El amor y la muerte en “el amor en los tiempos del cólera”




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fecha de publicación05.02.2016
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EL AMOR Y LA MUERTE EN “EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA”
La muerte y el amor, esos son los temas principales de la novela. No hay amor sin muerte y eso lo comprendió Gabriel García Márquez cuando, en un viaje parecido al que nunca terminó Florentino Ariza, leyó a don Francisco de Quevedo, concretamente su soneto “Amor más poderoso que la muerte”. Aquellos versos fueron definitivos, porque los sentimientos de Quevedo eran los de Florentino. Pero ese amor necesitaría unas buenas dosis de muerte para poder llevarse a cabo, de ahí que el comienzo de la novela termine con la existencia de Saint-Amour, para luego llegarle el turno al doctor Urbino, y que Florentino pueda sentir de primera mano si su amor es o no más poderoso que la propia muerte.

Amor y muerte, sin duda, conforman el marco temático de la novela, de forma inseparable, porque aparecen unidos desde el mismo título de la novela, ya que las epidemias de cólera causaron numerosas muertes, hasta en los momentos de mayor intensidad narrativa. Así, Florentino Ariza se presenta ante su eterna amada, Fermina Daza, el día del entierro de su marido y provoca que esa misma noche ella no duerma bien, pero no por la reciente muerte de su esposo, sino por el recuerdo de Florentino. Por otro lado, Florentino espera toda la vida, hasta la muerte de Juvenal, para acercarse a su amada y, en ocasiones, el temor de que la muerte pudiera dejar inconclusas sus expectativas amorosas (como cuando Florentino ve tropezar a Fermina a la salida del cine) provoca pánico por si “la muerte le ganaba su encarnizada guerra de amor”.

Por tanto, El amor en los tiempos del cólera, puede describirse como una novela de amor, pero también de muerte. Analizaremos, en primer lugar, los diferentes aspectos en que se presenta el amor, y, luego, hablaremos con más detalle de la presencia de la muerte en la novela.
EL AMOR

Los sentimientos inquebrantables de Florentino Ariza por Fermina Daza constituyen toda una antología amatoria; pero, además en la novela se da cabida a las mil y una variantes que puede presentar el amor, algunas de las cuales son las siguientes:

a) Amor adolescente: en los primeros tiempos entre Fermina y Florentino.

b) Amor legalizado, oficial y bendecido por todos los estamentos, religiosos y sociales: el matrimonio entre Fermina y Juvenal Urbino

c) Amor extramarital: la infidelidad cometida por el doctor Urbino con Bárbara Lynch.

d) Amor puramente sexual: las aventuras mantenidas por Florentino Ariza para cubrir el vacío de su corazón dejado por Fermina.

e) Amor intergeneracional: el mito del viejo y la niña, la relación mantenida entre Florentino y la adolescente América Vicuña.

f) Amor de madurez, o senil: el conquistado, cincuenta años después, por Fermina y Florentino.

g) Amor frustrado, como los que experimentaron Hildebranda Sánchez y la tía Escolástica
La relación entre los tres protagonistas de la novela puede entenderse como un triángulo sentimental extendido durante más de cincuenta años, que da lugar a las manifestaciones del amor que vamos a analizar con más detenimiento:
1. Amor entre Fermina Daza y Juvenal Urbino: amor convencional marido-mujer. A causa de una equivocación clínica, en el episodio del posible contagio de cólera de Fermina, el doctor cayó prendado ante los encantos de una mujer plebeya, que no era de su clase, y que incluso recibió amenazas para que se alejara de él. Puede que fuera la tozudez de Fermina lo que terminase de encandilarlo, mientras que ella, azuzada por los intereses de su padre, terminó eligiéndolo sin motivo aparente, igual que rechazó a Florentino, para comprobar con los años que no podría haber elegido mejor marido, puede que mejores amantes sí, pero tal vez no mejor marido.
Fermina decidió casarse con él en la época en que tomó conciencia de que estaba sola en el mundo, y aunque no lo admitiera, la acongojaba la idea de que, para bien o para mal, Florentino Ariza era lo único que le había ocurrido en la vida. En realidad, lo quería tan poco como al otro, pero además lo conocía mucho menos, eso sí, el doctor le ofrecía una situación social y unos bienes envidiables, y ella consintió en elegirlo para huir de la soledad, porque le ofrecía seguridad, y pensando que ya tendría tiempo de hacer germinar ese amor.

