Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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Evolución del Pensamiento Freudiano sobre la Homosexualidad99

Es interesante estudiar el desarrollo de la teoría Freudiana acerca de la homosexualidad. La primera referencia la encontramos en 1905, en la 1º edición de los “Tres Ensayos para una teoría sexual”100, en donde Freud afirma que la homosexualidad puede ser favorecida cuando los cuidados del niño son confiados a personas del mismo sexo. Freud hace referencia concretamente al hecho de que en Grecia, la crianza de los niños era confiada a esclavos de sexo masculino. Además, observa que en esa cultura las inclinaciones homosexuales se dirigían casi exclusivamente hacia los adolescentes, quienes estaban todavía acabando de salir de una morfología cuasifemenina.

Tres años más tarde, en su obra: “Teorías Sexuales Infantiles”101, Freud sugiere que el niño ignora las diferencias sexuales y atribuye a toda persona órganos genitales masculinos, incluso a su madre. Posteriormente el niño no puede renunciar al pene, en su elección de objeto sexual, y por tanto, se convierte en homosexual. Según esta teoría, los homosexuales son personas a quienes la importancia erógena de su propio órgano genital no consiente prescindir, en su objeto sexual, de tal coincidencia con la propia persona. En la evolución desde el.deseo autoerótico hasta un objeto erótico exterior, han quedado fijados en el punto más próximo al autoerotismo.

En la 2ª edición de los “Tres Ensayos” (1910), Freud plantea el concepto de narcicismo como identificación con la madre y afirma que “los invertidos pasan en los primeros años de su infancia por una breve fase de fijación en la mujer (su madre, en la mayoría de los casos)... después de esta fase heterosexual se identifican con la mujer y se toman a sí mismos como fin sexual. Esto es, buscan partiendo de una posición narcicista, hombres jóvenes y semejantes a su propia persona, a los que quieren amar como su madre los amó a ellos”.102 En este caso, Freud se refiere concretamente a la atracción por jóvenes efebos como se concebía en Grecia.

Homosexualidad y Afeminamiento

Haciendo un paréntesis, hay que observar que la identificación con la mujer sería un rasgo propio sólo de determinados tipos de homosexuales. Así, F. Pasche103 distingue dos formas de homosexualidad: 1º El afeminado que renuncia a todas las cualidades viriles y las desprecia. Su actividad de denigración es castradora de sí mismo y de su compañero. Es frecuente en la homosexualidad pasiva, ampliamente infiltrada de masoquismo; 2ª la homosexualidad demiúrgica, como en el caso del Mefistófeles de Goethe. Aquí la reacción a la pasividad culmina en la estructura megalomaníaca, y el homosexual es a la vez más que una mujer y más que un hombre. Este es el tipo fálico narcicista.

Muchos analistas tradicionales creen que un hombre no puede ser homosexual sin ser afeminado a la vez. Pero no es cierto que la mayoría de los hombres gay hayan sido “femeninos” en la niñez, o que el origen de la homosexualidad esté vinculado siempre a una carencia de masculinidad. El Dr. Richard Isay afirma: “Sobre la base de mi trabajo clínico, he llegado a pensar que algunos niños homosexuales, a los 3, 4, 5, y 6 años, asumen rasgos del sexo opuesto con el fin de atraer y sostener la atención del padre. Son atributos tales como la sensibilidad, amabilidad, y ausencia de interés en deportes agresivos. Algunos niños homosexuales quizás también parezcan notablemente femeninos en sus modales, vestido y comportamiento”.104

Algunos niños homosexuales tienen dificultades para experimentarse a sí mismos como masculinos porque tienen fantasías con el mismo sexo y se sienten atraídos por él.105 En nuestra sociedad, en donde existe una frontera tan rígida entre lo que es masculino y femenino, sólo pueden descubrirse a sí mismos como “el otro”, es decir, como femeninos. Puesto que la sociedad exige que el comportamiento de género se conforme a la anatomía, muchos hombres gay, por medio de un esfuerzo deliberado en la pre-adolescencia (10, 11, y 12 años) y la adolescencia, pierden muchas de sus cualidades “femeninas”, que pudieran haber adquirido en la niñez temprana por su identificación con la madre o con una figura materna.

El Edipo Invertido

Volviendo a la evolución del pensamiento Freudiano sobre la homosexualidad, encontramos que en 1915, en la 3ª edición de los “Tres Ensayos”, Freud añade que el origen de la homosexualidad es fundamentalmente “la elección narcicista de objeto y la persistencia de la significación sexual de la zona anal”.106 Más tarde, en el caso del “Hombre de los Lobos” (1918), sugiere otra posible causa: un vínculo incestuoso con el padre del mismo sexo a partir de un “Edipo invertido”. De aquí su conocido aforismo: “El homosexual renuncia a ser padre para tener al padre.”

