II. hacia una representación gráfica del amor




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¿quién dice que la libertad es el sumo bien?

 Lo importante es la capacidad de vivir mi propia vida en plenitud; la capacidad de

realizar nuestros fines y alcanzarlos. Y uno de esos fines, el más importante y el único que da

la felicidad verdadera, es amar.

Con lo cual el amor, que limita la libertad, aumenta la felicidad.

La libertad es un bien al servicio del amor”

P Blazquez, Los preñadicos

d)    ‘Mi ser temporal’: entregar mi persona es hacer entrega de algo que se da en el tiempo, de algo que tiene un pasado, un presente y una realidad mía que todavía no es pero que será. Que el yo entregado sea una realidad temporal implica que se entrega pasado, presente y futuro: ‘mi ayer es tuyo; mi mañana y mi pasado-mañana te pertenecen; mi dentro de cinco años también es tuyo’.

El pasado, con todas las relaciones que mantengo con personas, lugares e instituciones, son dadas a la otra persona. Las relaciones que se tienen con la propia familia de sangre (‘ser hijo de...’, ‘ser hermano o sobrino o lo que se quiera de quien se quiera’), las establecidas con amistades, junto con cualquier otro tipo de compromisos del pasado. Todo esto se entrega, pero sobretodo se acepta completamente el pasado del otro.

La entrega de las relaciones presentes resulta más evidente.

La entrega del futuro es la que exige que el amor se renueve permanentemente, en cada momento que llega a ser presente.

*          *          *

Junto a esta donación del yo, también se entrega el deseo de que lo que doy sea estupendo para ti. En la conquista hay una mezcla de deseos de ser mejor, deseos de parecerte estupendo, junto con el temor de no merecerte y el temor de no parecerte estupendo. La entrega de estos deseos, tan vivos en el amor-enamorado, es lo que lleva a los ‘gratos’ sacrificios para darte más al darme.

            Bien por acostumbramiento, bien por la seguridad de ‘tener ya’ al otro, el ‘día a día’ puede llevar a disminuir lo gratificante de los sacrificios, y conducir al abandono en el empeño por ser y parecer mejor.

            Esto es, en la donación no basta dar el yo personal –‘yo soy así, y ya aguantarás’-; debe haber una dimensión de un cierto

‘quisiera darte más, quisiera darte lo que quieres, lo que sueñas;

por eso también te entrego el esfuerzo por ser y parecer como a ti te gusta y te gustaría’.

Algunas reglas del amor-donación

1. El amor es epocal, vive un proceso y pasa unas épocas. La donación también. En el amor-enamorado la donación se desea en su plenitud: no es que cueste poco, sino que el mayor gozo lo constituye el saberse entregado y sin nada, saberse ‘posesión’ del otro. Sin embargo hay otros momentos en los que la donación se vive subjetivamente como una esclavitud no querida.

2. La relación de amor es entre dos: yo doy y el otro acepta, yo acepto y el otro da. A la donación le corresponde la aceptación del otro. Tan importante como la donación es la aceptación.

3. La donación-aceptación establece una relación de derechos y deberes. Esto es, a partir del momento en el que yo doy y acepto, el otro tiene unos derechos adquiridos sobre lo que ha aceptado, y unos deberes con respecto a lo que ha dado.

Pero ojo, porque no quiere decir esto que la relación de amor sea una relación de justicia. Es propio del amor el excederse. No vive el amor sobre una balanza que pesa las cantidades justas de lo que doy ateniéndome a lo que recibo. La donación es completa y gratuita, aunque no sea correspondida. El amor que no está dispuesto a excederse ya está tocado de muerte. Siempre habrá ocasiones o temporadas en las que el otro no sepa, no pueda o no quiera dar todo: es el momento de superar el ‘doy porque me das’, de superar las relaciones de ‘justicia’; es el momento del ‘te doy porque eres tú’.

