Carátula: "Bártoli Guillermo, García Belsunce Horacio Carlos, Hurtig Juan Carlos, Binello Sergio, Michelini Beatriz Magdalena, y Gauvry Gordon Juan Ramón s/ encubrimiento"




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títuloCarátula: "Bártoli Guillermo, García Belsunce Horacio Carlos, Hurtig Juan Carlos, Binello Sergio, Michelini Beatriz Magdalena, y Gauvry Gordon Juan Ramón s/ encubrimiento"
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A este escenario debemos sumar el testimonio de Diego Amadeo Piazza, quien dijo que el día del hecho se encontraba en su casa junto a su novia, Delfina Figueroa, y que por la tarde concurrió al domicilio de la familia Bártoli a ver un partido de fútbol, hallándose entre los presentes, además del dueño de casa, “Carrascosa, mi novia, yo, y no sé si alguno de los hijos de Bártoli” (sic), siendo que al ser interrogado acerca de la presencia o no en el lugar de Sergio Binello, Piazza refirió no recordarlo, pero sí que la mujer del mismo y María Marta García Belsunce “en un momento llegaron, venían de jugar al tenis” (sic).-

Continuando con su aporte, explicó que una vez finalizado el encuentro deportivo regresó a su domicilio “con Bártoli, en auto” (sic), y que estando allí, “después de un rato, entre cuarenta y cinco minutos y una hora” (sic), fue a buscarlo en un Peugeot bordó la señora Irene Bártoli, pidiéndole que lo acompañara hasta el domicilio de la familia Carrascosa toda vez que María Marta -García Belsunce- había sufrido un accidente en su casa, “creo que me dijo que había tenido un golpe en la cabeza” (sic). Expresó además, que de inmediato y junto a Irene se trasladó hasta dicho lugar, diciéndole a la misma que siguiera de largo y que como en el barrio había otro médico -el Dr. González Zuelgaray- fuera a buscarlo, pensando que podía ser de utilidad. Que fue así como el declarante ingresó a la casa y subió al baño ubicado en la planta alta de la vivienda, lugar donde encontró a María Marta tirada en el piso boca arriba y vestida con un jogging “creo que gris” (sic) y una remera, procediendo -en función de que por entonces se encontraba estudiando medicina, cursando el cuarto año de la carrera- a tomarle los signos vitales primero y a realizarle -al no sentirlos- tareas de reanimación después.-

Indicó también, que en ese ámbito y por entonces se encontraban presentes la masajista de la familia, a quien vio intentar reanimar como lo hiciera él a María Marta, y Carrascosa y Bártoli, los que “estaban ahí mirando a ver que podíamos hacer nosotros, no hablaban entre ellos” (sic), sumándose a los mencionados, momentos más tarde, unos médicos con los cuales trabajó "a la par" (sic) hasta que todos se dieron cuenta de que ya no había nada por hacer, regresando el declarante a su domicilio para contarle lo sucedido a su madre, para después y en compañía de la misma, apersonarse nuevamente en lo de la familia Carrascosa.

A mayor abundamiento, expresó que allí habló con los médicos y preguntó, "sólo por curiosidad" (sic), qué era lo que había ocurrido, contestándole uno de ellos, "no recuerdo cual y cuando estaba sólo con él" (sic), que la paciente "tenía tres agujeros en la cabeza con fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica" (sic), por lo que tras escuchar en el lugar la versión de que esos orificios se los podía haber hecho al caerse y golpearse con la grifería del baño, ingresó al mismo observando que el intercambiador de la ducha tenía una sola punta, constatando por tanto que "era poco probable" (sic) que golpeándose con dicho objeto María Marta haya sufrido ese tipo de lesión múltiple, "cuesta imaginárselo" (sic), retirándose finalmente de allí "con la sensación de que era raro lo que había pasado y que alguien debía venir a determinar si ella se podía haber hecho esa lesión así" (sic).-

Por último, y leída que le fuera en los términos del art. 366 inc. 4º del Ceremonial, su declaración que rola a fs. 2167/2170, en particular, el segmento de la misma que dice: “me acuerdo que cuando me dijo el médico que había fractura de cráneo con pérdida de masa encefálica, yo le dije que ese era un golpe terrible y que tendría que venir alguien para ver si ese golpe se puede hacer cayéndose pegándose un resbalón, pero no recuerdo que me dijeron", convalidó lo allí apuntado al referir textualmente que "si en aquel momento, mucho más fresco lo declaré, lo debo haber dicho" (sic).-