Con respecto a esta forma de “Edipo Invertido”, afirma Isay que los recuerdos de algunos hombres gay, que se remontan hasta los cuatro años, incluyen la memoria de un afecto infantil por su padre, que podría llegar hasta considerarse como una atracción sexual. Durante el tratamiento, su ansiedad comienza a disminuir a medida que toman conciencia de estos sentimientos de atracción y llegan a ser menos auto-críticos y condenatorios. Esta observación puede ser de gran ayuda para el acompañamiento espiritual de las personas gay. Cabe añadir que las fantasías homoeróticas se presentan usualmente por lo menos desde los 4 o 5 años. Este período de desarrollo es análogo a la etapa edípica en los niños heterosexuales, con la diferencia de que el objeto sexual primario de los niños homosexuales es el padre.107

Hipótesis Tardías

Desde 1920, Freud presta más atención a las pulsiones de muerte, y señala que el origen de la homosexualidad puede estar en la transformación de impulsos hostiles en cariñosos. Así por ejemplo, la rivalidad con un hermano mayor, al ser reprimida, se convierte en un impulso erótico homosexual hacia él.108 Finalmente, en sus últimos escritos, Freud sugiere que la angustia de castración es la base más importante del conflicto psicológico en general y de la orientación homosexual en particular.

Consideración Freudiana de la Homosexualidad como Perversión.

Casi todos los psicólogos y psiquiatras psicoanalistas han coincidido en afirmar que la homosexualidad es una perversión. Escuchemos a uno de ellos: “hay muy poca certeza en cuanto a lo que es generalmente la infancia de los homosexuales. No cabe duda de que, sean ellos perversos o neuróticos, evocan la virilidad de sus padres y la proximidad de madres a menudo abusivas”.109 Vale la pena recordar que la palabra “perversión” en lenguaje psicoanalítico no tiene ninguna implicación moral. Freud mismo dice: “En circunstancias favorables, también el hombre normal puede sustituir durante largo tiempo el fin sexual normal por una de estas perversiones, o practicarla simultáneamente. En ningún hombre normal falta una agregación de carácter perverso al fin sexual normal, y esta generalidad es suficiente para hacer notar la impropiedad de emplear el término “perversión” en sentido peyorativo”.110

Para entender mejor lo que es la “perversión” en psicoanálisis, debemos recordar que la sexualidad infantil puede desarrollarse y madurar de tres modos:

1º. Cuando las pulsiones parciales no se integran, se origina la perversión.

2º. Las pulsiones parciales son reprimidas, dando lugar a la neurosis.

3º. Estas pulsiones son integradas en la organización general, con lo cual se constituye lo que llamamos “normalidad”.

Según Freud “La inversión puede datar de la primera época a que alcanzan los recuerdos del individuo o no haber aparecido hasta un determinado momento, anterior o posterior a su pubertad. Asimismo, puede conservarse durante toda la vida, desaparecer temporalmente, no representar sino un episodio en el curso del desarrollo normal, y hasta manifestarse en un estado avanzado de la existencia del sujeto, después de un largo período de actividad sexual normal. Se ha observado también una oscilación periódica entre el objeto sexual normal y el invertido”.111 Como puede verse, la homosexualidad es algo que puede presentarse en cualquier etapa de la vida, incluso alternando con períodos de “normalidad”. Este hecho es imposible de conciliar con la consideración de la homosexualidad como perversión, puesto que la perversión ya queda fijada desde la infancia por la falta de integración de las pulsiones parciales

Después de Freud, una de las más populares teorías psiquiátricas acerca de la homosexualidad, descansa en la idea de la fijación en varios niveles del desarrollo sexual.112 Puesto que, según esta teoría, el fin último de la sexualidad humana es la relación genital heterosexual, preferiblemente involucrando la concepción de un hijo, cualquier comportamiento sexual que se desvía de este curso, representa una falta de desarrollo, una fijación en una etapa anterior.113 Entonces surge la pregunta: ¿En qué etapa se ha fijado el homosexual?

