma ampliada, es decir, el problema de los tres mundos, se esconden tam bién una serie de cuestiones importantes. Por ejemplo, tenemos las cuestiones importantes de la libertad humana y del control que ejer cemos sobre nuestras vidas; el tema importante de la creatividad hu mana; y la que tal vez sea la cuestión más importante de todas: la re lación que nos une con nuestras acciones, especialmente con nuestro trabajo, y cómo nosotros mismos podemos madurar por medio de nuestro trabajo. Pero recuerden, por favor, lo que he dicho sobre ios peligros que albergan las cuestiones importantes.

Damas y caballeros, hemos recorrido rápidamente los dos pro blemas principales de un curso cuya duración es de seis conferencias. De hecho, los hemos tratado prácticamente a la carrera y creo que to dos nos sentimos un poco jadeantes.

Así, pues, detengámonos un momento y recapitulemos, pero re cuerden, por favor, dónde nos encontramos. Todavía estamos tan sólo acercándonos al final de la introducción de nuestro curso, una intro ducción que ha adoptado la forma de una visión de conjunto. Acabo de bosquejar los dos problemas principales A y B, el problema del conoci miento A y el problema cuerpo-mente B. Les he indicado qué camino seguiremos. Relacionado con el problema del conocimiento (A), subra yaré la importancia del conocimiento objetivo, y en relación con el pro blema cuerpo-mente (B), resaltaré la importancia del mundo 3. Éste ha sido, en síntesis, el programa del que me he ocupado hasta ahora.

Pero hasta este momento no he hablado sobre la conexión que une ambos problemas, A y B. Una conexión que, por supuesto, es muy importante y que podemos formular así:

El conocimiento objetivo en sí pertenece al mundo 3, constituye la parte biológicamente más importante del mundo 3, y es la parte que tiene las repercusiones más importantes en el mundo 1.

El conocimiento objetivo se compone de conjeturas, hipótesis o teorías —publicadas generalmente en forma de libros, revistas o con ferencias—. Consta asimismo de problemas no resueltos y de argu mentos a favor y en contra de las diversas teorías rivales, Por tanto, es evidente que el conocimiento objetivo forma parte del mundo 3 de los productos mentales, Así, pues, el aumento del conocimiento objetivo formará parte del crecimiento del mundo 3, lo que nos da una pista para comprender cómo ha podido evolucionar el mundo 3. Desde el punto de vista de la evolución biológica, evolucionó originariamente debido a su enorme valor de supervivencia. Si recuerdan la relevancia que el mundo 3 tiene para el problema cuerpo-mente, entonces ob servarán ustedes que ahí también radica una pista para la compren Sión biológica de la evolución de la mente humana: la mente humana ha evolucionado junto con el mundo 3 y el conocimiento objetivo.

Así, pues, mi forma de abordar la solución a nuestros problemas y especialmente nuestra forma de abordar el mundo 3 tendrá una

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orientación biológica: hará uso de ideas evolucionistas. Tal vez esto les sorprenda si consideran cuán abstracta, abstrusa y, de hecho, «fi losófica» es la idea del mundo 3.

Con esto concluyo, por el momento, el esbozo de los principales problemas en torno a los que girará este curso de conferencias.

Habiendo completado mi introducción al curso, paso a ocupar me del tema especial de la conferencia de hoy: «Conocimiento: obje tivo y subjetivo». Como de costumbre, comenzaré enunciando mi problema y la solución que propongo.

El problema es: ¿cómo aumenta nuestro conocimiento?

La solución que ofrezco es un esquema tetrádico, excesivamente simplificado, del método de ensayo y supresión de error:

P - IT — EE - P

Donde «P significa el problema del que partimos. Se puede tra tar de un problema práctico o teórico.

«TT» es una teoría provisional que ofrecemos con objeto de re solver dicho problema.

«EE» significa un proceso de eliminación de errores por medio (le pruebas críticas o de la discusión crítica,

«I’2» significa los problemas con los que finalizamos, es decir, los problemas que emergen de la discusión y de las pruebas.

El esquema completo indica que partimos de un problema, bien un problema práctico o un problema teórico. Intentamos resolverlo elaborando una teoría provisional como solución provisional: éste es nuestro ensayo. Contrastamos entonces nuestra teoría e intentamos fal sarla: éste es el método crítico de eliminación de error. Como resulta do de todo esto surge un nuevo problema P (o tal vez varios proble mas nuevos). Por medio de la distancia que separa a P de P se puede estimar generalmente el progreso realizado o el aumento logrado de conocimiento. Podemos saber entonces si hemos realizado algún pro greso. En suma, nuestro esquema dice que el conocimiento parte de pro blemas y concluye con problemas (si es que acaba alguna vez).

P es con frecuencia un problema práctico, aunque también se puede tratar de un problema teórico, Lo mismo es válido para P

Este esquema es aplicable al conocimiento en sentido objetivo y subjetivo. Más adelante veremos que el alcance de su aplicación es in cluso mucho más amplio.

Permítanme que ilustre el aumento del conocimiento objetivo con un ejemplo que comienza y termina con un problema práctico. El problema original del que partió Henry Ford fue: ¿cómo proporcio nar transporte para los vastos espacios de los Esta4os Unidos? Este era su P El propuso la siguiente teoría: mediante la construcción de un automóvil barato. Tras varios ensayos y errores esto le condujo a un nuevo problema: ¿cómo suministrar las carreteras y espacios de aparcamiento que nuestros coches necesitan? El problema original, P era el problema de transporte. El nuevo problema, P es el pro blema de tráfico, un problema frustrante.

La mayoría de la veces los problemas son teóricos. Un proble ma teórico típico es: ¿por qué existen esas extrañas estrellas que va gan por el cielo en lugar de permanecer en su sitio y rotar junto con el cielo como hacen la gran mayoría de estrellas? La denominación griega de las estrellas errantes es «planetas». Este problema ha lleva do, pasando por muchas fases, a Ptolomeo, a Copérnico y Kepler, y a la teoría de Newton, que unificó por primera vez la física celeste y la terrestre. Pero éste no fue el final: quedaron problemas sin resol ver —como el mismo Newton indicó en su Óptica— que llevaron, tras otros 200 años, a Einstein, quien señaló problemas que su teoría no podía resolver. De este modo la historia continúa interminable- mente.

Podemos ampliar nuestro esquema tetrádico de diversas mane ras. Por ejemplo, podemos sustituirlo por el siguiente esquema:

7 TI

Pl — TTb — EEb ‘ —> DCE

\ 7

Aquí tenemos varias teorías rivales, cada una de las cuales origina nuevas pruebas —intentos de falsar las teorías— y nuevos problemas. DCE significa «discusión crítica de evaluación»: aquí se intenta deci

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dir cuáles de las teorías rivales son lo suficientemente buenas para po der sobrevivir y cuáles deberían ser suprimidas por completo.

El esquema demuestra que podemos considerar que el aumento de conocimiento es una lucha por la supervivencia entre las teorías ri vales. Sólo sobreviven las teorías más aptas, aunque éstas también pueden ser aniquiladas en cualquier momento.

Si lo comparamos con la selección natural darwinista, podemos ver de inmediato la enorme ventaja biológica que ha representado el desarrollo de un mundo 3 de conocimiento objetivo.
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