IntroduccióN




descargar 1.09 Mb.
títuloIntroduccióN
página9/28
fecha de publicación27.10.2015
tamaño1.09 Mb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   ...   28

LA VIDA: LA MATERIA QUE SE AUTO-ORGANIZA



El que todos tengamos un origen común no significa que todos seamos iguales. En la medida en que avanza el proceso de expansión, la tendencia de la materia y de la energía del universo es la de hacerse cada vez más compleja. Eso quiere decir que nos situamos dentro de sistemas siempre abiertos, cuya organización asciende peldaños cada
11 Cf. J. E. Lovelock, Gaia.: una biografía de nuestro planeta vivo, Hermann Bluine, Madrid, 1983 y Las edades de Gaia, Tusquets, Barcelona, 1993.

vez más altos de complejidad. Esto significa que cada sistema se halla inmerso en un juego de interacción, en un baile de intercambios de materia y energía, en un diálogo permanente con su medio, del cual recibe, acumula e intercambia información. Los sistemas son fluctuantes y no están establecidos de una vez por todas.
Biólogos y bioquímicos tales como uno de los mayores de entre ellos, Ilya Prigogine (premio Nobel de química en 1977), afirman que rige una continuidad entre los seres abióticos y los bióticos, es decir, entre los seres vivos y los inertes. No necesitamos recurrir a un principio transcendente y externo para explicar el surgir de la vida, como hacen por lo general las religiones y la cosmología clásica. Basta con que el principio de complejificación y organización del todo, también de la vida, llamado principio cosmogénico, esté presente en la minúscula esfera primordial, ésta sí creada por una inteligencia suprema, un infinito amor y una eterna pasión.
Efectivamente, ese principio ya funciona en el primerísimo principio tras la gran explosión o fase inflacionaria: todo, desde el comienzo, interactúa y establece un diálogo creador con todo lo que está en su entorno. El universo se crea y se diferencia a partir de la energía y de la materia iniciales, en la medida en que avanza. Como ya hemos apuntado repetidas veces, en él actúa continuamente el principio cosmogénico y la auto-poiesis (auto-organización), responsables de la evolución y del emerger de todos los seres.
La vida supondría, por lo tanto, la realización de una posibilidad presente en la misma materia y energía originarias. De hecho, ese acontecimiento maravilloso tuvo lugar en un minúsculo planeta del sistema solar,en nuestra todavía joven Tierra.
Ya nos hemos referido con anterioridad al proceso de la aparición de la primera célula viva, Aries, a partir de los 20 animoácidos existentes en el mar. Estos se organizan en estructuras estables y dan origen alas proteínas, a los glúcidos, a los lípidos y a los ácidos nucleicos, principales constituyentes de los organismos vivos.
Del código del ácido nucleico surge la moéçuladeADN, que se encarga de reproducir copias de sí misma, y el ARN, que también se reproduce, pero cuya función específica consiste en transmitir la información genética, indispensable para la elaboración de las proteínas necesarias para la alimentación de la vida. Esos sistemas químicos se estabilizan, se aglomeran, formando en el agua moléculas mayores. A partir de ellas se forman los coloides (una especie de gelatinas más o menos fluidas) que absorben moléculas orgánicas del medio ambiente. Acumulan en su interior más energía y forman una membrana con la que se protegen del medio y seleccionan los materiales necesarios para mantener su equilibrio.
El origen de la eclosión de la vida sigue siendo misterioso porque en el participan simultáneamente el azar y la necesidad U.

Monod), así como la lógica de la complejificación y de la evolución regida por el principio cosmogénico.
Por un lado existe un continuum complejo, de naturaleza físico- química; pero ese continuum está interrumpido por saltos como por ejemplo el aludido arriba, la separación entre medio interno y medio externo, los intercambios de energías y, principalmente, el salto desde una organización química hasta una auto-eco-reorganización, dotada de informaciones (cadena de ADN) que le permiten continuamente auto-organizarse, auto-repararse, auto-reproducirse en diálogo con el medio ambiente12.
Todo parece secundar la hipótesis según la cual la vida es el resultado de un proceso de evolución sumamente complejo que creó grandes probabilidades, asociadas a una acumulación de casualidades, que propiciaron esta eclosión única. Uno de los descubridores de la cadena ADN/ARN, el profesor Crick, llega hasta a plantear la hipótesis del origen extraterrestre de la vida. Es mérito de la astronomía de la banda milimétrica haber identificado más de 60 especies de moléculas diferentes en el gas interestelar, especialmente en los discos achatados, compuestos de polvo, en torno a las estrellas jóvenes. Esas moléculas van desde las más simples, como las de hidrógeno y monóxido de carbono, hasta las moléculas más complejas, como el etanol y las cadenas acetilénicas largas, etc. En el conjunto de las moléculas identificadas se halla todo lo que se cree que es esencial para dar comienzo al proceso de la síntesis biológica13. En los meteoritos se han encontrado aminoácidos. Esos sí que son los eventuales portadores de las arqueobacterias de la vida. Probablemente hubo varios comienzos de la vida, muchos de ellos frustrados, hasta que uno peduró definitivamente.
Se supone que las más diversas formas de vida han surgido todas ellas a partir de un único viviente, Aries, hace unos 4.000 millones de años. Se reprodujo, se transformó, se difundió en todas las direcciones, se adaptó a los más diversos ecosistemas existentes en las aguas, en los suelos, en el aire. Hace cerca de 600 millones de años se comenzó a configurar una enorme diversificación de formas de vida: plantas, invertebrados y vertebrados, reptiles y mamíferos14. Con los mamíferos aparece una nueva cualidad de la vida, la sensibilidad emocional, en la relación sexual y en la relación madre-hijo, lo que marcará indeleblemente la estructura psíquica de los seres vivientes que tengan sistema nervioso central. De entre los mamíferos se destacan, hace cerca de 70 millones de años, los primates y, a
12. Cf. E. Morin, Tierra-Patria, Kairós, Barcelona, 1993, 55; E. Jantsch, The SelfOrganizing Universe: Scientific and Human lmplications of the Emerging Paradigme of Evolution, Pergarnon, Nueva York, 1980.
13. Cf. M. Longair, Los orígenes del universo, Alianza, Madrid, 1992.
14. Cf. E. O. Wilson, La diversidad de la vida, Crítica, Barcelona, 1994