4. Aceptar la limitación del otro pide complementación. La aceptación del otro es la aceptación eterna de un ser temporal; esto es, le acepto en cada uno de sus momentos. Cuando la realidad aceptada es una realidad negativa, la aceptación significa complementación: la persona amada necesita de mí que le complemente; es decir, los defectos del otro son necesidades que yo tengo que cubrir.

“Tengo hoy unos deseos inmensos de llorar, no sé, no sé (...) Hoy necesito más que nunca las

caricias suaves e inefables de tus manos y de tus palabras, esposa, ves qué carga tan pesada te has

echado al quererme. Soy un eterno sensitivo, un incorregible sentimental, y tú, amada, tú tendrás sobre

tus hombros esta tarea de consolarme, y de hacerme ligeras las penas”

P Salinas, Cartas de amor

5. La donación verdadera se caracteriza por su alegría, su fuerza, su paciencia, su capacidad de perdón, por su deseo de bien para el amado –que alcanza el nivel del deseo del bien para el otro por encima incluso del deseo del bien para uno mismo-.

6. A medida que se va conociendo el ‘tú’ aceptado en el amor, es importante actualizar el amor a lo que me ha donado, no a lo que querría que me hubiese donado; lo que no tiene o no es, no me lo ha dado porque no me lo podía dar.

7. Cuando resulta costosa y dura la donación, cuando resulta defraudante la aceptación, es bueno reavivar los otros elementos objetivos del amor: la necesidad que el otro tiene de mí (el amor-necesidad), y la apreciación de su persona (el amor-apreciación).

8. Todo lo dicho es propio de la naturaleza del amor, ya sea a otra persona humana –la pareja o el hijo-, ya sea a la persona de Dios. En una relación amorosa con Dios, yo entrego mi yo, y Él el suyo; Él acepta mi realidad y yo acepto su querer; Él complementa y yo colaboro;...

 

B. AMOR-APRECIACIóN:

 

Elemento subjetivo

(sentimiento)

Elemento objetivo

(unidad)

amor-enamorado

amor-donación

amor-tranquilo

amor-apreciación

amor-crítico

amor-necesidad

               

Cada vez me encuentro con más gente que habla con los perros. Recuerdo una: estaba invitado a cenar en una casa. Cuando nos encontrábamos en el segundo plato, el perro quiso sumarse al número de los comensales, y tuve la ocasión de presenciar toda una conversación de la señora de la casa con el perro. Con una pedagogía extraordinaria, le explicaba al pequeño bicho que había invitados en casa, que dejase de subirse a la mesa: él comería después su plato preferido, que ya se lo tenía preparado: ‘Ahora debes portarte bien para que vean los invitados lo bueno que eres, e irte a la cocina’. No sé qué grado de comunicación real había entre los dos, pero el perro continuaba con su cara de haba tratando de rapiñar algo de comida.

Cuando uno de los hijos se llevó al perro, me explicaron que era un perro muy educado, y que apreciaba mucho los mimos... y la carne bien cocinada.

En aquella ocasión no tenía demasiada importancia el rigor de las palabras, pero ahora, al hablar del amor-apreciación, sí es conveniente aclarar que el perro no es educado –es adiestrado-, y que el perro no aprecia nada. El perro siente una atracción por la carne, atracción que le lleva a dirigirse hacia ella y, sin más consideraciones, devorarla. Se siente atraído, pero no aprecia la carne. Apreciar significa mucho más que gustar. Como dice el Diccionario

 

Apreciar: reconocer y estimar el mérito de las personas o de las cosas.

Aprecio: estimación afectuosa de una persona.

 

Por lo tanto, la capacidad de apreciación es exclusiva de las personas humanas, pues va unida a la capacidad de conocer, de estimar, de sentir afecto, de valorar. Esta aclaración no es inútil. El amor es apreciativo; no se mueve por gustos, sino por aprecios. Y es más capaz de amar quien es más capaz de apreciar. A una persona con una desarrollada vida animal y una descuidada vida del espíritu... le resultará difícil apreciar un paisaje, un cuadro, un cuidado estético, una música valiosa, un minúsculo detalle de educación... y le resultará difícil apreciar a una persona, y, mucho más, unirse a ella mediante la apreciación.