Como se ve entonces, todos en la periferia dudaron de las causales de la muerte de María Marta García Belsunce, menos su círculo íntimo, que se encargó de instalar la idea del accidente doméstico como mecanismo de producción de la misma.-

Nótese que muy claro fue en tal sentido Daniel Fernando Beltrán -chofer de la ambulancia de Paramedic cuyo profesional médico a cargo no era otro más que el imputado Gauvry Gordon-, quien en uno de los pasajes de su declaración refirió que aún estando ya en conocimiento -por haber sido informados al respecto desde un primer momento- de la versión que daba cuenta que la paciente a la que habían ido a asistir se había caído en el baño y golpeado la cabeza, y sin que ellos -refiriéndose a los doctores y a sus auxiliares- preguntaran nada, se escuchaban "voces en la habitación que constantemente nos decían eso" (sic), "lo de la caída" (sic), todo ello mientras en la urgencia le realizaban a la víctima tareas de RCP.-

¿Qué necesidad había de insistir tanto en poner en cabeza de quienes acudieran en auxilio de María Marta la versión del "accidente en la bañera" cuando éstos ya habían sido anoticiados de ello desde su arribo mismo a la casa y lejos de reclamar mayores precisiones al respecto, su única preocupación por entonces estaba centrada en resucitar a la paciente?

¿Es que acaso querían convencerlos de algo?

Todo nos indica que sí.-

En último lugar, y en lo que hace a los testimonios conectados con la diagnosis que el imputado Gauvry Gordon informara respecto de María Marta García Belsunce, me permito traer a consideración lo dicho en la audiencia de debate por Jorge Tomás González Zuelgaray, amigo personal de los imputados Bártoli y Binello -y también de Carrascosa- quien con la autoridad que le dan sus 27 años -tomando como referencia el mes de octubre de 2002- en el desempeño de la profesión de médico, dijo, luego de haber tomado conocimiento de la muerte -además de su causa- de María Marta García Belsunce a partir de un llamado que recibiera en su domicilio por parte de Guillermo Bártoli, que realmente le parecía "algo muy extraño" (sic) que un accidente ocurrido en una bañera en donde el protagonista cae desde su propia altura pueda desencadenar en la muerte de quien lo sufre, "es algo muy infrecuente… es algo que me inquietó" (sic).-

A esta altura, aparece entonces el discurso del imputado Gauvry Gordon como parcial, con omisiones evidentes de circunstancias que percibió por sus propios sentidos y que niega, o bien -y para el caso de que no se comparta esta personal apreciación- que le fueron comunicadas por terceros, lo que también rechaza, todo ello sin otros elementos que avalen sus expresiones, en contraposición a los dichos y afirmaciones de testigos que lo desmienten, con el valor que a éstos les he otorgado.-

De un repaso de sus expresiones, no advierto que las mismas tengan entidad suficiente para poder controvertir las certeras, fundadas y especialmente coincidentes indicaciones de los testigos cuyas deposiciones fueran ya analizadas, lo que me lleva a concluir que la versión del imputado no deja de ser más que un claro e infructuoso intento de mejorar su ya comprometida situación procesal.-

Gauvry Gordon ha sostenido hasta el agobio que Biassi en ningún momento revisó el cadáver de María Marta.-

Pero si no lo hizo, ¿cómo pudo informarle a Diego Piazza, estudiante de medicina por entonces y amigo del imputado Bártoli (al punto que ese día fue invitado por éste a ver futbol en su casa) que María Marta "tenía tres agujeros en la cabeza con fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica"? (sic).-

Igual interrogante se impone en relación a la posibilidad de Biassi de consignar, sin haber explorado el cuerpo de la occisa, las lesiones que describiera en la historia clínica pre hospitalaria n° 801.521 remitida por Emernort S.A., y que, incorporada que fuera al juicio por su lectura y/o exhibición, rola agregada a fs. 30 de estas actuaciones.-

En efecto, de la misma surge que tras haberse constituido el día 27 de octubre de 2002 a las 19:41 horas en el domicilio de María Marta y no obstante encontrarse por ese entonces cubriendo la emergencia otro personal médico –el móvil nro. 27 de la firma “Paramedic”-, Biassi revisó a la paciente detectando la existencia de “tres heridas punzantes de dos centímetros de diámetro en región temporal y parietal izquierda y traumatismo de cráneo con pérdida de masa encefálica”, retirándose del lugar a las 20:30 horas.-

