“Se puede viajar por todo el mundo sin ver nada, o se puede ir solamente a la tienda de la esquina y descubrir todo un mundo”




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Historia de vida
Aunque las historias de vida a menudo se realizan con base en entrevistas en profundidad, es importante diferenciar las historias de vida como una técnica de investigación de las entrevistas en profundidad ya que tiene unos propósitos muy particulares y una función bien específica dentro la investigación etnográfica.
Es importante tener presente que la historia de vida como técnica de investigación ha sido utilizada por los sociólogos e historiadores (Vega 1988: 180-188). Los sociólogos han recurrido a las historias de vida para apuntalar sus planteamientos teóricos o para ilustrar con trayectorias de vidas concretas sus estudios empíricos. Por su parte, los historiadores han recurrido a las historias de vida en el marco del posicionamiento de la historia oral como una fuente relevante en los estudios históricos.
Para este modulo nos interesa la historia de vida como una herramienta de investigación en el contexto de los estudios etnográficos. La historia de vida sería así una de las posibles técnicas de investigación con las que se cuenta para alimentar la labor etnográfica. Para la etnografía, la historia de vida nos permite explorar e ilustrar en la trayectoria vital de una persona los significados y prácticas culturales en las cuales se encuentra inserta. Así, por ejemplo, si estamos realizando una etnografía sobre la pesca artesanal, la historia de vida de un hombre que se ha dedicado a la pesca desde niño puede permitirnos comprender con mayor detalle ciertas transformaciones que se han sucedido en las artes de pesca durante su periodo de vida o la importancia diferencial de la pesca dependiendo del momento de la vida de esta persona y de las cambiantes condiciones económicas y sociales.
Flor Edilma Osorio (2006: 6-7) establece una útil distinción entre biografías, autobiografías, testimonio e historias de vida. La diferencia entre las dos primeras y la historia de vida radica en que ésta última resalta, a través de la trayectoria vital de una persona, dimensiones colectivas y sociales relevantes para la investigación social; mientras que las dos primeras enfatizan, a veces desde una perspectiva celebratoria, la experiencia individual descontextualizada. El testimonio, por su parte, es mucho más puntual que la historia de vida y usualmente es un relato en primera persona que ha sido testigo de una serie de sucesos.
Pudiera pensarse que una historia de vida solo demanda pedirle a alguien que nos cuente su vida y transcribir lo que de esta conversación resulta. Nada más equivocado. Primero, porque contar con una narrativa coherente y reflexiva sobre la vida propia no es muy común. En la gran mayoría de los casos, como bien lo anota María Teresa Uribe “[…] la vida no constituye una historia hasta el momento en el cual alguien pregunta por ella” (1993: 73). Es muy importante no olvidar que la historia de vida “[…] es producto del diálogo; se elabora en el contexto de una relación entre una demanda de conocimiento por parte del investigador y un bien, el saber que tiene el entrevistado, que muchas veces no está disponible porque incluso su dueño no sabe que lo posee; podría decirse que está en estado virtual […]” (Uribe 1993: 73). Esto significa que hay todo un trabajo de elaboración, de preguntas que desencadenan fragmentos de relatos, que permiten el surgimiento de pedazos de memorias, que van a ir conformando paulatinamente la historia de vida.
Segundo, porque lo que para el investigador es relevante no necesariamente lo es para la persona que relata su vida. Esto es lo que Uribe denomina la contraposición de lógicas:
“[…] en la construcción de las historias de vida hay siempre una tensión implícita absolutamente inevitable y frente a la cual la única alternativa es saber que existe e intentar su manejo por parte de quien conduce la entrevista; es la tensión entre los intereses y temáticas que le preocupan al investigador y lo que el entrevistado quiere relatar o, en otras palabras, lo que para él resulta importante o digno de contar y supuestamente valioso para quien le pregunte por ‘su vida’. Aspectos de la cotidianidad, del entorno, de la cultura, no son relatados por el entrevistado porque estarían para él en el campo de lo obvio, de lo evidente, de lo nimio y lo anodino; de allí la importancia de formular preguntas adecuadas que despierten alguna reflexión sobre lo que el entrevistado nunca se ha preguntado y que incluso le cuesta nombrar y hablar de ello” (1993: 74).
Finalmente, como se verá más adelante, porque una historia de vida es el resultado de varias sesiones de trabajo de entrevistas en profundidad intercaladas con un trabajo analítico y de elaboración por parte del investigador.
La realización de cualquier historia de vida demanda varias sesiones de entrevistas en profundidad con la persona a la que le estamos haciendo su historia de vida. Por tanto, muchas de las indicaciones y precauciones que hemos realizado para la entrevista en profundidad aplican para la historia de vida. Resaltemos, así sea de pasada, las siguientes:


  • No soslayar el conocimiento y confianza previa que debe existir con quien se adelanta la historia de vida.

