Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel?




descargar 215.82 Kb.
títuloResumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel?
página1/7
fecha de publicación24.08.2016
tamaño215.82 Kb.
tipoResumen
med.se-todo.com > Derecho > Resumen
  1   2   3   4   5   6   7

LOS ANGELES PUEDEN
CAMBIAR TU VIDA

Pídeles su ayuda

DAVID G. WALKER

Este libro fue pasado a formato digital para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más. HERNÁN





Para descargar de Internet:

ELEVEN” – Biblioteca del Nuevo Tiempo

Rosario – Argentina


Adherida a: Directorio Promineo: www.promineo.gq.nu


INDICE
Prefacio

Introducción

¿Qué es un ángel?

Clases de ángeles

Querubines

Serafines

Los arcángeles

Los ángeles de la guarda

Otros ángeles

Otros seres espirituales

Los espíritus de la Naturaleza

Espíritus guías y espíritus protectores

Los ángeles están de moda

La Iglesia y los ángeles

Pidiendo ayuda a los ángeles

La intuición

¿Qué podemos pedir?

Resumen

¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel?

Los ángeles y la curación

Los ángeles en el momento de la muerte

La imaginación

Jugando con los ángeles

Los ángeles y la suerte

Un mundo multidimensional

Los ángeles y las preocupaciones

Los ángeles y el crecimiento espiritual

Los ángeles y la oración

Meditación angélica

La importancia de llevar un diario

Ángeles en forma humana

Apariciones etéreas de ángeles

Conclusión

PREFACIO
El momento que nos ha tocado vivir no es nada fácil. Casi todos estamos mal. Casi todos tenemos problemas. Nuestra salud renquea con diversos achaques. La relación de pareja es cada día más difícil, el trabajo más problemático y el futuro cada vez más incierto. Además, el dinero escasea.
Algunas veces, las dificultades pueden agobiarnos hasta el punto de hacernos perder el gusto por la vida. Tal era mi situación cuando fui consciente de los ángeles por primera vez. No deseaba vivir más. Sabía que nadie de fuera podría ayudarme y sabía también que carecía de las fuerzas necesarias para salir del hoyo por mí mismo. Entonces, por casualidad, descubrí un método de autoayuda que no era tal, pero que funcionó de una manera milagrosa. Hizo que mi vida diera un vuelco de 180 grados y que las oscuras nubes que ensombrecían mi horizonte se fueran despejando, hasta que muy pronto, brilló de nuevo el sol. Y brilló con más fuerza de la que nunca antes tuviera. El método fue muy simple, el esfuerzo mínimo – no estaba yo entonces para grandes esfuerzos – y el resultado, increíble.
Tomé conciencia de los ángeles del modo más casual. En un principio no creí mucho en ellos, pero tampoco fui totalmente escéptico. Supe que podemos pedir su ayuda y decidí ponerlos a prueba. Este fue el principio de una relación maravillosa que perdurará para siempre y que todos, absolutamente todos podemos iniciar cuando lo deseemos.
Y este es mi primer mensaje para ti, que me estás leyendo en este preciso momento: ¡No te dejes engañar! El mundo es mucho más amplio, más rico y más complejo de lo que captan tus sentidos. De hecho, ellos son como una estrecha rendija por la que apenas se divisa una minúscula parte de la realidad. Vemos y sentimos lo que cae dentro de esa abertura, pero nada más. Esto es algo muy sabido, sin embargo lo olvidamos continuamente. Tus sentidos te dirán que estás solo, pero ello no es verdad. Son muchos los seres que te acompañan en este mismo instante. Aunque tus ojos no puedan verlos, aunque tu tacto no sienta su piel ni tu olfato su perfume, aunque tus oídos no escuchen sus pasos. Algunos de ellos pueden ayudarte a mejorar tu situación y les encantaría hacerlo.

Solamente tienes que pedírselo.
San Antonio, Texas

Octubre de 1994
INTRODUCCION
Hace quince años inicié una relación bastante estrecha con algunos seres que desde mi punto de vista actual no puedo calificar más que como humanos angelicales, con muy estrechos contactos en el otro lado de la realidad. Sin embargo, mi conciencia de este hecho no fue entonces demasiado profunda, de modo que debió transcurrir más de una década, antes que los ángeles llegaran a desempeñar un importante papel en mi vida.

