Resumen En el Perú de hoy, las luchas andinas de resistencia a la minería, son luchas por la defensa de la tierra y del agua, y también por una justa redistribución de la riqueza.




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títuloResumen En el Perú de hoy, las luchas andinas de resistencia a la minería, son luchas por la defensa de la tierra y del agua, y también por una justa redistribución de la riqueza.
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Fuentes:

- ATDR. Administración Técnica del Distrito de Riego de Cajamarca.

* APOYO y ASOCIADOS. FITCH Ratings. Análisis de Riesgo de Minera Yanacocha SRL. Mayo, 2007.

** En 2008, Yanacocha tenía previsto comenzar a operar su nuevo proyecto Minas Conga para explotar además de oro y plata, también cobre. La explotación de Cu en Chile busca reducir el consumo de agua a niveles de “alta eficiencia” estimados en 0,36 m3 por segundo por tonelada de Cu producido aunque La Escondida, Fase V había solicitado extraer del subsuelo 1000 lts. de agua por segundo, permiso que le fue denegado por la COREMA debido a que afectaría los bofedales de la zona. En Perú la autoridad de agua no ha denegado ningún permiso de extracción de aguas a Yanacocha ni aún en tiempos de sequía como ocurrió los años 2003-2004.


La gravedad de los impactos de la minería de cielo abierto ubicada en cabeceras de cuencas como ocurre con Minera Yanacocha, es que sus actividades no solo son consumidoras intensivas y extensivas de suelos y agua, sino que además destruyen el ciclo hidrológico en la cabecera de las cuencas donde se ubica. Los EIAs, aunque tratan de minimizar los impactos negativos o mitigarlos, sin embargo dan cuenta de los suelos que serán disturbados, de las alteraciones de los cauces de los ríos y quebradas, los drenajes de lagunas, los descensos de los niveles de las aguas subterráneas, la impermeabilización de centenares de hectáreas para construir plataformas, pozas de lixiviación y botaderos así como de los volúmenes de extracción de aguas subterráneas. La mayoría de las medidas de mitigación ambiental propuestas en los EIAs no se corresponden con los daños ocasionados o en otros casos solo se implementan luego de intensos reclamos de las comunidades afectadas. Raras veces, la autoridad ha impuesto alguna sanción económica a Yanacocha. A todo esto se suman incontables accidentes de derrames de sustancias tóxicas en el transporte, el más grave y conocido de ellos es el derrame de mercurio en el año 2000 que afectó a más de 1500 campesinos y la presencia de arsénico y mercurio en los canales de regadío y los ríos en donde hubo mortandad masiva de peces.19
En términos de uso de agua, la minería de lixiviación con cianuro sigue una ley inevitable: a mayor producción de oro, mayor consumo de agua. Por ello es que conforme ha ido creciendo la mina Yanacocha y su producción se ha elevado más, ha sido mayor el número de familias que han visto desaparecer sus fuentes naturales de agua. Varios canales de riego se han secado: Quishuar, Encajón-Collotán, Yanacocha-Llagamarca, San Martín-Túpac Amaru, Quilish-Porcón y La Ramada. Aunque para cada uno de esos canales se crearon “mesas de diálogo”, la realidad es que solo después de intensas luchas, los campesinos han logrado que la empresa minera implemente algunas medidas como las presas de sedimentación de los ríos Grande y Rejo o la reciente construcción del reservorio plastificado sobre un tajo abierto que se hizo desecando previamente las aguas de la laguna de San José. Las aguas de este nuevo reservorio (o “laguna muerta” como le denominan los campesinos) serán utilizadas para las propias labores mineras, y una vez tratadas, serán bombeadas a los canales de riego como agua de clase III, apta para riego pero no para consumo humano.20