continuación, hace unos 35 millones de años, los primates superiores, nuestros abuelos genealógicos y, hace 17 millones de años, nuestros predecesores, los homínidos, para, finalmente hace entre 8 y 10 millones de años, aparecer en Africa el ser humano, el australopiteco.
El hombre/mujer es el último vástago del árbol de la vida, la expresión más compleja de la biosfera que, a su vez, es la expresión de la hidrosfera, de la geosfera, en fin, de la historia de la Tierra y de la historia del universo. No vivimos sobre la Tierra. Somos hijos e hijas de la Tierra, pero a la vez miembros del inmenso cosmos. Los miles de millones de partículas que entran en la composición de nuestra identidad surgieron hace 15.000 millones de años, otras peregrinaron por el universo hace millones de años, viniendo de las estrellas más distantes, los átomos de carbono indispensables para la vida terrestre se formaron en el torbellino candente de los soles anteriores a nuestro sol. El horno sapiens/dernens, del que somos herederos inmediatos, surgió finalmente hace 50.000 años, cargando sobre el tejido de su cuerpo y las incisiones de su psique con la historia de miles de millones de años de todo el universo.
Las características de la vida son la auto-organización: las partes están en un todo orgánico y las funciones son diferenciadas y complementarias; la autonomía: cada ser existe en sí y al mismo tiempo existe de y para los otros, por consiguiente no goza de independencia, pues está siempre interactuando con el medio; adaptabilidad al medio: mediante ella garantiza su frágil equilibrio, sobrevive y expande el sistema de la vida; reproducción: es la cualidad más original de la vida ya que se transmite idéntica a sí misma dentro de una misma especie; finalmente, la auto-transcendencia, pues está siempre abierta a nuevos grados de evolución y a nuevas formas de expresión.
Ilya Prigogine caracterizó a los seres vivos como «estructuras disipativas». Como ya hemos explicado con anterioridad, con esa expresión quiso calificar su característica dinámica. Son sistemas abiertos, con un equilibrio que debe ser rehecho de continuo mediante su auto-organización y un nivel cada vez más elevado de orden interno. Los seres vivos consumen energía del medio y con ello generan entropía, pero también gracias al orden interno y a la auto- regulación escapan en cierto modo de la entropía (segunda ley de la termodinámica). Despilfarran las fuerzas que conducen a un desorden creciente (de ahí la expresión «estructuras disipativass) hasta el caos total. La tendencia de los seres vivos es a ser cada vez más ordenados y creativos y por ello antientrópicos. El mismo desorden es un comienzo de un nuevo orden que va a surgir. El caos es generador15.
15. Order out of chaos [,Tan sólo una ilusión? Una exploración del caos al orden, Tusquers, Barcelona, 1983] es el título de un libro significativo de 1. Prigogine.

