Les adjunto un primer envio de materiales para que




descargar 1.11 Mb.
títuloLes adjunto un primer envio de materiales para que
página1/21
fecha de publicación06.02.2016
tamaño1.11 Mb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Derecho > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   21
Estimados Estudiantes,

 

Les adjunto un primer envio de materiales para que

preparen su primera prueba que se realizará el

JUEVES 23 DE ABRIL

 

 

Cuadra, A. De la Ciudad letrada a la ciudad virtual. Santiago. Lom. 2004

                CAPITULOS: 1 al 6 y 14

 

Bell,D. Contradicciones culturales del capitalismo. Madrid Alianza. 1996

           CAPITULOS I al IV:  DISPONIBLE EN BIBLIOTECA ARCIS

 

Lecturas Complementarias

 

- Cuadra, A. Opticas de la Modernidad. Paper inédito 2008:

 

RUEGO A USTEDES DISTRIBUIR ESTA INFORMACION Y

ACUSAR RECIBO DE ESTE MAIL

 

Cordialmente

 

DR. ALVARO CUADRA

 


http://alvarocuadra.blogspot.com/
--

De la ciudad letrada

A la ciudad virtual
Álvaro Cuadra

Manuscrito inédito

Comentarios a: acuadra@universidadarcis.cl

Es propiedad intelectual nº: 114.238

Santiago de Chile. Año 2003


El hombre imaginario

vive en una mansión imaginaria

rodeada de árboles imaginarios

a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios

penden antiguos cuadros imaginarios

irreparables grietas imaginarias

que representan hechos imaginarios

ocurridos en mundos imaginarios

en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes tardes imaginarias

sube las escaleras imaginarias

y se asoma al balcón imaginario

a mirar el paisaje imaginario

que consiste en un valle imaginario

circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias

vienen por el camino imaginario

entonando canciones imaginarias

a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria

sueña con la mujer imaginaria

que le brindó su amor imaginario

vuelve a sentir ese mismo dolor

ese mismo placer imaginario

y vuelve a palpitar

el corazón del hombre imaginario



Nicanor Parra.

“El hombre imaginario”

Hojas de parra

Santiago. Ganímedes. 1985


TABLA DE MATERIAS

A modo de prólogo
Introducción
Primera parte: La ciudad del consumo

1. La ciudad sin rostro

El consumismo: consumación de la mitología burguesa
2. Una lectura cool: Beavis & Butthead
3. Modernidad y postmodernidad: de la

enajenación al narcisismo
4. Crisis de la ética: la postmoral
5. Crisis del arte: la postestética
6. Saber y valor conocimiento: estética, diseño y mercado

Nueva subjetividad social

Segunda parte: La ciudad virtual

7. El laberinto postmoderno: tiempo, memoria y virtualidad
8. Cultura, signos y postmodernidad: la virtualización

massmediática como nuevo modo de significación
9. La cultura massmediática: de las formas a la imaginación.

Los procesos de virtualización en las sociedades de consumo
10. Pinochet superstar: la virtualización de la historia
11. Política, signos y postmodernidad: la virtualización de

la política en la era massmediática
12. Horizontes del periodismo: crisis del relato

Reportaje virtual: nuevas lógicas mediáticas

13. Postestética, consumo y voyeurismo de masas.

Una mujer sola soñando en una casa de cristal.
14. América Latina: de la ciudad letrada a la ciudad virtual.

Los procesos de virtualización de la cultura en las

nuevas sociedades de consumo.
15. Zapping, mercado y virtualidad.

Los contextos y transcontextos televisivos en la era de

la globalización.
16. La plebeyización de la cultura popular

La industria cultural y los nuevos imaginarios en las

Sociedades de consumo latinoamericanas.
17. El Chile televisivo: amores y mercado

Consumo y virtualidad. La telegenia de lo popular.
Apéndice
Las nuevas cartografías: mapas sin territorios


