II. hacia una representación gráfica del amor




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Empezaremos por hablar del amor-enamorado, pero antes que nada queremos insistir de nuevo en algo: el amor-enamorado no es un tipo de amor, sino una de las formas de sentir, de notar, el amor; hay otras formas de sentirlo, pues no es la única, pero durante algunas épocas el amor se siente como amor-enamorado.

Por otro lado, éste es el modo de sentir que nos aparece como más característico del amor. Es presentado en la literatura y en el cine con facilidad y éxito. Personajes como Romeo y Julieta los dibujan extraordinariamente bien en su forma más pura. Pocas son las novelas, y menos las películas, en las que no se presente una historia de amor, y casi todas ellas nos lo muestran como una pasión enamorada.

Diez características del amor-enamorado

1. Su fuerza pasional absorbe a la persona entera. Afecta con violencia a todas las esferas del sujeto. Su fuerza es capaz de alterar desde las funciones más orgánicas, como el apetito y el sueño, hasta las facultades espirituales -¿quién no ha justificado olvidos o despistes achacándolos a un “es que está enamorado”? -.

"Él es el impulso que abre mi apetito.

 No puedo respirar, no puedo dormir si él no

está cerca.

Cada día es gris si él no está en mi ciudad".

The Corrs.

2. El enamorado quiere a la persona amada, y la quiere en sí misma. Le resultaría incómodo pensar en los beneficios que pueda sacar de esa relación. Quiere a la persona amada por sí misma, no por lo que pueda proporcionarle –obviamente, tampoco por el placer sexual-[4]. El amor-enamorado hace a la persona capaz de no vincularse necesariamente a lo sensible e inmediato, ni a las ventajas o ganancias que podrán obtenerse de esa relación, sino que uno se vincula al proyecto de una nueva vida compartida. El centro ya no es mi ‘yo’.

Se da “un desplazamiento afectivo de la persona.

Antes ‘yo’ significaba, en primer lugar y casi exclusivamente, el propio cuerpo físico, comprendido como centro de intereses y acciones. Por el contrario, cuando se está enamorado se desea estar junto a aquel que se ama de modo tal que el centro de la propia existencia se pone en esa cercanía”.

Rocco Buttiglione

3. Goza pensando en la persona amada. “Lo que viene primero es simplemente una deliciosa preocupación por la amada: Una genérica e inespecífica preocupación por ella en su totalidad. Un hombre en esa situación no tiene realmente tiempo de pensar en el sexo; está demasiado preocupado pensando en una persona. El hecho de que sea una mujer es mucho menos importante que el hecho de que sea ella misma. Está lleno de deseo, pero el deseo puede no tener una connotación sexual. Si alguien le pregunta qué quiere, la verdadera respuesta a menudo será: ‘seguir pensando en ella’. Es un contemplativo del amor”.[5]

Conocerte ha sido nacer.

He dejado de mentir, me he metido en el papel de quererte

y no quiero salir.

Que se cierren bien las puertas.

Ésta vez me quedo dentro.

Pueden apagar las luces fuera”.

Ella baila sóla

4. Desea la mayor unidad y entrega que pueda lograr. Los abrazos se quedan cortos para los deseos de entrega que claman por un “te comería”, que sólo se satisface con el saber que “yo soy tú”.

En aquel momento de decirte yo a ti ‘tú’, y de decirme tú a mí ‘tú’, yo me olvidaba de toda la realidad,

y apoyado en algo tan leve, tan inmaterial como esa sílaba ‘tú’,

yo soñaba que no era mentira, que éramos novios,

que me querías mucho,

que el tú nos era ya familiar”.

Pedro Salinas, Carta V.

5. La persona amada pasa a ser como un nuevo sol que ilumina su existencia, al tiempo que quita la luz propia al resto de elementos de su vida. El resto de cosas tendrán la luz que reciban de su amor: no vale ni más ni menos que lo que las valore su relación de amor.

 "Los colores se hacen más vivos, los contrastes más profundos, los sonidos más ricos

 y armoniosos. La naturaleza se llena de significaciones, de ecos, de resonancias sagradas"

El vuelo nupcial, F. Alberoni

6. Sólo le importa ella, y a ella él: el resto queda supeditado. Los esfuerzos, renuncias y sacrificios no tienen importancia: son calderilla en comparación con la mejor de las bancas que ahora tengo en posesión.

¿Por qué me hablas de la gloria, de la fama, del nombre mío como poeta? No, yo no

tendré nada de eso (...) Además de no poder, porque no querré, porque yo no quiero nada sino

tú, tú y tú. Todo que acabe y empiece en ti. Que tú seas el principio y el fin de todos mis

pensamientos. Yo no necesito nada sino a ti y ninguna corona de laurel me dará tanta dulzura

en la frente como la blanca corona de tus manos. Trabajaré sencillamente a tu lado. Seré

poeta, sí, pero poeta para ti y para nuestra vida, y si alguna vez la gloria y la fama vienen a 

mí, las miraré desdeñosamente para mirarte sólo a ti, amor de mi vida.”

