II. hacia una representación gráfica del amor




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El sentimiento del amor-enamorado no se limita a los primeros momentos de la relación de amor; puede asomar, revivir en otros momentos de la vida, aunque siempre suele presentarse de modo fugaz.

El amor-enamorado fuera de la pareja

Desde que hemos empezado a hablar de este primer modo de vivir la afectividad el amor-enamorado, nos hemos referido exclusivamente al amor entre hombre y mujer. Lo hemos hecho por comodidad –resulta singularmente fácil-, pero no porque esté ausente esta forma del sentimiento en otros amores. Obviamente, con algunas diferencias circunstanciales; pero en lo que se refiere a la esencia del fenómeno, común a otros amores, como son el amor a Dios y el amor entre padres e hijos.

Toda la parte sensual –en el sentido positivo y propio– está ausente en estos otros amores. Esto hace que la pasión o conmoción fácilmente sea menor, por un lado; y por otro lado, facilita que no esté tan necesariamente ligada a la fase inicial del amor, pudiendo aparecer con más fuerza una vez pasado el tiempo.

Personas con una espiritualidad sensible y cultivada, son capaces de vivir este amor enamorado en su relación a Dios y a la humanidad entera. Se dan dentro de un contexto de fe.

A modo de ejemplo, transcribimos un testimonio actual de una joven clarisa, entresacando frases del relato de su propia vida; se podrá observar cómo aparecen los rasgos esenciales del sentimiento propio del amor-enamorado:

“A los cuatro meses, las hermanas clarisas me invitaron a unas convivencias. Era pleno verano, y no me hacía ninguna ilusión. Pero entre que me insistieron algunas personas que las conocían y un poco de curiosidad, decidí ir con una amiga.

¡Qué gran sorpresa! Estas convivencias cambiaron mi vida. Sí, tuve la impresión de penetrar en otro mundo que me atraía irresistiblemente. Aunque tenía la sensación de no entender nada.

Esta relación se convirtió en lo más importante para mí, era como coger pilas para toda la semana. Sacrificaba excursiones, salidas al monte, fiestas... si esto impedía que el domingo a las seis de la tarde pudiera acudir a la reunión que las hermanas tenían con el pueblo y en la que explicaban la Palabra de Dios. Así fueron transcurriendo algunos años.

Cumplí los diecisiete y era una chica normal. Estudiaba, me divertía, pero a la vez me sentía distinta de los demás amigos y compañeros. Comenzó en mí la sospecha de que Dios me quería para Él.

Las palabras tan oídas del Evangelio: ‘... que el mundo conozca que Tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí’, resultaron tan nuevas, tan increíbles, que me desbordaban. ¡Qué amada, qué amadísima me sentí y, a la vez, que indigna de semejante amor! ¿Cómo era posible que Dios me amara a mí como a su propio Hijo, su predilecto?

Mi único deseo era ser totalmente suya, responder a su proyecto sobre mí y continuamente oraba: ‘Señor, ¿qué quieres de mí? Muéstrame tu voluntad, el camino que me tienes preparado’. A la vez deseaba que el mundo entero se enterara de lo amadísimos que somos de Dios.

En el verano, al acabar COU, hice una experiencia de un mes para terminar de discernir. Me sentí como pez en el agua. Y el día de Santa Clara recibí la última puntilla. En la liturgia tenía la sensación que todo estaba puesto justo para mí. ‘Yo me desposaré contigo para siempre’. ‘Mi amado es para mí y yo para mi amado’...

Sentía con mucha fuerza mi impotencia, pero fue una gran liberación el escuchar que Él me decía: ‘Antes de formarte en el seno materno ya te conocía, antes de que nacieras te tenía consagrada’”[8].

En el amor de padres a hijos puede también darse este modo de sentir, también con características circunstanciales distintas, aunque manteniendo los rasgos esenciales.