  • No olvidar la claridad en el propósito, los alcances y los énfasis en la realización de cada una de las sesiones de entrevistas para la historia de vida.

  • Tener presente que las sesiones de trabajo deben considerar los más adecuados momentos, lugares, tonos y modalidades para adelantar las diferentes entrevistas que conformaran la historia de vida.


En la realización de una historia de vida no solamente nos basamos en entrevistas a la persona de cuya vida estamos haciendo la historia, sino que estas entrevistas suelen complementarse con información resultante de conversaciones informales o incluso entrevistas a otras personas. Las percepciones o experiencias de ellas relacionadas con la vida de la persona que estamos trabajando nos permiten contrastar y complejizar los relatos con los que contamos.
Otra importante complemento para la realización de una historia de vida radica en fuentes materiales como cartas, prensa local, archivos fotográficos, objetos, etc. que hayan sido conservados directamente por la persona de cuya vida estamos haciendo la historia o por sus allegados. Estos materiales sirven para ampliar aspectos ya abordados en las entrevistas, así como ofrecen nuevos datos o pistas que hasta entonces no habían sido contemplados.
El proceso de elaboración de una historia de vida inicia con la elección de la persona que por su perfil en relación con nuestra pregunta de investigación amerite este tipo de labor. En esta elección no solo debe considerarse que la trayectoria vital de esta persona sea relevante para nuestro estudio sino que también tenga la disposición para sentarse durante varias sesiones a contarnos detalladamente su vida. Si es un buen conversador, es una habilidad que sin duda ayudara en el proceso. No es una elección tan fácil, sobre todo si nos apresuramos. Como con la elección de los informantes, siempre es más recomendable tomar estas decisiones luego de un avanzado un periodo de trabajo de campo.
Una vez seleccionada la persona adecuada, y después de contar con su consentimiento, hay una primera fase exploratoria en la elaboración de la historia de vida que consiste en hacerse a un mapa general de la trayectoria, de los lugares conocidos y de los momentos más significativos. Esta fase puede implicar varias sesiones de entrevistas en profundidad. Empezar por los recuerdos más tempranos y desde allí ir tejiendo el relato hasta el presente puede ser una ruta. Otra puede partir de una situación o momento ya identificado y desde allí ir completando ese mapa general. Aunque registrar en una grabadora puede ser una buena idea, sobre todo para que la persona se vaya familiarizando con su presencia, lo más importante en esta fase exploratoria es constituir un diagrama, con una línea temporal, donde se vayan registrando los sucesos, personajes y sitios que definen su trayectoria vital.
La segunda fase, que es la del registro propiamente dicho, consiste en entrevistas grabadas a partir de una guía definida con base en el diagrama (resultado de la fase exploratoria) que divide la vida de la persona en episodios significativos asociados a momentos, personajes o lugares particularmente importantes para ella. Se recomienda registrar uno o dos episodios significativos por sesión, no solo para no extenuar al entrevistado sino también para ir ajustando la guía de registro con base en los materiales que se van resultando de estas entrevistas.
La tercera fase consiste en escribir un primer relato de la historia de vida valiéndose de las grabaciones realizadas. En la escritura de este relato es posible que aparezcan preguntas o aspectos que no habían sido contemplados hasta entonces por el etnógrafo. Por tanto, es aconsejable ir escribiendo como notas al margen del relato estas dudas para consultarlas luego con la persona de cuya vida estamos haciendo la historia.
La cuarta fase es la de la contrastación de la narrativa de vida que hemos elaborado con la persona con la cual venimos trabajando. Se sugiere que vayamos leyendo el texto escrito lentamente invitándole a que comente, corrija, amplié la narrativa que hemos compuesto. Además, este es el momento en el cual podemos hacer las preguntas que habían surgido en la escritura. Se recomienda grabar la sesión e ir anotando los cambios sugeridos para, un par de días después, retomar la redacción de la narrativa e introducir los cambios resultantes de esta sesión de trabajo.
La última fase consiste en devolver la nueva versión de la historia de vida, ojalá en una sesión de trabajo donde la persona pueda hacer nuevas observaciones. Si estas son sustanciales, se sugiere que se vuelva a realizar este ejercicio hasta cuando la persona a la que le estamos haciendo la historia de vida sienta que la narrativa que hemos escrito la satisface y se identifica con ella.