Los conflictos por el agua han provocado que cientos de campesinos en Perú hayan sido heridos en los enfrentamientos con la policía o los cuerpos privados de seguridad de las empresas mineras. Actualmente hay decenas de campesinos que están siendo procesados judicialmente y podrían recibir penas de hasta veinticinco años de cárcel (ya que el gobierno de García ha dictado normas que criminalizan y sobrepenalizan las protestas).21
En el norte de Perú, hay siete campesinos asesinados en los últimos siete años, sea por acción policial o por acción de sicarios. En Piura: Godofredo García (2003); Reemberto Herrera Racho y Melanio García González (2004). En Cajamarca fueron asesinados cuatro campesinos: en el año 2004 Juan Montenegro Lingán;22 en 2006: Isidro Llanos Chavarría y Esmundo Becerra Cotrina;23 en 2008: Melanio Silva.24 Los mismos miembros de ONGs como GRUFIDES han sido amenazados de muerte y hostigados con operativos de espionaje de la empresa privada de seguridad FORZA que trabaja para Minera Yanacocha.25
La industria minera no solo está destruyendo las aguas y la tierra, sino violentando los derechos humanos de quienes ancestralmente las han cuidado y actualmente las defienden. Nada más apropiado para muchas de las empresas mineras el hacer gastos en costosas campañas publicitarias que desprestigien a los defensores ambientales y los líderes de las comunidades campesinas acusándolos de ser “enemigos del desarrollo”, “supersticiosos”, “arcaicos”, “gente analfabeta” de “pensamientos míticos” manipulables o en última instancias de estar “vinculados al terrorismo”. Ni obispos o religiosos que se han solidarizado con las luchas de las comunidades han podido librarse de la acusación de “falsos cristos” como les llamó el presidente García el año 2007 en relación al apoyo que la iglesia católica brindó a un referéndum organizados por algunas municipalidades en el departamento de Piura en torno al proyecto minero Río Blanco que se quiere desarrollar en una zona de bosques de neblina y de actividades agrícolas de cultivo orgánico de café y plátano.

