La estructura familiar y los efectos desestructurantes de los servicios asistenciales 1




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fecha de publicación29.01.2016
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Jorge Colapinto
LA ESTRUCTURA FAMILIAR Y LOS EFECTOS DESESTRUCTURANTES DE LOS SERVICIOS ASISTENCIALES 1

Hace varios años hube de supervisar una entrevista de evaluación de una familia compuesta de madre y tres hijas. Para la familia en cuestión, todo comenzó cuando Nancy, la hija de ocho años, dió en caerse de su asiento en la escuela, varias veces por día. La maestra, preocupada, pidió a la madre que sometiera a la niña a un examen neurológico. La madre se mostró renuente en un principio, pero finalmente accedió cuando la maestra insinuó que podía ser denunciada al servicio de protección del menor, por negligencia, El neurólogo, sin embargo, no encontró nada anormal, y concluyo que seguramente se trataba de un problema de conducta. Siendo un firme creyente en las virtudes de la terapia familiar, el neurólogo derivo a la familia a nuestra clínica.
Allí un terapeuta, a quien yo supervisaba a través de un espejo unidireccional en compañía de un grupo de colegas, entrevistó a la familia. Pero él tampoco pudo encontrar una explicación para la conducta de Nancy en la escuela, Estábamos a punto de enviar a la niña de vuelta al servicio de neurología, para un examen mas completo, cuando una de las colegas hizo una observación que cambió drásticamente el curso de la consulta. Pero en este punto voy a interrumpir la historia de Nancy y sus caídas, para abrir algunos interrogantes que la historia sugiere.
El primero de estos interrogantes es: ¿Por qué buscar en la familia la clave para el problema de Nancy?
ESTRUCTURA Y DINAMICA FAMILIAR
Los terapeutas familiares se apoyan en un conjunto de nociones acerca de la conducta humana individual y grupal, derivadas de la experiencia de trabajo con familias, y que justifican su accionar. Las siguientes son representativas de la terapia familiar estructural, modelo que guía mi propia práctica y la del terapeuta de la familia de Nancy.
Determinación contextual
La primera noción es el principio de la determinación contextual de la conducta. Los terapeutas estructurales nos hemos acostumbrado a comprender las conductas individuales en un contexto interaccional, multipersonal. Si una madre, por ejemplo, le pega una paliza a su hijo, observamos lo que ocurre entre ambos y alrededor de ambos en ese momento. ¿Qué estaban haciendo los dos? ¿Tiene esa paliza el sentido de un castigo, o es quizás un intento que hace la madre por alcanzar a un chico que se le está yendo literalmente de las manos? ¿O es una forma de poner distancia? ¿Cuál es el significado que tiene un golpe para la relación entre ambos? ¿Había otras personas presentes? ¿Qué significa el golpe en términos de otras relaciones -con el marido, la suegra, la vecina, la trabajadora social?
Los terapeutas estructurales formulamos hipótesis que explican que la la señora le pegue a su hijo en ese momento, mas que hipótesis que lo explicarían por alguna característica de personalidad de la madre -por su “baja autoestima”, por “identificación con su madre que le pegaba cuando ella misma era chica”, etc. Porque esa misma madre y ese mismo niño también pueden, en otro momento del día, amarse y reír juntos.
Estructura familiar
El principio de la determlnación contextual de las conductas nos ha llevado a interesarnos por cómo es que funcionan las familias, y cómo es que se pueden “descomponer”. La segunda noción que quiero proponer aquí es entonces la de estructura familiar, que nos ayuda a visualizar a cada familia como una organización que se ha ido plasmando a través de la interacción de sus componentes, y que a su vez determina cómo se comportan. A esta organización la analizarnos en función de las relaciones de distancia y de jerarquía establecidas entre sus miembros.