III. Escritura etnográfica
“Entonces, un día, una niebla casi literal se levantó y las palabras fluyeron. Parecía, más bien, que las palabras se escribían solas a través de mí”

Renato Rosaldo (1991: 23)

La escritura etnográfica es el resultado de un largo proceso de destilación de los materiales obtenidos en durante el trabajo de campo así como del bagaje teórico que subyace al problema de investigación. Entendemos la escritura etnográfica como una fase del proceso de investigación en la cual se decantan una multiplicidad de documentos, entrevistas, observaciones e interpretaciones, en aras producir unas narrativas etnográficas en forma de escritos, documentales, presentaciones, etc.

Quienes no se han enfrentado a un cumulo de materiales resultado del trabajo de campo, pudieran pensar que la escritura consiste en un ejercicio mecánico que se realiza después de tener ya todo listo, un simple acto de poner en limpio claridades y resultados derivados del trabajo campo. Nada más distante de la realidad. Una angustia paralizante acompaña a no pocos jóvenes colegas una vez han concluido sus labores de terreno debido a que no saben qué hacer ahora con la ‘información’. No pocos se zambullen durante semanas o meses en la febril transcripción de sus grabaciones logrando sentir que avanzan en su investigación, pero a menudo pronto se encuentran ante la incertidumbre de qué hacer con esos cientos de páginas que vienen a engrosar el listado de los resultados de su trabajo de campo. Las cajas con documentos reunidos se agolpan en sus cuartos y lugares de trabajo, al igual que se van multiplicando los archivos y carpetas en su computador, mientras se pasan semanas y a veces meses sin grandes avances en la ‘tesis’ o el informe que hay que entregar.
Gran parte del problema radica en que no suele hablarse de esta fase de la investigación. Cuando más, se hacer referencia a ella de manera general como análisis de la información o sistematización, pero poco es lo que se profundiza en los pasos a seguir en concreto para enfrentarse con el cumulo de materiales obtenidos durante meses o años de atenta pesquisa etnográfica.
Estos materiales, resultado del trabajo de campo, son de diversa índole. Entre ellos pueden encontrarse una gama de documentos institucionales, artículos de prensa, escritos inéditos, procesos judiciales, imágenes, etc. Muchos de estos materiales constituyen fuentes primarias; otros como las fichas y notas derivadas de la bibliografía existente publicada o inédita hacen parte de las fuentes secundarias. Las anotaciones del diario de campo y las entrevistas realizadas en el terreno por el investigador, así como los diagramas dibujados o las fotografías o audiovisuales tomados, constituyen también parte del corpus de materiales a los cuales se debe enfrentar.
Aunque la escritura etnográfica depende, como en el trabajo de campo, del estilo del investigador, se pueden indicar una serie de pasos a seguir que tienen el carácter más de orientación que de una receta inflexible. Con esto en mente, en esta unidad temática se expondrán algunos procedimientos que se espera sean útiles para abordar ese océano de materiales resultado del trabajo de campo y transformarlos en un texto etnográfico.
Antes de iniciar, sin embargo, valga la pena tomarse algunas líneas para resaltar un asunto de vital importancia: hay que mantener en un lugar adecuado al menos una copia de seguridad de los materiales y de los documentos analíticos que van resultando. Aunque para algunos parezca una recomendación trivial, no son pocos los investigadores que tienen accidentes con los computadores en los cuales han perdido parte o toda su información, lo cual puede ser desastroso. Por lo tanto, es indispensable contar con al menos una copia de seguridad actualizada en un lugar seguro. Además de las memorias portátiles, con las crecientes capacidades de almacenamiento de los correos electrónicos o los recientes servicios gratuitos de memorias virtuales, estos accidentes suceden solo por un inexcusable descuido.

