Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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El libro del Levítico.


En el Antiguo Testamento, sólo el libro del Levítico hace alusión directa al comportamiento homosexual considerado en sí mismo.

Lv 18, 22: No te acostarás con varón como con mujer: es abominación.

Lv 20, 13: Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos.


El significado de “abominación” ( h'be[w{T) toevah )


Lo que aquí se traduce como “ABOMINACIÓN” es la palabra Hebrea “TOEVAH” , que

normalmente no expresa algo que sea malo de por sí (como sería por ejemplo el robar), sino algo que es impuro desde el punto de vista ritual (tal como ingerir carne de cerdo o tener relaciones sexuales con la esposa cuando está en su período).
Un fervoroso predicador Evangélico describía vívidamente la “abominación” (TOEVAH) como algo que le produce a Dios deseos de vomitar. Sin embargo, si nos atenemos al uso de la palabra en el Código de Santidad del libro del Levítico, podemos ver que abominable simplemente significa impuro. “Habéis de hacer separación entre animales puros e impuros, y entre aves impuras y puras, para que no os hagáis abominables, ni con animales, ni con aves, ni con lo que se arrastra por el suelo, porque os he separado todo eso como impuro” (Lv 20, 25). Ciertas prácticas que incluían alguna mezcla de clases eran consideradas impuras. También ciertos hechos de la vida cotidiana eran impuros: la menstruación, la eyaculación, ir a un entierro, dar a luz. Algunos estudiosos de la Biblia sugieren que se trataba de principios de higiene, pero nos podríamos preguntar ¿qué hay de antihigiénico en mezclar algodón y lino? (Lv 19, 19). Las personas con psoriasis eran declaradas impuras, pero si la enfermedad se extendía y cubría todo el cuerpo ya no lo eran: “Puesto que está toda blanca, es pura” (Lv 13, 13). Parece que la plenitud o la consistencia en una persona, era la clave para comprender la noción de pureza en Israel. Es decir, ésta no tenía nada que ver con nuestro concepto moderno de moral o ética.
La separación del pueblo de Yahvé.
Generalmente, aquellas costumbres que se asemejaban a las de los pueblos Cananeos, se denominaban “abominaciones de los Gentiles” (TOEVAH HA-GOYIM). Así, 2 R 16, 3: “Anduvo por el camino de los reyes de Israel e incluso hizo pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las naciones que Yahvé había arrojado ante los Israelitas”. Todo el capítulo 18 del libro del Levítico tiene por objetivo marcar la diferencia entre el pueblo Israelita y los pueblos circundantes. Esto queda bien claro desde el versículo 3: “No hagáis como se hace en la tierra de Egipto, donde habéis habitado, ni hagáis como se hace en la tierra de Canaán a donde os llevo; no debéis seguir sus costumbres”.
En el Código Levítico se prohibían muchas cosas272, así Lv 21, 17-21 dice: “Ninguno de sus descendientes que tenga un defecto corporal podrá ofrecer la comida a su Dios: sea ciego, cojo, con miembros atrofiados o hipertrofiados, con una pierna o un brazo fracturados, jorobado, enclenque, con cataratas, con sarna o tiña, con testículos lesionados. Nadie con alguno de estos defectos puede ofrecer la comida a su Dios. Ninguno de los descendientes del sacerdote Aarón que tenga un defecto corporal se acercará a ofrecer la oblación del Señor”. Furnish dice que el Código de Santidad refleja una preocupación por la pureza. “Ser puro” significaba ser una especie inmaculada de cierta clase, no estar mezclado con ninguna otra clase. Señala que cuando dos hombres realizan el acto sexual, uno de ellos tiene que “acostarse como lo hacen las mujeres”, por tanto su masculinidad queda comprometida, ya no es un espécimen inmaculado de su clase.273 H.W. Wolff274, afirma al respecto que lo que se considera abominable es el desconocimiento práctico y la no aceptación de la diferenciación sexual. Lo mismo se dice respecto al fenómeno del travestismo, en el cual no se acepta el propio sexo.
Helminiak275 hace notar que , según el Levítico, participar en el acto homosexual era ser como los Gentiles, traicionar la religión Judía. Se trataba de un crimen de idolatría, no de una ofensa sexual. Por ello merecía la pena de muerte. La religión Cananea incluía ritos de fertilidad para bendecir el ciclo de las estaciones, la producción de cosechas, el nacimiento del ganado. Supuestamente durante estos ritos todos podrían tener relaciones sexuales con cualquiera.
Idolatría y homosexualidad.
El versículo 21 del Capítulo 18 del Levítico, que es inmediatamente anterior a la condena de la homosexualidad, menciona precisamente una costumbre idolátrica: “No darás ningún hijo tuyo para hacerlo pasar ante Molok. No profanarás así el nombre de tu Dios. Yo, Yahvé”. El Capítulo 20 del libro del Levítico también se ocupa principalmente de las leyes en contra de la idolatría y las costumbres relacionadas con ella en los países vecinos de Israel. Es cierto que hay algunos pecados276 en este capítulo que van más allá de la simple impureza ritual y que también se prohiben en Ex 20 y Dt 10, pero en el contexto de Lv 20 se considera principalmente su carácter de impedimento ceremonial.
Hay que observar que Dt 27, que describe las maldiciones de Yahvé sobre aquellos que violan sus leyes, en una lista muy semejante a las de Lv 18 y 22, no menciona por ninguna parte la homosexualidad. Quizás en la época en la cual se escribió el Deuteronomio (antes del exilio en Babilonia), todavía no existía la preocupación tan fuerte por la prostitución idolátrica, como la que se puede percibir en el libro del Levítico (redactado después del destierro). Aunque el fenómeno sí se conocía tanto en el Reino del Norte como en el del Sur (Dt 23, 19; 2 R 23, 7), tal vez las prácticas de la religión Babilónica se hicieron más peligrosas para los desterrados, que tenían que convivir continuamente en medio de ellas. Recordemos aquí lo que mencionamos al referirnos anteriormente a la homosexualidad en la religión Babilónica. Hay que hacer notar que Dt 23, 18 condena la prostitución sagrada masculina tanto como la femenina. Es decir, que el énfasis del Levítico puede referirse más bien a la idolatría asociada con la práctica homosexual que a la práctica en sí misma.277 Tanto Dt 22, 5, como Dt 23, 18-19, son textos del núcleo más antiguo del Deuteronomio, que condenan las prácticas homosexuales y el travestismo, relacionándolos con la prostitución sagrada de los ritos Cananeos de fertilidad.278

