0500 Horas, Febrero 12, 2535 (Calendario Militar)




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HALO

LA CAÍDA DE REACH



Eric Nylund

HALO

LA CAÍDA DE REACH

Eric Nylund

TABLA DE CONTENIDOS

Prólogo

Sección I

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Sección II

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Capítulo Doce

Capítulo Trece

Capítulo Catorce

Sección III

Capítulo Quince

Capítulo Dieciséis

Capítulo Diecisiete

Capitulo Dieciocho

Capítulo Diecinueve

Capítulo Veinte

Capítulo Veintiuno

Capítulo Veintidós

Capítulo Veintitrés

Capítulo Veinticuatro

Sección IV

Capítulo Veinticinco

Capítulo Veintiséis

Capitulo Veintisiete

Capítulo Veintiocho

Capítulo Veintinueve

Sección V

Capítulo Treinta

Capítulo Treinta y Uno

Capítulo Treinta y Dos

Capítulo Treinta y Tres

Capítulo Treinta y Cuatro

Capítulo Treinta y Cinco

Capítulo Treinta y Seis

Capítulo Treinta y Siete

Sección VI

Epílogo

Prólogo

0500 Horas, Febrero 12, 2535 (Calendario Militar)/
Sistema Lambda Serpentis, Jericho VII Teatro de Operaciones.

"Contacto. Todos los equipos esperen: Contacto enemigo, en mi posición."

El Jefe sabía que había probablemente mas de cien de ellos –los sensores de movimiento rebasaban la escala. A pesar de eso, él quería verlos por si mismo; su entrenamiento había dejado clara esa lección: "Las maquinas se descomponen, los ojos no."

Los cuatro Spartans que componían el Equipo Azul cubrían su espalda, parados absolutamente inmóviles y en silencio en sus armaduras de combate MJOLNIR. Alguien había comentado alguna vez que ellos en la armadura parecían dioses de la guerra griegos... pero sus Spartans eran mucho mas efectivos y despiadados de lo que lo dioses de Homero alguna vez habían sido.

Él hizo serpentear la sonda de fibra óptica hacia arriba, tres metros hasta la cresta de la pared de roca. Cuando estuvo en posición, el Jefe la enlazo al visor de su casco.

En el otro lado el vio un valle con paredes de roca erosionadas y un rio que serpenteaba a través... y acampando a lo largo de las orillas y hasta donde alcanzaba a ver había Grunts.

El Covenant usaba a estos robustos alienígenas como carne de cañón. Ellos median un metro de alto y usaban trajes medioambientados que replicaban la atmósfera de su congelado planeta de origen. Al Jefe le recordaban a Perros bípedos, no solo en su apariencia, si no también por su hablar –aún con el nuevo software de traducción– era una rara combinación de rápidos chillidos, ladridos guturales, y gruñidos.

También eran tan listos como los perros. Pero lo que carecían de cerebro, lo compensaban con pura tenacidad. Él los había visto arrojarse a sus enemigos hasta que el suelo estaba altamente apilado con sus cuerpos... y sus oponentes habían terminado sus municiones.

Estos Grunts, estaban inusualmente bien armados: aguijoneadores, pistolas de plasma, y había cuatro cañones de plasma estacionarios. Esos podrían ser un problema.

Otro problema: fácilmente había mil de ellos.

La operación tendría que ir sin ningún problema. La misión del Equipo Azul era atraer la guardia trasera del Covenant y dejar al Equipo Rojo entrar en la confusión. El Equipo Rojo entonces plantaría un arma nuclear táctica HAVOK. Cuando la siguiente nave Covenant aterrizara, bajara sus escudos y empezara a descargar sus tropas, obtendrían una sorpresa de treinta megatones.

El Jefe desconectó la sonda y dio un paso hacia atrás desde la pared de roca. Pasó la información táctica a su equipo a través de un canal COM seguro.

“¿Cuatro de nosotros...", susurró Azul Dos, en el enlace. “...y mil de ellos? Muy pobres probabilidades para los pequeñines"

"Azul Dos," dijo el Jefe, "Te quiero ahí arriba con esos lanzacohetes Jackhammer. Saca a los cañones y afloja al resto de ellos. Azul Tres y Cinco, ustedes me siguen –nosotros estamos en control de la multitud. Azul Cuatro: tú preparas el tapete de bienvenida. ¿Entendido?"

Cuatro luces azules parpadearon en su visor, conforme su equipo reconocía las órdenes.

"En mi marca." El Jefe se agachó y se alistó. "¡Marca!"

Azul Dos saltó elegantemente a la cima de las rocas - tres metros hacia arriba. No hubo ningún sonido mientras el Spartan y la armadura MJOLNIR de media tonelada aterrizaban en la roca caliza.