 

EL AMOR ENAMORADO LO VIVE LA AFECTIVIDAD

Como Pasion: lo siente como algo

Vivo

Real

Actual

Violento

Determinante

 B. EL AMOR-TRANQUILO:

 

Elemento subjetivo

(sentimiento)

Elemento objetivo

(unidad)

amor-enamorado

amor-donación

amor-tranquilo

amor-apreciación

amor-crítico

amor-necesidad

 

 

Señora de rojo sobre fondo gris relata de forma biográfica la historia de amor de Miguel Delibes, recuerdos de la vida con su mujer, muerta a los 48 años. Todo el libro es una lección de humanismo y madurez de amor. No aparecen acontecimientos espectaculares, pero sí muchos y frecuentes sucesos modestamente grandiosos. Un ejemplo es éste, en el que evoca los ratos diarios que seguían a la comida:

“En aquellas sobremesas, empleábamos palabras ambiguas, solapadas. Ninguno de los dos éramos

sinceros pero lo fingíamos y ambos aceptábamos, de antemano, la simulación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba mirarnos y sabernos.

 Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde.

Estábamos juntos y era suficiente.

Cuando ella se fue todavía lo vi más claro:

 aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida,

eran sencillamente la felicidad”[9].

Ya hicimos mención del carácter más o menos esporádico del sentimiento del amor-enamorado. Sin embargo, lo más ordinario –por frecuente– es que la relación amorosa se sienta como amor-tranquilo. ¡Y menos mal!

“Lo más peligroso que podemos hacer –advierte Lewis- es tomar cualquier impulso de nuestra propia naturaleza y ponerlo como ejemplo de lo que deberíamos seguir a toda costa. Estar enamorado es bueno, pero no es lo mejor. Hay muchas cosas por debajo de eso, pero también hay cosas por encima. No se lo puede convertir en la base de toda una vida. Es un sentimiento noble, pero no deja de ser un sentimiento. No se puede depender de que ningún sentimiento perdure en toda su intensidad, ni siquiera de que perdure. El conocimiento puede perdurar, los principios pueden perdurar, los hábitos pueden perdurar, pero los sentimientos vienen y van. Y de hecho, digan lo que digan, el sentimiento de estar enamorado no suele durar. Si el antiguo final de los cuentos de hadas y vivieron felices para siempre se interpreta como y sintieron durante los próximos cincuenta años exactamente lo que sentían el día antes de casarse entonces lo que dice es lo que probablemente nunca fue ni nunca podría ser verdad, y algo que sería del todo indeseable si lo fuera. ¿Quién podría soportar vivir en tal estado de excitación incluso durante cinco años? ¿Qué sería de nuestro trabajo, nuestro apetito, nuestro sueño, nuestras amistades? Pero, naturalmente, dejar de estar enamorados no implica dejar de amar”[10].

El amor-tranquilo es la forma más frecuente de sentir el amor a lo largo de la vida. Es lo que solemos llamar ‘quererse’. No es propio de una edad determinada; no sería correcto identificar el amor tranquilo con la forma de vivir subjetivamente el amor con el paso de los años; es bueno tender a él desde el principio.

Amar sin enamoramientos, amar sin llamaradas, sin explosiones afectivas; amar sintiendo... nada, nada especial, nada más que tranquilidad, paz, estar en mi sitio, estar con quien comparte todo conmigo. De forma expresiva me comentaba una conocida:

‘me parece muy peligroso que algunos se casen sólo porque están enamorados,

 sin quererse (amor tranquilo) todavía.

Si uno/a no ha llegado a aburrirse con uno/a señor/a un poco o un poquito, y ha discutido también lo suyo... creo que no debe casarse uno, por si las moscas...

No es bueno ir sólo con la nube del enamoramiento, y menos al matrimonio’.

Si las relaciones con quien amo están envueltas de enamoramiento al principio, y de agitación después, no damos lugar al amor-tranquilo. Cuando la relación habitualmente se encuentra envuelta en el movimiento, mucho movimiento,  idas, venidas,, fiestas, viajes,... y todo tipo de extraordinarios , no da tiempo a ver el verdadero rostro del amor. No hace falta tener siempre contestada la pregunta al ‘¿Y qué hacemos?’; en ocasiones, el plan puede ser algo tan sencillo como ‘estar juntos’.