Partiendo de la vida, la materia no aparece como algo inerte. Cada partícula que entra en la formación de la vida posee una historia (de ahí la importancia del tiempo junto con las cuatro enegías fundamentales y las demás constantes cosmogénicas universales), fruto de las interacciones con otras partículas y de las mutaciones irreversibles. Por eso la materia posee interioridad y vida.
La vida no es puramente y sólo fruto del azar16. Bioquímicos y biólogos moleculares han demostrado (gracias a los ordenadores de números aleatorios) la imposibilidad matemática de la casualidad pura y simple. Para que los aminoácidos y las dos mil enzimas subyacentes pudiesen aproximarse, constituir una cadena ordenada y formar una célula viva, sería necesario más tiempo —trillones y trillones de años— del que de hecho tiene el universo en la actualidad. Las posibilidades son de 101000 contra uno. Si la casualidad tiene alguna relevancia es en el sentido del principio de indeterminación de la física cuántica, introducido por Werner Heisenberg.
La vida se halla, por consiguiente, dentro de las posibilidades de la materia y de la energía primordiales. Como bien dijo el filósofo Jcan Guitton: «Lo que denominamos casualidad no es más que nuestra incapacidad para comprender una categoría de orden superior», puesta de manifiesto por el fenómeno de la vida17.
VIII. LA CONCIENCIA ES CÓSMICA Y PERSONAL
La conciencia esla forma más alta devida. Como el universo, la vida y cada ser poseen su genealogía. Lo mismo ocurre con la conciencia. También ella tiene su lugar dentro del universo y es una expresión de relaciones de la materia y de la energía primordiales en densísimo grado de complejidad y relacionalidad. En este sentido posee, como veremos, la misma antigüedad que el cosmos.
Pensadores provenientes de la nueva física y que combinan varios saberes derivados de la moderna cosmología y de la misma tradición filosófica de la humanidad, como David Bohm, H. Fróhlich, J. Crook, 1. N. Marshall, D. Zohar entre otros, sostienen la tesis de que la conciencia se presenta como un fenómeno cuántico. Por eso nosotros, seres humanos conscientes, formamos parte integrante del universo y no somos un ser errático procedente de una realidad ajena a la cósmica que nos es propia. Hoy no tenemos dificultades para admitir la evolución de nuestro ser físico y su origen cósmico. Debemos igualmente identificar el origen de nuestro ser mental hasta su origen en las partículas elementales. Intentemos explicar brevemente esta manera de comprensión.
16. En contra dej. Monod, Elazary la necesidad, Tusquets, Barcelona, 1988.
17. Dios y la ciencia, Debate, Madrid, 1992.


La física (mecánica) cuántica es aquella teoría científica, elaborada en los primeros años del siglo xx, que supera la visión clásica del átomo (en cuanto partícula indivisible de materia) para detenerse en el análisis de las partículas elementales que entran en la composición del átomo (el núcleo compuesto de protones y neutrones, a su vez compuesto de quarks y de cerca de otras 100 partículas como el topquark, que es la menor de todas; el conjunto de las partículas se denomina hadrón) y los electrones que evolucionan en torno al núcleo.
En realidad en la teoría cuántica se pasó de las partículas a las ondas de energía ya que ellas configuran una energía densificada, llamada quantum (quanta = paquetes de ondas). Lo que existe es un campo energético (teoría cuántica relativista de los campos). El representa una especie de cuadro resultante de las interacciones continuas de las partículas entre sí. Estas nunca existen en sí, sino siempre relacionadas unas con otras. El efecto de ese entrecruzamiento permanente de relaciones constituye precisamente el campo.
Cuando se quiere poner de relieve la dimensión energía (onda) del campo, se habla de «bosones». Cuando se quiere subrayar la dimensión materia (partícula) del mismo campo, se habla de «fermiones». Los «bosones» son la relación y los «fermiones» la cosa relacionada. Todo, también nosotros, los seres humanos, somos compuestos de bosones y fermiones. Los fermiones en nosotros son nuestra dimensión individual y corporal. Los bosones, nuestra dimensión relacional y espiritual.
La novedad de la teoría cuántica de la relatividad consiste en afirmar que toda realidad fenoménica es una realidad cuántica. Ella se presenta siempre bajo dos aspectos, el de onda y e1 de partícula, simultáneamente. Partícula y onda (el campo) provienen de algo todavía más básico, no perceptible por ningún instrumento, pero deducido de la dinámica misma del campo que está continuamente remitiendo a algo más fundamental que él. Se le llama, de modo muy inadecuado, el «vacío cuántico». No está vacío tal como parece sugerir esa palabraj Como veremos, representa el campo de los campos, el abismo de energía, el océano de fuerzas en el que todo acontece y del que todo emerge hacia afuera. Lo que emerge aparece, bien como onda energética, bien como partícula material, o también como onda y partícula simultáneamente y de forma complementaria. Todo sale del vacío cuántico y todo retorna a él.
La teoría de la relatividad de A. Einstein comprobó que la masa y la energía son susceptibles de interconversión. La energía se puede volver materia y la materia se puede volver energía. Mejor aún: la materia es energía concentrada y estabilizada que puede transformarse de nuevo en energía. Así, por ejemplo, la conversión de un solo gramo de materia en energía pura libera un calor suficiente