Ordenando materiales
Una vez se ha regresado del trabajo de campo, un primer paso consiste en la sistematización de los diversos materiales obtenidos. Es útil partir de realizar un índice analítico del diario de campo. Para esto se numera manualmente las páginas del diario si es uno escrito a mano o se introduce la paginación si fue escrito en un archivo de computadora. Luego de tener la paginación, realizamos una primera lectura para recrear mentalmente las situaciones y problemáticas que se fueron sucediendo durante el trabajo de campo.
A medida que vamos leyendo, se nos van ocurriendo ideas que debemos ir anotando en un documento aparte, que podemos identificar como el documento de notas de asociación libre. Las ideas que se van anotando aquí son de diversa índole: pueden ser elaboraciones referidas a la investigación misma suscitadas por la lectura del diario o sobre la estructura y presentación del texto etnográfico. Estas ideas son muy valiosas y no se pueden dejar perder pensando que posteriormente se las registrará. No hay que prestar atención en un particular orden o redacción de estas notas. Lo importante es que queden consignadas para que posteriormente, ya frente a realización de un esquema de redacción, volvamos sobre ellas.
Después de contar con esta primera lectura del diario de campo, nos regresamos a hacer un ejercicio de análisis de contenido del diario que será la base para la construcción del índice analítico. Vamos examinando lentamente las temáticas que han sido consignadas en cada uno de los párrafos del diario de campo. Podemos registrar en lápiz en la margen del texto o con la opción de notas las diferentes temáticas y sus elaboraciones. Las temáticas que van siendo identificadas se empiezan a listar en un documento aparte en lo que se convertirá en el índice analítico. En este listado se mantiene el número de página del diario de campo para poder encontrar la redacción a la que se refiere.
Una vez se haya realizado el análisis de contenido del diario de campo, se empieza a trabajar en la ordenación del listado de temáticas resultantes. Esta ordenación pasa por la agrupación de las temáticas que pueden ser reunidas en categorías más globales, así como por la jerarquización subsumiendo unas en otras dependiendo del nivel de generalidad o de la derivación lógica de una con respecto a otra. Así, para presentar un ejemplo muy simple que busca ilustrar este punto, en un diario pueden resultar en el listado del análisis de contenido las siguientes temáticas: pesca con anzuelos, curación con secreto, cacería de noche con escopeta, dietas para picado de culebra, pesca con chinchorro, tipos de peces y minería con motobomba. Uno puede entonces reunir bajo la etiqueta de actividades productivas lo de la pesca con anzuelos, la cacería de noche con escopeta, la pesca con chinchorro, y la minería de motobomba. También puede reunir bajo el nombre de medicina tradicional lo de la curación con secreto y las dietas para picado de culebra. La primera categoría, la de actividades productivas, se pueden reunir bajo una subcategoría de pesca la de pesca con anzuelos y pesca con chinchorro. Visualmente el índice analítico de este imaginario diario de campo quedaría así:
Actividades productivas

