II. hacia una representación gráfica del amor




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Pero no todos pueden amar.

El flirteo capa el corazón.

El afán posesivo mata la relación.

El ahora y el aquí, la alegría y la amabilidad, la aceptación... lo riegan.

 

Amar es posible, y es la felicidad.

 

 

[1] “El amor lleva consigo cierta unión según el afecto, en virtud de la cual quien ama considera al ser querido, de algún modo, como constituyendo una unidad consigo mismo –con el amante-, como algo que al amante pertenece; y que de esa manera se siente quien ama movido hacia el amado” (Tomás de Aquino, STh, II-Iiq. 27, a. 2.

[2] No vamos a hacer uso de los abundantes términos con los que cuenta la antropología para referirse técnicamente a los distintos fenómenos con los que aborda el complejo mundo de la afectividad. Nos apartaría de nuestro objetivo, que es el de trazar las grandes líneas que permitan encuadrar los modos que adopta ese elemento subjetivo del fenómeno del amor – el sentimiento – en un proceso que pueda considerarse normal.

[3] E. Rojas, El laberinto sentimental, Espasa, Madrid 1987, pág. 17.

[4] Con esto no quiero dar a entender que la dimensión corporal de la sexualidad reste a la relación de amor. “La misma dinámica física del sexo, que enloquece y está hecha para llegar al final, es una expresión adecuada de ese amor libre y voluntario de la persona que se entrega del todo, hasta el final. De quien está enamorado en serio se dice que está loco de amor. La locura de la carne está hecha para poder expresar y realizar esa locura del espíritu que es la entrega total a otra persona” (Santamaría, M. pág. 10 y 11). Sólo indicamos que no es ésta la dimensión primariamente buscada en el amor enamorado.

[5] CS Lewis, Los cuatro amores, pág. 105,  Madrid 1997.

[6] Santamaría M., Saber amar con el cuerpo, pág. 9.

[7] CS Lewis, Los cuatro amores, pág. 126.

[8] Clara ayer y hoy, BAC Popular, Madrid 1996

[9] Delibes M., Señora de rojo sobre fondo gris, Destino, Barcelona 1991, pág. 112.

[10] Lewis CS, Mero cristianismo, Rialp, Madrid 1995, pág. 122-123.

[11] Cuando el amor no es romance, J Guitton, págs. 21-22.

[12] Señora de rojo..., pág.

[13] Cuando el amor no es romance, J Guitton, pág. 69.

[14] Ibídem.

[15] Idem, pág. 68.

[16] Idem.

[17] Mi testamento filosófico, Encuentro, Madrid 1998, p. 141.

[18] CS Lewis, Mero cristianismo, págs. 124-125.

[19] Una pena en observación, Anagrama, Barcelona 1994, pp. 20-21

[20] La sabiduría del amor, Gedisa, Barcelona 1986, p.27-28.

[21] Ibidem, p. 107.

[22] En otro orden de cosas, pero en esta misma perspectiva de dirección del amor  y de amor obligante, el teólogo Von Balthasar relata su propia vocación con estas palabras: “¡Tú no debes escoger nada, tú has sido llamado! Tú no debes servir, tú serás tomado para el servicio... Lo único que hay que hacer es dejar todo y seguir, sin hacer distinciones, sin deseos e intuiciones particulares. Debes estar allí y ver para qué puedes servir”.

[23] Manglano, J.P., El intruso.

[24] Emecé, Barcelona 1999, p. 107.

[25] El cuaderno de Noah, pág. 14

[26] Carta a Paulette Leclercq, 3 de enero de 1934.

[27] Antes del fin, Seix Barral, Barcelona 1999, p. 164.

[28] Ibidem, p. 165.

[29] Manglano, J.P., ¿Se puede aprender a sufrir?, Desclèe De Brouwer, Bilbao 1999.

[30] Mi testamento filosófico, p. 140.

[31] Cuaderno de Noah, Pág. 20.

[32] Il segreto dei pesci rossi, Editrice Elledici, Torino 2000, p. 69.

[33] Esta terminología la hemos tomado de CS Lewis, en su obra ‘Los cuatro amores’, capítulos I, II, III.

[34] Ahora bien, el único que admite beberse solo por mucho tiempo, el único que se da en solitario, es el amor-necesidad, puesto que lo único fijo o permanente en el ser humano es la necesidad que tiene de otros.

[35] Guitton, J., Mi testamento filosófico, Encuentro, Madrid 1998, pág. 134.

[36] Rocco Buttiglione, L’uomo e la famiglia, Dino Editore, editado en castellano por Palabra, p. 74.

[37] CS Lewis, Los cuatro amores, pág. 43 y 44.

[38] Esto es así porque el hombre no es libertad.

[39] CS Lewis, Los cuatro amores, pág. 12 y 13.

[40] Chesterton, G.K., El amor o la fuerza del sino, Rialp, Madrid 1994, pág. 218-219.

[41] M Santamaría, Saber amar con el cuerpo, Ed. artística Gerekiz, Bilbao 1993, págs. 15-16.

[42] En filosofía se le llama ‘alteridad’, del latín Alter, Otro.

[43] C. S. Lewis, El matrimonio cristiano, pág. 118.

[44] K. Mourad, De parte de la princesa muerta, Muchnik Editores, Barcelona 1988, pág. 175.

[45] M. Esparza, Amar no es tan sencillo, Manuscrito, pág. 14.

[46] Una pena en observación, Anagrama, Barcelona 1994, p. 31.

[47] Lewis, CS, Los cuatro amores, pág. 61, 62 y 63

[48] En el caso de relación de amor con Dios, esta enfermedad se da, no con respecto a Dios mismo, sino con respecto a la vocación de que se trate.

[49] Lewis, CS, Los cuatro amores, pág. 54 y 55.

[50] Von Le Fort, G., Encuentro, Madrid 1998, p. 97.

[51] Lewis, CS, Los cuatro amores, pág. 58 y 59.

[52] Nouwen, Henry J.M., El regreso del hijo pródigo, PPC, Madrid 1998, pág. 124

[53] Manglano, J.P., . El intruso.

[54] Manglano, J.P., El intruso.

[55] Berzosa, R., Las siete palabras de, PPC, Madrid 1995, pág. 115 y 116

[56] Mounier, E., Cartas desde el dolor, Encuentro, Madrid 1998, p. 39-40.

[57] Ibidem, p. 24.

[58] Paz, O., La llama doble, Galaxia Gutenberg, Barcelona 1997, p. 11.

[59] González, J.L., Dos veces cuento, Ed. Internacionales Universitarias, 1998.

[60] Unamuno, M. de, La tía Tula, Espasa Calpe, 11 ed., Madrid 1972, p. 52.

[61] La experiencia nos dice que sólo Dios es un interlocutor de esta categoría, sólo de Él se puede esperar un amor sin fisuras, que no decepciona nunca. Un amor en el que nos podamos abandonar sin reservas. Alguien que pueda penetrar en unestra intimidad, al que le podamos abrir esa intimidad de par en par –con el desgarro que exige el amor total-, sin miedo a que nos hiera, sin miedo a que estropee algo de todo lo bueno que hay allí, mientras nos pide con una exigencia absorbente que arranquemos todo lo defectuoso, todo lo que estorba. Cfr. ¿Sigue vivo Dios?, Desclée De Brouwer, Bilbao 2000, pags.106 ss.
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