Siendo la homosexualidad tan diversa, las respuestas se han multiplicado hasta el punto de perder todo sentido. Así, el homosexual exclusivo que empezó más joven y nunca tuvo ninguna experiencia con el sexo opuesto ni interés por él, según esta teoría, nunca superó alguna etapa crucial, generalmente determinada por sus gustos sexuales. El homosexual que sale del clóset ya más maduro, quizás después de una buena cantidad de experiencia heterosexual, dicen que ha regresado a una etapa anterior del desarrollo. Esta teoría, que ha inspirado el trabajo de muchos psicoanalistas tradicionales, sostiene que los homosexuales pueden y deberían ser heterosexuales, si desarrollaran plenamente su potencial, y si quieren que sus vidas sean tan productivas y libres de conflictos internos como sea posible.

Por el contrario, el pensamiento original de Freud evolucionó por un camino muy diferente al que podría conducir a las teorías anteriores. En 1909, en el “caso Juanito”, el Padre del Psicoanálisis advierte una clara diferencia entre la homosexualidad y las demás perversiones. Ya para 1916, en la “Introducción al Psicoanálisis”, reconoce honestamente que “de este modo nos vemos obligados a ver en la homosexualidad, una ramificación casi regular de la vida erótica”.114

En 1920, en el texto de la “Psicogénesis de un caso de Homosexualidad Femenina”, sustituye el concepto de “perversión” por el de “variante”, y pone en duda que la heterosexualidad se tenga que establecer como el ideal obligado para todo ser humano. “Hemos de tener en cuenta que la sexualidad normal reposa en una limitación de la elección del objeto, y que en general la empresa de convertir en heterosexual a un homosexual llegado a su completo desarrollo no tiene mucha más probabilidad de éxito que la labor contraria, sólo que esta última no se intenta nunca, naturalmente por evidentes motivos prácticos”. 115

Finalmente, el pensamiento definitivo de Freud acerca de la homosexualidad, quedó plasmado en su carta del 9 de Abril de 1935, en la cual respondía a una madre Americana, que le había solicitado que curase a su hijo de esta condición: “Deduzco de su carta que su hijo es homosexual. Me impresiona mucho el hecho de que Usted no menciona esta palabra en su información sobre él. ¿Puedo preguntarle por qué evita el uso del término? La homosexualidad no es desde luego una ventaja, pero tampoco es nada de lo que uno deba avergonzarse, un vicio o una degradación, ni puede clasificarse como una enfermedad.” Refiriéndose a la dificultad de un cambio de orientación sexual, Freud añade: “...lo que el psicoanálisis puede hacer por su hijo ya es cosa diferente. Si es desdichado, neurótico, si vive desgarrado por sus conflictos, inhibiciones en su vida social, el análisis puede traerle armonía, tranquilidad mental, completa eficiencia, ya sea que siga siendo homosexual o cambie”. 116

Freud era muy consciente de lo complicado que era el tema de la homosexualidad, y cómo era imposible señalar una causa determinada para su origen. En una nota redactada en 1919, añadida a su ensayo sobre la sexualidad de Leonardo Da Vinci, afirma que “aquello que por razones prácticas llamamos homosexualidad, puede surgir de muy diversos procesos psicosexuales de coerción, y el proceso por nosotros descubierto no es quizás sino uno entre muchos, no refiriéndose sino a uno de los diversos tipos de homosexualidad”.117 Cabe anotar aquí que, con este ensayo acerca de Da Vinci, Freud abrió un nuevo campo de investigación al utilizar una obra de arte para esclarecer la personalidad de su autor. En él, resume la biografía del famoso pintor y describe su carácter: su tendencia al trabajo con crecientes inhibiciones, su afable dulzura que encubre mal una fuerte agresividad; su frialdad sexual que disimula tendencias homosexuales. Todo esto brinda una evidencia fuerte en cuanto a su orientación sexual.

Narcisismo y Homosexualidad

En la base de la consideración patológica de la homosexualidad por parte de muchos, está el convencimiento de que sólo la elección de objeto homosexual está vinculada al narcisismo. Escuchemos lo que dice un autor, comentando la Carta Sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales, publicada por la Congregación para la Fe en 1986: “La dimensión más característica de la personalidad del homosexual es, en efecto, el narcisismo. Así lo manifiestan los continuos intentos de recuperación de sí por parte del sujeto, y la búsqueda del otro en el “sí mismo incompleto” o en el “sí mismo mejor”. La actitud homosexual es identificativa y posesiva, no oblativa”. 118 Refiriéndose al caso del Lesbianismo, el mismo autor añade que el narcisismo aquí se acentúa aún más, ya que “en su amante, la mujer acaricia su propia prolongación, ve el reflejo de sí misma, encuentra el acabamiento y realiza a través de la otra la propia recreación.”