A modo de prólogo

Un referente importante al hablar de "espacio público" es aquella visión que vincula el surgimiento de la "opinión pública" con la instalación de un espacio mediador y discutidor, que arranca desde la esfera privada o de la sociedad civil, que se "enfrenta" al Estado, y que se vuelca sobre asuntos de "interés general". Esta visión, conceptualizada por J. Habermas (Historia y crítica de la opinión pública, 1962), indisociable del conjunto de factores que dieron origen a la sociedad burguesa, tendría uno de sus fundamentos en la relación que establece Kant entre la "liberación del hombre de su culpable incapacidad", la conquista de la autonomía y el uso público de la razón (¿Qué es la ilustración?, 1784). Esto último no es un simple agregado sino condición de posibilidad, al punto que no hay "ilustración" ni emancipación sin dicho uso público. Se podría sostener incluso que la ilustración misma se confunde con el proceso público de superación de la "minoría de edad" (Kant). Es el propio Habermas quien se encarga de resaltar cómo en aquella célebre obrita de Kant la máxima subjetiva del individuo, a saber, pensar por sí mismo, tiene como intermediario lo público o más bien el público lector y discutidor. En la concepción ilustrada dice Habermas "el pensar por sí mismo parece coincidir con el pensar en voz alta, exactamente igual que el uso de la razón equivale a su uso público" (op. cit.).
La distinción entre el uso público y privado de la razón, y sobre todo el carácter libre de la primera y obediente de la segunda, llama también la atención de M. Foucault justo doscientos años después de publicarse en un diario alemán el texto de Kant. Advierte el giro: lo señalado por Kant es "palabra por palabra, opuesto a lo que ordinariamente se entiende por libertad de conciencia" (Foucault: ¿Qué es la Ilustración?, 1984). Mientras el uso privado de la razón es pasivo y automático, su uso público cuenta con una "libertad ilimitada" continúa señalando Kant, y es lo que permite "servirse de su propia razón", superar el "estado de pupilo" o, lo que es lo mismo, "hablar en nombre propio". Por uso privado, entiende Kant, aquel que se practica en calidad de "funcionario", en tanto que parte de una "máquina" u organización (el del clérigo ante su feligresía, por ejemplo), por grande que sea dicha "máquina". Bajo estas condiciones "privadas" no cabe razonar en sentido propio, sólo cabría legítimamente obedecer. Es necesario entonces ir más allá de esas prácticas automáticas o domésticas que exigen determinados fines que no pueden ser perturbados o impedidos en su realización. Se impone pues un cambio de escenario. Este nuevo escenario no niega el ámbito privado recién descrito, que en su nivel no tiene por qué retrasar "la marcha de la ilustración", pero sí crea las condiciones para que la razón se despliegue íntegramente. "Entiendo por uso público puntualiza Kant aquel que, en calidad de maestro, se puede hacer de la propia razón ante el gran público del mundo de lectores". Es precisamente en este nuevo terreno: público, universal, más allá de cargos o responsabilidades privadas, despojado de mandatos ajenos, donde la ilustración puede ahora sí cumplir sus objetivos. Sólo en dicho terreno se realiza plenamente su lema: "¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!"
En la cita de más arriba se indica una de las competencias que facultan el ingreso a lo público, según Kant. El texto señala que sólo en calidad de maestro está permitido el uso público de la razón, cuestión que lleva a imaginar un sujeto reconocible básicamente por su capacidad "trascendental" o "arquitectural" por decirlo en lenguaje kantiano. Sin embargo, como bien advierte Habermas, acceder a la “mayoría de edad”, es decir, al raciocinio o la discusión pública, no es atributo exclusivo de los filósofos: “No sólo en la república de los sabios se realiza la publicidad, sino en el uso público de la razón, ejercido por todos aquellos que acierten a ese uso” (op. cit). Más todavía: “el uso público de su razón le debe estar permitido a todo el mundo” replica Kant. La condición sí para cualquiera que lo intente es que lo haga en tanto que maestro (no es ésta, sin embargo, una condición fija o de tipo estamental) y sea capaz de situarse en un terreno universal, rebasando su calidad de “funcionario” o de ente privado.