LA CULTURA ANDINA DEL AGUA
En la cultura andina, el agua (Yacumama: Madre Agua) unida a la tierra (Pachamama: Madre Tierra) son fuente de vida. El agua, unida a la tierra, constituye una realidad que contiene toda la vida y por tanto tiene una significación social, ética, y cultural-espiritual de carácter inconmensurable, irreductibles a su valor de mercado. En la cultura andina, el agua no puede ser objeto de comercialización y solo usufructo que son propios de la racionalidad capitalista moderna.
En la cosmovisión andina, los orígenes de la historia del pueblo Inca remiten al agua. Los fundadores del imperio Inca (Manco Cápac y Mama Occllo) surgen de las profundidades del Lago Titicaca (Mama Cocha) y van en busca de tierras fértiles las que darán origen a la civilización del mundo andino. El Wiracocha, creador de todo cuanto existe viene del mar, de la gran Laguna Madre (Mama Cocha).
Aunque han pasado más de 500 años de procesos de sincretismo religioso y aculturación, para muchos de los habitantes de los Andes, todavía el agua sigue siendo fuente de toda vida. Aún hoy dice doña Josefa Calua de Porcón (en Cajamarca) con absoluta certidumbre: “Si matan el agua, matan la vida de toda la tierra”.26 En la cosmovisión quechua la tierra (Pacha) y el agua (Yacu) tienen dimensiones totales: No hay vida posible sin agua y sin tierra. La cultura andina es una cultura del agua y de la tierra. Por eso los ancianos quechuas de Porcón en Cajamarca, perciben la destrucción del agua por actividades mineras como un acontecimiento cataclísmico: Todos los humanos, las plantas, los animales y la tierra misma morirán si las aguas siguen siendo destruidas y contaminadas. Lo que le ocurra al agua le ocurrirá a los hijos de la tierra y a todo ser viviente.27
En un sentido simbólico, pero también ciertamente político, las luchas por el agua de las comunidades andinas pueden entenderse no solo en su evidente localización geográfica circunscrita a su entorno regional y nacional, sino también como luchas que pueden alcanzar una significación global si contribuyen al cuidado y la salvación del agua y de la tierra. Son a las redes ciudadanas y al movimiento social en favor de los derechos humanos y ecológicos a quienes corresponde valorar e incorporar en su acción palabras sabias como las de don Grimaldo Chilón, uno de los viejos sabios de la comunidad de Porcón: “Si lo dañan las aguas del Cerro Quilish, donde nacen las aguas para nosotros yanaconas (los nacidos en el lugar), las aguas que se van para abajo, sin fin, hasta toda la humanidad, entonces todos moriremos”.28 La lucha de este campesino, no es solo por la defensa del agua que necesita él y su familia o su comunidad, sino también la defensa de toda forma de vida. Lo sabe también su nieta Nélida que refiriéndose a la indiferencia o pasividad de los habitantes de la ciudad de Cajamarca para no movilizarse más activamente en la defensa del agua afectadas por las actividades mineras, dice: “!Qué será, en el pueblo no sabrán o no querrán darse cuenta que estas aguas son también para ellos!”.29 En la cultura andina el destino del agua es el destino de toda forma de vida. Por eso, todos hemos de aprender a vivir en armonía, fraternidad y agradecimiento con la Madre tierra (Pachamama) y la Madre Agua (Yacumama).
Esta sabiduría ha permanecido en el tiempo. Hace más de 500 años en Cajamarca, en los andes del norte de Perú, el Inca Atahualpa pagó ocho toneladas de oro para ser liberado de la mano de sus captores. El tributo no le sirvió sino para que la muerte en la hoguera le fuera conmutada por la del garrote, con lo cual, al no ser incinerado su cuerpo, un día reviviría. Sus súbditos podrían enterrar su cuerpo vestido con sus mejores vestidos aprovisionándolo con abundantes bebidas y alimentos. Por siglos, sobre cada tumba andina, se sigue derramando agua para aliviar la sed en el largo camino. En la cosmovisión andina, el agua es fundamental para todo el ciclo de la vida, incluida aquella que está más allá de la vida terrena.
En el siglo XVI, los jesuitas llevaron a cabo una campaña sistemática destinada a extirpar las idolatrías de los indios. En el culto a los muertos, los indios fueron obligados a sustituir, el uso de la chicha (licor de maíz) por agua bendita, la que hasta el día de hoy es derramada sobre los muertos en los velorios y las tumbas, de manera especialmente intensa en la fiestas del 1 y 2 de noviembre de cada año.
Una de las características de las festividades andinas es la música, las danzas, los coloridos vestidos y las abundantes comidas y bebidas compartidas comunitariamente. Las fiestas son el centro de la vida social de las comunidades, en ellas se renueva la solidaridad social y también con la tierra. No hay fiesta buena sin el agua que es fundamental para fabricar la bebida principal en base a maíz, azúcar de caña y agua. La bebida de maíz fermentado, llamada “chicha”, alegrará todas las fiestas. Las familias anfitrionas de las fiestas, (casa del “mayordomo”) tienen como uno de sus signos principales de acogida y respeto por sus invitados el compartir abundante chicha y comida. Al momento de invitar la bebida, las primeras gotas del vaso serán de ofrenda a la Madre Tierra, la Pachamama. Las gotas de bebida derramada en la tierra, unen a los hombres y mujeres con la tierra a quien se agradece por su generosidad. Se enlaza también el mundo de los vivos con los muertos cuando los primeros cuidan de que derramando agua sobre las tumbas no haya sed en el camino; y se renueva la solidaridad social en el encuentro de los vivos que se han reunido para celebrar las fiestas de sus queridos difuntos. El agua es creadora de solidaridad social y cósmica muy profundas, de allí la desolación cuando falta el agua. La anciana de Porcón, doña Josefa Calua Ispilco dice: “Desde que llegó la minera ya no hay agua suficiente, hay que ir caminando hasta el río. En el río a veces tampoco hay agua... yo lloro rogando al Alto Gloria (Dios) y ya no sé a quién quejarme. Llorando vivo, ¿a dónde voy a ir a por agua?, ¿tendré que cargar el agua desde lejos para traerla? Si ya no hay agua, ¿se enojará el Cristo? ¿Cómo vamos a hacer la fiesta principal del Domingo de Ramos? ¿Con qué agua vamos a preparar la chicha para invitar a todos los invitados? Cuando me pidan chicha los invitados ¿qué les voy a decir? ¿Que ya no hay agua? ¿Que aunque rasquemos la tierra ya no brotará agua?”.30
El proceso de colonización destruyó la economía y sociedad basada en el adecuado manejo del agua y la tierra. Aún perduran hasta hoy impresionantes obras hidráulicas en la sierra y la costa construidas en la época inca. En pleno siglo XXI, siguen perviviendo expresiones rituales que expresan la unidad del agua con la tierra y la fertilidad que de allí deriva. Por ello, al inicio de la construcción de los cimientos de una casa, las labores de cultivo de la “chacra” y las tareas de la limpieza comunitaria del canal de riego se sigue agradeciendo a la Madre Tierra (Pachamama) con variadas ofrendas sin que falte el agua que se derrama sobre ella.
Desde extremos radicalmente opuestos hay quienes creen encontrar en la cultura andina del agua los fundamentos para acusar a los campesinos de ser causantes de su propia pobreza (el presidente García los ha descrito reiteradamente como los “perros del hortelano”), mientras que otros creen encontrar las razones para la oposición a todo tipo de actividad industrial extractiva moderna.
Sin embargo, lo que las luchas andinas expresan claramente, por ejemplo, en su disponibilidad para aceptar “mesas de diálogo” o exigir otros mecanismos de negociación (“comisiones de alto nivel”, mecanismos de resolución de conflictos, intervenciones neutrales de terceros, etc.) es su protesta legítima contra la expansión incontrolada de las actividades mineras. En las luchas andinas por el agua se muestra que el dilema no es entre modernidad industrial extractiva acumuladora de capital y agro-ganadería tradicional de autosubsistencia sino entre una racionalidad extractiva depredadora que amenaza de muerte las sociedades locales y los ecosistemas sobre los que se asienta la racionalidad de la cultura andina basada en el cuidado y la protección del agua y de la tierra y de todos los seres que en ella habitan, por insignificantes que esto seres puedan parecer. Es una lucha por el reconocimiento de derechos fundamentales: al agua, a la tierra, a la vida, y en este sentido es una lucha que no se halla opuesta al desarrollo y la modernidad y que por el contrario responde bien al proceso de democratización que reclaman vastos sectores de la sociedad peruana.
Es preciso entonces tener en cuenta la complejidad de los conflictos mineros en Perú y ver que existen exigencias diversas e incluso a veces yuxtapuestas que al menos podrían resumirse analíticamente en tres dinámicas:


