II. hacia una representación gráfica del amor




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EL CONTAINER

Si quisiéramos representarlo gráficamente, podríamos considerar el amor –aunque la comparación pueda resultar algo grosera y nada poética– como un ‘container’ en el que se encuentran dos cámaras o departamentos: el del sentimiento y el de una cierta unidad.

Es el amor un fenómeno único, una vivencia unitaria, pero podemos distinguir –utilizando el bisturí de los conceptos– la presencia necesaria y constitutiva de estos dos elementos[1]

a) No puede llamarse amor a un sentimiento que no realiza cierta unidad. Recuerdo estar viendo una película en casa de un amigo. La llegada de Sofía, su hermana adolescente, fue escandalosa: en cuanto escuchó la voz de Leonardo Di Capri..., a la carrera y entre exclamaciones de regocijo, llevó su cuerpo de quince años al pie de la televisión, donde permaneció embobada el resto del tiempo. Es claro que ese sentimiento, esa emoción no es amor.

b) Tampoco a la unidad entre dos personas, pero ausente de sentimiento amoroso le llamamos amor. Basta pensar en el clásico mayordomo que conoce al detalle al señor de su casa, y aprovecha la sordera de éste para, entre sonrisas y gestos de servilismo, echar pestes contra él. Entre los dos se da cierta unidad, pero claramente fuera del orden del afecto: tampoco eso es amor.

LAS PAREDES DEL CONTAINER

El amor como un solo container con dos cámaras. Pero, ¿qué une esas dos cámaras? ¿Qué hace que las dos sean una sola vivencia? ¿Qué lleva a que a las dos al mismo tiempo les llamemos ‘amor’? La pared del container, el muro que da unidad a las dos cámaras, el envoltorio que da cuerpo y consistencia unitaria al fenómeno del amor, es la voluntad, es decir, el querer amar.

En este sentido es distinto el amor y la vivencia del “sentirse enamorado”. El enamoramiento, lo que queremos describir en el lenguaje vulgar con este término, es una vivencia que no hace falta quererla; se trata más bien de algo que se padece, que se sufre (en el sentido de que quien lo protagoniza es más sujeto pasivo que sujeto activo). Cuando una persona dice ‘me he enamorado’, está refiriéndose a algo que ‘le ha pasado’, más que a algo que ‘ha hecho’.

El enamoramiento es una experiencia que se impone, se siente; pero, al menos en su inicio, no es un estado que requiera el ejercicio de la voluntad libre. Sin embargo, la presencia de la voluntad, querer amar, es la clave por la cual puede existir el amor entre dos personas; hasta el punto de que se amen incluso en momentos en los que no se gustan (igual que puedo amarme a mí mismo incluso en momentos en los que no me gusto). Es más, puede permanecer el amor entre dos incluso en circunstancias en las que “me siento enamorado” de otra persona distinta a la que amo.

El envoltorio es la voluntad. La voluntad es la facultad de la persona humana que permite al hombre realizar actos libres; y es ésta la que tiene la capacidad de determinar a la persona entera hacia un amor en concreto. Así, por ejemplo, no es libre la atracción natural que pueda sentir hacia una persona, atracción que se da como un proceso espontáneo que vivo yo pasivamente.

Sin embargo, la voluntad es como la ‘varita mágica’ de la que disponemos para transformar eso que me pasa en algo que yo quiero, en algo que yo hago: hago mío, con libertad, el enamoramiento. El amor, de esta manera, se convierte en una decisión de amar al otro; es decir, quiero libremente establecer una relación de unidad con tal persona (relación de entrega) acompañada de los sentimientos de amor que correspondan.

Esta primera pared o envoltorio va creando, con el mismo ejercicio de ese amor, una segunda pared que la fortalece: es el muro de las virtudes que lleva consigo una vida de amor, virtudes que son hábitos de unidad y entrega.

Por último, cabe señalar que cuando en esa relación de amor media Dios de alguna manera (ya sea porque se trate del matrimonio cristiano, ya porque la persona amada sea Dios mismo), este container cuenta con un refuerzo que consolida estas paredes, que es la gracia; la fe cristiana dice que la gracia interviene directamente en la voluntad como fuerza, y en la forma de ver y entender las cosas como luz.

Con los elementos diferentes que han salido hasta el momento, la representación gráfica quedaría del siguiente modo:

Elemento Subjetivo

Elemento Objetivo

Vivencia afectiva de la relacion

Unidad Vital de las personas

Voluntad + virtudes

 

III.  TRES FORMAS DE SENTIR EL AMOR

En primer lugar nos ocupamos del sentimiento en el amor. ¿Qué es sentir? Sentir es notar; sentir significa la impresión que produce algo, cómo se vive en el interior una realidad[2]. En nuestro caso, se trata de ver cómo se vive afectivamente el amor, cómo se siente el sujeto que ama en su relación de amor, cómo se vive el amor subjetivamente, cómo se encuentra instalado interiormente en su relación amorosa.

Como afirma el psiquiatra Enrique Rojas, “todo lo afectivo consiste en un cambio interior que se opera de forma brusca y paulatina y que va a significar un estado singular de encontrarse, de darse cuenta de sí mismo. Por eso se funden en él, de algún modo, la afectividad y la conciencia; esta última como capacidad para darse cuenta de lo que sucede, reflexionando sobre su desencadenamiento y contenido”[3].

Es evidente que el amor se siente de un modo cambiante: la noche en que se declara el amor por primera vez se vive de un modo bien distinto al modo en que se vive ese amor la noche que arranca la hoja del calendario veinte años después.

El amor -su realidad objetiva- es el mismo pero es distinto, pues en veinte años han cambiado muchas cosas; y la experiencia amorosa que le acompaña, la vivencia interior y afectiva también es distinta. Por lo tanto, el modo de sentir el amor es cambiante. Vamos a distinguir las tres formas básicas de este sentimiento, que serán:

 a) el amor-enamorado.

b) el amor-tranquilo.

c) el amor-crítico o en crisis

Esto es, el amor sentido como enamoramiento, el amor sentido como paz y tranquilidad, y el amor sentido como crisis y ocasión de sufrimientos.

  1. EL AMOR-ENAMORADO:



Elemento Subjetivo

(Sentimiento)

Elemento Objetivo

(Unidad)

Amor-enamorado

Amor- donación

Amor- tranquilo

Amor- apreciación

Amor- critico

Amor- necesidad
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