El constructo descrito no sólo cuenta con el respaldo filosófico de Kant. Habermas señala que los conceptos de “espacio público” y “opinión pública” se forman en el siglo XVIII, adquieren significado en un determinado contexto histórico-cultural, y en oposición al absolutismo llegan a formar parte del Estado de Derecho (El espacio público, 1964).
Parece pertinente detenerse todavía algo más en los componentes propios de este referente clásico, ciertamente idealizado por Habermas en el texto citado (Historia y crítica de la opinión publica), y que más adelante experimentará importantes ampliaciones en el paradigma de la “acción comunicativa”. La pertinencia del empeño se debe no sólo al hecho que el mencionado constructo ha permitido articular una muy contundente crítica a la llamada “sociedad de masas”, sino también a que su permanencia en el tiempo o su proyección en un cierto “sentido común ilustrado” más o menos operante hasta hoy, no siempre ha facilitado la búsqueda de otros modos de comprensión de lo “público”, en diálogo, contraste o mixtura con dicho sentido común.
Un balance equilibrado hace a este respecto Nancy Fraser (Repensar el ámbito público: una contribución a la crítica de la democracia realmente existente, 1991). La autora parte reivindicando el concepto de “ámbito público” del joven Habermas, ya que éste tendría la virtud de evitar confusiones entre lo público-estatal por un lado, y los terrenos también públicos, aunque pertenecientes a la discusión abierta y a la asociación ciudadana, por el otro. Fraser acentúa la equidistancia de este recurso conceptual habermasiano no sólo respecto de los aparatos estatales sino también de las relaciones de mercado. ¿Cuál es pues la especificidad de un ámbito que no es reductible ni a los actos de comprar y de vender ni a aquellos que realiza habitualmente el Estado? Digamos que es un espacio de “interacción discursiva”, de producción y circulación de hablas y de deliberación sobre los asuntos comunes, el que Fraser destaca como distintivo. La mantención de este rasgo no sería menor: constituye para Fraser la premisa básica para el desarrollo de una teoría crítica y de la propia práctica democrática. Lo dicho no disminuye las limitaciones profundas de la categoría en cuestión: por de pronto, la impronta histórica (no universal), específicamente burguesa, del “ámbito público” resaltado por Habermas, así como su correlativa imposibilidad de salirse de sus propias casillas histórico-culturales. La no problematización de este lugar, como la aceptación sin más de variables masculinas naturalizadas o de un ámbito público único y no plural y en conflicto, son puntos fuertes para una crítica feminista. La percepción final es que siguiendo a Habermas en aquel texto de 1962 “nos quedamos sin una concepción del ámbito público lo suficientemente distinta de la concepción burguesa” y por tanto con insuficiencias no menores a la hora de buscar “cubrir las necesidades de la teoría crítica de hoy”.
La crítica al horizonte ilustrado-liberal no se detiene, sin embargo, aquí. De hecho, ya H. Arendt había vinculado la irrupción muy temprana en la modernidad del elemento de lo “social” (de lo privado, de los negocios, de la necesidad) con los efectos desastrosos que esto trae para el discurso (lexis) y la acción (praxis) políticas, actividades que en su versión griega se sustentan precisamente en su independencia de esos elementos (La condición humana, 1958). También R. Sennett advierte por su parte respecto de la arremetida de unos principios que apelan, desde el siglo XIX en adelante, a la “personalidad” o a la “intimidad” poniendo en entredicho el modelo del teatro social del siglo XVIII y los códigos públicos mismos (El declive del hombre público, 1977). Así como no hace mucho G. Lipovetsky ha decretado, en la línea marcada por Sennett, el fin del espacio agonístico y su reemplazo por otro que proyecta lo privado en lo público, psicologiza o privatiza lo social, al consentir el reino del “narciso” y la bancarrota de la subjetividad y de la ética disciplinaria modernas (La era del vacío, 1983).