Intentar compatibilizar las manifestaciones de Gauvry Gordon con los datos objetivos que derivan del testimonio de Piazza y la historia clínica recientemente analizada, no deja de ser una verdadera utopía.-

Y ello lo aseguro, por la sencilla razón de que no existe manera de que Biassi volcara en el informe de fs. 30, hallazgos que terminan por corroborarse a partir de la operación de autopsia sin previamente haber tomado vista de la humanidad de María Marta, y si así lo hizo –el análisis conglobado de la prueba me conduce y obliga a pensarlo de este modo- quiere decir que Gauvry Gordon miente, desnaturalizando en provecho propio –aunque con derecho a hacerlo- la verdad real.-

Hay otra razón, no de poca importancia, que revela el conocimiento de Gauvry Gordon acerca de la existencia de un delito previo que omitió denunciar, y es aquella que tiene que ver con la modificación de la escena del crimen.-

No puede desatenderse la circunstancia de que fue el propio imputado quien le solicitó a Beatriz Michelini que limpiara la sangre que había en el baño ubicado en el primer piso del domicilio en el que cohabitaban la víctima y su marido.-

Así lo hizo saber el propio Gauvry Gordon cuando aseguró que “en ese momento dije, le sugerí a la Sra. Michelini, la masajista, si podía retirar el tapón de la pileta, porque era algo, que dije, van a venir los familiares, van a ver esto, y dije, pobre gente, ya el dolor sumado de la muerte de un ser querido y ver eso, dije, agregar más dolor, no… Se lo pedí a Michelini, porque la habré tenido ahí o porque la habré visto ahí…” (sic).-

La misma Michelini convalidó tales expresiones al asegurar en su declaración injurada de fs. 1085/1090 vta., que “en la habitación el médico que había llegado primero le pide si podía quitar el tapón de la bañera y limpiar para que la familia no se impresionara” (sic), pronunciándose de igual modo Walter Daniel Fernando Beltrán (“en un momento Gordon le dijo a la masajista que limpiara, después que hicimos todo, por la impresión”) y Antonio Daniel Cachi (“que luego apareció una chica… la cual se identificó como la masajista, pidiéndole el Dr. Gordon a la misma si por favor podía limpiar el lugar para que los familiares no se encontraran con semejante cuadro”).-

Intentó Gauvry Gordon ensayar una empeñosa defensa de la situación y así fue que nos dijo que tal reclamo obedeció a su intención de proteger la sensibilidad familiar.-

No obstante ello, causa al menos sorpresa esta revelación del imputado.-

En primer lugar, por cuanto preguntado que fuera su compañero de trabajo Beltrán para que dijera si "era usual tomar alguna decisión relacionada con lo doméstico", el mismo sin trepidar respondió que no.-

Pero por sobre todo, teniendo en cuenta que Gauvry Gordon también expresó a lo largo de su exposición que desde que llegó al lugar del hecho y mientras le realizaba a la víctima maniobras de RCP fue "permanente" (sic) en el lugar el paso de distintas personas de la casa "que subían y bajaban" (sic) desde la planta baja hasta el primer piso y viceversa.-

También dio cuenta de este peculiar cuadro el mismo Beltrán, en cuanto asegurara al respecto que mientras ellos ejecutaban su labor junto al cuerpo de la víctima "era un alboroto de gente que subía y bajaba" (sic).-

En base a lo expuesto, no alcanzo a concebir el acicate de la empresa asumida por Gauvry Gordon desde el momento en que si lo que lo movilizó a tomar la decisión de limpiar la sangre e inclusive pretender "trasladar" el cuerpo de la víctima desde el lugar donde se encontraba hasta la cama matrimonial fue "evitar" que la familia se "impresionara" con el panorama, no se explica porqué no impidió justamente con igual fin el libre acceso de terceros al escenario mismo donde se sucediera el episodio por el cual fuera convocado.-

Asimismo, despierta cuanto menos curiosidad el hecho de que finalmente, el cuerpo de la víctima no fuera movido de lugar, tal como lo asegurara el propio Gauvry Gordon y también Beltrán, porque "el chofer" de la otra ambulancia les aconsejó que no lo hicieran, argumentando que era "bombero" (sic) y que había visto casos comparables siendo "mejor" (sic) dejarlo allí (refiriéndose al cadáver) "por los familiares" (sic).-