Abominación y fluidos vitales
Las reglas que se referían al semen y a la sangre -fluidos cruciales en el desarrollo de la vida humana- eran parte importante de la ley ceremonial.279 Por ejemplo, Lv 15 da a entender que el evitar la impureza ritual era la razón por la cual se prohibían las relaciones sexuales durante la menstruación. También la emisión de semen hacía ceremonialmente impuro al hombre, incluso en el caso de las poluciones nocturnas involuntarias (Dt 23, 10). Por tanto, podría decirse que se presentaba una “impureza doble” cuando dos hombres participaban juntos en el acto sexual. El Rabino Martin Samuel Cohen, catedrático Judío en Nueva York, sugiere que la traducción literal del Hebreo en Lv 18, 22: “No te acostarás con hombre como con mujer”; parece indicar que es específicamente la relación anal homosexual la que se prohibe aquí, en razón de que era considerada un mal uso del semen según los patrones de pureza ceremonial. Además, aclara que la palabra “Hijos” en Lv 18, 21, debería más bien traducirse como “semen”. “Quizás tenemos aquí una referencia a algún oscuro ritual pagano, en el cual el semen era ofrecido al dios”. Cohen concluye: “cualquier intento de describir la prohibición Bíblica de actos homosexuales como un ejemplo del rechazo contra los hombres de orientación homosexual o como una condenación del amor entre hombres, es basado, pienso yo, en una comprensión defectuosa de la naturaleza del estilo, matices y contexto bíblico”.280
Cabe destacar que las relaciones homosexuales entre mujeres no se mencionan en el Código de Santidad, aunque sí se mencionan las mujeres cuando se habla del adulterio, el incesto, la bestialidad y, obviamente, las relaciones durante la menstruación. El Talmud se pronuncia sobre las relaciones sexuales entre mujeres sólo en el caso en el cual resulte la pérdida de la virginidad. Además, conceptúa que las mujeres que habían sostenido relaciones íntimas con otras tampoco podrían ser esposas de los sacerdotes; entrando a compartir este impedimento con las viudas, divorciadas, solteras que no eran vírgenes, prosélitas, esclavas emancipadas, etc. (Lv 21, 7.13.14).
Parte de la preocupación del Levítico también se centraba en la pérdida de la “semilla de la vida”, más bien que en la actividad sexual entre dos hombres. Se creía que la vida humana procedía sólo del hombre, y que el papel de la mujer consistía sólo en brindar el lugar para nutrir esa vida. Confirmando esta teoría, Gottwald281 opina que la condena de la homosexualidad no se debe tanto a la prostitución sagrada, que no estaba tan extendida en Israel, sino más bien al desperdicio de la “semilla masculina”, la cual se pensaba antiguamente que era limitada en su cantidad y potencia. Por tanto, ser homosexual equivalía a ser negligente para engendrar las grandes familias que eran la norma cultural en las sociedades agrícolas como la Israelita.
La diferencia entre “Toevah” y “Zimah” (“anomía” y “bdeligma”)
Para referirse a la prostitución sagrada, que era idolátrica, el Antiguo Testamento utiliza la palabra TOEVAH (1 R 14, 24). En cambio, la prostitución en general se califica de ZIMAH (Lv 19, 29). TOEVAH también se aplica concretamente a los ídolos.282 TOEVAH podría traducirse como Tabú: lo que es prohibido cultual o ritualmente. ZIMAH, en cambio, es aquello que es malo en sí mismo, es decir, una injusticia, un auténtico pecado.
La diferencia entre los actos intrínsecamente malos y las fallas rituales aparece de una manera más evidente en la traducción Griega de los LXX. Las acciones que se califican en el original Hebreo como TOEVAH, cuando se trata de violaciones de la justicia o quebrantamientos de la Ley se traducen como anomía , en cambio si se trata de impurezas rituales se utiliza la palabra bdeligma. Por ejemplo constituía anomía el hecho de sacrificar un hijo a los ídolos o acostarse con la mujer de otro. Estos actos no implicaban una impureza ritual, sino algo esencialmente malo, una injusticia. Por otra parte, las relaciones homosexuales se clasificaron como bdeligma.
En la versión de los LXX se ve claramente que la conducta homosexual no es considerada como algo esencialmente malo, sino como una impureza ceremonial. Cabe añadir que San Pablo también distingue claramente entre anomía y bdeligma (Rm 2, 12; 2, 22). Es más, tanto Jesús como Pablo afirman que lo que realmente constituía abominación (bdeligma) no era lo de fuera, lo externo, sino la intencionalidad de la persona, lo interno (Lc 16, 15; Tt 1, 15-16). Eusebio de Cesarea y otros teólogos Cristianos Griegos también clasifican la homosexualidad como impureza ritual.283
En conclusión, el Levítico no hace una afirmación ética acerca de los actos homosexuales en cuanto tales. Este no era el interés del Antiguo testamento.