¿Cabe quebrantar todavía más la vigencia de nuestro horizonte de referencia? ¿Cuestionar, por ejemplo, los cimientos mismos de esa “interacción discursiva” subrayada por Fraser? Para Kant dicha interacción se sustenta en la facultad que tienen los miembros de una comunidad de comportarse ya no como entes pasivos, autómatas u obedientes sino como miembros de “un ser común total”, como partes de la humanidad como tal, de la “sociedad cosmopolita de los hombres” precisa Kant. Recordemos que esta facultad se realiza gracias a la separación o distinción entre los ámbitos públicos y privado, pero cuya no interferencia en la discusión racional fue ya discutida por Habermas cuando analiza las transformaciones estructurales o los ensamblamientos que tienen lugar entre dichos ámbitos en los espacios “masivos” o post-ilustrados. Es claro que el intercambio de argumentos en torno a “asuntos comunes”, la existencia misma de un “bien común” sobre el cual ponerse de acuerdo, así como la facultad de sobrepasar el ámbito privado para hablar desde un “universal”, no se dan de suyo. Y esto porque la imposición o las tensiones propias de los intereses privados o de las leyes del mercado cuestionan no sólo la dialéctica entre lo público y lo privado, la separación entre el Estado y la sociedad, sino también el espesor o la diferencia de cada uno de los términos de la dialéctica, al darse un proceso simultáneo de desprivatización de lo privado y de privatización de lo público. Este marco deja en suspenso las condiciones de la enunciación misma, desmontando el pretendido juego entre ámbitos distintos.
La validez de la mencionada “interacción discursiva” queda igualmente problematizada cuando se remueve el soporte o la materialidad que la construía. Para Kant el acceso a la calidad de “entendido”, de maestro citábamos más atrás, se da en condiciones bastante precisas. Dicho acceso no es ciertamente independiente del acto que este maestro hace al expresar por “escrito” sus razones u objeciones ante el “juicio de sus lectores”. La exposición pública de ideas bien probadas se materializa básicamente a través de la escritura y supone obviamente la lectura y el juicio de un público. Se podría ampliar esto diciendo que es la escritura la que asegura la resonancia pública del discurso fundado y la significación también pública de quien la porta o la produce: el escritor. Es evidente entonces que cuando se insiste hoy en la crisis, o en el descentramiento más bien, que estaría experimentando el mundo de la “letra” o del “texto escrito” (Jesús Martín-Barbero), es toda esa cultura pública ilustrada y letrada que se articuló o legitimó teniendo a ésta como soporte la que tambalea, incluido el sujeto que se autorizaba en ella (cfr. Roger Chartier: “Espacio público y opinión pública”, en Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. España, Gedisa, 1995).
Igualmente desestabilizadora para dicha cultura (o para su “relato”) es la crisis o la pérdida de vigor que experimentaría la concurrencia de “razones”, la idoneidad y pugna argumentativa propiamente tal; factores que están en la base de una “opinión pública” no asimilable a los resultados de una “encuesta de opinión”. Recordemos que esta competencia argumentativa ya apareció bastante desplazada con el imperio de los “formatos” o de las “series” característicos de la “industria cultural” (Escuela de Frankfurt). Estos “productos” habrían favorecido más bien la expansión del “gusto”, de las “asociaciones libres”, y también el amor por “lo mismo” o por las “repeticiones”. Como ya insinuamos, la desestabilización ha venido también de la fortaleza creciente de unas lógicas “funcionalistas” o no propiamente discursivas, como las del dinero, por ejemplo, cuyo carácter estrictamente “instrumental” tienen ciertamente el poder de reventar las “interacciones discursivas”.
Aspectos centrales de la crisis de la cultura pública ilustrada que hemos escogido como punto de referencia aborda el texto De la ciudad letrada a la ciudad virtual del autor chileno Álvaro Cuadra. Dentro de un horizonte postmoderno (en la línea trazada por F. Jameson, entre otros), el texto se afinca en los nuevos ejes que ha venido planteando el lenguaje en su versión pragmática y formal (Austin, Searle, Wittgenstein), más allá de remanentes “ontológicos” e incluso normativos.