Ella levantó el Lanzador y corrió a lo largo de la cima - ella era el Spartan mas rápido en el equipo del Jefe. Él confiaba que los Grunts no pudieran rastrearla durante los tres segundos que estaría expuesta. En una rápida sucesión, Azul Dos vació los tubos del Jackhammer, tiró un lanzador y entonces disparó los otros cohetes igual de rápido. Los proyectiles pasaron disparados dentro de la formación de Grunts, y detonaron. Uno de los cañones estacionarios volcó, devorado en la explosión, y el cañonero, fue lanzado al suelo.

Ella se deshizo del lanzador, saltó hacia abajo - rodó una vez - y estaba de nuevo en pie, corriendo a toda velocidad al punto de reencuentro.

El Jefe, Azul Tres, y Azul Cinco, saltaron sobre la cresta. El Jefe cambio a infrarrojo para ver a través de las nubes de polvo y el humo de los escapes, justo a tiempo para ver la segunda carga del Jackhammer impactar su objetivo. Dos flores de luz, fuego y trueno consecutivos, diezmaron las filas frontales de los guardias Grunts, y más importante, convirtieron al último de los cañones de plasma en ruinas ardientes.

El Jefe y los otros abrieron fuego con sus rifles de asalto MA5B –una rociada completamente automática de quince balas por segundo. Balas que penetran armaduras desgarraban dentro de los alienígenas, rompían su trajes ambientales y hacían explotar los tanques de metano que cargaban. Gotas de flama trazaban arcos salvajes mientras los Grunts heridos corrían en confusión y miedo.

Finalmente los Grunts se dieron cuenta de lo que estaba pasando y de donde venía el ataque. Ellos se reagruparon y atacaron en masa. La vibración de terremoto llego a través del suelo y agitó la roca porosa bajo las botas del Jefe.

Los tres Spartans vaciaron sus cargadores, y entonces al unísono, cambiaron a balas trituradoras. Ellos dispararon a la ola de criaturas mientras ellas avanzaban. Línea tras línea de ellos caía. Algunos más mataban a pisotones a sus camaradas caídos.

Agujas explosivas rebotaban en la armadura del Jefe, detonando mientras golpeaban el suelo. El vio la luz de un perno de plasma –dio un paso a un lado- y oyó el aire crepitar donde el había estado parado medio segundo antes.

"Soporte aéreo Covenant acercándose," reportó Azul Cuatro en el enlace COM. "Su ETA (siglas en ingles de “Tiempo de llegada estimado”) es de dos minutos, Jefe."

"Entendido," dijo. "Azul Tres y Cinco: Mantengan fuego por cinco segundos, después retírense. ¡Marca!"

La luz de estado parpadeo una vez, reconociendo la orden.

Los Grunts estaban a tres metros de la pared, el Jefe arrojó dos granadas. Él, Azul Tres, y Azul Cinco, saltaron hacia atrás de la cresta, aterrizaron, giraron y corrieron.

Dos golpes sordos reverberaron a través del suelo. Aún así, los ladridos y chillidos de los Grunts aproximándose, ahogaron el sonido de la explosión de las granadas.

El Jefe y su equipo corrieron el medio kilómetro de la árida ladera en treinta y dos segundos cerrados. La colina terminó abruptamente -En una caída libre de doscientos metros directo al océano.

La voz de Azul Cuatro irrumpió en el canal COM: “El tapete de bienvenida esta colocado, Jefe. Listo cuando tu lo estés.”

Los Grunts parecían una alfombra viva de piel azul acero, garras y armas cromadas. Algunos corrían a cuatro patas por la ladera. Ladraban y aullaban, aullaban por la sangre de los Spartans.

“Extiende la alfombra,” El Jefe le dijo a Azul Cuatro.

La colina explotó –Nubes de piedra arenisca pulverizada, fuego, y humo se lanzaron hacia el cielo.

Los Spartans habían enterrado unas minas antitanque Lotus en un patrón de tela de araña, temprano esa mañana.

Arena y pequeñas piezas de metal rebotaban en el casco del Jefe.

El Jefe y su equipo abrieron fuego nuevamente, disparando a los Grunts que estaban vivos todavía y luchando por levantarse.

Su sensor de movimiento mostró una advertencia. Había proyectiles acercándose a las dos en punto del reloj –a velocidades de más de cien kilómetros por hora.

Cinco Banshees voladores Covenant aparecieron sobre el acantilado.

“Nuevos contactos. Todos los equipos, ¡abran fuego!” Ordenó.

Los Spartans, sin dudar, dispararon a los alienígenas voladores. Los impactos de bala rebotaban de la armadura quitinosa de los voladores –Se necesitaría de un disparo con mucha suerte para golpear las capsulas anti-gravedad al final de las cortas “alas” de un metro.