Los preceptos Levíticos ante la tradición Cristiana

La comunidad Cristiana primitiva en el ambiente Romano, nunca consideró muy importantes las prohibiciones del Levítico, porque éstas estaban muy íntimamente ligadas a las costumbres Judías, que a los ciudadanos de Roma les resultaban extrañas y sórdidas, tales como la circuncisión. Por tanto, la condenación de la homosexualidad les parecía tan trivial como la prohibición de comer carne de cerdo (Lv 11, 7), combinar materiales en una tela (Lv 19, 19) o cortarse la barba (Lv 19, 27), que también formaban parte del Código de Santidad.
Muchas disposiciones de la Ley Antigua, de hecho, resultaron imposibles de cumplir para los cristianos Gentiles. Es por ello que el Concilio de Jerusalén se reunió para estudiar el asunto y llegó a la conclusión de que la circuncisión y demás costumbres Judías no se aplicaban en la Nueva Ley: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que estas indispensables: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Hacéis bien en guardaros de estas cosas. Adiós”. (Hch 15, 29). La palabra que aquí se traduce como impureza, en el original Griego es porneia, que más exactamente debería traducirse como “fornicación”. Los primeros Cristianos distinguían muy claramente lo que era porneia de lo que era bdeligma.
Puede añadirse que, de las cuatro prescripciones mencionadas en Hch 15, 29, muy pronto las tres primeras dejaron de tener importancia para la comunidad Cristiana, en la medida que se fue separando cada vez más de la Ley Mosaica y adquirió su propia identidad. El rechazo de la Ley Antigua llegó a ser tan absoluto, que Pablo incluso afirmó: “Para ser libres nos libertó Cristo. Mantenéos pues firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud. Soy yo, Pablo, quien os lo dice: si os dejáis circuncidar, Cristo no os aprovechará de nada” (Ga 5, 1-2). Esta es una corrección del Antiguo Testamento tan tajante como la que hace Jesús al descalificar la norma de Lv 24, 20 (“Fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; tendrá que sufrir en carne propia el mismo daño que haya causado”), cuando afirma: “Ustedes han oído que se dijo: ‘ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo les digo: no resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra” (Mt 5, 38s).
En la época Patrística muy pocos escritores acudieron al Levítico para condenar la homosexualidad (con la excepción de Clemente de Alejandría y las Constituciones Apostólicas), por la inconsistencia que sería el tratar de conservar la vigencia de unos pocos preceptos del Código de Pureza, cuando se rechazaban casi todos los demás. De la misma manera que el Nuevo testamento, también la Patrística Griega casi siempre hizo una nítida diferencia entre la porneia y la homosexualidad, como puede verse en las Constituciones Apostólicas.284 Igualmente, entre los Padres Latinos la “Fornicatio” se refería a la lujuria heterosexual, mientras que la “Sodomía” o “peccatum contra naturam”, podía ser una forma del “Adulterium” o una “abominatio”. Entre los autores Escolásticos, también mantuvieron esta distinción Alberto Magno285 y Tomás de Aquino, quien separó “Fornicatio” de “Vitia contra naturam”.286
El contexto histórico del Levítico.
Para entender bien el Código de Santidad, hay que preguntarse287 bajo qué condiciones fue escrito el libro del Levítico y cómo se compiló. ¿Qué clase de documento, o en qué clase de situación social se requieren las prescripciones, condiciones y castigos citados en ese libro? ¿Por qué se escribió de tal modo? Debemos recordar que el Levítico tomó su forma a partir de dos sucesos: 1º) La caída de Jerusalén y el exilio de sus élites a Babilonia. 2º) 49 años más tarde, el decreto de Ciro, emperador de Persia, sobre el regreso de los exiliados a su país.288 Teniendo en cuenta esto, podemos decir que el Levítico es un documento que describe, interpreta y re-elabora el antiguo viaje de Israel hacia el Sinaí, de acuerdo con las necesidades del presente post-monárquico.
Al regresar a Jerusalén, lo único que podían hacer los exiliados en Babilonia, si querían recuperar algo de su anterior posición y riqueza, era tratar de establecer una élite religiosa gobernante. La desesperación por tomar el control e institucionalizarlo se hace evidente en el exagerado detalle de las regulaciones, la severidad de los castigos, y el lenguaje amedrentador que los enmarca. En ninguna otra parte del Antiguo Testamento se encuentran tantas leyes que regulan la actividad sexual, ni tantas sentencias de muerte para quienes las quebranten.289

