II. hacia una representación gráfica del amor




descargar 352.39 Kb.
títuloII. hacia una representación gráfica del amor
página6/15
fecha de publicación03.12.2015
tamaño352.39 Kb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   15

Y más adelante continúa: “No soy yo quien se lanza primero hacia el otro en un impulso generoso; es el otro quien, entrando sin golpear a la puerta, desvía mis intenciones y turba mi quietud. Se desdibuja hasta la afectación la cuestión moral cuando se atribuye el papel activo a aquel que ama. El prójimo me incumbe antes de que mi corazón o mi conciencia hayan podido tomar la decisión de amarlo. El rostro, en él, es esa potencia prescriptiva que me despoja de mi soberanía y me obliga a una pasividad radical. Amor, si se quiere, pero amor a regañadientes; amor que nos pone a prueba; amor que es el nombre más corriente de la violencia con que el otro me desalija, me persigue y hostiga hasta los rincones más recónditos de mí mismo”[21].

Este movimiento obliga a mi persona con relación al tú, y surge lo que llamaremos un ‘amor obligante’.[22]

Por lo tanto, en su dimensión activa, el amor genera actos de amor obligado, y, en su dimensión pasiva, el amor genera actos de amor obligante. Ya se ve, entonces, que el amor tiene mucho que ver con la obligación, con el deber. No es posible un amor que no genere cierta obligatoriedad.

 

 

Amor activo                 yo---------tú           amor obligado          actos de amor obligadoAmor pasivo               tú -----------yo         amor obligante   actos de amor obligante

 

 

 

 

 

 

 

¿Realmente amo, o actúo por deber?, nos preguntamos con frecuencia. En primer lugar, podemos observar que la pregunta es en sí misma algo ‘tramposa’, pues amar y actuar por deber se presentan como excluyentes –una u otra, pero no las dos a la vez-. Sin embargo, amar y actuar por deber pueden ser lo mismo, puesto que cuando realizo actos de amor obligado y actos de amor obligante estoy amando, estoy realizando el amor, estoy creciendo en amor.

‘Nobleza obliga’,

solemos decir; paralelamente afirmamos:

‘Amor obliga’

 Pero sigamos adelante.

¿Realmente amor, o actúo por deber? Es frecuente que esta surja, sobre todo, en las épocas en las que vivimos el amor-tranquilo. Ahora tenemos los conceptos suficientes para entender que es lógico que nos planteemos esta pregunta. Es lógico y es bueno. Veamos.

Debemos evitar, y no es fácil, confundir el amor-tranquilo con el desamor: no sentir el amor no significa haber dejado de amar. El amor-tranquilo se caracteriza por lo translúcido de su modo de sentirse: no se percibe, no se siente.

Si alguien que se encuentra en una época de amor-tranquilo, busca en su interior sentimientos, al estar como dormido el sentimiento del amor, es lógico que los sentimientos que encuentre sean otros. ¿Qué sentimiento encontrará? Seguramente encontrará el sentimiento de la obligatoriedad, del compromiso, del deber.

¡Me siento como obligado/a!

Es lógico que cobre mayor protagonismo el sentimiento que impone la voluntad. La decisión de amar que libremente tomé en su día puede estar presente en la afectividad con el sentimiento de deber.

Y no es malo. Todo lo contrario. No hay oposición alguna entre la libertad y el deber. En estas épocas de amor-tranquilo, actuar por deber es una buena forma de amar, es la mejor manera de realizar el amor: el amor está pero no lo siento; lo único que siento es el deber. Son momentos en los que lo lógico es que el amor tenga cierto sabor a obligación.

‘Realizar el amor’, hemos escrito. Usemos la expresión más recurrida de ‘hacer el amor’: actuar por deber es una buena forma de amar, es la mejor manera de hacer el amor. Es preciso superar el infantilismo de pensar que el amor siempre se siente como pasión enamorada, como emoción gozoso-placentera.

Ama quien da un beso congelado porque el otro tiene derecho a mis muestras de cariño.

Ama quien cocina un guisadito bien apetecible con dolor de cabeza y nauseas al ver comida.

Ama quien escucha el deshogo mientras vence el aburrimiento que le produce, y cada poco rato dice haciéndose violencia ‘-Sí, cariño’.