UNA COSMOVISION ECOLOGICA
como para hacer que se evaporen 34.000 millones de gramos de agua, es decir, 34 millones de litros de agua.
¿Cómo aparece la conciencia dentro de esta concepción de la realidad compuesta siempre de partículas y ondas?
Pero antes necesitamos definir qué se entiende por conciencia. En el contexto de la reflexión cuántica, se la toma en su sentido más amplio y abarcante posible. Representa lo que se llama un holismo relacional. Me explico. La esencia de la conciencia es una totalidad permanente e indivisible o una unidad coherente que es el resultado del conlunto de las relaciones (por eso se llama holismo, unidad en la diversidad y diversidad en la unidad) que un punto establece con todo lo que está en su derredor, que procede del pasado y que se anuncia hacia el futuro. La conciencia es esencialmente relación hacia todos los lados y en todas las direcciones (como ya lo afirmaba la tradición filosófica de las diversas culturas, especialmente la occidental cuando intenta entender qué es la persona-ser-de-relaciones).
Ahora bien, esa estructura relacional la encontramos, como hemos visto anteriormente, ya en el momento primerísimo de la expansión/explosión primordial. Cuando dos protones, allá de forma primitiva, se relacionan, se sobreponen y participan en un mismo campo, constituyen una unidad mínima. Aparecen, por consiguiente, como bosones (partículas de relación).
La expansión evolutiva de la materia/energía consiste en aumentar exponencialmente las relaciones y la creación de unidades cada vez más complejas. Por eso, lo que constituye la estructura básica de la conciencia —la relación y la creación de unidad— ya está presente en los orígenes del universo.
Se ha observado que, cuando esta unidad alcanza cierto nivel muy complejo, consecuencia de una mayor superposición de ondas (bosones), emerge la materia viva. En física cuántica, a este fenómeno de unidad vital se le llama «condensado Bose-Einstein». Cuando la materia viva alcanza a su vez una complejidad mucho mayor aún, con la aparición del cerebro, en un cierto punto sucede que los componentes materiales del tejido nervioso (neuronas) comienzan a vibrar al unísono; no sólo se comportan como un todo, sino que efectivamente se convierten en un todo. Como si todos los instrumentos de la orquesta tocasen al unísono una misma nota.
En otras palabras, los bosones relacionados se sobreponen totalmente formando un campo permanente de unidad. Esa unidad relacionada y holística está en contacto con el medio, recibe todo tipo de informaciones y las ordena en su unidad básica. Es el surgir de la conciencia humana. En términos técnicos de la física cuántica esto significa: ha surgido un condensado Bose-Einstein de tipo Friihlich (científico inglés que identificó estas vibraciones en las neuronas hace más de 20 años).

La conciencia, analógicamente, es como un gran encerado básico. A través de la interacción con el medio ambiente, la conciencia recoge informaciones, las escribe en ese encerado, las reelabora y de ese modo enriquece su unidad fundamental. Como ha demostrado Prigogine, todos los sistemas vivos son abiertos, toman materia desestructurada del medio, establecen con ella un diálogo y, merced a la capacidad auto-organizadora propia de todos los seres vivos, se crea un orden nuevo más elevado. Dentro de este orden la materia realiza potencialidades que le son inherentes, pero que únicamente se concretizan en el nivel de los seres vivos y de los seres conscientes (sistemas Prigogine de tipo FróhLich).
La diferencia entre los seres vivos y los «inertes» reside en el grado de densificación de las relaciones. En los seres «inertes» los bosones están menos aglomerados, predominan los fermiones (las cosas en sí, aun cuando siempre dentro del entramado de relaciones). En los seres vivos se condensan más los bosones, formando los condensados Bose-Einstein, hasta la máxima concentración de tipo Fróhlich, gestando así una unidad indivisible, sinfónica: la conciencia humana. La diferencia entre uno y otro no es, por consiguiente, de principio, sino de grado. El principio de la relación y de la capacidad de constituir unidades va asociado a la creación. Está allí actuando desde el principio.
La conciencia tiene, por lo tanto, una larga genealogía. Alcanza un nivel cósmico. Comenzó, en su forma más rudimentaria, con la unidad primordial de las dos primeras partículas elementales que interactuaron y se relacionaron. Fue ascendiendo en la medida en que crecía el abanico de relaciones en un diálogo dinámico con el medio (con los fermiones), hasta llegar a la complejidad suprema que se traduce en la conciencia refleja. Desde entonces, el campo de la conciencia (bosones) y el campo de la materia (fermiones) se hallan en permanente diálogo, causando órdenes cada vez más ricos, abiertos y más acelerados en todos los campos de la cultura, de la sociedad, de las religiones y de la humanidad entera.
La conciencia va empujando al universo en el sentido de un aumento en los ritmos de la evolución, de un ser cada vez más ordenado y más cargado de dirección, aun cuando eso pueda llegar a producirse con el símbolo invertido dado el carácter demens del ser humano. Pero la tendencia es a la ascensión y no a la decadencia. Cuando la conciencia se transforma en un acto de comunión con el todo y de relación amorosa con cada expresión de ser, el universo llega a si mismo y se realiza más plenamente. La alianza ecológica de Integracion y reconciliación queda sellada.
La conciencia no es, por consiguiente, una cualidad de la materia, sino una relación entre partículas elementales (en su aspecto