Relevancia del Levítico en la actualidad.
Hoy en día, ni los Judíos más ortodoxos se adhieren al código Levítico en todas sus regulaciones. Generalmente, los Cristianos encuentran relevantes sólo algunos pasajes. En su libro “The Act of Marriage”, Tim La Haye (un famoso moralista Evangélico) explica que las advertencias del Levítico que prohiben a un hombre tener relaciones con su esposa durante la menstruación, ya no se aplican para los Cristianos actuales. Sugiere que los cambios en la higiene y los avances científicos actuales han hecho obsoleto el Código. También la moral tradicional Católica290 sostiene que estas relaciones no tienen ningún inconveniente, es más, hasta pueden ser recomendables dentro del método anticonceptivo del ritmo, cuando se busca evitar la procreación. Lo irónico es que La Haye se apoya fuertemente en los textos del Levítico para condenar la homosexualidad. Respecto a la sentencia de muerte comenta: “Esto podría parecer un tratamiento cruel e inhumano según nuestros patrones actuales, pero nuestra tolerancia ha causado la proliferación de los problemas de hoy en día”.291 Por otro lado, si vamos a hablar de otras prohibiciones del Levítico, en la actualidad la mayoría de la gente, sin preocuparse por estar violando leyes Divinas, come carne de cerdo (Lv 11, 7-8) y mariscos, lleva vestidos de dos clases de fibra (Lv 19, 19), y plantan dos semillas diferentes en el mismo campo, aunque todo esto esté condenado por el Código de Santidad.

Haciendo una comparación con nuestras costumbres católicas, anteriormente se prohibía comer carne los viernes, no porque fuera malo en sí comer carne, sino porque la abstinencia era un signo de penitencia. Si se quebrantaba ésta, se cometía una falta contra la responsabilidad religiosa. Otro ejemplo: algunos ritos satánicos hoy en día incluyen actos sexuales. Los Cristianos actuales condenarían tales actos, aunque se realizaran entre esposos, no por los actos en sí mismos, sino porque involucran la adoración al demonio. De la misma manera, el Levítico consideraba ciertos objetos, actos o costumbres (como la homosexualidad) bajo la categoría de “abominación”, porque suprimían la diferencia entre Israel y los pueblos Paganos o porque se relacionaban con el culto idolátrico de estos pueblos.
En conclusión, se puede decir que Israel vio su sistema de pureza como un don que afirmaba su separación de otros pueblos y su relación única con Dios. Dentro de este complejo sistema se menciona dos veces la prohibición de los actos homosexuales que imitan el coito heterosexual. Ningún otro pasaje Bíblico se refiere a estos dos versículos, ni hay ninguna historia que muestre su aplicación en una situación concreta. Lo único que puede decirse es que en la historia tardía de Israel (aunque quizás haya existido anteriormente) aparece una sola ley que prohibía ciertos actos sexuales entre hombres.292 Habría que destacar que entre el gran número de leyes de toda clase en los cuatro libros del Pentateuco después del Génesis, es muy sugestivo que sólo haya dos frases dedicadas a la homosexualidad. Comparado con otros temas, como la justicia, los pobres, el adulterio, etc.; el tema gay parece insignificante. El asunto pasa casi desapercibido, en contraste con la gravedad que se le atribuye posteriormente, de pecado monstruoso.293


      1. Los Textos del Nuevo Testamento.


Una vez que hemos visto los apartes de la Escritura Hebrea que se refieren al tema de la homosexualidad, pasamos ahora a considerar los textos neotestamentarios que de alguna manera tienen que ver con dicho tema. En primer lugar debemos advertir que Jesús nunca lo mencionó directamente, pero en las cartas de San Pablo sí aparece varias veces. Trataremos de comprender qué quiso decir el Apóstol cuando se refirió directa o indirectamente a algunos actos homosexuales. Veremos que 1 Co y 1 Tm han presentado algunos problemas de traducción, dado el carácter tan específico del tipo de relaciones homosexuales que condenan. Con respecto a otros escritos Cristianos primitivos, ya anteriormente, al hablar del relato de Sodoma, nos referimos a la carta de Santiago y la Primera carta de Pedro.
En general, podemos coincidir con las afirmaciones del Doctor L. William Countryman294, quien afirma que la ética sexual del Nuevo Testamento está formulada como un sistema de pureza y propiedad. Es decir, las normas acerca de la sexualidad se conciben en términos de guardar unas ciertas leyes de pureza, provenientes del A. T., y salvaguardar la propiedad de la mujer como uno de los bienes del varón. A lo largo de la sección siguiente veremos cómo los Cristianos reinterpretaron las leyes de pureza del A. T. poniendo otras consideraciones por encima de la pureza. De la misma manera, la sumisión de la mujer al hombre adquiere una nueva dimensión a la luz del evangelio. Aparte de lo anterior, los escritores del N. T. no pretendieron establecer una ética sexual sistemática desde sus fundamentos, sino que simplemente tomaron lo que encontraron en su ambiente y le dieron un nuevo enfoque. Desplazaron el énfasis de unos aspectos hacia otros, cambiaron las relaciones de poder entre los diferentes miembros de la sociedad y relativizaron la importancia de la familia patriarcal, subordinándola a las exigencias del evangelio.


