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LAS NARRACIONES DE LA HUMANIDAD:
DESDE EL SENTIDO DEL COSMOS HASTA LA COSMOGÉNESIS



Cada grupo cultural, por pequeño que sea, como es el caso de los indígenas amazónicos caiapós, en vías de extinción, posee su gran narración. Es la forma en que los seres humanos representan el origen del universo, su lugar en el cosmos, el sentido del transcurrir humano, de cómo el presente es ei futuro del pasado, cuál es el destino de la humanidad y cómo todo está religado con la Divinidad. Mediante esa narración se crea el sentido necesario para la vida, se supera el caos de las experiencias fracasadas y se diseña el cuadro final del universo. La narración tiene como significado el de conferir seguridad y orden a la vida humana.
Conocemos muchos modelos narrativos. Por lo general emplean el lenguaje del mito y la simbólica de lo imaginario que sigue la lógica del inconsciente colectivo. Citaremos sólo tres a modo de ejemplo.
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La más difundida en nuestra cultura es la narración bíblica del Génesis: la creación de Dios en el espacio de siete días. Esa narración se transmite en dos versiones bastante diferentes tanto en la forma como en el contenido: La yahvista porque emplea el nombre deYahvé para nombrar a Dios y data de alrededor del año 950 (cap. 2) yuna segunda llamada sacerdotal (cap. 1) y que fue escrita cuatro o cinco siglos más tarde, pues representaba la teología litúrgica del templo1. A pesar de las diferencias, el propósito originario es el de hacer una profesión de fe en la bondad del universo. Por el hecho de haber sido creado por Dios, el mundo tiene sentido y su valor prevalece contra todos los mecanismos de disolución y de muerte que la experiencia atestigua cada día. Por la fe en una creación buena se afirma la certeza de que el cosmos es más fuerte que el caos porque Dios, su creador, extiende su señorío sobre el absurdo y la muerte. Este sentido se expresa mediante una narración (como la del Génesis) que puede dar la impresión de ser una cosmogénesis, un saber acerca de la manera en que Dios creó al mundo. Pero en realidad no es más que un material narrativo con el que concretizar la intención primigenia: cada cosa, desde las estrellas, las plantas, los animales, hasta los seres humanos, está cargada de perfección y de sentido porque guarda en sí la marca registrada de Dios. Por eso al final de cada día de la creación el texto repite como un estribillo: «Y Dios vio que todo era bueno».
Cuando los capítulos 2-3 hablan de la «caída», el autor yahvista no pretende realatar el pasado y mostrarnos cómo aconteció. Por consiguiente, no estamos ante un relato histórico, sino ante una reflexión profético-sapiencial sobre el drama de la existencia humana. El quiere denunciar la situación presente como contraria al designio del Creador. El hombre y la mujer (Adán y Eva) siempre han sido pecadores, hoy como ayer. Pero el sentido del relato pretende que el ser humano supere esa situación y que, junto con Dios, construya un paraíso. Mantener la situación presente es alzarse en contra de la voluntad del Creador. Veamos esto más en detalle siguiendo el magistral libro de Carlos Mesters, Paraíso terrenal: esperanza o nostalgia 2. El autor del relato parte de la constatación de los males de la actual condición humana. Y se pregunta siempre, lo mismo que nosotros aún hoy, ¿por qué?
Gn 3,16: ambivalencia del amor humano: tú, mujer, te sientes atraída por tu marido, pero él te dominará. ¿Por qué?
Gn 3,16: ambivalencia de la maternidad: ésta es una bendición, pero la mujer dará a luz entre dolores de parto. ¿Por qué?
Gn 3,19: ambivalencia de la propia vida: el ser humano vive, procede del polvo y retornará al polvo. ¿Por qué?
1. Cf. el grandioso comentario de C. Westermann, Genesis 1-11, Darmsradt, 1976.
2. Paraíso terrestre: esperança ou saudade, Vozes, Petrópolis. 1978, 32-46.