En el mismo orden de ideas, cuesta figurarse lo manifestado por el imputado en punto a que su preocupación central por entonces fueron "los chicos" (recuérdese que en concreto sobre el particular dijo: "lo primero que pensé era que capaz esta señora tenía nietos y dije, la abuela, la desesperación, suben a abrazar a la abuela o a la madre, y dije, es algo que es impactante") cuando preguntado que fuera por este sentenciante para que dijera si en algún momento de su estadía en el domicilio de la familia Carrascosa había visto alguno, o si cuanto menos, sabía de la existencia y/o presencia de menores en la casa, no dudó en responder en forma negativa.-

Ninguna mella hace a lo hasta aquí esbozado las manifestaciones que durante el juicio vertiera el Doctor Moreira en defensa, en alguna medida, del imputado Gauvry Gordon.-

Si bien el mismo relativizó la responsabilidad criminal que le pudo haber correspondido a este último (desde el punto de vista del “conocimiento” del injusto) al aseverar que “no debió equivocarse pero pudo haberlo hecho de manera exponencial” (sic) ya que “los médicos que no siguen esta especialidad (legista) tienen una profunda ignorancia en materia de lesiones” (sic) a partir de que siempre acuden a la asistencia de un paciente que está vivo y que por lo tanto conocen la muerte pero no después de ella, en contraste de lo que sucede con el legista que “piensa primero buscando el crimen y luego la muerte natural” (sic), lo cierto es que también apuntó que “el dato de hallazgo de masa encefálica era indicador de un mecanismo distinto al específicamente idóneo al que produce un traumatismo cuando una persona cae desde su propia altura y golpea contra ese grifo… no es normal ni habitual” (sic), aclarando que en todo caso, de pretender tomarse como válido –al menos claro está, en un primer análisis de situación- que el foco contusivo de las lesiones haya sido el intercambiador de la ducha o las canillas, para que un golpe con cualquiera de estos elementos haya provocado las heridas que presentara la víctima, la única manera posible de ocasionarlas es “tomando la cabeza de la persona y golpeando la misma varias veces” (sic) contra el grifo, o bien, concluir que “una fue con una canilla y las otras con una achuela o proyectiles de arma de fuego” (sic), destacando que a su criterio, aún para el supuesto de no encontrarse el médico emergentólogo convencido de estar en presencia de un delito (recuérdese que textualmente nos dijo “quiero creer que fue eso para no avanzar en una denuncia policial”), el mismo “tenía claro que era una muerte violenta” (sic) y que por lo tanto ello “implicaba una duda” (sic), por lo que frente a dicho cuadro de situación lo que debió hacer fue “entregar el cuerpo a un médico legista” (sic) ya que así se lo imponía –como obligación- la ley del ejercicio de la medicina, cometiendo al no hacerlo “un error irreparable… una injuria” (sic).-

Por lo demás, no dejo de hacer notar que si bien Gauvry Gordon no era médico legista, era médico al fin, y que “Medicina Legal” no fue para él sino una materia obligatoria en su carrera universitaria, la que por lo tanto debió necesariamente cursar como requisito para graduarse.-

Por otra parte, más allá de lo que dijera Moreira en cuanto a las diferencias entre una especialidad y otra, lo cierto es que es lógico suponer que cualquier médico independientemente de su formación, debe saber la incompatibilidad existente, por ejemplo, entre una herida realizada por un corte respecto de la originada por una bala.-

Hay cuestiones básicas que hacen que incluso el común de la gente sin otra instrucción más que la experiencia que nos da la vida, pueda distinguir entre un tipo de lesión y otra, o cuanto menos descartarla, mucho más, cuando como en el caso concreto y tal como lo aseverara Moreira, de lo que hablamos no es de una herida sino de varias, algunas de las cuales provocaron la fractura de una zona dura del cráneo con pérdida de masa encefálica, situación ésta que permite cuantificar la magnitud del o los impactos, a lo que debe agregarse, el derramamiento de sangre en cantidad que continuó incluso mucho tiempo después de fallecida la víctima, lo que hace imaginar una herida especial que tiene que llamar la atención de cualquier persona, pero mucho más, la de una profesional de la salud que debe actuar en función de una lesión o del motivo por el que lo llamaron.-

No me pasa por alto que aún sin haber visto el cuerpo, aquéllos no profesionales en el arte de curar y cuya relación y experiencia se remitía a lo meramente administrativo, advirtieron cuanto menos que era una situación especial que merecía un trato diferencial respecto de los habituales partes a los que estaban acostumbrados.-
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