      1. Romanos 1, 26-28.295


El Capítulo 1 de la Carta a los Romanos es el único texto del Nuevo Testamento que se refiere específicamente a la homosexualidad. Partiendo de él, muchos piensan que el amor entre dos personas del mismo sexo es “antinatural”. También algunos han pretendido deducir de este pasaje que el Sida, y muchas otras enfermedades venéreas, son un castigo de Dios por los actos homosexuales. Además, este texto es el único sitio de la Escritura en el cual se menciona la homosexualidad femenina. Por ello, vale la pena estudiarlo a fondo con el fin de conocer la intencionalidad del Apóstol al escribirlo.
El Significado de “contra naturam” (para fisin)
En primer lugar es preciso analizar la expresión “Contra Naturam” (para fisin), que fue utilizada durante siglos para referirse a las relaciones homosexuales. Ya en el Capítulo I habíamos encontrado este término, utilizado primero por Platón en su Diálogo sobre “Las Leyes”, y allí veíamos que “cuando un antiguo dice que una cosa no es natural, no afirma que es monstruosa, sino que no es conforme a las normas sociales, o que está alterada, es artificial”. ¿San Pablo utilizó esta misma concepción? O ¿más bien, querría el Apóstol expresar una violación de las leyes inmutables de la naturaleza, establecidas por Dios desde el principio?
Miremos más de cerca el texto en cuestión:

Rm 1, 26: “Por eso Dios los entregó a pasiones “infames”; pues sus mujeres invirtieron las relaciones “naturales” (fisikén) por otras “contra la naturaleza” (para fisin).
Si consideramos otros textos Paulinos en los cuales se utilizan las expresiones “fisiken” y “para fisin” podemos ver que cuando Pablo habla de naturaleza, no está utilizando este término en el mismo sentido abstracto que le asignamos nosotros al hablar de “Leyes de la Naturaleza”. Así por ejemplo, en Ga 2, 15, el Apóstol menciona a los que son “Judíos por naturaleza” (Judíos de nacimiento, fisei Ioudaioi) y en Rm 2, 27 se refiere a los que son “incircuncisos por naturaleza” (la Biblia de Jerusalén traduce: “físicamente incircuncisos”). De aquí se puede ver lo difícil que es traducir fisikén , pues lo que en una parte se traduce como “de nacimiento”, en otra se vierte como “físicamente”, y en ninguna de las dos se habla de algo que pertenezca a la esencia inmutable de la naturaleza humana.
Por otra parte, Pablo afirma en Rm 2, 14: “En efecto, cuando los Gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley”. Aquí, “naturalmente” significa que estos paganos actúan de modo consistente con la clase de personas que son. En cambio, dice en Ga 4, 8: “Pero en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses”. En este caso el Apóstol se refiere a los espíritus que supuestamente gobiernan el universo y que “en realidad” ( “por naturaleza”, fisei) no son dioses. Sin embargo, el caso más evidente se presenta en 1 Co 11, 14 : “¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el hombre la cabellera larga?
Como podemos ver, en todos estos casos Pablo utiliza el término “naturaleza” para referirse a lo que es peculiar de determinada situación. No se esperaría que alguien educado como Judío, fuera ignorante de la Ley Judía (Ga 2, 15), ni que un pagano actuara como Judío: ésta no es su “naturaleza” (Rm 2, 14). Igualmente, según la costumbre normal en tiempos de Pablo, no se espera que los hombres lleven el pelo largo, eso no es lo que la naturaleza enseña (1 Co 11, 14). Es obvio que Pablo se refiere a las costumbres y que la “naturaleza”, tal como la entendemos hoy, no tiene nada que ver con la longitud del pelo de un hombre.
Para el Apóstol, algo es “natural” cuando corresponde a su propia clase. “Natural” no es algo que está “de acuerdo con leyes universales”, sino algo característico, ordinario, regular. Cuando la gente actuaba como se esperaba de ella, mostrando una cierta consistencia, estaba actuando “naturalmente”. Algo sorpresivo, inusual, más allá de la rutina, era “antinatural”. “Para” podría traducirse como “contrario”, en tal caso, “para fisin” se traduciría “contrario a la naturaleza”. Pero debemos recordar que “Para” también significa: “además de”, “más que”, “más allá”, “al lado de”. Así por ejemplo, paramédico es alguien que ayuda a los médicos. Por tanto, teniendo en cuenta el uso que Pablo hace del término fisin, podemos sugerir que él no afirma que los actos homosexuales son contra el orden divino de la creación o contra la naturaleza universal de las cosas, sino más bien “fuera de lo ordinario”, diferente de lo que se esperaría en general.
Una prueba más contundente de la afirmación anterior la encontramos en el texto de Rm 11, 24: “Porque si tú fuiste cortado del olivo silvestre que eras por naturaleza, para ser injertado contra tu natural (para fisin) en un olivo cultivado, ¡Con cuánta más razón ellos, según su naturaleza, serán injertados en su propio olivo!". Aquí Pablo describe cómo Dios injertó a los Gentiles en el olivo de los Judíos. Ahora Gentiles y Judíos son uno en Cristo. Pero el injertar un olivo silvestre en uno cultivado no es algo ordinario, es algo inusual. Sin embargo esto es lo que Dios hizo en Cristo. En palabras de Pablo, Dios actuó para fisin (contra naturam). Luego, actuar para fisin no es hacer algo inmoral, sino algo inusual.
Algunos exégetas han afirmado que Pablo usa “contra naturam” en el mismo sentido que los estoicos, quienes, siguiendo también en parte el pensamiento Platónico, afirmaban que todo sexo no procreativo iba en contra del orden natural. Pero, si bien es cierto que el Apóstol pudo recibir alguna influencia del Estoicismo Griego, él nunca dejó de pensar en categorías Judías, aunque esperaba el pronto retorno de Cristo y el fin del mundo, y por tanto no le preocupaba la procreación(1 Co 7, 29ss), a diferencia de sus hermanos de raza.
Pasiones infames (pathé atimías)
Ya anteriormente transcribimos Rm 1, 26, en donde se mencionan las “pasiones infames”. El

versículo 27 dice:

“Igualmente los hombres , abandonando el uso natural (fisiken) de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia (ajschmosuvnhn) de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de sus extravíos”.
Las pasiones degradantes (pathé atimías), se refieren en Griego a algo “no valorado altamente”, “no tenido como honorable”, “no respetado”, “de mala reputación”, o “socialmente inaceptable”. Es éste el sentido en el cual Pablo usa generalmente esa palabra. Así, por ejemplo en 2 Co 6, 8: “en gloria e ignominia (atimía), en calumnias y en buena fama; tenidos por impostores, siendo veraces”. También en 2 Co 11, 21: “¡Qué vergüenza (ajtimiva), verdad, ser yo tan débil! Pues en lo que otro se atreva, y hablo disparatando, me atrevo yo también”. En estos pasajes, Pablo se aplica la palabra ajtimiva a sí mismo, diciendo que algunas veces se le tiene como de mala reputación o como alguien vergonzoso, debido a su entrega a la predicación del Evangelio de Cristo. De aquí podemos ver claramente que estar en ajtimiva no es necesariamente algo moralmente malo.
En 1 Co 11, 14, que ya estudiamos antes, Pablo utiliza atimía para sugerir que es una afrenta para un hombre llevar el pelo largo, y aunque afirma que esto es lo que la “naturaleza” enseña, evidentemente no se trata aquí de un juicio moral. Lo mismo podemos deducir de Rm 9, 21: “O ¿es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos nobles y otras para usos despreciables?”. Aquí atimía se aplica a los “vasos de noche” o bacinillas, que son algo que la gente no considera muy agradable, pero de ningún modo “moralmente reprochables”. Como podemos ver, en ninguno de los casos anteriores atimía expresa un juicio ético. Por tanto, cuando Pablo habla de “pasiones infames”, al calificar a los actos homosexuales, no está expresando un juicio de valor ético, sino afirmando que tales pasiones no tienen aprobación social.
En este mismo sentido puede interpretarse la palabra ajschmosuvnh, que se traduce como infamia en el versículo 27. Esta palabra quiere decir literalmente: “no de acuerdo con la forma”, “que no sigue el esquema”, y se refiere a algo que es indecoroso o inapropiado. Veamos algunos ejemplos: 1 Co 7, 36: “Supongamos que uno con mucha vitalidad piensa que se está propasando (ajschmonein) con su compañera que no pensaba casarse, y que la cosa no tiene remedio; que haga lo que desea, no hay pecado en eso, cásense”. Aquí, Pablo se refiere a algo que no es correcto socialmente, el hecho de aprovecharse de una mujer sin tener intenciones serias con ella. En 1 Co 12, 23 aparece una referencia a las “partes indecorosas del cuerpo”: “Y a los que nos parecen los más viles del cuerpo, los rodeamos de mayor honor. Así a nuestras partes deshonestas (ajschvmona) las vestimos con mayor honestidad”. En este versículo se percibe claramente que ajschvmona no tiene ningún acento moral, pues incluso algunas veces nos referimos a los genitales como “partes nobles”. Podemos concluir que al utilizar el término ajschmovsunhn, para referirse a los actos homosexuales, el Apóstol quiere decir que no son bien mirados, son algo no decoroso o agradable.
La Carta a los Romanos y el Levítico.
Pablo afirma que las relaciones homosexuales son inaceptables socialmente. Aquí se puede percibir el mismo sentido que la palabra TOEVAH en el Levítico. Como vimos anteriormente, la abominación era algo que para la sociedad Judía era tabú, es decir, una impureza ritual, un impedimento ceremonial. Así como en Lv 18, 22 y 20, 13 podemos decir que no se estaba procediendo a una descalificación moral, lo mismo se podría afirmar respecto a Rm 1, 26-28. En el Capítulo primero de su Carta a los Romanos, Pablo ciertamente utiliza algunas palabras que indican comportamientos verdaderamente malos en el sentido moral, pero no las aplica a la homosexualidad. Tal es el caso de las palabras ajsevbeia kai ajdikiva en Rm 1, 18: “En efecto, la cólera de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad (ajsevbeian) e injusticia (ajdikivan) de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia.
Las palabras ajsevbeiva y ajdikiva denotan algo que es realmente malo, pecaminoso, un comportamiento no ético. Jdikiva aparece también en Rm 1, 29: “llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos”. En este versículo y en los siguientes hay una larga lista de actitudes que son claramente malas por sí mismas, son perversas, y no son algo que pudiera simplemente ofender la sensibilidad de la gente, como en el caso de las “pasiones infames”.
Así como el Levítico llama impuros a los actos homosexuales, Pablo considera a éstos como socialmente inaceptables. Vale la pena aclarar que, según la mentalidad Judía, todo lo que era impuro ceremonialmente, también era rechazado socialmente. Es decir, estas dos categorías estaban unidas inseparablemente. Esto se muestra claramente en Rm 1, 24: “Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza (ajkaqarsiva) tal que deshonraron entre sí sus cuerpos”.
En este versículo podemos percibir que, teniendo en su mente la Ley Judía, Pablo considera la homosexualidad como una impureza, algo sucio.
Las dos consecuencias de la idolatría.
En su carta a los Romanos, el Apóstol comienza afirmando que los Gentiles son idólatras y que conociendo a Dios no quisieron adorarlo. En esta afirmación, Pablo coincide con el pensamiento expresado por el libro de la Sabiduría (12, 23-27) y por el profeta Ezequiel (7, 20). La idolatría conduce a los paganos a dos situaciones: la impureza y el pecado. Como mencionamos en el apartado anterior, Pablo emplea dos clases de expresiones diferentes para referirse a las acciones de los Gentiles. Su comportamiento sexual lo clasifica como “degradante” e “indecoroso”; en cambio, sus otras obras las pone bajo la categoría de “Impiedad” e “Injusticia”. Esta distinción terminológica señala el contraste entre lo que es socialmente reprobable y lo que es éticamente malo.
La estructura del discurso de Rm 1 subraya este contraste. El Apóstol repite dos veces la frase: “Dios los entregó”, lo cual muestra que está dividiendo su argumento en dos secciones diferentes. En el versículo 24 introduce el primer efecto de la idolatría: la impureza. Pero, como suele suceder en las cartas Paulinas, el autor se desvía de su idea para expresar una alabanza al Creador en el versículo 25: “En lugar de la verdad de Dios, han buscado la mentira, y han honrado y adorado las cosas creadas por Dios y no a Dios mismo, que las creó y que merece alabanza por siempre. Amén”.
En el versículo 26, Pablo recupera de nuevo el hilo de su discurso, para lo cual repite su frase clave: “Dios los entregó”. En este versículo procede a concretar aún más el carácter de la impureza sexual refiriéndose a las relaciones entre las mujeres.
Por otra parte, en el versículo 28, el Apóstol se refiere a la segunda consecuencia de la idolatría: ”Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, Dios los entregó a su mente insensata para que hicieran lo que no conviene”.
Pablo nuevamente insiste en su argumento principal: el desconocimiento de Dios ha producido este maligno efecto en los Gentiles. La conjunción “y” (kai) al comienzo del versículo 28 está introduciendo una nueva consecuencia de la idolatría: la injusticia (ajdovkimon) , la perversidad y la maldad (kaqhvkonta).
De este análisis del desarrollo del argumento se puede concluir que San Pablo distingue claramente entre lo que es una conducta impura o deshonrosa (que se manifiesta sobre todo en el ámbito de la sexualidad), de lo que es el mal ético o más propiamente el pecado.
La cuestión de la pureza en la Carta a los Romanos.
Para los Cristianos del S. I, el hecho de si debían o no mantener los preceptos de la Ley Mosaica, fue algo que produjo agitados debates. Como decíamos anteriormente, Hechos 15 nos cuenta cómo el Concilio de Jerusalén finalmente resolvió que los Paganos que se convirtieran al Cristianismo no tendrían que circuncidarse ni guardar el resto de las prescripciones de la ley, con algunas excepciones. Sin embargo, las discusiones no se detuvieron allí. Por ejemplo, Pablo regaña a los Corintios por sus divisiones en torno a las carnes sacrificadas a los ídolos. 1 Co 8-11 nos relata cómo la comunidad se polarizó por la cuestión de los alimentos puros e impuros. En Ga 2 también Pablo nos narra cómo tuvo que confrontar abiertamente a Pedro por su actitud ambigua ante el asunto de la obligatoriedad de las tradiciones Judías.