Si se estudia bien la obra de Freud, en especial su “Introducción al Narcisismo” (1914), se puede ver claramente que en todo tipo de elección de objeto, sea heterosexual o sea homosexual, existe una dimensión narcisista. Lo más que se puede decir, siguiendo la expresión de Freud en la “Introducción al Psicoanálisis”, es que “la elección de objeto homosexual se halla originariamente más cerca al narcisismo”.119

Basándose en esta supuesta conexión entre narcisismo y homosexualidad, muchos psicoanalistas afirman que los homosexuales no son capaces de llevar a cabo un auténtico encuentro con el otro. No obstante, el análisis clínico y los datos de laboratorio desvirtúan la universalidad de esta afirmación. Así, Masters y Johnson declaran que la conclusión más sorprendente de su estudio sobre la homosexualidad, es que la pareja heterosexual debería aprender mucho del modo como la pareja homosexual se encuentra en la relación sexual. Los homosexuales muestran una mayor participación subjetiva en la relación, debido a una mayor comunicación entre ellos. Existe una mayor preocupación por la satisfacción del otro, de la que se da en la pareja heterosexual, en la cual muchas veces prevalece el machismo.120

La Amenaza de Castración

Para algunos psiquiatras psicoanalistas la amenaza de castración es la causa principal de la homosexualidad. Según ellos, la presencia de la mujer despierta en el homosexual el fantasma de la mutilación y por eso busca siempre el pene que le brinda seguridad contra esa amenaza. Otros afirman que, en el amor del niño por su madre (complejo de Edipo), el padre es mirado como un rival. Surge entonces un temor a la castración como castigo por esos sentimientos de atracción sexual y de celos, así que éstos se reprimen hasta la pubertad. “Ya en esta etapa, al buscar a otros hombres, el hijo asegura a su padre que no competirá con él por el amor de su madre, y a la vez le asegura a ella que no la abandonará por ninguna otra mujer”.121

Sin embargo, la afirmación de que el homosexual no ha superado el complejo de Edipo y no ha asumido la amenaza de castración, es imposible de conciliar con el hecho, constatado por Freud y muchos otros analistas, de que la homosexualidad puede estar libre de cualquier manifestación neurótica. Por tanto, esta teoría negaría una verdad fundamental del pensamiento psicoanalítico, como es la función esencial del complejo de Edipo y la angustia de castración en la constitución de la personalidad y en el origen de la neurosis.

También Richard Friedman rechaza la teoría del complejo de Edipo. Este autor argumenta que si fuera cierto, como afirman los analistas antiguos, que la neurosis surge de allí, se sigue que todos los homosexuales serían neuróticos. Sin embargo los estudios actuales demuestran que hay muchos gay que no son neuróticos. Lo que Friedman sugiere es que “la homosexualidad está asociada con algún mecanismo psicológico no comprendido y ni siquiera estudiado hasta la fecha, que protege al individuo de diversos desórdenes psiquiátricos”.122

Además, la teoría de la angustia de castración falla cuando se aplica a la homosexualidad femenina y también haría imposible de explicar la bisexualidad. Existen muchos caminos que conducen a la homosexualidad, y el miedo a la castración sería a lo máximo uno de ellos. Pensar que todas las homosexualidades se originan en él es pues una generalización sin fundamento.123

Homosexualidad y Neurosis

Como ya lo dijimos anteriormente, Freud fue evolucionando en su pensamiento inicial que consideraba la homosexualidad como una perversión. Finalmente llegó a cuestionar seriamente esta apreciación, aunque no la rechazó del todo. En cuanto perversión, la homosexualidad sería una fijación en una etapa del desarrollo sexual, de ningún modo sería un conflicto neurótico, puesto que la perversión excluiría la neurosis. A pesar de esto, muchos psicólogos han afirmado que la homosexualidad está estrechamente vinculada a la neurosis. Según ellos, esta orientación sexual es sinónimo de “masoquismo profundo, sadismo intenso, fondo autista, viva depresión, acentuado exhibicionismo, soledad inexorable y de significación patológica, angustia creciente, imposibilidad de experimentar emociones profundas, de actualizar su potencialidad intelectual, de aplicarse a un trabajo de modo continuo, junto con una tendencia al parasitismo; vive animado por una fantasía de venganza, de deshumanizar la relación, de causar daño al otro. Además, un narcisismo radical que le imposibilita absolutamente para aceptar la diferencia y por tanto al otro”.124