El análisis de las relaciones de distancia nos indica cuáles miembros están mas cerca entre si, y cuáles están mas alejados; quiénes se incluyen en ciertas situaciones, y quiénes quedan fuera. Por ejemplo, supongamos que una señora está criticando los hábitos de su marido en la mesa y él se está defendiendo. Los hijos, que escuchan, pueden o no intervenir con sus opiniones en la discusión. Si lo hacen, decimos que a distancia que media entre hijos y padres es menor que si no lo hacen. Si ocurre que la mamá y la hija mayor se pasan la mitad del día lamentándose de los malos modales del padre, mientras éste se recluye en una habitación o se va al bar, decimos que la hija está muy cercana a la madre, y que el padre está muy alejado de ambas. Los terapeutas estructurales frecuentemente nos representamos este tipo de situaciones de una manera visual. En el caso que acabo de describir, podríamos dibujar dos círculos muy próximos entre si, representando a madre e hija, y un cuadrado mas alejado, representando al padre. 0 bien podemos trazar un amplio círculo alrededor de madre e hija, y dejar afuera al padre. Si por el contrario nos encontramos con la primera situación, donde madre y padre tenían su discusión que los hijos se inmiscuyeran, el círculo rodearía a madre y padre.
Fronteras
Estos círculos representan una tercera noción clave en terapia estructural: la noción de fronteras. Una frontera define quiénes participan en qué tipo de situaciones, y quiénes quedan excluidos. En el ejemplo que he estado usando, la situación es la discusión de la conducta del padre.
Para un terapeuta estructural, las fronteras son un aspecto importante de la estructura familiar porque condicionan el nivel de funcionamiento de la familia y de sus miembros individuales. Veamos esto en otro ejemplo. Supongamos que la mamá esta regañando a su hija menor porque se está portando mal, y en un momento dado el padre interviene dándole un grito a la chica, quien entonces cesa en su mala conducta. A primera vista, el padre está ayudando a su esposa. Pero desde otro punto de vista, está también invadiendo un territorio que originariamente les pertenecía a la esposa y la hija. La pelea era entre ellas dos, y él se entromete; ha trasgredido una frontera. Su intención puede haber sido la de ayudar a su esposa, pero el efecto de su intervención ha sido invalidarla, declararla incompetente. La madre estaba tratando de que la hija le obedeciera, sin éxito, hasta que el padre interviene y la hija obedece. La moraleja es que la madre no puede hacerse obedecer por la hija, y el padre sí. Si el padre no hubiera intervenido, quizás hubiera dado tiempo para que la madre sí tuviera éxito, y para que la hija viviera la experiencia de obedecer a mama sin que tenga que venir papá al rescate.
Veamos otro ejemplo, esta vez tornado de una situación terapéutica, una entrevista de consulta con una familia cuyo hijo mayor está internado en una clínica psiquiátrica. En un momento de la entrevista el terapeuta pide un cambio de asientos para que el muchacho se ubique junto a su padre, lo cual requiere que varias personas se saquen y vuelvan a poner los pequeños micrófonos que llevan colgados del cuello, para la grabación de la entrevista. Llegado a su asiento, el muchacho, que está medicado, tiene dificultad en acomodarse el micrófono, y entonces el padre lo hace por él. El terapeuta se levanta de su asiento e increpa al padre por lo que ha hecho; porgue al ayudar al hijo, al mismo tiempo lo está invalidando, no deja que pruebe a los demás y a sí mismo que puede arreglárselas solo con el micrófono.
Desde el punto de vista de un terapeuta estructural, entonces, la trasgresión de fronteras tiende a retardar el desarrollo, el crecimiento, la diferenciación de los individuos y los subsistemas dentro del sistema familiar. Si el padre siempre ayuda a su hijo en cuestiones manuales, el hijo nunca desarrollará su propia habilidad manual. Si el padre viene siempre al rescate de la madre cuando ésta parece débil frente a la hija, entonces ella nunca va a experimentar la sensación de su propia fuerza. Y a la inversa, si la madre siempre interviene cuando le parece que el padre esta siendo demasiado severo con la hija, entonces padre e hija nunca aprenderán a calibrar, a negociar su propia relación -siempre necesitarán a la madre mediadora. Si los hijos siempre intervienen cuando mamá y papá están discutiendo, entonces papá y mamá no pueden terminar de resolver sus propios conflictos. Como un músculo, las capacidades del individuo y las de los subsistemas necesitan ejercitarse para poder desarrollarse.