Gn 3,17-19: ambivalencia de la tierra: está ahí para producir frutos buenos y sabrosos, y produce espinas y abrojos. ¿Por qué?
Gn 3,17-19: ambivalencia del trabajo: es parte del ser humano y la forma de ganarse la vida, pero exige esfuerzo y mucho sudor. ¿Por qué?
Gn 3,15: ambivalencia de los animales: tienen el mismo origen que el ser humano, por eso son criaturas fraternales. ¿Por qué entonces la enemistad a muerte entre vida y vida, ser humano y animal, hombre y serpiente? ¿Por qué?
Gn 3,10: ambivalencia de la religión: el ser humano vive en la presencia de Dios pero se esconde y huye avergonzado. ¿Por qué?
Frente a tantos porqués, el autor sustentará la tesis siguiente:
Dios no es la causa del mal. El responsable es el ser humano. Dios quiere su bien. El paraíso terrenal es el proyecto de Dios y se lo presenta como una imagen-contraste con la realidad actual, suprimiendo de ella todo el mal. Por eso va dando una respuesta a los porqués:
Por lo que atañe a la relación marido-mujer: los dos formarán una sola carne (Gn 2,23) y ambos serán un vis-e-vis para el otro, conversando y ayudándose.
Referente a la vida y la muerte: la muerte será eliminada, pues Dios hará brotar el árbol de la vida. Quien coma de él vivirá para siempre (Gn 3,22).
En cuanto a la fertilidad de la tierra: el jardín producirá todo género de frutas buenas y sabrosas (Gn 2,9). El ser humano no nació en el paraíso, sino que fue puesto dentro de él por Dios (Gn 2,8-15).
Respecto del trabajo humano: forma parte de la vida en orden a garantizar el sustento, pero será leve y creativo como cultivar un huerto y un jardín (Gn 2,15).
Sobre la relación con los animales: el ser humano les da nombres, significando con ello una convivencia familiar (Gn 2,20).
En cuanto a la relación con Dios: Dios se pasea por el jardín y el ser humano convive con él en la mayor intimidad sin temer su presencia (Gn 3,8-10).
Así es cómo el autor imagina el deseo de Dios acerca del futuro del ser humano. No es algo del pasado, sino del futuro. El paraíso es una profecía de futuro retroproyectada sobre el pasado. Como dice acertadamente Mesters:
El paraíso es como la maqueta del mundo. Es el plano de la construcción que ha de ser realizada por el contratista que ese1 ser humano. Es un proyecto que desafía constantemente la fe y el valor del ser humano. Está puesto al comienzo de la Biblia porque antes de que alguien haga algo debe saber lo que quiere y debe elaborar un proyecto viable que se pueda ejecutar. 1-a plena realización queda expresada anticipadamente en la descripción del paraíso, hecha con imágenes y símbolos sacados de la realidad del pueblo de

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aquella época para que sirva de orientación y de estímulo para el transcurso de la acción humana.
En ese relato todos reconocen que están en una situación de decadencia pero también con voluntad de superación. Dios ha tomado partido por esa voluntad. Ha mostrado que, siguiendo su ley, caminando en su presencia y haciéndose amigo de Dios, el ser humano se religa a todo y va construyendo junto con el Creador eso que lo redime: el paraíso tan anhelado.
En este relato bíblico se da, no una cosmología propiamente dicha, sino una narración en la que se patentiza el sentido transcendente del universo, el lugar del ser humano dentro de él, una interpretación de su situación contradictoria y una indicación sobre su futuro. Pero, tal como demostró E. Durkheim en la conclusión de su famosa obra Las formas elementales de la vida religiosa4, la experiencia religiosa originaria elabora también un discurso sobre el mundo y por ello una determinada cosmología, pero con un sentido preciso: mostrar su religación con la Divinidad, su origen y su destino último.
Otra narración grandiosa es la de los mayas-quichés de Guatemala, conservada en el manuscrito de 1544 Popol Vuh (descubierto por Fray Francisco Ximéncz a principios del siglo xvtir en Chichicastenango), que tiene por título: La creación del mundo, de los animales, de las plantas y del hombre. La narración es muy próxima a la de la Biblia. En el comienzo dice:
No se manifestaba la faz de la tierra. Solamente estaban el mar, en calma, y el cielo en toda su extensión... No había nada que se mantuviese en pie. Sólo el agua en reposo, e! mar apaciguado, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia. Sólo había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche.
Inmediatamente comienza la acción creadora de Dios. Para los mayas-quichés Dios constituía una trinidad: «y esos tres son el Corazón del cielo». Ellos crearon todo por medio de la palabra. Y dijeron:
¡Hágase así! ¡Que se colme el vacío! ¡Que esta agua se retire y deje libre (el espacio), que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que claree, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.
Enseguida la Tierra fue creada por ellos. En realidad la creación de la Tierra se hizo de este modo: «Tierra», dijeron, «e instantánea-
3. C. Mesters, Paraíso terrestre..., cit., 47-48.
4. Las formas elementales de la vida religiosa, Schapire, Buenos Aires, 196S,427-457.