onda), tan compleja y de tal intensidad que todas ellas se sobreponen y crean un todo unitario estable.
Estamos, por tanto, hechos del mismo material y somos frutos de la misma dinámica cosmogénica que atraviesa todo el universo. La conciencia es un tipo especial de relación, relación que constituye lo sumo del cosmos. El ser humano, por la conciencia, encaja plenamente en el sistema general de las cosas. No se sitúa al margen del universo en proceso de ascensión. Se halla dentro, como parte y parcela suya, si bien capaz de saber de sí, de los demás, de sentirlos y de amarlos.
IX. LOS SERES HuMANOS: CO-CREADORES DEL COSMOS
El descubrimiento fundamental de la nueva física, posterior a la moderna procedente de Isaac Newton y de Galileo Galilei, consiste en la verificación de que todo puede ser materia y energía, de que energía y materia son convertibles (A. Einstein); además en el hecho de que la materia puede ser estudiada cada vez con más precisión:
desde los seres físicos que percibimos por los sentidos, pasamos al átomo, a las partículas elementales, a los quarks que son los mínimos de entre las partículas menores (el topquark, el menor de todos), hasta llegar al campo energético, que implica un juego entrelazado de partículas y energías, y por fin, al vacío cuántico, que es el útero último del que todo procede y al que todo va. Este posee la característica de innominable. Ante él todo lenguaje queda en silencio, pues ya no consigue hablar de lo que viene antes que él. Quienes emplean este lenguaje no son teólogos, sino los científicos modernos, los astrofísicos y los cosmólogos.
Otro descubrimiento de la nueva física consiste en constatar que toda la realidad subatómica y elemental de donde procede nuestro mundo universo y nosotros mismos siempre se presenta bajo la forma de onda energética y de partícula material (teoría cuántica de Niels Bohr y de Max Planck).
Cada entidad elemental puede ser descrita por igual tanto como partículas sólidas (billonésimas de milímetro de tamaño, hasta las partículas inconmensurables, captadas únicamente por sus efectos), como en cuanto ondas como las del mar (éstas aparecen en paquetes llamados quantum de energía). Sin embargo, ninguna descripción es completa si no tenemos en cuenta las dos perspectivas a la vez. Existe una dualidad básica en la realidad, pero esa dualidad no funda un dualismo porque los dos polos de la dualidad son complementarios. La materia se manifiesta, por lo tanto, a través de esa dualidad partícula/onda. Ella es esa dualidad.
Así, por ejemplo, la luz se puede describir como partícula mate-

rial (fotones) o como energía. Pero sólo captamos adecuadamente el fenómeno luz si trabajamos con las dos posibilidades conjuntamente, partícula/onda. De modo análogo, el ser humano es cuerpo y es espíritu. Pero sólo tenemos una comprensión global de él si asumimos cuerpo/espíritu como realidades recíprocas y complementarias. Las dos juntas constituyen el ser humano uno y único.
Profundizando la investigación, físicos atómicos han constatado que las entidades elementales no son ni totalmente onda ni totalmente partícula, sino una mezcla de ambas. La partícula tiene su dimensión de onda y la onda su dimensión de partícula. Por eso onda/partícula vienen siempre juntas y se complementan. En ocasiones predomina la dimensión de partícula en la onda y entonces hablamos de partícula, y en otras predomina la dimensión de onda en la partícula y por eso hablamos de onda.
Aun cuando sean imprescindibles para suministrarnos un cuadro completo de la realidad, las partículas/ondas no pueden ser analizadas a la vez, O se mide la posición exacta de la partícula material y se pierde la velocidad de la onda, o se mide la onda y se pierde la posición de la partícula. Werner Heisenberg formuló en 1927 el llamado principio de indeterminación (Unbestimmbarkeitsprinzip).
La situación es tal, no porque nos falten instrumentos más precisos de análisis, sino por el hecho de que la realidad misma es indeterminada y de carácter probabilístico. Todo puede suceder, ya sea de un modo o de otro y hasta de otra forma. Se pueden hacer previsiones sólo sobre la base de lo que sea más probable dadas ciertas condiciones globales de la realidad.
Es aquí donde se plantea la cuestión: si las cosas son así y todo descansa sobre la base de la indeterminación, ¿quién determinó el que nosotros dejásemos de ser probales y pasásemos a ser existentes, las montañas, el mar, los árboles, las personas humanas?Cómo es que algo puede existir?
Es en este punto donde el papel de la conciencia cobra un valor fundamental. Ella puede ser el puente entre el mundo de las partículas elementales y nuestro mundo cotidiano, como ha intentado mostrar Danah Zohar en su su conocido libro La conciencia cuántica. La conciencia, tal como la hemos presentado anteriormente, se hace co-creadora del universo. Cuanto más conciencia, más creación, más aceleración de la evolución y más orden ascendente. Y eso desde la gran expansión/explosión inicial.
Heisenherg mostró convincentemente que el observador entra en la determinación del objeto observado. Si quiero captar partículas y monto un aparato para detectar partículas, capto la realidad como partícula. Si, por el contrario, quiero registrar ondas y oriento el aparato hacia las ondas, observo efectivamente ondas. En otras palabras, el mundo subatómico sólo se define cuando le aplicamos