No obstante, en todo momento fue consciente de cuáles serían sus obligaciones como esposa, y mejor elegido o no, esa elección habría de durar hasta la muerte, en ese momento no valían bellezas varoniles, ni glorias ni riquezas, sino decencia, por eso decidió también borrar por completo el recuerdo de Florentino.

Terminaron por formar una pareja admirable, y ambos manejaban el mundo con tanta fluidez que parecían flotar por encima de los escollos de la realidad. Sin embargo, a lo largo de su matrimonio, Fermina y Juvenal atravesaron varias crisis, y fue en aquellos momentos de enfrentamientos cuando ellos parecieron más felices, manteniendo las apariencias incluso cuando ella huyó ante la única infidelidad del marido. Terminaron por volverse unos expertos en el conocimiento de las manías y caprichos del otro, conscientes de que ya no podrían vivir separados.
2. Amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza: amor platónico. Florentino Ariza fue un auténtico especialista en todas las modalidades del amor: pasó del amor caballeresco y cortés propio de los trovadores medievales, a la desesperación romántica ante la ausencia de Fermina y su posterior rechazo, para adentrarse después en el amor más lúbrico y sexual, con sus 622 amantes, pero aún mantuvo la capacidad suficiente para reciclar su corazón tras la muerte del doctor Urbino, hasta entregarse a su amada como si hubiera sido virgen de nuevo.
Florentino sustituía el vacío que el amor ilusorio de Fermina Daza creaba en su vida con pasiones terrenales, amores de cama, y en la plenitud de sus relaciones, se preguntaba cuál de los dos sería el amor, el de la cama turbulenta o el de las tardes apacibles de los domingos, así fue capaz de aceptar la definición de Sara Noriega sobre el amor dividido: "amor del alma de la cintura para arriba y amor del cuerpo de la cintura para abajo". Con el tiempo Florentino aprende lo que había padecido muchas veces sin saberlo: se puede estar enamorado de varias personas a la vez, y de todas con el mismo dolor, sin traicionar a ninguna. Florentino vive tantísimo por amor, y sólo por amor, que cuando hereda la Compañía Fluvial del Caribe no sólo se acuerda de Fermina, para cuyo reconocimiento lo hace todo, sino de todas las mujeres que le han dejado huella, y a las que también amó, a cada una de una manera, y es entonces cuando pasa revista a la lista de las más importantes, llegando a pronunciar una frase simbólica en la novela: “El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas”. (p. 385) Porque la concepción de la fidelidad de Florentino para con Fermina no responde a los conceptos habituales del amor, pero está basada en la lealtad a un ideal de amor que, aun transcurriendo medio siglo, es lo suficientemente fuerte como para que él espere a Fermina a pesar de que entre ellos no existiera ningún compromiso. Esa lealtad fue el verdadero motor de su vida, y aunque no tuviera casi nada que ver con la fidelidad amorosa, sí tuvo la fuerza suficiente como para ayudarlo a reconquistar a Fermina en los albores de la vejez. Esa reconquista requería un nuevo Florentino, unas técnicas amatorias nuevas, ninguno de los dos era ya un adolescente, y él comprendió con rapidez que los excesos romanticones y juveniles no servirían de nada ante una mujer que ya había vivido una vida entera. Es entonces cuando surge un amante maduro, sosegado, casi intelectual y experto, porque la edad de ambos y la condición de viuda de Fermina exigían una actitud reflexiva por encima de todo. Así fueron triunfando las tardes de los martes y aquellas cartas en las que el nuevo Florentino era capaz de suministrarle a Fermina las mismas ideas que rondaban por su cabeza, unas ideas que le iban a permitir entender su propia vida, y esperar con serenidad los designios de la vejez.