La estructura Familiar

Irving Bieber quien realizó un estudio en Nueva York, con 200 varones homosexuales y heterosexuales pacientes suyos, concluyó que la homosexualidad surgía de una mala situación familiar, en la cual la madre era dominante y el padre emocionalmente frío. Bieber escribía: “Consideramos la homosexualidad como una adaptación psicosexual, biosocial, patológica, derivada de penetrantes temores que rodean la expresión de impulsos heterosexuales.”125 Bieber es quizás el representante más citado de la teoría de la madre posesiva y el padre distante. Richard Isay, por el contrario, cuestiona esta teoría del padre distante como causante de la homosexualidad de su hijo. “Los padres de esos homosexuales quizás se retraigan porque han percibido que sus hijos están demasiado apegados y atraídos hacia ellos y por tanto se sienten incómodos, o porque sienten que sus hijos son ‘diferentes’ de una manera inaceptable”.126

Isay observa que la mayoría de los hombres gay, a diferencia de los heterosexuales que buscan tratamiento, informan que sus padres fueron distantes durante su niñez y que carecían de apego alguno hacia ellos. “Me ha impresionado la similitud entre los recuerdos de los gay acerca de sus padres y los reportes de los hombres heterosexuales sobre sus madres. Es importante distinguir entre la naturaleza de la real paternidad que los hombres gay hayan experimentado y las percepciones retrospectivas y distorsiones de la naturaleza de esta paternidad. Los analistas tradicionales han aceptado como real la percepción de los adultos acerca de sus padres. Es esto lo que ha conducido a la conclusión, injustificada, de que la presencia del padre, cuando es cálida, ofrece apoyo y es constructiva, excluye la posibilidad de que el hijo sea homosexual”.127

Algo particular en la niñez de los homosexuales, es que sus padres llegan a menudo a ser desprendidos u hostiles durante los primeros años, debido a la homosexualidad de su hijo. El retraimiento del padre, que es experimentado siempre como un rechazo, puede producir una pobre autoestima y el sentido de desadaptación de algunos hombres gay. También es una razón importante por la cual algunos gay tienen dificultad para formar relaciones amorosas y de confianza, en lugar de relaciones llenas de ira y despecho.128

Relaciones Infantiles con los Padres

El Dr. Isay observa que en la medida que avanza el tratamiento psicoanalítico (que en algunos casos puede ser pre-requisito para una orientación espiritual), el hombre homosexual comprende más la naturaleza de sus sentimiento eróticos infantiles por el padre, y su necesidad de recordarlo como un ser frío y distante, para así hacer desaparecer esos sentimientos. A la vez, puede empezar a recordar y permitirse experimentar más el amor, la aceptación y el calor paterno. Así se mejoran las relaciones con otros hombres de manera significativa.

A diferencia del modo generalmente consistente en que los hombres gay describen a su padre, las relaciones con la madre se presentan de manera diversa.129 Los que tienen un sentido positivo de sí mismos y de su sexualidad, usualmente describen a sus madres como “bastante buenas”. No hay evidencia que sugiera que una maternidad temprana aberrante produzca las identificaciones con la madre miradas tradicionalmente como la determinante principal de la homosexualidad en los hombres. Sin embargo, la identificación con la madre puede afectar la naturaleza y la calidad de las relaciones sexuales del adulto.

La identificación con ambos padres o con figuras parentales es inevitable en todos los niños, gay o heterosexuales. Pero el resultado de esta identificación infantil puede variar. Por ejemplo, la identificación con el padre lleva a muchos hombres gay a preferir un papel más activo y dominante en la relación sexual, aunque todavía deseen una representación de su padre como compañero sexual.130

La atracción erótica por el padre, negada, reprimida o escondida, puede obstruir la respuesta sexual de algunos hombres gay, del mismo modo como la repuesta sexual de los heterosexuales puede ser inhibida por su atracción hacia la madre, reprimida y rechazada. En la medida en que los hombres gay comprendan mejor la naturaleza de estos antiguos pero persistentes deseos sexuales, sus conflictos disminuyen y logran una respuesta más flexible en sus fantasías y comportamientos sexuales.