Muchos Cristianos de origen Judío se mantuvieron fieles a su Ley y por ello se creían superiores. El Apóstol, en contra de ellos, afirmaba que era la fe en Cristo y no el guardar la Ley, lo que podía salvar a las personas. Por eso dice en Ga 2, 16: “Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la Ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la Ley nadie será justificado”. Cuando Pablo estaba pensando en visitar a Roma, escribió su carta a los Romanos con el objetivo de ganarse su favor anticipadamente. En esta ciudad, como en el resto del mundo antiguo, la división entre los Cristianos provenientes del Judaísmo y los que venían del Paganismo todavía estaba muy profunda. El Apóstol tenía que ganarse ambos bandos, tratando de no herir las susceptibilidades de ninguno de los dos, por eso manejó la situación de una manera muy prudente.
En el capítulo primero se dirige a los Judíos, tomando su partido en apariencia, al afirmar que los Gentiles eran impuros a causa de sus prácticas sexuales. Pero ya en el capítulo segundo Pablo vuelca su atención a sus hermanos de raza, aunque comienza de un modo muy cauteloso. Al principio los aborda sin mencionarlos explícitamente en Rm 2, 1: “Por eso no tienes excusa quienquiera que seas, tú que juzgas, pues juzgando a otros, a ti mismo te condenas, ya que obras esas mismas cosas que tu juzgas”. No obstante, en Rm 2, 17 se ve claramente que se está dirigiendo a los Cristianos de origen Judío: “Pero si tu, que te dices Judío y descansas en la Ley; que te glorías en Dios”. El Apóstol recrimina a sus hermanos Judíos porque, aunque tienen la circuncisión y evitan las impurezas, con sus pecados siguen violando la Ley. Siguen robando, cometiendo adulterio, y saqueando templos (Rm 2, 21-22). Por tanto, los Judeocristianos no tienen derecho a ensoberbecerse por la Ley y despreciar a los Paganos. En Rm 2, 29, Pablo insiste en que en Cristo lo que interesa es la pureza de corazón y no la pureza ritual: “El verdadero Judío lo es en el interior, y la verdadera circuncisión, la del corazón, según el espíritu y no según la letra. Ese es quien recibe de Dios la gloria y no de los hombres”.
El pecado de los Paganos
En el capítulo noveno, siguiendo el sutil artificio que utilizó con los Judíos en el capítulo segundo, Pablo vuelve a dirigirse a los Cristianos provenientes del Paganismo, aunque en un principio lo hace de una manera indirecta: “¿Qué diremos, pues? Que los Gentiles que no buscaban la justicia, han hallado la justicia - la justicia de la Fe - mientras Israel, buscando una Ley de justicia, no llegó a cumplir la Ley. ¿Por qué? Porque no la buscaba en la Fe sino en las obras. Tropezaron contra la piedra de tropiezo” (Rm 9, 30 ss). Sin embargo, ya en el capítulo once, el Apóstol se dirige abiertamente a los Gentiles: “Os digo pues, a vosotros los Gentiles. Por ser yo verdaderamente Apóstol de los Gentiles, hago honor a mi ministerio, pero es con la esperanza de despertar celos en los de mi raza y salvar a alguno de ellos” (Rm 11, 13 s). Y a continuación los reprende por creerse por encima de los Judíos: “No te engrías contra las ramas. Y si te engríes sábete que no eres tú quien sostiene la raíz; sino la raíz quien te sostiene” (Rm 11, 18).
De este modo queda claro el propósito de Pablo en su carta a los Romanos: que tanto los Judíos como los Gentiles comprendan que la justificación sólo viene por la Fe en Cristo y que ni unos ni otros tienen por qué sentirse superiores a los demás. El Apóstol desea que la Comunidad de Roma, como todas las demás comunidades Cristianas, se mantenga unida: “Y el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús, para que unánimes a una voz glorifiquemos al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, acogeos mutuamente como os acogió Cristo para gloria de Dios” (Rm 15, 5–7).
Pablo no quiere que un asunto sin trascendencia divida a la comunidad, y por ello recalca : “Bien sé, y estoy persuadido de ello en el Señor Jesús, que nada hay de suyo impuro; a no ser para el que juzga que algo es impuro, para ése sí lo hay” (Rm 14, 14). En el contexto del capítulo primero, la mención de las prácticas homosexuales de los Paganos, tiene el objeto de ganarse el favor de los Cristianos Judíos, quienes se sienten orgullosos de no tener tales prácticas. Sin embargo, en los capítulos siguientes, cada vez el Apóstol es más rotundo en afirmar que los requerimientos rituales de la Ley Judía ya no tienen validez en Cristo. Al igual que los “alimentos impuros”, o la circuncisión, este asunto no debe dividir a la Comunidad. Pablo hace referencia específica a la homosexualidad porque, si bien era considerada como una impureza por los Judíos (de acuerdo al Levítico), en el mundo Romano era mirada como algo común. Por tanto, los Gentiles no se habían de sentir muy ofendidos y amenazados por la aparente concesión de “su” Apóstol a los prejuicios y tradiciones Judías. De este modo, Pablo podía dar gusto a los Judíos sin ser muy duro con los Paganos.
En síntesis, la homosexualidad aparece en la carta a los Romanos como un ejemplo de la “impureza” de los Gentiles, considerada desde el punto de vista de los Judíos. El Apóstol plantea el tema de la “impureza” precisamente para resaltar que esa cuestión carece ya de importancia a partir del Evangelio de Cristo.