Ama quien se para en un banco de la iglesia unos minutos aun sintiendo que todos los músculos de su cuerpo le fuerzan para salir de allí cuanto antes.

Ama quien se contiene para no arrojar a su adorable hijito por la ventana la décima noche que pasa en vela por sus flatitos.

Ama quien se prohibe una mirada hacia otra persona atractiva porque quiere que solo le atraiga aquel a quien se debe[23].

Esto sí que es hacer el amor. Y el acto sexual es verdaderamente hacer el amor si y solo si es la expresión corporal de todos estos hechos de amor, o mejor, de todos estos hechos de amor obligado.

Durante las épocas en las que el amor se siente como amor-tranquilo tienen mucha importancia los hechos de amor obligante y los hechos de amor obligado. Vale la pena insistir en estos.

De la misma manera que mil toques al balón no hacen un partido de futbol, que mil recortes de tijeras no hacen un traje, que mil ladrillos no hacen una casa, y que mil razonamientos no hacen un acto de fe, de la misma manera mil actos obligados no hacen el amor. Pero si hay una acuerdo y unas reglas, los toques al balón hacen el partido; si hay un proyecto los recortes sí hacen el traje y los ladrillos la casa; si hay una razón para creer los razonamientos desarrollan la creencia; y si hay una obligación de amar... ésta transforma los mil actos obligados en mil acto de amor. De esta forma se convierte toda la vida de una persona en un acto de amor, y el amor en la vida misma de la persona.

¿Qué quiere decir hacer todo por amor? ¿Acaso significa hacer cada cosa con un sentimiento expreso y vivo de emoción amorosa?  En absoluto; a parte de que no es posible para el hombre vivir así, la cantidad de amor nunca se ha medido por la intensidad de las emociones; el amor se mide por la capacidad de entrega, de sometimiento de mi yo a las obligaciones –de amor obligado y obligante- que surgen de mi relación con el tú.

Esta es la razón por la que algo se puede hacer con ganas o sin ganas, pero por amor.

Jesucristo dice en el evangelio:

Quien me ama, cumple mis mandamientos.Es una forma mucho más sabia y sencilla de decir lo mismo: quien ama, se somete a los actos de amor obligado. También es verdad que no dice lo contrario: quien cumple mis mandamientos, me ama; y es lógico, pues no se ama por hacer actos obligados, sino que se ama por hacer actos de amor obligado y actos de amor obligante, que es distinto: y la distinción se encuentra en que en este caso hay una decisión previa y libre de la voluntad que decide amar, que decide ser fiel.

Vivir así lleva a hacer de la propia vida una vida de amor, independientemente de los sentimientos que acompañen. Quiero terminar este epígrafe con las reflexiones que Sándor Márai pone en labios de uno de los protagonistas de su novela ‘El último encuentro’:

A esta pregunta sólo tú puedes responder; y de alguna manera, ahora,

cuando ya todo ha terminado, has respondido con tu vida entera.

Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes.

No importa lo que diga, no importa con que palabras y con qué argumentos trate de defenderse.

 Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una  y otra vez.

Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?... ¿Qué has querido de verdad?... ¿Qué has sabido de verdad?... ¿A qué has sido fiel o infiel?... ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?... Éstas son las preguntas.

Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa.

Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.[24]

 

Recapitulando

El amor-tranquilo lo vive la afectividad como tranquilidad y paz en la relación –incluidos enfados y discusiones-. Con frecuencia no se siente de un modo expreso; difícilmente se individualiza este sentimiento de amor como algo aprensible o detectable en sí mismo. A veces, al hacer el amor, el único sabor que aparece es el del deber, deber que nace del amor obligado y del amor obligante. Es real, actual, pacífico... y también determinante, pero a su modo. Es lo que entendemos por ‘quererse’.