un instrumento de medida. Antes, permanece indeterminado y probable, tanto puede ser onda como puede ser partícula.
Cuando no la obsevamos, la realidad elemental se mantiene abierta a todas las probabilidades y opciones. El mundo cobra forma concreta únicamente en el último momento, en el instante en que es observado. Antes no era real. Sólo a partir del diálogo con ci observador constituye nuestra realidad.
¿Por qué es así? Porque formamos un todo orgánico articulado y relligado. No existe un ser desgajado del otro. El observador está unido, aun cuando no sea consciente de ello, al objeto observado. Y el objeto observado se patentiza como unido al observador. Ambos interactúan, establecen una relación dialogal creativa, surge una religación y de ese modo irrumpe toda la realidad.
Einstein ironizaba al principio acerca de esta concepción diciendo: «Dios no juega a los dados» (Gott würfelt nicht!). Y alguien le respondía: «iQue Einstein deje de darle consejos a Dios! Es verdad que Dios y la conciencia juegan a los dados, sí, pero éstos caen seguros en las posiciones que se presentan como más probables en cada momento». O bien: «Dios juega a los dados en un lugar que nosotros no podemos ver»18.
Cuando hablamos de observador, no nos referimos únicamente al ser humano que observa e investiga la realidad. Se trata de un concepto epistemológico, es decir, de un instrumento de comprensión que nos permite entender y esclarecer la interdependencia de los fenómenos cósmicos. Observador es toda entidad que dialoga e interactúa ante otra. Así un protón interactúa ante otro protón, intercambian mutuamente energías, crean juntos un sistema de relaciones que los envuelve. Uno no queda sin el otro. Ambos conservan informaciones de ese encuentro. Por muy distantes que estén, sea en el mundo subatómico o en el macrocosmos, forman un único sistema. Las informaciones son transportadas tiempo adelante (carácter de irreversibilidad del tiempo/encuentro analizado por llya Prigogine) y forman parte de otros encuentros y califican las realidades con esas experiencias acumuladas. Rige siempre, por consiguiente, un diálogo entre las entidades, una religación y un alianza de intercambio. De esa misma forma, la bacteria interroga al mundo, descodifica las señales químicas por las que ella misma se orienta. Tanto ella como los protones son ambos observadores en este sentido epistemológico.
Decíamos que cuando se da el primer encuentro entre dos o más entidades elementales comienza ya a gestarse una unidad mínima, eso que llamábamos el grado menor de conciencia. Cuanto más rico sea el encuentro, más compleja será la realidad y más transparente el
1 8. U f. V. X7eideniann, ‘I)as e H,rion re UnU ersum. D e F nrsrehung der Welt aus dern Nichts’, en H. A. MUhler et al., Naturwisscnschaft und Glaube, Sehere, Berna, 1988, 360.

78

79

UNA COSMOVISIÓN ECOLOGICA

grado de conciencia. Todos estos procesos de interrelación son lo que queremos significar al hablar de «observador», de «conciencia» en el mundo material, en el vegetal, en el animal y en el mundo humano. Las piedras, las plantas y los animales, en la medida en que están inmersos en ese entramado de relaciones, son ellos también co-creadores del universo.
Fundalmentalmente lo que existe en primer lugar es un número indeterminado de probabilidades de los seres: los físicos cuánticos llaman a eso «paquetes de ondas», cada paquete con su velocidad, su posición y su trayectoria. En el momento en que es observado, se produce un «colapso de la función onda». Esto quiere decir que sólo una partícula, la observada, se materializa y se convierte en existente. Todas las demás probabilidades se colapsan y desaparecen, tornando al vacío cuántico.
Nuestra realidad terrena fue, por consiguiente, objeto de una observación (encuentro, diálogo, interacción). ¿Quién la observó? Con los datos que hemos acumulado con anterioridad podemos responder: el que la observó fue la conciencia existente desde el momento de la creación, una conciencia de un tipo parecido a la que constituye la conciencia humana. Como muy bien lo percibió el gran físico John Weehler, el universo es participativo, una intrincadísima red de relaciones que envuelven todo y a todos, especialmente a los seres humanos.
Cabe, finalmente, plantearse una última cuestión: el universo en cuanto todo ¿no fue, él también, observado? Existía una onda universal. Y ésta, por la acción del observador externo, entró en colapso de onda, a su vez universal. Como resultado, surgió este universo concreto que tenemos y del cual nosotros somos parte, como resultado del colapso universal de la onda universal.
Pero, a fin de cuentas, ¿quién es ese observador externo absoluto que hizo colapsar la onda universal dando así origen al inmenso universo? ¿Quién es él? En el capítulo 7 vamos a balbucir una respuesta. Su nombre debe ser pronunciado con sumo respeto porque El es inefable y, en consecuencia, no cabe en palabra alguna. Su nombre sin nombre es Dios-Misterio.
Pero antes es importante que captemos la singularidad de cada individuo personal y consciente, un colapso de onda singularísimo.
X. LA IRREDUCTIBILIDAD DE CADA SER HUMANO
Por más que seamos parte del universo (onda universal colapsada), un eslabón en la inmensa corriente de los seres y de los vivientes, cada ser humano individual, Manuel, Francisco, Mary Paz, etc., posee una singularidad irreductible. De hecho cada ser tiene su singula ridad

