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NUESTRO ÚTERO PRIMORDIAL: EL CAOS GENERATIVO MILENARIO


¿Cómo se puede detectar la religación de todo con todos? ¿De qué forma la babosa del camino tiene que ver con la galaxia más distante? Intentemos establecer, en primer lugar, las bases físicas de estas relaciones.
En 1924 el astrónomo norteamericano Edwin Powel Hubble (1889-1953) demostró que el universo se halla en expansión. En el espectro de las galaxias más distantes se verifica un desplazamiento hacia el rojo. Esto se explica por el hecho de que la luz, al aumentar las distancias, pierde energía; las ondas se vuelven mayores y tienden al rojo, pues ese color expresa el distanciamiento de un cuerpo por relación a otro cualquiera. Por tanto las galaxias más distantes siguen una ruta de fuga y a una velocidad próxima a la de la luz.
Para representar mejor este hecho, en 1927 el astrónomo y sacerdote belga Georges Lemaitre (1894-1966) porpuso la teoría del big bang (gran explosión), que en 1932 fascinó a A. Einstein cuando lo oyó en una conferencia en el Mount Wilson Observatory, en California. Esta fue completada en 1980 por la teoría del universo inflacionario del norteamericano Alan Guth. Eso significa que la expansión comenzó un día, a partir de un espacio reducidísimo, y continúa hasta el presente.
En 1965 los astrofísicos Arrio Penzias y Robert Wilson, y en 1992 George Smoot, reforzaron esta teoría al registrar y comprobar la existencia de radiación cósmica de fondo llegada uniformemente de todas las partes del universo, eco residual de la hipotética explosión o expansión primordial, ocurrida hace 15.000 millones de años. Todos los elementos que componen las seres más diversos del universo estaban allí juntos, en aquel punto de energía de máxima incandescencia. La fuerza gravitatoria, por muy distantes que estén los seres unos de otros, los mantiene relacionados e interligados. Isaac Newton convenció a la comunidad intelectual acerca de esta interacción gravitacioflal.
¿Cuál será el destino del universo? ¿Una expansión indefinida

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hasta la rarefacción total? ¿O, después de la expansión, retorno y concentración sobre sí mismo hasta volver a un punto inicial de materia/energía en un grado inimaginable de densidad? Aquí divergen los puntos de vista, dada la insuficiencia de la investigación acerca de la totalidad de la masa del universo y el juego existente entre la energía de expansión y la fuerza de atracción de la gravedad. Tres perspectivas se van delineando:
— Si la gravedad y la energía de expansión se llegan a equiparar en fuerza, se equilibran; se habla entonces de «valor crítico» o «densidad crítica» del universo; un día se llegaría a un empate total entre las fuerzas y a una total estabilidad e inmutabilidad.
— Si la energía de expansión es más fuerte que la gravedad, la expansión continuaría indefinidamente. Ya no habría retorno.
— Si la gravedad prevalece sobre la energía de expansión, habría un momento en que la expansión se detendría y comenzaría un proceso de reconcentración hasta que el universo se sumergiese en sí mismo y se redujese a un punto infinitesimal con intensísima carga de energía. Al big bang correspondería el big crunch.
En el actual estadio del conocimiento se admite que la materia está próxima al «valor crítico». Pero no existen datos como para decidir cuál de las tres posibilidades es la probable. De todos modos, el universo desde su primer momento es dinámico; su estado natural es la evolución y no la estabilidad, la transformación y no la inmutabilidad. Es probable que esa lógica sea dominante, tanto hacia adelante en términos de expansión como hacia atrás en términos de retorno sobre sí mismo. El universo manifiesta una capacidad de auto-organización; al contrario de la muerte térmica, tendríamos más vida que muerte, más organización que desorden, al emerger estructuras y procesos que se van abriendo como el capullo de una flor. Partiendo de esos datos, que suponen ya un amplio consenso entre los científicos, los cosmólogos contemporáneos representan el origen del universo en expansión del modo siguiente:
Al inicio, en el tiempo cero (límite de Planck), había una esfera microscópicamente diminuta, de 10 cm; imaginemos algo trillones y trillones de veces menor que la cabeza de un alfiler. Esa esfera se halla a una temperatura extrema de 1032 grados centígrados, lo que significa una condensación de energía inimaginable. En esa fase, las cuatro interacciones básicas del universo (la gravitacional, la electromagnética, la fuerza nuclear fuerte y la débil) constituyen una única fuerza cósmica indiferenciada.
Las partículas elementales, antepasadas de las que hoy son las menores entre las menores (los seis tipos de quarks, comenzando por el menor de ellos, el topquark), forman un caldo que contiene