Todo se inició como consecuencia de un encargo de traducción efectuado por un editor y gran amigo. Se trataba del libro de Terry Taylor Mensajeros de la Luz, que yo debía vertir al español. Cauteloso por naturaleza, no di en un principio mucho crédito al contenido del libro, me parecía - y me sigue pareciendo – encantador en muchos aspectos, pero en otros excesivamente fantasioso. Sin embargo, el contacto forzado que con él mantuve durante cierto tiempo y quizás también la desesperada situación en que entonces se hallaba mi vida a todos los niveles, me empujaron un día a comprobar la afirmación de Terry Taylor, según la cual, “toda petición humana, cualquiera que sea su importancia, será tenida en cuenta por los ángeles y llevada a efecto, siempre que sea favorable para todos los implicados, o al menos no resulte dañina para nadie”.

De modo que me decidí a pedir la ayuda de esos seres espirituales protagonistas del libro de Terry, sin imaginar ni un momento que pudiese recibir lo solicitado, y mucho menos que pocos años después, yo mismo estaría escribiendo sobre ellos.

El primer problema que les presenté se resolvió de una manera rápida y sorprendente. Mi situación económica era bastante crítica y lo que más me preocupaba en aquel entonces era el ya atrasado alquiler de mi apartamento. Usualmente entregaba cada mes un sobre con la cantidad acordada a la madre de la dueña, que vivía en el mismo edificio, dos pisos más arriba. Apenas habían pasado cinco o seis días desde mi petición de cierta ayuda monetaria, cuando de manera totalmente inesperada recibí una cantidad considerable – al menos para mí en aquel momento lo era -, sin que para nada me acordara entonces de los ángeles. Al subir a entregar el dinero a la viejecita y mientras esperaba que me abriera después de haber hecho sonar el timbre, vi que pegado a su puerta había un angelito de cerámica, cuya presencia jamás noté anteriormente y que ahora parecía mirarme de una manera muy especial. Cuando por fin me abrió y pude darle el sobre con el dinero para su hija, la anciana señora estuvo tan amable y se interesó tanto por mí, que desde entonces fue ya siempre mi aliada secreta. Bajé a mi casa maravillado y sorprendido. El ángel de cerámica y la actitud de la señora, con quien hasta entonces apenas si había intercambiado breves saludos, me hicieron pensar que tal vez los ángeles me habían oído, decidiendo ayudarme de algún modo.

Aunque mi escepticismo y mis dudas eran todavía considerables, afortunadamente no llegaron a impedir que realizara mi segunda petición, relacionada de nuevo con el problema de la vivienda. Sabía, pues me lo habían notificado diversos médicos, que la contaminación de la ciudad estaba afectando mi precaria salud y por otro lado, deseaba ardientemente liberarme del oneroso alquiler mensual. De modo que, intentando matar estos dos pájaros de un tiro y deseando al mismo tiempo comprobar definitivamente el poder y la voluntad de los ángeles, les pedí sin el mínimo recato algo que, teniendo en cuenta mis posibilidades económicas de entonces era casi demencial: una casa propia, en un bosque, y además, no demasiado alejada de la civilización. Apenas había transcurrido unas semanas cuando un compañero, profesor de la facultad de arquitectura, me comentó desolado que su ordenador se había estropeado en el momento más crítico, como suele ocurrir siempre. Por supuesto le ofrecí gustoso el mío y, así, una amistad que hasta entonces era muy superficial, se convirtió en algo bastante más sólido, tanto con él, como con otra arquitecta copartícipe suya en el trabajo efectuado con mi ordenador. Y fue precisamente esa arquitecta, quien poco tiempo después me ayudó enormemente en este asunto, y a ella debo el haber encontrado una parcela de terreno ideal para mí en todos los sentidos: el lugar es magnífico – aunque muchos lo consideran excesivamente frío -, en pleno bosque de cedros y a una hora escasa de la ciudad. La parcela en cuestión había sido embargada por el gobierno del estado. Siempre acompañado por la arquitecta, me entrevisté varias veces con el director de la dependencia estatal encargada de la regulación del suelo, y gracias a su intervención, pude adquirir la mencionada parcela por el mismo precio que había pagado su último dueño algunos años antes, en total, apenas tres mil dólares, cantidad que, teniendo en cuenta el nivel de la urbanización y la situación del propio terreno, era sencillamente ridícula. Además, por si todo ello fuera poco, el pago lo pude efectuar en varios plazos sin ningún tipo de recargo. El día que fui a ver el lugar me quedé helado; alguien, seguramente un niño, había pintado en la pared de la casa vecina la silueta de un ángel.