Las fronteras pueden ser más o menos firmes, y más o menos estables. Si una hija quiere enterarse de lo que están discutiendo papá y mamá y los padres le dicen, “No es asunto tuyo”, los terapeutas estructurales decimos que las fronteras en esa familia son firmes. Si por el contrario la madre usa a su hija como confidente -se queja ante ella del marido/padre’-, decimos que las fronteras son débiles. Los terapeutas hablamos de “sobreinvolucración” cuando las fronteras nos parecen demasiado débiies. En los casos más extremos, las personas están tan cerca unas de otras que se hace difícil para el terapeuta —y para ellas mismas- establecer dónde termina una y empieza la otra: hablan los unos por los otros, se leen el pensamiento, experimentan las mismas sensaciones corporales. En el extremo opuesto, si una madre o un padre nunca está disponible para nada que provenga de sus hijos, decimos que las fronteras son demasiado rígidas, y hablamos de “desconexión”. Los dos extremos de la sobreinvolucración y la desconexión se dan cuando los miembros del sistema familiar no pueden negociar sus distancias relativas; entre los dos extremos, hay siempre un interjuego dialéctico entre las fuerzas “centrípetas”, que tienden a la afiliación, la integración, la pertenencia, la lealtad mutua, y las “centrífugas”, que por lo contrario tienden a promover la separación, la diferenciación, la individuación.

Jerarquía
Las relaciones de distancia son una parte del análisis de la estructura familiar. El otro componente son las relaciones entre quienes ocupan lugares relativamente más altos y quienes ocupan lugares relativamente más bajos en la estructura. La noción de jerarquía es la cuarta noción clave para la comprensión de las familias desde el punto de vista del terapeuta estructural. En las familias que los terapeutas consideramos “funcionales”, las relaciones jerárquicas son claras y los padres, como subsistema, ocupan una posición superior a la de los hijos.
En las familias con problemas esto frecuentemente no es así. En aquel caso típico de la niña “incontrolable” y la madre “ineficaz”, es frecuente descubrir más adelante que la madre está en realidad aliada con los hijos en oposición al padre tirano, o percibido como tal. Esto a veces implica que el padre ocupe una posición inferior en la jerarquía de la familia -como sujeto temperamental, poco inteligente—, y otras veces que la madre ocupe esa posición inferior -como una más de las nenas sojuzgadas por el tirano. Llamamos a esta disfunción de la jerarquía una coalición intergeneracional. Las coaliciones intergeneracionales típicamente obedecen a una incapacidad pare resolver conflictos entre adultos, y a veces cumplen una función de estabilización para la pareja conyugal. Padre y madre se ahorran muchas discusiones mediante el recurso de reclutar a un tercero como aliado.
Una coalición intergeneracional es fuente de problemas porque le resta demasiado poder a por lo menos uno de los adultos, y les da demasiado poder a los hijos, aunque este sea ilusorio porque está servicio de los adultos. En las familias donde hay madre pero no padre, la coalición intergeneracional puede incluir a otro pariente, típicamente a la abuela, que puede aliarse con la nieta en criticar a la hija y madre.
Triángulos
El concepto de “estructura familiar” se completa con una quinta noción clave, que ha estado rondando todas estas descripciones sin ser todavía nombrada: la noción de triángulo. Un triangulo es una relación entre tres personas, donde el rol de cada una sirve pare definir o balancear la relación de las otras dos. En una coalición de abuela y nieta contra madre, por ejemplo, cada una de las dos primeras ayuda a que la otra adquiera mayor poder en relación con la madre, mientras que la madre, desde su posición de “enemiga común”, ayuda a cimentar la relación de pares entre abuela y nieta. Similarmente, una madre y una hija sobreinvolucradas se apoyan mutuamente en el proyecto de exclusión del padre, mientras que el padre periférico estimula la sobreinvolucración de las otras dos.
Morfogénesis
¿Cómo se ha ido gestando esa estructura, cómo ha ido ocurriendo que la gente se fue posicionando a tales y cuales distancias, en tales y cuales lugares jerárquicos?
La gestación de estructuras familiares, o morfogénesis constituye la sexta de las nociones claves. A lo largo de la vida de la familia, los miembros negocian y renegocian, en un proceso de acomodamiento mutuo que no es necesariamente explícito y verbal, las distancias y las posiciones jerárquicas relativas a mantener. Durante e] ciclo normal de desarrollo de la familia, este proceso eventualmente culmina en la autonomía y la separación de los miembros mas jóvenes, que comienzan otras familias.