Hay viajes de novios sorprendentes: ir a mil sitios pintorescos, metido en un grupo guiado, sin tiempo para lo que realmente importa: el paisaje mejor a descubrir es la riquísima intimidad del otro.

El papel que juega el amor tranquilo

Ya ves, es necesario a cualquier precio que hagamos algo por nuestra vida.

No lo que los demás ven y admiran,

sino la proeza  que consiste en imprimir el infinito en ella.

E. Mounier

Sería un error considerar este modo de estar instalado subjetivamente en el amor como algo inferior. Vimos que el amor-enamorado tiene su misión: romper la individualidad, poner en marcha la dinámica del amor, y mostrar en el presente -como un destello- lo que se alcanzará al final. El amor-tranquilo también tiene su propia misión:

1. El amor-tranquilo va haciendo realidad el amor de un modo pacífico. Esta vivencia del amor es apenas tratada, con lo que es apenas conocida y valorada. “El amor sólo ha llamado la atención del espíritu, sólo ha captado la atención del artista, cuando se ha realizado fuera de sus cauces normales, fuera de la familia (...) El arte se alimenta del drama y de la excepción. Las relaciones familiares son bastante uniformes, duraderas, monótonas”.[11]

La representación del amor que nos proponen las historias de ficción, en el cine y en la literatura, es muchas veces engañosa y deformada. En la cultura occidental, llevamos más de un siglo presentando el amor como conquista. Lo que se subraya, casi exclusivamente, es el momento pasional. La boda es el final de la película. La idea del amor se reduce, así, al flechazo. Las películas ponen el final en el matrimonio, en el comienzo del compromiso, cuando realmente casi es ahí cuando empieza: en el día a día se irá haciendo verdad.

“El amor conyugal no es tanto la causa del matrimonio

como su efecto a través del tiempo”

J Guitton

El flechazo, el enamoramiento, es más bien el proyecto que hay que hacer verdad; esto es, hay que realizar –hacer que sea real-, en el alma y en la vida de los amantes, ese amor. En el amor vivido como amor-tranquilo, en la monotonía circunstancial de lo cotidiano, de lo ordinario, lo voy haciendo verdad.

¡Felices aquellos cuyos días son todos iguales!

Lo mismo les es un día que otro, lo mismo un mes que un día, y un año lo mismo que un mes. Han vencido al tiempo; viven sobre él, y no sujetos a él.

No hay para ellos más que las diferencias del alba, la mañana, el mediodía, la tarde y la noche; la prmavera, el estío, el otoño y le invierno.

Se acuestan tranquilos esperando el nuevo día, y se levantan alegres a vivirlo.

Vuelven todos los días a vivir el mismo día.

M. de Unamuno, Diario inédito, III

2. Permite descubrir la grandeza de amar en lo material, cotidiano e insignificante. A este respecto resulta gráfico el suceso relatado por Delibes:

“Durante el semestre que pasamos en Washington, en casa de los Tucker, yo comía poco y enflaquecía. No me adaptaba a la comida ni al horario americanos, y tu madre, que conocía mi aprensión, me metía el botón del cuello de la camisa cada cierto tiempo, para que no lo advirtiera. Te parecerá cómico, pero en la clínica (mientras le acompañaba en su enfermedad) no lograba arrancar este recuerdo de mi cabeza. ¿Cómo no valoré antes este detalle? Cuando las cosas de este tenor se están produciendo no les das importancia, las consideras normales. Incluso te parece ridículo el reconocimiento ante los allegados. Pero un día falta ella, se hace imposible agradecerle que te metiese el botón de la camisa y, súbitamente, su atención deja de parecerte superflua para convertirse en algo importante. En la vida has ido consiguiendo algunas cosas pero has fallado en lo esencial, es decir, has fracasado”[12]

El amor-tranquilo permite disfrutar de emociones más estables, más hondas, más altas. La vida ordinaria resulta llena de sentido por la presencia de este amor.

