Karl popper El cuerpo y la mente




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turales de modo que podamos, en principio, añadir siempre uno más y así continuar hasta ei infinito. Se trata de una invención nuestra que en este caso pertenece a los babilonios. Pero de esta invención emer gen consecuencias no intencionadas e inevitables que nosotros ni in ventamos ni realizamos, sino que descubrimos. Por ejemplo, el que existan números pares e impares o el que haya números divisibles y números primos tales como 2,3,5,7,11,13,17, 19,23,29 y Los números primos han dado lugar a muchos problemas que ya se han resuelto y a muchos más problemas aún sin resolver. Por ejemplo, el problema « termina la secuencia de los números primos o conti núan eternamente?» lo resolvió Euclides. Aunque ocurren con me nor frecuencia a medida que se va avanzando nunca se acaban: no tie nen fin. La demostración euclidiana es muy simple y muy bella, pero carezco de tiempo para exponerla aquí. Existe una gran cantidad de problemas no resueltos, por ejemplo: « terminan los números pri mos gemelos?». (Los números primos gemelos son números primos entre los que hay exactamente un número par, tales como el 3 y el 5; 5 y 7; 11 y 13; 17 y 19; 29 y 31. Se les denomina «primos gemelos» porque se encuentran muy próximos unos de otros, tan próximos corno dos números primos pueden estar unos de otros.) Ahora bien, la cuestión de si los números primos gemelos tienen fin o no consti tuye uno de los problemas sin resolver en la teoría de los números. Sencillamente no lo sabemos. Sabemos que continúan durante mu cho tiempo, pero no sabemos si continúan eternamente. Con objeto de saberlo con certeza tendríamos que probarlo, es decir, derivarlo de la estructura de los números naturales. Existe una gran cantidad de problemas de esa clase que no están resueltos. Estos problemas, en primer lugar, se pueden descubrir, y una vez que un problema se ha descubierto podemos intentar resolverlo, es decir, descubrir una demostración de ese problema. El mismo hecho de que un problema se tenga que descubrir —y que sea necesario el ingenio para descu brir un problema y no sólo su demostración— les demuestra que las consecuencias no intencionadas surgen junto con la construcción del sistema numérico.

Así, los problemas que descubrimos emergen como consecuen cia no intencionada de nuestros productos del mundo 3. Por tanto, son sólo indirectamente productos de nuestra mente. Esta es la ra zón por la cual he empleado la expresión «en líneas generales» al de-

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cir que el mundo 3 consta en líneas generales de los productos de nuestra mente.

Designaré a estos inquilinos del mundo 3 —tales como los pro blemas sin resolver que emergen del mundo 3 en sí sin que nosotros hagamos nada, y que se encuentran fuera de nuestro control—, como productos «autónomos». Y diré que el mundo 3, aunque surja con nosotros mismos, es en gran medida autónomo. Pueden existir nu merosos problemas, argumentos y teoremas autónomos de los que todavía no sabemos nada, y quizá nunca los descubramos.

Este último punto es de decisiva importancia, ya que demuestra lo siguiente: aunque nosotros mismos iniciáramos la geometría y la aritmética (o la teoría de los números), los problemas y los teoremas pueden haber existido antes de que alguien los descubriera. Por tan to, no pueden pertenecer al segundo mundo: no pueden ser estados mentales, pensamientos subjetivos.

Esto establece exactamente lo que yo denomino la «autonomía» del mundo 3. El término es conveniente aunque no importante. Lo que importa es la siguiente afirmación.

Aunque los diferentes ámbitos del mundo 3 surjan como inven ciones humanas, también se plantean como consecuencia no intencio nada de estas invenciones problemas autónomos y sus posibles solu ciones. Estos problemas existen independientemente de la conciencia que nadie tenga de ellos: nosotros podemos descubrirlos, en el mismo sentido en que podemos descubrir otras cosas, digamos, nuevas par tículas elementales o montañas o ríos desconocidos.