Pero en el ser humano esa singularidad es doble: es singular y se sabe conscientemente singular. Cada uno posee su haecceitas, decía un filósofo-teólogo medieval de los más sutiles y geniales, Juan Duns Scotus (m. 1346). Haecceitas significa «esta concreción de aquí bien definida» (la palabra viene de haec, esto de aquí, la «estidad»).
La individualidad no es un número. Es la negación del número en la medida en que es singular e irrepetible de forma consciente. Cada uno es él mismo (mismidad y estidad) de una forma original, no experimentada anteriormente ni repetible después. Por supuesto que posee una infraestructura común que incluye los elementos del universo, oxígeno (65%), carbono (18%), hidrógeno (10%), nitrógeno (3,3%) y otros elementos que, con la excepción del hidrógeno, fueron producidos en las estrellas hace miles de millones de años, con el mismo código genético de todos los vivientes, dato a partir del cual fundamentamos nuestra fraternidad y sororidad cósmica, y con la misma inscripción bio-socio-antropológica.
Digamos, en un encadenado de instancias, que el ser humano es un animal de la clase de los mamíferos, del orden de los primates, de la familia de los homínidos, del género horno, de la especie sapiensi demens, dotado de un cuerpo de 30.000 millones de células, procreado y controlado por un sistema genético que se formó a lo largo de 4.500 millones de años, cuya psique, de igual antigüedad que el cuerpo, es capaz de formar visiones globales y análisis detallados y constituir unidades indivisibles a partir de la vibración unísona de cerca de 10 millones de los 10.000 millones de neuronas del cerebro, lo que le permite crear y recrear simbólicamente el universo y descifrar un sentido último y globalizante.
Cada uno es portador consciente o inconsciente de esta riqueza de la naturafey de la cultura. Pero lo es de forma sui generis, singular e irrepetible. Cada uno elabora su síntesis de la totalidad. Cada uno puede transformar a su manera todas las experiencias y conocimientos en un acto de amor, es decir, en un acto de aceptación y afirmación del universo, en una entrega desinteresada al otro y en una apertura ilimitada al Misterio, al que las religiones han acordado denominar Dios. O bien puede negarse a todo eso, vivir un proyecto de rebelión contra el sentido del universo y afianzar actitudes de exclusión. He ahí la grandeza y la tragedia humanas.
Aquí no estamos tratando de cantidades sino de una cualidad nueva de la creación expresada por el pathos (afectividad), por el logos (razón), por el eros (pasión), por el nomos (ley), por el daimon (voz interior) y por el ethos (ética) humanos. Sólo a este nivel puede acontecer la tragedia o la realización, el sentimiento de frustración y el de bienaventuranza, en la medida en que el ser humano descubra su lugar en esa totalidad compleja o se aliene de ella y se extravíe.
El individuo-persona, es decir, un ser irreductible (individuo)

pero siempre en comunicación (persona), instaura en el universo un hecho milagroso y un misterio abisal. La actitud más coherente y adecuada frente al individuo-persona —milagro y misterio— es la admiración, la veneración, la apertura y la escucha para captar su mensaje y novedad singular. Por eso se comprende que, en tanto individuo-persona, cada uno se sitúe inmediatamente ante Dios; sólo a él ha de responder definitivamente. Ese ser humano plantea existencialmente la cuestión radical sobre el universo, acerca de su dónde, su hacia dónde, qué sentido tiene y qué significado tenemos nosotros con nuestras búsquedas y nuestro inseparable tropismo hacia el absoluto. Es en ese punto donde surge la pregunta acerca de Dios, tema que abordaremos más adelante.
Hoy el ser humano, aterrado, plantea la cuestión de la gran amenaza que gravita sobre todo el sistema-Tierra. Se ha perdido el hilo que ligaba y religaba todas las cosas formando una unidad de sentido y de vida, el uni-verso. Ocupémonos ahora de esa questio magna.
BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL DE ESTE CAPÍTULO
Alonso, J. M., Introducción al principio andró pico, Encuentro, Madrid, 1989.
Barbour, G., Religion in an Age of Science, Harper y Row, San Francisco, 1990.
Barrére, M., La Tierra, patrimonio común, Paidós, Barcelona, 1992.
Barrow, J. D. y Tipler, F. J., The Anthropic Cosmological Principie, Oxford University Press, Nueva York, 1986.
Benjamin, C., Diálogo sobre ecologia, ciéncia e política, Nova Fronteira, Río de Janeiro, 1993.
Bohm, D., Ciencia, orden y creatividad, Kairós, Barcelona, 1988.
Brillouin, L., Scienceand information theory, Academic Press, Nueva York, 1965.
Capra, F., El punto crucial, Roselló, Barcelona, 1986.
Charon, J. E., O espírito, esse desconhecido, Melhoramentos, Sao Paulo, 1990.
Ferris, T., La aventura del universo, Crítica, Barcelona, 1990.
Freitas Mouráo, R. R., Ecologia cósmica. Uma visdo cósmica da ecologia, Francisco Alves, Río de Janeiro, 1992.
Fritsch, H., Vom Urknall zum Zerfall, Erzeugung und Schópfung, Wiesbaden, 1976.
Gleick, J., Caos: la creación de una ciencia, Seix Barral, Barcelona, 21994.
Gribbin, J., En busca del Big Bang, Pirámide, Madrid, 1988.
Guitton, J. y Bogdanov, 1. y G. Dios y la ciencia, Debate, Madrid, 1992.
Hawking, S., Historia del tiempo, Crítica, Barcelona, 1990.
Heisenberg, W., Más allá de la física, BAC, Madrid, 1971.
Laborit, H., Deus mio joga dados, Trajetória Cultural, Sao Paulo, 1988.
Lemaitre, G. The Primeval Atom, an Essay on Cosmogony, Van Nostrand, Nueva York, 1950.