 

 

 

 

C. AMOR-CRíTICO O EN CRISIS:

 

Elemento subjetivo

(sentimiento)

Elemento objetivo

(unidad)

amor-enamorado

amor-donación

amor-tranquilo

amor-apreciación

amor-crítico

amor-necesidad

 

 

 "Me sentí como el marido que, después de cuatro años de matrimonio, se da cuenta

de repente de que ya no siente deseo, ternura ni aprecio por la mujer que una vez amó;

ningún placer en su compañía, ningún interés en gustarle, ninguna curiosidad por nada que

ella pudiera hacer, decir o pensar; ninguna esperanza de que las cosas se arreglaran, ningún

sentimiento de culpa por el desastre. La conocí como se conoce a la mujer con la que se ha

compartido la casa, un día sí y otro también, durante tres años y medio; conocí sus hábitos de

desaliño, descubrí lo rutinario y mecánico de sus encantos, sus celos y su egoísmo. El

encantamiento había terminado y

 ahora la veía como a una antipática desconocida

 con la que me había unido indisolublemente

 en un momento de locura".

 Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead.

Estas palabras de Evelyn Waugh expresan de un modo extraordinario una de las formas de sentir el amor. Con independencia de la realidad misma del amor, hay épocas en las que yo percibo y siento mi amor como algo doloroso, yo vivo mi relación de amor como un lazo al que me he atado de manera firme... y no acabo de entender cómo fui capaz de hacer semejante cosa, en nombre de qué me metí en semejante tortura, cómo se me ocurrió determinar mi vida de esta manera tan estúpida...: ‘ahora la veía como a una antipática desconocida con la que me había unido indisolublemente en un momento de locura’.

Hay épocas en las que el amor se siente así. Estos sentimientos suelen asustarnos. Como quien encuentra en su cuerpo un pequeño bulto fuera de lugar enseguida cree encontrarse ya en la recta final de sus días, entendiendo que el cáncer ya ha plantado la semilla de la muerte en su organismo; así, quien encuentra en su amor estos sentimientos, enseguida cree encontrarse ya en la recta final de sus días de amor encantado, entendiendo que el desamor ha plantado la semilla de la muerte en su relación. Pero no es así.

Este modo de sentir el amor, doloroso, de rechazo, de regañadientes, que fuerza a echar la mirada atrás, que invita al arrepentimiento de las decisiones pasadas, que llena la boca de sabor amargo... corresponde a una época buena del amor. Decimos buena, que no es lo mismo que decir agradable. Es buena porque quiere decir que el amor está en crisis, en crisis de crecimiento; quiere decir que el amor tal vez necesita crecer, que ‘la carne que había echado al asador’ de mi relación de amor ya se ha consumido, que el amor necesita nuevas entregas, nuevos lazos, necesita una relación más espiritual. A este modo de sentir el amor le llamamos amor-crítico; también sería apropiado llamarle ‘amor-doliente’, pero nos parece mejor hacer referencia al porqué del dolor, a la crisis, pues es la clave de estas épocas.

 

Adela- ¡Si supiera yo misma lo que quiero! Ayer todo me parecía fácil. Hoy no hay más que un muro de sombras que me aprietan.

Peregrina- Ayer no sabías aún que estabas enamorada...

Adela- ¿Es esto el amor?

Peregrina- No, eso es el miedo a perderlo. El amor es el que sentías hasta ahora sin saberlo. Ese travieso misterio que os llena la sangre de alfileres y la garganta de pájaros.

Adela- ¿Por qué lo pintan feliz si duele tanto?

A. Casona, La dama del alba

 

“¿Por qué hablan tan bien del amor, lo pintan feliz, si duele tanto?”, preguntaba la joven protagonista de La dama del alba, poco tiempo después de haber vivido un pasional e inesperado amor-enamorado. Aquellos encantos le han pasado rápidos, y ahora son para ella ocasión de dolor. Y es que, en ocasiones, la vivencia interior del amor, el modo de sentirlo, es el dolor.

La novela El cuaderno de Noah comienza con esta evaluación global por parte del anciano Noah acerca de su matrimonio:

“...más momentos buenos que malos y una tendencia general al alza. Un buen negocio, un negocio afortunado, y sé por experiencia que no hay mucha gente que pueda decir lo mismo. Pero no me malinterpretes. No soy especial; de eso estoy seguro. Soy un hombre corriente, con pensamientos corrientes, que ha llevado una vida corriente. No me dedicarán ningún monumento y mi nombre pronto pasará al olvido, pero he amado a otra persona con todo el alma, y eso, para mí, es más que suficiente.

