El equipo que podemos observar, en programas de televisión como en la montaña a los buenos escaladores, consiste en unas mallas, una cuerda, un arnés de




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Asegurar desde la reunión


De acuerdo con las condiciones existentes, se ha montado una reunión ideal para asegurar al segundo. Debido a su complicada manipulación y a la importante disminución de la libertad de movimientos en caso de caída, este aseguramiento no debe realizarse al cuerpo, sino al punto central.
Por este motivo, el nudo dinámico deben ser el sistema fundamental de aseguramiento. Otros métodos, tales como el ocho o la placa de freno, al contrario de lo que se cree generalmente, desarrollan en esta situación muy poca fuerza de rozamiento, de tal manera que puede resultar problemático el aguantar una caída del que escala de segundo.
Al continuar asegurándose el que escala de primero, debe tener claro que en caso de caída antes del primer seguro intermedio -- o tras la rotura del mismo -- el tirón de la caída se producirá directamente hacia abajo y debemos evitar esta eventualidad a toda costa. No obstante si se ha pasado la cuerda por los seguros intermedios y estos aguantan, el tirón de la caída será en dirección al primer seguro.
Utilizando un triángulo de fuerza en este caso, el asegurador puede en poco tiempo, ser izado a una altura de un metro aproximadamente. Por lo que, si existiera el peligro de lesionarse debido a la estructura de la roca que se encuentra por encima de la reunión, se debe asegurar el triángulo de fuerza desde abajo.



Siempre que el primer seguro intermedio a un lado de la reunión está situado a una cierta distancia en horizontal el que asegura debe colocarse en dirección a este primer seguro para evitar una aceleración lateral crítica en caso de caída.
  • Asegurar al final de la vía


Suele ocurrir que no se pueda montar la reunión o no se encuentre ningún anclaje directamente a la salida de la ruta. Por lo tanto, montar la reunión, o bien más atrás, o bien desplazada lateralmente.
En este último caso, para el que escala de segundo existe el peligro de que tras haber sacado el último seguro intermedio, se produzca una caída pendular, problema que puede solucionarse instalando un seguro adicional directamente a la salida de la ruta.
Las reuniones situadas muy hacia atrás, pueden provocar un incremento del rozamiento de la cuerda además de ciertos problemas de comunicación. En este caso resulta aconsejable alargar el autoaseguramiento hasta una posición más favorable y cercana a la salida, formando el punto central mediante un nudo de gaza pequeño a una distancia de aproximadamente medio metro del punto de encordamiento. Análogamente al aseguramiento al cuerpo, en el autoaseguramiento hay que prestar atención para situarse dentro de lo posible, exactamente entre el anclaje de la reunión y el último seguro intermedio.



Este método sólo debe utilizarse cuando tras soltar el último seguro intermedio, se pudiera producir el peligro de una caída pendular.
De vuelta a nuestra cordada; el que escala de primero ha encontrado una posibilidad de aseguramiento óptima, su compañero le sigue y, algunos minutos después ambos han llegado a la meta. Un alpinista en toda regla expresaría su alegría con un vigoroso apretón de manos. Un escalador deportivo, por el contrario, ante todo debería darle las gracias a su compañero por su correcto y paciente aseguramiento.
Cada cual, según su ambición, consignará su ascensión en el libro de piadas -- si lo hay -- y se permitirá un bien merecido descanso.

Descolgar, rapelar, desmontar

  • Descolgar, rapelar, desmontar

Siempre que no exista ningún destrepe posible el descenso se debe realizar por la vía de ascenso o por un sistema de rapeles preparado para ello.

Tanto por motivos ecológicos, como por la incomodidad del calzado de escalada, evitaremos el descenso a pie por bosques, praderas o matorrales, aunando la comodidad personal con la protección de la naturaleza. Con respecto a las técnicas de descenso, se puede escoger entre descolgarse y rapelar. Durante esta operación se procederá a desequipar el largo, esto es, retirar todos los medios de aseguramiento que puedan encontrarse aún en la ruta.

En el caso de una ruta de dos largos por ejemplo, ya se habrá desequipado durante la ascensión del segundo de cuerda, en cuyo caso el método adecuado de descenso será el rapel.

  • Rapelar

Se pasa la cuerda por un seguro, anillo, o alrededor de un árbol, de tal manera que ambos extremos tengan la misma longitud. Y por último se empieza a rapelar valiéndose del ocho de rapel, de la forma representada en la ilustración.



El uso del nudo Prusik como autoaseguramiento resulta fundamental tanto para los menos entrenados, como para los más avanzados, que se pueden encontrar con que los extremos de la cuerda no llegan al pie de la pared. Al preparar este tipo de autoseguro, resulta importante medir la distancia del cordino con que hacemos el prusik, de manera que este no se pueda meter nunca en el ocho, o bien colocar el prusik sujetando la soga por encima del ocho.

En las instalaciones de rapel situadas en zonas especialmente expuestas, resulta aconsejable autoasegurarse al punto de anclaje mediante un anillo durante la preparación del descenso.

En cuanto el primero haya alcanzado el suelo o el siguiente rapel, ya se haya soltado, avisar  a su compañero con un "cuerda libre". Además, tirar un poco de la cuerda para comprobar que se podrá recuperar sin dificultad. Cuando todos hayan rapelado se tira de un extremo de la cuerda hasta que esta caiga. Si se dispone de dos cuerdas y se quiere rapelear el largo entero, se unirán las cuerdas mediante una gaza por seno pudiendo además, darle una segunda vuelta para rematarla. Este modo de unir las cuerdas ha demostrado ser adecuado ya que, a causa de su facilidad para apartarse, pasa mejor que otros muchos nudos sobre las aristas.