Pedro Salinas, Carta IV.

7. La entrega a la persona amada, la desaparición del ‘yo’ para poder pronunciar el ‘tú’ con la mayor plenitud posible, aparece como el objeto de máximo interés. Deje lo que deje, ¿qué valor tiene en comparación con lo que adquiero?

"El amor naciente se nos aparece revestido de un nimbo absoluto. Todo lo promete la presencia, la

simple imagen del ser amado, son vividas como algo inagotablemente nuevo, misterioso y saciante.

Una súbita magia derrumba en nosotros al hombre viejo y nos llena el alma de dichosa embriaguez."

Sobre el amor humano, Gustave Thibon.

8. El grado de felicidad que alcanza era desconocido hasta el momento: éste es un placer a otro nivel. Pero tampoco busca la felicidad, busca a la persona. Tanto es así, que quien tratase de disuadir una pareja de enamorados presentándoles los sufrimientos objetivos que deberán vivir... no conseguirá nada: prefiere vivir torturado con ella, a otra vida más fácil pero sin ella.

"Ella no se hacía ninguna ilusión sobre le porvenir que le esperaba cuando fuera su

mujer; no lo pintaba con colores suaves ni se prometía que resultaría fácil; por el contrario, sabía que

viviría en la pobreza y en la oscuridad, que sería la compañera de sus luchas y de su severo, duro y

áspero estoicismo. Pero sabía también que la felicidad para ella consistía en introducirse en la vida de

él, por árida y triste que pudiera resultar.”

Henry James, Las Bostonianas.

9. No quiere vivir el tiempo sin ella. Por eso, el “para toda la vida” es incuestionable. ¿Para qué quiero el tiempo si no está ella?

“Eternamente te amo”

Todo el que haya vivido este amor-enamorado sabe que ese amor se desea para siempre... y si no es así, no es verdadero. No es auténtico amor el que refieren algunas letras de canciones como ésta:

Y no, no, no me pidas un beso eterno.

No me pidas más de un momento, no puedo.

No puedo darte más.

No quiero darte más”

Ella baila sóla

10. El enamoramiento tiene la capacidad de redimensionar la existencia propia, y de transformar todos sus elementos en función del nuevo amor.

"El amor es igual que un director de orquesta: levanta su batuta, golpea en

el atril, reclama la atención y brota, repentina e irreprimible, la música del mundo. Cantan las

hogueras, las estrellas, las flores. Suena la noche inundando con su oscura armonía, con su

anhelante armonía, los balcones, las escaleras, los cuartos, los pasillos."

Antonio Gala, Afanías.

El papel que juega el amor-enamorado

Un breve análisis de conjunto: ¿Cuál es el papel de este amor? El amor vivido como pasión enamorada no es ‘cosa de adolescentes’; es algo fundamental en la biografía de cualquier historia de amor. Hablando algo esquemáticamente, el amor-enamorado tiene un papel insustituible en estos tres sentidos:

1) El sentimiento del amor-enamorado es de tal fuerza que es capaz de romper la individualidad, el encerramiento natural del hombre en su persona y en sus intereses.

Rompe el yo, consiguiendo que al salir éste de los herméticos muros que le encerraban en él mismo, viva y disfrute de lo que es el amor de verdad. Con su fuerza consigue mostrar al hombre lo divino; si Dios es amor, le pone muy cerca –en semejanza– de lo que es Dios.

2) Vale la pena señalar que el fuego del enamoramiento es realmente el punto de ignición, es el fuego inicial que pone en marcha la dinámica del amor. Es el inicio. Insistimos porque gran parte de su cometido está ahí: en empezar. Si consigue que empiece el amor, ya ha cumplido gran parte de su papel.

3) El enamoramiento hace sentir al principio, como un destello, lo que es el amor que se alcanzará al final. Esta situación es real y no es real. Es real en el corazón, en el ámbito de los deseos y de la afectividad: realmente se vive lo que se siente. Pero no es real en la vida, en el sentido de que esos deseos, afectos, entrega,... todavía hay que hacerlos realidad, habrá que llevarlos a cabo en el día a día. No es real en el sentido de que el yo que se proclama muerto para ensalzar el tú... resulta que de hecho no está tan muerto como dice estarlo.

Pero esto no quita ningún valor al sentimiento del amor-enamorado. Todo lo contrario, ya que ésta es la otra parte de su misión: mostrar al principio el final. Esta experiencia que vivimos ahora es la meta de nuestro amor. Los principios que ahora sentimos son los que deberán imperar. Paradójicamente, hacia donde deberemos marchar en el futuro, es hacia nuestro ‘ahora’.

EL AMOR ENAMORADO…

Rompe la individualidad

Es el fuego inicial

Muestra al principio lo que se corregirá al final

No confundir el amor-enamorado con el pre-amor

-¿Qué diferencias hay entre el amor y el enamoramiento?

-Enamorarse designa un proceso que puede llegar o no al amor. En él se mezclan emociones

confusas: la atracción, la conquista, la novedad, la excitación, la ausencia de rutina y responsabilidad.