      1. 1 Co 6, 9 y 1 Tm. 1, 10


Entre los llamados “textos garrote”, es decir, los pasajes Bíblicos aducidos para condenar a la gente Gay, estas dos “listas de pecados” que aparecen en el “Corpus Paulinum”, ocupan un lugar de preeminencia. Sin embargo, muchos eruditos cuestionan el uso y abuso que se hace de estas perícopas sin conocer a fondo el significado exacto de los términos que contienen. Por tanto, es importante realizar un estudio detallado de las mismas.

Las listas de pecados de 1 Co. 6, 9-10 y 1 Tm. 1, 10
Consideremos en primer lugar la traducción del texto que hace la Biblia de Jerusalén :

1 Co 6, 9 : ¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados (malakoiv) ni los homosexuales (ajrsenovkoitai)...”.
1 Co 6, 10: Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el reino de Dios”.
1 Tm. 1, 10: Adúlteros, homosexuales (ajrsenovkoitai), traficantes de seres humanos, mentirosos,

perjuros, y para todo lo que se opone a la sana doctrina.
Por mucho tiempo se ha discutido entre los traductores el significado de las palabras griegas: malakoi v y ajrsenovkoitai., que la Biblia de Jerusalén vierte como “afeminados” y “homosexuales”, como lo acabamos de ver.
Malakoi v : el desprecio de la feminidad.

Aristóteles296 define malakoi v como irrefrenado respecto a los placeres del cuerpo. Esta palabra aparece en otros dos pasajes del Nuevo testamento, aparte de 1 Co :

Lc 7, 25: “Y si no, ¿qué salieron a ver? ¿un hombre vestido con ropas lujosas (malakoi vv)? Ustedes saben que los que se visten lujosamente y viven en placeres, están en las casas de los reyes” (Cf. Mt 11, 8).
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