Vale la pena hacer algunas observaciones sobre el trabajo de Bieber, puesto que, como decíamos antes, éste es uno de los autores más citados para defender la teoría de la homosexualidad como fruto de una deficiente estructura familiar. Este psicoanalista, en un trabajo de investigación publicado en 1964, partió de la teoría de que “la homosexualidad es un fenómeno psicopatológico”. Luego escogió para su estudio una muestra de pacientes perturbados psicológicamente y que estaban en tratamiento, utilizando las anotaciones de sus psicoanalistas para observar los cambios que habían experimentado. Después de diez años, concluyó que sus suposiciones iniciales eran verdaderas. En cierta ocasión llegó hasta afirmar que la soltería era un síntoma psicopatológico. El doctor Fritz Fluckiger realizó a su vez un trabajo monográfico para evaluar el estudio de Bieber, con el sugestivo título: “Investigación a Través de un Vidrio Oscuro”, en el cual demuestra de qué manera operaron los prejuicios homofóbicos en sus conclusiones finales. Además de esto, el doctor Wainwright Churchill encontró bastantes fallas metodológicas en la investigación de Bieber.131

La Madre Posesiva

El número de variaciones sobre la teoría de una deficiente identificación con el padre, que se han presentado como intuiciones brillantes sobre el origen de la homosexualidad, sorprende la imaginación. Probablemente la versión más ampliamente conocida y popular de esta teoría, ha sido la de la madre posesiva. Algunos psicoanalistas han dicho que la predilección por un objeto amoroso del mismo sexo es causada por una madre hostil y posesiva que debilita los cimientos de la masculinidad de su hijo, bloqueando el desarrollo de su independencia, interfiriendo en la relación padre-hijo e induciendo un temor a la mujer. Otros enfatizan el papel de un padre hostil, distante, débil o ausente, que hace imposible que el niño se separe de su madre dominante. Pero las relaciones tempranas aberrantes con la madre, descritas por muchos analistas, parecen ser más características de los hombres insatisfechos con su sexualidad que de los hombres gay en general.

Como quiera que se defina la supuesta “madre posesiva”, es innegable que algunos homosexuales la deben haber tenido. Lo mismo que algunos heterosexuales, a menos que la “madre posesiva” se defina como aquella que sólo tiene hijos homosexuales. La teoría de la identificación sexual se ha encontrado muy útil porque puede suministrar una corriente infinita de explicaciones alternativas para el comportamiento homosexual, ninguna de las cuales puede ser probada o desmentida por la evidencia científica.132 Así por ejemplo, Bergler considera que el homosexual frustrado por el pecho materno se vuelve hacia quien lleva el falo, equivalente del pecho. Por su parte los Kleinianos estiman que los homosexuales han dominado, por medio de sus fantasías y sus prácticas la ansiedad que determinaba en ellos la agresión contra el objeto malo, frustrador, se trate del pecho o de su equivalente proyectivo el pene.133

Refiriéndose a esta identificación deficiente, es evidente que todo rasgo psicopatológico, toda neurosis y toda psicosis, puede ser hallada lo mismo entre las personas homosexuales que en las heterosexuales, sin que nadie pretenda identificar tales psicopatías con la heterosexualidad. El psicoanalista E. Van Den Haag dice que “si la conducta homosexual es frecuentemente síntoma o parte de enfermedad; lo propio ocurre con la conducta heterosexual” y añade: “Recuerdo un colega mío que solía repetir: ‘Todos mis pacientes homosexuales son enfermos’, a lo cual terminé por replicar: ‘Así están todos mis pacientes heterosexuales’”.134

Si una persona homosexual es capaz de llevar una vida armoniosa, creativa y satisfactoria, y si puede trabajar, amar y realizar un proyecto de vida, relacionándose cordialmente con los demás y respetando sus diferencias y su libertad, el psicoanálisis no puede considerar la homosexualidad como un conflicto psíquico. Es por ello que la Asociación Americana de Psiquiatría retiró a la homosexualidad de la lista de trastornos mentales en 1974, aduciendo que “la homosexualidad en sí misma y por sí misma, no implica ninguna alteración del entendimiento, la estabilidad, la honestidad o la capacidad profesional”.135

Patologías Asociadas con Frecuencia a la Homosexualidad

La Promiscuidad

Una de las áreas que más conflicto genera entre las personas homosexuales es la tendencia entre muchas de ellas a la promiscuidad. La posible explicación para esta patología sería el rechazo social introyectado por muchos homosexuales desde su más tierna edad, el cual produce una división interior y una fuerte represión. Ésta las lleva a tratar de inhibir cualquier signo por el cual se pudiera descubrir su orientación sexual. La homofobia internalizada puede conducir a una ansiedad intensa, cuyo único escape sería una promiscuidad compulsiva y autodestructiva. También se podría encontrar en el fondo de esta actitud promiscua de algunas personas gay, un impulso de violar las normas y herir a una sociedad que ha mutilado sus anhelos más íntimos.