Siempre con la ayuda de esta arquitecta ya amiga, los trámites, los permisos estatales y locales, el agua, la luz y el comienzo de la obra fue todo vertiginoso. Yo mismo excavé los cimientos, el hoyo de la cisterna y la fosa aséptica. Antes de tres meses estaba viviendo en mi nueva casa, que aunque ciertamente muy modesta, se ajustaba con toda exactitud a lo solicitado. Aquello me animó ya más, de modo que un poco por ver hasta dónde llegaba la “racha” seguí pidiendo. Con la culpable sensación de haber gastado mis dos primeros deseos en cosas puramente materiales, decidí que ahora me ocuparía de otros aspectos de mi vida que estaban exigiendo a gritos un arreglo en profundidad. Citaré sólo uno de ellos: la salud. Tras haber pasado por las manos de al menos una veintena de médicos de todas las tendencias, de haber gastado considerable cantidad de dinero y haber sufrido estoicamente una operación y diversas terapias, mi situación era muy poco prometedora. El cáncer se estaba extendiendo con cierta rapidez por todo el cuerpo a través del sistema linfático y los dolores producidos por un tumor externo eran cada vez mayores. Los médicos que más confianza me merecían eran unánimes: no se debía recurrir a la cirugía bajo ningún concepto, sin embargo los distintos tratamientos hasta entonces utilizados habían resultado inútiles y el tiempo iba pasando, acercándome cada vez más a una situación que pronto sería irreversible. Las consecuencias psicológicas de la enfermedad no eran menores que las físicas y algunos tratamientos llegaron a debilitarme tanto que durante varios meses no fui capaz de subir más de seis escalones, ni caminar trescientos metros sin detenerme o sentarme un momento a descansar. Una vez más los ángeles fueron efectivos al máximo. Los caminos por los que me llevaron en busca de la curación – ajenos por completo a la medicina oficial – son tan apasionantes que por sí solos merecen constituir el tema de un próximo libro. No puedo decir que en la actualidad me halle totalmente libre de la enfermedad, pero sí que estoy entusiasmado, que mi situación ha cambiado de un modo radical y que vislumbro muy claramente lo que para mí será como la salida de un largo túnel. Me es imposible comentar aquí todo lo que los ángeles – a modo de Santa Claus o los Reyes Magos – me han traído en menos de dos años, pues en algunos hechos intervienen terceras personas cuyo anonimato debo respetar.

Lo paranormal es captado de muy diferente manera y en muy diversos grados por los distintos individuos. Desde aquellos/as que casi todos los días están teniendo visiones y viviendo “experiencias”, que continuamente tienen presentimientos, oyen voces o sienten perfumes inexplicables, hasta los que jamás oyen, ven, sienten ni captan nada de nada. Todo depende de la sensibilidad de cada uno y, por supuesto, también de su imaginación.

Sin considerarme totalmente “cerrado”, debo aclara que más bien me incluyo entre los últimos. Al hablar con otras personas sobre el tema de los ángeles, con frecuencia me siento bastante torpe, pues casi todas – aquí debo confesar otro gran complejo mío, y es que la inmensa mayoría de los libros editados en los últimos años sobre este tema están todos escritos por mujeres – han visto algunas vez “algo”, aunque sólo sea una figura luminosa a los pies de su cama o un señor de cierta edad que desapareció inmediatamente, después de ayudarles en algún asunto crucial. En mi caso no ha sido así, y lo digo principalmente para que no se sientan desanimados quienes como yo, nunca “vieron” nada, ni siquiera una simple luz difícil de explicar. En realidad, el hecho de que seamos o no capaces de experimentar a los ángeles a través de nuestros sentidos físicos, carece de importancia. Pero sí quiero acentuar enfáticamente que mi fe en ellos es ahora total. Generalmente, siempre que nos ayudan a lograr algo que les hayamos pedido – o el sustituto que ellos creen más conveniente para nosotros, más adelante hablaré de esto – siempre suelen darnos alguna señal inequívoca y demostrativa de que allí han andado ellos, de que no es algo que se pueda imputar a la “casualidad” ni a una evolución natural de las circunstancias. Al menos, así me ha ocurrido en casi todas las ocasiones. Quizás sea una estratagema suya para evitar que les quite el mérito de lo logrado, pues seguramente consideran que mi fe en ellos no es aún todo lo sólida que debiera ser. O tal vez sea simplemente una forma – encantadora por cierto – de hacernos notar su presencia, su amistad y su ayuda a quienes, como yo, no sabemos ni podemos captarlos de otro modo más “sutil”.

