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Amaz6nia, monopálio, expropiaçdo e con flitos, cit., 35 ss.
21. (f. O. Valverde, .Sacrifício serde: Lcologia, 33(1993). 19.

ógico de los diversos programas. Éstos han organizado trabajos relevantes, incluso en 1986 un congreso internacional denominado «Desarrollo económico e impacto ambiental en el trópico húmedo brasileño», en Belém del Pará. Se ha construido en la ciudad de Carajás un sector en el que habitan 10.000 empleados administrativos y sus familias con toda la infraestructura de una moderna ciudad del primer mundo. Todos los preceptos ecológicos han sido cumplidos estrictamente en una zona de 411.000 hectáreas. Pero fuera de esa zona prosigue el ritmo sin precedentes de deforestación en función de los proyectos agroindustriales y agropecuarios, todo ello para la exportación, por ejemplo de arroz, habas, maíz, soja, pellets de mandioca para la alimentación animal, explotación de babaçu*, etc. De todos modos, los ecólogos han entrado siempre en conflicto con los técnicos e ingenieros que han mostrado una escasa sensibilidad para tales cuestiones. Como suele acontecer y lo hemos expuesto en el capítulo 2, en el caso de Cara jás la maximización del lucro a corto plazo tuvo la precedencia sobre cualquier otra consideración de tipo ecológico a más largo plazo22. La brutalidad de los técnicos ha vencido a la sensibilidad de los ecólogos.
La instalación de la gran industria en la Amazonia obedeció a las demandas del capitalismo internacional. A partir de 1972 el petróleo pasó de 2 a 32 dólares, lo que trajo consigo el encarecimiento de la energía eléctrica, especialmente la del Japón, basada en la utilización del petróleo bruto; se encareció asimismo el transporte de minerales, en especial la bauxita, de donde se extrae el aluminio y tan fundamental para la industria. Un tercio de las industrias del sector en Japón, EE.UU. y Europa tuvo que cerrar. La solución fue transferir esas industrias a iquellas regiones del mundo en las que hubiese energía suficiente, abundancia de bauxita y mano de obra barata. La Amazonia cumplía sobradamente esas condiciones. Por eso vinieron hacia aquí las principales multinacionales relacionadas con el hierro y el aluminio, con una gran ventaja para ellas: quedaban como industrias limpias en sus países y se libraban de los residuos industriales perniciosos, abandonándolos en el tercer mundo, tales como el «barro rojo», residuo de la bauxita, altamente tóxico, que se va almacenando en lagos artificiales. Se comprende también la aceleración de los proyectos a fin de atender a la demanda mundial mediante un empleo masivo de mano de obra: 140.000 trabajadores distribuidos del siguiente modo: 27.000 en el Projeto Ferro Carajás; 63.000 en la construcción de la presa de Tucuruí y 50.000 en la explotación minera de Serra Pelada23.
Las principales agresiones a la naturaleza amazónica fueron perPalmera de simiente oleaginosa. (N. del T.)
22. Cf. A. Hall, DevelopingAmazonia, cir., 150-186.
23. ( f. O. Valverde, Sacrificio verdeO, cir., 16 19.