UNA COSMOVISION ECOLOOICA
en sí virtualmente las galaxias, las estrellas, los microbios, los árboles, los animales, los seres humanos y hasta esta pluma con a que estoy escribiendo. Steven Weinberg8 y Stephen Hawking9 intentan reconstruir con cálculos sofisticadísimos la secuencia del tienipo en billonésimas de segundo.
Inmediatamente después de la creación (así es como hablan los astrofísicos, prescindiendo de su fe personal), en el segundo 10 (hasta ahí se ha logrado retroceder: es el límite temporal de Planck), se dio la primera gran singularidad. La esfera primordial conoció, en primer lugar, una expansión o inflación y se dilató por un tiempo brevísimo, hasta el segundo 10 32• Enseguida vino entonces la gran explosión, el estallido primordial, el big bang.
El punto «matemático» inicial crece hasta el tamaño de un núcleo atómico, que posee un diámetro de 10-’ cm. Prosigue la expanSión hasta alcanzar la dimensión de una manzana de 10 cm de diámetro. En ese tiempo de 1032 segundos sólo existe la partícula X, que constituye un campo de pura energía antes de cristalizar en materia.
En el instante siguiente, segundo la partícula X da origen a las partículas materiales primordiales, el topquark y los demás tipos de quarks, los electrones, los positrones, los neutrinos y los fctones y sus antipartículas. En las billonésimas de segundo posteriores, esas partículas elementales interactúan y provocan una expansión ya del tamaño de una gran bola. Las densidades ya se diversifican, suministrando las bases para los diversos tipos de cuerpos celestes y terrestres que vendrán a continuación.
Entre el segundo 10_li y el 10, la gran mayoría de las antipartículas (la antimateria) desaparece en luz. Tras esa aniquilación fantástica y misteriosa permanece sólo una milmillonésima de la masa inicial, que son las partículas elementales con las que se formará todo el universo y también nosotros. Los seis tipos de quark (que son los ladrillos básicos con los que se hace todo cuanto existe; siempre se dan de tres en tres) se estabilizan y se asocian formando los núcleos atómicos (neutrones y protones). Una vez estabilizadas todas las partículas, comienzan las religaciones mutuas permanentes. De no ser así, el universo sería imposible.
Lo que antes era indeterminación total va siendo ahora a un surgir de simetrías y estructuras en las interacciones de las partículas, dando origen a las cuatro religaciones originarias, la gravitacional, la electromagnética, la nuclear fuerte y la débil. Estas energías de Interretro-religación, que la ciencia aún no consigue explicar, probablemente deben ser entendidas como modos de acción originaria, me-
8. Los tres primeros minutos del universo, Alianza, Madrid, <1988.
9. Historia del tiempo, Crítica, Barcelona, <1990.

diante los cuales el mismo universo actúa, interactúa con sus elementos y se auto-regula a sí mismo. Resumiendo, se trata del principio cosmogénico, la génesis del cosmos mediante esas religaciones permanentes, cargadas de dirección y racionalidad.
El universo prosigue inflándose y enfriándose. Tras 200 segundos de la explosión primordial, las partículas elementales en interacción dan origen al hidrógeno y al helio, los elementos más simples de la creación y los más abundantes del universo.
Transcurridos los tres primeros minutos después de la gran explosión, se forman inmensas nubes de gas de hidrógeno, atravesadas por formidables radiaciones. Estas permanecen incandescentes y en proceso de enfriamiento presumiblemente durante 2.000 o 3.000 millones de años.
Lentamente, sin embargo, esas nubes se condensan y se recalientan, formando las primeras estrellas de dimensiones gigantescas. Eso ocurre hace entre 10.000 y 12.000 millones de años, contando a partir de nuestro tiempo actual. En su interior se verifican reacciones nucleares inimaginables que crean elementos atómicos cada vez más pesados, imprescindibles para la constitución del la materia del universo actual.
Tras millones de años, estas reacciones culminan en una gigantesca explosión (la estrella se transforma en una supernova). Se expulsan los elementos pesados por el espacio interestelar. Esos materiales originaron las estrellas de segunda generación como, por ejemplo, nuestro sol, que proviene de la inmensa estrella que los astrónomos han bautizado con el nombre de Tiamat (la Gran Madre de la que todo procede, según la mitología asiro-babilónica). A continuación se formaron también los planetas con todos los elementos atómicos que se hallan diseminados por el cosmos, las estrellas y sus satétiles, los 100 diversos átomos con sus pesos diferentes, de los que se componen todos los demás materiales del universo.
Nosotros, en cuanto partes del universo, somos todos hermanos y hermanas: las partículas elementales, los quarks, las piedras, las babosas, los animales, los humanos, las estrellas, las galaxias. Hubo un tiempo en el que estuvimos todos juntos bajo la forma de energía y de partículas originarias, en la esfera primordial, después dentro de las estrellas rojas gigantes, a continuación en nuestra Vía Láctea, en el sol y en la Tierra. Estamos hechos de los mismos elementos. Y en cuanto seres vivos, poseemos el mismo código genético de los demás seres vivos, de las amebas, de los dinosaurios, del tiburón, del mono-león dorado, del australopiteco, del horno sapiens-dernens contemporáneo. Un vínculo de fraternidad/sororidad nos une objetivamente, cosa que san Francisco ya intuía místicamente en el siglo xiii. Formamos la gran comunidad cósmica. Tenemos un origen común y, ciertamente, un destino común.
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