Cuando comienzan a verse personalmente, ambos se descubrieron como eran: dos ancianos acechados por la muerte, sin nada en común, aparte del recuerdo de un pasado efímero que ya no era de ellos sino de dos jóvenes desaparecidos. Florentino invita a Fermina a un viaje de descanso por el río y ella acepta. Entonces es cuando le llega a Fermina la hora de preguntarse con dignidad, con grandeza, con unos incontenibles deseos de vivir, qué hacer con el amor que se le había quedado sin dueño y reconoció a Florentino como el hombre que estuvo siempre al alcance de su mano aunque ella no lo hubiera notado antes. Ahora les bastaba con la dicha simple de estar juntos por el resto de sus vidas: “Era como si se hubieran saltado el arduo calvario de la vida conyugal, y hubieran ido sin más vueltas al grano del amor. Transcurrían en silencio como dos viejos esposos escaldados por la vida, más allá de las trampas de la pasión, más allá de las burlas brutales de las ilusiones y los espejismos de los desengaños: más allá del amor. Pues habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte”.
3. El amor sin amor: Florentino Ariza llega a instruirse en lo que el mismo narrador denomina “amor sin amor”. Al llegar a la conclusión de que nada puede hacer contra la firme decisión de Fermina comienza una serie de aventuras que servirán de bálsamo. Florentino suplanta el amor lírico por el amor de cama. Busca el alivio a los desdenes de Fermina en otras mujeres a las que convierte en amantes ocasionales y objetos de una pasión efímera. Es tan evidente este remedio intencionado que el mismo personaje se pregunta por las dos maneras de amar: quería saber “cuál de los dos estados sería el amor, el de la cama turbulenta o el de las tardes apacibles de los domingos”. A veces, también habita la ternura en el corazón del amante ocasional: este sentimiento se lo inspira Olimpia Zuleta.
4. El concepto de fidelidad en la novela: al igual que el amor, la fidelidad experimenta una serie de transformaciones a lo largo de la obra, y no siempre tiene que ver con la idea de fidelidad amorosa. Los primeros tiempos de amor entre Fermina y Florentino representan la fidelidad llevada al extremo, durante el viaje punitivo de Fermina, ella llega a pedirle permiso para acudir a un baile, pese a estar cientos de kilómetros de distancia. El matrimonio Urbino Daza fue un ejemplo de fidelidad conyugal, el doctor le tenía demasiado respeto, tal vez incluso miedo, al carácter de Fermina como para permitirse alegrías extramaritales; también sus principios, firmes le mantenían como marido fiel, hasta que la pasión desbordada por Bárbara Lynch le hizo sucumbir, pero fue una infidelidad a medias, ya que los encuentros que mantenían eran siempre clandestinos y apresurado. El doctor tuvo que pasar dos años sin Fermina y la vergüenza de ir a buscarla suplicando perdón. A ella, en cambio, la infidelidad del esposo le generó desconfianza, celos, reproches y hasta culpa, ella construyó una barrera de rabia para ocultar el miedo de perder a su marido, por eso aquella aventura del doctor la envejeció de golpe diez años, la deslealtad le dolió más incluso que la infidelidad física. También puede interpretarse como fidelidad el amor y la gratitud de Leona Cassiani para con Florentino Ariza. Lo quería tanto, que en vez de engañarlo prefirió seguir amándolo, y tuvo el coraje suficiente de rechazarlo, una noche en la que él la requebró, pero más por desesperación y soledad que por otra cosa. Esa fidelidad estuvo a punto de hacer que él le desvelara el secreto de su amor, algo que Leona conocía ya. Por último, el enamoramiento de la adolescente América Vicuña hacia Florentino no estaba exento de grandes dosis de fidelidad. Cuando el doctor Urbino muere, Florentino rompe unilateralmente las relaciones con ella, aunque seguirá teniéndola a veces como paño de lágrimas, e incluso como enfermera cuando él se fracturó el tobillo.