petradas a cargo del Projeto Grande Carajás Agrícola, en colaboración con la JICA (Japan International Co-operation Agency, que reúne 22 empresas inversoras japonesas). Aunque la agencia japonesa recomendase precauciones ecológicas en el sentido de armonizar el desarrollo agrícola con la conservación ambiental, la máquina decisoria del gobierno siguió por caminos tecnocráticos estrictos. Ignoró la sabiduría milenaria de las poblaciones nativas, exaltó las virtudes de la mecanización e introdujo una escalada de destrucción forestal como nunca antes se había visto en Brasil. Expulsó a indígenas y caboclos. El gobierno sólo ofrecía ayudas económicas cuando las compañías podían probar que habían «limpiado el terreno», o lo que es lo mismo, deforestado y expulsado a las poblaciones nativas, introduciendo otras, procedentes del sur del país, a las que, ilusoriamente, imaginaban más preparadas para una industria agrícola moderna por ser descendientes de europeos. Los proyectos agropecuarios pretendían crear una cabaña de dos millones de cabezas con vistas a la exportación. Pero a su lado lo que surgió fue una especulación fantástica que incluía grandes empresas nacionales como Café Cacique, Varig, Sul América Seguros, y multinacionales como la Volkswagen, la Liquifarma (química farmacéutica italiana), Atlntica-Boavista (grupo Rockefeller) y otras.
Muchos ganaderos, para acelerar la deforestación, utilizaban el defoliante Tordon 155-Br (agente naranja) o el Tordon 101-Br, más devastador aún, lanzados desde aviones, con los que contaminaron los terrenos, los ríos, y mataron muchas personas, especialmente a los indios nhambiquaras, que fueron casi exterminados24. Los campesinos expulsados o amenazados se organizaron en diversos movimientos sindicales. A partir de la instalación de los proyectos en la sierra de Carajás se dio una verdadera guerra en el campo. En 1985 hubo cerca de 100 muertos, en 1986 la cifra ascendió a 200 y continuó con tasas decrecientes pero aún bastante altas en los años posteriores. Los 13.000 indios de 34 tribus distintas residentes en la región vieron sus tierras invadidas por los criadores de ganado y madereros, y muchos de ellos fueron eliminados25.
Los proyectos de la agroindustria y agropecuarios no han demostrado su viabilidad. La producción de grandes cosechas y de cría de ganado en pastizales extensivos están causando daños permanentes al ecosistema amazónico: erosión del suelo, compactación, lixiviación, acumulación de detritus en ríos y presas, polución atmosférica debido a quemas desproporcionadas, algunas tan grandes que han sido detectadas por los satélites norteamericanos y rusos, con el riesgo de transformar la Amazonia oriental en un «desierto
24. C. 0. Ribciro, Amazánia urgente cir., 196.
25. Cf. A. Hall, Develop,ng Amazonia..., co., 188 ss.

rojo». En 1988, en un solo día, la nave espacial Discovery detectó 8.438 incendios en la Amazonia. La maquinaria planificadora del Estado ignoró una vez más el enorme potencial de progreso económico y social ofrecido por las técnicas tradicionales de los grupos nativos. Estudios realizados sobre la tribu caiapó al sur del Pará han demostrado cómo ellos disponían de una clasificación detallada de las especies y del empleo hábil de la selva. Sabían concretar más de 40 tipos de selvas, campos y suelos con sus respectivas especies asociadas de insectos, animales, aves, vientos y climas. Lo que a ellos les ha permitido satisfacer sus necesidades y al mismo tiempo preservar el equilibrio del ecosistema regional26 es un saber que debería ser aprovechado por los técnicos y estrategas de los grandes proyectos por lo que respecta a la utilización de la selva amazónica y la preservación de las especies. Pero ese saber ha sido soberana y arrogantemente despreciado.
4. Indígenas y «garimpeiros»: el holocausto de los inocentes
En el Brasil existen permanentemente cerca de 600.000 garimpeiros (en 1988 llegaron al millón). Son parados, campesinos sin tierras (en su mayoría adolescentes, hasta de 14 y 15 años), emigrados de las sequías del Nordeste, y aventureros de todas las regiones que buscan oro y diamantes en los lechos de los ríos o en zonas ricas en minerales. En otras épocas la extracción se efectuaba con cedazos movidos a mano. Hoy el garimpo* emplea equipamientos pesados y costosos. Es conocido el garimpo del río amazónico Madeira en el que 500 balsas sacaron del fondo del río, sólo en 1987, 6,4 toneladas de oro, contaminando d río con 100 toneladas de mercurio.
Es famoso el garimpo de Serra Pelada, en el ámbito del Projeto Grande Carajás. El oro lo extraen a cielo abierto 40.000 garimpeiros en un hormiguero humano sólo imaginable en las construcciones de las grandes pirámides de Egipto. En 1986 fueron sacadas de allí 40 toneladas de oro por parte de garimpeiros que hubieron de escalar los peldaños de una cueva que llegó a alcanzar 200 metros de profundidad. El hambre del oro y la pésima calidad de vida en las ciudades-favela de Curionópolis (30.000 habitantes) y El Dorado (20.000), junto a Sierra Pelada, trajeron consigo unas relaciones sociales violentísimas agravadas especialmente por la aspiración del mercurio volatilizado que induce a la irritabilidad, pérdida de confianza en sí mismo, alucinaciones, melancolía suicida y psicosis maníaco-depresiva. Al bajar por los ríos, el mercurio mata a los peces,
26. (.5. A. Hall, DevelopjngAzonja cd., 264-265,
FI gai iinpo es la eXtraccicin espontanea y ni tichas eces ilegal, de mcta les precio sos (hale intes. Su derivado garimpeiro» designa a la persona dedicada a esa actis idad. Fn e] rs xi ) ciiipÍearc Tilos los términos originales. (N. del T.)