Richard Isay136 reporta el sentimiento de alienación que experimentaban muchos de sus pacientes, con respecto al mundo que los rodeaba en su infancia. Isay dice que la mayoría de los hombres gay adultos afirman que su atracción homoerótica comenzó en alguna época entre los 8 y los 13 o 14 años. Algunas veces se recuerda esta atracción como algo que “siempre estuvo presente”. Y aunque varían en cuanto al recuerdo del despertar sexual dicen que desde los cuatro años se sentían “diferentes” de sus compañeros. Los gay se percibían más sensibles que otros niños, lloraban más fácilmente, se sentían heridos en sus sentimientos con más facilidad, tenían más intereses estéticos, gozaban de la naturaleza, el arte y la música y se sentían atraídos hacia otros niños, niñas y adultos “sensibles”. La mayoría también se veían menos agresivos que otros niños de su edad, y no gozaban participando de actividades competitivas. Ellos refieren que se experimentaban a sí mismos como extraños desde la más tierna edad.137 Todos esos sentimientos de alienación pueden generar una baja autoestima que finalmente los precipita en la promiscuidad, buscando desesperadamente la aceptación por parte de los demás.

Los psiquiatras que han tratado homosexuales afectados por el conflicto de la promiscuidad han hallado que la autoaceptación y reconciliación con su orientación sexual, traen consigo una disminución de la angustia y a la vez de los comportamientos promiscuos. Por esto hoy no se habla tanto de curar la homosexualidad, sino más bien los conflictos que se relacionan con esta orientación.138

La Perversión

Ya nos referimos anteriormente al pensamiento psicoanalítico en cuanto a su clasificación de la homosexualidad como perversión (en sentido técnico, mas no moral) y vimos como Freud se apartó finalmente de esa concepción. No obstante, tenemos que reconocer que sí existen personas homosexuales con manifestaciones perversas, tales como la dificultad de integrar el conjunto de su mundo pulsional y entablar una relación intensa con el otro como sujeto libre y diferente. G. Donnet139 describe al homosexual perverso como alguien para quien su práctica sexual se torna en un imperativo absoluto con un ritual y condiciones propias, quedando identificado con ella. Condenado a seguir por esta vía compulsiva, no encuentra sentido a su existencia sino viviendo su sexualidad como un remolino de autodestrucción. Ya anteriormente habíamos citado el caso del filósofo Michel Foucault, pero existen muchos otros ejemplos históricos como Marcel Proust, Oscar Wilde, Paul Verlaine, Sir Lawrence de Arabia, Jean Genet y Porfirio Barba Jacob, todos ellos marcados por un sino trágico. Por ello, Proust habla con piedad de cierta raza desdichada que se defiende “como de una calumnia, de lo que es la fuente inocente de sus sueños y sus placeres. Hijos sin madre, pues deben mentirle toda la vida e incluso en el día que le cierran los ojos”.140

En estos casos el psicoanálisis podría modificar la dinámica perversa posibilitando un mejor acceso a la castración simbólica. Esto se logra cuando la persona acepta la imposibilidad de encontrar un otro total, sin distancias ni diferencia, que pueda colmar su deseo. Sólo entonces el homosexual podrá llegar a experimentar un deseo realmente creador.

Narcisismo

Entre los hombres hay ciertas modalidades de narcisismo que pueden ser favorecidas por la orientación homosexual. En nuestra cultura patriarcal la mujer ha sido destinada muchas veces a constituirse en un objeto de atracción para el varón y por ello tiene que cultivar mucho su imagen. En algunos varones homosexuales se puede encontrar cierta identificación con este patrón “cultural femenino”, a través de una búsqueda obsesiva de la belleza en sí mismos y en los otros. Esta belleza puede ser la típica femenina, como se da en el caso de los andróginos o en los efebos; o la belleza puramente masculina como es el caso del fisicoculturismo. Por otra parte, algunos hombres pueden tener más predisposición neuroendocrina hacia el comportamiento y apariencia femeninos que otros. Sea el niño homosexual o heterosexual, su comportamiento o apariencia “femenina” puede ocasionar que sus padres y compañeros respondan de manera cruel y los rechacen. Esto afectará su capacidad para la confianza y la intimidad. Será función, por tanto, del analista (y del acompañante espiritual) ayudarles a superar sus complejos.