 

“Calla, que ya te conozco demasiado bien”:

 el amor que se expresa de este modo, ya está herido de muerte;

el conocimiento del otro no ha despertado la ‘apreciación’

sino el resabiamiento.

¡Qué importante es el amor-apreciación! Nadie soporta no admirar a su amante. El aprecio del otro, la valoración del otro ‘en cuanto es’, une objetivamente a las personas. Es ese gozo y alegría que despierta el hecho de que la persona amada ‘sea’. Dicho con la expresión acuñada por J. Pieper: “¡qué alegría que tú existas!”.

“How wonderful life is while you are in the world”

Your Song. Elton John

Se considera buena la mera existencia de la persona amada, incluso aunque no fuese mía, aunque no fuese a mí a quien amase. Un personaje de la literatura que lo “encarna” maravillosamente bien es Cyrano de Bergerac. Otro personaje, esta vez bíblico, es una de aquellas dos mujeres que se acercan a Salomón diciéndose ambas madres de la criatura: ante la amenaza de partirlo en dos mitades, la madre verdadera se niega, y renuncia a su hijo: ‘le quiero viviendo, aunque me prive de él’.

Ambito de la apreciación

El aprecio se dirige al exclusivo e irrepetible ‘ser’ del otro, ser profundo que he conocido a través de su actual ‘ser así’.

Conozco ‘quién es’ asomándome a la ventana del ‘cómo es’.

El ‘cómo es’ me atrae, me llama hasta él, me obliga a asomarme.

Así,ando en tratos con el ‘cómo’... hasta descubrir ‘quién’ hay detrás.

El ‘cómo es’ me gustaba. Al ‘quién es’ le amo.

 

 El amor-apreciación ama el ser del otro, no sólo su forma de ser. No se dirige a tales o cuales atributos físicos o psicológicos del amado; no a esta o aquella cualidad, sino al otro en cuanto es, y en cuanto es así.

A veces fallamos en que no nos ‘apreciamos’, en que no hacemos sentir al otro que es

apreciado en ‘total’, como persona –no sólo una parte de su persona: su dinero, su

inteligencia, sus piernas,..., todo él, toda ella-. Se da la monstruosidad de

muchos casos de maridos que sí son queridos, pero no en el sentido de ‘apreciados’;

 muchos casos de mujeres que sí son queridas, pero no ‘apreciadas’.

Cualquiera de las cualidades que la persona amada tenga no son exclusivas de ella, y puedo encontrarlas –incluso más perfectas- en otras muchas personas. Sin embargo, quien ama no cambia a la persona amada por ninguna otra.

Reglas del amor-apreciación

1.     El aprecio es una forma de unión entre dos personas. Puesto que lo que se aprecia es la ‘personalidad’, alimentar el amor significa ofrecer al otro mi verdadera personalidad, por lo que deberé evitar cualquier imitación de ‘modelos’ ajenos e impersonales.

No me mires, no me mires, déjalo ya

que hoy no me he peinado a la moda

y tengo una imagen demasiado normal

para que te pueda gustar.

Sombra aquí y sombra allá,

maquíllate, maquíllate.

Mecano, Maquillaje

“La personalidad es un movimiento para ir cada vez más lejos”[35]: seguir ese movimiento, ofreciendo cada vez mi mejor yo, un yo atento a ser siempre yo. Este es el mejor camino hacia un amor más grande.

“-¿Cuándo te dejó?

-Me abandonó cuando llegó a conocerme como soy”

2.     Uno de los errores más frecuentes, y que más hacen sufrir, es confundir el aprecio con la atracción que se siente, como pensando ‘si me atrae es porque le aprecio’. Esto puede ser verdad y puede ser mentira. La atracción sexual no es necesariamente manifestación del amor-apreciación.

‘Me gustas’ no significa ‘te aprecio’.