TODOS LOS PECADOS CAPITALES ANTIECOLOGICOS
contamina a los pescadores y es especialmente peligroso para los indígenas. Cientos y cientos de yanomamis han enfermado y muerto a causa de la contaminación producida por los 35.000 garimpeiros en sus tierras situadas en la frontera de Brasil con Venezuela’.
Las mayores víctimas de la penetración de las relaciones de explotación e internacionalización de las riquezas de la Amazonia han sido, sin duda, los indígenas28. El lema de la Funai (Fundación Nacional del Indio), el organismo que debería protegerlos, era: «Cien mil indios no pueden impedir el progreso del Brasil». Ellos han sido cómplices del via crucis de estos pueblos autóctonos. Citemos sólo unos pocos pasos de ese via crucis.
Primera estación, la matanza del paralelo 11 en Rondónia (parte de la extrema Amazonia occidental) en 1963. Se instalan grandes haciendas y compañías extractoras de estaño. En la región vivían cerca de 10.000 indios en 100 aldeas diferentes. Para facilitar la implantación de la empresa Arruda e Junqueira, se ordena que, durante un ceremonial de los cintas-largas, se lancen desde el aire sobre su aldea sacas de azúcar. Los indígenas las recogen alegremente. Inmediatamente, en vuelo rasante, son dinamitados y masacrados29.
La segunda, la eliminación de los nhambiquaras, también en Rondónia. A comienzos de siglo eran cerca de 10.000 en el valle del río Guaporé. Para facilitar la exlotación pecuaria llegada del sur, se los transfiere a la planicie de los Parecis, de tierras áridas. Los que escaparon al hambre fueron alcanzados por el sarampión, enfermedad de los blancos. Toda la población nhambiquara de menos de 15 años fue eliminada. Los que habían permanecido en el fértil valle del Guaporé fueron alcanzados por los defoliantes lanzados desde aviones sobre sus tierras. En 1980, de los 10.000 apenas si quedaban 650 representantes. Su saga trágica queda perfectamente retratada por uno de ellos:
Primero, aquí sólo indio. No tenía americano, brasileño. Funai, nada. Ahí llegó misionero americano en 1964. Pasaron tres lunas, vino el brasileño:
máquina, tractor, camión, derribaron mucho árbol, echaron fuego y comenzó: pasto, pasto, pasto, vaca, vaca, hacienda, alambre, alambre3.
Tercera estación, el sacrificio de los uaimiris-atroaris en las cercanías de Manaus. Tal vez sea la tribu más castigada de las últimas décadas. En 1905 se contaban 6.000. En 1968 ya habían sido reducidos a 3.000. En 1982, a 517 y en 1984 a apenas 350. La propor 27 Cf. P. Birraus,» Dic Yanoinaini Brasiliens vot dem Gcnoiid , en Yanomamis, cit.,
82-86.
28. Véase una s ision global en isi. P. Comes, Os índios e o Brasil, Voces, l’etrópolis,
1988, 65 ss 1 . Beltrao, O índio, um mito brasileiro, Voces, Petropolis, 1 977, esp. 255 ss
29. Cf. 5. A. Das is, Vítimas do milagre..., cd., 106.
30. 15. Riheiro, Amazónia urgente..., cit., 197.