El Gueto Gay

También los colectivos gay en ocasiones pueden constituirse en organizaciones cuya función no es muy saludable, al llevar a sus miembros a refugiarse en un gueto. No hay duda en cuanto a la gran importancia de estas organizaciones en la lucha de los gay por su reconocimiento social. Pero también pueden contribuir a su marginación, pues ellos se ven obligados a reconocerse casi exclusivamente por su orientación sexual, como si fuera lo más importante en su vida. Al respecto afirma A. Baudry, líder gay francés, que “el famoso gueto homosexual es el refugio de dos miedos: miedo de los homosexuales de confrontarse con los heterosexuales, y miedo de los heterosexuales a descubrir en sí mismos una parte de homosexualidad”.141

El psicólogo José María Fernández-Martos142 reconoce que “las dificultades, tanto exteriores como interiores, que el homosexual encuentra en su camino, hacen especialmente difícil y dura su marcha hacia la madurez”. Y menciona concretamente vacíos afectivos, castigos injustificados, modelos deficientes, que pueden dejar heridas profundas en la vida y que salen a flote durante el psicoanálisis de muchos hombres gay. Sin embargo, anhela “el día en que el homosexual se vea y viva mucho más integrado en el conjunto de la humanidad”. Luego, comparando a ésta con una gran orquesta dice: “ Al homosexual le ha tocado en suerte un instrumento nada fácil de dominar, pero yo creo que no por eso, menos valioso al conjunto. Su mayor sensibilidad, su sangrar con la conflictividad del humano, su indefensión, su capacidad para el matiz, etc., pueden sernos valiosísimos de integrar en nuestra gran orquesta tan heterosexual, machista y viril y que, a fuer de sinceros, no ha pasado todavía después de siglos, de tocar una fanfarria más ruidosa que atrayente y melódica”.143

Valoración Actual del Fenómeno Homosexual en el Psicoanálisis

A partir del desarrollo evolutivo del pensamiento psicológico acerca de la homosexualidad, se está operando un cambio notable en la mentalidad actual, tanto en el nivel social como en el político, apareciendo una mayor tolerancia y comprensión del fenómeno. Por ejemplo, el primero de Octubre de 1980, el Consejo de Europa pidió a la Organización Mundial de la Salud, que suprimiera de su lista de enfermedades a la homosexualidad, aduciendo que “La teoría que considera a la homosexualidad como una forma de trastorno mental no tiene fundamentos científicos o médicos sólidos, y ha sido refutada por las investigaciones recientes”.144 La OMS aceptó esta petición al poco tiempo. A la vez, el Parlamento Europeo sugirió a los gobiernos de la Comunidad Europea que deberían evitar toda discriminación de las personas por su orientación sexual, garantizando a todos la libertad reconocida por la Convención Europea de los Derechos Humanos.

No sólo en Europa sino también en América, el público en general va tomando conciencia de que el fenómeno homosexual, más que una patología, es una forma de ser que ha sido objeto de una injustificada marginación social. Por tanto, van desapareciendo sus connotaciones negativas en cuanto a la interpretación y diagnóstico clínico, así como en lo ético y lo legal. De modo semejante, los medios de comunicación y el arte muestran una apreciación más tolerante de la homosexualidad, y van trabajando por destruir los estereotipos más comunes sobre ella.

En cuanto a sus orígenes, cada vez es más claro que la homosexualidad es el resultado de la actuación conjunta de factores biológicos, psicológicos y sociales, y que en general queda establecida desde una edad muy temprana. Cada vez son menos los profesionales de la salud que la consideran expresión de un déficit de madurez humana o de un conflicto que constituya por sí mismo entidad clínica. Desde el punto de vista clínico es conveniente considerar la orientación sexual como algo constitucional. Los esfuerzos para cambiar el comportamiento homosexual a heterosexual hacen daño a la autoestima del hombre gay, y los esfuerzos para cambiar la sexualidad fundamental parece que son fútiles. El percibir la sexualidad como algo constitucional permite al terapeuta comprender e investigar la expresión de una orientación homosexual con la misma neutralidad que la heterosexual.145

Lo que sí es evidente es que la opresión social y la homofobia interiorizada pueden producir conflictos y manifestaciones patológicas en los homosexuales egodistónicos, es decir, aquellos que no aceptan su orientación. Por ello es posible que se encuentren más situaciones neuróticas entre los individuos homosexuales que entre los heterosexuales. En la actualidad, la práctica psicoterapéutica se dirige sobre todo a la adaptación del homosexual a su condición, liberándolo de los elementos patológicos que puedan estar presentes en su vida. Hoy en día son muy pocos los psicólogos y psiquiatras serios que encauzan la terapia hacia el cambio de orientación sexual del paciente. Richard Isay dice al respecto: “Nunca he encontrado en mi consulta un hombre gay que haya “escogido” ser homosexual, pero también es cierto que la mayoría de los hombres gay que conozco prefieren su sexualidad a la heterosexualidad, pues lo que se experimenta como normal y natural es lo que se prefiere usualmente, incluso si tal comportamiento es considerado socialmente desventajoso”.146
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