“En la mayor parte de los animales superiores el instinto sexual se dirige hacia los órganos sexuales de un individuo del sexo opuesto de la misma especie. Objeto del deseo no es tanto el individuo como sus órganos sexuales. Por otra parte, los órganos sexuales son, en larga medida, intercambiables unos por otros. El puro deseo sexual no está en cuanto tal fuertemente individualizado y puede ser satisfecho en modo aproximadamente igual por individuos diferentes (...)”. Cuando hay amor-apreciación “la mirada y la atención se dirigen, no hacia los órganos sexuales de la posible meta sexual, sino hacia la totalidad de la persona y, en particular, hacia el rostro”[36]

3.      El amor transferido a la esfera del cuerpo tiene sus manifestaciones corporales. Respetar el orden de las cosas supone distinguir:

a)    la apreciación de la otra persona consiste en apreciar su persona, un aprecio intemporal y único,

b)    sin embargo, el ámbito corporal es caduco y en sí mismo capaz de realizarse con cualquiera.

Por eso, no sería lógico mezclar estas dos dimensiones, ni ponerlas al mismo nivel. No es verdad, por tanto, que la entrega sexual sea una ‘prueba’ del amor, y no es preciso realizarla ni exigirla como comprobante del aprecio y amor de la otra persona.

“Pero... si no ‘hacemos’ nada, a lo mejor no quiere seguir saliendo conmigo”, comentaba una joven. No hace falta mucha inteligencia para darse cuenta de que ahí está fallando algo:

 es una buena pista para saber qué es lo que realmente ‘aprecia’ el otro.

Sería un error medir el amor por la cantidad y calidad de cuerpo que entrego al otro.

4.     Ya que lo que aprecia el amor es la personalidad del otro (el ‘yo’ del otro), es ese aprecio del espíritu lo que dará sentido, iluminará y humanizará la unión material –sexual- con el otro: el espíritu da sentido a la materia, y no al revés.

Las manifestaciones corporales del amor son importantes como lenguaje del cuerpo. Son variadísimas: el contacto, la caricia, la madre que estruja a su bebé, la mano del niño que busca la de su padre, el estremecedor primer roce con el primer amor, la mano en el hombro, el ir del brazo,

vamos amarraditos los dos, espumas y terciopelos.

Estas manifestaciones son manifestaciones de algo espiritual dicho por el cuerpo, pero:

a)van después, manifestando; esto es, no van antes, no son pruebas, en el sentido de ‘como hago esto, estoy demostrando esto otro’ (como le doy un beso, estoy demostrando que le quiero, por ejemplo);

b)manifiestan, hablan de algo que existe; pero que existe realmente, no solo sentimental o emocionalmente. Esto es, un beso a una persona que ocasionalmente viaja en el metro conmigo y por la que en ese momento experimento un pasional  enamoramiento, no es un beso verdadero; es un beso mentiroso, pues no existe entre nosotros una relación real de unión en el amor que sea la vida de ese beso;

c)puesto que al entrar el cuerpo en acción, entra en acción también la dimensión animal del hombre, con sus instintos y pasiones, es fácil que las relaciones corporales tiendan a ‘desmedirse’, no obedezcan a los espíritus, y en vez de ser lenguaje de estos sean búsquedas descontroladas de placer.

Por eso, la relación sexual –unión material- puede ser verdadera o falsa, como puede ser verdadera o falsa la continencia: todo depende de que una y otra reciban el sentido de la relación espiritual existente entre las personas.

Cuando se dice ‘con mi cuerpo hago lo que quiero’, tendríamos que añadir

Con mi cuerpo hago lo que quiero,

y lo que quiero puede ser verdad o mentira;

además, no hay que olvidar que si con mi cuerpo hago lo que quiero, en el sentido de hacer lo que me da la gana –uno es libre de hacerlo-, la experiencia dice que llega un momento en el que la cosa cambia, y se llega al eslogan invertido:

Mi cuerpo hace conmigo lo que quiere

Una entrega corporal que no se corresponda con la verdadera relación espiritual establecida entre quienes se aman –por estar fuera de lugar o tiempo, o por realizarse adulterando la verdad del hecho en sí- va en contra del aprecio y respeto de la persona amada, que no se trata como a una persona humana.
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