El fuego obtuvo la atención de los alienígenas. Sin embargo Lanzas de fuego eran cortadas por los puertos de armas de los Banshees.

El Jefe rodó hacia delante y volvió a estar en pie. El suelo árido exploto donde el había estado un instante antes. Glóbulos de vidrio derretido rociaron a los Spartans.

Los Banshees gritaron sobre sus cabezas, se inclinaron mientras giraban agudamente para dar otra pasada.

“Azul Tres, Azul Cinco: Maniobra Theta,” llamó el Jefe.

Azul Tres y Azul Cinco le dieron la señal del pulgar arriba.

Se reagruparon al borde del precipicio y aseguraron a los cables de acero que colgaban a lo largo de la pared de roca.

“¿Preparaste los barriles con fuego o con metralla?”, pregunto el Jefe.

“Ambos.” Respondió Azul Tres.

“Bien.” El Jefe tomó los detonadores. “Cúbranme.”

Los barriles no habían sido hechos para derribar objetivos voladores; los Spartans los habían puesto ahí para arrasar a los Grunts. En el campo de cualquier manera, tenias que improvisar. Otro dogma de su entrenamiento: adaptarse o morir.

Los Banshees formaron una “V voladora” y volaron en picado hacia ellos, casi rozando el suelo.

Los Spartans abrieron fuego.

Proyectiles de plasma súper calentado de los Banshees puntearon el aire.

El Jefe esquivó hacia la derecha, luego hacia la izquierda; se agacho. Su puntería estaba mejorando.

Los Banshees estaban a cien metros, luego a cincuenta metros. Sus armas de plasma podrían reciclarse lo suficientemente rápido para hacer otro disparo… a ese rango, el Jefe no estaría esquivando.

Los Spartans saltaron hacia atrás al precipicio, con sus armas todavía disparando. El Jefe salto también, y golpeo los detonadores.

Los diez barriles –cada uno lleno con napalm, municiones gastadas y cubiertas trituradoras– habían sido enterrados a unos metros de la orilla del precipicio, sus bocas a un ángulo de treinta grados. Cuando las granadas en el fondo de los barriles explotaban, hacían una gran barbacoa de cualquier cosa que se encontraran en su camino.

Los Spartans se golpearon con el costado del acantilado, los cables de acero a los que estaban amarrados sonaban tensos.

Una onda de calor y presión pasó sobre ellos, un momento después cinco Banshees ardiendo se lanzaron sobre sus cabezas dejando gruesos rastros de humo mientras se dirigían hacia el agua. Amarizaron, y se desvanecieron bajos las olas verde esmeralda. Los Spartans colgaron ahí un momento, esperando y viendo con sus rifles de asalto apuntados hacia el agua.

No aparecieron sobrevivientes.

Bajaron en rapel hasta la playa y se reencontraron con Azul Dos y Cuatro.

“El Equipo Rojo reporta que el objetivo de su misión fue logrado, Jefe,” dijo Azul Dos. “Envían elogios.”

“Difícilmente se van a balancear las cosas,” Azul Tres murmuró, y pateó la arena. “No como esos Grunts, cuando masacraron al 105° Pelotón Drop Jet. Deben de sufrir tanto como esos soldados.”

El Jefe no tenía nada que decir a eso. No era su trabajo hacer sufrir a las cosas –él estaba aquí para ganar batallas, sin importar lo que costara.

“Azul Dos,” Dijo el Jefe. “Dame un enlace arriba.”

“Si, si.” Ella lo enlazó al sistema SATCOM.

“Misión completada, Capitán de Blanc,” reportó el Jefe. “Enemigo neutralizado.”

Excelentes noticias,” dijo el Capitán. Suspiro, y añadió, “Pero tenemos que sacarlos, Jefe.”

“Apenas estamos calentándonos aquí abajo, Señor.”

Bien, es una historia diferente aquí arriba, Muévanse para recogerlos inmediatamente.”

“Entendido, Señor.” El Jefe cerró el enlace. Dijo a su equipo, “La fiesta ha terminado Spartans. Nos vamos en quince.”

Trotaron a doble velocidad los diez kilómetros de playa, y regresaron a su nave de desembarco –un Pelican, arañado y abollado de los tres días de difícil lucha. Abordaron y el motor de la nave, se quejo al revivir.

Azul Dos se quitó el casco y se rascó el nacimiento de su cabello castaño. “es una pena dejar este lugar,” ella dijo y se inclino contra la portilla. “Solo quedan unos pocos.”