  • Prohibición de actividades (Tambogrande, Majaz en Piura; Quilish, San Cirilo, La Shacsha, Algamarca, Chugur; La Zanja en Cajamarca ),

  • Regulaciones y controles (Combayo y Michiquillay en La Encañada y Hualgayoc en Cajamarca; La Oroya en Junín; Ilo en Moquegua);

  • Demandas sociales y económicas (Tintaya en Cusco, Las Bambas en Apurímac, Cerro Verde en Arequipa)


Sin caer en idealizaciones de la cultura andina, en la cual también hay factores de dominación interna y de violencia, resulta claro que, en relación con la necesidad de crear una nueva cultura del agua, lo que hay que hacer es valorar los aportes de las diversas culturas y extraer lecciones que, en primera y última instancia nos permitan recuperar una relación de cuidado del agua y de la tierra, no solo porque de ella depende nuestras condiciones materiales de vida, sino como ocurre con las enseñanzas de las cosmovisiones y tradiciones culturales como la andina, tenemos que aprender a vivir en paz con la naturaleza, en armonía con la Pachamama y la Yacumama.

APORTES DE LA CULTURA ANDINA PARA LA NUEVA CULTURA DEL AGUA
Resulta sumamente enriquecedor para el diseño de políticas hidráulicas y de la puesta en práctica de sistemas de gestión integrada del agua saber que en la lengua quechua no existen las palabras “gestión”, “manejo”, sino “cuidado” y “crianza”. Desde el enfoque de una nueva cultura del agua tenemos que sentirnos urgidos a superar el horizonte tecnicista y mercantilista del agua e incorporar los conceptos de “protección” y de “cuidado” del agua en cualquier propuesta de gestión de recursos hídricos.
Una nueva cultura del agua no solo demanda serios esfuerzos científicos, técnicos y viabilidad económica, sino también opciones éticas que valoren la naturaleza y el derecho de todos los seres vivos a existir. No escapa a todo esto el desafío de incorporar las dimensiones estéticas y lúdicas del agua como fuente de regeneración, renovación y de paz como nos lo enseñan también las tradiciones espirituales de las diversas religiones históricas, sin que por ello la Nueva Cultura del Agua tenga que ser confesional.
La cultura andina, no ha sido cancelada en más de 500 años de colonialismo y globalización y, según creo yo, tampoco será extinta si todos contribuimos a rescatar y valorar en ella las lecciones que tiene que darnos de cara a la crisis global del agua. La lucha de las comunidades andinas por la defensa del agua y del territorio, así como por condiciones más justas de vida que han surgido como correlato a la expansión incontrolada de las actividades mineras ponen en evidencia no solo acciones de resistencia, sino también visibilizan propuestas para la construcción de un mundo más ecológica y socialmente justo, y sin duda ponen en relieve la importancia de la afirmación del agua como un derecho fundamental.
En el esfuerzo de tender puentes entre la cultura andina del agua y los avances hechos el movimiento de la Nueva Cultura del Agua, considero que entre los aportes e implicancias de la cultura andina del agua están los siguientes temas:

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