mente fue hecha»5. Pocas narraciones conocidas exaltan tanto al ser humano como ésta de los mayas-quichés. El cielo y la tierra se abren para asistir a su nacimiento. En el pensamiento teleológico de los mayas-quichés, él representa la gloria y la grandeza de toda la creación. Esta concepción confería sentido de dignidad y de excelencia a los hombres y mujeres mayas-quichés, lo cual se revela en su grandiosa obra civilizadora reflejada en las ciudades, en las pirámides, en la poesía y en el teatro.
Finalmente queremos transcribir una narración reciente, construida sobre el modelo bíblico y con los materiales representativos de nuestros intentos de integración y defensa de la Tierra. Su autor, Robert Muller, es conocido como «ciudadano del mundo» y «el padre de la educación global». Durante cuarenta años trabajó en la ONU hasta llegar a ser asistente del secretario general. Fue uno de los principales artífices del sistema institucional de la ONU. Es canciller emérito de la Universidad de la Paz, creada en 1980 por la ONU en Costa Rica, desde donde se dedica a los temas de la paz y de la espiritualidad. La narración se titula «El nuevo génesis»6. Dice así:
Y Dios vio que todas las naciones de la Tierra, negras y blancas, pobres y
ricas, del Norte y del Sur, del Oriente y del Occidente, de todos los credos,
enviaban sus emisarios a un gran edificio de cristal a orillas del río del Sol
Naciente, en la isla de Manhattan, para estudiar juntos, pensar juntos y
juntos cuidar del mundo y de todos sus pueblos.
Y Dios dijo: «Eso es bueno».
Y ése fue el primer día de la Nueva Era de la Tierra.
Y Dios vio que los soldados de la paz separaban a los combatientes de las
naciones en guerra, que las diferencias se resolvían mediante la negociación
y el raciocinio y no por las armas, y que los líderes de las naciones se encontraban, intercambiaban ideas y unían sus corazones, sus mentes, sus almas y
sus fuerzas para el beneficio de toda la humanidad.
Y Dios dijo: «Eso es bueno”.
Y ése fue el segundo día del Planeta de la Paz.
Y Dios vio que los seres humanos amaban a la totalidad de la Creación, las
estrellas y el sol, el día y la noche, el aire y los océanos, la tierra y las aguas,
los peces y las aves, las flores y las plantas y a todos sus hermanos y hermanas
humanos.
Y Dios dijo: <-Eso es bueno».
Y ése fue el tercer día del Planeta de la Felicidad.
Y Dios vio que los seres humanos eliminaban el hambre, la enfermedad, la ignorancia y el sufrimiento co toda la Tierra, proporcionando a cada persona humana una vida decente consciente y feliz, controlando la avidez, la
5. Cf. Popol Vuh, Las antiguas historias del Quiché (edición de A. Recinos), FCF, México, 1986, 23-24; o en M. D. Sodi (cd.), La literatura de los mayas, Joaquin Mortiz, México, 1964, 97-110, especialmente 97-98.
6. Cf. R. Muller, O nascimento de urna czvilizaçdo global, Aquariana. Sao Paulo,
1993, 169-171.