Cuadra nos plantea que lo que se ha venido modificando es todavía más radical o profundo que los desplazamientos o debilitamientos que sufren el texto escrito, el escritor o la discusión argumentativa pública. Serían los propios “patrones culturales” de la modernidad los que estarían amenazados por las tormentas, flujos y vértigos postmodernos. Más allá, sin embargo, de una constatación genérica y ya expresada por diversos autores, el presente texto, usando con libertad los recursos de la pragmática o de la “semiotic” de raíz anglosajona principalmente, se adentra en los “regímenes de significación” (S. Lash) que definen los nuevos escenarios virtuales y massmediáticos. Estos regímenes desmantelan el laboratorio mismo que producía aquellos argumentos y sentidos que alimentaban el modelo ilustrado-liberal clásico.
Según Cuadra, lo que se abandona en los nuevos contextos públicos es ni más ni menos que el orden de la letra o de la escritura con todos sus ceremoniales, clisés, temporalidades, relaciones de producción, recepción o circulación de sus objetos culturales. En su lugar se instala la virtualización, el consumo, el hedonismo y el narcisismo. El “nuevo diseño socio-cultural” se articula ya no a partir de “grandes relatos” ni de textos canónicos sino gracias a unas legitimidades que se hallan en los distintos “juegos de lenguaje” (Wittgenstein), flujos, combinaciones verbo-icónicas y estético-mercantiles que las nuevas mediaciones y el consumo realizan a diario. Ya no sería en el plano del discurso defendido públicamente, ni en determinadas “distancias” o solemnidades, sino en el de la pragmática y de los usos donde se articularían unas legitimidades que se reconocen como ethos o formas de vida.
La virtualización que se destaca trae consigo una importante e inquietante transformación en los procesos de “designación” (relación signo-realidad) y de “significación” (relación signo-imagen mental), que se subordinan a la “lógica significante”. Abolido el “referente” y el “significado” lo que queda son brillos, expresividad, ars combinatoria, pulsiones tecno-mediáticas y mercantiles, y no propiamente “sentidos” o “ideologías”. Estas transformaciones hacen algo más que debilitar los ingredientes propios del espacio ilustrado o liberal, más bien le quitan su piso : las ideas son reemplazadas por estímulos, las profundidades por superficies, las convicciones por seducciones, los narradores por narraciones.
Los procesos descritos convierten “el mundo en una sub specie semioticae”, transformando todo en “significante”: la crítica en slogan, el debate público en justa deportiva, el líder revolucionario en estereotipo, los sujetos en íconos. Estos procesos de virtualización, de “desemantización” y de “arreferencialidad” precisa Cuadra, modifican los modos de percibir y de construir la realidad, el “sensorium” (W. Benjamin) de las masas, las identidades de los individuos, las “reglas constitutivas” (Searle) del habla social. El análisis efectuado por Cuadra entra así y con perspicacia, en el corazón mismo donde laten o fluyen las subjetividades hoy.
Volviendo ahora a nuestro punto de inicio, cabe preguntar si aquella noción general de “espacio público”, tributaria de la constelación cultural ilustrada, permite todavía determinados rendimientos gnoseológicos, considerando los cambios profundos que se han venido dando tanto en las formas y lugares de la sociabilidad como en los modos de circulación de los signos culturales (R. Chartier). Una alternativa ciertamente problemática, paralizante más bien, sería la de fijar una suerte de locus idílico desde el cual naturalizar unos criterios normativos, reconstruir con ellos una determinada “distancia” frente a lo dado, para en seguida hacer recaer sobre las nuevas virtualizaciones massmediáticas (de acuerdo al diagnóstico de Cuadra) todo el peso de la crítica (¿y del desprecio?) ilustrado-letrado. Seguramente no sería ésta la primera vez que la nostalgia planee sobre recuerdos más imaginados que reales o que se busquen reconstituciones imposibles (en este caso, de los ideales u obsesiones del Iluminismo alemán). En un sentido distinto, queda abierta la invitación que nos hace Cuadra de intentar superar ciertos déficit teóricos ,explorando nuevas formas de comprensión de lo actual. Puestos en esta perspectiva, el esfuerzo por reexaminar el relato kantiano-habermasiano en aquellos textos de 1784 y 1962 adquiere relevancia no sólo porque éste constituye una de las sedimentaciones importantes de la tradición democrática y pública, sino también porque, como dice R. Castel, nuestro presente, por diverso que sea respecto del pasado, no es sólo lo contemporáneo, también lo constituyen sus ausencias.
Dr. Carlos Ossandón B.
PROFESOR E INVESTIGADOR. UNIVERSIDAD DE CHILE. UNIVERSIDAD ARCIS.