Ahora bien, esto significa que podemos obtener más del mundo 3 de lo que nosotros introducimos en él. Se produce un toma y daca entre nosotros y el mundo 3 en el cual podemos obtener más de lo que nunca seremos capaces de dar.

Esto es válido tanto para las artes como para las ciencias. Puesto que se trata fundamentalmente de la misma clase de interacción cuando un pintor coloca una mancha de pintura sobre el lienzo y lue go retrocede para observar el efecto y evaluarlo. El efecto puede ser intencionado o no intencionado. Si no es intencionado, el pintor pue de corregir o eliminar la mancha de color. Pero el efecto no intencio nado también puede sugerirle una nueva idea: puede sugerirle, por ejemplo, un nuevo equilibrio de colores, más llamativo que el que

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pretendía originariamente. Puede hacerle ver el cuadro de nuevo, ha cerle ver diferentes problemas en su cuadro, verlo bajo otra luz, como si dijéramos, y puede por tanto inducirle a cambiar el objetivo que pretendía originariamente.

De un modo muy similar, Einstein dijo en cierta ocasión: «Mi lá piz es más listo que yo». Por supuesto, lo que quería decir era que al anotar las cosas por escrito y al calcularlas sobre el papel, a menudo obtenía resultados que iban más allá de lo que había previsto. Pode mos decir que al utilizar lápiz y papel se conectaba al mundo 3 del co nocimiento objetivo. Así, convertía sus ideas subjetivas en ideas obje tivas y, una vez que estas ideas devenían objetivas, podía asociarlas a otras ideas objetivas y de este modo lograr consecuencias remotas o no intencionadas que iban mucho más allá de su punto de partida.

Se cuenta una emotiva historia del compositor Joseph Haydn. En su senectud compuso La creación, que fue interpretada por vez pri mera en Viena —en el Aula de la antigua Universidad de Viena, un edificio que fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial—. Después de haber escuchado el maraviloso coro de introducción, rompió a llorar y dijo: «No he sido yo quien ha escrito esto. No po dría haberlo hecho». Pienso que cada gran obra de arte trasciende al artista. Al crearla, éste interactúa con su obra: recibe constantemente sugerencias de su obra, sugerencias que señalan más allá de lo que él pretendía originalmente. Si posee la humildad y la autocrítica para prestar oído a estas indicaciones y aprender de ellas, creará una obra que trascenderá sus propias facultades personales.

A partir de esto podrán ver ustedes que mi teoría del mundo 3 conduce a una opinión sobre la creación humana, y también espe cialmente sobre la creación artística, que es, cuando menos, distinta de algunas opiniones que están ampliamente difundidas: de la opi nión, por ejemplo, de que el arte es autoexpresión o de que el artista está inspirado —aunque ya no por las musas, las diosas griegas de la inspiración, sino por sus propios estados fisiológicos, también llama dos su «inconsciente», que han sustituido a las musas.

Estas teorías sobre el arte se pueden tachar fácilmente, basándo se en razones meramente intelectuales, de totalmente vacías, con independencia de cualquier teoría similar a la teoría del mundo 3.

Todo esto se puede ampliar para cubrir de forma general la rela ción entre un hombre y su obra. Volveré sobre ello más tarde, pero

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por el momento deseo abordar la discusión del mundo 3 desde el punto de vista de la evolución biológica.

Hasta el momento he intentado ofrecer un esbozo intuitivo algo más detallado de lo que quieró decir con la expresión «mundo 3». Con respecto al conocimiento objetivo se puede decir que es el mun do de las librerías, de ios libros y de las publicaciones, pero también de los informes y las tradiciones orales. Evidentemente, el lenguaje desempeña un papel muy importante en el mundo 3 del conocimien to objetivo, aunque el lenguaje representa asimismo un papel impor tante en las artes. Ustedes comprenderán que tendré mucho que de cir sobre el lenguaje, al igual que lo han hecho la mayoría de los filósofos modernos. Pero éstos se interesan principalmente por las pa labras y su significado. Yo no. A mí me interesan las teorías y la cues tión de su verdad —o de su aproximación o cercanía a la verdad—, y considero que las palabras no tienen importancia. El siguiente cua dro representa esta situación:

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Palabras

Tabla de los dos lados del lenguaje

Conceptos o

designaciones o términos

pueden formular

Enunciados

Significativos

Éstos pueden ser

Proposiciones o teorías o

hipótesis o afirmaciones

Significado

y su

Verdaderos

Definiciones

se puede reducir por medio de

Verdad

Conceptos

primitivos

al de

Derivaciones

Proposiciones

primitivas

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Mi postura ante este cuadro es la siguiente: aunque las dos partes son totalmente análogas, la parte izquierda carece de importancia, mientras que la parte derecha es de fundamental importancia.

Tal vez les pueda decir que durante largo tiempo me resistí a pu blicar algo sobre el mundo 3. Durante largo tiempo no podía siquie ra ver que podía ser interpretado como el mundo de nuestros pro ductos. Simplemente lo veía como el mundo de las teorías y de los argumentos, y me parecía muy abstracto, filosófico y vago. Como ya les he dicho, soy alérgico a la palabrería, y no tenía la seguridad de que no fuera más que palabrería. Lo que me hizo sentirme más segu ro fue descubrir que incluso entre los animales hay algo análogo al mundo 3 humano. Eso me condujo a una visión menos etérea de la cuestión, así como a un enfoque biológico y evolutivo del mundo 3. Y eso me llevó a su vez a darme cuenta de que, en cierto sentido, el mundo 3 es un producto humano ——aunque, por otro sentido, es au tónomo—, y que en cualquier caso es tan real como el mundo 1, dado que puede, por medio de la acción mediadora del mundo 2, actuar no sólo sobre nuestra mente, sino también sobre nuestro cuerpo y por tanto sobre el mundo 1.

También me hizo percatarme de que el mundo 3 es de suma im portancia para el problema cuerpo mente, así como para una teoría de la mente humana —es decir, una teoría de sus principales caracte rísticas, como son su conciencia selectiva, su memoria selectiva, su ac titud curiosa ante el mundo y, en última instancia, el ego, que se ex tiende en el pasado y que espera tener un futuro.

Sin embargo, al empezar ahora a hablar sobre la evolucióh, tengo que hacer unas breves observaciones generales. Se podría decir que «admiro el darwinismo, aunque con renuencia». Admiro enorme mente a Darwin y considero que la llamada «síntesis moderna del darwinismo» representa un gran avance hacia la verdad, Sin embar go, al mismo tiempo soy muy consciente de las dificultades inheren tes al darwinismo, así como de su vaguedad. Dista de ser una explicación satisfactoria de lo sucedido o de lo que sucederá, pero proporciona una comprensión intuitiva, a pesar de las muchas pre guntas que deja sin respuesta.

Mencionaré en primer lugar algunos precursores animales de nuestra característica propensión humana a desarrollarnos exosomá ticamente a través de la creación de herramientas externas a nuestros

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cuerpos, y no sólo endosomáticamente a través de las mutaciones y del desarrollo de nuevos y mejores órganos. Como dije la última vez, en lugar de desarrollar mejores ojos y oídos desarrollamos gafas y au dífonos, y en lugar de desarrollar piernas más veloces desarrollamos bicicletas, automóviles y aviones.

Ahora bien, también hay animales que producen herramientas exosomáticas. Puedo mencionar las telas de araña, los nidos de pája ro y los diques de los castores. Pero ningún otro animal excepto el hombre ha producido algo semejante al conocimiento objetivo, es de cir, problemas objetivos, argumentos objetivos y teorías objetivas.

Los animales han elaborado lengua De acuerdo con algunas teorías modernas, la canción de un pájaro significa: « el paso, propiedad privada!». Esto también es una herramienta exoso mática y posee, como todos los instrumentos animales, una base ge nética innata.

Pero el conocimiento animal es fundamentalmente endosomático:

consta de disposiciones innatas o adquiridas y es, por tanto, muy pa recido al conocimiento subjetivo humano.