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ECOLOGíA GRITO DE LA TIERRA, GRITO DE LOS POERES
ción del exterminio es del orden de 6 a 1, nivel del tiempo de la conquista/invasión de los europeos en el continente sudamericano. Tal catástrofe biológica se debe a las diversas políticas desarrollistas implantadas en el Amazonia, en las cercanías de Manaus. La construcción de la carretera Manaus-Boavista, la explotación minera Taboca S.A. (subsidiaria de la Paranapanema, que explota casiterita, estaño) y la construcción de la estación generadora de Balbina, a la que hemos hecho alusión antes, implicaban directamente las tierras de los uaimiris-atroaris. Se llegó a cambiar el nombre de los ríos para engañarlos y decir que la inundación producida por el embalse de Balbina sobre el río Uatumá no había tocado sus tierras. El río Uatum que limita con la reserva indígena pasó a ser llamado Pitinga; el nombre de Uatumá se transfirió a un igarapé* menor. Durante la construcción de la carretera Manaus-Boavista fueron atacados por helicópteros y pequeños aviones militares del gobierno, incendiadas sus cabañas con la muerte de muchos indios. Al menos en un caso la comandancia militar de la Amazonia ordenó la utilización de armas químicas contra los uaimiris-atroaris indefensos. En las diversas agresiones sufridas, de las 60 aldeas indígenas sólo subsistían en 1987 unas 10. Con razón se habla de etnocidio3t. Hoy esos indígenas se han refugiado en la selva, reducidos al silencio, sepultados en el olvido de nuestra cultura ecocida, generadora del holocausto de las poblaciones autóctonas.
No hay páginas suficientes para narrar toda la saga trágica de los indígenas amazónicos, la de los caiapós, de los paracanás, de los txucarramaes, de los crenacarores, de los gaviones y tantos otros. Pero los supervivientes confían en la fuerza de la Tierra y en la justicia de las cosas sagradas. El Consejo Mundial de los Pueblos Indígenas emitió en 1975 en Port Alberni una declaración solemne en la que expresan su esperanza contra toda esperanza:
Sin embargo, no nos pudieron eliminar, ni hacernos olvidar lo que somos, porque somos la cultura de la Tierra y del cielo. Somos de una ascendencia milenaria y somos millones. Y aun cuando nuestro universo entero sea destruido, nosotros viviremos durante más tiempo que el imperio de la muerte°.
En todas estas luchas de resistencia, tanto indígenas como campesinos han tenido un aliado decisivo, las Iglesias comprometidas con los pobres y con su liberación. En especial la Iglesia católica, con las comunidades eclesiales de base, con la Comisión Pastoral de la
Canal que sólo de1a paso a pequeñis enibarcaciones; brazo de río. (N. del T.)
3 1 Cf. Con riqueza de detalles, A. Zeidler, \Vaiiniri—Atroari Dokumenralion cines V(ilkermordes, en Yanomamjs, cii., 4575; E. Scliwade y J. P. E. Carvaiho, WaimiróAtroari a historia que a:nda no foi contada, Brasilia, 1982.
32. Cf. A. U. Oliveira, Amazánia, monopólio, expropiaçdo e conflitos, co., 130.

TODOS LOS PECADOS CAPITALES ANTIECOLOGICOS
Tierra (CPT) y la Comisión Indigenista Misionera (CIMI), ha ejercido una función profética y representativa, denunciando a nivel nacional e internacional las violencias, y a la vez una función político- social decisiva, suministrando ayuda estratégica a las víctimas bajo las formas de asistencia médica y jurídica, fundando sindicatos autónomos, comisiones de derechos humanos y creando un amplio programa de concientización en orden a la resistencia y liberación de los pueblos de la selva y de las poblaciones oprimidas de la ciudad y del campo. La teología de la liberación expresa teóricamente el compromiso concreto de las Iglesias con la causa de los humillados y oprimidos, teología que ha cobrado carácter popular e internacional, gracias a lo adecuado de la causa asumida y a la urgencia ética de hacer algo frente al desastre humano y ecológico a gran escala perpetrado en zonas tan importantes como éstas de la Amazonia33.
IV. EL SUEÑO DE CHICO MENDES Y EL FUTURO DE LA AMAZONIA
Lo que hemos expuesto sucintamente sobre la Amazonia y podríamos haber hecho del mismo modo acerca del Pantanal del Matogrosso o sobre la selva atlántica brasileña, muestra de forma contundente el equívoco del desarrollo en los moldes de la modernidad. Es un desarrollo que prescinde de la naturaleza y se realiza en contra de ella, puesto que la contempla más como un estorbo que como un aliado. Como ya hemos apuntado anteriormente, la cuestión de base no consiste en dar sustentabilidad al desarrollo, sino que a partir de la sustentabilidad de la naturaleza se cree una alternativa a la camisa de fuerza que supone este tipo de desarrollo. Antes de hablar de desarrollo hay que hablar de sociedad, de defensa de toda la vida y de promoción de la calidad de vida humana. La sustentabilidad, como hemos visto, procede en modo eminente del campo de la ecología, lo mismo que la categoría desarrollo procede del área de la éonornía. La sustentabilidad tiene en cuenta el equilibrio dinámico itorregulador (homeostasiS) vigente en la naturaleza gracias a la cadena de interdependencias y complementaridades entre todos los seres, especialmente los vivos, que viven de recursos permanentemente reciclados y, por ello, indefinidamente sostenibles. La Amazonia es el mejor ejemplo de esta sustentabilidad natural. Debemos aprender de la tecnología y de la sustentabilidad de la naturaleza, cosa que los megaproyectOs amazónicos han negado y siguen negando. Esta economía de la naturaleza debe inspirar a la economía humana que, entonces, participará de la susteritabilidad naturaj.
Exactamente ésa fue la intuición original de Chico Mendes. El
33 Cf C Mcsters y E. Soess, Utopia cativa: cotequese indigenista e Iibertaçdo indígena, Vozes, Petrópolis, 1 986.