fuerza y la riqueza de unos pocos.
Y Dios dijo: ‘>Eso es bueno».
Y ése fue el cuarto día del Planeta de la Justicia.
Y Dios vio que los seres humanos vivían en armonía con su planeta y en paz
con los demás, gestionando sus recursos con sabiduría, evitando el despilfarro, frenando los excesos, sustituyendo el odio por el amor, la avaricia por el
darse por satisfecho, la arrogancia por la humildad, la división por la cooperación y la suspicacia por la comprensión.
Y Dios dijo: »Eso es bueno».
Y ése fue el quinto día del Planeta de Oro.
Y Dios vio que las naciones destruían sus armas, sus bombas, sus misiles, sus
barcos y aviones de guerra, desactivando sus bases y desmovilizando sus
ejércitos, manteniendo sólo una policía de la paz para proteger a los buenos
de los malos y a los normales de los enfermos mentales.
Y Dios dijo: »Eso es bueno».
Y ése fue el sexto día del Planeta de la Razón.
Y Dios vio que los seres humanos recuperaban a Dios y a la persona humana
como su Alfa y Omega, reduciendo a las instituciones, creencias, políticas,
gobiernos y demás entidades humanas aso papel de simples servidores de Dios
y de los pueblos. Y Dios los vio adoptar como ley suprema aquélla que dice:
»Amarás al Dios del Universo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda
tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu bello y maravilloso planeta y lo
tratarás con infinito cuidado. Amarás a tus hermanos y hermanas humanos
como te amas a ti mismo. No hay mandamientos mayores que éstos».
Y Dios dijo: »Eso es bueno».
Y ése fue el séptimo día del Planeta de Dios.
Toda narración debe conquistar por su belleza, por la fuerza evocadora y por la capacidad de captar los propósitos más verdaderos y profundos de los seres humanos. Sólo así cumple su misión de configurar un sentido supremo y realizador de la existencia humana. Y ésta de Robert Muller cumple sin lugar a duda con esos requisitos.
Vamos a abordar ahora nuestra narración ecológica contemporánea. Gracias a las ciencias de la Tierra podemos organizar nuestra narración partiendo de la observación empírica. La gesta cósmica puede ser narrada a través de las diversas etapas de la evolución/complejificación/interiorización, en las que fue surgiendo la cadena de los seres, desde las estrellas originarias, las galaxias, la Tierra, hasta la comunidad humana actual. Como ya hemos indicado, nosotros pasamos del sentido del cosmos al sentido de la cosmogénesis, de la génesis y de la formación evolutiva del cosmos. En el cosmos existe, en acción permanente, un principio cosmogénico por el que se originan todos los seres, desde los más simples hasta los más complejos7.
Vamos a localizar nuestra cosmología en el contexto de la experiencia occidental en la que nos situamos.
7 Cf. 15. Swimme y T. Berry, The Universe Story..., Harper, San Francisco, 1992, 2.

En nuestra cultura occidental, la cosmología antigua proyectaba al mundo como una inmensa pirámide. Los seres se jerarquizaban, desde los más simples a los más complejos (piedras, plantas, animales, seres humanos y ángeles/demonios), hasta culminar en Dios.
La cosmología clásica, oriunda de la física y de la matemática modernas, creaba su imagen del mundo como una máquina, precisamente como un complicado reloj. Todo se rige por leyes deterministas que funcionan ensambladas entre sí y dando cuenta de la armonía sinfónica del universo. Dios es el ser que pone en marcha esa máquina de ingeniería. Y ella funciona sin que Dios tenga que intervenir en todo momento.
La Edad Contemporánea ha proyectado otra imagen del mundo, la del juego o la de la danza o la del anfiteatro. Esa visión es la resultante de la articulación de los muchos saberes que caracterizan la visión actual. Partiendo de la física cuántica, de la biología combinada con la termodinámica, de la psicología transpersonal, del conjunto de saberes que proceden de las ciencias de la Tierra y de la ecología, la realidad cósmica aparece representada como una red complejísima de energías que se consolidan y entonces se llaman materia o se manifiestan como energía pura formando campos energéticos y mórficos. Igual que en una danza o en un juego, todosse inter-retro-relacionan, formando la religación universal.
En cada cosmología se plantea también la cuestión del fundamento último, de la referencia esencial, de aquel vínculo que todo lo une y armoniza. Tomas de Aquino diría: et hoc dicitur Deus —a eso lo llamamos Dios—. Efectivamente, las religiones llaman a esa realidad inefable Dios o con otros mil nombres con los que identificar la cuestión esencial que todo lo religa.
En la cosmología del mundo-pirámide, Dios es contemplado como el Ser supremo. En la del mundo-reloj, Dios es representado como el gran Arquitecto, Creador de la máquina y de la cuerda con la que funciona el reloj. Y en nuestra cosmología del mundo-juego- danza, ¿qué imagen de Dios emerge? Tarea de esta reflexión será intentar construir una representación de la divinidad coherente con nuestra cosmología y, a la vez, entronque con la historia espiritual de la humanidad y de nuestra cultura. Eso se verá con más detalle en los capítulos finales de esta obra.
II. LA ECOLOGÍA:
REALIDAD GENERADORA DE LA COSMOGÉNESIS
La ecología, tal como la hemos entendido en el primer capítulo, engloba y articula los saberes actuales, funda una nueva centralidad en las prácticas y en el pensamiento humanos y propicia la gestación