Por otro lado, cada uno de los personajes principales vive el amor de manera diferente:

El amor, para Florentino Ariza, no era sólo un síntoma semejante a los provocados por el cólera, sino una forma de vida, y en algunos momentos de la novela se le nota en el alma que lo que verdaderamente le mantiene vivo es el hecho de poder seguir amando, no ya la posibilidad de ser correspondido o no, sino su condición de amante. Tal vez eso explique el juramento que fue capaz de conservar intacto durante toda una vida, porque a pesar de sus incontables aventuras, posibles gracias tanto a su ojo clínico como a su aspecto desvalido, nunca dejó de serle fiel a Fermina, mejor dicho, de serle leal, porque en esos amores sin amor iba buscando el conocimiento amatorio para ofrecérselo íntegro a ella cuando llegara el momento. (p. 283: “En realidad…una traición”)

En cambio, para Fermina Daza, el amor nació de la simple curiosidad. Florentino no era el tipo de hombre que hubiera escogido, y, a pesar de ello, suscitó en ella una curiosidad difícil de resistir, y terminó pensando en Florentino como nunca se hubiera imaginado que se podía pensar en alguien. No obstante, su carácter más pragmático le evitó los sinsabores que sufrió Florentino a lo largo de los años, mientras que ella mostraba cierta indolencia a la hora de rechazarlo, la misma indolencia con la que aceptó las proposiciones del doctor Juvenal Urbino, tercer miembro de esta ecuación amatoria que recorre toda la novela.