3. Se aprende a apreciar lo esencial. El amor de juventud “parecía un instinto animal acogido por el espíritu”[13], aceptado y querido por la voluntad, con los proyectos de futuro. Ahora, aquel sentimiento pasional irresistible ha desaparecido, y poco a poco el tiempo va cambiando el sustrato biológico –los cuerpos no son los que eran-, y el sociológico –toda la novedad ya no es novedad-.

Son épocas de amor en las que “se percibe mejor la arquitectura. Las hojas caen: el árbol se deja ver. Está orientado hacia la altura y sus ramas, como dice Rilke, son ‘raíces sorbiendo cielo’. Se aprecia lo esencial. Se está situado en la verdad”[14].

 

EL AMOR TRANQUILO...

·     Hace realidad el amor

·     Da grandeza a lo insignificante

·     Da sentido a lo ordinario

·     Lleva a apreciar lo esencial

 

Cómo se siente el amor-tranquilo

“-¿Son el cariño y la costumbre el destino inevitable?

 –Sí, pero no hay que hablar de ellos como si fueran fracasos. El cariño es un amor alimentado por el

tiempo. La costumbre es mala si es rutina, no si es estabilidad para construir.

Me explicaré: la sintaxis de una lengua es un mecanismo muy fijo y rutinario,

pero gracias a él podemos escribir poesía, que es una gran creación”

J A Marina

El sentimiento del amor-tranquilo se presenta, en ocasiones, como la sal en las comidas: pasa desapercibido. Sólo nos percatamos de su presencia cuando está ausente; por eso se dice que

la distancia alimenta el amor.

Se percibe más fácilmente cuando falta. Así lo confirma expresamente el relato de Delibes acerca del botón de la camisa. Y así ocurre en la conversación transcrita de El violinista en el tejado. Sé que amo, pero si busco alguna vivencia interior que manifieste expresamente el estado de amor, no lo encuentro más que en la “tranquilidad” con que vivimos juntos –tranquilidad no incompatible con tirarse los trastos a la cabeza de vez en cuando-.

Es cierto que la madurez es la época de la paz. Se valora, se busca y se defiende. Muchas otras cosas se supeditan a la paz, a la tranquilidad. Como decía Madamme Swetchine, ‘no es gran cosa el tener razón’; ¡qué más da!; mucho más grande que tener razón es conservar la paz.

Se siente el agrado y satisfacción de otra belleza; una nueva belleza, pues sólo aparece a la vista del amor que madura: es una belleza más profunda.

“No hay idea más estúpida que poner a la belleza en singular, como si sólo hubiese un género de belleza o la belleza fuese de exclusiva propiedad de la efervescencia juvenil. Y más aún todavía el creer que conservar un rostro joven es el único índice de hermosura. La mujer cede también a este error sobre la belleza: pasa del estado de flor primaveral al de estatua policromada.”[15]

¡Cada día me gustas más!

El atractivo de la persona amada va cambiando, cada vez se valoran más aspectos nuevos: “la luz del rostro, su fosforescencia, su irradiación, en lugar de venir de la naturaleza y del ser, en suma de la apariencia, procede de la naturaleza íntima de las experiencias aceptadas, de la indulgencia, del amor verdadero, del reposo”[16]

 

 

 

CÓMO SE SIENTE EL AMOR TRANQUILO

·     Se nota su ausencia; su presencia pasa desapercibida

·     Se vive en paz

·     Se gozan otra ‘nueva’ belleza más auténtica

 

Pero es posible que, a ciertas personas, el amor-tranquilo no le aporte vivencias gozosas, y lo viva como algo aburrido y rutinario. La cultura actual parece educarnos en la búsqueda continua de nuevas emociones, emociones fuertes, impactantes, provocadas por algo externo ‘novedoso’ y excitante. Quizá esta educación lleva a no desarrollar la capacidad de encontrar lo maravilloso y ‘original’ que puede encerrarse en lo que se repite, en lo ya conocido.
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