Andaba yo un día merodeando por las librerías más antiguas de la ciudad de Austin, cuando de pronto divisé en una estantería un libro de Ruth Montgomery – cuyas obras había estado buscando afanosamente para documentar un trabajo anterior. Se trataba de A World Beyond, publicado veinticuatro años antes. Lo tomé y comencé a hojearlo con esa sensación de desencanto que nos suele embargar cuando algo llega tarde y a destiempo. De pronto, todos mis sentidos se aguzaron al descubrir entre sus páginas, olvidada seguramente por su antiguo dueño, una vieja felicitación navideña. No tenía la clásica forma rectangular, sino que se trataba ni más ni menos que de un ángel recortado en cartulina. Aquello fue suficiente para hacerme comprar el libro, que guardé hasta la próxima semana, en que mi amiga arquitecta me había invitado a pasar unos días en la ciudad de Cuernavaca – México -, donde ella estaba terminando una construcción. Al día siguiente de llegar, sentado en una escalinata que da a la plaza principal, bajo los frondosos árboles que me protegían del ardiente sol tropical y sin saber el tiempo que tendría que esperar a mi amiga, abrí el libro de Montgomery. Las primeras palabras que captaron mis ojos me dejaron de una pieza. “En Cuernavaca...” decían. Aquello era ya demasiada “casualidad”. Me leí el libro de un tirón, ávidamente y con gran interés, y en él hallé cumplida respuesta a un asunto que me había estado preocupando durante muchos meses.

Como un ejemplo final, referiré de qué manera se materializó muy recientemente algo que había pedido a mis amigos los ángeles hacía ya más de un año. No entraré en los detalles del caso, pero sí diré que la solución a mi pedido llegó a través de dos personas totalmente “angelicales”: Hania Czajkowski y su esposo Aníbal. Resulta que Hania es ni más ni menos, que la autora de una sorprendente obra sobre ángeles que ha visto la luz en los últimos tiempos: “Jugando con los Angeles”. ¿Debo pensar que fue la casualidad, lo que, tras viajar casi diez mil kilómetros hasta la ciudad de Buenos Aires, me hizo entrevistarme con un arquitecto argentino, y su cónyuge ingeniero civil, totalmente desconocidos hasta entonces para mí, y que ese arquitecto resultara precisamente ser Hania, autora del único libro-juego “angélico” que – hasta donde yo sé – ha visto la luz en el continente americano?. Mucha casualidad sería esa, sobre todo teniendo en cuenta que los ángeles están presentes en este asunto. Además, la casualidad no existe.
Parece que a este mundo venimos básicamente a dos cosas: a aprender y a ayudar a los demás. Si la síntesis que, con mis experiencias y las de otros, presento en los capítulos siguientes, lograra servir de ayuda a alguien como el libro de Terry Taylor me sirvió a mí, este humilde trabajo habrá cumplido totalmente con su cometido.

Que así sea.
  1   2   3   4   5   6   7

similar:

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconResumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel?

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconResumen : Nuestra primera visita al laboratorio tuvo lugar el día...

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconResumen se calcula la aceleración de un sistema dinámico frente a...

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconResumen el presente laboratorio como su nombre lo indica se trata...

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconResumen: Nombre

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconResumen: Nombre

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconCabe averiguar ahora si la compensación es adecuada, exagerada ó insuficiente

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconResumen a partir de la afirmación de McLuhan sobre los medios de...

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconNombre del principio activo Mecanismo de Indicación Nombre Nombre del Estado de comercialización

Resumen ¿Cómo averiguar el nombre de tu ángel? iconTambién conocido como melisa, cedrón y cidronela, su nombre científico es


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com