En cuanto al doctor Juvenal Urbino, sus capacidades amatorias presentan dos vertientes bastante claras, la poderosa impresión del enamoramiento y la calma del cariño de la vida en común, el peaje que le exigía a Fermina durante sus años de matrimonio. Al conocer a Fermina, sucumbió con tanto estrépito ante su belleza como mucho tiempo después lo haría ante la pasión de Bárbara Lynch, entre esos dos fogonazos, el amor practicado por el doctor fue el decente, el aprobado socialmente, el monótono, lo cual nos lleva a pensar si su insistencia al pretender a Fermina no respondería más a un triunfo social, y si no fue igual de persistente para recuperarla, tras su patinazo de pasión con Bárbara Lynch, para no quedarse descolocado socialmente. Quizá no la amó, quizá ella tampoco a él, pero fabricaron algo parecido al amor durante cincuenta años, y sólo ante la certeza de la muerte, el doctor abrió del todo su corazón para reconocer ante Dios cuánto la había querido.
LA MUERTE
La presencia de la muerte
Desde el mismo inicio de la obra, la muerte se convierte en un personaje más de la misma, hasta el punto de que se presenta como el reverso de la moneda del amor, puesto que cuando éste va a triunfar, antes se produce algún deceso; todo el primer capítulo de la novela parece una apología de la muerte, con el fallecimiento de Jeremiah de Saint-Amour y los constantes presagios que desembocarían en la defunción del propio doctor Juvenal Urbino. Además, toda la historia se enmarca en un panorama de enfermedad y muerte provocada por el cólera.
Diferentes manifestaciones de la muerte
La muerte necesaria: En esta novela, se pone de manifiesto que, a veces, el fin de una vida abre la posibilidad del amor. Así, el doctor Urbino ha de morir para que Florentino pueda reiniciar su conquista a Fermina, esta es una muerte esperada y necesaria, por tanto, para Florentino. El triunfo de Florentino Ariza está condicionado por la muerte del doctor Urbino: el día que Florentino Ariza vio a Fermina Daza embarazada del brazo del doctor, supo que su rival tendría que morir, y aunque después llegó a sentir cierta simpatía por el doctor, el destino debía ser inevitable, y de esa muerte sacaría él las fuerzas reservadas durante cincuenta años para lanzarle de nuevo a la cara a Fermina la promesa de su amor en el mismo velatorio, mostrando así uno de los momentos de la novela en el que amor y muerte aparecen más entrelazados.
La muerte prematura y el miedo a la muerte: desde la mitad de la narración, aproximadamente, a Florentino le llegan otros miedos, el más importante de ellos tenía también que ver con la muerte, puesto que teme que le llegue a él antes de que pueda reanudar su misión, o incluso que sea la propia Fermina quien se vaya antes de hora; encontramos, así representado en la novela la amenaza de la muerte, el miedo a una muerte prematura porque puede truncar el objetivo vital.
El suicidio: la novela se inicia con el suicidio de Jeremiah de Saint-Amour, quien tenía la determinación irrevocable de quitarse la vida a los sesenta años, en un acto de rebeldía contra la vejez y al mismo tiempo de amor hacia la vida, Pero, además la novela termina con el suicidio de la joven América Vicuña, cerrando así un círculo que viene marcado por dos muertes provocadas voluntariamente.
La muerte absurda: la muerte del doctor Urbino se produce de una manera ridícula, al caer de un árbol intentando atrapar a su loro. Al final, una de las cosas que más le preocupaba de morirse era la vida solitaria que padecería Fermina sin él, y en cambio no le preocupó demasiado la manera ridícula en que se sintió morir.
El presagio de la muerte: la propia muerte de Jeremiah afectó al doctor Urbino porque le tocó de cerca y la consideró como un anuncio de la suya. Por otro lado, al final de la novela Florentino Ariza comprobó de golpe cómo tanto él como Fermina habían empezado a envejecer, y entonces aflora en él un terror demoledor, el miedo a no poder valerse por sí mismo, a tener que recibir ayuda para andar o moverse, porque entonces no sería digno de ella. Ninguno de los dos puede abstraerse del paso de los años, de los presagios de la muerte. Por eso, en el viaje final, cuando ambos amantes terminan de ser conscientes de sus cuerpos ancianos, la dulzura va en aumento, porque la inexorabilidad de la muerte no podrá privarlos del disfrute de su amor, ni siquiera con todas las dolencias de los dos ancianos que ya son.
Las epidemias, la enfermedad y la muerte: además, de las muertes individuales, y tratándose ya de muertes de índole colectiva, destacan los cadáveres provocados por las sucesivas oleadas del cólera sufridas en la ciudad y el país, en una muestra más del atraso del mismo y de sus intentos de modernización. Sin olvidar tampoco a las víctimas de las eternas guerras civiles, cuyos cadáveres a veces se solapan y hasta confunden con las víctimas de la enfermedad (p. 325, 361).

Por último, cabe destacar que García Márquez también analiza en su novela diferentes aspectos sociales relacionados con la muerte como son:

- los plazos sociales de la muerte: justo al transcurrir un año de la muerte del doctor, tras satisfacer los plazos impuestos por el luto social, en la misa de funeral, Fermina por fin habla a Florentino, ganada por las cartas en las que ha encontrado un hombre nuevo que rompió el pasado y que sabe hablarle de la vida, la muerte, de la vejez, del amor, de las ideas que ella también tenía.

- la viudez: durante ciertos momentos de la novela, las viudas son modelos de mujer para Florentino, en ellas ve a mujeres experimentadas, alejadas de los inconvenientes de los noviazgos, hechas para la vida porque ya han vivido la suya junto a los maridos, y siente por ellas una cierta devoción, sobre todo porque su destino es el de terminar haciendo feliz a una de ellas, tal y como ocurrirá con Fermina, y por eso ya antes ha ido practicando con la viuda de Nazaret o con Prudencia Pitre, Viuda de Dos.

Como conclusión, podemos decir que García Márquez une, durante toda la novela, a Eros y Tánatos, amor y muerte como dos de los motores de la existencia humana, uno porque supone la legítima aspiración a la felicidad, y la otra por su carácter inevitable, y porque carecer del primero a veces puede suponer padecer la segunda en vida.
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