era un legítimo representante de los pueblos de la selva y un atento observador de la lógica de la naturaleza. Nosotros, que lo conocimos y gozamos de su amistad, sabemos de su profunda identificación con la selva amazónica, con su inmensa biodiversidad, con los árboles del caucho, con los animales, con el más leve indicio de vida en el bosque. Era un san Francisco secular y moderno. Dividía su tiempo entre la ciudad y la selva, pero cuando estaba en la ciudad oía fuertemente la urgente llamada de la selva en su cuerpo y en su alma. Se entendía como parte y parcela de ella. Por eso regresaba cada poco tiempo a su bosque de caucho y a la comunión salvaje y cósmica, y allí se sentía en su hábitat, en su verdadera casa. Pero su conciencia ecológica lo hacía abandonar por algún tiempo la selva para organizar a los seringueiros, fundar células sindicales y participar en las luchas de resistencia (los famosos «plantes», estrategia por la que los seringueiros, junto con sus hijos, ancianos y otros aliados, se colocaban pacíficamente delante de los deforestadores y de sus máquinas impidiéndoles derribar árboles).
Frente a la crisis ecológica impuesta a la Amazonia, sugirió en nombre del movimiento de los pueblos de la selva la creación de reservas de extracción, que fueron aceptadas por el gobierno central en 1987. Era muy realista cuando decía:
Nosotros entendemos —los seringueiros entienden— que la Amazonia no puede transformarse en un santuario intocable. Por otro lado, entendemos también que existe una necesidad urgentísima de evitar la deforestación que está amenazando a la Amazonia y con ello está amenazando la vida de todos los pueblos del planeta. Por eso pensamos en una alternativa de conservación de la selva que fuese al mismo tiempo económica. Entonces pensamos en la creación de la reserva de extracción>
Él mismo explica como funciona este modo de producción:
En las reservas de extracción nosotros vamos a comercializar e industrializar los productos que la selva generosamente nos concede. La universidad necesita venir a acompañar esta reserva extractiva. Es la única salida para que la Amazonia no desaparezca. Es más: esta reserva no tendrá propietarios. Va a ser un bien común de la comunidad. Tendremos el usufructo pero no la propiedad».
De este modo se hallaría una alternativa al ritmo de extracjón salvaje que únicamente supone ventajas para los especuladores. Un
«Seringueira> es ci nombre vulgar que se le da en Brasil a sanos árboles de cuyo látex se elahora el caucho. los «seringueiros son los individuos normalmente habitantes de la selva, que hacen las incisiones en esos .írholes y recogen su producción. (N. del T)
34 Cf. C. Grzybowski (org.), O testamento do Homem Floresta: Chico Mendes por ele mesmo, Fase, Rio de Janeiro, 1959, 24.
35. Cf. Jornal do Brasil, 24 de diciembre de 1 958.