No hay garantía de que el enamoramiento lleve al amor. Puede desaparecer en cuanto la conquista esté

asegurada, termine la novedad o comiencen las responsabilidades” J.A. Marina

Conviene que aclaremos términos. Letras musicales, películas, literatura, conversación coloquial... llaman amor a cualquier fuerza de atracción que se siente entre dos personas; y no todo es amor. No es cuestión de lograr simplemente mayor precisión filosófica en el lenguaje, sino de poder vivir comprendiendo qué es lo que vivimos, qué es lo que nos pasa.

Mentimos mucho con el lenguaje. El adolescente dice que está enamorado de esa que ve en el autobús todos los días pero de la que ni siquiera sabe el nombre; el joven que rompe y, sin ningún sentimiento doloroso, esa misma tarde va en busca de otra, dice que la amaba; la persona madura que nota que le ‘gusta’ un compañero de oficina y piensa que ya no ama a su cónyuge;... y mil casos de todos los días en los que llamamos a cosas distintas con el mismo nombre.

Podemos distinguir tres fenómenos: el atractivo físico (‘me gusta’, ‘me muero por sus huesos’, ‘me vuelve loco’...); el enamoramiento (‘hay química entre los dos’, ‘qué a gusto estoy con él/ella’, ‘me paso el tiempo pensando en él/ella’,...); el amor-enamorado (del que estamos hablando aquí). Son tres cosas distintas, si bien lo normal es que la segunda contenga la primera, y la tercera contenga las dos anteriores. Pero mientras que la atracción física y el enamoramiento no son propiamente amor, el amor-enamorado sí lo es.

Veamos más despacio cada una, pues conviene no confundir lo que estamos llamando amor-enamorado con los otros dos elementos que lo preceden o acompañan[6]:

“1) El atractivo físico: es el nivel más elemental, está siempre presente, y es común a la naturaleza animal. Por sí solo no basta para fundamentar un amor humano de verdad; pero, si está ausente, la cosa no marchará. En este nivel, el otro puede ser también considerado como un simple objeto de mi apetito sexual. Más que amar, eso sería usar a otro como si fuera una cosa.

2) El enamoramiento afectivo: es una sintonía entre los caracteres de las dos personas, que hace que estén muy a gusto juntos, que les guste conocer los detalles de la vida del otro, etc. Es ya algo típicamente humano, aunque no basta todavía para un amor completo.

El enamoramiento es un fenómeno espontáneo, no voluntario. Uno no decide fríamente enamorarse de una persona. Uno, sin saber cómo, se encuentra enamorado. Y ese enamoramiento se debe a los aspectos positivos y agradables del otro; no percibe sus defectos”.

“La visión corporal es el principio del amor sensitivo; e igualmente, la contemplación de la belleza

o bondad espiritual es el principio del amor espiritual” Tomás de Aquino

Estos dos niveles se encuentran en el pre-amor: no son propiamente amor ya que no están afirmados por la voluntad (el envolvente del container).

3) El amor-enamorado: ya es amor. El proceso espontáneo de los dos niveles anteriores deben ser transformados por mi voluntad en una actitud que libremente asumo. Aquella atracción y convulsión que surgió sin intervención de la voluntad, se convierte en una decisión de entregarse al otro “amándolo tal y como es y como será, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad”.

Es un amor con el que acepto a la persona entera, no sólo con sus aspectos buenos que me enamoran, sino también con sus defectos que me molestan. Y la acepto como alguien que va a compartir y condicionar toda mi vida. La quiero, no por ser de esta o de aquella manera, sino por sí misma. La quiero a ella, sin más, y para siempre. Y le entrego todo, me entrego yo mismo, corazón, cuerpo y vida entera.

La corta vida del amor-enamorado

 "¿por qué ya no me baila un gusano en la tripa cuando suena el teléfono

y escucho su voz?... ¿por qué ahora necesito estar con mucha gente,,, y cuando estamos

 solos no te quiero besar..../ será que la rutina ha sido más, ‘más’ fuerte, se han ido la

ilusión y las ganas de verte, lo echamos a suertes...” Ella baila sola.

Tal y como ha sido descrito el modo afectivo de vivir el amor-enamorado puede parecer irreal, más propio de una película o novela romántica que de personas de carne y hueso. Pero quien lo ha vivido sabe que es así. Pero también sabe que el amor-enamorado, de ordinario, es de corta duración.

“¿Podemos estar en esta desinteresada liberación durante toda una vida? Apenas una semana -contesta C. S. Lewis, enamorado adulto y converso de religión-. Entre los mejores enamorados posibles, su alta condición de tales es intermitente El antiguo yo vuelve pronto a manifestarse no tan muerto como pretendía, sucede lo mismo que después de una conversión religiosa. En uno y otro caso puede quedar momentáneamente postrado el yo; pero muy pronto volverá a levantarse, si no sobre sus pies, sí al menos apoyándose en un codo; si no rugiendo, sí al menos volviendo a sus ásperas quejas o a su lamentoso gimoteo. Y entonces Venus retrocede con frecuencia hacia la mera sexualidad”[7].
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