Lewis, T., The Lives of a Ccii: Notes of a Biology Watcher, Bantam Books, Nueva York, 1975. (iLa ciencia más joven, Blume, Madrid, 1985?)
Longair, M., Los orígenes del universo, Alianza, Madrid, 1992.
Lovell, B., Das unendiiche Weltall. Geschichte derKosmologte von derAntike bis zur Gegenwart, Múnich, 1983.
Lucchini, F., Introduzionealla cosmologia, Zanichelli, Bolonia, 1990.
Massoud, Z., Terre vivante, Odile Jacob, París, 1992.
Morin, E., El método 1-111, Cátedra, Madrid, 1986-1988.
Morin, E., Ciencia con consciencia, Anthropos, Barcelona, 1984.
Morin, E., Tierra Patria, Kairós, Barcelona, 1993.
Müller, H. A., NaturwissenSchaft und Glaube, Scherz, Berna, 1988.
Nick, H., Quantum Reaiity: beyond the New Physics, Doubleday!AnchOr, Nueva York, 1985.
Ohlig, K.-H., Dic Welt ist Gottes Schópfung. Kosmos und Mensch in Religion, Philosophie und Naturwissenschaften, Grünewald, Maguncia,
1984, 88-111.
Overbye, D., Lonely Hearts of the Cosmos. The Scientific Quest for the Secret ofthe Universe, Harper Collins, Nueva York, 1991.
Pagels, H., The Cosmic Code: Quantum Physics as the Language of Nature, Simon and Schuster, Nueva York, 1982.
Prigogine, 1., El nacimiento del tiempo, Tusquets, Barcelona, 21993.
Prigogine, 1. y Stengers 1., La nueva alianza: metamorfosis de la ciencia, Alianza, Madrid, 1994.
Prigogine, 1. y Stengers 1., Entre el tiempo y la eternidad, Alianza, Madrid, 1990.
Sagan, C., Cosmos, Planeta, Barcelona, 111987.
Schroeder, G. L., Gen esis and the Big Bang, Bantham, Nueva York, 1991.
Swimme, B. y Berry, T., The Universe Story. From the Primordial Flaring Forth to the Ecozois Era. A Celebration of the tJnfolding of the Cosmos, Harper, San Francisco, 1992.
Toolan, D. S., Cosmologia numa era ecológica, Loyola, Sao Paulo, 1994.
Toulmin, S., The Return of Cosmology: Postmodern Science and the Theology of Nature, University of California Press, Berkeley, 1982.
Weber, F.,A dança do cosmos. Pensamento, Sao Paulo, 1990.
Weber, R., Diálogos entre científicos y sabios, Libros de la liebre de Marzo, Barcelona, 1990.
Weil, P. A., A consciéncia cósmica. Vozes, Petrópolis, 1989.
Weinberg, 5., Los tres primeros minutos del universo, Alianza, Madrid,
81988
Weizsicker, C. F., La imagen física del mundo, BAC, Madrid, 1970.
Whitehead, A. N., Proceso y realidad, Losada, Buenos Aires, 1965.
Zohar, D., La conciencia cuántica, Plaza yJanés, Barcelona, 11993.
Zohar, D. y Marshall, J., The Quantum Society. Flamingo Harper Collins Publishers, Londres, 1993.
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   ...   28

similar:

IntroduccióN iconTaller com/manual-java/introduccion-java php >Introducción a Java...

IntroduccióN iconDibujo tecnico introducción al curso. Alfabeto de líneas. Letras...

IntroduccióN iconIntroducción a la Epistemología Introducción

IntroduccióN icon7 introducción al metabolismo. Enzimas 1 introducción al metabolismo

IntroduccióN iconIntroduccióN

IntroduccióN iconIntroducción

IntroduccióN iconIntroducción

IntroduccióN iconIntroducción

IntroduccióN iconI. Introducción

IntroduccióN iconIntroducción


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com