Introducción

América Latina está siendo atravesada, en este fin de milenio, por una serie de cambios globales que están modificando radicalmente los patrones culturales de nuestras sociedades. Durante el siglo XX, hemos conocido ya las conmociones políticas que dejaron su huella sangrienta entre nosotros; golpes de estado en el cono sur, guerras civiles en Centroamérica, revoluciones triunfantes o fallidas en el Caribe; sin embargo, más allá de tan traumáticas experiencias, nuestro continente ha sufrido el impacto de nuevos diseños socio- culturales, el neocapitalismo latinoamericano toma el rostro de la sociedad de consumo.
Los cambios culturales son tan vastos y profundos que el arsenal teórico que nos proporcionaban los científicos sociales de hace algunas décadas, resulta hoy insuficiente, acaso inútil. Este déficit teórico, nos obliga a mirar con nuevos ojos una serie de fenómenos que, antaño, se tenían por marginales. Así, hoy, ciertos objetos culturales adquieren inusitada relevancia, como nuevas claves identitarias: telenovelas, comics, videoclips y mundos virtuales, entre otros. Desde una perspectiva comunicacional, la mutación de la cultura puede ser entendida como un cambio en el régimen de significación , susceptible de ser analizado desde dos ángulos teóricos: primero, las profunda modificaciones en el contexto histórico social latinoamericano, esto es, la economía cultural, en este nivel de análisis se advierten las relaciones de producción de los objetos culturales, sus condiciones de recepción y las instituciones que regulan su relación producción-circulación-recepción. Segundo, e indisociable del primer aspecto, podemos analizar el salto en cuanto a los modos de significación, es decir el modo particular en que se conciben y usan los signos y la manera en que se establecen las relaciones al interior de éstos.
Sostenemos que la economía cultural en América Latina, más allá de sus singularidades, se inscribe cada vez más en las llamadas sociedades de consumo. Entendemos este tipo de sociedades en toda su radicalidad, como un nuevo diseño socio-cultural que supone una consumación (¿renovación?) de la mitología burguesa en el contexto de un hipercapitalismo libidinal, a este estadio inédito lo llamaremos la ciudad del consumo. Lo comunicacional en una sociedad de consumo inscrita en un mercado mundial se puede caracterizar como mediatización. El naciente mercado globalizado de ofertas discursivas, o como prefieren otros, esta sociedad de la comunicación, modifica los horizontes éticos, estéticos y políticos, creando una nueva subjetividad social que no se puede explicar ya como mera enajenación, sino más bien como un narcisismo de nuevo cuño.
Los procesos de mediatización entrañan, desde luego, nuevos modos de significación. Sostenemos que junto con el nuevo siglo, está culminando un proceso iniciado con el advenimiento de la industria cultural, a saber: un proceso de virtualización de la cultura. La virtualización fortalece la desemantización y arreferencialidad de los signos; poniendo en entredicho las convicciones ideológicas, y en el límite, la noción misma de realidad. De este modo, América Latina abandona el orden de la escritura, aquel orden colonial primero y republicano luego: la ciudad letrada; para devenir una ciudad virtual.
Los nuevos escenarios, por cierto, no resuelven las injusticias ni la miseria inherentes a nuestros modelos socio-culturales; no obstante, sí nos obligan a poner dichos problemas en una perspectiva distinta y, consecuentemente, a buscar caminos inéditos para superarlos.
Las páginas que componen este libro han sido reunidas tras tres años de discusión e investigación, tanto en las cátedras del Programa de Doctorado en Estudios de Sociedades Latinoamericanas (IHEAL/ CEPAL/ Université Paris III) de la Universidad ARCIS, dirigido por don Jacques Chonchol, como en el Programa de comunicación y cultura del Centro de Investigaciónes Sociales (CIS) de esta universidad. Hemos ordenado los artículos en dos grandes dominios; en primer lugar la Ciudad del consumo, que quiere dar cuenta de las nuevas modalidades que adquiere el tardocapitalismo entre nosotros y sus alcances en la mutación antropológica en curso, de lo ético a lo estético, pasando por un nuevo perfil psico-social asociado a la industria mediática. En segundo lugar, proponemos la Ciudad virtual, titulo bajo el que hemos agrupado una serie de escritos que van delimitando el concepto de procesos de virtualización en diversos ámbitos que van desde las nuevas tecnologías al protagonismo de la televisión en la cultura contemporánea.
Algunos de estos escritos han sido ya publicados en libros y revistas en Chile y en otras latitudes; sin embargo, esta es la primera vez que son puestos en relación en un texto como partes de una idea más amplia.
No podría terminar estas líneas introductorias sin agradecer a todos mis colegas del C.I.S. sin cuyo aporte, muchas de estas reflexiones hubiesen quedado truncas. Menciono a los profesores investigadores, señores Eduardo Santa Cruz, Carlos Ossa, Juan Pablo Arancibia, Jorge Ramos , Karin Rudolph y, muy especialmente, a don Carlos Ossandón por compartir generosamente conmigo su gran talento intelectual.
Álvaro Cuadra
Santiago, 2003
Primera parte:
La ciudad del consumo

1. La ciudad sin rostro

El consumismo: consumación
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   21

similar:

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconPropiedad de algunas sustancias materiales que les permite arder. (6 silabas)

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconEntregamos los pedidos todos los miércoles y domingos a las 2pm en...

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconPrograma por materia para el estudiante primer período de trabajo...

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconElección de delegado: actas y actividades para la elección de delegados. Doc. Adjunto

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconLes activités quotidiennes, l’heure, les loisirs, l’emploi du temps scolaire et à la maison

Les adjunto un primer envio de materiales para que icon“ Instalación de sistemas de envío y recibo para corridas de émbolos...

Les adjunto un primer envio de materiales para que icon“ Instalación de sistemas de envío y recibo para corridas de émbolos...

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconResumen Presentamos aquí el patrón para la preparación de artículos...

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconResumen -presentamos aquí el patrón para la preparación de artículos...

Les adjunto un primer envio de materiales para que iconXpo se convertirá en el segundo mayor proveedor de servicios de grupaje...


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com