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COMO

UNA COSMOVISIÓN ECOLOGICA

de una nueva alianza del ser humano con la realidad circundante social, terrenal y cósmica. Por eso pensamos que es a partir de ella desde donde se construye la nueva cosmología en forma de cosmogénesis. Presentaremos una introducción a esa visión global. Somos conscientes de su carácter fragmentario e introductorio. Más que responder a indagaciones, pretende suscitar la cuestión universal de la religación y replantear perspectivas que nos obliguen a pensar y, de ese modo, hacer luz sobre nuestra responsabilidad en la salva- guarda de nuestro planeta Tierra.
La ecología, al nivel de paradigma, implica una actitud básica:
pensar siempre holísticamente, es decir, ver continuamente la totalidad, que no es la resultante de la suma de las partes, sino de la interdependencia orgánica de todos los elementos; con ello se supera el pensamiento meramente analítico, atomizado y no religado, propio de la modernidad.
La ecología, o es holística o no es ecología. El holismo (del griego bolos totalidad), término divulgado por el filósofo surafricano Jan Smutts a partir de 1926, significa captar el todo en las partes y las partes en el todo de tal forma que tropecemos siempre con una síntesis que ordena, organiza, regula y hace que las partes tengan como meta un todo y que cada todo la tenga en otra totalidad siempre mayor. La ecología holística es una práctica y un pensamiento que incluye y relaciona a todos los seres entre sí y con el respectivo medio ambiente desde la perspectiva de lo infinitamente pequeño de las energías y partículas elementales, de lo infinitamente grande de los espacios cósmicos, de lo infinitamente complejo de la vida, de lo infinitamente profundo del corazón humano y de lo infinitamente misterioso, anterior al big bang, océano ilimitado de Energía del cual todo mana (vacío cuántico, símbolo del Dios creador).
Una cosmología basada en la ecología nos ayuda a superar el impasse actual de la cosmología moderna, inspirada en la física y las matemáticas. Esta no incluía en su consideración la interioridad, la vida y el fenómeno humano, o silo hacía era sólo en la medida en la que aquél poseía una dimensión físico-matemática. La ecología nos enseñóa ver la unidad del proceso cósmico, desde el big bang hasta la aparición de la bossa-nova o el ordenador, y a percibir que la naturaleza no es algo solamente externo, sino especialmente interno al ser humano. Ella nos ayudó a plantear cuestiones como ésta:
cómo habrá debido ser el proceso global evolutivo y la misma orientacion básica de las energías primordiales en el momento del big bang para permitir que surgieran las flores, el arco iris, los colibrís, la musica de Vivaldi, la fuerza profética de Luther King o de monseñor Helder Camara, o la mística liberadora del obispo Desmond Tutu y de monseñor Pedro Casaldáliga? ¿De qué manera apuntó desde el principio la flecha del tiempo hacia el ser humano con su capacidad

de intervención en el ritmo de la Tierra aun a riesgo de que éste provoque un posible cataclismo biológico como efecto de su ataque industrialista?
Como se puede deducir, nuestra cosmología, planteada desde una perspectiva cosmogéflica, se propone articular todos los elementos, incluyendo la vida y al mismo ser humano sapiens/demens, y construyendo un sentido de trayectoria, esperanza y futuro para

todos.
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