La negociación de distancias y jerarquías se va plasmando en reglas, que rigen la vida de la familla. Ejemplos de estas reglas son: “Él puede pasarse la vida deprimido y sintiéndose fracasado, mientras que ella no puede deprimirse nunca y tiene que mantener su eficacia”. “Papá no debe ser molestado nunca”. “A mamá no se la obedece hasta que papá intervenga”. La negociación comienza tan pronto la familia se forma, digamos por ejemplo con la unión de un hombre y una mujer -y digo por ejemplo porque la familia también la pueden fundar, en otro ejemplo, una madre sola y su primer hijo. Puede hacerse en forma muy tosca o muy sutil. Un ejemplo de la primera lo proporciona el cuento de la pareja que celebraba sus 70 años de casados. En la fiesta le preguntaron al anciano de 95 años cual era el secreto de la armonía conyugal que obviamente habían disfrutado durante tanto tiempo. El hombre respondió: “El día que nos casamos nos prestaron un caballo y un carro para que nos fuéramos de luna de miel, El camino estaba fangoso y al poco andar el caballo tropezó. Yo dije: Va una. Un rato después el caballo volvió a tropezar y yo dije: Van dos. Cuando el caballo tropezó por tercera vez, dije: Tres. Me apeé y lo maté de un tiro. Mi esposa empezó a gritarme: Que eres más bruto que el pobre caballo. Y yo dije: Va una…”.
Pero en la mayoría e las familias esta negociación toma formas bastante más sutiles. En los estadios iniciales de un matrimonio, los esposos pueden acordar tácitamente, por ejemplo, que ella va a ser frágil y dependiente, y él va a ser fuerte y protector, y que de esta manera vivirán el uno para el otro. Luego, muchas circunstancias pueden cuestionar este primer arreglo; supongamos por ejemplo que él se queda sin trabajo, 0, para elegir una circunstancia mas feliz, que nace un primer hijo. Ahora ella no puede ser tan frágil, y, en el caso de que haya nacido un hijo, ya no pueden vivir simplemente el uno para el otro. El arreglo inicial tendrá que ser renegociado, y según sea la flexibilidad de que disponga la pareja, el resultado de esa renegociación será mejor o peor. Quizás encuentren la forma de crecer y adaptarse al cambio de ser dos a ser tres; quizás, por el contrario, la madre se vaya involucrando demasiado con el hijo y el padre se vaya desconectando cada vez más. En el peor de los casos, reñirán y utilizarán al niño como instrumento en sus reyertas. Quizás hasta lo castiguen para demostrarle al otro que él o ella lo han criado de forma equivocada. De una u otra manera, al cabo de un tiempo la dinámica entre padre, madre e hijo se habrá estabilizado. Entonces quizás nazca un segundo hijo y todo tiene que ser renegociado otra vez. Mientras tanto, muchas otras cosas -mudanzas, comienzo de la escuela para los niños, enfermedades, muertes de abuelos, cambios de empleo, quizás relaciones extramaritales- le siguen ocurriendo a la familia. A cada nuevo paso las posibilidades de combinación son, si no infinitas, al menos múltiples, y al cabo de varios años de vida familiar, el mapa de distancias, fronteras, jerarquías, y coaliciones habrá alcanzado un alto grado de complejidad.
La familia va desarrollando un estilo propio para tomar decisiones y resolver conflictos. Cuanto mas abierto y directo es ese estilo, cuanto mayor sea la disposición a renegociar a medida que la familia va creciendo (pasando por el llamado ciclo vital, desde la etapa de padres sin hijos, o de madre y primer hijo, hasta la etapa de hijos adolescentes y adultos jóvenes, que abandonan el hogar paterno), cuanto mas claras y realistas sean las expectativas de cada miembro sobre lo que puede esperar dé los otros, tanto mayores serán las posibilidades de que la familia logre un balance dinámico y productivo entre los movimientos de afiliación (“centrípetos”), y los de separación (“centrífugos”).
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