Al rapelar con ambas cuerdas unidas, hay que tener muy en cuenta de que extremo vamos a tirar, ya que, si el nudo se introduce en el anclaje de rapel, puede resultar problemático incluso tirar de él en la dirección correcta. (Img. 16)



Como ya se mencionó, el rapel se puede montar también sobre un cordino o cinta plana, ya que, al contrario que al descolgarse, la cuerda no se mueve al rapelar, de manera que no existe peligro de que el cordino se derrita o se rompa. En todo caso, al tirar de la cuerda para recuperarla, pueden producirse roces y quemaduras debidos a la fricción de esta con el anillo, por lo que los anillos que se vayan a utilizar para rapelar, deben inspeccionarse atentamente después de cada uso. (img. 19)



Si se unen dos puntos de anclaje para rapelar, lo mejor es atar el cordino tal y como se muestra en las ilustraciones. Si los ángulos a ambos lados del nudo central son iguales, repartirán el peso por igual.

Si se trata de un anclaje con anilla, puede resultar problemático sacar la cuerda, pues si lo intentamos tirando del cabo superior, es posible que el cabo inferior se trabe entre la anilla y la roca. Por lo tanto en estos casos se tirará siempre del cabo inferior. (Ver img. 16)

Esto se aplica también a la hora de descolgar. Cuando exista el peligro de que se trabe la cuerda, la pasaremos al contrario, de fuera hacia dentro.

  •  Descolgar y desmontar

En la escalada deportiva se da con frecuencia el caso de que ambos compañeros quieran escalar de primero el mismo largo de cuerda.

Siempre que este último no supere la mitad de la longitud de la cuerda, podrán hacerlo sin problemas.

Cuando el primero haya superado el largo será descolgado según el método que ya conocemos, se saca la cuerda y entonces el segundo puede escalar el largo de primero, pudiendo contar con los medios de aseguramiento utilizados antes, que siguen todavía en la pared.

Cuando no esté claro si la cuerda va a ser lo suficientemente larga como para descolgar, el que asegura debe atar imprescindiblemente el extremo libre a su arnés.

Si el segundo también ha superado la ruta, y encuentra arriba un descuelgue fiable a su disposición, puede ser descolgado a su vez después de que haber pasado la cuerda por él. Para ello, se une al descuelgue mediante un anillo o una cinta express, se desata de la cuerda, se pasa su extremo por el anillo, y se vuelve uno a encordar.

Se puede evitar fácilmente la penosísima situación de ver como la cuerda se cae, atándola a nuestro arnés antes de desencordarnos, tal y como muestra la secuencia de ilustraciones. Por supuesto, toda esta operación se simplifica si al final de la ruta hay un mosquetón por el que se pueda pasar la cuerda sin más.



A propósito, hay que tener en cuenta que cualquier mosquetón encontrado en una clavija, no debe ser considerado como un botín a nuestra disposición, sino como una propiedad ajena que debe ser dejada en su lugar.

Así pues, tras haber pasado la cuerda y mientras somos descolgados, se procede a retirar todo nuestro material que quede todavía en la pared.

Si la ruta discurre diagonalmente o por extraplomos, resulta útil mosquetonear una cinta express al cinturón y al otro cabo de la cuerda.

Si en el descuelgue sólo hay disponibles cordinos y drizas, hay que rapelar, cosa que también es remendable para aquellos largos de más de 25 metros.

En ambos casos, uno se asegura al descuelgue y procede tal y como se explicó en el capítulo anterior.

El desmontar puede resultar problemático cuando no se alcanza el final del largo, y uno se ve obligado a continuar el descenso por medio de un seguro intermedio. En este caso, y según el tipo de cáncamo del seguro, existen varias posibilidades diferentes:

  • En los anillos de acero, grandes y redondeados, actuaremos como si fuéramos a descolgarnos.

  • En el caso de chapas grandes y anchas, resulta posible rapelar directamente de ellas, aunque en todo caso, el fuerte esfuerzo de acodamiento no resulta ideal para la cuerda.

  • Cuando se trate de chapas pequeñas (la cuerda y el mosquetón no caben juntos), se pasa una driza doble por ellas y se rapela.

Atención: Las chapas que hayan soportado muchas caídas, pueden tener rebabas cortantes que fuercen a la driza a padecer cargas de acodamiento extremas. El método mas seguro en este caso, pero también el más caro, consiste en sacrificar un mosquetón, y descolgarse por él.

Se debe tener claro que la consecuencia más probable en todos los métodos descritos, si se produjera una rotura del seguro intermedio utilizado, sería la caída hasta el suelo. Por lo tanto, utilizar uno sólo de estos anclajes para el descenso, es algo que se debe relegar a situaciones de necesidad.

Especialmente en el caso de buriles, clavos o cualquier otro tipo de seguro precario, uno se debe plantear si no sería m s conveniente intentar destrepar el largo.







Forma de pasar la soga por el ocho sin riesgo de que este caiga.

La secuencia muestra como rapelear más de una persona al mismo tiempo en una sola soga.

Gaza de rapel.


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