El Jefe se paró a su lado y miró hacia fuera mientras se levantaban en el aire – había amplias planicies de palmeras y hierba, la extensión verde del océano, una banda de volutas de nube en el cielo y soles rojos poniéndose.

“Habrá otros lugares por los que pelear,” dijo.

“¿Habrá?” susurro ella.

El Pelican ascendió rápidamente a través de la atmósfera, el cielo obscureció y pronto solo las estrellas los rodearon.

En órbita, había docenas de Fragatas, Destructores y dos masivos Cargueros. Cada nave tenia marcas de carbón y hoyos acribillando sus cascos. Estaban todos maniobrando para salir de orbita.

Se acoplaron en la bahía del puerto del Destructor del UNSC (siglas en ingles de Comando Espacial de Las Naciones Unidas) Resolute. A pesar de estar rodeados por dos metros de placas de blindaje de Titanio-A y un arreglo de armas modernas, el Jefe prefería tener sus pies en el suelo, con gravedad real y una atmósfera real que respirar –un lugar donde él esta en control y donde su vida no esta en las manos de pilotos anónimos. Una nave simplemente no era un hogar.

El campo de batalla lo era.

El Jefe subió al elevador hacia el puente, para hacer su reporte, tomando ventaja del respiro momentáneo para leer el reporte después-de-acción del Equipo Rojo en su visor.

Como estaba predicho, los Spartans de los equipos Rojo, Azul y Verde – aumentando tres divisiones de marines de la UNSC endurecidos en batalla– habían detenido el avance en tierra del Covenant. Las bajas aun estaban llegando, pero –en el suelo, al menos– las fuerzas alienígenas habían sido completamente detenidas.

Un momento después las puertas se abrieron, y él entro en la cubierta. Hizo un rápido saludo al Capitán de Blanc. “Señor. Reportando según las ordenes.”

Los oficiales menores del puente dieron un paso atrás alejándose del Jefe. No estaban acostumbrados a ver a un Spartan con la armadura MJOLNIR completa de cerca –la mayoría de las tropas no habían ni siquiera visto un Spartan. El fantasmal verde iridiscente del las placas de la armadura y las capas de negro mate debajo lo hacían parecer parte gladiador, parte maquina. O quizás para la tripulación del puente, el parecía tan alienígena como los Covenant.

Las pantallas mostraban las estrellas y las cuatro lunas plateadas de Jericó VII. A la lejanía, una pequeña constelación de estrellas se acercaba.

El Capitán le señaló al Jefe que se acercara mientras miraba a ese grupo de estrellas –El resto del grupo de batalla. “Esta pasando otra vez.”

“Solicito Permiso para permanecer en el puente, Señor,” dijo el Jefe “Yo. . . Quiero verlo esta ocasión, Señor.”

El Capitán bajo la cabeza, luciendo cansado. El miró a los ojos del Jefe Maestro con ojos atormentados. “Muy bien, Jefe. Después de todo por lo que has pasado para defender Jericho Siete, te lo debemos. Estamos a solo treinta millones de kilómetros fuera del sistema, pero no es ni la mitad de lejos de lo que quisiera estar.” Volteo hacia el oficial de Navegación.
"Orientación uno dos cero. Prepare nuestro vector de salida.”

Giro para encarar al Jefe. “Nos quedaremos ha observar... pero si esos bastardos siquiera se mueven un poco en nuestra dirección, saltaremos lo mas lejos que podamos de aquí.”

“Entendido, Señor. Gracias.”

Los motores del Resolute retumbaron y la nave se movió.

Tres docenas de naves Covenant –grandes, Destructores y Cruceros– aparecieron a la vista en el sistema. Eran lisas, parecían más tiburones que naves estelares. Sus líneas laterales brillaban con plasma –luego la descargaron y una lluvia de fuego cayó hacia Jericho VII.

El Jefe miró por una hora y no movió un músculo.

Los lagos, ríos y océanos del planeta se evaporaron. Para mañana, la atmósfera herviría hasta desaparecer también. Los campos y los bosques eran lisos como el vidrio y rojo brillante en algunos lugares.

Donde había habido un paraíso, solo quedaba un infierno.

“Alístense para saltar fuera del sistema,” ordenó el Capitán.

El Jefe continúo observando, su cara sombría.

Han sido diez años de esto –La vasta red de colonias humanas reducida a un manojo de baluartes por un enemigo sin piedad, implacable. El Jefe había asesinado al enemigo en tierra –Disparándoles, apuñalándoles y quebrándolos con sus propias de manos. En tierra, los Spartans siempre ganaban.

El problema era, que los Spartans no podían llevar su pelea hacia el espacio. Cada victoria menor en tierra se volvía una derrota mayor en orbita.

Pronto no habría más colonias, ni asentamientos humanos –y ningún lugar a donde correr.
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