Para los románticos, ésta será una historia de amor; para los escépticos, una tragedia. Para mí, es una mezcla de ambas cosas, e independientemente de la impresión que os cause al final, nadie podrá negar que ha determinado gran parte de mi vida y señalado mi camino. No tengo quejas de ese camino ni de los sitios adonde me ha llevado; puede que tenga quejas suficientes para llenar una carpa de circo en otros planos, pero el camino que he escogido ha sido el mejor y jamás lo cambiaría por otro”[25].

Toda historia de amor es una historia de ambas cosas: de amor y de tragedia.

La realidad de aquel proyecto ambicioso y feliz que me mostró el amor-enamorado es costosa: el amor hay que ‘realizarlo’, y , en ocasiones, crecer en amor duele. Como solemos decir:

“No todo es tan bonito como lo pintan”

cuando por ‘bonito’ se entiende cómodo, fácil, placentero y, por lo tanto, irreal. El amor es bonito, sí. Pintarlo bonito debería ser pintarlo como es: vida verdadera con el otro, y muerte verdadera a mi egoísmo. La primera parte no es posible sin la segunda: no hay vida sin muerte. La vida de amor no es una ‘novela rosa’.

Recuerdo el comentario de un buen amigo que, mientras tomábamos algo en la cafetería de un hotel, me mostraba el folleto de promoción de aquel lugar, y me decía con cierto desencanto: ‘Cuando hice mi compromiso de amor, el planteamiento que tenía era similar al que puede hacerse quien tiene entre sus manos uno de estos folletos de propaganda: fotos reales de salas y salones, habitaciones y servicios, zonas verdes vitalizadas por la presencia de un sol estático y fiel al hotel en cuestión. Sin embargo, el día a día me está haciendo ver que en el hotel también cuesta levantarse; que los mejores lujos son compatibles con el dolor de muelas; que el olor grasiento que sale de la cocina e impregna las paredes de las salas del hotel no había impregnado la foto del folleto,... y tantas otras realidades que, fríamente consideradas, podrían calificarse de trágicas’.

¿Por qué duele el amor?

 

Que amar es causa de sufrimientos es algo experimentado y sabido por todo el que ama. Tal es la condición del amor. Tanto es así que, por ejemplo, Buda propone que no se ame para poder ser feliz:

 

 ‘Quien ama ochenta, treinta, veinte, diez cosas

tiene ochenta, treinta, veinte, diez dolores.

Quien ama una sola cosa tiene un solo dolor.

Y quien no ama nada, éste no sufre dolor alguno.

Y es un hombre sereno quien no sufre dolor ni pasión.

Los dolores, las lamentaciones y los sufrimientos en este mundo

son innumerables por culpa de las cosas que amamos...

Por eso, los que no aman a nada ni a nadie en el mundo

son felices y están libres de sufrimiento’.

 

No parece que acierte Buda, ya que el hombre está hecho para amar, y experimenta que sólo amando es feliz. Cristo enseña otro camino: amar hasta dar la vida, amar incluso al enemigo, aunque se sufra, pues el sufrimiento no es malo en sí mismo.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   15

similar:

II. hacia una representación gráfica del amor iconEs una representación gráfica que muestra los

II. hacia una representación gráfica del amor iconResumen Existen diversas propuestas para modelar moléculas orgánicas,...

II. hacia una representación gráfica del amor iconLa representación gráfica del acento

II. hacia una representación gráfica del amor iconUn sentimiento de amor compartido, un mundo de amor realizado y la...

II. hacia una representación gráfica del amor icon1. Realizar una representación esquemática del problema 2

II. hacia una representación gráfica del amor iconEl amor y la muerte en “el amor en los tiempos del cólera”

II. hacia una representación gráfica del amor iconLa psicología del amor: CÓmo mantenernos vivos dentro de una relación de pareja

II. hacia una representación gráfica del amor icon1 El teatro latino. Los géneros: tragedia y comedia. Principales...

II. hacia una representación gráfica del amor iconSerie Multiautor: 15º Expecting! (Esperando)
«Una boca para besar», pensó con la garganta seca. La mujer dormía. Judd sintió una enorme curiosidad por saber de qué color serían...

II. hacia una representación gráfica del amor iconAlvarez de Serrano, Maritza. (2001), “El Tejido Productivo: Una Alternativa...


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com