árbol de caoba, cortado en el Acre, cuesta de 1 a 5 dólares; vendido en el mercado europeo cuesta entre 3.000 y 5.000 dólares.
La víspera del día de Navidad de 1988 fue víctima de la saña de los enemigos de la naturaleza y de la humanidad. Fue asesinado de cinco balazos. Dejó la vida amazónica para entrar en la historia universal y en el inconsciente colectivo de los que aman a nuestro planeta Tierra y su inmensa biodiversidad.En cuanto arquetipo, Chico Mendes da ánimos a la lucha por la salvaguarda de la Hileia amazónica y de los pueblos de la selva, lucha que hoy es asumida por millones de personas en todo el mundo. Lo expresó bien un poeta de la selva del Pará: «Ay, Amazonia, Amazonia! Han enterrado a Chico Mendes, mas lo que no se entierra es la esperanza» (Joáo de Jesus Paes Loureiro).
Los macroproyectos amazónicos son una refutación del tipo de desarrollo que desde hace 400 años se está imponiendo como un azote a todas las culturas de la Tierra. Apenas si produce un crecimiento que es apropiado por algunos a costa del gran sacrificio y miseria de las mayorías. Por eso no es humano; es perverso. Va contra la vida humana y es enemigo de la Tierra. Es el fruto de una racionalidad demente. Tales proyectos faraónicos exigen que las informaciones y decisiones se tomen en despachos gélidos, llenos de papeles y de datos fríos, lejos del paisaje que embelesa, de espaldas a los rostros suplicantes de los rústicos habitantes del interior e indiferentes a los ojos ingenuos de los indios, sin vínculo alguno con la compasión y con el sentido de una solidaridad humana y cósmica. En ellos late una racionalidad abstracta, desligada del espacio y del tiempo humanos. Por eso, los resultados de tanta insensatez son desastrosos en términos económicos e irrelevantes en términos culturales.
Las poblaciones son más pobres hoy que cuando se iniciaron esos macroproyectos. El Pará, estado de la federación en el que está situado el Programa Grande Carajás, ocupa el tercer lugar entre los mayores exportadores del país (tras Sáo Paulo y el Paraná). Y mientras tanto, la población que habita en torno a esos proyectos vive en chabolas, sin infraestructura ni agua potable. El 60% de la población de su capital, Belém, gana menos del salario mínimo (en 1995, 100 dólares). De cada tres paraenses en edad de trabajar, apenas uno consigue empleo y dos viven de la economía sumergida36.
Este ‘36. Cf. los datos en L. F. Pinto, Despois que a Rio 92 passou: Tempo e Presença, 265 (1992), 17.

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ECOLOGIA. GRITO DE LA TIERRA, GRITO DE LOS POERES

inicuo presupuesto de que tanto las poblaciones originarias como las selvas debían ser erradicadas. De no ser así no se entraría en la modernidad.
Los estudios han demostrado que no es preciso destruir la selva amazónica para sacar riquezas de ella. La extracción de los frutos de las palmeras (açaí, buriti, bacaba, pupunha, etc.), de la castaña del Pará, del caucho, de los aceites y colorantes vegetales, de sustancias alcaloides para la farmacología, de las sustancias de valor herbicida y fungicida, rinde más que toda la deforestación que aún es en el día de hoy de 15 hectáreas por minuto. Las ganancias de la cabaña pecuaria son tan irrisorias que cualquier tipo de extracción las iguala y hasta las supera. La medicina mundial ganaría muchísimo si supiese escuchar a los caboclos e indios, maestros en el conocimiento de las hierbas medicinales. Sólo el 10% de las tierras rojas ya identificadas como de excelente fertilidad pueden convertirse en zonas de la mayor producción agrícola mundial. La explotación del sector minero y de la madera pueden caminar juntas con una reforestación permanente que garantice la mancha verde de las zonas afectadas37.
La Amazonia es el lugar donde se refuta el paradigma de desarrollo de la modernidad, un desarrollo insostenible, cargado de pecados capitales (del capital) y antiecológicos. Pero también es el lugar de ensayo de una alternativa posible, en consonancia con el ritmo de aquella naturaleza exuberante, respetando y valorando la sabiduría ecológica de los pueblos autóctonos que viven allí desde hace siglos extrayendo riqueza sin destruir las selvas, los ríos y los suelos, y por consiguiente realizando una actividad biehechora para la naturaleza y para la humanidad. En eso reside su valor paradigmático universal, punto de reflexión para todos cuantos aman este bello y radiante planeta y se niegan a aceptar un tipo de relación que rompe la alianza cósmica que tardó tantos años en ser elaborada y que nos fue legada como herencia preciosa que hemos de conservar y usar conforme a la lógica que ella misma nos dicta, lógica de solidaridad, de sobriedad, de utilización para una generosa suficiencia que alcance a todos.


TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y ECOLOGÍA:
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