Resulta evidente que debe ser una característica especial del len guaje humano la que nos permite poseer el conocimiento exosomático —un conocimiento que podemos situar fuera de nosotros y que, por tanto, se puede convertir en un conocimiento que se puede dz cutir y criticar—. Nuestro siguiente problema consistirá en encontrar esa diferencia característica entre el lenguaje animal y el lenguaje hu mano.

DISCUSIÓN

Interlocutor 1: Usted ha dicho que se puede realizar un descubrimiento en el mundo 3 exactamente del mismo modo que, digamos, en el mundo natural. Usted ha dicho que descubrir algo en el mundo 3 es exactamente igual que descubrir una montaña o un río desconoci do. Me pregunto si esto es realmente así o si usted capta la importan cia del hecho de que para validar un descubrimiento en el mundo 3 hay que elaborar una demostración necesaria a priori, mientras que para validar un descubrimiento en el mundo natural simplemente hay que coger a alguien de la mano e indicárselo.

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Popper: Pero yo no lo hago. Verá usted, un problema como tal sería suficiente. Alguien dice: «Mire, es extraño, pero lo que trazo aquí, sobre este diámetro, parecen ángulos rectos. ¿Qué hacer con ello? Parecen ángulos rectos, pero no sé si lo son o no». Yo digo que en esto consiste descubrir un problema. Es un problema en el mun do 3. Ye1 problema es: ¿Por qué no son todos estos triángulos, triángulos rectos? Eso es un problema; basta con descubrir el problema y no hay que elaborar nada parecido a una demostración. Si se realiza un descubrimiento ulterior, se puede tratar del descubrimiento de una solución al problema. Esa puede ser la demostración. Pero he hablado sobre el descubrimiento de los problemas, y éstos son tan in quilinos del mundo 3 como lo son los argumentos y los teoremas o las demostraciones o como usted quiera denominarlos.

Interlocutor 1: No estoy seguro de que yo lo llamara un descubrimiento en el mundo 3, sino más bien un descubrimiento en el mundo físico, ya que usted me acaba de preguntar si conozco el significado de un ángulo recto. Sólo en función de su aspecto. Si alguien me enseña algo y dice: «Eso es un ángulo recto», y luego traza un cír culo con un diámetro, etc.

Poppcr: Ele dicho que los ángulos rectos pertenecen a las cosas que nosotros mismos hicimos al crear el mundo 3. Sólo este problema sobre (ustedes lo recuerdan) mi dibujo —lo he borrado—. Haré otro. Dibujamos un ángulo recto siguiendo cierto método, de acuer do con cierto procedimiento: trazamos una línea recta y un ángulo recto. Eso es un producto humano. Pero se plantea el problema acerca de los ángulos rectos —acerca de la relación entre los ángulos rectos y los círculos—. A primera vista los círculos y los ángulos rectos son cosas totalmente diferentes, pero están relacionados con el des cubrimiento, con una sorpresa. También se descubre el problema de si están relacionados y cómo se relacionan.

Interlocutor 1: No pongo en cuestión lo que usted denomina la «autonomía» de los objetos del mundo 3. Permítame que lo exprese del siguiente modo: ¿qué importancia otorga usted a la distinción en tre la verdad necesaria, que requiere una prueba discursiva, y la ver dad contingente, que exige simplemente prestar atención al hecho?

Popper: Si a usted no le importa, sugeriría que no empleemos de-

masiados términos técnicos en esta discusión que no está abierta únicamente a estudiantes de filosofía y matemáticos. Yo diría que el que cierta proposición sea demostrable o no es un problema pertenecien te al mundo 3. Si es demostrable, entonces es un problema del mun do 3 ver qué clase de pruebas ofrece. Quizás existan varias pruebas. Podemos descubrir las demostraciones, la comparación entre distintas demostraciones —todas éstas son cosas de interés para el mundo 3—. El mundo 3 no consta en modo alguno sólo de proposiciones necesarias y demostrables, sino que se compone de toda clase de teorías: teorías físicas que no son demostrables —toda clase de cosas.
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