Pesca

con anzuelos 3

con chinchorro 1

Cacería nocturna con escopeta 2

Minería con motobomba 4
Medicina tradicional

Curación con secreto 1, 3

Dietas de picado de culebra 3

Los números serían las páginas en las que aparecen los pasajes del diario de campo que se refieren observaciones, conversaciones o interpretaciones sobre cada una de estas temáticas. Nótese que una temática puede aparecer en diferentes páginas, y en los índices analíticos de un diario de campo real algunas de ellas aparecen muchas veces. Este procedimiento de elaboración del índice analítico del diario de campo suele tomar varias semanas.
Al igual que cuando se estaba haciendo el listado de las temáticas, es importante seguir anotando las ideas que vayan surgiendo sobre el contenido o la escritura en el documento de notas de asociación libre. Incluso si en algún momento se siente la necesidad de pasar de unas notas a redacciones de varios párrafos, no hay que contenerse sino permitir que estos fragmentos y borradores vayan apareciendo sin mayor preocupación por el orden o coherencia, la adecuación de la redacción o el tono de escritura.
Luego de contar con el índice analítico del diario de campo pasamos a organizar los documentos que hemos compilado durante la formulación del proyecto de investigación y durante el trabajo de campo. Dependiendo del formato, hay dos grandes tipos de documentos: los documentos electrónicos (en word, html, pdfs, ipg) y los que están en físico (fotocopias, volantes, comunicados, fotografías, documentales). Con los documentos electrónicos hay que organizar una carpeta donde estén todos. En esta carpeta pueden hacerse subcarpetas dependiendo de las temáticas más gruesas que han ido resultando del índice analítico del diario de campo. En la carpeta documentos es útil crear un documento en word para hacer un índice general de los documentos electrónicos. Este índice tendría el nombre asignado a cada documento y su ubicación si está en una subcarpeta. Además se indicaría el título del documento, y una breve síntesis del contenido de no más de dos párrafos resaltando que tipo de información contiende de utilidad para nuestra investigación.
Los documentos que tenemos en físico también los organizamos por carpetas (o cajas), tratando de agruparlos siguiendo las temáticas más gruesas que surgieron de la elaboración del índice analítico del diario de campo. Con estos documentos físicos también hay que crear un documento en word con un balance de los títulos de cada documento y una pequeña síntesis de su contenido como lo hicimos para los documentos electrónicos.
Durante el proceso de ordenación de los documentos electrónicos y físicos, mantenemos abierto el texto de notas de asociación libre para ir agregando lo que se nos vaya ocurriendo sobre la investigación. En este momento las anotaciones pueden implicar transcripciones o referencias a los documentos que estamos ordenando o indicaciones de documentos que nos faltan y que son importantes para un aspecto de la investigación.
Con las entrevistas que realizamos en el trabajo de campo también es adecuado elaborar un índice analítico. Dependiendo de cómo fueron realizadas, hay dos tipos de entrevistas: las que tenemos grabadas y aquellas que hemos recreado a partir de nuestros apuntes. Las entrevistas, grabadas o no, debemos empezar por ordenarlas como hicimos con los documentos. Esto es, crear una carpeta donde podamos incluir todas las entrevistas en formato mp3 y las que se recrearon a partir de nuestros apuntes en un documento en el computador. Todas estas entrevistas, así como con las que estén consignadas en el diario de campo, se las relaciona en un documento con el nombre del archivo o las paginas en el diario de campo donde se encuentra cada entrevista, el nombre del entrevistado (o su seudónimo), la fecha y el lugar de realización. También se puede incluir unas cuantas líneas describiendo las temáticas abordadas en la entrevista.
Como se anotaba antes, no es recomendable sentarse a transcribir en su totalidad todas las entrevistas. Algunos investigadores empiezan la ordenación de los materiales resultantes del trabajo de campo transcribiendo sus entrevistas, lo cual toma un tiempo y energía considerables. Por lo general, esto es un error, una labor que desgasta al investigador. Al final de varias semanas de trabajo se encuentra con decenas (cuando no cientos) de páginas con las cuales no sabe mucho qué hacer.
Para cada una de las entrevistas grabadas y recreadas desde apuntes, se harán índices analíticos que permitirá que la información allí contenida no se pierda entre la montaña de datos que tiende el investigador a traer de terreno. A semejanza de lo que se expuso para el diario de campo, un índice analítico consiste en hacer análisis de contenido detallado de lo que se trató en la entrevista (ojalá referenciando el momento exacto en la grabación, lo cual es posible con las grabaciones digitales o con las grabadoras que tienen contador). Cada entrevista tendría un documento en word con este índice analítico. Es mucho más acertado escuchar las entrevistas o leer los apuntes de las recreadas, empezando de las últimas a las primeras.
Al igual que se hizo durante la elaboración del índice analítico del diario de campo y la ordenación de los documentos, mientras se trabaja en los índices analíticos de las entrevistas se va alimentando el texto de notas de asociación libre con los comentarios y redacciones que se nos vayan ocurriendo. Para este momento del proceso de escritura, es probable que este texto de notas de asociación libre ya contenga bastantes ideas sobre la estructura de redacción del reporte etnográfico (sea éste un informe, una tesis, un artículo o, incluso un audiovisual), así como sobre el contenido del mismo.
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